La mar de Historias

Otro Baleària

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de julio de 2020 a las 10:29

El 15 de febrero de 1980, los astilleros Wärtsilä Perno ubicados en la localidad finlandesa de Turku botaban un ferry que fue bautizado como Viking Song. Adscrito a la compañía Rederi Ab Sally, vinculada con la naviera finesa Viking Line, este barco comenzaba a navegar el 30 de agosto de ese mismo año en una línea regular entre Helsinki y Estocolmo.

Y mientras esto ocurría y este recién estrenado ferry surcaba los mares nórdicos, aquí, cubriendo la ruta de Melilla, los recordados Antonio Lázaro y Vicente Puchol, unos barcos construidos respectivamente en 1968 y 1969, seguían navegando a la espera de ser sustituidos.

Pero regresando a nuestro protagonista de hoy, tras cumplimentar cinco años en estas singladuras, la biografía del Viking Song comenzó una muy singular trayectoria repleta de ventas y alquileres. Tras ser renombrado como Braemar, Báltica, Anna Karenina y Anna K, en 1996, este ferry de 145 metros recibía el nombre de Regina Báltica; una denominación con la que desde entonces ha navegado para muchas y muy diferentes compañías.

Con peculiaridades tales como haber sido usado para el transporte tropas rusas durante un tiempo, haber sufrido un grave incendio o haber sido alquilado por la OTAN además de ser usado en varias ocasiones como un hotel flotante, este ferry que ha navegado bajo seis banderas diferentes, en 1997 era adquirido por Baleària, convirtiéndose en aquel momento en el buque con mayor capacidad de pasaje de esta naviera española. Mantenido a fecha de hoy este récord, el veterano Regina Báltica que puede embarcar, según datos de la naviera, a un total de 1.675 pasajeros, hace unos días llegaba al puerto de Málaga para, de una forma provisional y tras haber permanecido durante seis meses parado en aguas valencianas, hacerse cargo de la ruta del mar de Alborán.

Mostrando su matrícula chipriota y la imagen de un ferry propio del norte de Europa con cuarenta años de edad, el Regina Báltica se convierte en el undécimo buque de Baleària que desde el 19 de diciembre de 2016 ha cubierto desde Málaga la línea melillense.  Todo un récord que tal vez, en no demasiado tiempo, nos permitirá ver otros barcos de esta naviera en aguas malagueñas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAREGINA BALTICA en su primera entrada a Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de julio de 2020.

El barco pedrero

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de julio de 2020 a las 7:21

Si han estado en la playa de La Malagueta o han paseado por su paseo marítimo, tal vez se habrán fijado en un extraño barco que desde hace días permanece fondeado en la bahía. Luciendo el nombre Simon Stevin, el de un científico belga que vivió entre 1548 y 1620, este buque abanderado en Luxemburgo, está clasificado como Pull Pipe & Mining; una denominación que podríamos traducir calificándolo como un buque pedrero, le explico.

Construido en los astilleros vizcaínos La Naval entre 2007 y 2009, este barco entregado en febrero de 2010 a la compañía belga Jan de Nul, realiza trabajos de carga y depósito de rocas y piedras en los fondos marinos empleando un sistema de tubería de descarga vertical para cubrir zanjas a una profundidad máxima de 2.000 metros. Esta labor, que suele el complemento en la instalación de sistemas de cableado y gaseoductos necesita del uso de un barco con unas características muy especiales.

Considerado como el barco pedrero más grande del mundo, el Simon Stevin, de 191 metros de eslora y 40 de manga, dispone de dos tolvas que le permiten almacenar un total de 33.500 toneladas de piedras; una capacidad que se gestiona en las operaciones de carga y descarga gracias a dos grandes grúas y dos cintas transportadoras que facilitan el movimiento de esta carga.

Pero con independencia de estos elementos, sin duda alguna, lo más interesante de este barco es su sistema de tubería de descarga; un sofisticado mecanismo que permite alojar las piedras casi de forma milimétrica en el fondo marino. Acoplando en vertical segmentos de 12 metros, el Simon Stevin puede montar 180 tramos de una tubería de 100 centímetros de diámetro en menos de seis horas; una longitud similar a la de un edificio de ocho plantas por donde se deslizan piedras de hasta 40 centímetros de diámetro.

Disponiendo, y esto es fundamental, de un sistema de posicionamiento dinámico que lo mantiene inmóvil en un punto de la mar aún con olas de 4,5 metros, este buque, que además lleva un helipuerto, puede embarcar a 70 personas repartidas en sus siete cubiertas.

Un tipo de barco que nunca hasta la fecha había venido a Málaga y que desde hace unos días permanece fondeado en la bahía esperando órdenes.

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Simon Stevin 2-VII-20 Dani (5)Buque pedrero SIMON STEVIN fondeado en la bahía.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de julio de 2020.

Piedras preciosas

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de junio de 2020 a las 8:24

Con el horizonte crucerístico aún lejos de Málaga, hoy les contaré la historia de tres históricos barcos; un terceto que hace ya algunos años pasó por las aguas malacitanas. Luciendo todos denominaciones de piedras preciosas o semipreciosas: The Topaz, The Emerald y Sapphire, cumplimentaron entre 1997 y 2001 una serie de escalas bajo la contraseña de una misma compañía; una naviera que muchos años más tarde regresaría al puerto de Málaga con unos buques de crucero nada parecidos a aquellos clásicos.

Atendiendo a su fecha de llegada,  en 1997, el primero que nos visitó fue The Emerald que, en una primera escala de 17 horas atracó en el pantalán de levante. Luciendo la marca de Thomson Holidays (lo que ahora es Thomson Cruises), este buque construido en Estados Unidos en 1958, tras operar como un barco de línea con el nombre Santa Rosa y ser reconvertido en buque de crucero en 1990, llegaba a Málaga tras haber navegado con cinco nombres diferentes. Cumplimentada aquella escala, la esmeralda efectuó otras cuatro más, siendo su última visita la realizada en agosto de 2001.

