De Moldavia

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de marzo de 2013 a las 17:11

Resulta verdaderamente curioso, que países que no están bañados por la mar, dispongan de una flota de barcos mercantes. Así ocurre con la República de Moldavia, un territorio proveniente de la desaparecida Unión Soviética que, desde hace unos años, está incrementando el número de buques que navegan luciendo sus colores. Si estar considerado de una forma oficial como un país de los denominados de bandera de conveniencia, Moldavia, que en 2008 sólo disponía de 8 mercantes registrados, hoy día, está a punto de alcanzar los 300 barcos abanderados; una sorprendente cifra para un país sin litoral.

Y como la presencia de un barco con esta bandera es, en un puerto como el de Málaga, algo bastante novedoso, les diré que hace unos días, atracaba en el muelle siete el Ilis, un buque con la posibilidad de navegar tanto en ríos como en mar abierto que amarraba para cargar dolomita.

Matriculado en la localidad de Giurgiulesti, un puerto franco de ese país, este buque construido en Alemania en 1985, tras navegar con tres nombres y banderas diferentes, desde 2012 luce el pabellón moldavo.

Propiedad de un armador turco y gestionado por una empresa griega, el Ilis, con 1.525 toneladas de registro bruto, 74 metros de eslora, 12 de manga y 3,6 de calado, constituye en la mayoría de los puertos que visita, al igual que sus casi 300 hermanos de bandera, toda una curiosidad.

ILIS atracado en el muelle número siete del puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (5 de Marzo de 2013).

Baile de nombres

Juan Carlos Cilveti Puche | 26 de febrero de 2013 a las 12:29

Hace unos días, el barco de bandera holandesa Clipper Athena entraba en el dique flotante malagueño. Con la previsión de permanecer en seco algo menos de dos semanas para efectuar una serie de reparaciones, este buque de carga general, es el más grande que hasta la fecha ha varado en el dique Andalucía.

Pero con independencia de esta circunstancia y  dejando a un lado el hecho de que se trate de su primera visita a Málaga, lo más significativo en la biografía de este joven barco, es su  dilatado y curioso historial de nombres.

Construido en 2006 en los astilleros holandeses Damen Shipyard Hoogezand por encargo de la compañía Drenth Ship Consult (afincada también en los Países Bajos), el barco iniciaba su vida comercial con el nombre Norgenstond I. Un año después, fletado por la naviera alemana Beluga Shipping (esta compañía fue una de las primeras en probar grandes parapentes a proa de los barcos para complementar su propulsión), el buque pasó a llamarse Beluga Locomotion.

Tras llevar durante unos meses, en 2008, el nombre Kent Locomotion y volver a navegar ese mismo año, otra vez, como Beluga Locomotion, en diciembre de 2009, el barco recuperaba su nombre original y su casco que siempre había sido de color azul se pintaba de rojo.

Apenas unos meses después, en concreto en mayo de 2010, este carguero de 8.999 toneladas de registro bruto, nuevamente pintado de azul, era renombrado como Kent Sunrise.

Justo dos años después y por tercera vez en su corta biografía, el buque recuperaba su primer nombre; uno hecho que sólo duraría unos meses cuando en octubre de 2012 el barco era rebautizado con su actual nombre Clipper Athena.

Un curioso y complicado baile de nombres para el buque más grande que, hasta la fecha, ha entrado en el dique flotante malagueño.

El CLIPPER ATHENA en el dique flotante malagueño.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (26 de Febrero de 2013).

Las dos escalas del ‘Destiny’

Juan Carlos Cilveti Puche | 19 de febrero de 2013 a las 12:33

El martes 29 de octubre del año 1996, el buque de crucero Carnival Destiny fondeaba durante unas horas en la bahía de Málaga. Sin pasajeros y aún con personal técnico del astillero italiano Fincantieri Cantieri Navali a bordo, este buque, efectuaba un viaje de posicionamiento con destino a Miami para, desde allí, realizar su crucero inaugural a finales de noviembre.

Considerado en los inicios de su  carrera como el buque de crucero más grande del mundo, el Carnival Destiny con 272 metros de eslora, 35 de manga y una capacidad para 2.640 pasajeros, fue el primer barco turístico que superó las 100.000 toneladas de registro bruto; un muy significativo hecho que lo mantuvo en lo más alto del ranking crucerístico internacional durante varios años.

Tras completar una larga y exitosa vida de viajes y ser la inspiración para la construcción de cuatro buques similares (sobre su diseño original, con algunas modificaciones, existen dos barcos que navegan para Carnival Cruise Lines y otros dos que lo hacen bajo la contraseña de Costa Cruceros), el Carnival Destiny, afrontará entre los meses de febrero y abril de este año una importante remodelación. Una reforma que costará 155 millones de dólares y que culminará con su cambio de nombre. El barco será rebautizado como  Carnival Sunshine.

