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¿Cómo manejar las dificultades de alimentación en niños pequeños?

Regina Martín | 30 de enero de 2013 a las 11:00

Los problemas para comer suelen ser muy frecuentes en la etapa infantil. Durante estos primeros años los niños pasan por importantes cambios que van desde tomar leche del pecho de la madre a comer alimentos sólidos con cubiertos, y todo esto en un intervalo muy breve de tiempo.  Durante el primer año un recién nacido crece 20 cm y triplica su peso (en términos redondeados), motivo por el cual los bebés comen tanto, la dificultad suele presentarse en el segundo año (disminuye la velocidad de crecimiento) y muchos niños “dejan de comer” (en realidad comen lo mismo o menos, porque necesitan menos energía para crecer). Paralelamente a esto, nos encontramos con una fase de oposicionismo que suele darse, en mayor o menor medida, en todos los niños en torno a los 2-3 años.

Los padres angustiados y deseosos de inculcar unos hábitos nutricionales sanos a menudo recurren a diversas estrategias, como la presión o el chantaje, para tratar de resolver la situación, aunque las consecuencias negativas que pueden surgir de estos intentos de modificar el comportamiento alimentario puedan afectar a las relaciones entre padres e hijos e incluso entre los propios cónyuges.  

Estrategias de los padres Respuesta de los niños
Persuasión: “una por mamá”, “para que seas  más fuerte que papá”. Distracción: ponerle dibujos animados, cantar, bailar o contar cuentos durante las comidas. Manipulan a los padres o terminan por aburrirse.
Sobornos o premios (postre, regalos, salidas al parque, dinero) No es una buena idea “comprar” a un niño para que coma. Los resultados de investigaciones realizadas señalan que el refuerzo cognitivo al consumo de un alimento, reduce la preferencia por ese alimento. Por otro lado como esta actitud  implica una ganancia, perpetúan la conducta y se produce una escalada de exigencias.
Convertir  la comida en una “fiesta” Los niños reciben un refuerzo positivo frente a no comer “si me niego a comer me harán fiesta”, lo que perpetúa la situación.
Amenazas: “te vas a quedar pequeño”, “no te voy a querer más”, “voy a traer a otro niño para que se coma tu comida” Después de las primeras amenazas, éstas pierden fuerza y  terminan por no importar a los niños. Por otra parte saben que no son ciertas o bien que nunca se concretarán, lo que hace que los padres pierdan credibilidad
Comer a la fuerza (tapar  la nariz, meter la cuchara a la fuerza) o utilizar frases como: “te lo comes porque yo lo digo y punto” Los niños ofrecerán aún más resistencia, dará manotazos, escupirán la comida o se provocarán el  vómito. La hora de la comida puede transformarse en un verdadero “campo de batalla”, lo cual se intensifica si sumamos una estrategia de alimentación basada en el uso de castigos y normas excesivamente rígidas.

 La solución ante el problema pasa por establecer unas normas de conducta alimentaria. “Es como aprender a andar, los niños necesitan ayuda para alimentarse bien”. Es muy importante aplicar estos  principios básicos de alimentación de una forma constante. La única manera que tenemos de conseguir que los niños aprendan qué conductas son adecuadas y cuáles no, es habituándoles a una secuencia de actividades que se repiten día a día y haciéndoles ver que tanto cumplir con ellas como no, implica unas consecuencias.

• Debemos saber que la primera regla de oro es la paciencia y la segunda, también. Es fundamental mantener la calma. Cualquier manifestación de enfado servirá a tu hijo como reforzador por lo que seguirá negándose a comer porque sabe que así le haces caso. Mantén una situación neutra. Nunca enfadarse, ni siquiera parecer enfadado, ni tampoco excesivamente animado o excitado (p.ej. no es buena idea hacer volar aviones hasta la boca)

•  Tan pronto como el niño coma alimentos sólidos debemos crear “La Mesa Familiar”.  Los miembros de la familia deben comer juntos. El padre o cuidador debe sentarse para compartir la comida con el niño. Usar una silla alta delante de la mesa de forma que el niño esté sentado al mismo nivel que los demás.

