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La ausencia de ZP

Jorge Bezares | 11 de noviembre de 2011 a las 5:14

Como decía ayer, la ausencia del presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, en la actual campaña electoral tiene, al menos, para un punto y aparte. Que los dirigentes socialistas poco zapateristas – Patxi López, Tomás Gómez o José María Barreda, por ejemplo-, sufridores en silencio durante más una década de sus ocurrencias, celebren su defunción política con una sonrisa casi lo entiendo. Pero que otros, amamantados  y encumbrados por el leonés pese a una incapacidad manifiesta, vayan por ahí renegando de él, pues resulta, principalmente, indecente;  son, digamos, comportamientos claramente iscariotescos, con permiso de San Pedro, que tiene el copyright de la deserción por antonomasia.

Uno de los que estuvo tentado en desmarcarse antes que nadie de Rodríguez Zapatero fue el ministro de Fomento y vicesecretario general del PSOE, José Blanco, que, al principio del lío sucesorio, le preguntó a su espejito mágico si podía ser él. Y éste, de la escuela pragmática y de consultores independientes,  le dijo la verdad: no. Pero su jefe lo devolvió al redil cuando lo nombró portavoz del Gobierno. Y ahí anda, hecho todo un campeón, reduciendo su agenda política para aparecer lo justo y ejerciendo de zapaterista hasta la última bocanada de poder.

Sin embargo, bien visto, haciendo las veces de abogado del Diablo y aplicando un gran angular, no debería resultar muy difícil para los zapateristas salvar gran parte del legado de Rodríguez Zapatero. Más allá de que reconoció tarde la crisis y de los 5 millones de parados, en la actual coyuntura, el líder socialista se va a marchar con la mayoría de las reformas estructurales que le ha requerido la UE y tras haber convocado elecciones anticipadas. Comparándolo con el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, que ni ha hecho ni lo uno ni lo otro y que se parece cada día más a Nerón desde Tarpeya con Roma y el resto de Italia ardiendo a sus pies, pues hay un mundo de berlinas de diferencia.

Y dejará el poder víctima de una crisis que, por lo demás, se ha llevado ya por delante a Brian Cowen en Irlanda, a Gordon Brown en el Reino Unido y a José Sócrates en Portugal; está a punto de hacer lo propio con Yorgos Papandreu en Grecia y con Berlusconi en Italia, y amenaza la reelección de Sarkozy en Francia, Merkel en Alemania y Obama en EEUU. Y veremos a ver cómo evolucionan algunos de los beneficiarios, David Cameron en el Reino Unido, Pedro Passos Coelho en Portugal y Mariano Rajoy (a la espera de que se cumplan los pronósticos el 20-N) en España, en 2012.

Además está el punto y final de ETA. Después de ser acusado por la caverna, por ejemplo, de bajarle los pantalones al Estado de Derecho para que los terroristas lo sodomizaran (sic), merece, al menos, el reconocimiento de que esta lacra ha llegado a su fin bajo su mandato. Alguna responsabilidad tendrá también en lo bueno, ¿no?

Vuelta de tuerca

Alberto Grimaldi | 10 de noviembre de 2011 a las 8:35

Inteligencia es adaptarse a los cambios –sostiene Hawking– y, siguiendo su axioma, el PSOE opta por endurecer la campaña.

A la vista de cómo avanza la campaña, que esta medianoche pasa su ecuador, crece mi convicción de que el equipo de campaña de la R de Rubalcaba admira el pensamiento de Stephen Hawking.
El célebre físico británico define la inteligencia como la habilidad de adaptarse a los cambios. Y siguiendo a pies juntillas ese axioma, fracasado el intento de darle un vuelco a la campaña en el único debate con la R de Rajoy, lo inteligente es adaptarse y variar la hoja de ruta. Y eso es justamente lo que desde ayer hizo el PSOE, darle una vuelta de tuerca al tono de su campaña. Los socialistas lo escenificaron en varios frentes: por un lado un endurecimiento de sus mensajes y, por el otro, recurrir sin tapujos para captar votos al comunicado en el que ETA dijo que ya no matará ni extorsionará más, poniendo fin a su ciega lucha de fieras de casi cuarenta años con más 800 muertos como balance. Pero el que sigue atribuyéndose el papel de sangriento vigilante de nuestra democracia.

En contraposición, los estrategas de la R de Rajoy también han comprendido que si el debate no fue, como pretendían, el punto de inflexión que les hiciera adaptar su plan ya trazado, lo único sensato es intensificar el mensaje en el que creo –lo he sostenido aquí desde el primer día– se basa todo: el paro. Porque hay un automatismo que sitúa como culpable del paro a Zapatero (y si no salta éste, ya dijo él en una de sus pocas apariciones en mítines que se sentía el responsable).

Dudo que la vuelta de tuerca funcione frente a la cruda realidad de los cinco millones de parados. Pero tanto para el resultado electoral como para sus consecuencias orgánicas, me atrevo a recomendar al PSOE otra cita de Hawking: “Cuando las expectativas de uno son reducidas a cero, uno realmente aprecia todo lo que sí tiene”.

