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Iguales para hoy

Rafael Ruiz | 25 de marzo de 2012 a las 8:00

La jornada electoral equipara en un gesto –lo que se tarda en elegir la papeleta, cerrar el sobre, sacar el DNI y sortear al pesado de turno– al banquero y al chapero, al literato y al niñato del Tuenti, a la vanguardia obrera concienciada –necesaria– y al trabajador alienado, contingente. En cierta manera, se establece una ficción o una liturgia que empata por un rato al que sale de misa y se acerca al colegio electoral absuelto de los pecados cometidos con el que termina en la cafetería con el cortado y la media tostada de tomate en proceso de laica digestión. El que llega en coche oficial o el que pasea: iguales para hoy.
La Andalucía toda está convocada a la caja acristalada que llamamos urna en eso que se ha calificado, de forma rimbombante, elecciones históricas. En juego, ustedes lo saben, echar la raya que en tantos pueblos y ciudades informa de hasta dónde llegó la riada. Galos y romanos quedan hoy homologados al pueblo, convertido en el que importa cada cuatro años, cuando elige, porque la democracia española sigue siendo imperfecta. Se ejerce de tarde en tarde, lamentablemente, con normas obsoletas que bloquean candidaturas y reparten escaños para que gane siempre la banca. Así le entra un ataque de desafección a cualquiera.

Andalucía decide hoy a quien decidirá por ella. Arenas, Griñán, Valderas. Personajes principales del teatrillo de una autonomía que está más lejos de sus actores y a los que, en muchas ocasiones, ni escucha a pesar de que hablan cada vez con más gritos. Crisis, empleo, recortes, bolsillos de cristal. Las cuatro claves de una legislatura que no va a entender de barcos.

Quien salga victorioso de esta noche, que se vaya preparando.  Quien pierda, ídem de ídem. El Gobierno, con tantas personas penando fatiguitas, se ha convertido en papel de lija. Desgasta, abrasa. Con altura de miras, que no la hay, llegaría el momento de los acuerdos, de las personas de Estado, que sí las hubo. Generosidad del vencedor hacia el vencido, la misma que nunca se tuvo. Mala costumbre nacional esa la de no estar nunca a la altura de las circunstancias.

La mano abierta

Rafael Ruiz | 23 de marzo de 2012 a las 10:15

DAR la mano es un gesto tan antiguo como el hombre (y la mujer, disculpen) y su significante originario es un dechado de sentido común. El interlocutor no lleva armas, no tiene intenciones violentas, porque su extremidad más poderosa, habitualmente la derecha, está vacía. Si se saluda de esa manera, es que no se lleva una espada, una navaja, un hacha, una piedra con la que partirle la madre al que está en frente.

La mano es, junto al aparato fonador, el órgano electoral por excelencia. Cada candidato dedica muchas horas del día a repartir apretones entre sus interlocutores. Cosifica una realidad propia del proceso electoral: el mismo brazo de la misma persona que firma decretos, redacta leyes o beneficia a los grupos de poderosos se pone a disposición del pueblo llano durante 15 días. Apunta con el dedo, acaricia cabezas de niños inherentemente guapos, palmea espaldas de paisanos.

La mano es símbolo político. “Me fui con el puño cerrado, vengo con la mano tendida”, dijo Rafael Alberti a la vuelta de su exilio por comunista y poeta. El Partido Andalucista celebró su mejor resultado electoral, cinco diputados (uno de ellos procedente de la diáspora de Cataluña), creando su logotipo con otros tantos dedos abiertos. Los socialistas, sabido es, tienen su imagen en un puño y una rosa, al modo francés, desde que se sustituyó el tintero y el yunque del tipógrafo Pablo Iglesias.

La cartelería electoral del PP retrata a Javier Arenas ofreciendo una mano, la derecha, palma hacia arriba, que no se sabe si ofrece cariño o si pide 20 euros para cuadrar el déficit. Los propagandistas populares han iluminado la mano del candidato hasta la saturación, imagen subliminal que quiere decir que el aspirante popular no lleva piedras, ni espadas, ni navajas. Que va de buenas, de guay.

Arenas dice que si gana por el montón de votos que algunos le auguran no va a ejercer una mayoría absoluta de ordeno y mando, que no habrá rodillo, que no cambiará un “régimen” por otro. Con la mano abierta, tendida. Ese viejo truco.

No pasarán

Rafael Ruiz | 21 de marzo de 2012 a las 11:33

LAS negras negrísimas perspectivas electorales del socialismo andaluz han desembocado en un llamamiento a la heroica. Como en las tardes futboleras de remontada, el PSOE apela al espíritu bélico para impedir una victoria del Partido Popular que anuncian hasta los del fuego amigo. Personas moderadas como el ex presidente Rafael Escuredo han utilizado el lema, no pasarán, popularizado en España por los discursos radiados de Dolores Ibárruri Pasionaria en el Madrid resistente de la Guerra Civil, parte de la cicatriz de la historia que une todas las ciudades mártir: Londres, Stalingrado, Mostar, Homs.

