Un potaje de cuaresma

Pablo Bujalance | 11 de marzo de 2015 a las 11:38

Insiste la panadera de mi barrio en que Susana Díaz no puede camuflar sus hechuras de catequista, y que en el debate del otro día se le vio bastante el plumero: “Pero si hasta cuando dijo que su padrino es fontanero parecía que iba a contar la historia de Zaqueo”, me comentaba ayer mientras me cobraba el mollete. En este terreno la presidenta juega con ventaja, por más que Moreno Bonilla exhale ese aire de aspirante a hermano mayor de la cofradía: apenas se ha reparado en que la campaña coincide con la Cuaresma, y de aquí habría que extraer las verdaderas razones del adelanto electoral. Los obispos se frotan las manos: si el calendario litúrgico consagra estos días a la meditación, la contención, la templanza y la penitencia, nada mejor que tener que vérselas con los candidatos y encima tener que decidir por quién se decanta uno. Una vez que el BOE justifica la existencia de Dios por la vía tomista, es en Andalucía donde confluyen, al fin, la jornada de reflexión y el examen de conciencia. Queríais la separación de la Iglesia y el Estado: pues ahí tenéis dos tazas.

Ni Podemos con sus coletas ni Ciudadanos con sus naranjas han evitado que la campaña sea un verdadero potaje de Cuaresma: uno mete la cuchara en el plato esperando encontrar algún trozo furtivo de chorizo, o de panceta, al menos un mal resto de pollo que sirva de feliz condimento. Pero no: lo único que hay ahí dentro son garbanzos, zanahorias y acelgas. A lo mejor, con un poco de suerte, algunas migas mal contadas de bacalao. Es el régimen de las monjas, uno sólo puede escoger entre el desencanto o pasar hambre. Insisto, Susana Díaz ya está acostumbrada a manejarse en sinsabores, sabía bien que lo de Podemos era una chufla, que todo iba a resultar tan aburrido e insípido como siempre, así que se ha llevado las elecciones a donde quería: al golpe de pecho y al Yo pecador. Aunque, eso sí, el de enfrente sea más corrupto. Me temo que ni la Resurrección de Cristo va a ser suficiente.

Expectativas

Alberto Grimaldi | 11 de marzo de 2015 a las 11:37

EL único interés del debate en Canal Sur: haber sido el primer duelo dialéctico de los tres novatos candidatos. Sin referencias reales sólo existían expectativas. Materia sensible en política. Más si no hay un vencedor que arrolla. El cartel electoral de IU, Antonio Maíllo, cumplió con las suyas: obtuvo conocimiento y pudo entreverar mensajes en la pugna entre los otros dos oponentes. Él ya ganaba sólo por el encorsetado formato a tres: Susana Díaz se lo regaló al negarse a un cara a cara, tanto el último lunes como el próximo. Juan Manuel Moreno Bonilla superó con creces sus expectativas. Es la ventaja de partir bajo mínimos. En hora y media se sacudió la imagen de pusilánime y mustio que se ha ganado a pulso desde que tomó las riendas del PP andaluz por designación directa de Mariano Rajoy con Javier Arenas de valedor. Ganó mucho más que el debate: logró entrar en campaña y situarse como alternativa real y no como el muchacho que han mandado desde Madrid para que el PP pierda, como siempre. También hasta cuando vence. Susana Díaz, por contra, estuvo por debajo de la expectativa, no sólo la que ella genera entre los demás sino incluso la propia que nace de su seguridad habitual. Incómoda y en algún momento hasta inquieta. Descubrió que por más que lo intente, no son elecciones a Cortes Generales: se evalúan 33 años ininterrumpidos de gobierno socialista de la Junta. Un campo en el que ella sí tiene que perder. El bloque de la corrupción lo demostró: aunque se defendiese atacando con fango de otros lodazales. Queda el segundo debate. Y la expectativa de ver si se pasan o no llegan respecto al de anteayer.

