La mar de Historias

Cascos blancos

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de marzo de 2017 a las 9:46

Hasta hace no demasiados años, los colores de los cascos de los barcos eran una clara identificación de su tipo. Si existir demasiadas estridencias cromáticas, las tonalidades oscuras definían fundamentalmente a la gran mayoría de  los buques de carga, mientras que el resto de barcos se repartían una paleta de colores bastante pobre.

Y aunque existen algunas excepciones (tal vez recuerden cuando les hablé de un buque que lucía una pintura tornasolada), desde hace  ya muchas décadas, el blanco se ha centrado casi en exclusividad en los buques de pasaje, una circunstancia que convierte  en extraño el que un barco  sin ser de pasajeros navegue luciendo este color.

Con el recuerdo de los portacontenedores de la compañía Safmarine, que con sus inmaculados cascos blancos (su principal seña de identidad) operaron  con cierta frecuencia en el pasado en la terminal de contenedores malacitana, hace unos días, atracaba en el muelle número cuatro un pequeño  buque tanque pintado de blanco.

Procedente de Sete y con destino a Monopoli, el Vinlandia amarraba para cumplimentar una carga de aceite y mostrar en aguas malagueñas el níveo color de su casco; una tonalidad que ha lucido con sus dos nombres anteriores aunque originariamente  en 1979 comenzara a  navegar  pintado de azul.

Frente a este atraque, lo más curioso de esta circunstancia radica en que en los últimos años han pasado por el puerto dos barcos muy similares al que les acabo de mencionar. También dedicados al transporte de líquidos, los buques Wine Trader y Old Wine, unos tanques químicos de similares características al Vinlandia han mostrado en los diversos muelles donde han operado sus nada habituales cascos de color blanco.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABuque VINLANDIA mostrando su casco blanco en el muelle número cuatro.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de marzo de 2017.

El primer temporal

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de febrero de 2017 a las 9:57

Desde que existe una conexión marítima con Melilla, las cancelaciones puntuales o los viajes en condiciones de navegabilidad casi imposibles, han sido una constante en esta ruta. Teniendo en cuenta las muy especiales condiciones meteorológicas del mar de Alborán, la historia náutica de Málaga y  Melilla está repleta de temporales y barcos  que se enfrentaron   en épicas batallas contra el viento y las olas.

El lunes 19 de diciembre de 2016, la naviera de origen valenciano-balear Baleària se posicionaba en el puerto malacitano para cubrir una línea con Melilla. En libre competencia con Trasmediterránea, que este año cumplirá los cien años en la ruta del mar de Alborán, Baleária comenzaba sus viajes con un ferry rápido; una singular circunstancia que se suma al histórico hecho de que dos compañías operen en esta línea.

Y como al final, más tarde o temprano tenía que llegar, hace unos días, Baleària se enfrentaba a su primer temporal. Con la imposibilidad de salir a la mar, el barco de esta naviera, al igual que el de la competencia, anulaba su entrada malagueña en la tarde del 20 de febrero. Tras esta decisión, y  aún con el mar de Alborán muy enfadado, al día siguiente,  mientras Trasmediterránea cancelaba, el ferry rápido de Baleària decidía salir, y el habitual viaje de cinco horas se convertía en una  larga odisea de ocho.

Y aunque esto que les he contado no es nada extraño, lo más curioso de esta historia es que una compañía decidiera navegar con mal tiempo y  la otra no; una circunstancia que evidencia una clara competencia y en la que los pasajeros de Baleària que vivieron esta experiencia, fueron testigos de cómo esta naviera se estrenaba en un temporal en la ruta de Alborán.

Nissos Chios BaleariaFerry rápido de Baleària que sufrió su primer temporal el 21 de febrero.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de febrero de 2017.

Dos atraques

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de febrero de 2017 a las 10:01

Hoy les contaré un pequeño incidente sufrido por uno de los buques turísticos más significativos en la historia crucerística del puerto malagueño. Con la particularidad de haber sido originariamente un portacontenedores que se reconvirtió en un barco para turistas, el Costa Allegra, que internacionalmente fue publicitado como el ‘barco de la luz’ por su impresionante popa acristalada, en Málaga vivió una muy intensa historia de atraques que se saldó con un total de 100 escalas entre los años 1994 y 2005.

Corría el mes de junio de 2002 cuando el barco de Costa Cruceros, cumplimentando un viaje por Atlántico y el Mediterráneo, llegaba al puerto malacitano procedente de Cádiz. A las siete de la mañana, el Costa Allegra, que iba al completo de pasaje, quedaba atracado en el Pantalán de Levante. Finalizadas las excursiones programadas y ya con todo los turistas a bordo, a las 12:30 el barco dejaba las aguas malagueñas con destino a Almería con un leve temporal de Levante.

