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Como afecta la obesidad a la salud emocional en niños y adolescentes

Regina Martín | 22 de octubre de 2015 a las 12:42

baja autoestima1Las consecuencias de la obesidad infantil no son solamente físicas, sino también psicológicas. Los niños con exceso de peso tienen más problemas de autoestima, depresión e integración que los niños con un peso normal. Los niños con sobrepeso son más susceptibles a tener problemas psicológicos y de que estos problemas persistan en la edad adulta.

Debe desaparecer la idea de que el niño regordete es una expresión de belleza y salud. Este es un concepto muy arraigado en nuestra cultura, “mira que lorzas más hermosas le salen por los muslos”, ¡está para comérselo! Debemos ser conscientes que el bebé  “gordito” de hoy, se puede convertir en un niño o adolescente con una vida complicada. Desafortunadamente esta opinión no solo es aceptada por la mayoría de las personas, sino por algunos médicos que no le dan la debida importancia cuando la detectan. Para evitar la obesidad es conveniente que desde los primeros meses de vida los niños adquieran buenos hábitos de alimentación.

Consecuencias psicológicas:

Algunos de los problemas psicológicos más comunes de los niños obesos son:

  • Baja autoestima: La “autoestima” es la valoración que hacemos de nosotros mismos sobre la base de las sensaciones y experiencias que hemos ido incorporando a lo largo de la vida. Cuando una persona tiene baja autoestima suele describirse en términos negativos y cree que no es tan bueno como el resto de las personas. Esta autovaloración es muy importante, dado que de ella dependen en gran parte la realización de nuestro potencial personal y nuestros logros en la vida. Un niño que siente rechazo por ser obeso puede tener muy baja autoestima y arrastrarla hasta la vida adulta.
  • Percepción negativa de la imagen corporal: El concepto imagen corporal es “la imagen que forma nuestra mente del propio cuerpo; es decir, el modo en que nuestro cuerpo se nos manifiesta”. La imagen corporal preocupa a edades cada vez más tempranas e incluso cada vez se dan trastornos de la conducta alimentaria a edades más jóvenes. Si el ideal de belleza impuesto es la delgadez ¿qué pasa con los niños y niñas que no cumplen con los criterios ideales que marcan nuestra sociedad?

Un niño de 6 años ya ha aprendido las normas de atracción cultural, de ahí que los niños con sobrepeso son los últimos en ser elegidos como compañeros de juego y son objeto de bromas pesadas. Están sometidos a un continuo estrés ambiental.

Esta condición se exacerba en los adolescentes en los que coincide con los cambios físicos propios de su edad. Los adolescentes fundamentan en gran parte su autoestima en la aprobación de su propia corporalidad.

Según las encuestas, nueve de cada diez niños obesos se sienten avergonzados de su aspecto y creen que si pierden peso dejarán de ser objeto de burlas.

  • Depresión: Para algunos niños, la tristeza y el aislamiento causados por el rechazo puede derivar en depresión. La depresión es una enfermedad seria que implica trastornos químicos en el cerebro y tiene que ser tratada. Los niños no pueden resolver este problema por sí solos.

En el tratamiento de la obesidad la prevención es prioritaria ya que una modificación en los hábitos de alimentación, el estimular la actividad física y un soporte emocional son los pilares fundamentales, para lograr con un tratamiento integral su eficacia a corto y mediano plazo. En esta prevención, así como en el tratamiento, se debe involucrar a diferentes profesionales como pediatras endocrinos, nutricionistas y psicólogos con un abordaje de tratamiento de trabajo grupal en educación para la salud, con la aplicación de estrategias cognitivo- conductuales y un enfoque familiar sistémico.

8 respuestas sobre obesidad infantil

Regina Martín | 14 de febrero de 2014 a las 13:02

imagesTGJO0PHL1. ¿Cómo puedo saber si mi hijo tiene un peso adecuado?

En  niños y  adolescentes, el sobrepeso y la obesidad se definen de manera diferente que en los adultos. Los niños aún están creciendo y los varones y las niñas maduran a diferente velocidad.

Para conocer si su peso es adecuado, se suele utilizar el Índice de Masa Corporal (IMC). Éste es el resultado de dividir el peso total del cuerpo (en kilogramos) por el cuadrado de la estatura (en metros).

IMC=Peso (Kg)/Talla (m)2

varones-peso

por fin

Los niños y niñas con índice de masa corporal equivalente a percentiles entre el 85 y 95, se consideran población con sobrepeso en los que la evolución del peso y la talla deben ser controlados y seguidos periódicamente, iniciando estrategias de modificación de hábitos familiares e individuales. Las niñas y niños con índice de masa corporal superior al percentil 95, se consideran obesos y deberían ser atendidos por su pediatra endocrino junto con un nutricionista para ser incluidos en un programa de atención y tratamiento específicos.

2. Si mi hijo tiene sobrepeso, ¿tengo que ponerlo a dieta?

No. Una dieta normocalórica es más efectiva que cualquier dieta restrictiva. Para el tratamiento de la obesidad infantil se recomienda mantener el peso más que reducirlo, mientras continúa el crecimiento longitudinal, con lo que se va mejorando paulatinamente el índice de masa corporal, resultando más eficaz que las dietas restrictivas. También es muy importante el ejercicio. Aunque no sea aficionado al deporte, hay que animarlo a que se mueva: que vaya andando al colegio, salir a jugar al parque, pasear la mascota…. Son pequeños detalles muy simples que le permitirán hacer ejercicio. Algunas costumbres cotidianas también ayudan mucho; por ejemplo, comer en familia, ajustar el tamaño de las raciones a la edad del niño, realizar cinco comidas, no picotear…

3. ¿Es la obesidad una enfermedad hereditaria?

Se calcula que el factor genético es solo responsable del 25% del peso, y los condicionantes externos, del otro 75%. Lo que ocurre más bien es que se adquieren una serie de costumbres y hábitos de nuestros progenitores.

4. ¿Se regulará su peso cuando pegue “el estirón”?