Del intolerable veto a “Teresa está ocupadísima”

Jesús Ollero | 11 de marzo de 2015 a las 4:31

Indignados. Indignadísimos. Tremendamente indignadísimos. No han tocado pelo todavía pero se ven tan fuertes que piden tratamiento de superpotencia política. Igual tienen razón (las encuestas y eso), pero no me veo capaz de vislumbrar el grado de coñazo que habría sido que en lugar de tres monologuistas hubieran sido cinco. Si es tan evidente que debía estar Podemos en el debate, también Ciudadanos. Vamos, digo yo… Que las encuestas lo sitúan por encima del ex socio de gobierno IU. Ejem.

Retahíla de descalificaciones a Canal Sur y todo lo que se menee por la exclusión de Teresa Rodríguez del primer ¿debate?. “Es penoso que @TeresaRodr_ sea vetada en una televisión que pagamos todos los andaluces”. “Le vetan la ponencia a Teresa Rodriguez porque verdaderamente es la que piensa por Andalucía, los otros en sus intereses”. “@TeresaRodr_ no esta en @canalsurweb pq la casta sabe que pierde votos cada vez que ella habla” Y así…

Hasta la secretaria general de la organización en Zaragoza acusa de censura: “La tele pública veta a @Podemos_AND, se ve que no quiere que la gente con respuestas y honesta sea oída por si les escuchan”. Teresa Rodríguez no fue al debate de ayer. Igual ya era poca cosa y mandó al número 2 por Cádiz: Jesús Rodríguez. Sus compis, los cabezas de cartel de IU (repitió Maíllo), C’s, UPyD y PA, y los portavoces parlamentarios de PSOE y PP. Todos cabezas de lista provinciales menos el de Podemos. Oye pues qué bien, ¿no?

Hice la prueba por twitter: “Por favor, ¿alguien me recuerda por qué Teresa Rodríguez manda a otro al segundo debate de Canal Sur? Gracias”. Encontré respuesta en el círculo Juventud de Sevilla, la cual agradezco: “Teresa tiene citas en todas las ciudadades de Andalucía estas semanas, está ocupadísima. Además el de mañana no es el principal”. Aaaaamigo… El principal. Y los demás irán sobrados… “Van líderes de los partidos que se incorporan. ¿Qué mejor ocupación que debatir?”, añado. Respuesta: “Teresa debatirá, sí, pero no en television como el PPSOE sino en la calle, con la gente. Mañana sabremos más”. Cuando pregunto a qué viene entonces tanta queja me dicen que “tanto Canal Sur como La 1 se han negado a representar a Podemos en los debates”. ¡Acabáramos! Mejor un chat por Appgree. Lo de las charlas digitales ya me lo conozco, pero dejémoslo ahí, que ya se encargaban de quejarse los simpatizantes de Podemos, atónitos con la espantá de Teresa.

Derrota y vuelta en campo contrario

Antonio Méndez | 11 de marzo de 2015 a las 3:43

Durante una parte del debate del lunes, entre los asesores del PP sobrevoló el fantasma de Nixon. El protagonista junto a John F. Kennedy del primer cara a cara televisado de la historia. El aspirante republicano a la presidencia de Estados Unidos sudó a chorros, ofreció una imagen demacrada y el traje gris que vestía se difuminó en una pantalla entonces en blanco y negro. En septiembre se cumplirán 55 años de aquel episodio que los expertos aseguran que le causó la derrota. Aunque los que escucharon el espacio por la radio, le dieron claro vencedor.

Pero el paralelismo actual, con un 10% de espectadores, guarda más semejanza con el enfrentamiento de mayo pasado en la previa de las Europeas entre Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano. Aparte de suficiencias masculinas, Cañete quedó lastrado visualmente por una persistente espumilla de saliva en su boca. La sialorrea también amenazó algunas intervenciones de Juan Manuel Moreno Bonilla. Pese a que de los seis sorbos de agua que transmitió Canal Sur en la primera parte del debate, tres los ingirió el candidato popular.