Tres horas más tarde, el Costa Allegra regresaba sobre sus pasos y pedía atracar, ya que las malas condiciones de la mar le habían impedido entrar en el puerto almeriense. Auxiliado por el remolcador Honce (el primer de la Clase H que operó en Málaga), a las cuatro de la tarde, el barco de Costa Cruceros quedaba posicionado en el mismo muelle que lo había albergado varias horas antes.  Reforzados los amarres y con los pasajeros sin poder desembarcar, durante una hora el Costa Allegra permaneció atracado en el Pantalán de Levante. A las cinco de la tarde, ya con el temporal amainando, el buque de Costa tras cancelar definitivamente la fallida escala en Almería, salió a la mar para seguir su ruta por el Mediterráneo.

Costa Allegra 31-III-2001COSTA ALLEGRA atracando en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de febrero de 2017.

Portuarios

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de febrero de 2017 a las 10:30

Hace unas cuantas semanas, entrevistando a un trabajador del puerto prejubilado le pregunté si podía calificarlo como portuario. Rotundamente me contestó que no, ya que esa denominación, a su entender, simplificaba y rebajaba su vida laboral. Hace ya de esto algunos años, uno de los principales responsables del puerto malacitano me recriminaba, medio en broma medio en serio, que empleara en mis escritos la palabra portuario para referirme a los trabajadores del puerto, ya que en su opinión, este vocablo esta marcado de unas connotaciones no demasiado positivas. Cuando para un reportaje, hace también de esto algunos años, entrevisté a tres mujeres implicadas en muy diferentes puestos de trabajo en el puerto, ninguna de ellas se negó a que las denominara como portuarias, e incluso, el trío se sintió muy halagado cuando titulé aquel artículo como “Orgullosas de ser portuarias”.

Frente a estas disquisiciones semánticas donde siempre habrá opiniones para todos los gustos, lo que sí está claro, es que el término portuario en la mayoría de las ocasiones se ha empleado con un cierto tono peyorativo; un sesgo del pasado que rememora malas condiciones laborales y unas formas de trabajar, que en muchos casos, han estado al borde de la ilegalidad.

Sea como sea, y dejando aparte susceptibilidades más propias de otros colectivos, lo que no deja de ser verdad es que siendo estrictos con nuestra lengua, las personas que desempeñan algún tipo de labor relacionada con un puerto de mar, así lo refiere la Real Academia de la Lengua, han sido, son y serán portuarios; una muy especial denominación que dependiendo a quién y cómo se diga siempre podrá ser vista y entendida como un halago o un insulto.

1967Vieja postal “portuaria” de la década de 1960.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de febrero de 2017.

Sucesos Marítimos

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de febrero de 2017 a las 10:22

Hoy les hablaré de un libro bastante desconocido escrito por un ilustre malagueño que, al menos aquí en su tierra, aun no ha sido suficientemente distinguido. Me refiero a la obra titulada: Sucesos marítimos ocurridos en la costa de la provincia de Málaga; un pequeño volumen de algo menos de cincuenta páginas donde Guillermo Rittwagen desgrana diferentes acontecimientos históricos relacionados con el mundo de la mar y los barcos.

Editado en Madrid en 1915 por la imprenta del Ministerio de Marina, este libro que se subtitula como una colección de efemérides navales, de una forma indirecta y con la particularidad de tratar asuntos malacitanos, muestra unas muy claras influencias de dos de los más significativos tratados publicados sobre la historia marítima española; dos voluminosas obras: Disquisiciones Náuticas y Armada Española desde los reinos de Castilla y Aragón escritas por el capitán de navío Cesáreo Fernández Duro entre los años 1874 y 1903.

Iniciada esta apasionante sucesión de hechos con la descripción de un combate naval ocurrido en 1279, Guillermo Rittwagen, que curiosamente se estrenó en la escritura  como redactor en el diario malagueño El Último publicando noticias sobre los barcos y los pasajeros que llegaban al puerto, dibuja en sus notas una larga e intensa historia marítima que culmina con una pequeña referencia a la marina mercante malagueña en los primeros años del siglo XX.

Un excelente libro que sin haber sido reeditado desde su primera publicación hace ya algo más de cien años, merecería poder volver a estar entre las manos de los malagueños; una circunstancia que serviría para acercarnos más a nuestra importante y muy desconocida historia marítima.

escanear0001Portada del libro SUCESOS MARÍTIMOS.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de febrero de 2017.

Los ‘Sider’

Juan Carlos Cilveti Puche | 31 de enero de 2017 a las 19:44

Desde hace algo más de una década, la muy larga historia de los tráficos de cemento y clinker en el puerto malagueño está estrechamente ligada a un amplio grupo barcos que en sus nombres compuestos llevan siempre la denominación Sider.