Y mientras The Emerald seguía en activo, en abril de 1998 el puerto malagueño recibió a The Topaz. Construido en escocia en 1955 y bautizado como Empress of Britain, este barco acristianado por la reina Isabel II de Inglaterra, tras cumplir una larga carrera como buque de línea se reconvertía en un barco de turistas en la década de 1970.  Habiendo lucido hasta entonces cinco nombres diferentes, lo mismo que The Emerald, el topacio realizó una única escala en Málaga; un prolongado atraque de 18 horas y 30 minutos en el muelle número dos.

Construido entre 1965 y 1967 en Italia como un buque de crucero, el Sapphire apareció por primera vez por aguas malagueñas mayo de 1999. Con la particularidad de haber navegado desde que fue bautizado con el nombre Italia con siete nombres distintos, este buque, que en 1993 se hundió en el Amazonas y fue reflotado, se posicionaba en Málaga para cumplimentar una campaña crucerística de 27 escalas; una temporada que repetiría con tres visitas en el año 2000.

Tres clásicos de otra época que pasaron por Málaga cuando la industria crucerística era muy diferente a la de ahora.

Sapphire - copiaSAPPHIRE en una de sus escalas malagueñas.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 30 de junio de 2020.

El último velero

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de junio de 2020 a las 8:35

Aunque ya les he contado la historia de este barco, hoy retomo su biografía para narrarles un hecho vivido en aguas malacitanas hace ahora tres meses. Convertido en uno de los veleros más asiduos a los mulles malagueños en las últimas décadas, el Pogoria, constituye uno de los más destacados ejemplos de una filosofía de vida estrechamente vinculada a la mar.

Construido en 1980 en los astilleros Lenin de Gdansk, este bergantín goleta de tres mástiles de 48 metros de eslora y 290 toneladas de registro bruto,  comenzaba su carrera de la mano un muy interesante proyecto fundando en Polonia en 1971; una experiencia muy habitual en algunos países del norte de Europa, en los cuales, la educación de los jóvenes se complementa con diferentes periodos de vida en la mar.

Integrado en la delegación polaca de la Sail Training Association, una institución marítima educacional que embarca temporalmente a estudiantes, nuestro protagonista de hoy, además de realizar rutas por todo el mundo, desde sus inicios participó en las más significativas regatas internacionales.

Y aunque con anterioridad ya había visitado Málaga, su más recordada estancia fue la que durante algunos días lo mantuvo atracado en el muelle número uno con motivo de la celebración en julio de 2002 de la regata Cutty Sark; una mítica carrera de barcos de vela que este buque ganó en 1999.

Tras aquella escala, con posterioridad, el Pogoria ha frecuentado en muchas ocasiones las aguas malacitanas; unos atraques de inicio o final de navegaciones donde también se ha podido ver cómo los escolares reciben sus primeras enseñanzas náuticas antes de comenzar sus singladuras.

Ante esta habitualidad, el pasado 14 de marzo, este velero llegaba de urgencia al puerto malagueño. Con la prohibición establecida por el gobierno de España dos días antes para que ningún buque pudiera desembarcar pasajeros, el Pogoria, acogido a una excepción que, ya en estado de alerta por el coronavirus,  permitía desembarques antes del 15 de marzo, atracaba en el muelle número uno para quedarse tan sólo con su tripulación.

Cumplida esta operativa, el Pogoria salía día 15, siendo el último gran velero que ha surcado las aguas malagueñas desde entonces.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPOGORIA  desembarcando pasajeros atracado en el muelle uno.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 23 de junio de 2020.

 

Ferris y repatriados

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de junio de 2020 a las 11:41

Cuando pasen algunos años y la pandemia provocada por el coronavirus solo sea un mal recuerdo, aparecerán de una forma documentada las muchas historias que se vivieron durante estos meses. En lo que hace referencia al puerto de Málaga, además de las narraciones de los tráficos y de las dificultades económicas, tendrán un especial protagonismo los viajes de repatriados que llegaron procedentes de Tánger.

Y si bien el puerto de Málaga no es la primera vez que recibe personas repatriadas; habría que remontarse a los muchos buques que trajeron a militares cuando se perdieron las colonias de Cuba y Filipinas, las llegadas de estas últimas semanas, repletas de historias personales de gentes atrapadas en un país extraño durante una alerta sanitaria, constituyen uno de los más significativos acontecimientos vividos por el puerto malacitano en lo que llevamos de siglo XXI.

Frente a estas circunstancias y manteniendo en la intimidad las muchas experiencias vitales de los repatriados, quizás sería bueno dar protagonismo a los barcos que han realizado estos viajes; unos buques muy diferentes a los que se vieron en similares circunstancias hace ahora 122 años.

Otorgadas estas navegaciones a las compañías Balerària y Trasmediterránea, tres han sido los barcos que hasta el momento han realizado estos viajes; unas rutas que Baleària, la cual ha llevado la mayor parte de peso de estas operaciones, ha gestionado con los ferris Martín i Soler y Bahama Mama, mientras que Trasmediterránea ha cubierto con el catamarán rápido Ciudad de Ceuta.

Y aunque podría contarles muchas cosas de estos barcos, les diré que dos de ellos participan de una coincidencia; un hecho que, relacionado con el puerto malagueño, significa aún más su participación en estos viajes especiales.

Atendiendo a la cronología de las llegadas, la primera la realizó el ferry Martín i Soler de Baleària que se estrenaba en aguas malacitanas. En una similar circunstancia, el catamarán rápido de Trasmediterránea Ciudad de Ceuta, que con anterioridad ya había visitado este puerto como Milenium Dos, también realizaba su primer atraque.

Dos primeras visitas en unos viajes que ya forman parte de la historia del puerto malagueño.

Martín i Soler repatriados Tánger 21-V-20 (11)MARTÍN i SOLER.

