Del debate a la AritmÉtica: contra la bipolaridad del 20N

Jesús Ollero | 9 de noviembre de 2011 a las 6:35

Quizás la red sea más selectiva de lo que pensamos y no recoja la opinión mayoritaria porque todo el mundo no está en la red todo el rato y hay una porción de población que está casi nunca o nunca. Atrás quedó la creencia de que los usuarios avanzados de redes eran gurús ilustradísimos que marcaban tendencia. No tiene por qué, pero una parte se mantiene. De toda esa corriente contestataria de internet, la que propugna el copyleft y hará lo que haga falta por tumbar la Ley Sinde, surgió #nolesvotes, Democracia Real Ya, el 15M etc. Cerca de esto, y justo la mañana siguiente al debate más digital que haya existido en España, twitter se inundó de un mensaje que puede acabar calando y afectando, aunque sea moderadamente, al resultado. De hecho, las encuestas ya auguran un notable crecimiento de las fuerzas medias (los principales perjudicados de la ley electoral actual).

Bajo la premisa “esta campaña es de todas y de todos; haz con ella lo que quieras”, aparece #AritmÉtica, un juego de palabras que mezcla cálculos matemáticos básicos y conciencia electoral. Sostiene la conveniencia de votar al partido que, en cada provincia, sea el más votado quitando PP, PSOE y CiU (incluido en esta lista negra por apoyar la Ley Sinde). Miles de mensajes en twitter avalaban y difundían el cálculo difundido por el blog http://aritmetica20n.wordpress.com sobre la base de que el 55% del voto no es PP-PSOE-CiU. En Andalucía beneficiaría poderosamente a IU y, en segundo lugar, al PA. En todas las provincias se repetiría esa serie. En Andalucía quedaría al margen UPyD, impulsado sobre todo en áreas sin partido regionalista y menor presencia comunista, además de en Madrid, donde la opción sería IU (como en Barcelona, La Mancha, Extremadura y parte de Castilla-León). Llama la atención Valencia, donde Equo sería la primera opción (como en Castellón, Baleares y Soria). Claro, el cálculo aritmÉtico ofrece opciones que no siempre gustan al consumidor: Foro en Asturias, Amaiur en todo el País Vasco, GBAI (Nafarroa Bai) en Navarra o incluso el alicaído BNG en Galicia.

Post Coitum

Carlos Mármol | 9 de noviembre de 2011 a las 5:44

(…) Porque el programa político de los próximos años no se trazará desde la Moncloa. Ya está escrito desde Bruselas. Y sus líneas generales sólo significan una cosa: el ajuste nos puede cortar la respiración. Deceso nacional. Ya se vio ayer cuando la todavía vicepresidenta Salgado (propietaria en Suiza) vino a desmentir al aspirante socialista, Rubalcaba, que ante las cámaras de televisión clamaba por retrasar el Calvario un par de años. “Va ser que no”, vino a decir.

Leer completo en el blog de Carlos Mármol.

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Marca blanca

Javier Chaparro | 8 de noviembre de 2011 a las 23:18

Los tiempos pactados, el escenario impoluto, la altura de las sillas reguladas al milímetro. Aunque mejoró los de ediciones pasadas, el debate entre Rajoy y Rubalcaba fue más un muestrario de posiciones impostadas que un contraste de programas. Un cara a cara es controversia, tesis y antítesis, réplicas, contrarréplicas y dúplicas, no un intercambio de acusaciones superficiales y previsibles entre dos viejos adversarios. Rajoy consiguió no perder ningún voto y quizá Rubalcaba logró crear cierta inquietud entre antiguos votantes del PSOE sobre las intenciones del PP, pero fue un espectáculo de marca blanca.