Pero antes de que esto ocurra y realizando un viaje de posicionamiento similar al que efectuó en octubre de 1996, el Carnival Destiny, en esta ocasión casi al completo de pasaje, atracaba hace unos días por primera vez en el puerto de Málaga.

Dos escalas muy diferentes que, separadas por muchos años, convierten la historia malagueña del Carnival Destiny, más aún si jugamos con las palabras, en una muy caprichosa y singular jugada del destino.

CARNIVAL DESTINY atracado la pasada semana en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (19 de Febrero de 2013).

Billar a bordo

Juan Carlos Cilveti Puche | 12 de febrero de 2013 a las 17:40

Aunque existen infinidad de fotografías que desvelan cómo era el ocio a bordo de los  viejos trasatlánticos, tal vez, una de las instantáneas más repetidas, es la que muestra a varios pasajeros jugando al tejo en la cubierta de alguno estos barcos del pasado.

Y aunque el tejo, ya saben, el juego de colocar usando una especie de remo un pequeño disco dentro de un casillero numerado pintado en el suelo, es hoy día un divertimento que sigue estando presente en los barcos turísticos, el ocio a bordo de estos buques ha cambiado mucho.

Tras la moda del tiro al plato, algo que divirtió mucho a los pasajeros de los buques de crucero en los años sesenta y setenta, la tecnología se ha ido apoderando de las actividades lúdicas en los barcos de turistas. En nuestros días, la gran mayoría de los super hoteles flotantes ofertan simuladores de fórmula uno, cines Imax con asientos móviles o piscinas con olas para practicar surf entre otras muchas cosas.

Pero lo que sin duda alguna raya lo verdaderamente absurdo y ésta es una opinión muy personal, es que a bordo de estos barcos existan mesas de billar.

Uno de los primeros buques que llegó a Málaga con una de estas mesas situada uno de sus múltiples salones fue el barco de P&O Cruises Azura en mayo de 2010. Un hecho que desde entonces se ha repetido en diferentes ocasiones con otros hoteles flotantes atracados en aguas malagueñas.

Pero como la sofisticación referida al ocio en estos barcos es cada día más inverosímil, les comento que ya existen buques que disponen de mesas de billar americano en las que un complicado sistema giroscópico nivelante (sí lo denominan), mantiene las bolas inmóviles incluso cuando, con mala mar, el barco se mueve más de lo habitual.

Mesa de billar americano a bordo del buque AZURA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (12 de Febrero de 2013).

158 escalas

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de febrero de 2013 a las 11:18

Hoy les contaré la historia de un significativo barco que visitó Málaga de una forma continuada durante algo menos de 40 años.

Navegando primero en línea regular con pasajeros y posteriormente realizando cruceros turísticos, este buque, saldó su paso por el puerto malagueño contabilizando un total de 158 escalas; un número verdaderamente sorprendente sólo superado por los melilleros que han cubierto la ruta del mar de Alborán.

El 13 de julio de 1968, atracaba por primera vez en el puerto de Málaga el buque de bandera italiana Guglielmo Marconi. Bajo la contraseña de la compañía Lloyd Triestino, este barco de 27.905 toneladas de registro bruto con capacidad para 1.750 pasajeros (156 en primera y 1.594 en clase turista), llegaba cumplimentando una línea regular entre Génova y diferentes puertos australianos. Después de aquella primera visita, entre los años 1968 y 1975, el Guglielmo Marconi completó un total de 75 escalas en Málaga, navegando siempre como buque de pasaje.

Tras cubrir durante unos años una ruta con Sudamérica, en 1979, el barco comenzó a ser usado en exclusividad para recorridos turísticos. Transferido en 1983 a Costa  Line (lo que hoy es Costa Cruceros), el buque, tras dos años de reformas, iniciaba una nueva vida rebautizado como Costa Riviera.

Con el atractivo reclamo de su pasado, durante diez años, este barco realizó exitosos recorridos por el Caribe y Alaska. Tras un fallido cambio de nombre en 1993, al año siguiente, ya posicionado en el Mediterráneo, el Costa Riviera visitaba por primera vez Málaga el 28 de octubre de 1994. Tras aquel primer atraque y hasta abril de 2001 (año en que sería desguazado), el Costa Riviera visitó el puerto malagueño en 83 ocasiones.

Imagen del COSTA RIVIERA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (5 de Febrero de 2013).

Matriculado de Zanzíbar

Juan Carlos Cilveti Puche | 29 de enero de 2013 a las 9:43

A principios de marzo de 2011, el buque de carga rodada Volcan de Tinache dejaba el puerto de Málaga. Vendido por Marítima Peregar a una compañía maltesa, este barco, se despedía de las aguas malagueñas rebautizado como Enrica M. y abanderado en Panamá.