Ciudad de Ceuta 1ª VEZ repatriados móvil 10-VI-20 (2)CIUDAD DE CEUTA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 16 de junio de 2020.

Registro bruto

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de junio de 2020 a las 13:10

Hoy comenzaré dándoles la definición de un término muy significativo a la hora de hablar de un barco. El arqueo o registro bruto, medido en toneladas, es la capacidad o volumen total de todos los espacios que se encuentran por debajo de la cubierta superior de un buque más los espacios cerrados que se disponen en la superestructura. Y si bien este dato tiene mucha utilidad para diferentes asuntos marítimos y portuarios; es determinante para las medidas de seguridad, el número de tripulantes o las tarifas portuarias entre otras muchas cosas, el GT (del inglés gross tonnage), nos da una idea el tamaño del barco en conjunto.

Hecha esta explicación y antes de hablarles del protagonista de esta columna, les mencionaré algunos de los buques con mayor GT registrados en los últimos tiempos. Con un registro bruto de 403.342 toneladas y una longitud de 382 metros, en el primer puesto de esta lista se encuentra el buque Pioneering Spirit dedicado desde 2016 a trabajar en la construcción y desmantelamiento de plataformas de petróleo y gas. Con una eslora de 380 metros y un registro bruto de 236.638 toneladas, el segundo puesto internacional lo ocupa el tanque químico FSO Asia, seguido por el portacontenedores MSC Gülsün de 232.618 toneladas de GT y 399 metros.

Vistos estos barcos y sin olvidarnos del buque de crucero Harmony of the Seas que, en sus dos visitas malagueñas mostró su registro de 226.838 toneladas (el mayor hasta la fecha de un buque de crucero), ahora les contaré el atraque que hace unos días tuvo el puerto malagueño.

Procedente de La Coruña y con destino a Cartagena, el muelle número siete albergó al bulk carrier Spring Glory que, consignado por la agencia Servimad Global, llegaba para descargar 14.500 toneladas de soja. Y aunque no se trató de la operativa más grande, este año un barco ya descargó 33.000 toneladas de granel agroalimentario, la presencia del Spring Glory destacó por ser la del granelero con mayor registro bruto que ha estado en las aguas malacitanas en los últimos años. Con un GT de 51.265 toneladas y 229 metros, a estos números habría que añadir el récord de tener 38 metros de manga; una anchura que nunca se había visto en un barco de estas características.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERASPRING GLORY atracado en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 9 de junio de 2020.

El Lonero

Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de junio de 2020 a las 11:20

Hace unos días, encontré un curioso documento que tenía olvidado en mi archivo. En esta reseña portuaria, se mencionaba con nombre apellidos a un estibador malagueño que desempeñaba una curiosa labor a pie de muelle.

Pero antes de hablarles de este señor, les contaré, aunque de esto ya he escrito en algunas otras ocasiones, cómo y cuándo apareció el término estibador en los puertos españoles. Mucho tiempo atrás, y podríamos remontarnos varios siglos, a pie de muelle existían múltiples personas encargadas de cargar y descargar barcos. En una reseña malagueña del siglo XVII, en los muelles malacitanos trabajaban en estas labores los palanquines, los cargadores y descargadores y los barqueros; unos oficios regulados que, con licencias especiales, sólo permitían a sus beneficiarios los trabajos que sus papeles les autorizaban.

Relajada aquella estricta jerarquía laboral, a finales del siglo XIX, los cargadores, denominados así sin especificar nada más, comenzaron a prescindir de aquellas licencias; un hecho que permitió que muchas más personas pudieran trabajar en los muelles. Manteniéndose las collas, los tradicionales grupos de trabajo al mando de un capataz, el intrusismo, ya entrado en siglo XX, propició en 1929 la creación de la Federación Nacional de Entidades Obreras de los Puertos de España; una agrupación que comenzó a funcionar en los muelles malagueños en 1931.

Organizado el trabajo, los cargadores (a partir de esa fecha ya se podría hablar de estibadores), unificaron sus cometidos para que cualquier miembro de una colla pudiera hacer lo que hiciera falta en las labores de la carga y descarga de barcos.

En esta coyuntura, volveré a nuestro protagonista de hoy, un malagueño de 32 años llamado Miguel López; un trabajador que en 1934 cargaba y descargaba barcos en los muelles malacitanos. Integrado en la colla de ‘el peinao’, este era el nombre su capataz, Miguel, además de otras muchas labores era ‘lonero’, un término inexistente en la lengua española que, en el coloquial portuario de Málaga, designada al encargado de cubrir y descubrir con lonas las mercancías que, depositadas en los muelles habían sido descargadas o estaban listas para cargarse.

carga generalCargas cubiertas con lonas en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 2 de junio de 2020.

De récord

Juan Carlos Cilveti Puche | 26 de mayo de 2020 a las 11:39

El lunes 7 de noviembre de 2016, el puerto de Málaga vivió una jornada histórica. En aquel día, tres de los cinco buques de crucero que hicieron escala en aguas malagueñas pertenecían a una misma compañía; una naviera, Holland America Line, muy asidua al puerto malacitano.

Realizando tres viajes trasatlánticos, y esta es otra significativa coincidencia, los buques Prinsendam, Oooesterdam y Eurodam compartieron unas horas juntos; una circunstancia de récord que aún no se ha superado.

Y aunque existen algunos antecedentes cercanos relacionados con Trasmediterránea, que sí ha congregado en varias ocasiones a tres de sus barcos, la circunstancia de que todos ellos estuvieran en activo nunca se ha dado.

Frente a este hecho, hace unos días, el puerto tuvo la suerte de ver nuevamente juntos a tres barcos de una misma naviera; tres ferries de la flota de Baleària que coincidieron juntos durante unas horas.

