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Cosa de dos (XI)

Rafael Román y Juan Ojeda | 19 de marzo de 2012 a las 13:32

Rafael Román: La Pepa

HOY la campaña descansa. Al menos cambia de formato. Los líderes políticos nacionales y andaluces han acudido ¡juntos! a rendir homenaje a la primera Constitución española, La Pepa de 1812, en un Cádiz radiante. El inglés William Hazlitt se entusiasmó: “Los ecos de la libertad habían despertado otra vez en España y de nuevo despuntaba el amanecer de la esperanza humana”. Pero la Constitución fue tan desgraciada como el propio devenir de las libertades españolas. Símbolo convertido en mito por anhelada, por llorada, porque muchos dieron su vida por ella. Así ha sido la historia de la conquista de la democracia en España. Tanto que nuestra generación está disfrutando su periodo más prolongado. Somos afortunados porque los que nos antecedieron sufrieron persecución, exilio y muerte por defender su legado. Los tiempos hoy son otros y los peligros distintos. Lo ha entendido bien Jordi Sevilla cuando ha escrito su libro Para qué sirve hoy la política con un subtítulo con el mal que nos aqueja “Una democracia para escépticos”. Una democracia verdadera exige la inclusión de cada vez mayores sectores sociales y debe preocuparnos que nadie se quede ni fuera ni atrás. Ese es el reto.

Juan Ojeda: Ni equivocados ni engañados

MI compañero de esta sección, Rafael Román, al que desde hace mucho tiempo le tengo un gran respeto, terminaba ayer su columna con la frase “que lo cuente Arenas”. Y yo coincido absolutamente con él, o sea, con que lo cuente Arenas, aunque sé, con toda seguridad que, aunque decimos lo mismo, estamos queriendo decir cosas distintas. Para mí, eso de que lo cuente Arenas significa que al candidato del PP a la Junta hay que darle el espacio de credibilidad necesario para que no se malinterprete lo que dice en contra de lo que dice. Por ejemplo, si Arenas ha dicho que no es partidario del copago, lo que después ha sido ratificado por el propio Rajoy, se le debe suponer que su propósito es no introducir el copago en la sanidad andaluza. Es como si, cuando Griñan dice que quiere acabar con el paro en Andalucía, se pusiera en duda que de verdad quiera hacerlo. Andalucía es un pueblo razonable que ha votado siempre lo que mejor le ha parecido -que ya es hora de que dejemos de creernos lo del servilismo electoral- y que dentro de unos días va a votar también lo que mejor le parezca, sin miedos y, pase lo que pase, los andaluces habrán acertado. Quienes se equivocan son los que piensan que a Andalucía se la puede engañar. Así que, ni equivocados, ni engañados.

Yo copago, tú copagas, él copaga

Ignacio Martínez | 16 de marzo de 2012 a las 10:46

ES lamentable, pero a los candidatos se les ha olvidado que estamos a nueve días de unas elecciones andaluzas. Si se escucha a los líderes de los tres partidos del Parlamento saliente, sus discursos valen para Andalucía, Asturias, Aragón o cualquiera de las otras 14 autonomías. En el capítulo de ayer tocó el verbo copagar, que conjugaron Griñán y Valderas al ataque y Arenas a la defensiva. El euro farmacéutico establecido en Cataluña para cada receta le parece a los dos socios de una posible coalición de izquierdas un anticipo de lo que hará el PP en los presupuestos de este año. Valderas lo ha calificado de insulto, robo, estafa. Griñán no ha estado tan subido de tono en las descalificaciones. Él lo que sube es el volumen de sus discursos. Lo habitual es que se desgañite en los mítines, aunque ayer en Granada estuvo discreto. Arenas, más reposado, ha declarado que en principio no está de acuerdo con este copago sanitario. El presumible ganador sigue sin bajarse de las declaraciones genéricas. Ni una sola promesa precisa, ni una sola pista de dónde recortaría los mil millones de euros que él dice que hay que eliminar del presupuesto andaluz. Tampoco Griñán o Valderas se mojan en este asunto. Nadie nos dice qué presupuesto haría y de dónde recortaría. Simple y llanamente, estamos en la fase de la pedrada al contrario. Todas las piedras, por cierto, de materia nacional. Los andaluces ponemos el territorio, pero esta no es nuestra guerra. Nunca en nueve campañas se habló menos de Andalucía. Una decepción.

Al compás del martillo en el yunque

Alberto Grimaldi | 16 de marzo de 2012 a las 9:19

ALGUIEN tendría que explicar quién ha otorgado al electorado andaluz la capacidad de refutar en sólo cuatro meses la decisión soberana y ampliamente mayoritaria de que el PP acometa, como prometió -sin gran concreción, es cierto- profundas reformas para superar la gravísima patología socioeconómica que sufría España -y aún sufre- en el momento de la alternancia.

Al cumplirse la primera semana de la campaña electoral, la escalada hacia asuntos de calado nacional que no van a resolverse en las Cinco Llagas es preocupante. Si antes era reforma laboral, ahora es copago sanitario (por cierto que sería repago, porque pagar ya se paga).

Dudo mucho que la apelación al miedo que hace varias veces a la hora el PSOE cale en la mayoría de un electorado hastiado de la afición de la clase política de atizar al contrario sin un mínimo de autocrítica. Pero lo cierto es que el presidente y candidato, José Antonio Griñán, enfatiza ese mensaje cual martillo marcando el compás sobre el yunque.

Lo que me sorprende es quien interprete el martinete sea precisamente Javier Arenas: no es lógico que en el momento que más cerca está de lograr su largo objetivo se deje quemar en la fragua.

Griñán elude los temas que le son menos propicios: la situación del empleo, con un paro asfixiante como nunca ha soportado Andalucía, y cuyas políticas activas se han usado supuestamente para enriquecer a afines o malgastarlas en vicios. Y mientras Arenas se enreda en temas-trampa, se aparta del palo que hasta ahora le ha llevado a que, por primera vez, se ganen las elecciones en Andalucía. Y por dos veces consecutivas. Cuanto más tiempo y atención dedique a replicar a las apelaciones al miedo, menos tendrá para exponer sus compromisos sobre empleo, regeneración y reorganización de una Administración desaforada.

El discurso del miedo de Griñán es directamente proporcional a su desesperación por evitar la total dilapidación del poder político que heredó de Manuel Chaves. El hastío de los andaluces merece del PP otras respuestas, que generen esperanza en las soluciones.