Era lo pactado y no había margen de maniobra alguna, aunque Campo Vidal da para mucho más que para ejercer de guarda urbano, regulando el tráfico de preguntas y respuestas con el brazo extendido. Sin pretenderlo, hasta el ministrable Montoro echó ayer en falta el papel de un tercero al sostener que Rubalcaba, más que el de un candidato a la Presidencia, jugó el papel de “buen periodista, de periodista inquisidor”. Debió decir “inquisitivo”, cosa bien distinta.

Cristina Fernández, de Kirchner, acaba de lograr la mayoría absoluta en Argentina sin conceder una sola entrevista o someterse a preguntas en ruedas de prensa. Ha vencido al abrigo de sus mítines y de las redes sociales, donde el derecho a réplica en los canales oficiales pasa los filtros convenientes. A la hora de la verdad, la política que calza mocasines y camina sobre alfombras ignora a los ciudadanos.

Se olvidó de la hache

Alberto Grimaldi | 8 de noviembre de 2011 a las 23:13

Adoptado el papel de entrevistador en el debate, a Rubalcaba se le fue la pregunta clave a Rajoy: ¿cómo creará empleo?

Los periodistas españoles nunca hemos tenido ocasión de celebrar un debate en el que, como en otros países y cumpliendo con nuestra función social, pudiésemos hacer preguntas a los candidatos para lograr aclarar las cuestiones que sus edulcorados mensajes soslayan o eluden. Lamentablemente así ha sido en los cinco debates entre candidatos a La Moncloa que hemos tenido en dieciocho años. Ni fue así en 1993 en los dos entre Felipe González y José María Aznar, ni tampoco en la dupla de 2008 entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

En el debate de las dos R, el de anteanoche, tampoco se pudo, pero la estrategia de uno de los oponentes, Rubalcaba, fue adoptar ese papel con el objetivo, como señalé ayer en mis primeras –y urgentes por la hora de cierre– conclusiones sobre el cara a cara, de sembrar dudas en votantes perdidos.

El problema es que Rubalcaba, que tiene mucho oficio como político, hasta situarse entre los más brillantes de España, carece del de informador.

Digo esto porque un profesional de la información se preocupa siempre de lo que denominamos las 6WH: cinco uvedobles, correspondientes a las preguntas en inglés what (qué), who (quién), where (dónde), when (cuándo) y why (por qué), y la hache de how (cómo).

Y repasando el debate y la estrategia del candidato socialista sólo puedo pensar que a Rubalcaba se olvidó de la hache. En su afán fallido de cazar a Rajoy en un renuncio sobre “lo que va a hacer” cuando gobierne, omitió el cómo de la fórmula magistral. El aspirante popular basa su oferta en la creación de empleo, lo que generará ingresos para mantener el Estado de bienestar. Pero nunca dice cómo, más allá de ir recitando una serie de medidas que incentiven la contratación por parte del sector privado.

La omisión de Rubalcaba de la pregunta clave desactivó su propia estrategia y dejó estéril su intento de romper la campaña.

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Twitter arrasa: del circo al cero en geografía andaluza

Jesús Ollero | 8 de noviembre de 2011 a las 7:57

Desde mitad del debate, en Twitter no había otra cosa. Ni la sentencia del juicio de Michael Jackson. Aunque salvo gresca no aportando nada nuevo, los diez trending topics venían del cara a cara. Incluso Jimmy Jump, ese exhibicionista de todo evento que se precie. Su irrupción en plató era un clamor: “¿Dónde está Jimmy Jump cuando realmente se le necesita?” #eldebate, #ReiniciaElDebate, #seacaboelcirco, La Nación, Jimmy Jump, Campo Vidal… eran los términos del momento cuando el debate se empezaba a calentar. Cuando llovían los reproches, los golpes bajos y también altos y la refriega llegó hasta donde no parecía, a contestarse el uno al otro, a ese momento del que desconfiaban los impulsores de hacer el vacío a la cita por no estar abierta a otras formaciones. Luego llegaron Twitter y Google, y otros. Y miles y miles de tuits.

