La decisión

Alberto Grimaldi | 21 de marzo de 2015 a las 3:52

Cuando una autonomía siempre ha sido gobernada por el mismo partido, como le ocurre a Andalucía, las elecciones de mañana sólo pueden entenderse desde una perspectiva: seguir o cambiar. Partiendo de que es una anomalía, porque en todas las demás regiones hubo en algún momento alternancia, no se puede olvidar que si todos los presidentes, hasta el preautonómico, militaron en el PSOE es porque hubo una mayoría que así lo decidió.

Incluso como hace tres años: sin ser los socialistas los más votados. Lo que los andaluces que votan decidirán mañana, de manera colectiva pero con un gesto individual, es si hay opciones para el cambio contra lo que pronostican todas las encuestas. Las mismas que hace tres años daban mayoría absoluta al PP. Esas que admiten que hay una gran bolsa de indecisos. La decisión es relevante. Mucho. Primero, porque dará idea de por dónde van los derroteros, con matices, de este año electoral. Segundo, porque pondrá a prueba nuevos liderazgos. Tercero, porque se comprobará la tolerancia a la corrupción de los grandes partidos. Y cuarto, porque demostrará si este adelanto de un año sirve, a los ciudadanos más que a los políticos, para algo.

La felicidad es de color verde

Jesús Ollero | 20 de marzo de 2015 a las 23:56

Coincidencias de la vida, el Día de la Felicidad se celebró la misma jornada del cierre de la campaña. La felicidad de hoy puede ser la amargura de mañana. Según las encuestas, este domingo habrá más de un partido que celebre su felicidad. Ya veremos si uno, dos o tres, pero que lo hagan todos es materialmente imposible. El domingo sabremos de qué color es la felicidad, pues sobre el color de la felicidad fue el principal hashtag del último empujón de la campaña, justo por encima de la pintoresca celebración de la jornada. Esa tendencia líder era de pago, no crean, y esta vez sí se fueron metiendo las consignas de los partidos a medida que el Velódromo se llenaba o Fibes amenazaba con no hacerlo a pesar de la presencia de Rajoy junto a Juanma Moreno mientras el PSOE presumía del “no se cabe” en el pabellón de la Universidad Pablo de Olavide desde mucho antes de la comparecencia de Susana Díaz y Pedro Sánchez.

La felicidad del domingo será verde Andalucía, la de ayer era roja, el color de la pausa que refresca. Que sea naranja, magenta, morada, azul o se mantenga roja lo dirán las urnas, que para eso las redes sociales son un termómetro más imperfecto aún que los demoscópicos.

Cada cual presumía de sus cifras de asistencia, aunque puestos a destacar, hay que reconocer que no está nada mal lanzar un streaming y al poco tener ya más de 6.500 usuarios viéndolo por internet. Bueno, más que viéndolo intentándolo, porque la señal se caía sin remisión ante semejante interés en torno a la carnavalesca traca final de Podemos. Con un presupuesto seguramente mucho más llamativo, los problemas para ver el streaming de otras formaciones no eran tan evidentes. El viernes se puede morir de éxito. El domingo…

Con toda la lógica, la campaña andaluza se coló entre los principales temas de twitter para cerrar el tour. Incluso Izquierda Unida, quizás el gran tapado porque se le ha dado por hundido sin más razón que estimativa. Hasta lo consiguió UPyD con su ocurrente, como todo lo que hace, #YesWeHerran. Buscando el color de la felicidad el PSOE cambió el rojo por el verde, desde la chaqueta de la candidata a las banderolas de la rosa. Moreno Bonilla ganó el punto simbólico con sus corbatas verdes en los debates -Podemos golpeó al subconsciente socialista con el Velódromo- y Susana Díaz dobló apuesta cambiando hasta la imagen corporativa de su partido. ¿Quién se quedará con el verde? Verde como el trigo verde, como la albahaca y, esta vez, como la felicidad política.