• Sírvele en el plato la comida que consideres que debe comerse. Utiliza porciones razonablemente pequeñas, evita llenarle el plato (recuerda que no es un adulto).

• Evitar las distracciones. Evitar la TV y compaginar la comida con otras actividades de juego.

• Deja intervalos de 3 ó 4 horas entre las comidas. Evita los aperitivos como dulces, leche y zumos.  Con actitud calmada, dile que no.

• No entres en el juego de ponerle lo que él quiera. Nunca cambiar un plato por otro. ”Con tal de que coma…” Los padres deciden dónde, cuándo y qué come el niño y el niño decide cuánto.

• La comida no debe durar más de 30 minutos. Las comidas familiares que se eternizan son un verdadero suplicio para los pequeños. Si el niño come poco a poco, utilizar un plato que mantenga el alimento caliente. Al cabo de 10 minutos, si sigue igual, retirar el plato tal y como esté y reemplazarlo por el siguiente sin comentarios ni dramas. Pero si el niño exige comer 10 minutos después de la comida, no debe dársele nada hasta la merienda, sin enfadarse pero firmemente; no es ningún drama que el niño pase hambre 1 ó 2 horas. Es incluso deseable que sepa lo que es la sensación de hambre. Si sus padres tienen suficiente constancia, el niño comprende muy pronto que debe comer a la hora de las comidas, y sólo a esa hora.

•A veces tu hijo no desea comer porque no se encuentra bien. Cambios físicos como la salida de los dientes o una enfermedad pueden explicar su inapetencia. ¿Puedes imaginarte cómo debe ser tener el plato lleno de comida cuando no tienes ganas y te sientes alterado porque tu madre está enfadada contigo?

• En ocasiones, determinados acontecimientos como el nacimiento de un hermano o ingresar en el colegio pueden ocasionar pérdidas de apetito que se superan cuando el niño se adapta a la nueva situación.

No obstante, ante inapetencias constantes y mantenidas en el tiempo lo más adecuado es consultar al pediatra y seguir sus indicaciones. En cualquier caso es muy importante ser conscientes y aceptar que no todos los niños son iguales y que su interés por la comida y alimentación puede ser muy variable.

 

¿Es posible subir de peso de manera saludable?

Regina Martín | 26 de septiembre de 2012 a las 11:50

Los niños de bajo peso preocupan considerablemente a los padres, tal como lo demuestra el hecho de que la inapetencia y las consecuencias que pueda tener en el desarrollo infantil son motivos frecuentes de visita al pediatra. Descartada cualquier patología y si el médico considera su desarrollo dentro de los límites de la normalidad, es primordial que los padres desdramaticen la situación. En muchas ocasiones detrás de un niño inapetente hay unos padres excesivamente preocupados por su alimentación, que en la mayoría de las veces ceden ante los caprichos del niño y su chantaje emocional. Ante esta situación se suceden mucho errores: comer a la carta “le doy cualquier cosa y a cualquier hora, con tal de que coma algo”, comidas desordenadas, abuso de lácteos, zumos comerciales, presiones, castigos, premios con la comida… y un largo etcétera.

El primer consejo y fundamental es que los padres desdramaticen la situación. Esto exige un cambio de actitud ante el niño. Debemos olvidarnos de preguntar frecuentemente en la guardería o colegio si el niño ha comido bien, etiquetarlo como “malcomedor”, compararlo con el hermano que come “estupendamente”, evitar las presiones que ocurren en ocasiones con los abuelos “este niño está consumido” y sobre todo y lo más importante crear un ambiente agradable y relajado en las comidas.