Tras cumplimentar durante varios meses una línea regular entre Malta e Italia con la misma fisonomía con la que había dejado Málaga (casco blanco y una línea asimétrica de color azul), en abril de 2012, el Enrica M. cambiaba de nombre y bandera. Renombrado como Caroline y matriculado en el puerto tanzano de Zanzíbar,  el aspecto exterior del barco cambiaba. Sobre su casco,  pintado ahora en azul, se podía leer en letras amarillas el nombre de la naviera de origen turco Fergün Lines, nueva operadora de este buque.

A finales de 2012, con la creación de la compañía Mediterranean Maritime Services Limited, una empresa naviera compuesta por armadores malteses, turcos y chipriotas, el Caroline, manteniendo su puerto de registro, volvía a cambiar de nombre.  Rebautizado como Carolyn y con su casco pintado de verde con las iniciales de su nuevo armador en color blanco, el viejo Volcan de Tinache inauguraba 2013 cubriendo una línea regular de carga rodada entre los puertos de Malta, Misurata en Libia y Augusta en Sicilia.

Tras cumplimentar una intensa carrea de 15 años en el archipiélago canario bajo la contraseña de la naviera Armas, y trabajar durante 14 años más a cargo de Marítima Peregar cubriendo la ruta entre Málaga, Ceuta y Melilla, el recordado Volcan de Tinache, después de tres cambios de nombre en algo menos de dos años, sigue al pié del cañón. Un buque que fue malagueño y que ahora navega bajo la exótica bandera de Tanzania.

CAROLYN antiguo VOLCAN DE TINACHE (Foto ILHAM ©)

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (29 de Enero de 2013).

Los daños del ‘Trinidad’

Juan Carlos Cilveti Puche | 22 de enero de 2013 a las 9:13

La  estancia del Santísima Trinidad en el puerto (aquella idealización del más famoso navío de guerra español del siglo XVIII), pasará a los anales de la historia marítima de Málaga como un verdadero fracaso. Con una gestión no demasiado acertada, lo que pudo haber sido un muy atractivo reclamo, se convirtió, durante los años en que este artefacto flotante permaneció atracado en los muelles malagueños, en un verdadero problema.

Y aunque las vicisitudes del Trinidad fueron muchas; se podrían recordar todos y cada uno de sus accidentados cambios de muelle o su esperpéntico remolque a Alicante, existe una historia que ilustra a la perfección lo mucho que de atrezo y nada de marinero tenía aquel artefacto flotante.

En abril de 2009, un fuerte temporal del Sur azotó las costas malagueñas. En el puerto, los buques reforzaban sus amarras y el Santísima Trinidad, sufría las consecuencias de aquellas condiciones climatológicas.

Atracado en el muelle número dos, el viento y la resaca que dejaba la mar en la dársena de Guadiaro, hicieron que el artefacto flotante golpeara en reiteradas ocasiones con las defensas de caucho de este muelle. Paradójicamente, estas protecciones que sirven para evitar daños a los barcos atracados, en el caso del Trinidad, causaron numerosos desperfectos sobre su casco.

Y aunque esta  fragilidad, la referida a la tablazón con la que está construido esta idealización histórica, ya se hizo patente cuando alguno de los remolcadores malagueños debió apoyarse sobre él para moverlo, aquellos daños provocados en abril de 2009, constituyeron los más significativos que este artefacto flotante sufrió durante toda su estancia malagueña. Unos desperfectos producidos por unas defensas de muelle.

Detalle de los daños ern el casco del Santísima Trinidad.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (22 de Enero de 2013).

El ‘Cabo Santo Tomé’

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de enero de 2013 a las 9:22

El 31 de enero de 1932, varios periódicos malagueños reseñaban el atraque del buque de bandera española Cabo Santo Tomé. Recién entregado a su propietario, la naviera de origen sevillano Ybarra y Cía., este barco, llegaba por primera vez al puerto de Málaga en su viaje inaugural, cubriendo una línea regular de pasaje y carga denominada Mediterráneo-Brasil-Plata.

Con 17.000 toneladas de registro bruto y 152 metros de eslora, el Cabo Santo Tomé que disponía teóricamente de tres clases (de lujo con dos camarotes, única, también con dos cabinas y una amplia tercera clase), se publicitaba en el año 1932 por sus buenas aptitudes para navegar, además de por sus muy cuidados acabados, entre los que se destacaban sus alojamientos de tercera para dos, cuatro y seis personas con literas metálicas y  lavabos de porcelana.

