Cosa de dos (V)

Rafael Román y Juan Ojeda | 13 de marzo de 2012 a las 12:55

Rafael Román: Elecciones en solitario

PARA qué quería Arenas elecciones en solitario? Para que se debatieran los problemas de Andalucía. ¿Por qué criticaba Arenas las elecciones andaluzas juntas con las generales? Porque se solapaban los temas y se ocultaba el debate andaluz. ¿Por qué el régimen socialista andaluz huía de las elecciones solas? Porque le convenía el manto de Madrid. Al modo de los padres Astete y Ripalda este catecismo de Javier Arenas lo hemos escuchado durante bastantes años. Hasta que llegó la hora. Llegado el momento de la verdad -elecciones en solitario-, el debate de los problemas de Andalucía importa menos o nada. Como los temas los va escalonando convenientemente la juez, sobran todos los demás. Con hacer de altavoces de los razonados autos judiciales, tenemos la campaña. No es de recibo que una campaña electoral no tenga debates a dos ni debate a tres ni en ningún formato. Por cierto, TVE, cuando Javier Arenas estaba en el Gobierno de Aznar, también fue condenada. Por la manipulación informativa sobre la huelga general de 2002. Lenin le dijo a Fernando de los Ríos en 1920 “¿Libertad, para qué?”. Los andaluces ahora podrán decirle a Arenas: “¿Elecciones separadas para qué?”

Juan Ojeda: Elecciones en solitario

LOS candidatos no han caído en que hoy es martes y 13, o no son supersticiosos, porque siguen a su bola, sin hacer caso del mal fario. Y como uno tampoco es supersticioso, salvo que las circunstancias lo demanden, hoy vamos a dedicarle estas líneas a los pezqueñines de la política, o sea, los partidos chiquititos, como el Partido Andalucista (PA), Unión, Progreso y Democracia (UPyD), EQUO y algunos más, que compiten sin recursos, sin medios y sin apoyos, por un espacio, que, conforme avanza la campaña, se convierte en más estrecho. Tienen mérito, porque sus carencias económicas y orgánicas las suplen con imaginación y esfuerzo personal. Y, claro, a algunos de ellos les alimenta la ilusión de que pudieran obtener algún escaño que, en caso de que no hubiese mayorías absolutas, les daría un protagonismo inesperado en la próxima legislatura, rompiendo lo que parece predestinado a ser una batalla a tres, o a dos y a uno. No es fácil, pero ahí siguen intentándolo. Algunos piensan que estorban, porque les restan algunos votos a los que compiten por arriba, pero le ponen su poquito de pimienta a una campaña excesivamente sosa, previsible y centrada en dos. Por eso, pezqueñines, sí, gracias.

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