Formas saludable para aumentar de peso

Si aun así el niño sigue bajo de peso podemos establecer un programa de aumento de peso. Al igual que la pérdida de peso en forma saludable requiere un enfoque equilibrado, el aumento de peso en forma saludable no significa agregar comida basura a su alimentación diaria. Es cierto que el consumo de este tipo de comida puede provocar un aumento de peso, pero de esta forma no se tratarán las deficiencias nutricionales que son consecuencia de estar debajo del peso normal. Para maximizar los aumentos saludables, pruebe poner en práctica los siguientes consejos.

1. Comer con más frecuencia. Cuando el niño está bajo de peso, es posible que se sienta lleno más rápido. Se deben realizar de cinco a seis comidas pequeñas durante el día en lugar de dos o tres comidas abundantes.

2. Beber agua 30 minutos antes o después de las comidas, no acompañándolas, para evitar que se llene antes de comer. Igualmente nunca incluiremos durante la comida refrescos ni zumos. El zumo natural podemos dejarlo para el postre.

3. Agregar calorías saludables. Enriquecer las comidas. Sin cambiar en forma radical la dieta, se puede aumentar el consumo de calorías con cada comida agregando :

SOPAS, PURÉS Y CREMAS: huevo duro picado, picatoste de pan frito, queso fundido, tacos de jamón serrano, picados de almendras y avellanas, salsa de tomate frito, aceite de oliva…

PLATOS DE VERDURA: rehogarla con aceite de oliva, añadir un sofrito con ajo y jamón, en ensaladas aceitunas, frutos secos (picados menores de 3 años) y pipas peladas, añadir pasas…

LEGUMBRES Y ARROCES: añadir un sofrito con ajo y jamón, añadir una yema de huevo, queso rallado…

CARNES Y PESCADOS: añadir leche en polvo a recetas y croquetas que incluyan salsa bechamel, sumergirlos en leche antes de cocinarlos, germen de trigo en rebozados, empanados, guisados, rebozados…

POSTRES: daditos de fruta fresca en yogures, germen de trigo en yogures, miel, frutos secos (picados menores de 3 años), fruta más calórica (plátano, uvas, aguacate, mango)…

4. Elija alimentos ricos en nutrientes. En lugar de ingerir muchas calorías vacías (zumos, refrescos…) y comida basura, concéntrese en aquellos alimentos ricos en nutrientes. Utilice carnes altas en proteínas (solomillo de cerdo y ternera, jamón curado, lomo embuchado, cecina…) y pescados ricos en grasas saludables (salmón, caballa, atún enlatado…). Además, elija carbohidratos nutritivos, como la pasta, el arroz integral y otros granos enteros. Esto ayuda a asegurar que el cuerpo esté recibiendo la mayor cantidad de nutrientes posible, incluso si tiene poco apetito.

5. Añadir aperitivos calóricos, que contenga abundantes proteínas y carbohidratos saludables. De merienda puede tomar frutos secos (picados menores de 3 años), queso, barritas energéticas o bebidas de proteínas.  Ofrézcale  tentempiés que contengan “grasas buenas”, que son importantes para tener un corazón saludable. Como ejemplo se incluyen las nueces y las aceitunas (picadas y troceadas menores de 3 años) . 

6. Jalea Real infantil por las mañanas estimula sus defensas y ayuda a abrir el apetito.

7.  Practicar ejercicio. El ejercicio físico es un magnífico aperitivo. Favorecer la actividad al aire libre.

Ideas sencillas para que nuestros hijos coman verduras

Regina Martín | 10 de diciembre de 2011 a las 20:07

Todos los que tenemos niños en casa sabemos que entre ellos y las verduras hay una difícil amistad. Sin embargo es nuestra labor de padres, conseguir que esta relación funcione, ya que las verduras deberían ser parte fundamental de la dieta de nuestros hijos.  Pero ¿cómo hacer ver a los niños que las verduras son unas “amigas” estupendas y están llenas de “un montón” de vitaminas y minerales?

Aquí tenéis algunas ideas  que podéis poner en práctica:

– Hay que presentar los platos de forma divertida, con ingredientes que aporten vistosidad y colorido y refuercen el atractivo. El niño se fijará en la composición del plato y no le dará tanta importancia a los ingredientes.