Tras cumplimentar su primera escala malacitana, en la que procedente de Alicante continuó viaje con destino a Cádiz, Santos, Montevideo y Buenos Aires, en años posteriores, el buque de Ybarra, aunque no de una forma regular, visitó Málaga atracando en la mayoría de las ocasiones en el muelle de Cánovas (muelle número 3).

Durante la Guerra Civil y navegando bajo el gobierno de la República, el Cabo Santo Tomé, reconvertido en crucero auxiliar, realizó diferentes singladuras transportando mercancías y material bélico. El 10 de octubre de 1937, los cañoneros Dato y Cánovas del Castillo, tras un intenso intercambio de artillería lo hundían frente a las costas de Argelia.

Una historia con un dramático final y en la que el nombre de unos de los cañoneros que terminó con Cabo Santo Tomé coincide con el muelle en el que atracó este buque en la mayoría de sus visitas malagueñas.

CABO SANTO TOMÉ

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (15 de Enero de 2013).

El barco de 2012

Juan Carlos Cilveti Puche | 8 de enero de 2013 a las 11:59

Cumpliendo con lo que ya es una tradición en mi primera columna del año, hoy le expondré, el que ha sido en mi opinión, el buque más significativo en Málaga en el recién finalizado 2012.

Y aunque la nómina de barcos que han pasado por el puerto en los últimos 12 meses daría juego para destacar a más de uno; aquí se podrían mencionar al Adventure of the Seas, al carguero multipropósito Bernd  o al moderno remolcador Vehinticinco, el buque del la compañía Marítima Peregar Festivo, es, sin duda alguna, el más representativo de 2012.

Después de mantener muchos años en activo a los roros Volcan de Tinache e Isla de los Volcanes en la línea regular de carga rodada que enlaza Málaga con los puertos de Ceuta y Melilla, esta naviera malagueña, vendía escalonadamente sus dos viejos buques para comprar el Festivo.

Tras llegar procedente de Estocolmo y permanecer varios días fondeado en la bahía, el  10 de abril del pasado año, finalmente el buque atracaba en el muelle 3 A3. Después de una meticulosa inspección por parte de Capitanía Marítima y tras su cambiar bandera y su puerto de registro, el Festivo iniciaba sus trabajos en línea regular el sábado 12 de mayo.

Construido en 1979 en los astilleros suecos Karlskronavarvet, este buque 136 metros de eslora, 16 de manga y 6.413 toneladas de registro bruto, en sus dos cubiertas tiene la posibilidad de transportar 72 remolques de dimensiones  estándar. Una capacidad que supera los 1.100 metros lineales, y que lo convierte en el mayor buque que hasta la fecha ha navegado bajo la  contraseña de Marítima Peregar.

Y aun siendo un barco con muchos años de mar, el hecho de sustituir a dos buques históricos y seguir cubriendo una importante línea regular de carga, convierten por méritos propios al Festivo en el barco más significativo en Málaga en  2012.

FESTIVO en una de sus primeras entradas en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (8 de Enero de 2013).

Una extraña escala

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de diciembre de 2012 a las 13:17

El miércoles 6 de abril de 2011, el buque AidaBella llegaba a las instalaciones crucerísticas malagueñas para cumplimenta su séptima visita de aquel año. Procedente del puerto de Cádiz y con unas condiciones climatológicas muy desfavorables, el barco necesitaba del auxilio de los remolcadores Vehinte y Vehinticuatro para atracar en el muelle Sur de la estación marítima de Levante. Cumpliendo con una, permítanme la expresión, estricta puntualidad germánica, el AidaBella, a pesar de la mala mar que se había encontrado, amarraba a las 6:50, diez minutos antes de la hora en la que estaba previsto su atraque.

Azotado por unas muy fuertes rachas de viento, el buque de 69.203 toneladas de registro bruto y 252 metros de eslora quedaba atracado con un total de 21 cabos de amarres; un nada habitual número de estachas que pretendía mantener al barco fijado al muelle de una forma segura.  Ante la posibilidad de la rotura de alguno de estos cabos, el buque pidió al remolcador Vehinte que, posicionado a proa, le empujara de forma permanente para no despegarse del muelle. Quince minutos después, el remolcador Vehinticuatro era requerido para mantener la popa del “Bella” pegada al muelle Sur.

Ante aquella complicada situación, quince minutos antes de las diez de la mañana, el buque, que no había desembarcado a ninguno de sus pasajeros, decidía dejar el puerto. Ayudado por los dos remolcadores malagueños, el AidaBella salía a mar abierto para capear el temporal con la intención de regresar si las condiciones climatológicas se lo permitían. Tras varias horas de espera navegando frente a las costas de Málaga, finalmente, el “Bella” cancelaba oficialmente su escala y ponía rumbo al puerto de Tánger.

