Cuerpo a cuerpo

Antonio Méndez | 17 de marzo de 2015 a las 10:52

No sé cómo los partidos políticos no ajustan su programación a la de la televisión. No les interesan los votos catódicos. Susana Díaz no ha encontrado otra fecha para convocar las elecciones autonómicas que el 22-M, el día del clásico entre el Barcelona y el Real Madrid. A las 22:00 del domingo, cuando puede conocerse qué partido será el ganador y comience la conjetura sobre los futuros pactos, la mayoría estará absorta en otra pantalla, pendiente de un balón no del resultado de las urnas. Para eso, mejor convocar estos comicios conjuntamente con las municipales. En mayo seguro que ya se sabe quién ha ganado la liga.

Y como si en 15 días de campaña no existieran alternativas, anoche insistieron en desafiar a El Hormiguero, al capitulo de El Ministerio del tiempo y al desenlace de Los Nuestros. No es que albergue dudas sobre el final de esta última serie. Si los boinas verdes y los legionarios juntos no son capaces de rescatar a dos niños en el desierto, aunque estén en manos de una sucursal del ISIS, el Gobierno debería pensarse en reinstaurar la mili obligatoria.

Pero ni el PP ni el PSOE son a estas alturas fuerzas de asalto para combatir con crédito contra la corrupción. Ni Moreno Bonilla se asemeja al capitán Hugo Silva, aunque es cierto que le sobró munición para mantener la ofensiva toda la noche. Ni Díaz esgrime tanta precisión dialéctica como la francotiradora Blanca Suárez. Más bien ayer cambió de táctica. Y aunque no se olvidó de su blanco a distancia, siempre tiene en el punto de mira a Rajoy, optó a la desesperada por el cuerpo a cuerpo contra su contrincante .
Y desde luego Antonio Maíllo nunca podría ser un cabecilla islámico. Ayer fue el general ideal para comandar las fuerzas de paz de la ONU. Exigió educación. “Lo que tienen que hacer los dos es pedir perdón”. Les amonestó.

Amor con amor se paga

Pablo Bujalance | 17 de marzo de 2015 a las 10:51

Tanto Susana Díaz como Juan Manuel Moreno consideran el “cariño de la gente” suficiente garantía para ganar las elecciones. Cada uno pone el cariño donde puede, o donde quiere, pero parece razonable que quien se acerca a un candidato en un mitin no lo va a hacer para ponerlo verde. En consecuencia, lo suyo es responder al cariño con más cariño, y qué mayor demostración de afecto que una promesa en firme, un compromiso sellado, un pacto entre caballeros: ¿quién dijo que la fidelidad partidista no podía ser tan eterna como el amor conyugal? Rajoy correspondió hace unos días al cariño de los suyos prometiendo un millón de puestos de trabajo. Ahí es nada. El pleno empleo servido en bandeja si Moreno gana las elecciones. Semejante declaración llegó en boca de un hombre que se dedicó a incumplir todas y cada una de las promesas por las que llegó a ser presidente del Gobierno, pero no importa: afirmaba San Pablo que el amor lo excusa y lo soporta todo, así que no faltará quien dé por buena la palabra de Rajoy por más que, dentro de un mínimo sentido del rigor, conviniese concederle una credibilidad más bien discreta. Lo bueno de la campaña, y más aún desde la oposición, es que se puede jugar al dislate sin que importe tanto caer en el ridículo.

Porque ayer mismo anunció Susana Díaz que recuperará la Consejería de Cultura como departamento único si la que gana las elecciones es ella. He aquí un bonito cable lanzado a un sector muy cabreado: de hecho, al poco salieron plataformas de artistas y creadores a alabar la decisión. Pero nadie, parece, hizo mención al hecho de que fue la propia Díaz quien decidió unificar Educación, Cultura y Deporte (las dos últimas ya habían sido unificadas por Griñán) en una misma Consejería hace sólo dos años; y que estos dos años no han resultado, en consecuencia, muy boyantes para los tres ámbitos. El mejor aliado de una campaña, ya se sabe, es la fugaz disposición de la memoria. Pero el circo tiene poca gracia.