– Recetas innovadoras. A los niños les cansa comer siempre lo mismo y de la misma manera. Evita repetir el mismo plato cada semana y prueba de cocinarlo de distintas maneras.

– Utiliza verduras congeladas o en conserva cuando sea imposible conseguir productos frescos para que así no pasen días sin comer verduras variadas.

– Enmascarada. Si no hay manera de conseguir que el niño coma verdura porque cuando la identifica la aparta del plato o se la saca de la boca, prueba a servírsela sin que se dé cuenta. En  forma de purés o picada finamente como relleno de canelones o croquetas.

– Deja que tu hijo colabore en la cocina. Si dejas que intervenga en la preparación de la ensalada, de una pizza de hortalizas o de un plato de carne con guarnición de verduras, quizás se muestre más receptivo a la hora de comer.

¿CÓMO PODEMOS PREPARÁRSELAS? Con un poco de imaginación podremos preparar la verdura de manera atractiva, con mucho colorido para que a los niños les resulte apetitoso.

SOPAS DIVERTIDAS

Se puede añadir trocitos muy pequeños a la sopa, pues con la cocción acabarán siendo invisibles. También podemos utilizar el puré de verduras en las sopas para espesarla o añadirle sabor. Sugerencias: sopa juliana con  pasta de animalitos, sopa de verduras con pollo y arroz.

FLANES O CREMAS  DE VERDURAS

Para que tomen cualquier tipo de verdura sin que su aspecto o sabor les haga rechazarla nada mejor que triturarla. Estos platos pueden servirse fríos o calientes, según la estación del año. En Invierno: crema de puerros, calabaza, calabacín o zanahorias. Y en verano: gazpacho o salmorejo.

Con los flanes nos aseguramos de que nuestros hijos tomen un plato muy completo, ya que contiene huevo, leche y por supuesto verduras (acelgas, espinacas, berenjena, calabacín, calabaza, judías verdes…). Los podremos hacer en moldes y decorarlo de forma divertida.

MEZCLADAS CON CARNE:

A los niños les encanta comer milanesas o hamburguesas, por eso, resulta muy buena idea elaborar estas recetas con verduras. Por ejemplo, podemos hacer hamburguesas de espinaca o acelga y milanesas de calabacín, calabaza, berenjenas… basta con rebozar las verduras con huevo y pan rallado antes de freírlas.

También podemos hacer San Jacobos de verduras. Primero se asan las verduras al horno sin trocear, por ejemplo, una berenjena. La dejamos enfriar, la pelamos y la cortamos en lonchas finas. Con una loncha de jamón de york formamos un librito y ponemos en su interior el queso y una rodaja de berenjena. Pasamos el San Jacobo por huevo batido y pan rallado para empanarlo y lo freímos. La verdura queda tan blanda y mezclada que los niños no sospechan que esté dentro y se la comen sin rechistar.

ACOMPAÑANDO A LA PASTA:

La pasta es el plato favorito de los niños además de uno de los mejores alimentos para poder camuflarle las verduras. Con ellas se pueden elaborar infinidad de platos tales como: canelones de espinacas y carne picada, canelones de bonito y pimientos o pescado y calabacín, lazos de pasta con salchichas y espinacas, espaguetis con champiñones, beicon  y nata, lasaña rellena de pollo con setas y espárragos trigueros.

EN TORTILLA O MEZCLADAS CON HUEVO:

Con los huevos y las verduras podemos preparar entre otros: huevos con queso y tomate, huevos sobre tostadas con espinacas, revueltos con champiñón y jamón.

No debemos olvidar la tortilla que nos sirve muy bien para camuflarle las verduras; las podemos hacer de infinidad de alimentos (champiñones y setas, espinacas, judías verdes, patatas y cebolla, pimiento y jamón, calabacín con quesito, espárragos, etc).

EN GUISOS CON LEGUMBRES:

Nos admiten diferentes formas para introducirla, como añadirle a los potajes (garbanzos y lentejas) trocitos de zanahorias, judías verdes, espinacas, etc.