Tembleque en la grey

Manuel Barea | 20 de marzo de 2015 a las 4:53

Demasiada gente dependiendo de lo que ocurra el día 22. Bueno, en realidad una parte esencial de nuestro futuro depende de los resultados de esa noche: de ahí saldrán quienes aprobarán leyes y decretos, desarrollarán, o no, proyectos, ejecutarán y propiciarán, o no, inversiones, subirán o bajarán impuestos, harán o no más recortes, concederán (glup) subvenciones… Ufanarse, por tanto, de que a uno todo eso le importa un bledo porque no le afecta es una pose. Sí, eres un outsider. Un outsider lerdo.

Pero a lo que me refería con lo de “demasiada gente dependiendo de lo que ocurra el día 22” es a todo ese personal que tiene su porvenir atornillado a lo que deparen los votantes. Y no estoy pensando en los candidatos. Es toda esa grey que los rodea estos días: asesores, colaboradores, ayudantes, expertos en… bueno, en algo. Y también cobistas. Nunca faltan. Para ellos hasta ahora todo había ido en modo fiesta: besos, abrazos, achuchones y sonrisas. Pero el domingo ya está ahí, pasado mañana, y esa corte está ya en modo cardíaco. Las pulsaciones se han acelerado y han aparecido síntomas de ataque de pánico, y con la mirada desorbitada y la hipocondría desatada han buscado a los responsables de su angustia. Y los han encontrado: ahí están los de siempre, algunos periodistas, esos malditos bastardos que no cuentan las cosas como son o que están contando cosas que no deberían, no al menos en este momento, quizá después del día 22, cuando el tinglado esté ya atado y bien atado, que ahora se están cargando la “fiesta de la democracia”, siempre tan cenizos.

Y esos gregarios –algunos de ellos con evidentes hábitos parasitarios– que se la juegan cosidos al candidato ya han puesto el grito el cielo, soltado espuma y enseñado las garras. No están dispuestos a que nadie les chafe el business. Eso sí, si tienen éxito será por sus méritos. Pero si fracasan será por culpa de otros: esos plumillas…

¿Con v o con b?

Rafael Navas | 20 de marzo de 2015 a las 4:51

Es la pregunta del millón, la duda metódica y existencial, el arcano de los arcanos. “No sé qué votar”, se escucha desde hace meses por muchas esquinas, en el mercado, en la consulta del médico o en el bar. Y se va acercando la hora. Los mensajes que lanzan los candidatos como balones de playa desde una avioneta no surten efecto para despejar las dudas.

“¿A quién votamos?”, inquiere el marido a la esposa o la esposa al marido, sin más respuesta que el encogimiento de hombros desde hace días. “¿Tú que vas hacer?”, le suelta un compañero de trabajo a otro y por toda contestación encuentra un “de momento ir al pregón de Semana Santa y después ver el clásico”. Nada, mucha gente no suelta prenda… sencillamente porque no sabe qué hacer. Los militantes, cargos políticos, simpatizantes y votantes fieles lo tienen más claro, estaría bueno. Pero incluso en el último grupo, el de los votantes fieles, hay muchos que, como confesaba uno hace un par de días, votarán “esta vez con la nariz tapada”.

Quienes lo tienen mucho más claro son los que ya saben a quién votar, pero con b. Lo saben desde hace mucho tiempo porque el suyo será un voto de castigo en toda regla. Sus partidos han planteado estas elecciones (y las que vienen) como una oportunidad de desalojar del poder a quienes lo vienen ocupando desde hace años.

“¿A quién botamos?”, preguntan. Y sus seguidores contestan sin pestañear que a PSOE, PP e IU, que además se encargan de ponerles en bandeja esa claridad de ideas. El último acuerdo secreto para subir el sueldo de los parlamentarios andaluces en 2013, conocido ahora, ha sido otro soplo de viento a favor de sus pretensiones, por si a alguien de los suyos le quedaba alguna duda. El discurso del cambio en Andalucía propugnado por el PP se ha encontrado con el de Podemos y Ciudadanos, que es bien distinto porque éstos aún no han tocado poder. Maíllo, muy correcto toda la campaña, podría haber sacado mayor provecho del “y tú más” de socialistas y populares de no haber sido por la irrupción de Podemos. No se puede negar que la gran habilidad de los pequeños y nuevos partidos en esta campaña ha sido la de generar la duda en muchas personas sobre si utilizar el domingo la letra v o la b.