Con la paradoja de que no todos estos buques pertenecen a un mismo armador, en los últimos años, los habituales muelles donde se opera con estas mercancías han visto a muchos Sider atracados; unos barcos que además de cemento y clinker también han cumplimentado  diferentes cargas y descargas de graneles agroalimentarios. Con todo esto, y teniendo como punto de partida el año 1993, fecha desde la que existen registros de atraques, a día de hoy, por el puerto malacitano han pasado un total de veinte barcos diferentes luciendo este nombre.

El 30 de agosto de 2003, procedente de Lisboa y con destino a Barcelona, el buque de carga general Sider Venture amarraba en el muelle número seis en una operativa que inauguraba las continuadas escalas de estos barcos en Málaga. Con la particularidad de ser el primero y tras la llegada de otros muchos que han compartido este nombre, en febrero de 2010, aquel primer Sider que atracaba en aguas malacitanas regresaba rebautizado como Arklow Venture en un viaje procedente de la localidad inglesa de Lowestoft.

Manteniendo su registro holandés y con su casco azul ahora pintado de verde, el Arklow Venture siguió escalando en Málaga realizando el mismo tipo de  operativas que había ejecutado con su anterior nombre. Tras cumplimentar diferentes visitas, en 2016, el primer Sider que llegaba a Málaga  era renombrado como SP Venture, una nueva denominación con la que por el momento aún no ha atracado en aguas malagueñas.

Arklow Venture 2-II-103ARKLOW VENTURE, antiguo SIDER VENTURE en su primer atraque en 2010.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 31 de enero de 2017.

Treinta y un meses

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de enero de 2017 a las 9:27

El siete de noviembre del año pasado, el puerto vivió una jornada histórica. Aquel día en el que llegaron cinco barcos turísticos, tres de ellos pertenecían una misma naviera; una circunstancia  que hasta la fecha nunca se había dado en las aguas de Málaga. Integrados en la flota de la compañía Holland America Line, los buques Prinsendam, Oosterdam y Eurodam coincidieron en los atraques de Levante ratificando con esta triple visita el interés que el puerto malagueño sigue teniendo para esta naviera centenaria.

Y aunque la historia malacitana de Holland America Line se remonta a 1927, y las escalas de los barcos de esta compañía, salvo en los periodos bélicos del siglo XX,  han sido continuas desde aquella fecha, en 2004, esta naviera dejó de venir a Málaga.

Tras realizar el Westerdam su primera visita al puerto el seis de agosto de aquel año, Holland America Line se olvidó de Málaga durante 31 meses; un largo periodo de tiempo en el que ninguno de los característicos barcos de casco azul y terminación dam en su nombre escalaron en los muelles malacitanos.

Finalizado aquel periodo de sequía que se debió a una serie de reestructuraciones estratégicas en sus barcos y rutas, el 17 de abril de 2007, el Amsterdam, que por entonces era el buque insignia de la flota de esta naviera de origen holandés, regresó al puerto de Málaga atracando en el muelle de Levante.

Desde entonces, los barcos de Holland America Line no han dejado de venir, y la presencia año tras año de estos buques se ha perpetuado como antes de aquellos 31 meses en  los que esta de naviera, una de las más importantes del panorama crucerístico de todos los tiempos, permaneció sin atracar en los muelles malagueños.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAMSTERDAM que recuperó las escalas de Holland America Line en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 24 de enero de 2017.

Velas en el puerto

Juan Carlos Cilveti Puche | 17 de enero de 2017 a las 9:35

Cuando los barcos navegaban a vela, el mantenimiento en perfecto estado del denominado trapo era una de las más importantes actividades a bordo. Con una serie de marineros adiestrados al mando del llamado maestro de velas o velero, las reparaciones, que en la mayoría de los casos se hacían en la mar, siempre eran rematadas en puerto; una circunstancia que generaba una abundante mano de obra procedente de tierra. Así pues, la existencia de velerías o  talleres de fabricación y reparaciones de velas formaban parte de los más habituales negocios en cualquier puerto del mundo. En Málaga, además de haber varios de estos locales en las inmediaciones del recinto portuario, existían algunos tinglados a pie de muelle dedicados a estos menesteres; unos lugares en los que, fundamentalmente, se mejoraban los arreglos que la marinería ya había hecho mientras el barco estaba navegando.

Cuando la vela dio paso al vapor, las velerías dejaron de existir, y hoy día, salvo en contados lugares, los talleres que se mantienen activos se dedican fundamentalmente al mundo de la vela deportiva y de recreo.