Susana Díaz aplacó nervios con un par de tragos y más con los tirones a su arremangada chaqueta. Difícil pronosticar quién ganó el primer envite. Pero hay pocas dudas de que ella salió perdedora. Sorpresa hasta para los rivales. A Moreno Bonilla le tutelan la campaña Rajoy y su Gobierno, en desfile constante porque sólo confían en la marca PP.

El último cara a cara en Andalucía con expectación y desenlace parecidos enfrentó a Chaves y Arenas, en junio de 1994. El socialista nunca destacó ni por su desenvoltura ni por su depurada dicción. Aquella legislatura había concluido con 250.000 parados más. Nadie daba un duro por él. Pero forzó las tablas. Ahora Díaz jugara la vuelta en campo contrario, RTVE, y con resultado adverso.

“Es muy pequeñina”

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de marzo de 2015 a las 14:35

Soraya Sáenz de Santamaría, con el alcalde de Huelva y Juanma Moreno en el mercado del Carmen. / Foto: Alberto Domínguez Soraya Sáenz de Santamaría, con el alcalde de Huelva y Juanma Moreno en el mercado del Carmen. / Foto: Alberto Domínguez
Perseguir a Soraya Sáenz de Santamaría en campaña es realmente complicado. La vicepresidenta se mueve a ritmo acelerado en sus paseos electorales y complica la opción del retrato. Hace un rato ha estado en el mercado del Carmen de Huelva, donde, a la velocidad del rayo, ha estrechado manos, ha dado besos, se ha hecho algún que otro retrato -eso de los selfies es un horror- y hasta ha tenido tiempo de tomarse una cañita y una tapa de tollo (un derivado del cazón) con tomate en el bar Casa Miguel.

La visita a la plaza -que suena mejor que mercado- transcurrió según lo esperado. A medida que la vicepresidenta pasaba más tiempo en el interior mayor era el revuelo y más posibilidades había de que se formara el taco. A pesar del ritmo de marchadora polaca que imprimía a su caminar, quienes lograban acercarse le decían lo guapa que es, lo que gana en directo respecto a cuando se la ve en la tele, lo bien que lo ha hecho el Gobierno y las ganas que hay de cambio en Andalucía. A uno siempre le queda la duda de si en estas visitas -las de todos los partidos- los elegidos para el beso y la charla forman parte de la plantilla. Como esos policías de las películas que se camuflan entre la gente para detener al malo. Sin embargo, la realidad cambia las cosas e, igual que le pasó ayer a Juanma Moreno en Sevilla, también hubo en este caso afición visitante -por supuesto considerada como topos enviados por los demás partidos por parte de los afectos al PP- que decía por detrás que la cosa está muy mal para tanta visita electoral, que a buenas horas mangas verdes y que más trabajo y menos postureo.

Eso, claro, los que están más movilizados. Que otra cosa son los observadores neutrales y más amantes del morbo. Estos son los realmente buenos, porque son los que se acercan a preguntar quién anda liando tanto jaleo y reciben como respuesta, por ejemplo, que “esta es la muchacha que está con Rajoy”. O los que andan corriendo para hacer una foto y se desesperan porque no hay manera de hacerla porque “es muy pequeñina”. Y pequeñina, pequeñina, la verdad es que la vicepresidenta lo es. Aunque, como dice un parroquiano de Casa Miguel “no se olvide de que los chiquititos matan a los grandes y si no acuérdese de David y Goliat”. Y no seré yo quien ponga en duda que Soraya es capaz de tumbar a Goliat. Que se la ve con mucho mando.

Estado de alarma

Manuel Barea | 10 de marzo de 2015 a las 12:02

En la novela América, América, de Ethan Canin, el periodista Glenn Burrant, inventado por el escritor, cita al periodista real H. L. Mencken (1880-1956): “El único objetivo de la política es mantener a la población en estado de alarma. Amenazándola con una interminable serie de duendes. Todos imaginarios”.