AIDABELLA saliendo del puerto de Málaga el 6 de abril de 2011.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (24 de Diciembre de 2012).

Suciedad ignorada

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de diciembre de 2012 a las 11:30

Sería bueno recordar a todos los que se rasgan las vestiduras ante la posibilidad de obtener recursos naturales de los fondos marinos en las costas de Málaga, que año tras año, el litoral malagueño experimenta agresiones que pasan desapercibidas o, que en el mejor de los casos, se solucionan tarde y mal.

El 4 de octubre de este año, la bahía de Málaga amanecía sembrada por una enorme isla de suciedad flotante. Con varios centenares de metros de longitud, esta mancha compuesta por cañas y ramas de árboles fundamentalmente, amén de todo tipo de basura inorgánica, tras permanecer a la deriva durante muchas horas, finalmente desembarcaba plácidamente en las playas de la Malagueta y en las dársenas del puerto.

Esta circunstancia, fruto de unas intensas lluvias otoñales que arrojaron a la mar por diferentes arroyos y riachuelos todo tipo de desperdicios, no es la primera vez que ocurre y desgraciadamente, no será la última.

Y aunque estas manchas, en nada se parecen a otras que dañarían gravemente las costas malagueñas, lo que sí está claro, es que estas mareas que sí producen daños (una de las embarcaciones turísticas que da paseos por la bahía sufría una avería al chocar contra uno de los troncos que componían esta isla flotante), venden mucho menos polémica a la hora de hablar de la protección ante posibles agresiones medioambientales en la mar.

Si las cosas se hacen bien, efectuar prospecciones y posteriormente extraer recursos a muchas millas de la costa, no debería suponer un riesgo  de contaminación mayor que el que año tras año suponen las avalanchas de suciedad que la tierra arroja a la mar y que, los que tantas vestiduras se rasgan, no parecen tener demasiado en cuenta.

Mancha de suciedad en la bahía.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (18 de Diciembre de 2012).

Maletas de emigrantes

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de diciembre de 2012 a las 19:38

Corría el año 1902 y el puerto de Málaga gozaba de un abundante tráfico de buques de pasaje. Cumplimentando líneas regulares (fundamentalmente con destino a Centro y Sudamérica), diferentes navieras nacionales y extranjeras escalaban en el puerto malagueño para realiza embarques.

Y aunque los buques que efectuaban estos trayectos disponían de tres clases, la mayoría de los embarques que se realizaban en Málaga eran de tercera. Infinidad de emigrantes (muchos de ellos con sus familias), subían a estos barcos para iniciar en  tierras americanas una nueva vida.

Por aquellos años, aun existiendo un importante movimiento de pasajeros, el puerto malagueño no disponía de un servicio de maleteros. Los equipajes, en el caso de no poder ser embarcados por sus propietarios, se transportaban a bordo por mozos del barco o por personas que se ganaban unas monedas con estos trabajos de muelle.

Y aunque el caos de los embarques de emigrantes, milagrosamente, y siempre con algún que otro incidente, salía bien, en un momento dado, el transporte de maletas y bultos de estos pasajeros comenzó a ser problemático.

Los portuarios que realizaban estas labores, muchos de ellos estibadores, comenzaron  a no poder subir a estos barcos, especialmente los de bandera española, quedando el lucrativo negocio del embarque de maletas en manos de los tripulantes de estos buques.

Ante esta situación, muchos de los portuarios malagueños afectados por este hecho, sabotearon algunos embarques. El 13 de septiembre de 1902, el buque de la Compañía Trasatlántica Española Manuel Calvo en línea regular con Centroamérica sufría un considerable retraso en su salida por culpa de una protesta que les contaré en otra ocasión.

MANUEL CALVO.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (11 de Diciembre de 2012).

Sólo tres visitas

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de diciembre de 2012 a las 18:55

Hoy les contaré la trayectoria de un histórico buque de crucero que sólo ha visitado el puerto de Málaga en tres ocasiones. Construido en los astilleros daneses Aalborg Vaerft en 1981 y bautizado como Tropicale, éste fue el primer barco encargado por la compañía Carnival Cruise Lines (desde su fundación en 1972, esta naviera norteamericana sólo había navegado con buques de segunda mano).

Después de dos exitosas décadas crucerísticas, en 2001 el barco era transferido a Costa Cruceros que, tras una reforma, lo rebautizaba como Costa Tropicale. En 2005, después de otro cambio de apariencia, el buque pasaba a manos de la naviera P&O Australia, operando durante tres años con el nombre Pacific Star.  Tras ser posicionado en Singapur, en 2008, el barco era vendido a Royal Caribbean, que lo integraba en la flota de su compañía filiar Pullmantur bajo el nombre Ocean Dream.

