Mojarse

Rafael Navas | 6 de diciembre de 2015 a las 1:47

Cuando en 1982 Adolfo Suárez dejó la Unión de Centro Democrático (UCD) y fundó el Centro Democrático y Social (CDS), el espacio político sobre el que se habían sustentado los primeros años de la Transición comenzó a abrirse, hasta el punto de que sólo unos meses después el PSOE de Felipe González ganó las elecciones generales. Sin el voto de centro hasta entonces en manos de UCD, no habría sido posible, como tampoco que el PP de Aznar y Rajoy, o el PSOE de Zapatero, lo consiguiesen en sucesivas elecciones. Esa masa de votos digamos moderados que se mueven hacia un lado u otro según las circunstancias generadas por la gestión de gobierno es el objeto de deseo cada cuatro años de todos los partidos con opciones reales de alcanzar una victoria. En esta ocasión, el PP y el PSOE se han encontrado con un competidor en la pugna por ese objetivo, Ciudadanos (C’s), un partido que guarda más similitudes con el CDS que con la UCD y que se mueve con mayor nitidez en esa zona templada del electorado. Tanto los virajes a la izquierda del PSOE como los del PP a la derecha en los últimos años a la hora de tomar determinadas decisiones han ido situando a Ciudadanos donde el partido de Rivera quería llegar. Que en el centro, en el justo medio, está la virtud ya lo dijo Aristóteles y no hace falta ser muy listo para comprobar que cuando se pierde la centralidad en política, hacia uno u otro extremo, el electorado acaba castigando. Alberto Garzón, a quien el CIS da 3-4 diputados, continúa para bingo cuando dice que estar en el centro es “no mojarse”. Este hombre cada vez más radicalizado no se ha enterado de nada. Hay miles, cientos de miles de personas en este país que creen que las cosas no son necesariamente blancas o negras, malas o buenas. Gobernar para todos es evitar los sectarismos y ser consciente de que no hay verdades absolutas. Pero pocos lo hacen. Precisamente porque eso sí que es mojarse.

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