Todo venía muy viciado en parte por ese movimiento que hace que la red parezca neutral (tipo #nolesvotes, germen del 15M) que llegó a solicitar concentrarse a las puertas del lugar para boicotearlo. Palmeros y amigos aparte, pocos aplausos para el debate. “Que alguien le quite las hojas a Rajoy a ver si es capaz de seguir en el debate. Yo también sé leer y no me presento a presidenta”. “Rubalcaba no debate, ¡está haciendo una entrevista!”. “No sé si este debate me ayuda a votarles o a desvotarles”. “El debate me recuerda a Sálvame, se echan cosas en cara, sacan muchos papeles y cartas ¡y ninguno tiene razón!”. “¿Quién creéis que gana el debate, el frente judaico popular o el frente popular de judea?” (La vida de Brian). “¿A que ahora aparece Rosa Díez cual spiderman?” “Me gustaría ver a Rajoy pronunciando hashtag. Sería lo mejor de la noche y dejaría calado a Rubalcaba”. “Me habría gustado más un Pep-Mou y en medio el del bigote que presenció el ojazo a Pito” La crisis no pudo con el ingenio y así hasta el final del circo. Hasta que Rajoy metió a Constantina y Cazalla en el Cádiz de Arenas y Rubalcaba, diputado por Cádiz, ni la olió. Cero en geografía y cero en atención. En Madrid a lo suyo, tampoco lo saben.

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Rubalcaba, a los puntos

José Aguilar | 8 de noviembre de 2011 a las 7:55

EL guión se cumplió estrictamente. Había un candidato consciente de que ganará las elecciones del 20-N y predispuesto a no arriesgar su posición despejando las calculadas ambigüedades de su programa electoral, y había otro candidato igualmente sabedor de que va a perder y preparado para hurgar en las inconcreciones de su adversario. Y así fue durante todo el debate. Con estas premisas pasó lo que se esperaba, con un resultado que estaba cantado: Rubalcaba se estudió a fondo el programa de Rajoy y le sometió a un interrogatorio tenaz y reiterativo sobre los flancos débiles en materia de prestación por desempleo, convenios colectivos, sanidad y educación. Rajoy rechazó como insidias y falsedades las sospechas de su contrincante y le devolvió todos los golpes con un solo golpe: ¿por qué no ha hecho estando en el Gobierno lo que ahora dice que hará si es elegido presidente? Se confirmó que el gran adversario de la credibilidad de Rubalcaba es Zapatero. A los puntos ganó Rubalcaba y perdió Rajoy. Lo contrario que el 20-N, cuando ganará Rajoy por KO. O, si se quiere, por la inferioridad manifiesta del contrario. Una inferioridad que nace de la brutal realidad de la crisis y de la evidencia de que se puede dudar de cómo lo harán Rajoy y los suyos, pero es indudable cómo lo han hecho Rubalcaba y los suyos. Era una lucha entre lo malo ya conocido con propósito de enmienda y lo desconocido con visos de mal menor. Aunque lo malo tuviera una noche más convincente

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El gol de la honrilla

Jorge Bezares | 8 de noviembre de 2011 a las 6:21

Las coordenadas del debate cara a cara entre el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba y el popular Mariano Rajoy, los dos candidatos con las posibilidades de presidir el Gobierno de España a partir del próximo 20 de noviembre, eran de17 puntos de diferencia y 74 diputados de distancia a favor del líder del PP. Ante tal abismo electoral, el premio, entre 1,5 y cinco puntos de vellón, resultaba entre pírrico e intrascendente, sobre todo con pocas posibilidades de incidir en el resultado final de los comicios. Sólo con márgenes más estrechos, como ocurrió en 1993 y 2008, lo hubiera podido tener. Pero no era el caso.