Pero con independencia de su muy peculiar biografía,  la breve historia malagueña de este buque se iniciaba en la primavera de 2002. Realizando un crucero de siete noches por el Mediterráneo, el Costa Tropicale visitaba por primera vez Málaga el 12 de abril. Procedente de Tánger y con destino Marsella, el barco que viajaba al completo de pasaje, atracaba en el pantalán de Levante. Cuatro días después, el buque de repetía escala y muelle, aunque en aquella ocasión su procedencia era Marsella y su puerto de destino Tánger.

Tras aquellos dos atraques, el 25 de noviembre de ese mismo año, el Costa Tropicale cumplimentaba su última escala malagueña, quedando amarrado en aquella ocasión en el muelle de Ricardo Gross. Un muy significativo barco en la moderna historia crucerística que sólo visitó Málaga en tres ocasiones.

Costa Tropicale en su primera visita a Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (4 de Diciembre de 2012).

El ‘María del Pilar’

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de noviembre de 2012 a las 12:47

Muchos de los barcos que atracan en puerto, como norma de seguridad, además de colocar los cabos amarrados a tierra, tienden uno o dos por su costado libre. Esta medida que es obligatoria en los buques que transportan mercancías peligrosas, sirve para que, en un caso de emergencia, un remolcador pueda tirar de ellos y así queden separados del muelle.

A principios del siglo XX, una balandra de dos palos llamada María del Pilar, frecuentaba el puerto malagueño realizando navegaciones de cabotaje. Transportando todo tipo de mercancías, este barco, era propiedad de un comerciante de origen catalán apellidado Nogués.

El María del Pilar, que navegaba con una docena de tripulantes, llevaba siempre a bordo a José, uno de los hijos de su armador que controlaba las operaciones que se realizaban fuera de Málaga.

En Septiembre de 1902, el María del Pilar llegaba al puerto malagueño procedente de Tánger. Con un variado cargamento, en aquella ocasión, en vez de quedar fondeado en la dársena de Guadiaro como era habitual en este tipo de barcos, la balandra atracaba en el muelle número dos.

Mientras se descargaba el barco (al parecer esto ocurría el domingo 21 de septiembre), a bordo el María del Pilar se producía un incendio. Ante la imposibilidad de ser sofocado, José Nogués  junto al capitán, ordenaban el abandono del buque. Mientras ambos cortaban los cabos de amarre, desde tierra y con unos remos, la tripulación intentaba separar a la balandra del muelle que, pasto de las llamas, se hundía varias horas después.

Si por aquellos años hubiera existido la costumbre usar cabos exteriores de emergencia, tal vez el María del Pilar no se hubiera hundido pegado al muelle del Marqués de Guadiaro.

Cabo de seguridad en un barco atracado en el puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (27 de Noviembre de 2012).

Azul oscuro

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de noviembre de 2012 a las 12:34

En 1989 se creaba la compañía Renaissance Cruises. Con unas muy buenas expectativas de futuro, entre el año de su fundación y 1992, esta naviera encargaba la construcción de ocho pequeños buques de crucero. Tras el éxito de aquellos barcos (por entonces estaban muy de moda los denominados yacht cruises, pequeños y exclusivos buques que no solían superar el centenar de pasajeros), Renaissance Cruises ordenaba ocho nuevas unidades de mayor porte. Con un innovador diseño y con la seña de identidad de su casco pintado en azul oscuro, entre 1998 y 2001, esta compañía lanzaba al mercado crucerístico a sus ochos gemelos de 30.277 toneladas de registro bruto y 180 metros de eslora. Bautizados como R. One, R. Two y así, hasta R. Eight,  los buques de la denominada Clase R., durante un breve espacio de tiempo y fundamentalmente por el Mediterráneo, coparon gran parte del negocio de los viajes turísticos por mar.

Tras la bancarrota de Renaissance Cruises en 2001, los buques de la Clase R. comenzaron a ser vendidos y rebautizados; y la gran mayoría de ellos, con sus nuevos nombres, perdieron el color azul de sus cascos.

Los barcos de esta clase que visitaron Málaga bajo la contraseña de esta desaparecida naviera (R. One, R. Two, R. Five, R. Six y R. Seven), todos ellos, años después, regresaron al puerto malagueño con sus nuevas identidades, y en la mayoría de los casos, con sus cascos pintados de un blanco inmaculado.

Hace unos días, uno de estos barcos, en concreto el Azamara Quest (antiguo R. Seven), atracaba en Málaga pintado de blanco. Días después de esta visita, el barco regresaba con su casco pintado de color azul oscuro, retomando así la imagen original de los buques de la Clase R.

AZAMARA QUEST con su casco azul oscuro.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (20 de Noviembre de 2012).