Cuando la obesidad se inicia entre los seis meses y los siete años de vida, el porcentaje de los que seguirán así de adultos es del 40%, mientras que cuando se inicia entre los 10 y los 13 años, las probabilidades son del 70-80%. El número de células grasas en el cuerpo humano, ya sea delgado u obeso, se establece durante los años de adolescencia,  por eso no representa ninguna ventaja y sí muchos inconvenientes esperar a que el niño con sobrepeso llegue a la edad adulta para tratarlo. Debemos cuanto antes inculcar unos hábitos de vida saludables.

5. ¿Se puede detectar la obesidad en edades tempranas?

Durante el primer año un recién nacido triplica su peso (en términos redondeados) y a partir del segundo año de vida su índice de masa corporal disminuye para aumentar nuevamente en el periodo conocido como de rebote adiposo (4 a 8 años); en los niños en los que el rebote aparece más pronto hay un mayor riesgo de obesidad persistente. Por eso es importante pesar y medir a los niños cada 6 meses y seguir la evolución de su curva de crecimiento.

6. ¿Cuáles son las consecuencias de la obesidad en los niños?

- Problemas con los huesos y articulaciones

- Fatiga excesiva tras el ejercicio

- Alteraciones en el sueño

- Madurez prematura. Las niñas obesas pueden entrar antes en la pubertad, tener ciclos menstruales irregulares, etc.

- Hipertensión, colesterol, y enfermedades cardiovasculares

- Alteraciones silenciosas del metabolismo (hígado graso, resistencia a la insulina, dislipemias) que predisponen a enfermedades más serias que por lo general se desarrollan en la vida adulta

- Desánimo, cansancio, depresión, decaimiento.

- Baja autoestima, aislamiento social, discriminación.

- Trastornos que derivan en bulimia y anorexia nerviosas

- Manifestaciones en la piel: estrías, acné más severo, zonas negruzcas en los pliegues (acantosis nigricans)

- Ocurrencia de diabetes

7. ¿Debe implicarse la familia en el tratamiento de un niño obeso?

Sí, toda la familia debe participar. El éxito reside en que toda la familia adopte hábitos más saludables, después de todo, seguir una dieta sana y realizar más ejercicio físico es bueno para todos y la investigación sugiere que la participación de la familia tiene un efecto significativo sobre el control de peso en la infancia.

8. ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a hacer ejercicio?

Requiere dedicación y esfuerzo, pero es posible. Puede parecer una batalla perdida conseguir que nuestros hijos abandonen las videoconsolas, Internet o la televisión, pero los hechos son simples, si los niños consumen más calorías que las que queman, poco a poco las irán acumulando en forma de grasa.

Es recomendable asociar dos objetivos complementarios: llevar a cabo una actividad física programada (natación, fútbol, baloncesto, hockey, etc., dos o tres veces en semana) y aumentar el ejercicio cotidiano,  es decir, reducir las actividades sedentarias (ir andando al colegio, pasear, no  utilizar siempre el ascensor…). Planear actividades familiares que conlleven  ejercicio y diversión: excursiones, volar una cometa, patinar, paseos en bicicleta, juegos de pelota en áreas recreativas municipales….

Comedores emocionales. Como ayudarlos a manejar sus emociones

Regina Martín | 7 de abril de 2013 a las 19:56

Nuestra vida está llena de emociones positivas y negativas. Desde niños estamos expuestos a emociones, pero todos tenemos diferentes formas de comportarnos o reaccionar ante ellas. En términos generales, se puede decir que las emociones son innatas y aprendidas. Con el paso de los años, cada persona aprende a manejar sus emociones de forma diferente, lo cual se manifiesta en su forma de actuar o conducirse frente a ellas.

Los niños en muchas ocasiones sienten un impulso irresistible de comer en abundancia especialmente cuando están sometidos a estrés, enfados, aburrimiento, cuando están ansiosos o se sienten frustrados. Este es un fenómeno bastante común en el que los alimentos se utilizan como una herramienta para manejar estas emociones negativas.

¿Cuáles son las señales de que su hijo puede estar comiendo en respuesta a emociones?

•Obsesión con la comida. Pregunta que hay de comer en su próxima comida sin acabar la que tiene al frente.

•Come de forma impulsiva.

•Come muy rápido.

•Parece que no se detiene aun cuando debería estar lleno.

•Come cantidades muy grandes para su edad en muy poco tiempo.

¿Cómo podemos ayudarlos?

•Mantener un horario regular de comidas. Los niños necesitan un orden, y también realizar cinco comidas al día. Evitar ayunos prolongados. Para no quedar “llenos” o pasar hambre, requieren comidas pequeñas y frecuentes. Los padres tienen la responsabilidad de establecer estos horarios.

•Los alimentos integrales ayudan a dar mayor sensación de saciedad, por lo que evitarán que comamos tantas veces seguidas.

•Tomar mucho líquido durante el día, hasta alcanzar de 1.5 a 2 litros según la edad. Los líquidos en general ayudan a disminuir la sensación de hambre ya que a menudo lo que estamos es un poco deshidratados.

•Hablar siempre de alimentos sanos y alimentación saludable. No hablar de dieta o control de peso. La mayoría de los niños con sobrepeso saben bien que son más gruesos que sus compañeros, y probablemente ya han desarrollado una pobre imagen corporal. Lo último que un niño con sobrepeso necesita, es que sus padres le estén recordando su situación.

•No etiquete los alimentos. Mensajes negativos como el “azúcar y las grasas son malas”, o el uso de términos como “comida basura”, contribuyen a que más bien el niño empiece a sentir cierto “temor” a los alimentos y un deseo mayor por los etiquetados como prohibidos (efecto de la manzana prohibida). Al final esto solo lleva a más problemas con sus hábitos alimentarios y con el peso.

•Mantenga en el hogar abundantes alimentos saludables para que el niño pueda satisfacer sus necesidades fisiológicas con estos. No llene la despensa de alimentos altos en calorías y poco nutritivos. Limitar el acceso a los alimentos “peligrosos”. Intentar no comprar los alimentos que le hacen perder el control.

•Eliminar el concepto de alimento “prohibido”. La mejor forma de no desear intensamente un alimento es consumirlo de forma ocasional. Si el niño pide un alimento alto en calorías, no le restrinja el acceso, pero ofrézcalo con moderación, sin hacer comentarios al respecto.

