Archivos para el tag ‘Pablo Iglesias’

Carrera oficial

Ignacio Martínez | 3 de diciembre de 2015 a las 10:50

Los candidatos han montado en globo, corrido rallies, escalado aerogeneradores, abrazado cojines, desembarcado en programas rosas, visitado a Pablo Motos, Bertín Osborne o María Teresa Campos. Y cuando están exhaustos, empieza la carrera oficial. La campaña que comienza esta noche será la última de Rajoy casi seguro, siga o no en el Gobierno. La misma certeza hay de que no será la última de Albert Rivera o Pablo Iglesias, que han llegado para quedarse. Lo de Pedro Sánchez es dudoso: si no saca un buen resultado se lo llevará la marea del 20 de diciembre. En ese aspecto es el candidato más vulnerable, con la posición amenazada por las fuerzas emergentes; de ahí sus bravatas de ayer contra ambos.

Esta campaña, además de la fiebre televisiva, trae novedades de peso. Habrá debates que dejarán en evidencia a los torpes, pero sobre todo a los cobardes que no asistan. Se acabarán las invocaciones al voto útil. Hay encuestas que dan incluso un triple empate por el primer puesto entre PP, Ciudadanos y PSOE. Se termina así con una de las triquiñuelas de los dos grandes: acostumbraban a robarle unos preciosos votos a medianos y pequeños, y empobrecían el pluralismo. No será una Liga de Madrid contra Barça. Empieza una nueva era.

No es por criticar

David Fernández | 3 de diciembre de 2015 a las 10:48

No me gusta criticar, pero este país no tiene remedio. Hagan lo que hagan, a los políticos siempre les cae la del pulpo. Si cortan el grifo a la prensa, les caen palos de todos los colores por hurtar información a la opinión pública. Y si acuden a todas las tertulias, debates, magazines, informativos e intermedios, les dan el doble. A Rajoy le dieron flojo y fuerte -y con razón- por dirigirse al país desde una triste pantalla de plasma (no parecía de las inteligentes) y ahora le cascan por chupar más cámara que el pequeño Nicolás. Ayer sin ir más lejos, mi vecina pidió un kebab y está casi segura de que fue él quien se lo sirvió. Aún mantiene el pulso acelerado. Al líder del PP le señalan cuando se encierra en su caparazón y cuando le da un coscorrón a su hijo mostrándose al natural. Hay que reconocer que somos expertos en el arte de la crítica, sea en las bodas o cuando un amigo nos enseña su coche. Por no hablar del auténtico profesional, capaz de tirarse todo el día largando fiesta en la oficina sin dar ni golpe. Ojo porque el censor entendido lo primero que dice antes de crucificarte es que te quiere muchísimo. Salvo el muerto, al que enterramos divinamente, no se libra ni Dios. No en vano, da miedo ser el primero en abandonar una reunión en estos tiempos. Ya saben que aquí uno es un gran nota hasta que se demuestre lo contrario, muchas veces al cabo de los años cuando conoces a la persona.

Dicho esto, ni los mismos dirigentes populares se explican cómo se les ocurrió esconderse en los años más duros en lugar de explicar los recortes, lo que habría servido de ayuda para entender algo. El apagón informativo del PP lo aprovecharon y de qué manera Ciudadanos y Podemos, que ocuparon gratis todo el espacio mediático que les brindaron los gobernantes, justo cuando la ciudadanía empezaba a cansarse un poco de la telebasura y mostraba algo de interés por la política. El PP se ha dado cuenta de su error algo tarde y por eso hoy choca ver a Rajoy jugando al futbolín junto a Pedro Sánchez preparando un zumo y Rivera y Pablo Iglesias debatiendo hasta por el origen de los simios. Está bien acudir a las televisiones, pero por favor, por mucho que esté de moda mostrarse al desnudo eviten concursos del tipo Adán y Eva. Y no es por criticar.

Humanización digital: Del #YoConSusana a la familia de Moreno

Jesús Ollero | 15 de marzo de 2015 a las 20:54

SI nos fijamos, resulta que la candidatura favorita para ser la más votada es la única en la que la personalización del candidato solapa a su partido. El ya asentado #YoConSusana se presenta como el principal lema de la campaña, aunque este domingo el mitin de Albert Rivera aupó #CambiaSevilla a los primeros lugares buena parte del día y, con las encuestas en contra, #VolverConIU fue el principal TT casi toda la jornada. El líder de Ciudadanos fagocita cualquier cosa que su formación haga en Andalucía, por encima de la influencia de Pablo Iglesias sobre una Teresa Rodríguez más o menos reconocible. Poco pesan los candidatos de Podemos y Ciudadanos sin el calor de la marca. Con Moreno y Maíllo el tema es diferente. Es habitual que IU no personalice su fuerza en el candidato, mientras el desgaste del PP ha hecho girar su estrategia al punto de lanzar un vídeo que focaliza la fuerza en él (una vez más sin mostrarle de manera directa) apoyándose en su madre y su mujer y recalcando el camino inverso al que se presupone a Díaz: volver a Andalucía en lugar de proyectarse a Madrid. Buen golpe, pleno de sensibilidad, de humanización de la maltrecha figura del político. Un acierto con riesgos (meter a la familia…), pero en proyección de imagen un acierto claro: foto con su hijo pequeño contrarrestando el efecto bebé de Díaz.

