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Balcones de primera en la Semana Santa de 1925

Juan Carlos Cilveti Puche | 31 de marzo de 2015 a las 8:44

La Semana Santa de 1925, se estrenó con la primera salida a la calle de la por entonces denominada cofradía de la Sagrada Cena Sacramental de Nuestro Señor Jesucristo. Este hecho, junto con el aumento de los precios de los alquileres de los balcones que ya por entonces se rentaban para ver los desfiles procesionales en la calle Larios, se vio reflejado en una curiosa circunstancia marítima.

A la cuatro de la tarde del 5 de abril (Domingo de Ramos), el buque de la Compañía Trasatlántica Española Infanta Isabel de Borbon fondeaba en la dársena de Guadiaro. Realizando su habitual escala mensual en aguas malacitanas, este vapor, que llegaba procedente de Almería, cubría la llamada Línea de Buenos Aires o del Plata; una ruta regular que saliendo de Barcelona paraba en los puertos de Almería, Málaga, Cádiz, Tenerife-Las Palmas, Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires.

Construido en los astilleros William Denny & Bros. en la localidad escocesa de Dumbarton, el Infanta Isabel de Borbon fue entregado a la Trasatlántica a principios de 1913, siendo en aquellos momentos junto a su gemelo el Reina Victoria Eugenia, el buque de pasaje más moderno y equipado de toda la flota española. Con 10.348 toneladas de registro bruto y 145 metros de eslora, este vapor propulsado por tres hélices fue calificado por los cronistas de la época como “un canto de cisne”; un apelativo que hacía referencia a sus lujosos interiores donde se combinaban los estilos Imperio y Luis XVI con suntuosas telas de la Real Fábrica de Tapices de Madrid.

Dedicado en exclusividad a la ruta sudamericana, el Infanta Isabel de Borbon, tras haber navegado con cuatro clases diferentes: primera, segunda, tercera preferente y emigrante, a principios de los años veinte redujo su acomodación a tres categorías, pudiendo embarcar a un total de 1.008 pasajeros.

35-IIB-lipct19-jpegVapor de la Compañía Trasatlántica Española INFANTA ISABEL DE BORBON.

Pero regresando a la escala malacitana de este buque en abril de 1925, momentos después de finalizar el fondeo en la dársena de Guadiaro, unas barcazas iniciaban la carga de unas mercancías que debían viajar a Argentina. Mientras esto ocurría, José Luís Duarte, el consignatario de la Compañía Trasatlántica en Málaga se reunía con el capitán del vapor para ultimar los detalles de una actividad que se había preparado para los pasajeros de primera.

Teniendo en cuenta que las paradas de los buques de esta naviera en el puerto malacitano duraban habitualmente ocho horas, el señor Duarte, tras telegrafiar días antes a las oficinas centrales de la compañía, ofreció la posibilidad de que los 53 viajeros que ocupaban los camarotes más pudientes del Infanta Isabel de Borbon pudieran ver el desfile procesional de la Sagrada Cena desde varios balcones de calle Larios.

Tras celebrarse a las seis de la tarde una merienda especial a bordo (de ésta también participaron en sus respectivos comedores los 94 pasajeros de segunda y los 374 que navegaban en tercera), los viajeros de primera clase acompañados de varios oficiales del buque y el consignatario desembarcaron para ver la procesión.

Y aunque la hora límite para regresar al barco eran las 23:00 (el Infanta Isabel de Borbon debía salir a las doce de la noche), el selecto grupo de viajeros no llegó a bordo hasta las 00:30, una circunstancia que motivo por el que el vapor de la Compañía Trasatlántica Española saliera de Málaga a las dos de la mañana, hora en la que según las crónicas de la época se encerró en la iglesia de la Victoria el cortejo procesional de la Sagrada Cena Sacramental de Nuestro Señor Jesucristo.

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Cartel de la Semana Santa de 1925.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” 31 de marzo de 2015.


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