Después de haber realizado un viaje desde Tánger para traer a repatriados que, debido a la crisis del coronavirus se había quedado en el reino marroquí, el buque Martín i Soler llegaba trayendo a su bordo a personas de diversas nacionalidades. Cumplimentada la operativa de desembarque en el atraque donde siempre opera Baleària, este buque de 165 metros construido en Vigo 2009, tras quedar libre de pasajeros y vehículos pasaba al muelle de levante a la espera de órdenes.

Al día siguiente, cubriendo su habitual ruta melillense, entraba a aguas malagueñas el ferry Dénia Ciutat Creativa. Amarrado en el muelle número cuatro, un lugar nada usual para este tipo de barcos, una hora después de su llegada, el Dénia recibía a otro de sus hermanos de naviera, el Bahama Mama que, procedente de Tánger con españoles a bordo culminaba otro viaje de repatriados atracando en el muelle 3-A3.

Con el añadido de que la visita del Martín i Soler era la primera que este buque realizaba al puerto, la jornada del pasado viernes 22 de mayo constituyó todo un acontecimiento; un día con tres barcos de una misma naviera que, en unas circunstancias muy diferentes a las que vivieron de los buques de crucero de Holland America Line o la de los ferries de Trasmediterránea ya es historia del puerto malagueño.

Bahama Mama repatriados 22-V-20 (10)BAHAMA MAMA entrando en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 26 de mayo de 2020.

El regreso del FESTIVO

Juan Carlos Cilveti Puche | 19 de mayo de 2020 a las 12:34

El martes 10 de abril de 2012, procedente de Estocolmo llegaba al puerto malacitano el buque de carga rodada Festivo. Atracado en el muelle 3A-3 y tras haber permanecido varios días fondeado en la bahía, este barco, comprado por la naviera malagueña Marítima Peregar, venía para sustituir al Isla de los Volcanes en la ruta entre Málaga, Ceuta y Melilla.

Construido en 1979 en los astilleros suecos Karlskronavarvet con el nombre Baltic Press, este buque de 6.413 toneladas de registro bruto y 136 metros de eslora, en 2008 era rebautizado como Festivo, realizando desde entonces diferentes recorridos en línea regular con carga rodada tanto por el norte de Europa como por el Mediterráneo. Mantenido su nombre y tras cambiar el registro gibraltareño por el de Las Palmas de Gran Canaria, el 11 de mayo de 2012, un mes después de su llegada, el nuevo buque de Marítima Peregar iniciaba sus singladuras.  Con algo más de 1.100 metros lineales de carga que le permiten albergar en sus dos cubiertas a un máximo de 72 remolques estándar, este barco, con mejores características que sus anteriores hermanos de naviera, ha cubierto desde entonces estas rutas norteafricanas transportado todo lo que un barco de estas características puede cargar.

Con el añadido de haber sido un habitual rescatador de pateras, especialmente en los años 2017 y 2018, el Festivo, sin dejar sus navegaciones, en 2019 amplió sus singladuras cubriendo una línea entre Algeciras y Ceuta. Mantenido un intenso ritmo de trabajo que solo le permitía venir a Málaga los fines de semana, el buque de Marítima Peregar, ante la crisis provocada por el coronavirus, cancelaba a finales de abril de forma temporal sus llegadas malagueñas. Transportando productos de primera necesidad a las Ciudades Autónomas (entre otras muchas cosas este buque ha llevado oxígeno o gas butano doméstico e industrial), el Festivo, tras algo más de un mes sin venir por Málaga, regresa ahora a sus habituales escalas de fin de semana. Con la intención de mantener estas llegadas malagueñas que, en un principio parece que se realizarán cada 15 días, este buque vuelve a su habitual atraque del muelle de Heredia; un feliz regreso tras algunas semanas fuera de casa.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERABuque de carga rodada FESTIVO.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 19 de mayo de 2020.

El SOVEREIGN

Juan Carlos Cilveti Puche | 12 de mayo de 2020 a las 10:24

Cuando toda vuelva a la normalidad, entre las múltiples historias portuarias que sobrevivirán a la crisis del coronavirus, destacará la de la larga estancia en aguas malagueñas del buque de crucero Sovereign. Y aunque esta aventura iniciada el 21 de marzo aún no ha escrito su final (ya habrá tiempo para hacerlo cuando concluya), hoy les contaré la historia malagueña de este barco antes de que, de arribada, quedara parado en el puerto malacitano.

Encabezando una ambiciosa serie de tres buques gemelos: la Clase Sovereign, nuestro protagonista de hoy, construido por encargo de Royal Caribbean en los astilleros franceses Chantiers de l’Atlantique, tras ser botado en abril de 1987, un día después de su bautizo como Sovereign of the Seas comenzaba su vida de mar realizando un viaje inaugural iniciado el 16 de enero de 1988. Ostentando en aquella fecha el título del barco de turistas más largo de la flota crucerística internacional, el Sovereign of the Seas de 268 metros de eslora, nada más comenzar su carrera fue multado con 9 millones de dólares por realizar unos vertidos en las aguas jurisdiccionales de los Estados Unidos. Después de navegar años por el caribe, en 2004, este buque se popularizó por unos reportajes que contaban cómo se le realizó una reforma en dique seco. Tras aquello, y después de cambiar su registro noruego por el de Bahamas, en 2008 fue transferido a Pullmantur Cruises que lo rebautizó como Sovereign.

Ya con esta compañía, su primera escala malagueña la realizó en noviembre de 2011 atracando en el muelle norte de la estación marítima de levante. Tras aquella visita, la siguiente, luciendo ya en su casco el color azul y el nuevo logotipo de Pullmantur, se produjo en octubre de 2013; un amarre al que le sucedieron 11 más hasta julio de 2016, última fecha en la que este barco tocó aguas malacitanas con pasajeros.

Convertido en escenario cinematográfico para los rodajes de una película de Bollywood en 2014 y una comedia española estrenada en 2018, el Sovereign, que parado en Málaga fue el que inició las pitadas solidarias que todos los días se escuchan en el puerto a las ocho de la tarde, espera cuándo volverá a la normalidad; una circunstancia que aún parece algo lejana.