En algunas ocasiones, los veleros que aún navegan por el mundo muestran parte de su trapo cuando están atracados en puerto; una tarea que casi siempre atiende a la necesidad de que el velamen se mantenga seco. Pero con independencia de esta circunstancia, algunas veces hay que afrontar reparaciones; un hecho que se pudo apreciar hace unos meses en el puerto malacitano cuando varios marineros del moderno velero turístico de cinco mástiles Wind Surf estuvieron trabajando durante varias horas sobre una de las cinco grandes velas de este buque mientras permanecía atracado  en el muelle número dos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAReparación de una de las velas del WIND SURF en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 17 de enero de 2017.

Lamentable inmersión

Juan Carlos Cilveti Puche | 10 de enero de 2017 a las 9:14

Afortunadamente,  en muy pocas ocasiones ocurren sucesos como el que hoy les narraré; un hecho que podría haber dado al traste con el trabajo que realizan muchas personas para fomentar el tráfico de buques de crucero en el puerto de Málaga.

Corría agosto de 2009, y el día 24, atracaban los barcos turísticos Silver Whisper y Arcadia. Procedente de Alicante y con destino a Mónaco, el buque de  Silversea Cruises  Silver Whisper amarraba a las 07:15 en el muelle Sur de la estación marítima de Levante. Al medio día, cuando la mayoría de los pasajeros estaban en tierra realizando diferentes excursiones, una lancha neumática con tres personas entraba por la bocana del puerto y se posicionaba junto al  buque. A proa, uno de los tripulantes del bote se lanzaba al agua, una circunstancia que detectó el oficial de seguridad del barco.  Alertada la policía portuaria, y mientras la lancha se daba a la fuga, el submarinista era retenido. Después de infinidad de explicaciones por parte de aquel inconsciente que alegaba haberse lanzado al agua para pescar, el capitán del Silver Whisper decidió activar un protocolo seguridad que requería la inspección del barco. Cancelada la salida prevista para las siete de la tarde, los buzos de la Guardia Civil que habían sido avisados, revisaron con todo detenimiento los 186 metros de casco; una tarea que se prolongó durante varias horas. Verificados los bajos y con la certificación que todo estaba normal, el Silver Whisper dejaba las aguas malacitanas a las 21:30.

Una lamentable aventura protagonizada por unos, si me permiten la expresión, descerebrados, que podía haber provocado la cancelación de las escalas de los barcos de esta lujosa naviera en Málaga.

Silver Whisper 24-VIII-091SILVER WHISPER atracado en Málaga el 24 de agosto de 2009.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 10 de enero de 2017.

El barco de 2016

Juan Carlos Cilveti Puche | 3 de enero de 2017 a las 10:02

Siguiendo lo que ya es una tradición en esta primera columna del año, hoy les comentaré el que en mi opinión ha sido el barco más destacado en el puerto en el recién finalizado 2016.

Y aunque las aguas malacitanas han recibido en los últimos doce meses a muchos y muy interesantes buques; sólo habría que recordar al  Harmony of the Seas, el nuevo  barco de turistas grande del mundo o al bulk carrier Nordic Odyssey, uno de los primeros cargueros en cumplimentar una navegación por el paso del Noroeste, 2016 se recordará en Málaga por la llegada del Nissos Chios, el ferry de Baleària que ha inaugurado una segunda línea regular con el puerto de Melilla.

Y si bien el protagonista de este hecho no destaca demasiado por sus características, quizás lo más novedoso de este barco es que se trata de un transbordador de alta velocidad que supera los cien metros de eslora (algo nunca visto hasta la fecha en un buque rápido en la línea regular del mar de Alborán), su posicionamiento lo convierte en mi opinión en el barco más significativo del año que acaba de terminar.

Construido en los astilleros griegos Elefsis entre 2005 y 2006, en junio de 2007 este fast ferry fue entregado a la compañía Hellenic Seaways Maritime para cubrir la ruta entre el Piero, la isla de Chios (que le da su nombre) y Mitilene; una navegación que se mantuvo hasta 2014 cuando Baleària lo fletó. Con 8.126 toneladas de registro bruto, 141 metros de eslora, capacidad para 1.400 personas, 402 vehículos y 1.000 metros lineales de carga, el Nissos Chios, llegado a aguas malagueñas en la segunda quincena de diciembre del pasado año, es, aunque ha habido otros muchos, el barco más destacado en el puerto de Málaga en 2016.

Nissos Chios 17-XII-169Ferry NISSOS CHIOS en su primer atraque en Málaga en diciembre de 2016.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 3 de enero de 2017.

