Pragmatismo con hielo

Pablo Bujalance | 19 de marzo de 2015 a las 8:45

Un político de notoria exposición pública en la actualidad (creo que mejor no diré quién es) hizo hace ya algún tiempo, en un encuentro clandestino con periodistas, una observación por lo bajini que me pareció significativa. Al parecer, y según comentó, en todo este lío de las campañas los candidatos tienen bien claro que la exposición de propuestas puras y duras, vamos a hacer esto y lo otro cuando ganemos las elecciones, recaba mucha menos atención en el electorado que otros argumentos menos pragmáticos, ya sean sentimentales o agresivos. Y venía este político a señalar una paradoja: la gente se queja de que los candidatos no hacen más que darle cuerda al y tú más, a promocionarse como santones o patriarcas y a prometer este cielo y el otro sin atender a las necesidades reales de quienes les votan; pero, al mismo tiempo, todo lo referente a programas y actuaciones concretas despierta un interés, cuanto menos, discreto. Defendía este político sus argumentos asegurando que existen indicadores al respecto, que no es difícil constatar que el conocimiento de la población respecto a las propuestas es más bien escaso, y que la influencia de las mismas a la hora de decidir el voto es más escaso todavía. Por eso, el tiempo que se dedica en campaña a contar las soluciones que cada partido considera idóneas es el justo y necesario. Lo que el público demanda es otra cosa.

No sé hasta qué punto el político tenía razón, pero sí es evidente que la campaña andaluza, consumado ya su mayor trecho, obedece a esta presunción. A la Susana Díaz marimandona del debate del lunes le han salido muchos críticos, incluso entre las filas del PSOE: pero yo sé de algunos vecinos, compañeros de barra de bar, clientes del Mercadona, acérrimos de su equipo y feligreses de turno que tiran del mismo carácter para relacionarse con los de su especie (“yo soy así, es que lo que pienso lo digo”). Lo de que Díaz perdiera el debate habrá que verlo. El pragmatismo aquí se sirve con hielo.

No se enteran

Javier Chaparro | 19 de marzo de 2015 a las 8:43

Cuando el Parlamento aprobó en 1995 por unanimidad fijar un sueldo a sus señorías de 300.000 pesetas netas, la versión oficial fue que con ello se ganaba en transparencia respecto al anterior sistema retributivo, basado en asignaciones directas a los grupos políticos y con las que cada uno de ellos hacía básicamente lo que le venía en gana. A esas nóminas se sumaron -kilometraje aparte- dietas mensuales que oscilaban entre las 80.000 y las 200.000 pesetas en función de la provincia de cada parlamentario para compensarles por el posible alquiler de viviendas, comidas y otras circunstancias. Por cierto, nunca quedó muy claro qué molestias podían sufrir los diputados por Sevilla, que tan sólo tenían y tienen que desplazarse desde su domicilio al Parlamento.

Esa dieta compensatoria, que con el paso de los años ha ido incrementándose de forma progresiva hasta un mínimo de 800 euros al mes, tan sólo era cobrada inicialmente por los diputados durante los nueve meses de estricta actividad parlamentaria, es decir, todos menos enero, julio y agosto. Pero no era suficiente. En años sucesivos, la Mesa de la Cámara acordó también por unanimidad y con absoluta reserva (sus deliberaciones son secretas y las actas de sus reuniones no son públicas) ampliar el pago de la famosa dieta a enero, primero, luego a julio y, finalmente, a los doce meses, así esté su señoría de vacaciones o de baja sin pisar el mármol del Parlamento. Nadie informó jamás oficialmente de esas sucesivas subidas, confirmadas únicamente por los servicios de prensa de la Cámara cuando la redacción del Grupo Joly preguntó de forma expresa por ello cada vez que tuvo conocimiento, por fuentes anónimas, de dichos aumentos retributivos.

Ayer, Antonio Fuentes desvelaba en estas páginas que el Parlamento, en plena oleada de recortes a los funcionarios, abonó a lo largo de 2013 las cotizaciones a la Seguridad Social de sus 109 diputados sin detraérselas de sus nóminas, rectificando un año más tarde. Las alambicadas y cambiantes explicaciones ofrecidas por la Cámara dejan en evidencia que en transparencia y control de los dineros públicos queda mucho por hacer. No se enteran de que el domingo hay elecciones.