•Ayúdeles a  reconocer sus señales internas de hambre y saciedad”. Los niños “ansiosos” probablemente han perdido su capacidad de autorregularse, así que la clave es enseñarles a diferenciar hambre (sensación que indica la necesidad de alimento) de  apetito (necesidad de alimentos por placer) y de saciedad (percepción que tiene el cuerpo de no tener necesidad inmediata de alimento). Puede preguntarle, ¿qué siente físicamente cuando tiene hambre? ¿Si le duele el estómago? ¿Se siente cansado? Trate de que el niño lo explique con sus propias palabras, ya que todos lo experimentan de forma diferente.

• Luchar contra el aburrimiento. Buscar alternativas al acto de comer. Sugerencias: Salir a caminar, ver una película, jugar con su mascota, escuchar música, leer, navegar por Internet o llamar a un amigo.

 •Realizar ejercicio, que se adecue a sus posibilidades. El ejercicio es el mejor remedio para la ansiedad. Practíquelo 3 ó 4 veces a la semana. Este le ayuda a descargar las tensiones y a oxigenarnos con lo cual disminuye la ansiedad por la comida.

•Hay que intentar evitar los sentimientos de culpa y fracaso por comer a escondidas. Esta actitud puede llegar a crear sensaciones negativas que retroalimenten el círculo vicioso de la comida, haciéndonos comer más y sintiendo mayor disgusto con nosotros mismos.

Y sobre todo… Aprender a querernos un poco más, aceptándonos como somos y valorando nuestras virtudes es un primer paso para mejorar. Para sentirnos plenos. Sintiéndonos contentos con nuestra vida tendremos un mayor control sobre lo que comemos ya que no dependeremos de algo externo para sentirnos por fin satisfechos.

Comer sano cuando comes fuera de casa

Regina Martín | 23 de enero de 2013 a las 13:10

Comer fuera se ha convertido en parte de nuestras rutinas diarias y semanales. Cuando comemos fuera, consumimos raciones más grandes y con más calorías, incluyendo raciones extra de fritos, rebozados y grasas. Con tantas tentaciones, a veces es complicado elegir y, cuando se llega el postre, las calorías ingeridas ya superan con creces las que se toman habitualmente en el hogar. Comer saludable no significa que no se pueda salir con los amigos o la familia, pero hay que tomar algunas precauciones para no estropear su equilibrio. En casa se siguen hábitos nutricionales más sanos, pero fuera tienes que enfrentarte a cartas y situaciones llenas de tentaciones. Si no sabes comer fuera de casa puedes poner en peligro tu salud y la de tus hijos, debes aprender a desenmascarar las trampas calóricas que se esconden en cartas, menús, tapas y aperitivos. Nuestros hijos cuentan con nosotros a la hora de tomar las decisiones correctas y recuerda que cuando lo haces le estás educando.

Si sales de TAPITAS

- Recuerda los peligros que tienen las salsas. Ni rosa, ni tártara ni alioli…casi todas las salsa está hechas con mayonesa y nata y las calorías son su atributo más valioso.

- No pida platos empanados, ni rebozados (no suelen estar bien escurridos y contienen mucha grasa). Pide a la plancha, evita las frituras.

- Ten en cuenta que todo lo que comemos y bebemos, salvo el agua, tiene sus calorías. Beber principalmente agua, optar por un refresco light o un zumo de tomate que es el que menos calorías tiene, y se puede tomar tanto como se quiera.

- Ojo con los bocadillos y las tapitas de chacina. Los embutidos, el foiegras y las chacinas tienen muchas calorías. Un bocadillo con 50 gramos de chorizo y un bollo de pan tiene casi tantas calorías como un plato de garbanzos.

 ¡CUIDADO CON LOS APERITIVOS!

En unos minutos puedes ingerir un montón de calorías sin darte cuenta. Lo mejor es prescindir de ellos.

- Las patatas fritas de bolsa tienen muchas calorías, entre 507 y 544 kcal en 100 gr. según como estén hechas. Un paquete de 175 a 200 gr. tiene entre 858 y 1088 kcal. ¡Un paquete y adiós dieta saludable!

- Los frutos secos (las pipas, los kikos, pistachos, cacahuetes, almendras, etc.) tienen muchísimas calorías y es fácil comerse 100 gramos sin darse cuenta.

- ¡Ojo! Con  las palomitas del cine: 100 gr. de palomitas tienen más calorías que 100 gr. de panceta de cerdo.

- Las aceitunas son buenas y sabrosas, pero no hay que tomarlas en exceso. Picar cinco o seis no es problema, pero no hay que olvidar que 100 gr. tienen 146 kcal, así que no hay que atiborrarse.

Si comes de RESTAURANTE mejor elegir restaurantes de comida tradicional.

De primero, algo ligero:

- verduras crudas, a la plancha o hervidas: espárragos, judías verdes, setas, etc.

- ensalada mixta: aliñada con aceite, vinagre y sal

- gazpacho: sin picatostes de pan

- cremas de verduras

- Si nos apetece paella algún día, la tomamos como plato único junto con una ensalada  compartida para toda la familia.

Al aliñar las ensaladas exigir aceite de oliva virgen, que es el más saludable como fuente de grasa y por su contenido en antioxidantes,  aunque debes controlar la cantidad de aceite que le añadas, para no sobrepasarte en calorías. Además, ten en cuenta que comer una ensalada puede ser saludable, pero la cosa cambia si le echas cantidades navegables de mayonesa o cualquier otra salsa rica en calorías.

De segundo, ojo con las guarniciones, elige una guarnición de patata cocida o en puré, pasta o arroz (las legumbres suelen estar cocinadas con alimentos muy grasos).

- pescado a la plancha, al vapor o a la sal

- marisco cocido o a la plancha (sin mayonesa) y moluscos (almejas, mejillones)

- carne a la plancha o cocinada sin grasa con verduras de guarnición

- pollo asado o a la plancha con verduras

- carpaccio (cuidado con el aceite)

En cuanto al pan: no más de una rebanada o panecillo pequeño.