Los ausentes de la campaña

Carlos Navarro Antolín | 20 de marzo de 2015 a las 4:50

Y de pronto alguien preguntó dónde está Javié, el que fue vicepresidente del Gobierno (de España). Y lo vieron un día en la esquina de una foto cuyo centro de impacto visual era Juan Manuel Moreno Bonilla, ese hombre. El hombre que se ha ganado, al menos, el derecho a ser oído en sus propias filas tras el debate del lunes. Arenas es un candidato que sabe estar en la esquina, como sabe cuándo procede o no salir al balcón de Génova en las noches electorales.

El PSOE también tiene sus ausentes, esos linces de Doñana de los que todo el mundo habla pero que casi nadie ve, porque es difícil de avistar hasta el lince que habita en el zoo de Jerez, más tiempo en horizontal que desarrollando la agudeza visual propia de la especie. Los socialistas parecen tener en la reserva a Emilio Llera, el número dos por Sevilla, nada menos que el hombre que sigue en la lista a La Que Manda en el PSOE, el fiscal metido en política, la cara amable del Ministerio Público. Llera sale menos en las fotos esta campaña que Javié. Es el ausente. Va a los mítines, pero ni mú. Hay quien dice que mejor así, no vaya a soltar alguna de esas perlas a las que don Emilio nos tiene acostumbrados. “Trabaja mucho y encima sigue guapa”, dijo de Alaya. ¿Estará cuidando su perfil ante la posibilidad de ocupar un cargo eminentemente institucional como la Presidencia del Parlamento? O simplemente ocurre que la luz que emite La Que Manda todo lo eclipsa, que la marca única y principal todo lo engulle, incluidos el puño y la rosa.

Otro que anda con el perfil bajo en clave autonómica es el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, otrora el bastión del municipalismo pepero en toda España. Zoido se está colocando de perfil. Está haciendo una campaña de servicios mínimos. Se ve, se siente. Su entusiasmo por esta campaña electoral es el mismo que tiene por reformar el PGOU. No se ha ido a visitar mercados con Moreno Bonilla, ni a pegar abrazos por el territorio amigo de Los Remedios con ese Juan Bueno con el chaleco a la espalda en modo Siempre Así. Pareciera tener claro que lo único interesante de estos comicios es el resultado en clave local: que el PSOE pueda interpretar (y vender) la noche del domingo como el inicio de la recuperación de la Alcaldía, y que Ciudadanos pueda obtener un resultado que haga atractiva la candidatura para cualquier personaje de la sociedad civil con notoriedad y con capacidad para arañar votos. A Zoido parece que le ha salido su particular Lauren Postigo: “Juan Ignacio, éstas no son tus elecciones”.

Javié no molesta. Se hace el sueco. Del avión de vicepresidente a hacer de busto silente en las fotos para arropar al candidato . Llera no aparece en los papeles, más allá de los tuits, ni se le acercan las alcachofas. De consejero locuaz a número dos tácticamente enmudecido. Y el alcalde de Sevilla se coloca de perfil para sortear la posible embestida del morlaco andaluz. Hay campañas idóneas para jugar a descubrir dónde está Wally. Yestar, siempre estaba.

Anguita: apoyo y advertencia

José Aguilar | 20 de marzo de 2015 a las 4:47

No podía ser de otro modo. La resurrección política de Julio Anguita, el miércoles en Málaga, fue una ayuda a Maíllo –y Garzón, candidato a las generales– y una advertencia. Salió puntualmente del ostracismo –de la política nunca se fue– para mitinear en favor de Izquierda Unida en la tierra en la que la fundó y acarrearle votos al joven profesor de Sanlúcar y Aracena. Su carisma al servicio de la causa, como siempre hizo. Pero con el aviso propio del guardián de la ortodoxia: cuidadito con los pactos, cuidadito con repetir los tres años de colaboración con el PSOE corrupto y neoliberal que El Califa no ha dejado ni un momento de rechazar. No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta. No hay más izquierda que la que se propone acabar con el capitalismo y liquidar la Transición, y si ahora han surgido nuevos profetas de lo que se trata no es de arriar los viejos dogmas y desteñir las banderas impolutas, sino de procurar la unión de los profetas dispersos. Hablando en plata: Anguita llama al voto a IU y llama a IU a caminar junto a Podemos y otros grupos de la izquierda inequívoca y auténtica. Conclusión: IU ha de juntar sus fuerzas con el partido que no oculta su voluntad quitárselas. Todas, a ser posible.