La recta final se hace cuesta arriba en redes sociales

Jesús Ollero | 18 de marzo de 2015 a las 19:24

Es posible que, navegando por la web del periódico, haya recaído en una gráfica que ofrece datos sobre la actividad en Twitter de los candidatos, llamada ElecciON-line. Opileak ofrece esos datos a los lectores de las cabeceras de Grupo Joly y lo primero (o lo segundo) que le ha debido llamar la atención es que el interés ha ido decreciendo. Las curvas de actividad en torno a los candidatos van claramente a la baja, como si la campaña se le estuviera haciendo larga a las redes sociales. El cénit del primer debate no ha sido alcanzado después por ningún candidato, ni siquiera los que no estuvieron. Y el nivel del arranque de la campaña no se ha igualado ni por asomo, como si el interés se hubiera evaporado y quedaran únicamente los legionarios respectivos.

opileak

Si es de esas personas que revisa la lista de la compra a fondo, igual se ha dado cuenta de que los porcentajes sobre la actividad alrededor de los candidatos supera el 100%: oscila entre el 116 y el 120% al haber muchos usuarios que citan a más de uno de ellos. Pues bien. La capacidad de atraer nuevos usuarios se ha ido desplomando conforme avanzaba la campaña. De los más de mil diarios del arranque de campaña para PP y Podemos, y dos mil en el caso del PSOE, a apenas 300 ó 400 en la recta final. Hastío.
Según los datos que ofrece Opileak, el PA es el que más usuarios concentra que puedan considerarse spammers, con un 15% de usuarios que realizan más de 10 comentarios sobre el partido. IU y Podemos lideran la franja entre 3 y 10 mensajes (20% del total) mientras Ciudadanos manda entre los que han realizado sólo uno o dos (77%). En total, el PSOE multiplica por tres los usuarios de C’s, por 3,5 los de UPyD y casi por siete los del PA, además de doblar ampliamente los de IU.

Por ubicación, Susana Díaz concentra los usuarios que la referencian en Sevilla y Juanma Moreno, en Málaga. En Almería, zona clave, Díaz tiene casi tantos usuarios como el resto de candidatos juntos. En contra de lo que pudiera parecer, Teresa Rodríguez es superada en Cádiz por todos menos De la Herrán y Marín, y concentra sus apoyos en Sevilla (a la par que Maíllo, por detrás de Moreno y cinco veces menos que Díaz) y Málaga (la cuarta parte que Moreno y la mitad que Díaz).

En referencias cruzadas (a más de un político) los dos candidatos principales aparecen cuatro veces más que las siguientes y llamativas combinaciones: Moreno con Maíllo y Díaz con Rodríguez.

 

La frase del día:

@Cs_Andalucía
.@juanmarin_cs “Nosotros no vamos a entrar en gobiernos de coalición, pero sí vamos a ayudar a gobernar en #andalucia”

La otra Susana

Carlos Navarro Antolín | 18 de marzo de 2015 a las 14:13

Solo una macroencuesta interna con datos preocupantes podría explicar desde una perspectiva lógica el desbarre de la candidata del PSOE en el segundo debate. Pero nada indica que haya lógica donde todo apunta a que hay una cuestión puramente emocional e instintiva. Susana Díaz incurrió en varias desaplicaciones, que diría el chileno Cantatore. No dejará de ganar las elecciones el próximo domingo, pero el salto a Madrid se la ha puesto carísimo. Será la lista más votada en Andalucía, pero ha podido perder algunos puntos en ese voto sociológicamente conservador que no le hace ascos a una opción socialdemócrata, sobre todo en tiempos de caída en picado del PP y del auge de opciones como Podemos. El juego destructivo de la presidenta (con continuas interrupciones), la exaltación del ego que revela inseguridad (“La presidenta soy yo”) y el situarse por encima de los demás (invistiéndose como moderadora para conceder la palabra a su principal oponente), trufado todo con elevaciones de tono y con una gesticulación más propia de una tertulia en una asociación vecinal que de alguien con altura institucional, deja por los suelos la imagen que ella misma se había labrado con todo mérito durante año y medio. No se vio a la Susana consultada por el Rey en plena operación de relevo en la Jefatura del Estado. No se vio a la Susana embaucadora de empresarios y líderes sociales en foros de Madrid y Barcelona. No se vio a la Susana que recibe a Botín en San Telmo, o que improvisa buenos discursos en cenas de relumbrón ante personalidades de primera fila. Se vio, más bien, el perfil de aquella agreste estudiante que logró ser delegada de curso con el paso de los años tras varios intentos y a base de agarrar el micrófono y alentar a la masa. Se vio, más bien, a la Susana Díaz que se enojaba con los compañeros que no cumplían los acuerdos para hacer puente y seguían acudiendo a clase. Se vio, más bien, a la Susana Díaz de la distancia corta, aquella secretaria de organización implacable a la hora de poner orden en las filas internas o de tensionar a todo un gobierno local desde la sede del partido.