Más candidata que presidenta

Javier Chaparro | 17 de marzo de 2015 a las 10:50

Uno de cada cinco electores andaluces se confesaba indeciso antes del debate de anoche en RTVE y puede que esa proporción aumentase a su término entre quienes tuvieron la paciencia de estar atentos a su desarrollo. En apenas hora y media asistimos a un guirigay donde las propuestas de gobierno, muy escasas teniendo en cuenta el total del tiempo consumido, quedaron eclipsadas por la sombra de las acusaciones y la marrullería.

Las encuestas vienen pronosticando de forma unánime la victoria del PSOE el próximo domingo, aunque de la intervención de la candidata socialista bien pudiera deducirse que la primera en no estar convencida de esos resultados es ella misma. Tensa y faltona con sus numerosas interrupciones a los adversarios -haciendo caso omiso, incluso, a la moderadora- la imagen que proyectó casó más con la de un candidato que parte con desventaja, no con la de quien ostenta la Presidencia de la Junta y aspira a ganarla por vez primera en las urnas. Y más aún cuando las mismas encuestas indican que necesitaría del apoyo o la abstención de uno o dos partidos más para ser elegida jefa del Gobierno autonómico. Si lo visto anoche es un anticipo o confirmación de las formas que maneja, a sus segundos de a bordo les queda tarea por delante para orillar posiciones con sus potenciales aliados.

Díaz no tuvo término medio: a la defensiva con tono victimista o directamente a la ofensiva, se empeñó una y otra vez en identificar las críticas a la labor de su Ejecutivo y la de sus antecesores Griñán y Chaves (de los que llegó a renegar cuando afirmó que “mi comportamiento es nuevo, es distinto”) con una crítica a Andalucía. La insistente conjugación de los verbos, en primera del singular, fue reveladora.

Moreno cumplió con los suyos y coló la retirada del aforamiento de los diputados como propuesta estrella, un guante recogido por Maíllo, para quien la medida debe ser extendida al conjunto de cámaras legislativas. Algo seguro sí sabemos: en el próximo Parlamento se seguirá hablando de corrupción. Cuestión aparte será el provecho que los andaluces saquemos de ello.

Pablo Alfaro iba de rojo

Carlos Navarro Antolín | 17 de marzo de 2015 a las 4:37

Llegó como una ola de espuma roja, con la sonrisa de catálogo y preguntando por Rajoy hasta en dos ocasiones. Inundó el amplio y luminoso vestíbulo de Televisión Española. Susana Díaz irrumpe y llena los espacios, se sabe aliada de las cámaras y se come los escenarios. La estrategia estaba clara desde el principio: aludir a Rajoy para ningunear a Moreno Bonilla. Rajoy no deja de acudir a Andalucía esta campaña: “¿Seguro que no me voy a encontrar ahí con Rajoy?”, preguntó risueña ante el alchafoeo que la recibió mientras señalaba la dirección que conducía al plato del debate: “Tengo que gobernar hasta el domingo. Y el lunes tendré que seguir gobernando. Soy el único candidato que tiene esa responsabilidad”. Unos llaman seguridad a esta entrada. Otros, una muestra de soberbia.

Los asesores del PP avisan raudos por teléfono móvil: “¡Rajoy, señala a Rajoy!” Reconocen que la idea es buena, pero no hay cambios de estrategia de última hora. Ni una rectificación, se opta por mantener la hoja de ruta: intentar sacar de sus casillas a la presidenta para que se vea su verdadero “estilo”, la palabra clave: “En toda España, se tiene que ver en toda España cómo es de verdad esta señora”. Moreno Bonilla llega a los estudios, sonríe a lo profiden y luce terno oscuro con corbata verde de lunares miarmera. En el PP justifican el look pescaíto de la Feria: “¿Por qué no? Triana no tiene dueño”. Maíllo fue el primero en llegar, pero no generó mucha expectación, salvo en la señora de la limpieza, que sacó el teléfono móvil para hacerle una fotografía.