Triste estadística

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de diciembre de 2016 a las 18:08

Hoy les hablaré de una dramática estadística; unos datos nada parecidos a los que por estas fechas se pueden encontrar sobre las actividades que se realizan en puerto. Con la esperanza de que los números que les refiero sean los últimos de 2016, en el presente año, los muelles malacitanos han recibido 15 contingentes de migrantes rescatados en la mar; un total de 735 personas que a bordo de frágiles esquifes han salvado sus vidas de una larga y peligrosa navegación en la que muchos encuentran la muerte.

Teniendo paradójicamente a enero y diciembre como los  meses en los que los grupos llegados han sido más numerosos, las diferentes jornadas en las que se anunciaban los desembarcos de náufragos han constituido unos días tristes para el puerto; unas horas en la que la mayor parte de la actividad de los muelles quedaba paralizada por estos dramáticos atraques.

Y aunque estas entradas han sido las que más repercusión han tenido, las aguas malacitanas también han recibido en 2016 a otros  muchos inmigrantes que no han llegado rescatados de lanchas neumáticas o pateras. Con el espeluznante recuerdo de los cinco jóvenes que viajaron desde Melilla  sobre los propulsores un ferry de alta velocidad, la figura de los polizones embarcados en los buques que cubren la ruta del mar de Alboran se está convirtiendo en una alternativa cada vez más frecuente. Un hecho que se hizo patente hace unas semanas cuando una docena de ilegales salían en desbandada del garaje de uno de los barcos que enlaza el puerto con Ceuta y Melilla.

Una triste estadística (la peor de los últimos años) que seguirá en 2017, y que nada tiene que ver con las que en unos días empezarán a contabilizar barcos, cargas o turistas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARestos de una patera en el puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 27 de diciembre de 2016

Una cena navideña

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de diciembre de 2016 a las 10:21

Aprovechando estas fechas en las que la gastronomía se convierte en algo fundamental, hoy les contaré una historia ocurrida en el puerto en la Navidad de 2003. Tras llegar en noviembre de 1999 y comenzar una serie de actividades marítimas teniendo a Málaga como  principal puerto de operaciones, el bergantín goleta de bandera sueca Amorina decidía compaginar sus múltiples salidas a la mar con la restauración; una circunstancia que, sobre el papel, apuntaba a  convertirse en una exitosa aventura.

Solucionados los complejos trámites para que un barco en activo pudiera ser además un restaurante ocasional, tras una serie de pruebas, en diciembre de 2003 el velero realizó su primera cena con público. Con el encanto navideño que caracteriza a los países nórdicos, el Amorina, engalanado con toda la parafernalia propia de estas fechas recibía a sus primeros invitados; unos comensales que tras una copa de bienvenida en el coqueto bar de popa, pasaban al comedor para degustar un típico menú sueco.

Servida la cena por los mismos marineros (todos ellos estudiantes), que trabajaban en el barco, las tostadas calientes con crema de gambas, el salmón con salsa de jengibre, el queso horneado con miel, el arenque, los dulces y por supuesto, el pan negro y el vino caliente, convirtieron aquella primera prueba gastronómica en todo un éxito.

Y aunque la cálida atmósfera y la muy cuidada cocina del Amorina hubieran dado para mucho más, aquella cena navideña fue la primera y la última; un sorprendente hecho que dio al traste con la aventura gastronómica de aquel velero. Un barco que tras pasar página siguió navegando por las costas malagueñas hasta 2007, fecha en la que dejaba el puerto con un nuevo nombre.

Amorina RestauranteSalón que se usó como restaurante en el AMORINA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 20 de diciembre de 2016

Recordando el pasado

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de diciembre de 2016 a las 9:23

En 1969, con tan solo 14 años, Pepe Ripoll comenzó a trabajar en la agencia Condeminas. Convertido en un chico para casi todo, una figura laboral muy habitual en aquellos años, las múltiples labores que tenía que desempeñar lo llevaron a coincidir en unas determinadas oficinas de la antigua estación marítima con otros jóvenes empleados de diferentes empresas del puerto. Denominados aquellos negociados como La Aduanilla, los despachos de vista aduanera e inspección de muelles situados en la planta baja del desaparecido edificio, se convirtieron muy pronto en un lugar de encuentro diario para aquel grupo de muchachos.

Y aunque su relación los mantuvo unidos durante años (entre otras actividades institucionalizaron partidos de fútbol en la Venta del Boticario), sus respectivas vidas laborales terminaron separándolos; y aquel grupo de jóvenes trabajadores de empresas portuarias malagueñas desapareció.

Muchos años más tarde, Pepe Ripoll, prejubilado hace unos meses como policía portuario y Antonio Burgos, que había iniciado su carrera en la consignataria Baquera, Kusche & Martín y la terminaba en una empresa de logística, decidían reunir a sus viejos compañeros; un grupo al que decidieron denominar como Los niños de la Aduanilla.

