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La prima de riesgo para Rajoy

Alberto Grimaldi | 17 de noviembre de 2011 a las 5:55

TERCER récord por tercer día consecutivo. La prima de riesgo –el diferencial entre la deuda soberana española respecto de la alemana– fijó ayer otra marca máxima: 460 puntos, superando los 455 de anteayer y los 432 del lunes. Basta una idea para entender la importancia de esto: la situación es peor que la que obligó a Rodríguez Zapatero a suspender sus vacaciones en agosto. Sin embargo, ahora, para el Gobierno parece que no es tan grave. Habría que preguntarse ¿por qué?

Puede parecer que el empeoramiento de la situación económica por la crisis de las deudas soberanas en la eurozona es un lastre para el candidato del partido que todavía gobierna. Pero sólo es una percepción engañosa. Para la estrategia seguida en esta campaña por la R de Rubalcaba, que los mercados acosen a España en los últimos días de campaña puede ser el acicate que no halló ni en la mejoría del paro que esperaban ni en el debate.

Las dudas que no logró sembrar sobre qué hará la R de Rajoy en el Gobierno pueden surgir en el electorado porque los mercados, que se mueven por parámetros ajenos a la política interna de España, no se fían de que la situación preelectoral les genere mayor confianza, la palabra que más pronuncia el candidato del PP.

Dicho de otro modo, si con unas encuestas que anuncian una mayoría absoluta que daría manos libres a Rajoy para hacer todas las reformas que considere oportunas, los mercados siguen acosando, el PP tiene un problema serio.

No digo que llegue al nivel del vuelco que produjo la gestión mentirosa de un criminal atentado nunca antes visto, como en 2004, pero sí que puede hacer variar las cosas. Quedan dos días de campaña y de mercados abiertos antes de votar. Y dudo que Rajoy haga algo distinto a lo que ya hemos visto.

Y la cuestión es si importa más en el cuerpo electoral cinco millones de parados que a cuánto está la prima de riesgo.

Palancas de cambio

Alberto Grimaldi | 15 de noviembre de 2011 a las 5:30

ESTA campaña parece una clase de matemáticas: todos los días tenemos variaciones con repetición. Dicho de otra forma, sólo los matices de los sondeos aportan noticias, datos, a fuer de ver a un candidato que se sabe ganador dejando correr el reloj y otro que se sabe perdedor multiplicándose –otra vez el cálculo– como si intentar alcanzar la capacidad divina de la ubicuidad garantizase un mejor resultado.

Las encuestas, digo, coinciden, más allá de distribuir escaños, en una constante: el paro es lo que más preocupa a los españoles, que asumen que la única manera que tienen de reducirlo es agarrarse a una palanca de cambio político que engrane otra velocidad y transmita un giro a la barra de dirección de la economía. Esta convicción está arraigada e incluso votantes de todo espectro ven necesario un Gobierno fuerte para aplicar su receta política, por dura que sea. Los hay también, menos, que no la quieren. Eso explica que a cinco días del fin de la campaña se esté discutiendo más de la magnitud de la mayoría absoluta que de si ésta se produce.

Todo ello entraña un doble riesgo para el PP. El primero y obvio es caer en la euforia y en la relajación, porque son las papeletas en las urnas las que decidirán si se alcanzan o superan los 176 diputados y no las proyecciones demoscópicas. El segundo es mucho más importante. Las palancas de cambio que millones de votantes están dispuestos a darle a la R de Rajoy le dejarán estrecho margen de error como gobernante: o las medidas que toma funcionan o el triunfo que se anuncia será efímero. Para complicar la ecuación, a la incógnita de satisfacer las expectativas ciudadanas se añade la de generar en los mercados la confianza que denuncia que falta con el Ejecutivo actual. Y la prima de riesgo en 432 puntos a cinco días de que España se sume al cambio que pide el PP no es alentador. Aunque quizás sólo sea porque Zapatero, pese a que lo escondan, presumió ufano mirando a Italia de que él sí evitó el rescate.