Archivos para el tag ‘Vox’

La trampa absoluta

Manuel Barea | 18 de marzo de 2015 a las 9:36

A unos cuantos de los que estamos aquí haciendo esto que tiene usted ahora entre las manos nos pone que en el Parlamento que salga de las urnas la noche del domingo esté todo quisque. Al menos unos cuantos más que en esa legislatura del PP contra el PSOE e IU enrollados hasta que pusieron fin a su matrimonio de conveniencia. Es puro egoísmo por nuestra parte, desde luego. Es pensando en nuestro trabajo, que será bastante menos aburrido que con la Cámara plomiza y plomazo del anterior periodo. Así que todos para allá, regreso incluido del PA, que nos echa en cara el ninguneo al que lo tenemos sometido, y también los de Vox, con su pose antiautonomista y ultracentralista. ¿Por qué no?

Nos acusarán de promover un gallinero político, de querer levantar un saloon del oeste. El caos. Una situación fuera de control.
Otra vez el miedo.

Cuando, sobre todo los partidos mayoritarios, suplican el voto en masa reclamando la mayoría absoluta como única forma posible de gobernar -ya saben, eso del voto útil- están responsabilizando al electorado de los terribles efectos que tendrá que soportar si no es así: porque consideran que los votantes habrán convertido la región en algo ingobernable.

Pero es una trampa.

Estos partidos, sus líderes, lo quieren a huevo. Cuando les interesa -o sea, sólo en campaña- endosan el marrón de la gobernabilidad a los ciudadanos, olvidando que en realidad son éstos los que aguardan, tras encargarla a los partidos en la proporción que deseen, una óptima gestión de la comunidad. Porque esa gobernabilidad con la que los candidatos se llenan la boca estos días es a partir del 22-M su trabajo, su responsabilidad. Los ciudadanos habrán cumplido con la suya votando lo que la cabeza, el corazón o los bajos les hayan dicho. Y con o sin mayoría absoluta son ellos, los políticos, los que tienen que gobernar. Y bien, sin trampas. Que para eso les pagan.

El mitin de los domingos

Manuel Barea | 16 de marzo de 2015 a las 12:12

David Mamet escribió: “Si a la religión le quitas la fe, te queda una mañana de domingo desperdiciada”. Con la política, que en estos días deja el fanatismo religioso a la altura de un inocente juego de niños, ocurre lo mismo. Hay que creer, y mucho, para echar la mañana dominical en un mitin. ¿Por qué va alguien a algo así, para qué?

A los políticos les ofende que se compare a su partido con una secta. Es su problema. Porque mucho de eso hay en la puesta en escena de los actos multitudinarios -o recogidos- que se celebran estos días para pedir el voto: están los oficiantes y están los acólitos y están los prosélitos y todo es un sí sí sí y un tremolar de banderas y retratos y ovaciones controladas y fanfarria narcotizante y comunión final. Id en paz y votadnos el 22.

Quien va a un mitin va predispuesto. Esto es obvio, porque como creyente va a oír lo que quiere escuchar y no hay lugar para sorpresas ni riesgos, a no ser que te apedreen, como a los de Vox el sábado por la noche en Sevilla. Y cuantos más vayan, mejor, claro. Aquí la estadística es clave, aunque puede darse el caso de que se llene el aforo y no las urnas: entonces es que algo se hizo mal en el mitin… probablemente la música (sí, cada vez estoy más convencido de que hay infiltrados del adversario entre los asesores musicales de los partidos, que buscan quitar votos con el alargue de los preámbulos por el retraso de los oradores amenizando con un inmisericorde bucle sónico al alcance tan sólo de alguien pasado de metanfetamina).

En fin, no estaría mal que a los mítines fueran los seguidores de cualquier otro partido menos del tipo que está en la tarima. No para abuchear ni para dar la bronca, sino para oír. Sin la garantía del aplauso organizado, el político sabría que abajo están los que verdaderamente tienen que ser convencidos, reacios a que les regalen los oídos con cuatro frases huecas y vendiendo muy caros los vítores y las palmas.