Evitar los postres dulces (flanes, natillas, tartas etc.) ya que los azúcares rápidos que contienen potencian la asimilación de todas las grasas que hemos consumido en la comida y colaboran al aumento de grasa corporal. Podemos sustituirlos por:

- fruta: también macedonia de frutas, naranja preparada o fresas (sin nata)

- cuajada, yogur o requesón (puedes permitirte una cucharadita de miel)

- zumo de naranja natural.

- Los helados hay que reservarlos para los días especiales y es preferible tomarlos sin nata ni caramelo que son los que más calorías tienen (210 kcal en 100 gr.).

-Pedir raciones pequeñas para los niños. Huir de los menús infantiles.

-Para cenar, optar por ensaladas y un pescado a la plancha. Pedir la ensalada sin aliñar para poder hacerlo uno mismo sin excedernos en el aceite.

Si la única opción es un fast food… ¿QUÉ TOMAR EN UNA HAMBURGUESERIA?

Entrante: Ensalada con aliño de yogur.

Bebida: Agua o refresco  light.

Hamburguesa completa sin queso, huevo, ni beicon.

Postre: Fruta.

Puede ahorrarse hasta 1000 calorías sin no toma patatas fritas, ni aros de cebolla, ni salsa barbacoa, ni refresco azucarado, ni pastel.

DILE NO A LOS COMBOS

Los restaurantes de comida rápida siempre te ofrecen llamativos paquetes que, aunque te puedan salir más baratos, harán que comas más, ya que estás pagando un poco menos por muchas más calorías. La mayoría de los combos que se comercializan en los restaurantes de comida rápida suelen tener más de mil calorías, lo que representa la mitad de calorías disponibles en una dieta media. Según un estudio, la gente que acepta estos combos gasta, en promedio, 17% más y consume un 55% más calorías. Mejor pide a la carta, elige las opciones más saludables y pide raciones más pequeñas, sino es posible, comparte con tu acompañante.

Y sobre todo… no pida en exceso pensando que un día es un día. La clave: saber elegir bien.

Adolescentes con sobrepeso. ¿Cómo ayudarlos?

Regina Martín | 4 de noviembre de 2012 a las 18:22

Los hábitos de vida saludables son la clave para la pérdida de peso en adolescentes. Puede mostrar a su hijo el camino con este plan práctico para conseguir el éxito. La obesidad adolescente es un peligro y a la larga un problema. Como cualquier reto de pérdida de peso, no hay varita mágica para poder conseguir el objetivo de una manera rápida y sin esfuerzo. Sin embargo, hay muchas cosas que usted puede hacer para ayudar a su hijo.

Mantenga una conversación íntima con ellos

Si su hijo tiene sobrepeso, él o ella están probablemente tan preocupados como usted. Aparte de los riesgos para la salud que esto conlleva, como hipertensión arterial, diabetes, las consecuencias sociales y emocionales del sobrepeso pueden ser devastadoras para un adolescente. También puede resultar frustrante tratar de perder peso y obtener malos resultados. Debe ofrecer apoyo y comprensión así como el deseo de ayudar a su hijo a manejar el problema.

Usted puede decir: “No puedo cambiar tu peso. Eso depende de ti. Pero puedo ayudarte a tomar las decisiones correctas”.

Imagen corporal poco realista

El peso y la imagen corporal pueden ser temas delicados, especialmente para los adolescentes. Debe advertir a su hijo que no hay un solo peso ideal y no hay cuerpo perfecto. El peso adecuado para una persona puede no ser el peso adecuado para otra. En lugar de hablar de “grasa” y “delgado/a”, céntrese en la práctica de comportamientos que promuevan un peso saludable y una imagen corporal satisfactoria. Su médico de familia puede ayudar a establecer metas realistas para el índice de masa corporal y el peso según la edad de su hijo, la altura y su salud en general.

Resista a las soluciones rápidas

No hay fórmulas mágicas para perder peso. No hay “dietas milagro”, y por ello, la mejor garantía para la salud de tus hijos es que hables con ellos y les hagas entender que ese tipo de dietas son desequilibradas y deficitarias en nutrientes esenciales, y esto puede ser la causa de cansancio, apatía, tristeza, mareos, escalofríos, posibilidad de caída de cabello e incluso anemia. Además, con toda probabilidad le ocurrirá lo mismo que a todo el mundo que sigue una “dieta milagro”: al abandonarla cogerá más kilos de los que había perdido, y esto hará que se sienta frustrado al ver que no ha conseguido su ansiado objetivo.

Promover la actividad

Los adolescentes necesitan alrededor de 60 minutos de actividad física al día, pero eso no significa necesariamente que sean 60 minutos continuados. La actividad  física repartida a lo largo del día también puede ayudar a quemar calorías.

Los deportes de equipo a través de actividades extraescolares o comunitarias son maneras de conseguir estar activo. Si su hijo no es un atleta o es reacio a participar en ciertos deportes, anímelo a caminar, montar en bicicleta, ir patinado al colegio o dar un par de vueltas a la manzana antes de llegar a casa. Se les puede sugerir varias actividades como que salten a la cuerda, saquen al perro de paseo, tiren un par de canastas, ayuden en las tareas del hogar e incluso los juegos de videoconsola que requieran movimiento físico. Hay que intentar aunar dos objetivos, por un lado la actividad física programada y por otro reducir las actividades sedentarias.

Sugerir que desayunen 

Es la primera comida que realizamos y la importancia de desayunar esta relacionada con el periodo de ayuno prolongado que hemos tenido durante la noche, en el que las reservas de glucógeno están agotadas y hay una serie de modificaciones de los sustratos energéticos. El desayuno reajusta nuestro perfil metabólico. Una ausencia de este tiempo de comida ha sido relacionada con un menor rendimiento académico y físico durante las horas de las actividades realizadas por la mañana y también con un incremento de peso.