El tren de los escobazos

David Fernández | 20 de marzo de 2015 a las 4:38

La emoción nos embarga. En el ambiente se respira un escenario diferente para Andalucía. Aunque el PSOE siga siendo el claro favorito, los electores presienten que estas elecciones serán distintas. El cambio real parece posible y en los despachos oficiales hay más nervios que en la primera cita con tu pareja. Emitir un pronóstico hoy es parecido a lanzar una moneda al aire, de ahí que nadie se atreva a publicar su intención de voto ni en el confesionario. Los sondeos avanzan que los parlamentarios tendrán que acostumbrarse a debatir y hablar entre ellos para garantizar la gobernabilidad a partir del lunes, justo lo que se han negado a aceptar tantos años, a pesar del clamor popular que exigía la generosidad de todos.

Las mayorías absolutas parecen inalcanzables, y el equilibrio sólo será posible desde el consenso. La agitación se palpa hasta en los partidos emergentes, que no las tienen todas consigo, y ya no se fían de tanto halago. IU y el PP un día temen perder lo que tanto les costó, y al siguiente recobran el aliento. El informe caritas del PSOE es un poema: a veces parece que no le salen las cuentas y otras justo lo contrario. Si estos tres últimos hubiesen aparcado su vanidad para apagar el fuego de la crisis hoy podrían dormir a pierna suelta, en lugar de despertarse de madrugada sin saber por qué. Sus candidatos empiezan a tener la misma cara del que sube al tren en la Feria y no sabe de dónde le llegarán los escobazos. La incertidumbre está servida porque ahora les toca hablar a los ciudadanos. Los más cabreados han dicho basta y están dispuestos a educar, como si fuesen sus hijos, a los dirigentes que no paran de buscarse las cosquillas y ponerse zancadillas justo cuando Andalucía más les necesita. El nuevo escenario a la italiana que proyectan las encuestas no parece el ideal para salir de la crisis. Tal vez, pero si lo quieren los electores para dar una lección a sus representantes obligándoles a negociar y de paso recordándoles los valores de la democracia, amén.

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El conversador en el #DíadelPadreIndeciso

Jesús Ollero | 19 de marzo de 2015 a las 20:01

NO termina de estar muy claro qué están buscando los candidatos en redes sociales. En el caso de los partidos es distinto porque su recorrido es más largo y su estructura, en algunas casos, muy notable. Aunque como ya hemos comentado la endogamia en cuanto a las etiquetas frustra la posibilidad de explorar nuevas bolsas de usuarios digitales indecisos (recuerden, respetables aspirantes, que el interné está lleno de gente con su voto por decidir, no sólo hay palmeros y alborotadores), es aún más llamativo cómo se han estado moviendo los propios perfiles de cada uno. Un breve repaso.

Así, sin anestesia ni nada, se ve claramente que los candidatos no conversan. Es posible que esta inacción sea la opción más razonable para no entrar en espirales ingobernables, puesto que el tiempo en campaña escasea y la posibilidad de tener que atender a decenas de respuestas cada hora es una amenaza real. Hay una excepción: Martín de la Herrán. Es el único que contesta de los siete candidatos de los partidos principales. Hiperactivo es poco. El abogado (discutidor profesional, pues) acumula el doble de tuits que Susana Díaz, Juanma Moreno, Teresa Rodríguez, Antonio Maíllo y Juan Marín juntos. Si el único que felicitó explícitamente por el Día del Padre fue Juanma Moreno, De la Herrán y algunos de UPyD celebraron el #DíadelPadreIndeciso, una más de las múltiples ocurrencias de la formación magenta, pródiga en este tipo de acciones. La última, una imagen de Gila al teléfono: “¿Está el indecisooooo? Que se ponga”. El robo de documentos de los ERE en su sede llenó el día de consignas e incluso recibió la solidaridad de adversarios políticos.