Sovereign 21-XI-11 1º Vez9SOVEREIGN en su primera escala en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 12 de mayo de 2020.

Aplausos

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de mayo de 2020 a las 10:05

Después de haberles contado cuatro historias marítimas relacionadas con el estado de alerta que estamos viviendo, hoy, quiero terminar esta serie de narraciones hablándoles de los aplausos. Entendidos como una señal de aprobación o entusiasmo, estos palmoteos que se han convertido en unas emotivas pruebas de agradecimiento, en el mundo de la mar y los barcos también tienen su cabida.

Pasando por las ovaciones que reciben todos los buques cuando son botados y bautizados, los aplausos más habituales en la mar suelen darse en los barcos de turistas; unos alegres signos de aprobación que atienden a las muchas y muy diferentes actividades que a diario se escenifican a bordo. Con la imagen de esos camareros que, entre las mesas en los grandes restaurantes de los más afamados buques de crucero aplauden tras la cena o las inolvidables escenas de la serie televisiva Vacaciones en el mar en las que los pasajeros, envueltos en serpentinas, daban palmas al inicio de su viaje, hoy les referiré dos curiosas historias de aplausos vividas en aguas malacitanas.

Corría mayo de 2008, y compartiendo estancia con el buque finlandés Kristina Regina, llegaba por primera vez al puerto malagueño el Asuka II.  Cargado de turistas japoneses, este barco de bandera nipona que realizaba una vuelta al mundo, fue agasajado con una muy especial recepción. En la escala, unas señoritas ataviadas con trajes de flamenca repartieron a todos los viajeros un clavel; un obsequio que se vio correspondido con infinidad de reverencias. Ya con algunos pasajeros en tierra, las flamencas comenzaron a bailar y los turistas asiáticos, que atendieron el espectáculo con un respetuoso silencio, prorrumpieron con unos cálidos y prolongados aplausos cuando el acto finalizó.

Unos cuantos años antes, en concreto en abril de 2000, otro buque japonés, el Nippon Maru, realizaba su primera visita malagueña. Sin bailes regionales a pie de muelle y mientras el barco deja su amarre en el muelle número dos, todos los turistas, capitaneados por una serie de animadores, realizaron una singular danza en la cubierta de botes; una coreografía donde los pasajeros se despedían aplaudiendo a la ciudad que les había recibido.

OLYMPUS DIGITAL CAMERANIPPON MARU en su primera escala malagueña en el año 2000.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 5 de mayo de 2020.

Balcones

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de abril de 2020 a las 10:38

Convertidos desde hace semanas en unos espacios domésticos muy relevantes, el confinamiento que estamos viviendo ha dado un especial protagonismo a los balcones. Con el recuerdo de nuestras madres y abuelas asomadas y el reencuentro que muchos de nosotros hemos tenido con ellos para salir a aplaudir o para airearnos, hoy les relacionaré los balcones con el mundo de la mar y los barcos.

Entendiendo que un balcón es un espacio exterior con barandilla, en los barcos, los cuales disponen de muchos espacios similares que podrían atender a esta definición, estos miradores privados siempre han estado vinculados a los camarotes; una circunstancia que se ha convertido en un muy significativo reclamo desde que existe la industria crucerística.

Así pues, y pasando muy de puntillas por las imágenes de aquellos trasatlánticos reconvertidos en barcos de turistas en los que no había ni un solo balcón, hoy día, los modernos buques de crucero se han transformado en barcos literalmente forrados de miradores donde se pueden encontrar rarezas y, si me permiten la expresión, excentricidades.

Con el recuerdo de buque de crucero Island Escape que en una de sus visitas malagueñas de 2012 llegaba estrenando unos extrañísimos balcones añadidos, los más singulares miradores a flote forman parte de las más modernas construcciones crucerísticas.

Dejando a un lado lo que de romántico tiene un balcón mirando al mar, lo lógico por otra parte en un barco, los buques de la Clase Oasis de Royal Caribberan han dado una vuelta de tuerca a esta circunstancia, ofreciendo en sus buques camarotes con balcones interiores que se abren a una concurrida y bulliciosa calle interior o a un jardín con especies botánicas de todo el mundo.

Y si esto les parece algo verdaderamente singular, les diré que el buque de crucero Sky Princess, que visitó por primera vez Málaga en noviembre de 2019, dispone del balcón más grande de la flota crucerística internacional; un espacio de 94 metros cuadrados que proporciona una visión de 270 grados.

Dicho esto, quizás, lo más curioso del tema sean las múltiples restricciones que existen sobre los usos que los pasajeros pueden dar a los balcones de sus camarotes; unas prohibiciones sancionadas con multas como la que debieron pagar aquellos turistas Costa Deliziosa que, con un cordel tendieron algunas prendas de ropa en su mirador privado en una escala malagueña en diciembre de 2012.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARopa tendida en uno de los balcones del COSTA DELIZIOSA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de abril de 2020.

Aburrimiento

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de abril de 2020 a las 10:16

Hoy les hablaré del aburrimiento. Inmersos en muchos días de confinamiento y con la esperanza de una lucecita que parece atisbarse al fondo del túnel, siguiendo con mis historias de estas últimas semanas, les contaré varios asuntos que tiene relación con la sensación de sufrir un estado de ánimo producido por la falta de estímulos, diversiones o distracciones. Y aunque en los tiempos que vivimos, un confinamiento no debería producir aburrimiento (todos tenemos suficientes estímulos, diversiones y distracciones a nuestro alcance), la obligada reclusión, en muchos casos, nos está llevando a estados de cansancio, apatía o monotonía.

En el mundo de la mar y los barcos, siempre se ha dicho que los marinos, entre otros muchos males, han sufrido el mal del aburrimiento; una circunstancia provocada por muchos días de aislamiento en los que se vive con un muy limitado número de personas en un espacio reducido.

