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Deficiencias

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de febrero de 2010 a las 9:10

Quizás, la noticia marítima nacional más relevante ocurrida en la jornada de ayer, fuera la de la detención en Algeciras del Rhea; ya saben, el buque que a finales de enero encallaba en las playa algecireña de El Rinconcillo, y que varios días después, era rescatado.

Tras leer varios diarios en sus ediciones en papel y en formato digital, eché en falta una mínima puntualización al respecto de lo que todos los periódicos comentaban. Se hablaba de que el buque presentaba una serie de “deficiencias”, motivo por las cuales las autoridades marítimas de Algeciras habían decidido detenerlo.

Poniéndome en el piel de un lector que desconozca todas estas interioridades marítimas (inspecciones, capitanías, etc.), y con el morbo que generan la mayoría de las noticias relacionadas con los barcos, yo me preguntaría ¿y qué narices es una deficiencia?

Y aunque la propia palaba, en este caso, es bastante clara y nos da una idea de lo que puede significar, creo que una mínima explicación al respecto de lo que en un barco se considera una deficiencia, hubiera completado a la perfección esta noticia.

¿Una deficiencia? Pues simplemente es un defecto. Algo que falla, algo que no termina de funcionar, algo que está a punto de romperse, un papel o documento (de los muchos que hay a bordo de los barcos) caducado, una anomalía al respecto de la tripulación, o cualquier otra cosa que en base a unos estándares de normalidad deja de serlo.

¿Ejemplos? Pues todos los que quieran. Una junta de goma (situada en un lugar de relevancia) que se haya pasado, o que los medicamentos de a bordo estén caducados, constituyen deficiencias; que según el caso, pueden considerarse como graves o leves.

Teniendo esto en cuenta; y teniendo en cuenta también que a bordo de un barco hay millones de cosas regladas y reguladas por estrictas indicaciones reflejadas en infinidad de manuales, comprenderán que el tema de las inspecciones, y por ende el de las deficiencias, constituye el mayor quebradero de cabeza para cualquier armador.

Termino con un ejemplo. Hace unos años conocí un barco (no diré su nombre) que dejaba de navegar para cumplir con la obligación de pasar una inspección general. Tras esta inspección aparecían ochenta y tantas (si no recuerdo mal eran 86) deficiencias graves y leves. Resueltas todas (o casi todas), el barco sigue navegando.

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