Anime a comer tentempiés inteligentes

Puede ser difícil de tomar decisiones saludables cuando abundan las máquinas expendedoras y de comida rápida, pero es posible. Anime a su hijo a remplazar incluso una bolsa de patatas fritas o bollería industrial por una opción más saludable y más económica traida desde casa:

Frutas variadas

Bocadillos integrales rellenos con alimentos proteicos bajos en grasa (jamón serranos sin grasas visible, jamón de york, pechuga de pavo, queso fresco…)

Tortitas de arroz y maíz

Galletas María o integrales

Barritas integrales

 Ver el tamaño de las raciones

Cuando se trata de raciones, el tamaño importa. Anime a su hijo a reducir el tamaño, comer lentamente y dejar de comer cuando se sienta satisfecho. La indulgencia ocasional está bien, pero aun así hay que intentar compartir una comida, pedir una porción más pequeña o saltarse el postre.

Cuente las calorías líquidas

Las calorías en refrescos, cafés o descafeinados, zumos de fruta, bebidas deportivas y especiales suman rápidamente. Beber agua en lugar de refrescos y otras bebidas azucaradas podría ahorrar cientos de calorías al día, o incluso más. En ocasiones puntuales, se pueden tomar refrescos light.

Que sea un asunto de familia

El éxito reside en que toda la familia adopte hábitos más saludables, después de todo, comer alimentos saludables y hacer más ejercicio es bueno para todo el mundo  y la investigación sugiere que la participación de la familia tiene un efecto significativo sobre el control de peso en la infancia.

Por ejemplo:

-Abastecerse de frutas, verduras y cereales integrales. Mantenga estos alimentos a la vista, y asegúrese de dar un buen ejemplo consigo mismo.

-Deja la comida basura en el supermercado. Los alimentos saludables a veces cuestan más, pero es una inversión importante.

-Mantenga la comida en la cocina. Comer en la encimera de la cocina o en la mesa, no en el sofá mientras ve la televisión o jugando a videojuegos. Limite el tiempo de pantalla.

-Realice deporte en familia, los fines de semana puede ser una buena opción irse al parque con la bicicleta o realizar alguna excursión al campo.

- No se centre en la comida. Haga de la actividad física un tema de conversación familiar, en lugar de qué o donde vamos a comer.

Mantenga una actitud positiva

El exceso de peso no significa inevitablemente que su hijo tenga problemas de autoestima. Sin embargo, su aceptación es fundamental. Escuche las preocupaciones de su hijo. Opina sobre sus esfuerzos, habilidades y logros. Deje claro que su amor es incondicional.

Si su hijo tiene una autoestima baja o no es capaz de hacer frente a su peso de una manera saludable, considere un grupo de apoyo, programa de control de peso o asesoramiento profesional. Puede darle a su hijo las herramientas para contrarrestar la presión social, cultivar más la autoestima positiva, y tomar el control de su peso. Los beneficios durarán toda la vida.

 

 

Hoy hace exactamente un año que comencé mi andadura en “Komo como”.

Os doy de corazón las gracias por…

Esas casi 36.000 visitas…

Esos seguidores incondicionales… (¡un ooolé para ellos!)

Todos aquellos que alguna vez nos han visitado…

Los que vuelven para quedarse…

Por vuestros comentarios, que tanta ilusión me hacen…

Por los maravillosos ratos que he pasado con vosotros.

De todo corazón…………

 

Claves para combatir la obesidad infantil en verano

Regina Martín | 13 de junio de 2012 a las 11:16

Durante el verano se cambian los hábitos de alimentación porque no tenemos unos horarios fijos. Los niños se levantan más tarde y en muchos casos se saltan el desayuno o alguna comida. Helados y refrescos para saciar la sed y combatir el calor, y patatas fritas durante una larga jornada de playa para calmar el gusanillo… Son algunos de los alimentos que toman nuestros hijos en exceso durante los meses de verano. Durante esta época del año no somos tan estrictos con la alimentación y nos despistamos un poco con los horarios. Los niños tienden a engordar en el verano y el sobrepeso durante la infancia puede ser un paso previo a la obesidad.  Pero cuidar la alimentación de nuestros hijos es algo que los padres debemos considerar como un trabajo a tiempo completo. ¡No bajes la guardia en la época estival!

Las claves para combatir el sobrepeso u obesidad en el verano, son las siguientes:

  1. Se deben realizar cinco comidas al día, sin olvidar desayunos y meriendas. La ingesta de media mañana puede ser más ligera, pero no se debe suprimir.  No saltarnos ninguna comida es la única  manera de no pasar hambre y evitar los atracones o sobreingesta de alimentos.
  2. Hacer un desayuno completo. Esto conlleva un efecto positivo para mantener el Índice de Masa Corporal (índice del peso de una persona en relación con su altura) dentro de la normalidad. El 40 % de los niños con sobrepeso no desayunan. Un desayuno completo se compone de un lácteo (en caso de sobrepeso debe ser desnatado), fruta fresca o zumo de frutas natural y farináceos (4 galletas María, un trocito de pan  ó ¾ de taza de cereales sin chocolate).
  3. Evitar consumo de alimentos entre comidas. Evitar los momentos del día y los sitios “más peligrosos”. Por ejemplo, si el deseo de comer chocolate siempre aparece por las tardes, en el tiempo de ocio, habría que programar la realización de actividades que lo  mantuviera alejado de dicho alimento.
  4. Limitar el acceso a los alimentos más calóricos y menos nutritivos. Intentar no comprar aquellos alimentos que hacen perder el control tales como: “chuches”, snacks, refrescos
  5. Saber que un zumo comercial, no sustituye a una fruta. Cambiar por zumo de frutas naturales.
  6. Aprovecha para darle frutas y verduras de temporada. Están en su punto y son alimentos imprescindibles para una dieta sana.
  7. Evita abusar de precocinados y de la comida rápida. Durante los días de vacaciones nos apetece menos cocinar, pero hay que hacer un esfuerzo por no recurrir a este tipo de alimentos. Su salud te lo agradecerá. Intentar comer de una forma variada. Piensen que cuánto más colores, más completa será su alimentación.
  8. Tener especial cuidado con las grasas (aceite, mantequilla, nata, crema, etc). No utiliza más de tres cucharadas soperas de aceite al día.
  9. Aumentar las actividades en familia, tanto al aire libre como en casa.
  10. Limitar las horas de TV, videojuegos y juegos de ordenador a una hora como máximo al día

Y ante todo recordar “El mejor modelo para tus hijos, sois sus padres y sus familias, practicar con el ejemplo”

¿Qué hacer cuando se come fuera de casa?