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La Giralda sobresalta la plana globalidad

Jesús Ollero | 13 de marzo de 2015 a las 20:07

Miren por donde que, en esta campaña tan global como plana (globalmente plana, en realidad) ya tenemos una primera propuesta capaz de generar debate público. ¿La receta para solucionar el paro? Noooo. ¿Un gran pacto anticorrupción? Qué va. ¿El corte de la cinta de la puerta hacia el fin de la crisis? Ojalá… La expropiación de la Giralda y la Mezquita. ¿? ¿Decepcionado? Espere, que hay más.

Podemos, en su programa electoral para el 22-M, incluye la recuperación para la gestión pública de las inmatriculaciones eclesiásticas acreditadas durante el Gobierno de Aznar (en realidad daban cuerpo jurídico a una realidad atemporal) y señala directamente la Mezquita-Catedral (¿en serio alguien dice eso?) y la Giralda. Como la catarata de reacciones no era suficiente, Vox logró su primer momento de gloria de la campaña con una valoración en vídeo absolutamente asombrosa en la que acusaba a los anticasta de intentar “islamizar” España: “Obediencia a sus amos de Irán”, dice Santiago Abascal en un tube que dio la vuelta al país y que incluye la gran perla: “No queremos que desde la Giralda se arroje a homosexuales o que se les ahorque”. Y el juez-candidato a su lado, impasible, Giralda al fondo. Y Trending topic gran parte del día.

El murmullo en las redes se torna escándalo hasta tapar seriamente la cuestión que sacudió a la Giralda. El cúmulo de barbaridades es muy superior al que pudieran imaginar, y mientras decenas de cuentas (incluidas bots) repicaban el apoyo de Pablo Iglesias a la expropiación, la ira caía sobre Vox, muerto de éxito. Y mientras avanza ese entretenimiento perverso de elevar el listón de las barbaridades desde el pasamontañas del anonimato, se pasa de puntillas por un leve detalle: La Giralda es el campanario de la Catedral de Sevilla. ¡Exprópiese también!

Las frases

@valme_katic
Veo que Giralda es TT y resulta que es por motivos políticos. ¡huye del país!

@TeresaRodr_
El asunto ya no es entre dos en su “y tú más”, sino de dos contra Podemos. Ellos a lo suyo, yo a lo mío: dar paso a la voz de los andaluces.

Las señoras primero

Pablo Bujalance | 9 de marzo de 2015 a las 4:26

EN el fabuloso cómic de Goscinny y Uderzo Astérix en Córcega, los corsos del siglo I a. C. escogían a sus gobernantes mediante un curioso sistema democrático. Primero, se procedía a una votación en las urnas, en las que los electores depositaban las papeletas con los nombres de sus candidatos. Después, una vez que las urnas estaban llenas, se arrojaban al mar. Y, por último, se elegía al jefe en cuestión en un combate a navajazos. El sufragio, eso sí, no era universal: las mujeres esperaban en sus casas a que sus maridos resolvieran sus cosas y regresaran a cenar, si es que regresaban. Veinte siglos después, Victoria Kent pedía tiempo para que se aplicara el sufragio femenino, temerosa de que las mujeres votasen lo que les recomendaban sus confesores; pero, a decir verdad, si por ello fuera la restricción del voto no debería establecerse a tenor del género; y sí, ya hablo del presente, donde la emancipación y la autonomía de los espíritus y las voluntades sigue siendo una quimera, por más que ahora cada cual pueda sentirse un estadista a base de Twitter. La disciplina de partido va más allá del Hemiciclo. Y aquí sí que no hay distinción entre varones y mujeres.

Pero ayer fue el Día Internacional de la Mujer, y tocaba a los candidatos ponerse cándidos y demagogos. Sensibilidad hubo mucha, a raudales. Promesas, unas cuantas. Medidas y soluciones reales para terminar con la desigualdad, más bien pocas. Claro que si Susana Díaz se pone por montera su empeño en ser la primera presidenta andaluza escogida en las urnas, pues tendrá que ganárselo: también se lo pudo haber propuesto mucho antes. Eso sí, no todo el mundo parece tan sensible. En las redes ha circulado recientemente un feo montaje visual con el sello de Podemos en el que aparece la misma Susana Díaz vejada hasta lo intolerable. Y Vox ha acuñado el lema electoral Métesela doblada. Se refieren a la papeleta. Ah, bueno. Por machos, que no quede. Viva España, y las señoras primero.