El gol de la honrilla

Jorge Bezares | 8 de noviembre de 2011 a las 6:21

Las coordenadas del debate cara a cara entre el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba y el popular Mariano Rajoy, los dos candidatos con las posibilidades de presidir el Gobierno de España a partir del próximo 20 de noviembre, eran de17 puntos de diferencia y 74 diputados de distancia a favor del líder del PP. Ante tal abismo electoral, el premio, entre 1,5 y cinco puntos de vellón, resultaba entre pírrico e intrascendente, sobre todo con pocas posibilidades de incidir en el resultado final de los comicios. Sólo con márgenes más estrechos, como ocurrió en 1993 y 2008, lo hubiera podido tener. Pero no era el caso.

Para colmo, en este quinto debate cara a cara entre presidenciables de nuestra democracia –Felipe González y José María Aznar protagonizaron dos, y José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, los dos restantes- estaban tasados hasta los mendrugos del cátering. Y, entre unos y otros, lo encorsetaron en tiempos y temas hasta alejarlos de los debates electorales que acostumbran los países anglosajones, con más cintura y trienios democráticos y, sobre todo, con más cuerpo a cuerpo sin complejos.

Así las cosas, en el tiro único del que disponían los socialistas a 13 días de los comicios –menos da una piedra debió pensar la coordinadora de campaña, Elena Valenciano- para perturbar la arrolladora victoria que espera a los populares, Pérez Rubalcaba, de traje azul oscuro y cortaba azul con puntitos, intentó anoche sacarle los colores a Rajoy, de traje gris marengo y corbata azul, en el primer debate que ambos mantenían pese a llevar los dos treinta años pisando prácticamente los mismos ruedos políticos.

En el primer bloque, economía y empleo, el socialista logró acorralar a su contrincante, pero no como para ser el claro ganador. Pecó, por momentos, de asumir el papel de líder de la oposición que le otorgan las encuestas –posiblemente, su peor error-, y se pasó de machacón cuando le atribuyó al popular una modificación de la cobertura del desempleo en su estrategia por sacar a la luz el programa oculto del PP. A su favor, leyó poco y transmitió seguridad, aunque arrancó algo nervioso.

Por su parte, el líder de PP resultó demoledor cuando puso el retrovisor, sobre todo cuando utilizó las cifras del paro, que insistentemente arrojó contra Pérez Rubalcaba, a quien llamó por dos veces en un lapsus lamentable “Rodríguez” en clara referencia a Zapatero. En el plano propositivo se mostró rácano y algo etéreo, sin complicarse mucho en detallar la reforma laboral y la reforma de los convenios colectivos. Eso sí, pese a que leyó casi todo, terminó el primer asalto con el traje de presidente del Gobierno sin apenas arrugas. Ganó por algunos puntos, venció a lomos de los cinco millones de parados. ¡Faltaría más con el material de primera calidad que le ofreció el Gobierno de Rodríguez Zapatero!

En el apartado de gasto social, Pérez Rubalcaba mejoró y ganó por una cabeza, sobre todo cuando explicó su compromiso con la sanidad pública y llevó a Rajoy a detallar su apuesta por ella. Y también con las pensiones. Además, el popular, a veces algo enfadado, a veces con exceso de choteo, se salió por la tangente, y buscó refugio en la educación. Pero se le olvidó el estado de este negociado en Madrid, con los profesores en pie de guerra por los recortes de Esperanza Aguirre en la escuela pública.

En el apartado de calidad democrática, el candidato popular se saltó el guión temático y leyó una batería de propuestas. El socialista le preguntó sobre los matrimonios entre homosexuales y se centró en la desaparición de las diputaciones. “Son preconstitucionales”, dijo. Rajoy las defendió con una mirada melancólica tras haber presidido la de Pontevedra cuando apenas contaba con 28 años, y despachó los matrimonios gays con la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) que está por llegar.

Ambos se acordaron del voto rural. Pérez Rubalcaba, como diputado gaditano, elogió la belleza de los pueblos de la Sierra de Cádiz y Rajoy se refirió a ellos mencionando dos de Sevilla –Cazalla y Constantina- y dos de Cádiz –Olvera y Grazalema-. Y celebraron el comunicado de ETA. Los discursos finales tuvieron aires navideños.

En definitiva, Pérez Rubalcaba metió el gol de la honrilla ante la goleada que le viene de camino en las urnas. Rajoy no deslumbró ahora que le han descubierto carisma, pero tampoco perjudicó la victoria electoral que el PP logrará el 20-N.

Por lo demás, el capitidisminuido formato no impidió que la cosa adquiriera dimensión de gran acontecimiento televisivo, casi planetario, según palabras de los portavoces de la Academia de la Televisión de las Ciencias y de las Artes –en especial, la presentación de Manuel Campo Vidal, dándole la bienvenida a Europa y América y hablando en italiano y portugués-. A ello ayudó decisivamente la presencia de periodistas de una agencia china. Además del toque asiático, el debate arrojó cifras voluptuosas: 555.000 euros de coste, 650 informadores acreditados de 80 medios nacionales e internacionales, 300 invitados y 24 televisiones en directo y once webs por Internet. Los indignados del 15-M fueron muchos menos –apenas varias docenas- y estuvieron acordonados convenientemente por la policía a unos 200 metros del Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid. Ellos se lo perdieron.