Los agentes políticos tienden a pensar que quien escucha es corto de entendederas. En la Andalucía de hoy, si el PSOE sigue al mando, dicen sus contrincantes, será la victoria de los que se ponen de farlopa hasta las cejas con el presupuesto autonómico. Si es el PP, será el regreso de los hijos de los señoritos, los que quieren quitar el pan de la boca a los trabajadores. En un ejercicio de travestismo, los socialistas recuperan la pertenencia obrerista que se olvida cuando se cierra la puerta del coche oficial. Los populares liman los colmillos, esconden o intentan esconder a sus pájaros más pájaros, prometen no hacer lo que, en fin, acabarán haciendo.

No pasarán, se grita desde los atriles. Flaco favor a nuestra memoria histórica comparar la resistencia popular a un golpe de estado apoyado por las potencias fascistas -una auténtica masacre- con un contencioso electoral constitucional. Muy mala idea, además, porque denota hasta dónde se tiene que llegar para la movilización de un electorado aquejado de un ataque agudo de abulia. Falta de voluntad, disminución notable de la energía, dice la Real Academia. Pues eso.

Se apela al miedo por ambas partes a seguir así o a cambiar a peor. Los moderados, los constructivos y los que dudan no están de moda. La campaña no es campaña sino una concatenación de frases hechas, de argumentario, sin valor específico más allá del domingo. ¿No pasarán? Pasaron hace tiempo, los muy ladinos.

En números aproximados

Rafael Ruiz | 19 de marzo de 2012 a las 12:19

AUNQUE sea difícil hacerse una idea, el Producto Interior Bruto (PIB) andaluz, todo lo que tenemos y hacemos en un año, viene a sumar unos 145.000 millones de euros, chispa más o menos y disculpen los puristas. Consecuencia lógica de la crisis, se ha reducido porque somos un poco más pobres y, además, fabricamos y vendemos menos cosas y servicios. Nuestra Administración común, la Junta, tiene un presupuesto aproximado de 32.000 millones anuales, según dicen los papeles. La última previsión realizada por el Gobierno andaluz aseguraba que, para salir del pozo, había que ingresar y gastar un poquito más, unos 320 millones, para darle alegría, Macarena, al sistema.

El problema es que, como está la cosa mal, se ingresa menos y se abona más. En 2010, la Junta de Andalucía gastó, también chispa más o menos, unos 4.400 millones de euros más de lo que le pagaron. Y en 2011, vinieron a ser, otros tantos miles de millones de euros. Hagan la cuenta en pesetas con las sales cerca o atención sanitaria experta.

El Gobierno le ha dicho a las comunidades autónomas que tienen que equilibrar sus cuentas, de forma que ingresos y gastos se acerquen. No que se igualen, sino que la diferencia no sea tanta para que nos presten dinero a un interés razonable. Para que se hagan una idea, Andalucía debe de acabar el año, sí o sí, gastando unos 2.175 millones de euros más de lo que haya ingresado, la mitad de los 4.000 millones y pico de 2011. La cuenta de la vieja dice que el recorte al descuadre tiene que ser de seis de cada 100 euros del presupuesto con el que se pagan tanto los despilfarros como los médicos y las medicinas que nos curan las enfermedades, los colegios que enseñan a leer a nuestros hijos o las residencias de mayores.

Las campañas electorales son momentos de enajenación política transitoria. La realidad se esquiva. Se quiera o no –sea procedente o una locura– habrá recortes. Y habrá sufrimiento, menos empleo, unos servicios básicos peor financiados aún. ¿Susto o muerte? En este caso, no hay disyuntiva.