– Tenemos que huir de los menús infantiles y pedir raciones pequeñas para los niños.

– No acudir a los centros fast-food (hamburgueserías,  pizzerías…), sino a restaurantes de comida tradicional.

– Para comidas y cenas elegir alimentos frescos preparados con técnicas culinarias sencillas.

– Pedir la ensalada sin aliñar, para hacerlo nosotros mismos. Recordar que una cucharada sopera de aceite tiene 90 Kcal.

– Si algún día apetece paella, se puede elegir como plato único.

– La mejor bebida es el  agua, aunque de vez en cuando se puede tomar algún refresco light.

– Pedir de postre fruta o algún lácteo desnatado.

– Pactar un helado a la semana. Mejor los de hielo que los de crema. También podemos realizar en casa batidos de frutas con leche desnatada o sorbetes de helados descremados con casera sin azúcar.

Rompiendo mitos en obesidad infantil

Regina Martín | 10 de mayo de 2012 a las 13:00

Me gustaría analizar  algunos de los mitos que se dan en nuestra sociedad en torno a los niños con exceso de peso:

1. El gordito saludable. Uno de los grandes problemas del sobrepeso u obesidad es que la familia no es consciente de que puede ocasionar serios problemas en la salud presente y futura del niño. Todavía solemos identificar al niño regordete como una expresión de belleza y salud. “mira que lorzas más hermosas le salen por los muslos”, “¡qué gordito¡, ¡está para comérselo!”. Este es un concepto muy arraigado en nuestra cultura. Pero debemos ser conscientes que el niño “gordito” de hoy se puede convertir en un obeso con una vida difícil. Es complicado cambiar la opinión dominante en la sociedad, pero también hay que decir que cada vez es mayor el número de padres responsables que empiezan a cambiar los criterios de nuestros abuelos.  No me gusta ser negativa ni dramatizar pero debemos saber   que la obesidad es un factor de riesgo establecido para el desarrollo precoz de múltiples enfermedades: hipertensión, hipercolesterolemia, patología cardiovascular, diabetes mellitus tipo 2, hiperinsulinismo, baja autoestima, rechazo social, rechazo laboral, depresión, aislamiento social, trastornos de conducta…

2. El gordito feliz. No hay una personalidad única que defina a las personas con sobrepeso, diríamos que hay tantos temperamentos como niños gorditos. Aunque hay un grupo de ellos que responden a la concepción tradicional de extrovertidos, sociables y productivos la realidad es que debajo de esa máscara de felicidad y fácil interacción social se pueden esconder sentimientos de inferioridad, baja autoestima, pasividad y necesidad de cariño. Vivimos en una sociedad llena de prejuicios. Los niños con sobrepeso son más susceptibles de tener problemas psicológicos y de que estos problemas persistan en la edad adulta. A los seis años, los niños ya han captado el mensaje social de que ser gordo es malo, y algunos niños con sobrepeso son rechazados y marginados socialmente o desarrollan una imagen corporal distorsionada. Los adolescentes fundamentan en gran parte su autoestima en la aprobación de su propia corporalidad. Los problemas que acompañan a una mala imagen corporal son: baja autoestima, problemas con la identidad de género, ansiedad interpersonal, problemas en las relaciones sexuales, depresión.

3. El gordito que adelgaza con el estirón. Nada tan alejado de la realidad. Cuando la obesidad se inicia entre los seis meses y los siete años de vida, el porcentaje de los que seguirán así de adultos es del 40%, mientras que cuando se inicia entre los 10 y los 13 años, las probabilidades son del 70-80%. Por eso no representa ninguna ventaja y sí muchos inconvenientes esperar a que el niño gordito llegue a la edad adulta para tratarlo.

4. ¡Es que ha salido a su madre/padre/abuelos! ¡Qué le vamos a hacer! Para contestar a esa afirmación, son muchos los estudios que se han realizado y, aunque verdaderamente resulta difícil interpretar sus resultados, se calcula que el factor genético es solo responsable del 25% del peso, y los condicionantes externos, del otro 75%. Lo que ocurre más bien es que se adquieren una serie de costumbres de nuestros progenitores. ¿Se puede hacer algo? Se puede y se debe. Es muy importante el ejercicio físico además de cuidar la alimentación. No es cuestión de genética, sino de costumbres.

5. “No se cómo está gordo porque no come mucho y después no para en todo el día. Yo creo que va a ser algo del tiroides”. Todos los seres humanos engordamos cuando el balance calórico es positivo; es decir que sin importar si comemos mucho o poco, comemos mas de lo que nuestro cuerpo necesita para mantener su peso constante, siendo la causa de el conocido sobrepeso u obesidad. La mayoría de los gordos creen que las glándulas, en especial la tiroides, son las culpables de todos sus males. Esto puede ser cierto, pero solo en contados casos. En la mayoría de la gente con sobrepeso la función tiroidea es normal. Las personas que tiene sobrepeso no es solo porque comen más de la cuenta. Son varios los factores que influyen en la gordura y los mas significativos son: herencia, ejercicio físico, metabolismo, hábitos alimentarios, hormonas…

6. “Tienes que comer para hacerte grande”. Muchas personas creen que el crecimiento es consecuencia de la alimentación, pero no es así: en realidad no crecemos porque hemos comido, sino que comemos porque estamos creciendo. La talla final que alcanza nuestros hijos depende básicamente de sus genes y sólo un poco de su alimentación.

 

Fuente: Obesidad infantil: Julián Lirio Casero

Zumos comerciales de fruta y leche ¿realmente “funcionan”?

