Archivos para el tag ‘Soraya Sáenz de Santamaría’

Actores secundarios

Antonio Méndez | 10 de diciembre de 2015 a las 9:01

La virtualidad de estas elecciones es que no hay la menor duda de que son unos comicios generales. Lo único que importa es quién gobernará España después del 20-D. El resto es accesorio, lo que provoca que la campaña quede totalmente polarizada por los cuatro contendientes que mediante la combinación de todos los pactos posibles pueden alcanzar La Moncloa.

La evidencia convierte en residual cualquier opinión de los actores secundarios que participan en este envite. Rajoy puede distribuir por toda España a sus ministros, que salvo espectacular metedura de pata, dudo que alcancen algún espacio reseñable en los medios para cubrir políticamente los gastos de sus viajes. Ni Pastor con su plan de infraestructuras del partido, ni Méndez de Vigo reivindicando la Lomce ni Rafael Catalá en su respaldo en Cuenca a la instalación del almacén nuclear. Y dudo que Jorge Fernández concite la atención en Cataluña aunque ha pedido que crezcan los gastos en el Ministerio de Defensa. Ni siquiera a la emergente pepera Andrea Levy le auguro mucho recorrido con su Comparator, un programa que, según explicó, compara programas de los partidos y con el que, supongo, siempre gana el PP, emoticono incluido. Caso aparte es el de Soraya Sáenz de Santamaría, que sigue con sus muestras de versatilidad. Ayer amadrinó a Ulpa, un cachorro de perro Labrador de la ONCE.

El problema aún es más severo para aquellas formaciones a las que mediáticamente ya se las ha eliminado de cualquier posibilidad en esta carrera. Las encuestas siempre realizan un trabajo oscuro pero efectivo a la hora de anticiparse al dictado de las urnas. Alberto Garzón, el candidato de IU, y Andrés Herzog, el de UPYD disfrutaron anoche, por fin, de un debate en prime time en la 1 de Televisión Española. Eso sí, en un guirigay a nueve voces. Fueron los dos únicos aspirantes a presidente del Gobierno que aceptaron medirse contra los penúltimos de la fila enviados por el resto de partidos con representación parlamentaria.

Una de las decisiones más arriesgadas en la historia de la Junta Electoral Central, provocar por esa causa el retraso de la emisión del programa de Bertín Osborne En la tuya o en la mía.

¿Qué es lo que se vota el 20-D?

Rafael Navas | 10 de diciembre de 2015 a las 8:57

Tras los primeros debates han llegado los debates sobre los debates, los debates sobre los debates de los debates y así sucesivamente. Sesudos analistas, sociólogos, expertos en lenguaje gestual y hasta tertulianos del corazón han tratado de interpretar cada mínimo gesto de los candidatos: un pestañeo, un movimiento de pies, una mirada… cómo iban vestidos o cómo iban peinados.

“Soraya ha demostrado empaque porque es la que menos se ha movido y ha aguantado de pie con tacones”, “Pablo tiene solvencia porque habla sin tutubear y mirando fijamente”, “Pedro gesticuló demasiado cuando habló de sus propuestas sobre educación”, “Albert no termina de convencer con sus gestos, un tanto nerviosos, movía mucho los pies”… Vivimos unos tiempos en los que se da más valor a la apariencia que al fondo, a los gestos antes que a la palabra. Sí, la palabra. ¿Alguien se ha parado a escuchar, sólo a escuchar, sin estar pendiente únicamente de cómo se dice lo que se dice?

¿Qué estamos votando el 20-D? ¿Actores? ¿Modelos de revista de moda? ¿Bailarines? Se supone que en estas elecciones está en juego algo más que un modelo de político o incluso las siglas de un partido. Pensaba que teníamos que votar un programa electoral, una manera de hacer política y un equipo de personas. Pero en pocos días nos ha quedado muy claro que no es así. O al menos hay quien pretende, desde dentro y desde fuera de los partidos, que no sea así: que votemos una imagen, una campaña de marketing y una forma de interpretar un discurso, no el discurso en sí y mucho menos lo que hay detrás. Habrá quien diga que la Historia está llena de casos de políticos que ellos solos han ganado unas elecciones por su atractivo personal y su forma de hablar. Es cierto, hay ejemplos. Pero parecía que en esta época en la que somos capaces de reunir tanta información -y con ello capacidad de ser críticos- habíamos superado esos tiempos en los que un rostro bonito, una cara amable, bastaban para llevarse por delante a todo un país.