La tosquedad de la presidenta fortalece a Moreno Bonilla entre los suyos, lo que no es poco para un candidato que no generaba entusiasmo en sus propias filas. El líder regional del PP ha sido el primero en hacer aflorar a la otra Susana. A muchos socialistas sevillanos no les extrañó el perfil exhibido por la presidenta, unas formas desconocidas por la gran mayoría. Sí les chocó que ese perfil apareciera cuando menos falta hacía, cuando siendo la ganadora en todas las encuestas bastaba con mirar a la cámara, hablar de Andalucía sin necesidad de parecer la dueña de la región (ay, los políticos y su sentido patrimonialista de símbolos e instituciones) y sonreír una y otra vez. Los nervios, sobre todo semejante muestra de nervios, sólo se pueden explicar por disponer de una preocupante macroencuesta interna o porque de forma inexplicable ha retornado a los años de juventud, cuando agarraba el micrófono y aparecía ese tosco perfil que valió para ser delegada de curso, pero que puede ahuyentar cierto voto moderado y poner muy cuesta arriba la escalada a la Moncloa.

Hacia el dontancredismo

Rafael Navas | 18 de marzo de 2015 a las 10:12

Las promesas que los candidatos realizan a pocos días –horas casi– de unos comicios suelen caer mal entre el electorado. Suenan a medidas desesperadas. Tiempo ha habido de sobra, se puede pensar, para prometer algo o para cumplirlo en caso de quienes ostentan la responsabilidad de gobierno. Por eso, cuando estos días en mítines, entrevistas o debates se hacen nuevas promesas y anuncios, es normal que broten en la calle la desconfianza y el recelo, cuando no el cabreo. Prometer puestos de trabajo y bajadas de impuestos, anunciar obras públicas o el fin de los aforamientos a estas alturas no cuela.
No es que esté todo el pescado vendido un miércoles antes del domingo de urnas pero casi. El pasado lunes, en el debate de RTVE, el Partido Popular pudo rascar votos de última hora y subir la moral de su tropa gracias a los evidentes errores de Susana Díaz, a la que Juanma Moreno consiguió sacar de sus casillas. Pero este tipo de encuentros, que no cuentan con un seguimiento masivo de ciudadanos, no sirven precisamente para cambiar gobiernos en España. Si caen, es por otras razones, no por una hora y media de teatro, que a los candidatos se les conoce de antemano y no por su forma de moverse en un plató.
Todo esto viene a decir que el escenario que se prevé la noche del próximo domingo es el de un Parlamento sin mayorías absolutas, como ya mostraban los sondeos de los propios partidos antes de la campaña, y un panorama de conjeturas y sesudos análisis que habrán de tener en cuenta el hecho de que en pocas semanas habrá elecciones municipales y a final de año, unas generales.
No descartemos, por tanto, que ningún partido –grande o pequeño– decida mover ficha hasta la conclusión del ciclo electoral para no espantar votantes futuros o reventar pactos de mayor enjundia. Después del domingo, nos podemos encontrar con un escenario de dontancredismo de grandes dimensiones en el que manden provisionalmente los gobiernos en minoría (algo de esto ha dicho Rajoy estos días…) y se adopten decisiones de mayor calado, definitivas, cuando los partidos tengan todas las fichas colocadas sobre el tablero político de este país, que promete partidas muy interesantes.

La trampa absoluta

Manuel Barea | 18 de marzo de 2015 a las 9:36

A unos cuantos de los que estamos aquí haciendo esto que tiene usted ahora entre las manos nos pone que en el Parlamento que salga de las urnas la noche del domingo esté todo quisque. Al menos unos cuantos más que en esa legislatura del PP contra el PSOE e IU enrollados hasta que pusieron fin a su matrimonio de conveniencia. Es puro egoísmo por nuestra parte, desde luego. Es pensando en nuestro trabajo, que será bastante menos aburrido que con la Cámara plomiza y plomazo del anterior periodo. Así que todos para allá, regreso incluido del PA, que nos echa en cara el ninguneo al que lo tenemos sometido, y también los de Vox, con su pose antiautonomista y ultracentralista. ¿Por qué no?

Nos acusarán de promover un gallinero político, de querer levantar un saloon del oeste. El caos. Una situación fuera de control.
Otra vez el miedo.