Volviendo a esa despersonalización de los mensajes políticos, las redes sociales son un ejemplo. Precisamente Moreno es el que más estructura personal presenta a nivel digital. Tiene casi de todo, aunque el fragor de la campaña dejó atrás algunas. Web, App, las redes principales (Twitter, Facebook, Youtube, LinkedIn) y Flickr para imágenes. El que más junto a Teresa Rodríguez, que tiene el Twitter con más seguidores y la página de Facebook con más Me gusta (47.600), además de canal en Youtube, web y Flickr (en su caso sí está al día). Su proyección en Facebook tiene truco: sólo ella hace publicidad pagada de su página. No es cara y permite geolocalizarla, así que es muy rentable. Al otro lado, Juan Marín (Ciudadanos) apenas tiene un Twitter reciente, mientras Susana Díaz se reparte entre Twitter y Facebook (como el resto, página en lugar de perfil). Antonio Maíllo, en la línea de IU, presenta una personalización baja. Como ocurre con Díaz y Marín, es el partido el que asume gran parte del aporte digital, apenas con perfil de Twitter y página de Facebook. ¿Y Google+? Irrelevante, con toda la lógica.

 

La frase del día:

@FelipeAlcarazM
Un país donde la juventud no cabe y es maltratada, con un 55% de paro juvenil, es un chiringuito con una bandera.

Lo que pierde a Podemos

José Aguilar | 14 de marzo de 2015 a las 4:34

Sostengo que la mayor debilidad de Podemos, que puede hasta arruinar su fulgurante aparición en escena y, sobre todo, su voluntad de quedarse, no es la frágil candidata que los círculos de Andalucía votaron en contra de la dirección nacional. Ni la impresionante falta de un programa que ofrecer a los andaluces más allá de unas cuantas vaguedades y otras cuantas extravagancias. Ni las primeras manchas aparecidas en su cortísima trayectoria política y escaso recorrido institucional (Errejón y Monedero, dos sospechosos entre cinco o seis jefes superiores). Ni la cruzada de la ultraderecha apocalíptica que, endemoniada ante la mera posibilidad de su acceso a algún ámbito de poder, los pinta cada día como eso, como unos demonios a los que se atribuyen todo tipo de maldades ahora y de males en el futuro.

Lo que puede arruinar a Podemos y convertirlo en flor de un día –de una temporada– es su sospechosa voluntad de cambiar el sistema democrático por otra cosa que no aclaran cuál es. Es decir, su relación con la libertad. En la España de 2015 no puedes dirigir un programa de televisión financiado por Arabia Saudí en el que se obliga a las participantes a taparse el escote ni puedes negarte a condenar en el Parlamento Europeo la existencia de presos políticos en Venezuela, y tratar de arreglarlo diciendo: “No me gusta que detengan a los alcaldes”. ¿Cómo que no te gusta? ¡Oye, que estamos hablando de libertad, no de gustos! Por ahí pierde Pablo Iglesias todo crédito. Y Teresa Rodríguez, claro.

La Giralda sobresalta la plana globalidad

Jesús Ollero | 13 de marzo de 2015 a las 20:07

Miren por donde que, en esta campaña tan global como plana (globalmente plana, en realidad) ya tenemos una primera propuesta capaz de generar debate público. ¿La receta para solucionar el paro? Noooo. ¿Un gran pacto anticorrupción? Qué va. ¿El corte de la cinta de la puerta hacia el fin de la crisis? Ojalá… La expropiación de la Giralda y la Mezquita. ¿? ¿Decepcionado? Espere, que hay más.

Podemos, en su programa electoral para el 22-M, incluye la recuperación para la gestión pública de las inmatriculaciones eclesiásticas acreditadas durante el Gobierno de Aznar (en realidad daban cuerpo jurídico a una realidad atemporal) y señala directamente la Mezquita-Catedral (¿en serio alguien dice eso?) y la Giralda. Como la catarata de reacciones no era suficiente, Vox logró su primer momento de gloria de la campaña con una valoración en vídeo absolutamente asombrosa en la que acusaba a los anticasta de intentar “islamizar” España: “Obediencia a sus amos de Irán”, dice Santiago Abascal en un tube que dio la vuelta al país y que incluye la gran perla: “No queremos que desde la Giralda se arroje a homosexuales o que se les ahorque”. Y el juez-candidato a su lado, impasible, Giralda al fondo. Y Trending topic gran parte del día.

El murmullo en las redes se torna escándalo hasta tapar seriamente la cuestión que sacudió a la Giralda. El cúmulo de barbaridades es muy superior al que pudieran imaginar, y mientras decenas de cuentas (incluidas bots) repicaban el apoyo de Pablo Iglesias a la expropiación, la ira caía sobre Vox, muerto de éxito. Y mientras avanza ese entretenimiento perverso de elevar el listón de las barbaridades desde el pasamontañas del anonimato, se pasa de puntillas por un leve detalle: La Giralda es el campanario de la Catedral de Sevilla. ¡Exprópiese también!