El primer encuentro

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de noviembre de 2012 a las 8:46

Cuando dos barcos de una misma compañía coinciden atracados en un puerto, normalmente, los capitanes y algunos miembros de las tripulaciones suelen visitarse. Esta norma de cortesía, o si lo prefieren, de camaradería, habitualmente suele tener su segundo acto cuando uno de los barcos deja el puerto y ambos se despiden haciendo sonar sus bocinas.

Hace unos días, dos buques de Costa Cruceros atracaban con unas horas de diferencia en las instalaciones cruceristicas del puerto, y la tradicional visita y despedida sonora volvía a repetirse.

El miércoles 26 de julio de 1972, los muelles uno y dos (los que por entonces albergaban a la gran mayoría de buques de turistas que llegaban a Málaga) vivieron una jornada repleta de barcos. Procedente de Nápoles y con destino a Vigo, el buque español Monte Umbe atracaba en el muelle de Cánovas dentro de un curioso itinerario en el que viajaba un nutrido grupo de turistas de diversas nacionalidades. En ese mismo muelle, el buque de la  por entonces denominada Costa Line Federico C.,  amarraba tras haber tocado con anterioridad el puerto francés de Cannes. Completando la lista de barcos turísticos de ese día, el Irpinia, llegado de Tánger y con destino a Palma de Mallorca atracaba en el muelle de Ricardo Gross.

A las ocho de la tarde, el Federico C. dejaba las aguas del puerto rumbo a Funchal, y mientras salía, se encontraba con su hermano de contraseña Enrico C. que llegaba a Málaga para pasar la noche.

Unos prolongados saludos sonoros por parte de ambos barcos sirvieron para festejar aquel momento. Un histórico encuentro que significó la primera vez que coincidían en aguas malagueñas dos buques de Costa Line, lo que hoy es Costa Cruceros.

Federico C. y Enrico C.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (13 de Noviembre de 2012).

Banastas malagueñas

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de noviembre de 2012 a las 12:38

HASTA hace no demasiados años, la estandarización y las muy estrictas normas que rigen el transporte de mercancías por mar no existían. De esta forma, cualquier recipiente más o menos grande susceptible de ser usado para albergar carga, podía ser estibado sin ningún tipo de problema a bordo de un barco.

A finales del siglo XIX, el puerto de Málaga, inmerso en un rico y variado tráfico comercial, era un claro ejemplo de los muy diferentes tipos de recipientes y embalajes que, por aquellos años, se movían en cualquier puerto del mundo. Cargas sólidas o líquidas almacenadas en balas, fardos, sacos, toneles o barricas, constituían una imagen habitual en cualquiera de los muelles malagueños.

Pero además de esta variedad de grandes envases, y quizás, con una cierta exclusividad, el puerto de Málaga, durante muchas décadas movilizó diferentes cargas almacenadas en unos recipientes, permítanme la expresión, muy propios de la tierra. Las banastas, que no son otra cosa que grandes cestos hechos de mimbre o de finos listones de madera entretejidos, sirvieron durante años para transportar casi cualquier tipo mercancía manufacturada en tierras malagueñas.

Y aunque al parecer estos recipientes tienen su origen en el sector pesquero (la agricultura también podría haber sido la fuente de estos), lo que sí está claro, es que en la Málaga de los siglos XVIII y XIX, existieron diferentes talleres artesanales donde se fabricaron banastas especialmente destinadas a albergar productos exportados por vía marítima en rutas fundamentalmente de cabotaje.

Unos recipientes muy significativos del pasado portuario malagueño que hoy día no tendrían cabida en el transporte de mercancías por mar.

Descarga de un barco a finales del siglo XIX en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (6 de Noviembre de 2012).

Regreso a Guadiaro

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de octubre de 2012 a las 13:27

El 15 de mayo de 2007, atracaban respectivamente en los muelles 3A-2 y 1 los buques de crucero Coral y Dalmacija. Tras aquel día y salvo en contadas ocasiones (siempre con escalas de un solo buque), los muelles tributarios de la dársena del Marqués de Guadiaro nunca más recibieron conjuntamente la visita de dos barcos de turistas.

Tras las interminables obras que durante años han tenido inutilizados a los muelles 1 y 2, ahora, con la recién inaugurada estación marítima del Palmeral de las Sorpresas (ha sido un feo detalle no haber bautizado a esta estación con el nombre del muelle en el que está situada), la dársena de Guadiaro ha vuelto a tener en sus aguas a buques de crucero.

Cumplimentadas de una forma exitosa las primeras escalas de este tipo de barcos, el pasado fin de semana, la estación marítima del muelle 2 afrontaba el reto de acoger en sus instalaciones a dos barcos turísticos a la vez. Un hecho verdaderamente complicado debido a las limitaciones físicas con la que se ha diseñado y construido esta estación marítima.