Recursos humanos

Rafael Ruiz | 17 de marzo de 2012 a las 7:57

EL mayor yacimiento de empleo de la Andalucía deprimida del millón de parados depende, ay, de las elecciones autonómicas del domingo 25. Docenas, cientos, de cargos públicos o empleos por designación traducen los números del resultado del escrutinio en la posibilidad de continuar en sus puestos de trabajo o mantener el estatus de don fulano al llegar al despacho cada mañana. En su defecto, el cambio probable implica que haya aspirantes a pares para tanto sitio público, tanta dirección de empresas, tanto organismo e instituto, como se tendría que ocupar en el caso de que el partido tory obtuviera mayoría absoluta pasadas las elecciones del día de San Dimas, que como todo lector del Catecismo sabe era un ladrón que se hizo bueno a última hora.
El cesante del XIX se ha vuelto posmoderno, global. Si en la época de Pérez Galdós escrutaba las posibilidades del cacique partidario, ahora abre perfil en Linkedin, red social dedicada a multiplicar las posibilidades laborales. Triste España ésta donde hasta los recovecos más extraños de la Administración dependen de amistades, concesiones, dedos. Mérito, capacidad y publicidad, dónde estáis que no se os ve.
El challenger Arenas ha prometido reducir los delegados provinciales, una figura que se creó vulnerando de forma flagrante el primer Estatuto de Autonomía, que decía que la representatividad territorial de la Junta en las provincias correspondía a las diputaciones. Una gota de agua en el mar, una lágrima bajo la lluvia. Los asesores cargan con la mala fama en una Administración que ha puesto por libre designación hasta a los altos cargos de los ambulatorios.
El PSOE tiene un problema de desequilibrio entre demanda y oferta. El PP, si gana (que no ha ganado), entre oferta y demanda. Los unos están tan acostumbrados a vencer como los otros a perder. Para unos, el despacho es una patria. Para los que quieren mandar, un mito. Desde lejos se ven las aletas de tiburón nadando en círculo sobre la presa en forma de salario a costa de los presupuestos generales de la comunidad autónoma.

Los nudillos rotos

Rafael Ruiz | 15 de marzo de 2012 a las 10:47

Mismo escenario. Canal Sur, antier mismo. José Antonio Griñán y Diego Valderas emprenden un debate de guante blanco. Más cosas son las que unen que las que separan. Políticas sociales, salida de la crisis por la izquierda, desarrollo estatutario, algún pellizco de monja del de Bollullos al presidente en funciones por el escándalo de los enchufados en los ERE. Escenifican que es posible un entendimiento para detener la ola conservadora, de derechas, que pretende colocar en San Telmo o la Casa Rosa a Javier Arenas, el ausente.
Plató de la tele autonómica. Año 2000. Antonio Romero es el candidato a la Presidencia de IU tras la decisión estratégica de descabalgar a Luis Carlos Rejón. El de Humilladero “llama a la puerta” de un PSOE hegemónico para emprender un gobierno de izquierdas, en la línea de la catastrófica propuesta en términos electorales que defendían en Madrid Joaquín Almunia y Francesc Frutos, reconvertido en Paco para la ocasión. Error de cálculo. Manuel Chaves, habitualmente parco en salidas de guasa, le espeta a Antonio Romero: “Se te van a romper los nudillos de tanto llamar”. Telón o fundido en negro.
Se da por supuesta una alianza poselectoral si los números son propicios durante la madrugada del 25 de marzo. Largo lo fían. La tradición demuestra que el PSOE e IU terminan mal cuando se sientan en la misma mesa, vistas las experiencias municipales que han acabado como el rosario de la aurora. Ambos partidos funcionan como vasos comunicantes, como imágenes especulares. La fortaleza del uno es la debilidad del otro, la mano izquierda del uno es la derecha del adversario. Desconocen, además, la diversidad de la vida interna de IU, que tiene que someter a referéndum entre su militancia cualquier alianza.  Si el PSOE está revuelto de puertas hacia dentro, IU –esta IU– es inestable.
Muchos años de rencillas se han acumulado en ambas  casas como para propiciar un escenario coherente enfrente del Partido Popular. Año 2000, tan cerca y tan lejos. Como Extremadura. A la vuelta de la esquina.

El debate

Rafael Ruiz | 13 de marzo de 2012 a las 12:11

Si no me he informado mal, la juez Alaya –muy fan del troley de su señoría– acaba de mandar provisionalmente a la sombra al ex director general de Trabajo de la Junta. Si no he entendido malamente la cuestión, la decisión se encuadra en un escándalo fenomenal que, muchos millones de euros aparte, se ha llevado por delante la honra y la fama de personas principales del partido que gobierna la autonomía desde 1982. Si la prensa que yo he leído en los últimos meses no es la de Mozambique, dicho partido, el socialista, ha recibido collejas hasta en el cielo de la boca por el comportamiento del encausado estrella que, según testimonio obrante, buscaba refugio en paraísos artificiales a costa, al parecer, del dinero que todos dejamos de gastar en tabaco rubio y gin-tónic.
Si las emisoras de radio que se escuchan no se equivocan, cosa que pudiera suceder llegado el caso, a las elecciones autonómicas se llega con una destacada distancia del PP en los sondeos que sólo podría paliar un gobierno de coalición entre partidos de izquierda. Si no hay error, en el periodo previo a la campaña electoral se ha desarrollado un proceso de elaboración de candidaturas donde algunos se han ido dejando más jirones de piel de los debidos producto de una bronca interna de alto nivel. Si no yerra la memoria, el PSOE ha perdido pie incluso en caladeros de voto tradicional como el funcionariado de la Administración autonómica y, al parecer, el candidato Javier Arenas tiene la experiencia y la labia que se le supone para defender las medidas impopulares adoptadas por Mariano Rajoy.
Si el presupuesto y la economía andaluza llegan a estas elecciones en estado calamitoso, obligando a que las farmacias tengan que pedir un préstamo para inyectar liquidez en el sistema y no dejar de servir medicamentos, a que la obra pública se encuentre hundida y el desempleo disparado, a que se haya convocado una huelga general de esas que no crea empleo.
Si todo eso es verdad, según parece, ahí va la pregunta: ¿qué puñetas hace el Partido Popular dándole tantas vueltas a asistir a un debate televisado con José Antonio Griñán?

