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Algo más que un último cartucho

Alberto Grimaldi | 6 de noviembre de 2011 a las 23:31

Más que un quiebro inesperado en la campaña, el debate de esta noche medirá si la R de Rubalcaba sucede a ZP en el PSOE

Por más oculto que esté en esta campaña electoral, José Luis Rodríguez sigue siendo el secretario general del PSOE hasta que el 38º Congreso ordinario del partido elija a su sucesor. La negativa a que, cumpliendo los estatutos, se adelantase la cita orgánica –no era necesario que fuese extraordinario– para encumbrar antes de las elecciones a la R de Rubalcaba como la nueva letra capital de los socialistas que sucediera a una Z y una P maltrechas, sitúa al cántabro ante la tesitura de ganarse los galones en las urnas.

Ante ese reto, el más importante a mi juicio que asume Rubalcaba, el debate de hoy con la R de Rajoy es algo más que el último cartucho, que también lo es, para dar un quiebro inesperado a una campaña en la que el PP lleva una agenda en la que apenas se preocupa de qué hace el adversario.

En la medida en que una R se imponga a la otra en el duelo ante las cámaras –y los españoles– que se vivirá en el prime time televisivo de hoy, el futuro orgánico del PSOE puede variar. El único debate, para mí, será más determinante que si el candidato socialista rebaja el suelo de escaños, que marcó Felipe González (118 en 1977) y no Joaquín Almunia (125 en 2000).

Rubalcaba no ha brillado como candidato en la medida que lo ha hecho siempre como parlamentario y como ministro, tareas en las que se ha situado entre los mejores de la política española. Es más, por momentos ha estado irreconocible.

Si en el cara a cara de esta noche, el candidato socialista muestra mayor solvencia que un Rajoy al que la inercia del triunfo cantado le lleva en volandas, podrá presentarse con garantías de seguir siendo el jefe de la oposición como secretario general. Sobre todo porque por muy grande que sea la victoria del PP, el crédito que obtenga será más corto que largo y dependerá de la capacidad real de su futuro Gobierno de hacer que baje el paro lo suficiente en la próxima legislatura.

Campo de batalla principal

Jorge Bezares | 5 de noviembre de 2011 a las 7:24

En las elecciones generales de 2008, la victoria del PSOE se fraguó principalmente en tres comunidades autónomas: Andalucía, Cataluña y el País Vasco. En ellas, los socialistas consiguieron una diferencia tan aplastante sobre los populares que, a la postre, resultó decisiva para que José Luis Rodríguez Zapatero volviera a derrotar a Mariano Rajoy.

Sin embargo, en los próximos comicios del 20-N, en estos mismos territorios, convertidos definitivamente en campo de batalla principal de nuevo, no se dirimirá otra cosa que el calibre del triunfo del PP. De entrada, en este arranque de campaña, la encuesta del CIS de ayer apuntó que, salvo sorpresa mayúscula, el PP tiene garantizada la mayoría absoluta y puede alcanzar incluso unos resultados históricos comparables a los que logró en 1982 Felipe González.

Por el contrario, el PSOE se mueve entre los dígitos que cosechó Joaquín Almunia en los comicios de 2000 y los que acreditó el socialismo democrático español en las primeras elecciones democráticas tras la muerte del dictador Francisco Franco.

Siempre según el sondeo del CIS, el avance popular más espectacular en este campo de batalla virtual se produciría en Andalucía, donde el PP lograría 10 diputados más que el PSOE, una vuelta a la tortilla en toda regla. Bien es verdad que en las últimas encuestas que manejan los propios populares esa diferencia se situaría en seis, con cuatro en el aire. Con todo, teniendo en cuenta que la diferencia en 2008 a favor de los socialistas fue de 11 escaños, una victoria de esa magnitud sería la mejor tarjeta de presentación del líder conservador, Javier Arenas, para postularse como primer inquilino del palacio de San Telmo a partir de los comicios de marzo.

En Cataluña, el PSC, que se dejaría nueve diputados en la gatera, conservaría la primera posición, pero el PP se quedaría a cuatro escaños cuando la diferencia en las anteriores generales llegó a los 16 diputados. El morbillo está en saber si CiU, con el ínclito  Duran i Lleida a la cabeza, conserva la segunda posición delante del PP. Los populares están a tiro de piedra: a uno. Con todo, pese al batacazo, los socialistas catalanes pudieran sacar algo de pecho –pechito– si se convierte en la única federación del PSOE que ganó en su territorio. A la ministra de Defensa, Carme Chacón, no le vendría mal en sus aspiraciones de liderar el PSOE tras el 20-N.

En el País Vasco, los socialistas de Patxi López se dejarían sólo dos escaños –de nueve a siete– y el PP pasaría de tres a cinco. La tragedia llama al PNV, al que sitúan a la altura de la izquierda abertzale con tres representantes en Madrid, la mitad que en 2008.

En resumen, el PP ganaría en el cómputo conjunto de Andalucía, Cataluña y País Vasco por cuatro escaños, cuando en los últimos comicios el PSOE le sacó más de treinta diputados de diferencia.