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Más allá de la impostura

Jorge Bezares | 15 de noviembre de 2011 a las 9:11

Resulta curioso cómo los aparatos de los partidos políticos afinan sus mensajes a medida que la campaña va quemando días. Tras un fin de semana marcado por encuestas que dan una victoria arrolladora del PP hasta en la comunidad de vecinos de Pérez Rubalcaba, Rajoy lo celebró el domingo en Valencia dando saltos de alegría y manifestando su convencimiento de que su partido ganará las elecciones. Sin embargo, el aparato electoral que encabeza Ana Mato rebajó ayer algunos puntos la euforia a propósito del Pulsómetro de la Cadena Ser, que otorgaba al PP una ventaja de 17 puntos y fijaba los indecisos en el 20% del electorado. Aunque la victoria sigue siendo clara y contundente, los fontaneros de Génova optaron por no lanzar definitivamente las campanas al vuelo para no provocar una desmovilización de una parte de su electorado, que, confiada en el triunfo, pudiera decidir no acudir a votar. Hasta el rabo, todo es toro, repiten incesantemente como si fuera un mantra.

Mientras tanto, en el PSOE, ante el mazazo demoscópico del fin de semana, el aparato electoral que dirige Elena Valenciana se sacó de la manga “nuestros sondeos internos”, que, lógicamente, sitúan a los socialistas a casi nueve puntos de diferencia del PP; nada que ver con los 17 puntos o más de las otras encuestas. Y justifican la ofensiva final de Pérez Rubalcaba por tierra, mar y aire, dando mítines por las esquinas, en un intento de pescar en ese caladero de los indecisos. Hay partido, se escucha todavía con moral alcoyana a los sociatas del aparatichi para evitar lo que parece inevitable.

Pero más allá de este baile de imposturas, comprensible desde la lógica electoral, en el PP se prepararan ya para gestionar el supercrédito de confianza que recibirá el 20-N para sacar a España de la grave crisis económica en la que está inmersa desde hace tres años. Los cinco millones de parados que deja el Gobierno saliente, atribuibles a Rodríguez Zapatero hasta el 20-N, los heredará como propios Mariano Rajoy el 21-N y tendrá que combatirlos a partir del 13-D, fecha de su investidura en el Congreso de los Diputados. Deprisa, muy deprisa va a tener que moverse para no defraudar a quienes le votarán convencidos de que reducirá el paro en un pis-pas. En la otra orilla política, el PSOE anda preparando el aterrizaje de Pérez Rubalcaba en la secretaría general del partido. Porque sea cual sea el resultado el presidenciable socialista parece que se quedará cuatro años como líder de la oposición y probará suerte en 2015. Con ello, los socialistas ganarán tiempo para encontrar un líder de futuro. Ahora mismo ni Patxi López ni Carme Chacón están en condiciones de asumir el liderazgo de un partido que sólo puede permitirse experimentos con gaseosa.

Campo de batalla principal

Jorge Bezares | 5 de noviembre de 2011 a las 7:24

En las elecciones generales de 2008, la victoria del PSOE se fraguó principalmente en tres comunidades autónomas: Andalucía, Cataluña y el País Vasco. En ellas, los socialistas consiguieron una diferencia tan aplastante sobre los populares que, a la postre, resultó decisiva para que José Luis Rodríguez Zapatero volviera a derrotar a Mariano Rajoy.

Sin embargo, en los próximos comicios del 20-N, en estos mismos territorios, convertidos definitivamente en campo de batalla principal de nuevo, no se dirimirá otra cosa que el calibre del triunfo del PP. De entrada, en este arranque de campaña, la encuesta del CIS de ayer apuntó que, salvo sorpresa mayúscula, el PP tiene garantizada la mayoría absoluta y puede alcanzar incluso unos resultados históricos comparables a los que logró en 1982 Felipe González.

Por el contrario, el PSOE se mueve entre los dígitos que cosechó Joaquín Almunia en los comicios de 2000 y los que acreditó el socialismo democrático español en las primeras elecciones democráticas tras la muerte del dictador Francisco Franco.

Siempre según el sondeo del CIS, el avance popular más espectacular en este campo de batalla virtual se produciría en Andalucía, donde el PP lograría 10 diputados más que el PSOE, una vuelta a la tortilla en toda regla. Bien es verdad que en las últimas encuestas que manejan los propios populares esa diferencia se situaría en seis, con cuatro en el aire. Con todo, teniendo en cuenta que la diferencia en 2008 a favor de los socialistas fue de 11 escaños, una victoria de esa magnitud sería la mejor tarjeta de presentación del líder conservador, Javier Arenas, para postularse como primer inquilino del palacio de San Telmo a partir de los comicios de marzo.

En Cataluña, el PSC, que se dejaría nueve diputados en la gatera, conservaría la primera posición, pero el PP se quedaría a cuatro escaños cuando la diferencia en las anteriores generales llegó a los 16 diputados. El morbillo está en saber si CiU, con el ínclito  Duran i Lleida a la cabeza, conserva la segunda posición delante del PP. Los populares están a tiro de piedra: a uno. Con todo, pese al batacazo, los socialistas catalanes pudieran sacar algo de pecho –pechito– si se convierte en la única federación del PSOE que ganó en su territorio. A la ministra de Defensa, Carme Chacón, no le vendría mal en sus aspiraciones de liderar el PSOE tras el 20-N.

En el País Vasco, los socialistas de Patxi López se dejarían sólo dos escaños –de nueve a siete– y el PP pasaría de tres a cinco. La tragedia llama al PNV, al que sitúan a la altura de la izquierda abertzale con tres representantes en Madrid, la mitad que en 2008.

En resumen, el PP ganaría en el cómputo conjunto de Andalucía, Cataluña y País Vasco por cuatro escaños, cuando en los últimos comicios el PSOE le sacó más de treinta diputados de diferencia.