Localizados tras un considerable número de llamadas y mensajes cuarenta de aquellos jóvenes, el pasado día dos de diciembre 15 de aquellos niños se volvían a encontrar para celebrar una comida en el Club Mediterráneo. Con la idea de realizar dos reuniones anuales y sin pretensiones de crear una asociación, Los niños de la Aduanilla han vuelto a verse. Un encuentro de veteranos donde se hablará mucho de cómo era el trabajo en el puerto hace unos años.

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Los niños de la Aduanilla reunidos en su primer encuentro tras años.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 13 de diciembre de 2016

Batalla en Alborán

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de diciembre de 2016 a las 9:32

Esta pasada semana, saltó la noticia de que Balearia se posicionará en Málaga para cubrir una línea regular con Melilla. Y aunque la manera de informar a los medios sólo se limitó a una simple nota de prensa (probablemente en unos días se realice una presentación con más parafernalia), lo que sí está claro, es que la llegada de esta naviera generará una verdadera guerra comercial para captar al  pasaje que quieran navegar en la ruta del mar de Alborán.

Y aunque la competición con la centenaria Trasmediterránea parece que será complicada, lo que sí está claro, es que los nuevos aires de la naviera balear favorecerán que muchos prueben el viaje; una navegación que se publicita en cinco horas de duración y en las que las actividades a bordo recuerdan a las que se pueden vivir en los buques de crucero.

Ante esta perspectiva, y teniendo en cuenta que el día a día nos mostrará la realidad del tiempo efectivo de la singladura y de lo que se pueda hacer o no a bordo, las dos verdaderas piedras de toque con las que Balearia tendrá que lidiar para llevarse parte del pastel de la línea serán los precios de los billetes y sobre todo la carga que pueda movilizar.

Con una política de tarifas muy centrada, como no podía ser de otra manera, en los residentes de la ciudad autónoma y unos horarios nada parecidos a los que en la actualidad gestiona Trasmediterránea, el tema de la carga, del que por el momento no se ha hablado nada, seguramente sea el que incline la balanza y nos diga en no demasiado tiempo si esta nueva línea es o no rentable.

Una apasionante aventura que dará mucho que hablar en los próximos meses y que muy bien podría ser calificada como la batalla del mar de Alborán.

Trasmediterranea BaleariaFerries de Balearia y Trasmediterránea que navegarán en la línea con Melilla.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 6 de diciembre de 2016.

Ahogados

Juan Carlos Cilveti Puche | 29 de noviembre de 2016 a las 9:38

Hace unos días, me preguntaban por un ahogamiento ocurrido en las aguas del puerto en el año 1941. Sin haber encontrado aún datos sobre aquel luctuoso suceso, aprovecho la ocasión para contarles algunas cosas sobre los múltiples fallecimientos acaecidos en las dársenas malacitanas.

Teniendo como diagnóstico final la muerte por ahogamiento, los motivos de estos accidentes fatales, durante muchos años, casi siempre terminaban certificados como  “de causa desconocida”; una circunstancia que simplificaba y unificaba a todos estos fallecimientos portuarios.

Y si bien existen muchas referencias de accidentes fortuitos y suicidios, quizás, la nómina más numerosa de cadáveres encontrados en las aguas portuarias sea la que reseña actos acompañados de violencia; una lista de fallecimientos que durante muchas décadas fue muy seguida por la gran mayoría de diarios malagueños.

Y aunque en otras ocasiones ya les he contado algunos de estos sucesos, hoy les referiré la historia de José Soriano, un trabajador portuario muerto en la dársena de Heredia en agosto de 1922.

Mientras se encontraba recogiendo restos de grano en el muelle de Heredia, José, que realizaba esta faena junto a otros buscavidas portuarios, se vio inmerso en una reyerta con unos de sus compañeros de trabajo. En la pelea, tras recibir tres puñaladas, nuestro protagonista fue arrojado al agua por su contrincante que, a la carrera, huyó del puerto.

Socorrido por dos compañeros y por un marinero del Melillero que se encontraba cerca, el desafortunado trabajador fue rescatado varios minutos después de su caída; un tiempo más que suficiente para que José Soriano, apuñalado de muerte, falleciera ahogado en las aguas del puerto.

IMG_5199Muelle y dársena de Heredia donde falleció ahogado José Soriano.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 29 de noviembre de 2016.

Dos escalas similares

Juan Carlos Cilveti Puche | 22 de noviembre de 2016 a las 9:25

Hace no demasiados meses, les hablé de las coincidencias de dos buques de crucero que realizaron sus primeras escalas en Málaga en jornadas consecutivas. Hoy, retomando el tema de las coincidencias les contaré unas curiosas circunstancias, también referidas a barcos de turistas, ocurridas hace varios días en las aguas del puerto.