Cuando, sobre todo los partidos mayoritarios, suplican el voto en masa reclamando la mayoría absoluta como única forma posible de gobernar -ya saben, eso del voto útil- están responsabilizando al electorado de los terribles efectos que tendrá que soportar si no es así: porque consideran que los votantes habrán convertido la región en algo ingobernable.

Pero es una trampa.

Estos partidos, sus líderes, lo quieren a huevo. Cuando les interesa -o sea, sólo en campaña- endosan el marrón de la gobernabilidad a los ciudadanos, olvidando que en realidad son éstos los que aguardan, tras encargarla a los partidos en la proporción que deseen, una óptima gestión de la comunidad. Porque esa gobernabilidad con la que los candidatos se llenan la boca estos días es a partir del 22-M su trabajo, su responsabilidad. Los ciudadanos habrán cumplido con la suya votando lo que la cabeza, el corazón o los bajos les hayan dicho. Y con o sin mayoría absoluta son ellos, los políticos, los que tienen que gobernar. Y bien, sin trampas. Que para eso les pagan.

Los silencios de Juanma

José Aguilar | 18 de marzo de 2015 a las 9:33

La soberbia y el autoritarismo con que Susana Díaz acometió el debate del lunes le vinieron bien a Juanma Moreno, y no sólo por el contraste entre la actitud de una y de otro. También porque puso el foco sobre las interrupciones y la falta de respeto y lo quitó sobre las carencias del candidato popular. Susana le hizo el juego a Juanma en su papel deliberado de candidato suavón, tranquilo y sonriente, de nervios templados y aparente firmeza. Se le fue vivo. Se permitió, por ejemplo, no responder a preguntas y cuestiones inquietantes que podían dibujar su auténtica estatura.

Por ejemplo, ¿cobró sobresueldos procedentes de la trama Gürtel durante su estancia en la calle Génova? ¿Es cierto que en su etapa de secretario de Estado fue cuando se impusieron los recortes a la dependencia? ¿Lleva un par de imputados en la lista de Cádiz? ¿Qué valor tiene su propuesta de desaforar a los diputados andaluces cuando el PP nacional ha rechazado las iniciativas para eliminar el aforamiento de todos los parlamentarios? ¿Cómo va a conseguir crear tantísimos puestos de trabajo como prometen él y Rajoy?

Moreno Bonilla pudo guardar silencio sobre estos y otros asuntos. Fue gracias a cómo enfocó Susana el debate.

A porta gayola

David Fernández | 18 de marzo de 2015 a las 9:29

El carácter más agrio de Susana Díaz empañó su pulida imagen perdonando la vida en el debate del lunes a todo quisque: “¡Continúe usted, señor Bonilla, continúe!”. Llamarla impertinente sería dulcificar la crítica si se tiene presente que, en caso contrario, a Moreno Bonilla le habrían crucificado por machista y prepotente, para empezar. La pose displicente de Díaz ante las cámaras en plan disculpa que te perdone dejó perpleja hasta a la moderadora. Su tono altanero frente al candidato popular -“le interrumpiré cada vez que mienta”- sólo fue comparable a su colosal soberbia para elevarse por encima del bien y del mal y al rechazo que le produjo hasta su segundo apellido. Por más promesas rotas y escándalos que arrastra el PP en los últimos años, en ningún instante lo puso en apuros. Tan borde resultaron sus réplicas, que dio la impresión de seguir el guión de su enemigo para afianzar su imagen de chica dura. Empleó el ordeno y mando sin venir a cuento, y lo único que dejó claro es que no se sintió cómoda en igualdad de condiciones frente a sus adversarios.

El debate no lo ganó Moreno Bonilla, que más bien pecó de cándido y previsible y que al fin y al cabo lo tuvo mucho más fácil al no tener que rendir cuentas. Lo perdió Susana Díaz de principio a fin porque dializó cada dardo envenenado de sus contrincantes personalmente, por más que la mayoría eran de manual. Pudo limitarse a realizar una faena de aliño criticando las reformas de Rajoy, pero hizo gala de su peor talante como si estuviera obligada a jugarse el todo por el todo. En lugar de parar, templar y mandar, recordó al diestro que recibe al toro a porta gayola para impresionar y suplir con osadía sus carencias en el arte de torear. La candidata a la que se respeta por su carácter, la que convence a la masa sin abrir la boca, la del trato en corto imbatible que conecta a la primera, la que gana sin pasar por las urnas, esa candidata no compareció, y Díaz pinchó en hueso.