Los candidatos se refugian hasta las diez. Los del PSOE ponen el acento en el interés repentino de Rajoy por el Sur y en que incluso dará un mitin en Valencia en la jornada de reflexión para asegurarse los totales de televisión a menos de 24 horas de la apertura de urnas en Andalucía.

Comienza el debate. En Canal Sur había cerveza en la máquina expendedora. En Televisión Española, ley seca. Hay bocadillos y botellas de agua para los informadores profesionales. Una gentileza. Un cartel en el acceso a las dependencias sindicales advierte: “Aquí no se grita”. ¿Una premonición? Silencio. María Casado empieza amable. Moreno Bonilla juega a perfil moderado, a suavón que quiere provocar sin que se note. Es el participante más próximo a la moderadora, lugar de privilegio según los sesudos expertos. Antonio Maíllo no provoca esta vez ninguna risa en la sala de prensa.

Susana Díaz es fiel a su perfil. La marca soy yo. Y juega a lo Pablo Alfaro, mete el pie y corta la jugada con la justificación de que el candidato del PP miente. “Cada vez que mienta le voy a interrumpir”. Juez y parte. Runrún en la sala de prensa con las interrupciones de Susana Díaz, mucho más en clave de mitin que en el debate anterior. Los peperos son un emoticono sonriente cada vez que la presi eleva el tono de voz y obliga a parar el cronómetro: “Desbarra a la primera y es cuando sale su forma de ser”.

La presidenta provoca otro runrún cuando se permite la licencia de ejercer de moderadora y consentir que Moreno Bonilla pueda seguir haciendo uso del turno de palabra:”Continúe, continúe. Vengaaa, vengaaa… Continúe”. Y hasta se permite una advertencia: seguirá interrumpiendo el debate cada vez que oiga una mentira.

Aún quedan bocadillos en la caja. Y debate en la televisión. Maíllo echa en falta educación en los representantes de los grandes partidos, pero acto seguido les dice que tienen “mucha cara”. Moreno Bonilla propone eliminar el aforamiento de los diputados andaluces. Maíllo dice que a buenas horas… Y denuncia que Díaz y Moreno se dan “puñaladitas” y juegan al dúo Pimpinela.

Moreno Bonilla se reviste de Conde Draco y cuenta las veces que es interrumpido. Cuanto más sale Pablo Alfaro, más se reviste de víctima el candidato del PP: “Los andaluces le van a dar una cura de humildad”. Aplausos en los camerinos del PP. Caras largas en las del PSOE. Las máscaras de la tragedia griega. Había bocadillos, como en los mitines de Felipe y Guerra de los ochenta. Y dos autobuses en la puerta de TVE, uno de cada partido. Bocadillo y autobús, pan y circo. Pablo Alfaro iba de rojo. Moreno Bonilla, de trianero.

El extraño aislamiento de una tendencia mundial

Jesús Ollero | 16 de marzo de 2015 a las 23:47

Desconozco el motivo, aunque hubo reacción. Tarde, pero cada cual haga sus reflexiones. Resulta que desde antes de su comienzo estaba bien a la vista que #DBTAndalucíaTVE, horrible a todas luces, sería el hashtag básico para seguir el segundo debate a tres, esta vez en la televisión pública nacional. Sin embargo, en un giro errático y puede que poco medido, todo el contingente socialista se abrazó al celebrado #YoConSusana dejando el camino libre de la etiqueta general a quienes animaban al PP, algunos de IU y mayoritariamente a los neutrales. O sea, el PSOE se aisló digitalmente del debate y no empezó a solucionarlo hasta bien entrada la segunda mitad del mismo.

