Mítines con cuentagotas

Antonio Lao | 15 de diciembre de 2015 a las 6:15

EN las grandes ciudades todavía permanece, aunque da la sensación que ya tiene algo de vintage, la celebración de mítines. En las pequeñas, por contra, salvo que el líder recale allí, rara vez vemos una concentración de adeptos, banderas en mano, bocadillo en la otra y autobuses en la puerta del pabellón deportivo, plaza de toros o explanada portuaria.

Las redes sociales y las televisiones lo copan y lo ocupan todo, aunque también tiene mucho que ver el hartazgo de los ciudadanos, cuando de acudir a escuchar a un candidato se trata. Se ha convertido en algo tan cotidiano, tan trillado, tan justo de credibilidad, que lo dejan pasar para mejor ocasión, entendiendo que el voto está decidido o casi y, por mucho que se empeñen en soflamas, proclamas y se desgañiten en un último intento por atraer a los indecisos, ya no logran convencer ni a sus propios adeptos.

Quizá por ello esta campaña ha sido más de cercanía, más de andar por casa, más de subirse a un banco y hablar a los vecinos, a un mercadillo para mezclarse entre los vendedores de bragas a un euro y calzoncillos de imitación a dos, que de verdad regresar al sabor, la tradición y la grandeza de aquellas que protagonizaban los cabezas de lista de antaño.

Considero importante la influencia de las redes sociales, aunque no vital. La pequeña pantalla te mete dentro de tu casa al más cercano y al más alejado a tus ideas, haciendo fácil lo difícil. Sin embargo, por más que nos empeñemos, la distancia que nos separa de aquellos que Pablo Iglesias definió hace unos meses como “casta” es, a veces, tan abismal que ya nadie compra duros a cuatro pesetas.

Y no es porque el día 20 de diciembre este país no se juegue su futuro, como lo hizo hace cuatro, ocho o doce años o como lo hará en las próximas citas electorales. Pero muchas cosas han de cambiar si aquellos que nos gobiernan o aspiran a hacerlo, pretenden recuperar la credibilidad perdida hace tanto.

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