La influencia en Twitter tiene nombre de mujer

Jesús Ollero | 17 de marzo de 2015 a las 18:34

Los partidos, dentro de sus posibilidades, se vuelcan en redes sociales pues es evidente que hay sectores de la población a los que se puede llegar de forma razonable para intentar lograr su apoyo. Ante este panorama, la consultora de marketing digital Prodigia ha realizado un estudio sobre la influencia real de los políticos andaluces en Twitter, con resultados mucho más naturales de lo que podríamos presuponer.

¿Hacen trampa los partidos? ¿Inflan sus seguidores o la amplificación de sus mensajes? Aunque el blog Twitter Bots dice haber localizado cuatro redes ficticias del PP, dos del PSOE y una de Ciudadanos, la empresa malagueña se centra en los perfiles de los candidatos y de las formaciones políticas y concluye que no puede determinarse que haya captación irregular ni compra de seguidores, pues no se han encontrado bolsas de seguidores de otros países o idiomas diferentes, corroborando que en un alto porcentaje son usuarios reales están activos o no. En un estudio anterior sobre política malagueña, mientras María Gámez, Mariví Romero o el propio Moreno Bonilla presentaban datos excelentes, el tema ya cambiaba al entrar en escena Alberto Garzón y se convertía directamente en un desastre en los casos del alcalde Francisco de la Torre o el líder del PA Javier Checa, con porcentajes superiores al 50% de seguidores sospechosos.

Nada que ver a nivel regional. Susana Díaz se coloca al nivel de Garzón con un 26% de seguidores sospechosos, bajando al 15% para Teresa Rodríguez, el PP o IU, y al 14% en el caso del PSOE. Por debajo del 10% que marca Antonio Jesús Ruiz (el PA está en el 11%), Moreno y Maíllo (9), De la Herrán (8), Podemos y UPyD (7), Ciudadanos (5) y Juan Marín (4).

En puntuación de influencia, según Klout, el indicador más extendido, Susana Díaz y Teresa Rodríguez igualan con el PSOE andaluz en cabeza con 79, muy por delante de Moreno y De la Herrán (70). Maíllo (65), Marín (61) y Ruiz (60) quedan muy atrás.
El estudio concluye que la amplificación de Díaz es la más alta de todos (191 retuits y 90 favoritos por mensaje; 122 retuits y 57 favoritos Rodríguez), pero su volumen es mucho menor (0,43 tuits diarios por 3,11 de la líder de Podemos), por lo que en términos globales Podemos explota mejor su capacidad de engagement en redes. Por poner un ejemplo, Moreno tuitea 1,95 mensajes por día, con 40 retuits y 23 favoritos de media. Puede ver el estudio completo aquí.

Candidatos a la Junta de Andalucía: Estudio de Twitter - Prodigia Candidatos a la Junta de Andalucía: Estudio de Twitter – Prodigia
La frase del día:
@TeresaRodr_
Antes de que se den informaciones dudosas. Teresa Rodríguez no va a ser Consejera de un gobierno presidido por Susana Díaz. Fin de la cita

“Escúcheme por lo menos a mí”

Alberto Grimaldi | 17 de marzo de 2015 a las 11:40

Si sobre el primer debate, el de Canal Sur, sólo había expectativas, el segundo de anoche, en TVE, ya tenía la referencia del anterior. Si a alguien le quedó alguna duda de quién no ganó aquél, Susana Díaz lo demostró en éste: sabiendo que no llegó a lo que se esperaba, pasó al ataque… y se pasó de frenada. Crispó cada uno de los tres bloques con interrupciones constantes a sus adversarios y trató de provocar al candidato del PP con referencias personales. Más que dar sus argumentos, se centró en impedir que los demás se expresaran. Tanto reiteró su conducta que hasta la moderadora llegó a decirle mientras le pedía que fuese respetuosa: “Escúcheme por lo menos a mí”. Elocuente. Pero quizá cuando más erró fue al espetarle al candidato popular que ella sí respetaba: “Porque estoy aquí con usted”. Situtándose en un plano superior al de sus oponentes y al de los televidentes. Antonio Maíllo acentuó su papel de convidado de piedra que había logrado atenuar una semana antes y ofreció escasas novedades. Juan Manuel Moreno Bonilla siguió la línea marcada ya en Canal Sur, aunque con alguna oferta nueva, como proponer que no haya ni un solo aforado en el Parlamento de Andalucía. Aprovechó bien las rupturas del guión. Enfatizó en su beneficio las malas formas por las que optó Díaz. El candidato del PP, sin arrasar, volvió a salir reforzado. Aun así, le faltó explicar más su programa. Si estos debates aclararon algo al elector fue más bien a quién no votar.