Para los niños que les gustan las legumbres pero no se comen la verdura que las acompañan, un buen truco es separarlas de las legumbres pasarlas por el chino y ponerlas a cocer de nuevo todos junto.

PIZZAS CASERAS CON VERDURAS:

Las pizzas son un plato fácil de preparar y de gran aceptación entre los niños. Se pueden incluir ingredientes como queso, jamón york, serrano, atún en conserva, tomate triturado, además de diversas hortalizas o verduras como ruedas de tomate, cebolla, pimiento, champiñones, alcachofas, ruedas de calabacín, berenjena, etc. Así, una porción de pizza resulta de lo más completa y apetitosa

BROCHETAS DE VERDURAS

En celebraciones o barbacoas podemos preparar brochetas con verduras, donde los más pequeños pueden participar en la preparación, haciendo distintas combinaciones de taquitos de verduras. Podemos hacer muchas combinaciones con pollo, pavo, cerdo, ternera o pescado y diferentes vegetales: champiñones, pimiento verde y rojo, calabacín, berenjena, cebolla, tomate cherry…

SALSAS

Os voy a dar una receta llamada la salsa de las siete verduras. Con esta salsa puedes hacer que tus hijos coman siete verduras. Solo tienes que sofreír cebolla, puerro, pimiento rojo, pimientos verdes, zanahorias y calabacín. Cuando todo esté pochado, añade una lata de tomate natural triturado o tomate natural con un hervor. Pásalo por el chino, después por la batidora y ¡listo! Puedes añadir esta salsa a pasta, salchichas, albóndigas, pescado o pizzas.

Después de todas estas alternativas no queda más opción que ponerse “manos a la obra” e intentar incorporar las verduras en su alimentación diaria.

Neofobia. Miedo a probar alimentos nuevos

Regina Martín | 11 de noviembre de 2011 a las 9:57

Neofobia es el miedo a la incorporación de nuevos alimentos en la dieta. Este es un trastorno muy frecuente entre los niños. En ocasiones sólo toman tres o cuatro alimentos y el resto “les da asco”…a pesar de que nunca los hayan probado o la última vez haya sido hace mucho tiempo.

La neofobia en la infancia no es un trastorno alimentario aislado, ya que la mitad de los niños de entre dos y diez años se niega en un primer momento a degustar un alimento nuevo. El rechazo de un alimento nuevo es normal, refleja un mecanismo adaptativo. El término neofobia no discrimina ningún tipo de alimento, sin embargo los alimentos que contienen elevados contenidos en azúcares y grasas se encuentran en mejor posición que las frutas y verduras que ocupan los últimos puestos de la clasificación. El inconveniente es que frecuentemente las preferencias se convierten en conductas y pueden determinar, en gran parte los hábitos alimentarios.

Numerosas investigaciones revelan que el factor genético puede influir también en la neofobia alimentaria. Muchos niños etiquetados como malos comedores lo son porque alguno de sus padres también lo fueron en su infancia. Por otro lado, hay que considerar que la actitud de agrado o desagrado que muestran los padres hacia los alimentos, influye de manera notable en las preferencias alimentarías de sus hijos, que tratan de imitar el comportamiento de sus progenitores.

Los padres quieren inculcar a sus hijos estilos de alimentación sanos, pero con frecuencia los recursos utilizados no son los más adecuados:

Presiones y coacciones. No se puede, pero tampoco se debe obligar a un niño a comer, porque provoca resultados opuestos, “aversión” hacia los alimentos “sanos”.

Sobornos o premios. No es una buena idea “comprar” a un niño para que coma. Los resultados de investigaciones realizadas señalan que el refuerzo cognitivo al consumo de un alimento, reduce la preferencia por ese alimento. “No debe estar muy bueno, cuando me ofrecen un premio a cambio”

Comparaciones con otros niños o familiares: “Mira tu hermano, que bien come”. Las comparaciones son odiosas y a nuestros hijos le fastidian mucho.