Regina Martín | 12 de abril de 2012 a las 13:09

La industria conocedora de la dificultad que presenta para muchos padres el incluir en la dieta alimentos saludables tales como frutas y lácteos, nos presentan atractivas alternativas para solucionar nuestros problemas. La publicidad sugiere que esta bebida se considere como un “alimento completo”. Nos argumentan que aúna los beneficios de la leche, en referencia a las proteínas y el calcio, y las vitaminas de la fruta. Si nuestros hijos  no toman ni leche ni fruta, te presentan un zumo que incluye todo para que se lo des y te quedes satisfecho; “tranquilo, tu hijo ya ha tomado la cantidad de fruta y calcio que necesita, de una manera sencilla”, parecen manifestar los anuncios. Sin embargo, las bebidas de zumo y leche no son lo que parecen, pues aunque se promocionan como un alimento completo, apto para remplazar una fruta fresca y una ración de leche en el desayuno, desde el punto de vista nutritivo dejan mucho que desear, pues no equivalen a consumir una porción de lácteos y de fruta en su estado natural.

Vamos a detallar la composición de estos productos: debemos saber que en el etiquetado nutricional, el primer ingrediente de la lista es el más abundante, mientras el resto disminuye de manera sucesiva, hasta el final. En general, son bebidas envasadas en tetrabrik, con una capacidad de 330 mililitros y un formato similar a los zumos de fruta tradicionales. La composición media de estas bebidas son: un zumo de frutas a base de concentrados y poca leche. En el mejor de los casos este producto puede contener hasta un 42,5% de zumo concentrado de frutas (lo que serían 140 ml y en el peor de los casos sólo un 7%, lo que son tan sólo 23 ml).

En cuanto a la leche el contenido es menor; de media suele ser de un 10 % (33 ml). Los de mayor contenido (los mínimos) destacan con un 30% de leche desnatada, que equivale a 100 ml por cada tetrabrik (la mitad de un vaso); los de cantidades inferiores añaden un 10%, que se traduce en 33 ml de leche por envase.

En cuanto al valor calórico la media de cada tetrabrik de 330 mililitros rondaría aproximadamente los 150 – 155 calorías por envase (los que no llevan azúcar añadido su valor energético bajaría a 50 calorías ). Si un niño de cinco años que necesita una dieta de unas 1500 calorías ingiere cada día un zumo le estaríamos aportando unas calorías “extra” que no necesita.

En la mayoría se detectan azúcares añadidos, que son los nutrientes más destacados y que dan el valor energético al producto, además de vitaminas y minerales adicionados. Todos son muy similares en el contenido de multitud de aditivos, estabilizantes, colorantes, acidulantes y aromas; y algunos son necesarios para conseguir mezclar leche con zumos, muchos de ellos de frutas cítricas. Los fabricantes añaden vitaminas y fibra para suplir los nutrientes aportados de manera natural por la fruta fresca, pero la mezcla indefinida de sabores, en especial para los niños, influye de manera negativa en la educación del gusto. No permite identificar los sabores concretos de cada fruta, cuya mezcla, en tan poca proporción de zumo, se deduce de la propia etiqueta (naranjas, zanahorias, piña, maracuyá, mango, guayaba, albaricoques y papayas).

El consumo de bebidas azucaradas se ha incrementado en los últimos años y ha coincidido con una mayor prevalencia del sobrepeso obesidad, también propician el desarrollo de caries y otros problemas de salud. Aunque yo siempre digo que no existen alimentos malos ni buenos, lo que hay son proporciones inadecuadas en su consumo, la mejor opción si nuestros hijos quieren este tipo de bebidas es elaborárselos nosotros en casa mezclando la fruta con leche o yogur con frutas.

Autoestima y obesidad infantil

Regina Martín | 19 de febrero de 2012 a las 18:52

Los padres de Marta sobrepasada en peso vienen a consulta. Su madre es de peso normal, pero su padre es un hombre corpulento y excedido en peso. Tiene una hermana menor que es activa y por mucho que coma se mantiene en normopeso (¡injusticias de la vida!). Los padres comentan que el carácter de la niña se está deteriorando y que poco a poco se está aislando en su mundo interior. Marta tiene una pobre imagen de sí misma y expresa sensaciones de inferioridad y rechazo. La discriminación por parte de los adultos o de sus compañeras  provoca en Marta, depresión e inactividad que favorece el aumento de la ingesta de alimentos, lo que a su vez agrava o al menos perpetúa su cuadro de obesidad. Su madre ha intentado varias estrategias dietéticas, pero Marta sigue aumentando de peso. Ella dice que no es feliz debido al tamaño de su cuerpo porque la molestan y tiene problemas para hacer nuevos amigos. Y el problema se acentúa cuando Marta va de compras, esa ropa moderna y “a la última” que se ponen sus iguales a ella le queda pequeña y tiene que terminar comprando en la sección de  adultos. Sus padres desesperados preguntan como la pueden ayudar.

Esta historia que puede resultar un poco dura la padecen muchos niños con sobrepeso u obesidad. La obesidad acarrea muchos problemas psicológicos. El “gordito feliz” es un mito.

Los niños con sobrepeso son más susceptibles a tener problemas psicológicos y de que estos problemas persistan en la edad adulta. A los seis años, los niños ya han captado el mensaje social de que ser gordo es malo, y algunos niños con sobrepeso son rechazados y marginados socialmente o desarrollan una imagen corporal distorsionada.

El concepto imagen corporal es “la imagen que forma nuestra mente del propio cuerpo; es decir, el modo en que nuestro cuerpo se nos manifiesta”. La imagen corporal es muy importante para definir la autoestima después de la pubertad. Los adolescentes fundamentan en gran parte su autoestima en la aprobación de su propia corporalidad. Los problemas que acompañan a una mala imagen corporal son: baja autoestima, problemas con la identidad de género, ansiedad interpersonal, problemas en las relaciones sexuales, depresión.

La imagen corporal preocupa a edades cada vez más tempranas e incluso cada vez se dan trastornos de la conducta alimentaria a edades más jóvenes. Si el ideal de belleza impuesto es la delgadez ¿qué pasa con los niños y niñas que no cumplen con los criterios ideales que marcan nuestra sociedad? Un niño de 6 años ya ha aprendido las normas de atracción cultural, de ahí que elija a sus compañeros de juego basándose en sus características físicas. Los niños con obesidad sufren aislamiento y no les dejan participar en juegos o deportes. Están sometidos a un continuo estrés ambiental.