Y aunque quizás esté entrando en el campo de los tópicos o les hable de épocas ya superadas, el primer antídoto en la mar frente al aburrimiento siempre ha sido el alcohol. En un segundo puesto, la pornografía, probablemente de la mano de alguna que otra bebida, constituya un segundo elemento de evasión; un agarradero para soportar las interminables travesías marítimas.

Y si bien el aburrimiento de los marinos también se ha paliado en buena medida con la lectura, hoy les contaré una curiosa distracción que relacionaré con el puerto malagueño.

Desde mediados de la década de 1980, las aguas malacitanas recibieron con mucha asiduidad a unos barcos de bandera rumana. Bautizados siempre con nombres que comenzaban por Tirgu, los Tirgu Ocna, Trotus, Frusmos, Bujor y Secuisec, descargaron clínker hasta 1997 usando habitualmente los muelles seis y siete.

Complementando con toda seguridad los antídotos ya mencionados, los marinos rumanos de estos barcos, además, combatían el aburrimiento realizando pequeños modelos de veleros; unas maquetas no demasiado bien fabricadas que intentaban vender y, en algunos casos concretos vendieron, a los portuarios malagueños. Una curiosidad que, formando ya parte de la historia marítima malacitana, ilustra a la perfección el tema del aburrimiento.

maqueta-de-barcoModelo similar a los que vendieron los tripulantes de los TIRGU en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de abril de 2020.

Confinamiento

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de abril de 2020 a las 8:42

Por tercera semana consecutiva, hoy les contaré una nueva historia marítima malagueña que, directa o indirectamente,  tiene relación con la crisis que estamos viviendo. Tras hablarles del deporte y la comida, en esta ocasión me referiré al confinamiento; una circunstancia que conocen muy bien los hombres de la mar.

Después de haber visto y oído en diferentes medios las experiencias de las tripulaciones de los submarinos, hoy les traigo la vivencia de un capitán de barco al que conocí hace ya muchos años. En su tercera escala malagueña, corría el mes de agosto de 1998, el muelle número dos recibió al buque de crucero Albatros.

Con la posibilidad de visitarlo, aquel recorrido me dejó sorprendido, ya que estaba a bordo de un barco de otra época; un buque reconvertido décadas atrás al mercado crucerístico muy diferente a los que por entonces realizaban itinerarios turísticos.

Construido entre los años 1956 y 1957 en los astilleros escoceses John Brown & Co., este barco formó parte de una serie de cuatro gemelos que, encargados por la compañía Cunard Line, cubrieron la línea trasatlántica entre Liverpool y Montreal.

Tras visitar con anterioridad Málaga como Sylvania (su nombre original), y hacerlo también como Dawn Princess, en aquel momento, rebautizado como Albatros, este barco llegaba bajo la contraseña de la compañía alemana Phoenix Reisen.

Durante aquella visita, además de conocer a un buen amigo con el cual aún mantengo el contacto, conocí también al capitán Werner Detampel, un veterano marino al que seguí frecuentando en las sucesivas escalas malagueñas de este barco. En uno de mis embarques, el capitán del Albatros me contó que durante los seis meses que estaba al mando del buque nunca bajaba a tierra; una afirmación que me sorprendió sobremanera.

Aludiendo a su responsabilidad, el capitán Detampel me dijo que, sin ser obligatorio y sin existir nada que se lo impidiera, desde su primer mando nunca había dejado sus barcos durante los periodos de embarque.

Y aunque estar encerrado en un buque de crucero de 185 metros es muy diferente, sirva esta historia para, recordando a los marinos, recalcar la importancia que tiene el confinamiento en estos momentos difíciles.

AlbatrosALBATROS en una de sus escalas en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de abril de 2020.

Comida

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de abril de 2020 a las 8:49

Sin poder y tampoco lo quiero, sustraerme de la crisis que estamos viviendo, hoy les contaré algo que les hará reír; una historia que viene muy a cuento con el confinamiento que estamos sufriendo. Y si la semana pasada en esta misma columna les hablé del deporte, hoy, apoyándome en una historia que viví a bordo de un barco, les hablaré de comida; un tema que, en circunstancia muy diferentes ya he tratado aquí en más de una ocasión.

En junio de 2007, el Juan J. Sister, el Melillero titular de la ruta del mar de Alborán fue sustituido temporalmente por el ferry Las Palmas de Gran Canaria. Al mando de este buque venía el capitán José María Casares, un malagueño con el cual me unía una muy buena amistad. Tras haberme avisado varios días antes de su llegada, nada más quedar atracado su barco subí a verlo y, como en otras muchas ocasiones, paseamos por sus cubiertas. Con la novedad de que traía unos camarotes nuevos que se habían instalado en Santander, José María me los enseño y me propuso que estrenara uno de ellos en un viaje relámpago a Melilla.

Aceptada la invitación, unos días después embarqué para aquella navegación; una singladura que inicié, y ya les hablo de comida, almorzando una deliciosa paella en la cámara de oficiales del ferry. Estrenado uno de los nuevos camarotes con una siesta, tras la maniobra de atraque en Melilla y el desembarco del pasaje y la carga llegó la cena.

Con la costumbre de cenar solo (en aquella ocasión yo le acompañaba), José María me contó que desde hacía tiempo seguía una especie de dieta nocturna y que esa noche le tocaban espárragos trigueros cocidos.  Ante aquel menú que podía complementar con algo de embutido, la amistad que nos unía desde años me permitió decirle si no se podía comer algo más sustancioso. Avisado el mayordomo, el capitán le preguntó que podían darme de cenar, una cuestión que rápidamente fue respondida ofreciéndome un plato de patatas fritas con huevos; una tentación a la que también sucumbió José María olvidándose de los espárragos.

Una cuestión, la alimenticia, que tenemos que cuidar en este estado de confinamiento en el que muy bien se podrían alternar las patatas fritas con huevos con los espárragos cocidos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAFerry LAS PALMAS DE GRAN CANARIA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de abril de 2020.