Distracciones. Distraer al niño mientras come, con la TV, cuentos o juegos.

Y… ¿qué podemos hacer?

– Crear un ambiente relajado y sin prisas: acto agradable de encuentro y convivencia familiar, favoreciendo el aprendizaje por imitación.

– Presentar los alimentos nuevos de uno en uno, en pequeñas cantidades y de manera repetida. A veces hace falta ofrecerle a niño el mismo alimento hasta 15 veces antes de que lo acepte.

– No comer a la carta. Los padres deciden el tipo de alimentos que deben comer sus hijos y el niño decide la cantidad de alimentos que ingiere. Los padres no deben forzar a comer en exceso ni en momentos de falta de apetito y mucho menos cuando están enfermos.

– Consumir ese alimento en familia, con toda naturalidad, delante del niño, pero sin ofrecerle que lo coma.

– Reforzar conductas positivas, elogiarle cuando coma bien pero sin premios o recompensas. Alabar lo bien que ha comido y el tipo de comida, pero no la cantidad.

– Use un alimento básico que le guste mucho y úselo para que lo coma con otros alimentos que suele rechazar. Ej: si le gusta el arroz, puede dárselo de diferentes maneras: a la cubana, en paella, con verduras, etc.

– Ofrecer el alimento rechazado en el primer plato, cuando más hambre tiene el niño, acompañado de su comida preferida, de manera tranquila, con una presentación cuidada y   atractiva.  El aspecto de la comida, el olor y el gusto, influyen de manera significativa en la apetencia por los alimentos.

– No ofrecerle otro alimento que le agrade, como un sabroso postre, a cambio de que coma el alimento rechazado. Con este comportamiento se fortalece el deseo de rechazo. Fenómeno “efecto postre”.

– No hay que ofrecerle sólo los alimentos que sabemos que le gustan porque es una manera de predisponer al niño para que desarrolle neofobia. Lo conveniente es invitarle desde pequeño a probar la mayor variedad de alimentos y platos.

Ideas sencillas para que nuestros hijos coman frutas

Regina Martín | 30 de octubre de 2011 a las 15:38

La cantidad diaria recomendada de fruta es de dos o tres piezas al día. Sin embargo hay ocasiones en que nuestros hijos rechazan las frutas y resulta casi imposible llegar a una ración al día. ¿Cómo hacer que los niños coman fruta? Esto es un reto al que todos los padres se enfrentan y son sólo unos pocos, los que no tienen que luchar para que el consumo de este alimento sea una obligación.

Aquí tenéis algunas ideas que podéis poner en práctica:

  • Intentar que comiencen el día comiendo frutas. Si añadimos una fruta o zumo de frutas natural en el desayuno, nos será más fácil llegar a las recomendaciones. Se les ofrecerán además una cantidad alta de fibra, vitaminas y minerales.
  • En casa, coloca las frutas siempre a la vista. Ten a mano en la cocina una fuente con frutas de muchos colores. Asegúrate que las frutas estén claramente visibles cuando abran el frigorífico. Incluye en su mochila un recipiente o bolsa hermética con frutas.
  • Sé un ejemplo para ellos. Los niños aprenden por imitación y siguen los patrones de sus padres, por ello es importante que observen que éstos las incluyen diariamente en las comidas. Ten una actitud positiva y enséñale que los hábitos saludables como comer fruta te hacen sentir bien.
  • Procurar que participen en la compra y en la cocina. Tus hijos pueden ayudarte a elaborar recetas de zumos, macedonias, batidos de fruta y yogur, pinchos de fruta.
  • Habla con los profesores o con el resto de madres y padres y llega a un acuerdo con ellos. Incorporar la fruta en el calendario de desayunos de los niños. Si ellos ven que sus compañeros comen fruta, la tarea de hacer que las prueben será más fácil de sobrellevar. Los niños comen por imitación.
  • Cambia su presentación para hacerlas más apetecibles. A los niños llegamos a través de los ojos. Puedes probar a presentar las frutas insertadas en un palito a modo de brochetas, cortar una manzana en cuadrados junto con fresas en rodajas, incluir una pajita de colores en una taza atractiva.