El pasado sábado, los buques de crucero Zenith y Rhapsody of the Seas compartieron atraque en los muelles Norte y Sur de la estación marítima de Levante. Con una primera peculiaridad que relaciona a las compañías de ambos buques (Royal Caribbean que es la propietaria del Rhapsody of the Seas posee el 49% de Pullmantur que es la naviera que gestiona el Zenith), estas escalas malagueñas coincidieron además en dos aspectos muy concretos. En el caso del Rhapsody of the Seas, su llegada vacío al puerto se realizaba para embarcar a la totalidad de pasajeros, en concreto 1.947 turistas que iniciaron desde las instalaciones crucerísticas malacitanas un viaje de posicionamiento trasatlántico con destino a Miami. En unas circunstancias similares, el Zenith también realizaba un embarque completo con el que cerraba su temporada crucerística malacitana en el presente año.

Pero además, y quizás esto sea lo más curioso de lo que les estoy contando hoy, el atraque del pasado sábado del Rhapsody of the Seas se realizaba después de haber estado varado efectuando una serie de reparaciones en los astilleros gaditanos de Navantia, una circunstancia que en menos de una semana cumplimentará también el Zenith antes de que, pasando nuevamente por el puerto malagueño a principios de diciembre, cruce el Atlántico para iniciar en aguas caribeñas su campaña de invierno.

Zenith y Rhapsody of the Seas 19-XI-2016Rhapsody of the Seas y Zenith el pasado sábado en el puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 22 de noviembre de 2016.

Cestino

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de noviembre de 2016 a las 9:28

Aunque a todos los trabajadores del puerto se les denomine con buena o  mala intención  como ‘portuarios’, a José Antonio Cestino Juarez nunca le ha gustado que lo califiquen de esta manera. Prejubilado en diciembre de 2015 y con la obligación de cumplimentar dos  meses de trabajo durante los próximos cinco años, Cestino, como popularmente se le conoce, comenzó su vinculación con el puerto malagueño en 1983.

Nacido en 1954 en el edificio de lo que hoy es la Comandancia Naval (su padre fue patrón de diversos buques adscritos al Instituto Español de Oceanografía), nuestro protagonista de hoy, tras pasar por el colegio salesiano de San Bartolomé, cursó los estudios de náutica en Almería y Cádiz. Después de trabajar en el mundo de la pesca, su titulación de patrón de cabotaje lo llevó a los Servicios Marítimos del puerto en el año 1983, una oportunidad que le permitió conocer a la histórica Pontona amén de navegar en los remolcadores Cánovas y Valdivia propiedad de la que por entonces se denominada Junta de Obras del Puerto.

Desaparecido el  Servicio Marítimo a finales de la década de los noventa, Cestino pasó a los talleres, donde desde entonces ha trabajado en lo que muy bien podríamos denominar como el mantenimiento general del recinto portuario malagueño.

Convertido como el resto de sus compañeros prejubilados en uno de los veteranos del puerto, José Antonio Cestino Juarez, con dos de sus tres hijos vinculados al mundo de la mar y los barcos, afronta con una muy peculiar animosidad sus próximos cinco años de intermitencia laboral. Un lustro en el que tras más de 30 años trabajando en el puerto malacitano, alguien, seguramente en algún momento lo califique como ‘portuario’.

IMG_4379Cestino en una de las dependencias de los talleres del puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 15 de noviembre de 2016.

El ALVA

Juan Carlos Cilveti Puche | 8 de noviembre de 2016 a las 9:20

Esta pasada semana, los muelles malagueños han tenido una muy significativa presencia de barcos de vela. Compartiendo protagonismo, los veleros crucerísticos  Wind Surf, Sea Cloud y Sea Cloud II ha lucido sus aparejos frente a tres verdaderos clásicos; tres históricos buques con muchas décadas de vida en la mar.  Y como en su momento ya les hablé del Christian Radich y del Gunilla, hoy,  el protagonista será el Alva, el  tercero de los veteranos que estos días ha estado presente en las aguas malacitanas.

Construido en los astilleros suecos Lodose en 1939, esta goleta de tres mástiles iniciaba su biografía como un carguero navegando por el Báltico. Tras sufrir en 1951 un alargamiento de casco en la localidad alemana de Bremerhaven y cambiar su sistema de velas (originalmente llevaba velas tipo Bermuda), el Alva continuó transportando mercancías hasta la década de 1980, momento en la que una institución de Estocolmo dedicada a la enseñanza se hizo cargo de él.