Del resto de candidatos, ya se comprobó que la cuenta de Susana Díaz se ciñe a ideas fuerza. Juanma Moreno amplía el espectro, pero sin una triste etiqueta que amplifique sus comentarios y con escasas referencias a usuarios. Teresa Rodríguez es más de retuitear y de sus círculos, como Antonio Jesús Ruiz, y al igual que Antonio Maíllo hace múltiples referencias a sus intervenciones en medios nacionales y escasísimas al seguimiento de la campaña en los medios andaluces. Juan Marín ha mantenido una línea de mensajes muy plana, como sin querer hacer demasiado ruido, al abrigo de la marca y de algunos links que reflejan su campaña. Sin margen para el error, en definitiva. Ninguno de ellos contesta a nadie. Puestos a pedir, pues mejor que escuchen, que de hablar no paran en todo el día, ¿no?

gila

El voto, inútil

Alberto Grimaldi | 19 de marzo de 2015 a las 9:40

Ahora que los partidos tradicionalmente mayoritarios apuran sus llamadas al denominado voto útil,resulta aún más enervante redescubir, gracias al magnífico ejercicio de periodismo hecho por nuestro compañero Antonio Fuentes, el único interés de los políticos: ellos mismos. No sé que tiene la condición de electo. Pero es lograrla y todos –de la condición e ideología que sean– se creen superiores. Y lo que es peor: impunes. Y da igual que los administrados nos inventemos nuevos orificios en el apretado cinturón para, simplemente, sobrevivir. ¡Ellos se suben el sueldo neto en secreto! Y para mayor escarnio: dejando de retener las cotizaciones a la Seguridad Social a los parlamentarios. Da igual que sea cierto que votar a determinados partidos sea entregárselos a otros. Cuando uno conoce hechos así lo que piensa es que el voto es inútil. Porque tenemos una clase política mediocre y profesionalizada, que nunca entenderá su función como un servicio público. Hasta que no haya limitación legal de mandato para electos y designados y retribución en función de la valía previa (la media de las últimas cinco declaraciones del IRPF antes de ser cargos públicos) seguiremos teniendo ganas sólo de botarlos.

Mejor relativizar

Antonio Méndez | 19 de marzo de 2015 a las 8:47

Susana Díaz acaba de dilapidar su carrera. El animal político, la digna sucesora de Felipe González, la nueva lideresa de la socialdemocracia europea, la dirigente capaz de hipnotizar a los líderes del Íbex 35; la mujer de Estado en quien confía la Casa Real para afrontar los retos de esta nueva España. La ungida para marcar un época al frente del Gobierno de la nación, ha quedado amortizada tras su último debate.

Maleducada, soberbia, fatua, arrogante. Su condena será el enclaustramiento en Andalucía. Ha descubierto su verdadero rostro y no queda barón del PSOE que responda por ella. Por su parte, Juan Manuel Moreno Bonilla se ha revelado como el hombre tranquilo de humilde sonrisa y exquisitos modales. El audaz que ha aportado a la derecha el estilo sencillo que precisaba en su mayor desesperanza. El visionario que despojará a los diputados de las odiosas prebendas con que se pertrechaban ante la corrupción, para que el pueblo se reconcilie con la política. Cánovas del Castillo redivivo. El heredero ideal de Mariano Rajoy.

Así es el periodismo de hoy. Creamos mitos sin sustento y con biografías de un año. Y los derribamos con la misma voracidad. Los dos candidatos con más posibilidades, en teoría, de gobernar esta comunidad ofrecen rasgos semejantes. Fueron malos estudiantes. Así lo interpreto si se invierten diez años en terminar Derecho, y flaco favor se le hace a Felipe González con la mención de que gracias a sus becas. O a los tumbos por Psicología y Magisterio hasta encontrar, muchos años después, una carrera más asequible: Protocolo. El activismo universitario fue la lanzadera que los catapultó a los aparatos de los partidos. Y el premio: un cargo público tras otro sin solución de continuidad. Uno alega que tuvo tiempo de trabajar en una pizzería; la otra que vendió cosméticos a domicilio. Mejor relativizar.