La muralla

Ignacio Martínez | 9 de diciembre de 2015 a las 6:44

Los partidos emergentes abren brecha en la muralla del bipartidismo. Fueron lo más destacado de un buen debate a cuatro en Atresmedia, sin ganador claro. Triunfó la cadena, con récord de audiencia y publicidad. Y perdió Rajoy, escondido en Doñana. Todos estaban nerviosos, pero se le notó menos a Pablo Iglesias. Albert Rivera pareció más inseguro que de costumbre. Saénz de Santamaría acusó la falta de práctica: en el Congreso siempre tiene la última palabra, sin réplica. Pedro Sánchez habló menos que nadie y no brilló. En el posdebate, como en Gran Hermano, todos atacan al rival que más temen.

A Rajoy y Sánchez les queda un cara a cara el lunes. Un clásico con estrategias distintas. El jefe del PSOE necesita una victoria aplastante, que lo reponga como alternativa creíble. Mientras que el jefe de los populares, en el único riesgo que toma en campaña, buscará una victoria a los puntos, que le permita ser el más votado y blindar el bipartidismo. En su despedida del debate en A3 Iglesias pidió que no se olviden las tarjetas black, los desahucios, Púnica, Gürtel, Bárcenas, los Eres, las preferentes, las colas en sanidad o los recortes en educación. Un remedo del alacrán, el ciempiés, el veneno, el puñal y el diente de la serpiente del poema de Nicolás Guillén. Una pedrada a la muralla del bipartidismo.

“Es muy pequeñina”

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de marzo de 2015 a las 14:35

Soraya Sáenz de Santamaría, con el alcalde de Huelva y Juanma Moreno en el mercado del Carmen. / Foto: Alberto Domínguez Soraya Sáenz de Santamaría, con el alcalde de Huelva y Juanma Moreno en el mercado del Carmen. / Foto: Alberto Domínguez
Perseguir a Soraya Sáenz de Santamaría en campaña es realmente complicado. La vicepresidenta se mueve a ritmo acelerado en sus paseos electorales y complica la opción del retrato. Hace un rato ha estado en el mercado del Carmen de Huelva, donde, a la velocidad del rayo, ha estrechado manos, ha dado besos, se ha hecho algún que otro retrato -eso de los selfies es un horror- y hasta ha tenido tiempo de tomarse una cañita y una tapa de tollo (un derivado del cazón) con tomate en el bar Casa Miguel.

La visita a la plaza -que suena mejor que mercado- transcurrió según lo esperado. A medida que la vicepresidenta pasaba más tiempo en el interior mayor era el revuelo y más posibilidades había de que se formara el taco. A pesar del ritmo de marchadora polaca que imprimía a su caminar, quienes lograban acercarse le decían lo guapa que es, lo que gana en directo respecto a cuando se la ve en la tele, lo bien que lo ha hecho el Gobierno y las ganas que hay de cambio en Andalucía. A uno siempre le queda la duda de si en estas visitas -las de todos los partidos- los elegidos para el beso y la charla forman parte de la plantilla. Como esos policías de las películas que se camuflan entre la gente para detener al malo. Sin embargo, la realidad cambia las cosas e, igual que le pasó ayer a Juanma Moreno en Sevilla, también hubo en este caso afición visitante -por supuesto considerada como topos enviados por los demás partidos por parte de los afectos al PP- que decía por detrás que la cosa está muy mal para tanta visita electoral, que a buenas horas mangas verdes y que más trabajo y menos postureo.

Eso, claro, los que están más movilizados. Que otra cosa son los observadores neutrales y más amantes del morbo. Estos son los realmente buenos, porque son los que se acercan a preguntar quién anda liando tanto jaleo y reciben como respuesta, por ejemplo, que “esta es la muchacha que está con Rajoy”. O los que andan corriendo para hacer una foto y se desesperan porque no hay manera de hacerla porque “es muy pequeñina”. Y pequeñina, pequeñina, la verdad es que la vicepresidenta lo es. Aunque, como dice un parroquiano de Casa Miguel “no se olvide de que los chiquititos matan a los grandes y si no acuérdese de David y Goliat”. Y no seré yo quien ponga en duda que Soraya es capaz de tumbar a Goliat. Que se la ve con mucho mando.