¿Qué quiere esto decir? Pues que tiene escaso valor propagar hasta el último rincón del país el #YoConSusana si los interesados en el debate miraban otra cosa. Permitan el símil, la artillería socialista eligió la calle equivocada para invadirnos con sus consignas, dejando una avenida gigantesca al resto, principalmente a su gran rival, y ahí toda la infantería que coordina Mariví Romero debió frotarse las manos.

Desde el minuto 1, el complicado #DBTAndalucíaTVE se aupó al primer puesto de las tendencias en España, y a poco de avanzar era la primera a nivel mundial. Y el PSOE, tan empeñado en tocarle las palmas a su líder, se enrocó metiéndose en una sala en la que sólo había simpatizantes mientras toda la transversalidad se hartaba de ver fotos de Juanma Moreno sonriendo, consignas sobre la prepotencia de Susana Díaz y sus interrupciones, y referencias a la coca del chófer y otras lindezas mientras Maíllo golpeaba con su Pimpinela y el tiki-taka.

En un salto con tirabuzón, al final del debate emergió #YoConfíoEnSusana y despejó la duda: el aislamiento fue planificado. Puf.

Condiciones para el pacto

José Aguilar | 16 de marzo de 2015 a las 12:13

Mientras Rajoy dobla la promesa de su pupilo Juanma con un desparpajo que escalofría (no medio millón de puestos de trabajo, sino un millón, en plan Solchaga, que aún estará arrepintiéndose de aquel compromiso tan comprometedor), Podemos y Ciudadanos, al calor de las encuestas, fijan sus condiciones para pactar con el PSOE ante una hipotética mayoría relativa que deja a medio camino el listón que se impuso Susana Díaz para situarse en posición de seguir gobernando. Una condición sobresale: el precio mínimo para empezar a negociar son los escaños de Manuel Chaves, en el Congreso, y José Antonio Griñán, en el Senado. Es previsible que Susana esté dispuesta a pagarlo, asesinando políticamente a sus progenitores. Cambiar a un Chaves y un Griñán por un Marín (Juan), candidato de Ciudadanos: he ahí el símbolo de la revolución política que está a punto de vivir Andalucía. Diecinueve y tres años de presidentes de la Junta, respectivamente, canjeados por ocho años de concejal en Sanlúcar de Barrameda. Con permiso del Partido de los Indecisos, que aglutina a uno de cada cuatro o cinco andaluces a cinco días del final de la campaña. Cinco días para camelarse a este bloque desorganizado.

El mitin de los domingos

Manuel Barea | 16 de marzo de 2015 a las 12:12

David Mamet escribió: “Si a la religión le quitas la fe, te queda una mañana de domingo desperdiciada”. Con la política, que en estos días deja el fanatismo religioso a la altura de un inocente juego de niños, ocurre lo mismo. Hay que creer, y mucho, para echar la mañana dominical en un mitin. ¿Por qué va alguien a algo así, para qué?

A los políticos les ofende que se compare a su partido con una secta. Es su problema. Porque mucho de eso hay en la puesta en escena de los actos multitudinarios -o recogidos- que se celebran estos días para pedir el voto: están los oficiantes y están los acólitos y están los prosélitos y todo es un sí sí sí y un tremolar de banderas y retratos y ovaciones controladas y fanfarria narcotizante y comunión final. Id en paz y votadnos el 22.

Quien va a un mitin va predispuesto. Esto es obvio, porque como creyente va a oír lo que quiere escuchar y no hay lugar para sorpresas ni riesgos, a no ser que te apedreen, como a los de Vox el sábado por la noche en Sevilla. Y cuantos más vayan, mejor, claro. Aquí la estadística es clave, aunque puede darse el caso de que se llene el aforo y no las urnas: entonces es que algo se hizo mal en el mitin… probablemente la música (sí, cada vez estoy más convencido de que hay infiltrados del adversario entre los asesores musicales de los partidos, que buscan quitar votos con el alargue de los preámbulos por el retraso de los oradores amenizando con un inmisericorde bucle sónico al alcance tan sólo de alguien pasado de metanfetamina).