Aunque en período electoral -en la vida en general, vaya- no debe darse la razón a nadie, y menos que a nadie a un periodista, estarán de acuerdo en que el diagnóstico de H. L. Mencken no es nada desacertado. Lo que se ve y se oye estos días no hace más que corroborarlo. El comportamiento y los mensajes de quienes piden el voto no puede ser más maniqueo. Quizás es que no haya otra manera de hacerlo. O no sepan. O no quieran. Están el Bien y el Mal. Nosotros y los otros. Y éstos -tenedlo en cuenta, electores- son vuestra peor pesadilla. Decir duendes, como Mencken, es quedarse corto, es demasiado suave. Se trata más bien de fantasmas siniestros. Les advierten a los votantes: si les dais vuestra confianza a los otros la legislatura será un infierno. Cuidado con lo que hacéis, porque con ellos en el poder no sólo los males que ahora os provocan insomnio no desaparecerán, sino que aumentarán hasta llevaros a un estado de ansiedad y desasosiego perpetuo que hará infinitas vuestras noches.

Esto es también muy viejo -miren los años en que vivió Mencken-, y muy aburrido. Pero sobre todo es una falta de respeto a los ciudadanos, a los que se trata como a niños que sólo saben comportarse si son amedrentados. Miren, el día 22 voten a quien les parezca. O no voten, si les place. No hagan caso de lo que digan politólogos, economistas, sociólogos ni sacerdotes. No tengan en cuenta a muchos políticos. Y lo dicho: tampoco a los periodistas. O sí, escúchenlos a todos. Oigan sus historias de duendes para no dormir y vivan en estado de alarma.

Un mitin a tres bandas

David Fernández | 10 de marzo de 2015 a las 12:01

Es difícil explicar por qué los tres candidatos dieron anoche un lamentable mitin a tres bandas en Canal Sur, mirando a cámara, en pie, en lugar de debatir sentados a la misma mesa el mejor futuro para Andalucía. Pactaron los temas de antemano y ni hubo debate ni ná. Resultaron tan previsibles, que la emoción abandonó el plató al primer instante. Un grupo de vecinos en el rellano de la escalera discutiendo por culpa de quienes no pagan la contribución habría resultado más entretenido y casi enriquecedor.

Hubo algún sobresalto, pero porque más de uno pensó sentado en casa, al calor de la estufa, que Susana Díaz, Juan Manuel Moreno y Antonio Maíllo, al mirar siempre al frente, reprochaban a los televidentes y no a sus adversarios los malos datos del paro y los duros ajustes. Por lo demás, el discurso giró en torno a padrinos fontaneros, padres emigrantes y poca verdad.

A Maíllo, cuando le informaron de que le quedaba 1 minuto, se le puso cara de presentador de informativos y aceleró para ganarse al personal. Moreno y Díaz ni siquiera restablecieron un vínculo con la audiencia con golpes bajos exhibiendo fotos y portadas. Su afición no perdonó al árbitro al entender que se había perdido tiempo con los cambios. Pero la tragedia se mascó en el ambiente desde el principio. Nada nuevo dijeron y fue una lástima. Sólo se miraron cuando la moderadora recordó que se acababa el tiempo. Ellos mismos se vieron encorsetados más cómodos que sin red. Como si no acabaran de creer en su suerte, proyectaron menos pasión que un señor cepillándose los dientes con el albornoz puesto por el pasillo de su casa. Por miedo a perder, el debate, preñado de lugares comunes, supo a plástico y ninguno ganó, justo cuando se les brindó la oportunidad de pedir el voto y convencer con argumentos. Tampoco lo tuvieron fácil: tras tanto tiempo gritándose y tú más, no es sencillo  tomar el té para hablar de lo humano y lo divino como si nada hubiese sucedido. Otra vez será.