Después de una reestructuración de un año que lo habilitó para llevar pasajeros, el Alva, con sus 286 toneladas de registro bruto y sus 55 metros de eslora, comenzó a navegar con estudiantes suecos de secundaria. Con la posibilidad de embarcar a un total de 42 alumnos repartidos en sus 15 camarotes, esta goleta que monta ocho velas y suma 600 metros cuadrados de superficie vélica, realiza viajes educacionales por todo el mundo bajo unas muy curiosas condiciones. Además de trabajar como tripulantes, los alumnos suecos deben instruirse a bordo del Alva en materias tales como: biología  e ingeniería marina y liderazgo y comunicación; unas enseñanzas de dos meses de duración  en las que sólo hay que pagar por la alimentación.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAGoleta de tres mástiles ALVA atracada en el muelle número uno.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 8 de noviembre de 2016.

Dientes de tiburón

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de noviembre de 2016 a las 10:12

El pasado 22 de octubre, el bulk carrier de bandera panameña Nordic Odyssey atracaba en el muelle número siete. Procedente del puerto letón de Liepaja y con destino a Tarragona, llegaba para cumplimentar durante seis días una descarga de 27.000 toneladas de trigo.

Y aunque esta operativa no tiene nada de especial, sí que se puede convertir en significativa si hablamos del barco que realizó; un destacado granelero al que le acompaña una muy interesante historia y una imagen nada usual.

Construido en  2010 en los astilleros japoneses de Oshima, unas instalaciones navales dedicadas a la fabricación de grandes buques de carga, este barco de 40.142 toneladas de registro bruto, 225 metros de eslora y 32 de manga, comenzaba su vida de mar bajo el nombre Sako Odyssey para la naviera nipona Sako Line.

Fletado a los pocos meses de su botadura por la compañía danesa Nordic Bulk Carriers, este granelero clasificado como Panamax (buque ajustado a las dimensiones máximas permitidas para transitar por el canal de Panamá), en 2011 cumplimentaba con éxito una navegación por el afamado paso del Noroeste; una ruta marítima que, por el Ártico, enlaza los océanos Atlántico y Pacífico.

Tras aquella singladura,  en 2012 el barco pasaba a ser propiedad de la naviera danesa que lo rebautizaba como Nordic Odyssey y lo pintaba con sus colores. Con su casco rojo y un dibujo a proa donde se representan los dientes de un tiburón, este carguero que realiza de forma habitual, como los demás buques de la compañía Nordic Bulk Carriers, viajes por el Ártico, atracaba hace unos días en Málaga; una muy buena oportunidad para ver a un barco que en el año 2013 fue galardonado como el mejor bulk carrier del mundo.

IMG_3708NORDIC ODYSSEY mostrando sus dientes de tiburón en el muelle número siete.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 1 de noviembre de 2016.

Una imprudencia

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de octubre de 2016 a las 8:28

Permítanme que hoy, aludiendo a las dos décadas que llevo pateándome los muelles malacitanos, les cuente una historia que viví hace algo más de un mes. El sábado 17 de septiembre, finalizada su escala en el puerto, el buque de crucero Prinsendam que se encontraba amarrado en el muelle Norte de la estación marítima de Levante comenzó a maniobrar para salir a mar abierta y seguir su viaje. Liberado del atraque y con su proa apuntando ya a la bocana, este elegante barco comenzó su lenta navegación por la dársena exterior.  Mientras esto ocurría, el Pelegrin Uno, una de las golondrinas que da paseos turísticos por la bahía y que, en ese momento, también salía del puerto, en vez de aminorar su marcha y evitar al buque de crucero, mantenía su velocidad para colocarse justo en la popa del Prinsendam. Situado a mucho menos de diez metros de la aleta de babor del barco, la imprudente maniobra del Pelegrin Uno se mantuvo hasta que ambos salieron por la bocana; una peligrosa singladura en la que también participó un yatecito que acompañaba a la golondrina para dejar el puerto.

Con la intención, seguramente, de que sus pasajeros vieran lo más de cerca posible la salida de este buque, el patrón del Pelegrin Uno cometió una verdadera temeridad; una arriesgada osadía nada propia del que en teoría debe ser el responsable de una embarcación turística que sale a la bahía para dar un paseo.

Y aunque en veinte años a pié de muelle he visto muchas y muy variadas cosas, las temeridades de este tipo son las que no se olvidan con facilidad. Unas imprudencias cometidas por marinos (por llamarlos de alguna manera) nada cualificados y que alguien en el puerto debería controlar y, en su caso, sancionar.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPELEGRIN UNO situado peligrosamente en la popa del PRINSENDAM.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 25 de octubre de 2016.