En fin, no estaría mal que a los mítines fueran los seguidores de cualquier otro partido menos del tipo que está en la tarima. No para abuchear ni para dar la bronca, sino para oír. Sin la garantía del aplauso organizado, el político sabría que abajo están los que verdaderamente tienen que ser convencidos, reacios a que les regalen los oídos con cuatro frases huecas y vendiendo muy caros los vítores y las palmas.

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El oráculo

David Fernández | 16 de marzo de 2015 a las 12:11

Es difícil adivinar por qué Susana Díaz adelantó las elecciones y se jugó su futuro con un órdago a la grande. Por más que IU se pasara tres pueblos al anunciar que sometería el pacto a la opinión de su gente, cuesta entender por qué abandonó una posición tan cómoda como la que disfrutaba. ¿Miedo al avance de Podemos? ¿Temor a la recuperación económica? ¿Afán de protagonismo? ¿El ánimo de pillar al PP e IU con el pie cambiado? Ni el Oráculo de Delfos lo sabe. Sus leales y el ambiente la convencieron de que la marca Susana Díaz era la mejor sobre el tablero. También le advirtieron de que la vista ante el Supremo del caso ERE con Griñán y Chaves podía suponer un serio revés a sus aspiraciones. De paso, al firmar una amplia victoria por adelantado, Díaz dejaría a Podemos como tercera fuerza antes de que se asiente en Andalucía, y podría ayudar a sus candidatos a cumplir un sueño en las municipales: desbancar en las capitales a los alcaldes del PP, que llevan tantos años en el cargo. El plan era perfecto hasta que llegaron las encuestas… y el debate. Llegó el debate y asaltaron las dudas. ¿Qué necesidad tenía Susana de exponerse a ser la primera en enfrentarse a Podemos y Ciudadanos teniendo en cuenta que el voto de castigo está cantado?, se preguntan ahora los cobistas. Sería una apuesta fuerte, a no ser que cuente con una red de seguridad, más allá del 22-M. En círculos cercanos al poder -y también en los bares- se habla ya de un posible acuerdo entre PP y PSOE para impedir que los antisistema gobiernen plazas claves como Andalucía, Madrid y Valencia. Felipe González fue el primero en lanzar la idea y se supone que presidirá la fuerza más votada.

Si los sondeos aciertan y vence el PSOE, Díaz ganará poder, pero tendrá que suspirar por la suerte de la gobernabilidad cada minuto. Dice que no pactará con PP ni con Podemos. Sería cómico que tuviera que tirar otra vez de IU. Si se toma la revancha en el debate esta noche, las dudas se esfumarán, pero de lo contrario ni el oráculo sabe lo que puede suceder.

Ni Giralda, ni Mezquita: la clave es la pasta

Carlos Navarro Antolín | 16 de marzo de 2015 a las 4:02

La candidata de Podemos, Teresa Rodríguez, ha exigido a la Iglesia Católica transparencia en las inmatriculaciones de bienes. Teresa Rodríguez quiere información sobre los inmuebles que la autoridad eclesiástica ha inscrito por primera vez en el Registro de la Propiedad, que en eso consiste la inmatriculación, gracias al procedimiento exprés arbitrado por Aznar, que concedió facultades de fedatarios a los secretarios generales de las diócesis. La misma señora se descuelga pidiendo que la Giralda, además de la Mezquita de Córdoba, pase a ser de titularidad pública. La candidata ignora (¿de verdad lo ignora?) que todas las inmatriculaciones efectuadas por la Iglesia Católica u otras entidades, instituciones y particulares están en el Registro de la Propiedad. No hay más misterio. Precisamente es el objetivo del acto de inmatriculación: conseguir las garantías a que da derecho la publicidad registral. La Giralda, junto con toda la Catedral y la anexa Parroquia del Sagrario, quedaron inmatriculadas gracias a una certificación expedida por el Arzobispado el 1 de febrero de 2010. Lleva cinco años blindada en el Registro, como puede comprobar cualquier hijo de vecino que acuda al mostrador, demuestre un interés legítimo y pida una nota simple de la sevillana Plaza Virgen de los Reyes, número 6. No hay más morbo.