Nostalgia de ‘Borgen’

José Aguilar | 10 de marzo de 2015 a las 11:58

Estuvieron los comparecientes educados y respetuosos, aunque la corrupción le dio un punto de acritud al debate, probablemente inevitable. Fue el terreno en el que Susana Díaz se movió con más dificultad, Juanma Moreno se benefició de que se trataba de un debate andaluz y no nacional y Antonio Maíllo podía pasar a la ofensiva, sin los cadáveres en la retaguardia con que cargaban sus adversarios. Se defendió la actual presidenta, por el contrario, en materia de servicios sociales, donde podía presumir de haber recortado menos que la media de las comunidades en manos de los populares. En empleo, en cambio, era imposible que convenciera a la gente de que los “tres años de sufrimiento” (los infligidos por Rajoy) bastan para explicar el récord europeo de paro después de treinta y tres años de gobierno socialista, que es el suyo.
Quedaron muchas preguntas sin contestar. Hay que darlo por descontado porque el formato buscado por todos para el debate era el no-debate: un rosario de monólogos sucesivos, aparentemente encadenados y sometidos a la dictadura del cronómetro. Mi nostalgia no es por la estatura de líderes que lo fueron antes que estos tres en sus respectivos partidos. Mi nostalgia es danesa: por Borgen, la enorme serie televisiva que muestra que si algo huele a podrido en Dinamarca no es ciertamente el debate entre sus políticos.

¿Dónde está mi cámara?

Jesús Ollero | 9 de marzo de 2015 a las 23:37

Juanma Moreno, Antonio Maíllo y Susana Díaz en el debate a tres de Canal Sur. / Foto: Antonio Pizarro Juanma Moreno, Antonio Maíllo y Susana Díaz en el debate a tres de Canal Sur. / Foto: Antonio Pizarro

 

Una cosa es infoxicación y otra muy distinta spam indiscriminado. Ya el sábado, en Telecinco, cuando Juanma Moreno se hacía un lío con los números, quedó clara la dificultad de seguir las intervenciones de los políticos con la artillería de sus social media. Anoche se alcanzó un paroxismo aberrante, salpicado con la legión de cabreados por no tener hueco en este ¿debate?

Desde luego no tiene por qué conocer la existencia de esa profesión, pero los partidos consiguieron ayer relanzar de forma nítida una figura profesional nacida al calor de los contenidos digitales: el content curator, algo así como la persona que separa la paja del grano en internet. Las redes, con este presunto debate, fueron paja al 99%, con hordas de cuentas y gentes bien aleccionados/as para mayor gloria del afín.

El ruido en twitter fue tal que daban ganas de centrarse de verdad en escuchar la sucesión de monólogos, interrumpida apenas por algún tirito, pero alguna cosa quedó clara rascando entre la multitud. No gustó, nada, que los candidatos mirasen a la cámara de manera pertinaz en lugar de dirigirse a sus oponentes. Si ya el debate era rígido de aburrir, al menos disimulen, candidatos. Tampoco gustó que Susana Díaz hablara como “esta presidenta” y no como candidata, y la mayoría pensó que había dos moderadores, Mabel Mata y Maíllo.

Las matemáticas de Moreno tenían que salir y Susana Díaz le preguntó hasta por la calculadora mientras el candidato del PP sacaba una cartulina tras otra hasta lograr evocar a Doraemon, pero lo peor fueron las crueles referencias a sus problemas salivales.

Por mencionar a los ausentes, las interminables quejas de Podemos contrastan con que hoy su candidata no va al Debate a 7, y sí otros líderes. Agenda muy apretada, comentaban. Venga, vale.