¿COMO PODEMOS PREPARARSELAS? Con un poco de imaginación podremos preparar la fruta de manera atractiva, con mucho colorido para que a los niños les resulte apetitoso.

ENSALADA DE FRUTAS O MACEDONIA

La macedonia es una estupenda manera de aficionar a los niños a comer fruta ya que se les presenta ya pelada y el azúcar matiza el sabor ácido de algunas frutas. Si cortas la fruta en trocitos muy pequeñitos y lo bates bien con el yogur te quedará una crema muy esponjosa.Se puede utilizar muchas frutas y variarlas según la temporada del año en que nos encontremos.

ZUMOS

Los zumos de frutas pueden ser una opción para que los niños se vaya familiarizando con los sabores. Podemos realizarlos con una o varias frutas naturales. Con los zumos la fruta pierde la fibra, pero son una alternativa saludable al consumo de bebidas refrescantes (más calóricas y menos nutritivas). Es aconsejable consumirlos recién exprimidos, para evitar las pérdidas de vitaminas.

BATIDOS

Podemos triturar un sólo tipo de frutas o mezclar varias con un lácteo (leche, yogur o helado) y así obtener buenísimos batidos de fresa, plátano, melocotón, multifrutas, etc. En el caso de frutas ácidas (naranja, limón, mandarina o pomelo) es mejor mezclarlas con yogur. Otras muchas frutas como las fresas, plátano, melocotón, manzana o pera se podrán mezclar con leche. Si cortas la fruta en trocitos muy pequeños y lo bates bien con el yogur te quedará una crema muy esponjosa. Estos batidos podrán azúcar (suavizará el sabor amargo de algunas frutas) o sirope para que le gusten al niño. Inicialmente se les puede incorporar mayor cantidad de leche y azúcar para luego ir incrementando el nivel de fruta.

COMBINADAS CON OTROS ALIMENTOS

Añade fruta finamente cortada o puré a los platos de carne (solomillo con salsa de manzana y uvas, pavo con piña, pato asado con compota de manzana), pescado (lenguado a la naranja, merluza con salsa de naranja), ensaladas, crepes (rellenos de plátano con chocolate caliente, melocotón y piña) o queso fresco. Además la fruta se pueden freír (plátano frito con arroz a la cubana), asar (manzanas), etc.

SALSAS

Las salsas nos dan mucho juego a la hora de incorporar la fruta a los niños. Se tritura la fruta y se le añade azúcar y un poco de zumo de limón (de fresa, de kiwi, de albaricoque, de piña…), pudiéndose mezclar con yogur o queso fresco o requesón batido, etc. Por otro lado la fruta también puede llevar alguna salsa del tipo de helados o cremas, para ocasiones especiales.

LAS BROCHETAS O PINCHOS DE FRUTAS

La brocheta de fruta es un postre muy espectacular, ya que su forma de comer es muy cómoda y colorista para los niños. Compra palitos de madera o colores y pínchales trozos de frutas diferentes, juega con las formas y los colores, incluso puedes animarlos a que te ayuden y ellos decidan que frutas poner. En situaciones especiales las brochetas se pueden acompañar con yogur de sabores, sirope de fresa o chocolate que por norma general les encanta a los niños.

EJEMPLOS DE RECETAS:

Macedonia de frutas con yogur, barco de piña rellena con dados de otras frutas, batido de plátano con chocolate, batido de fresa y plátano, zumo de piña y sandía, zumo de naranja con zanahoria, brocheta de fruta fresca con yogur, brocheta de sandía, melón y piña, brochetas de frutas con chocolate, helado de nectarina, sorbete de sandia, tarta de manzana, fresones con leche o yogur, piña a la plancha, plátano rebozado en nuez, piruleta de plátano y chocolate