Deportes

Juan Carlos Cilveti Puche | 31 de marzo de 2020 a las 9:42

El confinamiento que estamos viviendo, entre otras muchas cosas, nos está obligando a hacer algún tipo de ejercicio en casa. Al hilo de esto, hoy quiero contarles una historia que viví en el puerto de Málaga a bordo de un barco que ya no existe.

Corría el año 2007 cuando en el mes de abril el buque de crucero Princess Danae llegaba a aguas malagueñas. Cargado de historia y con un considerable número de escalas realizadas (su primer atraque en el puerto malacitano con otro nombre se remontaba a junio de 1978), la posibilidad de visitarlo se hizo realidad gracias a las gestiones de la agencia Pérez y Cía., la consignataria de este buque.

Construido en 1955 en los astilleros irlandeses Harland and Wolff, los mismos que dieron vida al afamado Titanic, este buque comenzaba su vida de mar como un carguero bautizado como Port Melbourne. Tras una larga trayectoria como mercante, en 1976 era reconvertido en un buque de crucero y rebautizado como Danae. Tras pasar por diversas manos, Costa Cruceros se hizo cargo de él durante 20 años, en 1996 era renombrado como Princess Danae.

Pero volviendo a su escala malagueña, con este historial, aquella visita se convirtió en toda una experiencia. Realizando un viaje de cinco días con inicio y final en Lisboa con escalas en Gibraltar y Málaga, el veterano Princess Danae, gestionado por la compañía Classic International Cruises, llegaba efectuando un crucero temático dedicado al deporte.

Con 550 pasajeros a bordo, la visita a aquel clásico se convirtió en una sucesión de escenas atléticas; una circunstancia que me mostró con todo lujo de detalles el capitán del barco. Con la curiosa particularidad de que el reducido gimnasio del buque estaba totalmente vacío, la gran mayoría de espacios comunes del barco estaban siendo usados por turistas vestidos con sus correspondientes atuendos deportivos. Actividades tales como: aerobic, spinning, body jump, kick boxing o golf, ocupaban las áreas interiores y exteriores del Princess Danae; un trajín en el que no podía faltar una variada selección musical a demasiados decibelios.

Toda una experiencia deportiva que, ahora que estamos confinados, tendríamos que imitar desde nuestras casas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAClase de aerobic a bordo del PRINCESS DANAE en 2007.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 31 de marzo de 2020.

El barco hospital chino

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de marzo de 2020 a las 11:05

Sin olvidar la situación que estamos viviendo, hoy les contaré, muy relacionada con ella, la historia de un muy significativo barco que llegó a aguas malagueñas en 2017. Realizando un prolongado viaje de cooperación sanitaria por diferentes países de África y Asia, el buque hospital de la marina de guerra china He Ping Fang Zhou elegía el puerto malacitano para cumplimentar una escala de descanso. Procedente de la lejana Sri Lanka, este barco apodado como el Arca de la Paz, atracaba en el pantalán de levante en la mañana del domingo 10 de septiembre. Recibido por un grupo de miembros de la comunidad china en Málaga (de aquel colorido y musical recibimiento ya les hablé), el buque que aprovechó su estancia para, además de aprovisionarse y repostar, realizar una serie de actividades de ocio para sus 381 tripulantes, dos días después dejaba las aguas malagueñas para proseguir su campaña sanitaria.

Aquella escala que se convirtió en un hecho histórico, nunca hasta la fecha había visitado el puerto malagueño un barco del Ejército Popular de Liberación de China, me sirve para darles algunos datos sobre este buque hospital. Estando ubicada su base en Zhoushan, un importante puerto de la provincia de Zhegiang a orillas del mar Oriental de China, el Arca de la Paz fue construido en el año 2008 en los astilleros Guanghou International. Con 178 metros de eslora, 24 de manga y un desplazamiento de 14.300 toneladas, el He Ping Fang Zhou en sus ocho cubiertas útiles dispone de una superficie de 4.000 metros cuadrados destinada a los trabajos sanitarios. Dividido este hospital flotante en cinco áreas: Transferencia de enfermos, valoración y actuación médica, área ambulatoria, hospital y espacio de evacuación con un helicóptero, este buque dispone de un equipamiento de alta tecnología que le permite afrontar cualquier tipo de actuación sanitaria; algo que curiosamente contrasta con el uso a su bordo de técnicas de la medicina china tradicional.

Un barco hospital que muy probablemente haya estado y esté implicado en actuaciones sanitarias frente a la pandemia producida por el coronavirus y que durante tres días en septiembre 2017 visitó las aguas del puerto malagueño.

He Ping Fang Zhou entrada 10-IX-1793

HE PING FANG ZHOU atracado en Málaga en 2017.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 24 de marzo de 2020.

Mala suerte

Juan Carlos Cilveti Puche | 17 de marzo de 2020 a las 9:57

Aunque ya le he hablado de este barco, hoy, al hilo de la actualidad les volveré a contar algunas cosas del Marella Dream que, a causa de la pandemia que estamos padeciendo ha vivido una muy singular y triste experiencia en el puerto de Málaga.

Integrado en la nómina de los clásicos, este buque, con independencia de una larga trayectoria de 35 años de vida de mar, desde siempre ha estado considerado como un barco con mala suerte. Tras su construcción en 1985 en los astilleros alemanes Meyer Werf por encargo de la naviera Home Lines,  este buque que fue bautizado como Homeric comenzó sin demasiado éxito su biografía. Simultaneando una ruta entre Nueva York y Bermuda con una serie de itinerarios caribeños, y sin alcanzar las expectativas previstas, en 1988 Holland America Line se hacía cargo de él rebautizándolo como Westerdam. Navegando por Alaska y volviendo al Caribe, en 2002 pasaba a manos de Costa Cruceros que lo renombraba como Costa Europa. Cumplimentada su primera escala malagueña en mayo de 2002, cinco días después regresaba averiado permaneciendo tres jornadas atracado en el pantalán de levante.