“Dame un abrazo, me cago en diez”

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 9 de marzo de 2015 a las 13:57

Juanma Moreno saluda a un trabajador por la calle. / Antonio Pizarro

Juanma Moreno saluda a un trabajador en la sevillana calle Sierpes. / Antonio Pizarro

 

Juanma Moreno se ha dado esta mañana su primer paseo electoral por las calles de una localidad andaluza. Lo cierto es que ya ha tardado el aspirante a terminar con 32 años de socialismo en palpar la realidad de los ciudadanos. El arranque de campaña, el programa del sábado en Telecinco y la preparación del debate de Canal Sur de esta noche lo habían mantenido al margen del acto de campaña por excelencia mientras que su rival, Susana Díaz, se ha dedicado el fin de semana a besar y abrazar todo lo besable y abrazable.

Pero a Juanma Moreno eso no parece preocuparle y ha sacado su cara de niño bueno sonriente para recorrer la calle Sierpes en un baño de multitudes. Es curioso esto de los paseos electorales en los que el candidato va saludando al personal que le ponen por delante quienes le acompañan, quienes a su vez casi impiden que nadie se le pueda acercar. Pero Juanma tiene claro que eso no va con él y por eso ha desplegado todo su encanto personal a la caza del voto. Lo ha hecho, dicho sea de paso, en una zona en la que por lo visto en el camino no es que tenga mucho público en contra.

Aquello ha parecido un poco como esa canción que cantábamos en misa, el Viva la gente, en la que todo el mundo se saludaba por la mañana. A falta de cartero y lechero, el candidato ha estado con dependientas de tiendas variadas, operarios de telefonía que colocaban fibra óptica, señores y señoras mayores y menos mayores y hasta una religiosa que le ha pedido que haga las cosas bien. Azorada por las cámaras y los medios, que somos otra de las cosas que desnaturalizamos el acto electoral, la diminuta y delgadísima señora se ha limitado a decir al aspirante que “le pido al señor que hagáis las cosas y no lleguéis tan lejos” y a pedirnos a los medios “que seáis muy buenos y muy claros”. Difícil petición tiene el Señor por delante.

Juanma Moreno habla con trabajadores por la calle. / Foto: Antonio Pizarro

Juanma Moreno, recorriendo la calle Sierpes. / Foto: Antonio Pizarro

El paseo ha discurrido entre multitud de parabienes para el aspirante, aunque también ha pasado alguno diciendo bien alto “qué poca vergüenza” y otro ha rondado el canutazo posterior a los medios despellejando al Gobierno por los recortes. Cosas del directo, que no todo va a ser que le digan a uno lo guapo y los joven que es.

Pero si hay algo que Moreno debe haber sacado en claro es que hace falta mucho trabajo en Andalucía. Manuel, jefe de cocina en paro desde hace tiempo, ha parado al candidato para preguntarle qué tiene previsto para los desempleados mayores de 50 años. “Está muy bien que se ayude a los jóvenes, pero no te olvides de los mayores”, le ha dicho. “Yo mando los currículum pero me dicen que no me contratan porque sale más barato tener a uno de 30 años un año y luego buscarse otro”. Realidad pura y dura. El candidato por supuesto, ha prometido que lo va a arreglar todo, qué menos, y ha seguido su paseo.

Ha habido quien le ha pedido que mire por la viudas que se quedan con pagas reducidas un 45%. “Y lo digo por mi viuda aunque espero que tarde mucho”, afirmaba un previsor y sorprendente señor. Carmen Rendón pedía una solución para mi hijo “que aprobó una oposición al SAS en 2008 y está sin trabajo”. “Nosotros hemos pasado mucho, ¿sabe?, me crié en una chocita y he conseguido que el niño tenga una carrera”, contaba después Carmen a los periodistas. “Esto tiene que cambiar que llevamos muchos años con los mismos”. Voto garantizado.

Y así pasaron los 50 minutos que Moreno ha tardado en cruzar una calle de un kilómetro entre besos, abrazos, reparto de pulseras y algún que otro votante desencantado. Todo ello con la mejor sonrisa y un sentido “dame un abrazo, me cago en diez” destinado los que sorprendían al aspirante con piropos o alguna gracia.

Pues eso, que viva la gente que la hay donde quiera que vas… lala, la, la, la.