Para colmo, en este quinto debate cara a cara entre presidenciables de nuestra democracia –Felipe González y José María Aznar protagonizaron dos, y José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, los dos restantes- estaban tasados hasta los mendrugos del cátering. Y, entre unos y otros, lo encorsetaron en tiempos y temas hasta alejarlos de los debates electorales que acostumbran los países anglosajones, con más cintura y trienios democráticos y, sobre todo, con más cuerpo a cuerpo sin complejos.

Así las cosas, en el tiro único del que disponían los socialistas a 13 días de los comicios –menos da una piedra debió pensar la coordinadora de campaña, Elena Valenciano- para perturbar la arrolladora victoria que espera a los populares, Pérez Rubalcaba, de traje azul oscuro y cortaba azul con puntitos, intentó anoche sacarle los colores a Rajoy, de traje gris marengo y corbata azul, en el primer debate que ambos mantenían pese a llevar los dos treinta años pisando prácticamente los mismos ruedos políticos.

En el primer bloque, economía y empleo, el socialista logró acorralar a su contrincante, pero no como para ser el claro ganador. Pecó, por momentos, de asumir el papel de líder de la oposición que le otorgan las encuestas –posiblemente, su peor error-, y se pasó de machacón cuando le atribuyó al popular una modificación de la cobertura del desempleo en su estrategia por sacar a la luz el programa oculto del PP. A su favor, leyó poco y transmitió seguridad, aunque arrancó algo nervioso.

Por su parte, el líder de PP resultó demoledor cuando puso el retrovisor, sobre todo cuando utilizó las cifras del paro, que insistentemente arrojó contra Pérez Rubalcaba, a quien llamó por dos veces en un lapsus lamentable “Rodríguez” en clara referencia a Zapatero. En el plano propositivo se mostró rácano y algo etéreo, sin complicarse mucho en detallar la reforma laboral y la reforma de los convenios colectivos. Eso sí, pese a que leyó casi todo, terminó el primer asalto con el traje de presidente del Gobierno sin apenas arrugas. Ganó por algunos puntos, venció a lomos de los cinco millones de parados. ¡Faltaría más con el material de primera calidad que le ofreció el Gobierno de Rodríguez Zapatero!

En el apartado de gasto social, Pérez Rubalcaba mejoró y ganó por una cabeza, sobre todo cuando explicó su compromiso con la sanidad pública y llevó a Rajoy a detallar su apuesta por ella. Y también con las pensiones. Además, el popular, a veces algo enfadado, a veces con exceso de choteo, se salió por la tangente, y buscó refugio en la educación. Pero se le olvidó el estado de este negociado en Madrid, con los profesores en pie de guerra por los recortes de Esperanza Aguirre en la escuela pública.

En el apartado de calidad democrática, el candidato popular se saltó el guión temático y leyó una batería de propuestas. El socialista le preguntó sobre los matrimonios entre homosexuales y se centró en la desaparición de las diputaciones. “Son preconstitucionales”, dijo. Rajoy las defendió con una mirada melancólica tras haber presidido la de Pontevedra cuando apenas contaba con 28 años, y despachó los matrimonios gays con la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) que está por llegar.

Ambos se acordaron del voto rural. Pérez Rubalcaba, como diputado gaditano, elogió la belleza de los pueblos de la Sierra de Cádiz y Rajoy se refirió a ellos mencionando dos de Sevilla –Cazalla y Constantina- y dos de Cádiz –Olvera y Grazalema-. Y celebraron el comunicado de ETA. Los discursos finales tuvieron aires navideños.

En definitiva, Pérez Rubalcaba metió el gol de la honrilla ante la goleada que le viene de camino en las urnas. Rajoy no deslumbró ahora que le han descubierto carisma, pero tampoco perjudicó la victoria electoral que el PP logrará el 20-N.