Tras aquel incidente que le obligó a desembarcar al pasaje, en febrero de 2009, realizando una ruta por el Índico, el Costa Europa sufría una avería de máquina; un hecho que motivó la cancelación de escalas y el amotinamiento de los turistas que navegaban a su bordo. Justo un año después, este buque de 243 metros colisionaba contra un muelle en el puerto egipcio de Sharm al-Sheikh; un accidente que le costó la vida a tres tripulantes e hirió gravemente a cuatro pasajeros.  Alquilado tres meses después por Thomson Cruises y rebautizado como Thomson Dream, la mala suerte siguió acompañándolo, y en mayo de 2012, en aguas gibraltareñas sufría una considerable inclinación que durante 10 interminables minutos produjo daños materiales y heridos. Renombrado en 2017 como Marella Dream, tras un vertido de combustible en Baleares en mayo de 2018 ahora, a causa de la pandemia que sufrimos, este veterano ha tenido que desembarcar in extremis a sus pasajeros en Málaga; una circunstancia que los ha liberado de tener que pasar varias semanas a bordo en cuarentena.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMARELLA DREAM en su última escala de este fin de semana.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 17 de marzo de 2020.

Días de Melillero

Juan Carlos Cilveti Puche | 10 de marzo de 2020 a las 12:31

Hace ya de esto muchos años, un viejo portuario me dijo una curiosa frase que, sin haber olvidado, he usado desde entonces en algunas ocasiones. Para referirse a los días en los que no entran barcos en el puerto, este veterano me habló que él, heredada de su padre, usaba la expresión ”hoy es un día de Melillero”; una lapidaria sentencia que lude a un único atraque realizado por el ferry que a diario cubre la línea de mar de Alborán.

Y aunque a muchos les podrá parecer extraño, el puerto malagueño, especialmente en los últimos años, ha tenido muchos días de Melillero; una circunstancia que dibuja a la perfección los vaivenes que se dan en los tráficos marítimos.

Sin tener que remontarnos meses o incluso años, esta pasada semana las aguas malacitanas han vivido varios de estos días; unas jornadas en las que salvo los dos ferries que cubren la ruta melillense (ahora son dos), no ha atracado ningún otro barco.

Y aunque la historia de esta frase tampoco da para mucho más, simple y llanamente no vienen barcos y ya está, les diré que en esta semana pasada el puerto ha vivido uno de estos días; una jornada al límite de tráfico a la que habría que añadir dos más que, si me permiten la expresión, por los pelos se han librado de ser días de Melillero.

El pasado martes, tras el atraque del Ciudad Autónoma Melilla, el titular de la línea de Trasmediterránea y la llegada del Denia Ciutat Creativa de Baleària, el día del Melillero se salvó con la llegada del buque tanque norteamericano Patuxent que en escala de descanso quedó posicionado en el muelle de levante.

Salvada esta jornada y tras vivirse al 100% un día del Melillero el jueves 5, los atraques malacitanos volvieron a experimentar unas nuevas horas de sequía. El sábado 7, acompañando al barco de Trasmediterránea amarró en el muelle número cuatro el buque de carga rodada Festivo; un atraque que a falta de la presencia del ferry de Baleària que los sábados no viene, camufló lo que hubiera sido un día del Melillero como los que se vivían cuando solo había un barco en esta línea regular.

Una curiosa expresión portuaria que ilustra a la perfección algo que ya ha ocurrido en varias ocasiones en lo que llevamos de año.

Patuxent 201 4-III-20 (2)Buque norteamericano PATUXENT.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 10 de marzo de 2020.

Las patatas podridas

Juan Carlos Cilveti Puche | 3 de marzo de 2020 a las 10:38

Resulta algo muy habitual que los trabajadores portuarios cuenten y presuman de sus hazañas a pie de muelle. Pasadas por el filtro del tiempo, todas estas vivencias, exageradas casi siempre en mayor o menor medida, constituyen un valioso tesoro para los que intentamos contar cómo transcurre el día a día en la vida de un puerto.

En concreto hoy les contaré una de las tres historias más singulares que he escuchado en mis casi 25 años como cronista portuario; una aventura de la que existen muchas y muy diferentes versiones pero que aún no he podido verificar con datos y fechas concretas.

Pero antes de contarles lo muy poco que sé de esta historia, les recordaré una similar ocurrida en noviembre de 1963. Procedente del puerto brasileño de Recife, el buque frigorífico de bandera inglesa Baltic Sun atracaba en el muelle número cuatro para descargar 400 cajas de raíces de mandioca; un cargamento que llegaba para ser transportado a Granada donde una empresa alimentaria debía convertir este producto en harina.

Apiladas las cajas en la explanada del muelle de Heredia, una intensa lluvia otoñal paralizó la carga de los camiones que debían llevar la mandioca a la harinera granadina. Retomada la operativa tres días después, los estibadores comenzaron a percibir un extraño olor procedente de aquellas cajas que venían tapadas de origen con unas lonas. Debido a un mal embalaje que no aguantó el viaje trasatlántico, la mandioca, con el añadido de la lluvia malagueña había fermentado y aquel cargamento se perdió en el muelle número cuatro.

Recordada esta historia, ahora les contaré lo poco que sé de la aventura de las patatas podridas. Sin una fecha concreta y sin saber el barco que las trajo; ni que decir tiene que tampoco hay reseñas del puerto de procedencia, los portuarios malagueños reseñan como en el muelle seis (este es por ahora es el único dato sí está confirmado), se recibió un buque que traía patatas en mal estado. Con un olor insoportable, los estibadores acometieron una operativa que, según algunas de las fuentes consultadas, nunca terminó de completarse.

Una historia que, con múltiples versiones, algún día, cuando la verifique, se la contaré con pelos y señales.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACarga en el muelle número cuatro.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 3 de marzo de 2020.