El voto del miedo

Antonio Lao | 10 de diciembre de 2015 a las 16:40

Hasta una campaña compleja, en la que el bipartidismo parece que ha pasado a la historia, cobra notable importancia el llamado voto del miedo. Antaño usado como arma electoral por los populares para guarecerse y justificar las continuas derrotas que sufrían en Andalucía de manos de los socialistas. Ese voto del miedo, que tenía como base la supuesta dependencia de las ayudas subvenciones y el plan de Empleo Rural (PER), regresa con fuerza con los pensionistas como munición, arma arrojadiza o soldaditos de plomo a la espera del pim, pam, pum de los candidatos. Nadie olvida que en este país hay once millones de personas que tienen más de 65 años, once millones de jubilados que reciben cada mes una pensión del Estado, más o menos importante, pero todavía en tiempos de crisis fundamental para el sustento, no sólo de ellos, sino de muchas familias que han visto como la crisis se los llevaba por delante.

Atrás han quedado los grandes mítines en las grandes ciudades y cerca nos encontramos con los líderes en los pueblos más pequeños jugando una partida de dominó en el bar de la plaza del pueblo o una de mus en el club de jubilados de Villargordo, por poner un ejemplo. A pesar del indudable valor que las nuevas tecnologías han inoculado a las campañas, centradas y basadas en una buena parte en las televisiones, los debates y las redes sociales, ninguno de ellos descuida a aquellos que saben los pueden hacer ganar o perder unas elecciones. Una cosa es jugar al mus con el abuelo con decenas de focos centrados en la partida y otra será, qué duda cabe, cuando este tiempo de pasión y desenfreno electoral pase y, como siempre, se olviden de aquellos que los situaron en la cima del Gobierno, como principal partido de la oposición o con unos pobres diputados para vegetar durante la legislatura.

A pesar de todo, el fin del bipartidismo amenaza con cambiar las estructuras y las bases, en exceso anquilosadas.

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