Compartiendo la pasarela para el pasaje instalada en esta terminal turística (esta pasarela dispone de dos brazos que pueden usarse por separado), los buques Kristina Katarina y SeaDream I atracados respectivamente en los muelles 2 y 3A-1, pudieron movilizar sin problemas a la totalidad de sus pasajeros por las dependencias de esta pequeña estación marítima.

Un verdadero éxito que abre la posibilidad de ver de una forma asidua a dos buques atracados en las aguas de la dársena de Marqués Guadiaro. Una realidad que recuerda a otra época en la que los muelles más cercanos al centro de la ciudad eran los más importantes y transitados del puerto de Málaga.

SEADREAM I y KRISTINA KATARINA atracados en los muelles 3A1 y 2 del puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (30 de Octubre de 2012).

Clases o acomodaciones

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de octubre de 2012 a las 19:00

Cuando las líneas regulares trasatlánticas desaparecieron y los barcos que realizaban estas travesías se reconvirtieron en buques de crucero, las clases a bordo, supuestamente, dejaron de existir. Esta idea de estandarizar los viajes por mar y que todos los pasajeros embarcados fueran iguales, desde el primer buque para turistas que empezó a navegar como tal, fue una verdadera falacia. Y aunque la mayoría de las actividades y servicios de estos barcos son  de uso comunitario, las diversas categorías a la hora de la acomodación, constituyen una clara separación por clases.

Este hecho, que simple y llanamente significa poder viajar en un camarote más o menos grande o con vistas al exterior, desde siempre, ha sido una sutil diferenciación de clases en todos los buques de crucero.

En la actualidad, esta circunstancia constituye uno de los mayores reclamos de las compañías dedicadas al turismo por mar; un hecho que se aprecia nada más ver alguno de los  atractivos catálogos de los barcos de estas navieras.

Pero como si esta  gran variedad de camarotes con infinidad de denominaciones no fuera suficiente, algunas compañías, dando una nueva vuelta de tuerca al tema de la acomodación, desde hace algunos años, ofertan exclusivas áreas para los pasajeros que compran sus más selectas cabinas.

Compañías tales como MSC Cruceros o  Celebrity Cruises, ambas, viejas conocedoras del puerto de Málaga, disponen de camarotes especiales con  instalaciones privadas adyacentes. Una  singular circunstancia que directamente nos llevaría a  recordar las  diferentes clases, o si lo prefieren, acomodaciones, que existieron a bordo de los barcos que, hace décadas, trasportaron pasajeros por todo el mundo.

Suite-camarote de un buque de crucero.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (23 de Octubre de 2012).

El fondeo del CLARA DEL MAR

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de octubre de 2012 a las 9:20

EL 13 de septiembre de este año, procedente de Algeciras, llegaba a la bahía malagueña el buque portacontenedores Maersk Brooklyn. Sin ningún contenedor sobre su cubierta, este barco abanderado en Dinamarca, quedaba anclado en una de las áreas de fondeo de la rada a órdenes. Tras un mes de espera, ayer, el buque finalmente atracaba en la terminal de contenedores, y así, concluía una estancia de 32 días inactivo frente a la ciudad de Málaga.

El 10 de junio de 2011, el barco de bandera española Clara del Mar fondeaba en la bahía. Inmerso en los trámites de un cambio de armador, este conro (buque de carga rodada y contenedores), llegaba procedente de Sevilla quedando a la espera de finalizar sus gestiones y encontrar un puerto de destino.

Casi un mes después de su llegada, en concreto el 6 de julio, el Clara del Mar hacía una fugaz entrada en el puerto atracando durante seis horas en el pantalán de Levante. Tras volver al fondeo, el 18 de julio, el buque matriculado en Santa Cruz de Tenerife repetía amarre, aunque en aquella ocasión, pasaba la noche atracado. Al día siguiente, nuevamente el barco regresaba a la rada, volviendo por tercera vez al Pantalán de Levante el día 27 de ese mismo mes.

Después de una nueva pernocta, el barco salía a la bahía y tras un día de fondeo, ponía rumbo a las Palmas donde finalmente cambiaba de nombre y propietario. Y aunque los fondeos de larga duración, como el del Maersk Brooklyn suelen ser normales (hay zonas en el mundo destinadas a este tipo de fondeos prolongados), lo que no resulta tan habitual, es que un barco esperando órdenes entre y salga de puerto varias veces en tan corto especio de tiempo, tal y como hizo el Clara del Mar en Málaga.

CLARA DEL MAR en una de sus salidas del puerto de Málaga

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (16 de Octubre de 2012).