El ideal físico es normalmente muy elevado, sólo hay que ver los anuncios publicitarios, la moda, etc.

Los padres también ejercen una continua influencia en la imagen corporal de sus hijos. En ocasiones los padres o los abuelos se burlan del cuerpo del niño creyendo que así va a reaccionar. Pero esta forma de crítica destructiva puede afectar gravemente en el desarrollo emocional de su hijo. Es más difícil que los hijos olviden los comentarios crueles de sus padres que los hechos por sus iguales. Los hermanos también juegan un papel importante en la imagen corporal, y una de las obligaciones de los padres es evitar los “comentarios inocentes” entre hermanos, que en realidad no son tan inofensivos.

El tratamiento de la obesidad infantil incluye varios puntos:

- Dieta: Una dieta normocalórica es más efectiva que cualquier dieta restrictiva. Para el tratamiento de la obesidad infantil se recomienda mantener el peso más que reducirlo, mientras continúa el crecimiento longitudinal, con lo que se va mejorando paulatinamente el índice de masa corporal, resultando más eficaz que las dietas restrictivas

Actividad física: Hay que combinar la dieta con un incremento de actividad física y cambios hacia un estilo de vida más saludable. También es importante reducir las actividades sedentarias: ver menos la TV, ir al colegio andando, subir escaleras, ayudar en tareas domésticas…

Cambios conductuales: Hay estudios que muestran que se obtienen mejores resultados si se generan cambios conductuales.

Efecto de los padres: El tratamiento de la obesidad debe comenzar de forma precoz e incluir a la familia. El entrenamiento y la terapia familiar es más eficaz que tratar a los niños solos.

– Los objetivos deben estar puestos en logros pequeños y progresivos de la conducta, reconociendo que es necesario brindar apoyo a las familias durante los mismos.

Comida rápida: componentes e inconvenientes

Regina Martín | 29 de diciembre de 2011 a las 13:10

Las comidas rápidas o fast- food son alternativas rápidas, de precio razonable  y permanentemente disponibles, a la comida del hogar. Estas comidas rápidas son válidas y económicas para quienes llevan un estilo de vida agitado. Otro de los factores que favorecen el consumo de la comida basura, es el de la publicidad, que afecta en mayor medida a los niños, sobre todos aquellas cadenas de comida basura que ofrecen regalos en sus menús. No tiene sentido utilizar la comida rápida como premio o recompensa, porque el niño asociará su buen comportamiento a una comida insana.

A continuación aparece una tabla con el contenido calórico de raciones típicas de fast-food. Con una de estas comidas habremos conseguido más de la mitad de calorías necesarias en el día.

Fuente: consumer.es EROSKI (nº 74, febrero 2004)

¿Cuáles son los componentes de la comida rápida?

Exceso de energía: en sólo una comida fast food ingerimos más de la mitad de la energía diaria necesaria, si a ello sumamos la energía aportada por el resto de comidas del día, la consecuencia es un alto contenido energético que favorece el exceso de peso.

Elevada proporción de proteínas de origen animal.

No aportan fibra ni vitaminas al organismo.

Grasa y colesterol: abundantes grasas saturadas y colesterol (aceites, frituras, salsas a base de huevos, ingredientes grasos).También contienen niveles elevados de azúcares simples.

Digestiones difíciles. En la mayoría de las ocasiones los alimentos están fritos, empanados o rebozados, por lo que se enriquecen en grasa, que calentada resulta aún más indigesta.

Alteran el sentido del gusto. Contienen aditivos y sustancias químicas abundantes: alto índice de sal (el sodio se utiliza como conservante, realza el sabor e invita a consumir más bebida). Conservantes, colorantes, antiapelmazantes, estabilizantes, son otros de los componentes de este tipo de comida, utilizados para obtener el aspecto deseado de color, olor, sabor y textura. Estos platos suelen incluir condimentos fuertes o aditivos que potencian el sabor y que estimulan el apetito y, con el tiempo, alteran la percepción del sentido del gusto y crean hábito.

Crean adicción. Los investigadores aseguran que la comida con gran cantidad de grasa y azúcar puede causar en el cerebro cambios bioquímicos similares a los que provocan algunas drogas. Una vez enganchadas a la comida basura, dicen los científicos, muchas personas son incapaces de poder regresar a una dieta equilibrada y, en muchas ocasiones, padecen problemas de obesidad.

Podemos disfrutar de este tipo de comidas siempre que no abusemos de su uso, equilibremos los grupos alimentarios y no lo sustituyamos por completo al resto de alimentos básicos. Pero si abusamos de ellas los problemas pueden ser: obesidad infanto- juvenil, sobrepeso y exceso de colesterol, estreñimiento, caries y a largo plazo enfermedades cardio-vasculares y deterioro de la salud a nivel general.

Aprendiendo a comer fuera de casa

Elegir restaurantes de comida tradicional.

Elegir gazpacho casero o verdura de primer plato y un segundo con guarnición de patata cocida o en puré, pasta o arroz (las legumbres suelen estar cocinadas con alimentos muy grasos). Si nos apetece paella algún día, la tomamos como plato único junto con una ensalada compartida para toda la familia.

Pedir raciones pequeñas para los niños. Huir de los menús infantiles.

Evite alimentos fritos, empanados y en escabeche. Seleccione al vapor, hervidos, a la parrilla, con vegetales, entre otros.

Para cenar, optar por ensaladas y un pescado a la plancha. Pedir la ensalada sin aliñar para poder hacerlo uno mismo sin excedernos en el aceite.

Beber principalmente agua. De vez e cuando, no como rutina un refresco light.

De postre: fruta. Si tienen, pedir un yogur desnatado.

¿Qué se puede tomar en una hamburguesería?

Entrante: Ensalada con aliño de yogur.

Bebida: Agua o Coca Cola light.

Hamburguesa completa sin queso, huevo, ni beicon.

Postre: Fruta.

Puede ahorrarse hasta 1000 calorías si no toma patatas fritas, aros de cebolla, salsa barbacoa, refrescos azucarados o pastel.