Gente joven sentada al fondo

Rafael Ruiz | 11 de marzo de 2012 a las 17:13

DESDE que los mítines cayeron en manos -horror- de los expertos en comunicación electoral, resulta que al orador le colocan de fondo, invariablemente, a grupos de mozuelos y mozuelas que miran arrebatados a su jefe de filas. Todos los políticos quieren dar esa imagen de gente principal que se rodean de ideas frescas, de futuro, de la sal de la tierra, del porvenir de España.

No se equivoquen. Hay que desconfiar por sistema del uso cosmético de la juventud. Si los partidos políticos hubieran incluido en sus estatutos la imposibilidad de acceder a un cargo público sin tener un empleo remunerado o una mínima experiencia laboral, otro gallo (les) hubiera cantado. Revisar las estructuras de las organizaciones políticas es un no parar de llorar con esas vidas breves dispuestas a hacer lo que hubiere menester por ser profesional de la vida pública. Lo que en el país de los soviet se llamaba un apparatchik y, en estas tierras, un liberado.

Movimientos sociales progresistas compuestos por gente muy joven -los indignados, los estudiantes valencianos- ofrecen una realidad contradictoria a la que arrojan las encuestas. Según el Barómetro Joly, el primer grupo de población que desea un cambio de color político -a favor del Partido Popular- en la Junta de Andalucía el próximo 25 de marzo es el de las personas que, por edad, no pudieron votar en las elecciones autonómicas de 2008. En total, un 59%.

Un estudio de la Universidad Pablo de Olavide ha preguntado directamente por el sentido del voto. Si las autonómicas tuvieran como censo, exclusivamente, a los alumnos de dicho centro, un 25% de los votos irían al PP, un 19% serían para el PSOE y un 13% acabarían en IU. Arenas es el político mejor valorado.

Si los chicos que aparecen en esos mítines se reclutasen aleatoriamente en la calle, la mitad de las sillas estarían ocupadas por parados con unas perspectivas inabarcables de precariedad. El lugar en el que se encuentran es metafórico: al fondo del escenario. Detrás. Ahora les prometen futuro. Vale.

Arenas ya estaba (como algún otro)

Rafael Ruiz | 9 de marzo de 2012 a las 8:00

Militantes y altos cargos socialistas han lanzado en la red social Twitter el hashtag o etiqueta #Arenasyaestaba para mofarse de que el candidato popular a la Presidencia de la Junta lleve toda una vida dedicado a la política. Consta, efectivamente, que Javier Arenas tuvo su primer cargo público allá por 1983 aunque previamente ocupó distintas responsabilidades orgánicas en las juventudes centristas. Desde entonces, el de Olvera ha desarrollado una carrera política de 29 años ininterrumpidos en puestos institucionales, desde concejal hasta diputado y vicepresidente del Gobierno. Ésta de 2012 es su cuarta comparecencia como candidato autonómico.

Reza también la wikipedia, memoria virtual de la generación tablet, que su adversario socialista y presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, tampoco es exactamente un recién llegado. Militante del PSOE desde principios de los años 80, cambió su puesto de inspector técnico de Trabajo por una viceconsejería en la Junta de Andalucía, cuando Naranjito anunciaba aquel desastroso Mundial del 82.

Felipe González nombró a Griñán ministro de Sanidad y Trabajo en los 90, donde UGT y CCOO le organizaron la mini huelga general contra aquella reforma laboral que inventó los minijobs antes de que existiese la palabra. El candidato socialista preside la Junta, como todo el mundo sabe, desde 2009. Tres décadas, pues, en la sala de máquinas del Estado.

Diego Valderas, aspirante por IU,  fue alcalde de Bollullos del Condado entre los tres lustros que van desde 1979, en las primeras municipales, hasta 1994.  Parlamentario autonómico por primera vez en 1986 ha tenido asiento en la Cámara, de la que fue presidente, salvo en la legislatura 2004-2008, cuando no consiguió acta por la circunscripción de Huelva. El aspirante de la federación de izquierdas lleva en cargos públicos –con el parón señalado en el que mantuvo el cargo de coordinador andaluz de su partido– 33 años.

¿Arenas ya estaba? Efectivamente. Desde el principio. Como los demás.