Por lo demás, el capitidisminuido formato no impidió que la cosa adquiriera dimensión de gran acontecimiento televisivo, casi planetario, según palabras de los portavoces de la Academia de la Televisión de las Ciencias y de las Artes –en especial, la presentación de Manuel Campo Vidal, dándole la bienvenida a Europa y América y hablando en italiano y portugués-. A ello ayudó decisivamente la presencia de periodistas de una agencia china. Además del toque asiático, el debate arrojó cifras voluptuosas: 555.000 euros de coste, 650 informadores acreditados de 80 medios nacionales e internacionales, 300 invitados y 24 televisiones en directo y once webs por Internet. Los indignados del 15-M fueron muchos menos –apenas varias docenas- y estuvieron acordonados convenientemente por la policía a unos 200 metros del Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid. Ellos se lo perdieron.

El duelo

Carlos Mármol | 8 de noviembre de 2011 a las 6:00

Los dos salieron, de entrada, a culpar al contrario de la debacle. Después se concentraron en reafirmarse a sí mismos. Rubalcaba se fue directo al cuello (acusó al PP de la burbuja inmobiliaria), volvió al clásico tópico de la agenda oculta y prometió que con él volverá a abrirse el grifo del crédito para todos. Un arranque socialdemócrata clásico. E inútil: el predicamento del Gobierno socialista en Europa ya se vio en la última cumbre de la UE, la del castigo bancario. Cero.

Leer completo en el blog de Carlos Mármol.

Buscando nichos de votantes

Alberto Grimaldi | 7 de noviembre de 2011 a las 23:43

El de anoche fue un debate sin gobernantes, toda una rareza, porque Rubalcaba jugó a ser aspirante de la oposición, el papel que nunca abandonó Rajoy

Los datos de los debates de las elecciones de 2008 aseguran que movilizaron escasamente el voto indeciso.

Curiosamente el debate que a mí me impactó hace cuatro años fue el que protagonizaron Pedro Solbes y Manuel Pizarro. Ganó Solbes porque nadie creyó a Pizarro, quien sin embargo vaticinó con precisión todas las penurias que hemos vivido esta legislatura.

El de anoche fue un debate sin gobernantes, toda una rareza. La R de Rubalcaba jugó a ser aspirante de la oposición… de la oposición al programa del PP.

Creo que erró el enfoque, porque demostró que el PP sí tiene programa, aunque la estrategia estaba bien planteada: intentar sembrar la duda a, por este orden, desempleados, pensionistas, usuarios de la sanidad y la educación pública y cónyuges homosexuales ante –el mayor fallo– un Gobierno del PP que dio por hecho. Buscaba nichos de votantes perdidos por la nefasta gestión de la crisis.

La R de Rajoy se centró en lo previsto: poner de manifiesto la política aplicada y hacer a su oponente corresponsable como parte del Gobierno que ha sido. Y en desgranar su propuestas para lograr empleo y, desde la creación de riqueza, mantener el estado del bienestar. Acertó, porque su gran nicho de nuevos votantes está entre los cinco millones de parados, más allá de los convencidos. Parados que les preocupa más volver a trabajar para pagar la hipoteca y la alimentación y la ropa de sus hijos que cualquier amenaza de recorte social.

Rubalcaba estuvo más suelto pero desaprovechó su cartucho: Rajoy logró –leyendo sí, que no es un demérito–, que tiene un plan y lo aplicará, porque nunca dejó su papel, el de jefe de la oposición que aspira a gobernar, digan lo que digan los sondeos.

Melancolía de las aceras

Carlos Mármol | 7 de noviembre de 2011 a las 20:21

El tiempo, el único señor, ese humo espeso y amarillo, se acelera cuando uno echa la vista atrás. Siempre corre más que nosotros. Los socialistas, sin embargo, no parecen temer los efectos colaterales de ese acelerador de partículas que se llama nostalgia. Se recrean sin rubor en los tiempos del felipismo (con el guerrismo como variante purista del viejo socialismo de Pablo Iglesias) como bálsamo ante el negro porvenir inmediato. Bueno.

Leer completo en el blog de Carlos Mármol.