Alineación indebida

David Fernández | 5 de diciembre de 2015 a las 12:36

La última encuesta del CIS ha dejado a los socialistas con sus peores resultados de la democracia y a su líder Pedro Sánchez con peor cara que la de Emilio Butragueño cuando le comunicaron por teléfono en el palco del Cádiz que su equipo quedaba eliminado de la Copa por la alineación indebida de Cheryshev. El PP parece afianzarse en cabeza -nadie se confíe- y Albert Rivera amenaza el segundo puesto del PSOE. También Podemos parece remontar, pero su viaje al centro con tanto maquillaje no le valdrá para recuperar todo el terreno perdido. La última palabra la tendrán los indecisos y esta vez con más poderío que nunca, para añadirles más presión. Al parecer, una legión de cabreados que en su día votó a PSOE y a PP y que ahora se dispone a castigarles donde más duele con tanto abuso y tanta corrupción, no tiene claro, en caso de tomar la decisión en firme, a cuál de los dos partidos emergentes votar.

Elegir, y esto hay que decirlo ya, es un auténtico calvario. Y a pesar de ello, nos gusta flagelarnos casi desde que echamos los dientes. Para poner a cualquier niño en un aprieto sólo hemos de preguntarle si quiere más a papá o a mamá para comprobar hasta qué punto le tocamos las narices. Sin darnos cuenta, más pronto que tarde le animaremos para que elija un número favorito y su color preferido. El verde. Y antes de aprender a caminar, por lo general tendrá que decidir a la fuerza cuál será su equipo para toda la vida, aunque haga el ridículo más espantoso sobre el césped. Si es usted de los que no saben qué contestar cuando alguien pregunta dónde ir a tomar un aperitivo o a pasar el puente, prepárese porque el próximo día 20, encima, no será tan fácil votar como antaño. Este año a las propuestas más clásicas se suman nuevas fuerzas que pondrán a los indecisos a cavilar de verdad. Y aunque ya sabemos cómo cantan y bailan los candidatos y cómo juegan al dominó, aún no nos han explicado cómo cuadrarán las cuentas, ni qué piensan hacer con las pensiones y las colas para visitar al médico especialista. Como buen demócrata, el único lujo que ni el indeciso se puede permitir es el de no votar. Ahora bien, asegúrese de que al elegir una opción no le pasa como al Madrid y se queda en fuera de juego de la fiesta democrática por alineación indebida.

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