Las frases

@valme_katic
Veo que Giralda es TT y resulta que es por motivos políticos. ¡huye del país!

@TeresaRodr_
El asunto ya no es entre dos en su “y tú más”, sino de dos contra Podemos. Ellos a lo suyo, yo a lo mío: dar paso a la voz de los andaluces.

Chup, chup

Javier Chaparro | 12 de marzo de 2015 a las 11:52

En una entrevista concedida a Paquiño Correal para los periódicos del Grupo Joly hace ahora un año, Luis Bassat, uno de los grandes publicistas españoles y autor del Libro rojo de la publicidad, subrayaba que, a la hora de promocionar un producto, los grandes presupuestos no siempre son garantía de éxito. Como ejemplo, recordaba el fracaso estrepitoso cosechado por un fabricante de chocolate blanco en el lanzamiento de una nueva marca porque el eslogan elegido, Blanca alternativa, no fue entendido por un tercio aproximado de la población, lo que en la práctica venía a suponer ni más ni menos que renunciar por anticipado a un tercio de la clientela potencial. Toda la inversión realizada en la costosa campaña se fue por el sumidero. ¿El mejor eslogan?, fue la siguiente pregunta al experto: Chup, chup, Avecrem, respondió. Una genialidad con su firma. Nada como una onomatopeya sencilla y evocadora para captar de inmediato la atención del cliente, hasta el punto de que éste es capaz de recordarla pasadas varias décadas.
Podemos hizo eslogan de su propio nombre en las elecciones europeas de 2014. El Yes, we can de Obama había mostrado ya antes su eficacia. Los cinco eurodiputados liderados por Pablo Iglesias, salidos casi de la nada e inadvertidos por todas las empresas demoscópicas, constituyeron toda una demostración de fuerza. Ahora, con el tiempo corriendo todavía a su favor, Podemos sigue el ejemplo de Bassat. Tic, tac, tic, tac, proclama Iglesias desde el púlpito. La hora del cambio. Fácil y directo. ¿Quién da más? ¿Quién quiere más? Tan es así que Teresa Rodríguez se permitió el lujo de desmarcarse de todos y no comparecer en el gallinero del debate a siete bandas en Canal Sur. Podemos da a su amplísima clientela lo que ésta reclama. Respuestas simples a problemas complejos, pura demagogia, pero para buena parte del electorado esa apuesta sigue siendo la más creíble, la más fresca. A las caravanas electorales les restan aún bastantes kilómetros que recorrer, pero a este ritmo a algunas se le vas a pudrir el pescado antes de llegar a destino. “En política, nadie le dice al jefe lo que está mal”, fue el titular de aquella entrevista.

La mano abierta

Rafael Ruiz | 23 de marzo de 2012 a las 10:15

DAR la mano es un gesto tan antiguo como el hombre (y la mujer, disculpen) y su significante originario es un dechado de sentido común. El interlocutor no lleva armas, no tiene intenciones violentas, porque su extremidad más poderosa, habitualmente la derecha, está vacía. Si se saluda de esa manera, es que no se lleva una espada, una navaja, un hacha, una piedra con la que partirle la madre al que está en frente.

La mano es, junto al aparato fonador, el órgano electoral por excelencia. Cada candidato dedica muchas horas del día a repartir apretones entre sus interlocutores. Cosifica una realidad propia del proceso electoral: el mismo brazo de la misma persona que firma decretos, redacta leyes o beneficia a los grupos de poderosos se pone a disposición del pueblo llano durante 15 días. Apunta con el dedo, acaricia cabezas de niños inherentemente guapos, palmea espaldas de paisanos.

La mano es símbolo político. “Me fui con el puño cerrado, vengo con la mano tendida”, dijo Rafael Alberti a la vuelta de su exilio por comunista y poeta. El Partido Andalucista celebró su mejor resultado electoral, cinco diputados (uno de ellos procedente de la diáspora de Cataluña), creando su logotipo con otros tantos dedos abiertos. Los socialistas, sabido es, tienen su imagen en un puño y una rosa, al modo francés, desde que se sustituyó el tintero y el yunque del tipógrafo Pablo Iglesias.

La cartelería electoral del PP retrata a Javier Arenas ofreciendo una mano, la derecha, palma hacia arriba, que no se sabe si ofrece cariño o si pide 20 euros para cuadrar el déficit. Los propagandistas populares han iluminado la mano del candidato hasta la saturación, imagen subliminal que quiere decir que el aspirante popular no lleva piedras, ni espadas, ni navajas. Que va de buenas, de guay.

Arenas dice que si gana por el montón de votos que algunos le auguran no va a ejercer una mayoría absoluta de ordeno y mando, que no habrá rodillo, que no cambiará un “régimen” por otro. Con la mano abierta, tendida. Ese viejo truco.