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Viva el centro

David Fernández | 15 de diciembre de 2015 a las 6:15

EL candidato socialista ha sido el último, que no el único, en sumarse a los que quieren ocupar el centro, ese gran caladero de votos. “Atacan al PSOE porque es el centro”, ha dicho Pedro Sánchez, sin mover un músculo de la cara. Ese pensamiento del siglo pasado un tanto utópico ligado a la idea de libertad e igualdad ha sido sustituido en el seno de su partido por un discurso de urgencia mucho más pragmático. Como tantos pensadores dispares, a Sánchez ya no le alcanza con proclamar que están dispuestos a terminar con la injusticia económica para propiciar un espacio de fraternidad y otras historias de principios del siglo pasado, cuando aún la sociedad industrial era un sueño. Esta puede ser su meta, pero el camino trazado por el líder delPSOE para alcanzarla ha variado, a la vista de las últimas encuestas.
También Pablo Iglesias ha girado al centro, al comprobar que nadie le adelantará por la izquierda. IU se ha volatilizado.

Y el comunista que vive en el interior del líder de Podemos emprendió hace meses un viaje para encarnarse en un socialdemócrata tan convencido, que si se cruzara con Maduro por la calle se haría el sueco. Los podemitas que nacieron con una sola idea del modelo de Estado, con tal de acercarse al triunfo total, han vendido su alma, su ideología, como el resto, por un voto. Quien más claro lo ha tenido desde el principio ha sido Albert Rivera. El ideario político de su formación subraya que es un partido que nace para ocupar el espacio de centro izquierda, toda vez que el PSOE dejó en Cataluña a muchos huérfanos por el camino. Rivera también aglutina a los descontentos con el PP que no podían pegar ojo pensando que votarían a Podemos para castigar a su partido de toda la vida. Gracias a todos ellos, Rivera se convirtió en un conservador moderado, guardián de la unidad de una España menos descentralizada. El PP no se ha quedado al margen, y como no le salen competidores por la derecha, puso toda la carne en el asador para fijar a su electorado de centro consciente de que su clientela más reaccionaria no tenía adónde ir. Como los discursos se parecen tanto, es hasta lógico que el número de indecisos se dispare, ya que no se fían de unos líderes que no se arriesgan a exhibir su auténtica personalidad.