Con la Mezquita de Córdoba y las reivindicaciones de IU, Podemos y ciertas plataformas laicistas, hay un fondo mayor, al margen de arañar titulares fáciles en plena campaña. La gran clave no es otra que la habitual:el dinero. Donde hay dinero (y mucho) hay poder. Y el frente laicista ha olido bien la presa. El Cabildo Catedral de Córdoba es de los más ricos de España. La Mezquita es una auténtica gallina de los huevos de oro, muy por encima de otras catedrales de España. No han trascendido sus cuentas, al menos no con el detalle con que suelen dar a conocer en el caso de la Catedral de Sevilla. La Mezquita también está blindada en el Registro de la Propiedad, no hay ninguna falta de transparencia en esta inmatriculación. La Iglesia Católica –es cierto– tiene un frente abierto en Córdoba. Si el Cabildo publica las cuentas, ganará en transparencia. Pero hay cifras que pueden provocar escándalo. Y lo saben.

Humanización digital: Del #YoConSusana a la familia de Moreno

Jesús Ollero | 15 de marzo de 2015 a las 20:54

SI nos fijamos, resulta que la candidatura favorita para ser la más votada es la única en la que la personalización del candidato solapa a su partido. El ya asentado #YoConSusana se presenta como el principal lema de la campaña, aunque este domingo el mitin de Albert Rivera aupó #CambiaSevilla a los primeros lugares buena parte del día y, con las encuestas en contra, #VolverConIU fue el principal TT casi toda la jornada. El líder de Ciudadanos fagocita cualquier cosa que su formación haga en Andalucía, por encima de la influencia de Pablo Iglesias sobre una Teresa Rodríguez más o menos reconocible. Poco pesan los candidatos de Podemos y Ciudadanos sin el calor de la marca. Con Moreno y Maíllo el tema es diferente. Es habitual que IU no personalice su fuerza en el candidato, mientras el desgaste del PP ha hecho girar su estrategia al punto de lanzar un vídeo que focaliza la fuerza en él (una vez más sin mostrarle de manera directa) apoyándose en su madre y su mujer y recalcando el camino inverso al que se presupone a Díaz: volver a Andalucía en lugar de proyectarse a Madrid. Buen golpe, pleno de sensibilidad, de humanización de la maltrecha figura del político. Un acierto con riesgos (meter a la familia…), pero en proyección de imagen un acierto claro: foto con su hijo pequeño contrarrestando el efecto bebé de Díaz.

Volviendo a esa despersonalización de los mensajes políticos, las redes sociales son un ejemplo. Precisamente Moreno es el que más estructura personal presenta a nivel digital. Tiene casi de todo, aunque el fragor de la campaña dejó atrás algunas. Web, App, las redes principales (Twitter, Facebook, Youtube, LinkedIn) y Flickr para imágenes. El que más junto a Teresa Rodríguez, que tiene el Twitter con más seguidores y la página de Facebook con más Me gusta (47.600), además de canal en Youtube, web y Flickr (en su caso sí está al día). Su proyección en Facebook tiene truco: sólo ella hace publicidad pagada de su página. No es cara y permite geolocalizarla, así que es muy rentable. Al otro lado, Juan Marín (Ciudadanos) apenas tiene un Twitter reciente, mientras Susana Díaz se reparte entre Twitter y Facebook (como el resto, página en lugar de perfil). Antonio Maíllo, en la línea de IU, presenta una personalización baja. Como ocurre con Díaz y Marín, es el partido el que asume gran parte del aporte digital, apenas con perfil de Twitter y página de Facebook. ¿Y Google+? Irrelevante, con toda la lógica.

 

La frase del día:

@FelipeAlcarazM
Un país donde la juventud no cabe y es maltratada, con un 55% de paro juvenil, es un chiringuito con una bandera.