Sólo tres visitas

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de diciembre de 2012 a las 18:55

Hoy les contaré la trayectoria de un histórico buque de crucero que sólo ha visitado el puerto de Málaga en tres ocasiones. Construido en los astilleros daneses Aalborg Vaerft en 1981 y bautizado como Tropicale, éste fue el primer barco encargado por la compañía Carnival Cruise Lines (desde su fundación en 1972, esta naviera norteamericana sólo había navegado con buques de segunda mano).

Después de dos exitosas décadas crucerísticas, en 2001 el barco era transferido a Costa Cruceros que, tras una reforma, lo rebautizaba como Costa Tropicale. En 2005, después de otro cambio de apariencia, el buque pasaba a manos de la naviera P&O Australia, operando durante tres años con el nombre Pacific Star.  Tras ser posicionado en Singapur, en 2008, el barco era vendido a Royal Caribbean, que lo integraba en la flota de su compañía filiar Pullmantur bajo el nombre Ocean Dream.

Pero con independencia de su muy peculiar biografía,  la breve historia malagueña de este buque se iniciaba en la primavera de 2002. Realizando un crucero de siete noches por el Mediterráneo, el Costa Tropicale visitaba por primera vez Málaga el 12 de abril. Procedente de Tánger y con destino Marsella, el barco que viajaba al completo de pasaje, atracaba en el pantalán de Levante. Cuatro días después, el buque de repetía escala y muelle, aunque en aquella ocasión su procedencia era Marsella y su puerto de destino Tánger.

Tras aquellos dos atraques, el 25 de noviembre de ese mismo año, el Costa Tropicale cumplimentaba su última escala malagueña, quedando amarrado en aquella ocasión en el muelle de Ricardo Gross. Un muy significativo barco en la moderna historia crucerística que sólo visitó Málaga en tres ocasiones.

Costa Tropicale en su primera visita a Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (4 de Diciembre de 2012).

El ‘María del Pilar’

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de noviembre de 2012 a las 12:47

Muchos de los barcos que atracan en puerto, como norma de seguridad, además de colocar los cabos amarrados a tierra, tienden uno o dos por su costado libre. Esta medida que es obligatoria en los buques que transportan mercancías peligrosas, sirve para que, en un caso de emergencia, un remolcador pueda tirar de ellos y así queden separados del muelle.

A principios del siglo XX, una balandra de dos palos llamada María del Pilar, frecuentaba el puerto malagueño realizando navegaciones de cabotaje. Transportando todo tipo de mercancías, este barco, era propiedad de un comerciante de origen catalán apellidado Nogués.

El María del Pilar, que navegaba con una docena de tripulantes, llevaba siempre a bordo a José, uno de los hijos de su armador que controlaba las operaciones que se realizaban fuera de Málaga.

En Septiembre de 1902, el María del Pilar llegaba al puerto malagueño procedente de Tánger. Con un variado cargamento, en aquella ocasión, en vez de quedar fondeado en la dársena de Guadiaro como era habitual en este tipo de barcos, la balandra atracaba en el muelle número dos.

Mientras se descargaba el barco (al parecer esto ocurría el domingo 21 de septiembre), a bordo el María del Pilar se producía un incendio. Ante la imposibilidad de ser sofocado, José Nogués  junto al capitán, ordenaban el abandono del buque. Mientras ambos cortaban los cabos de amarre, desde tierra y con unos remos, la tripulación intentaba separar a la balandra del muelle que, pasto de las llamas, se hundía varias horas después.

Si por aquellos años hubiera existido la costumbre usar cabos exteriores de emergencia, tal vez el María del Pilar no se hubiera hundido pegado al muelle del Marqués de Guadiaro.

Cabo de seguridad en un barco atracado en el puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (27 de Noviembre de 2012).

Azul oscuro

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de noviembre de 2012 a las 12:34

En 1989 se creaba la compañía Renaissance Cruises. Con unas muy buenas expectativas de futuro, entre el año de su fundación y 1992, esta naviera encargaba la construcción de ocho pequeños buques de crucero. Tras el éxito de aquellos barcos (por entonces estaban muy de moda los denominados yacht cruises, pequeños y exclusivos buques que no solían superar el centenar de pasajeros), Renaissance Cruises ordenaba ocho nuevas unidades de mayor porte. Con un innovador diseño y con la seña de identidad de su casco pintado en azul oscuro, entre 1998 y 2001, esta compañía lanzaba al mercado crucerístico a sus ochos gemelos de 30.277 toneladas de registro bruto y 180 metros de eslora. Bautizados como R. One, R. Two y así, hasta R. Eight,  los buques de la denominada Clase R., durante un breve espacio de tiempo y fundamentalmente por el Mediterráneo, coparon gran parte del negocio de los viajes turísticos por mar.

Tras la bancarrota de Renaissance Cruises en 2001, los buques de la Clase R. comenzaron a ser vendidos y rebautizados; y la gran mayoría de ellos, con sus nuevos nombres, perdieron el color azul de sus cascos.

Los barcos de esta clase que visitaron Málaga bajo la contraseña de esta desaparecida naviera (R. One, R. Two, R. Five, R. Six y R. Seven), todos ellos, años después, regresaron al puerto malagueño con sus nuevas identidades, y en la mayoría de los casos, con sus cascos pintados de un blanco inmaculado.

Hace unos días, uno de estos barcos, en concreto el Azamara Quest (antiguo R. Seven), atracaba en Málaga pintado de blanco. Días después de esta visita, el barco regresaba con su casco pintado de color azul oscuro, retomando así la imagen original de los buques de la Clase R.

AZAMARA QUEST con su casco azul oscuro.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (20 de Noviembre de 2012).

El primer encuentro

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de noviembre de 2012 a las 8:46

Cuando dos barcos de una misma compañía coinciden atracados en un puerto, normalmente, los capitanes y algunos miembros de las tripulaciones suelen visitarse. Esta norma de cortesía, o si lo prefieren, de camaradería, habitualmente suele tener su segundo acto cuando uno de los barcos deja el puerto y ambos se despiden haciendo sonar sus bocinas.

Hace unos días, dos buques de Costa Cruceros atracaban con unas horas de diferencia en las instalaciones cruceristicas del puerto, y la tradicional visita y despedida sonora volvía a repetirse.

El miércoles 26 de julio de 1972, los muelles uno y dos (los que por entonces albergaban a la gran mayoría de buques de turistas que llegaban a Málaga) vivieron una jornada repleta de barcos. Procedente de Nápoles y con destino a Vigo, el buque español Monte Umbe atracaba en el muelle de Cánovas dentro de un curioso itinerario en el que viajaba un nutrido grupo de turistas de diversas nacionalidades. En ese mismo muelle, el buque de la  por entonces denominada Costa Line Federico C.,  amarraba tras haber tocado con anterioridad el puerto francés de Cannes. Completando la lista de barcos turísticos de ese día, el Irpinia, llegado de Tánger y con destino a Palma de Mallorca atracaba en el muelle de Ricardo Gross.

A las ocho de la tarde, el Federico C. dejaba las aguas del puerto rumbo a Funchal, y mientras salía, se encontraba con su hermano de contraseña Enrico C. que llegaba a Málaga para pasar la noche.

Unos prolongados saludos sonoros por parte de ambos barcos sirvieron para festejar aquel momento. Un histórico encuentro que significó la primera vez que coincidían en aguas malagueñas dos buques de Costa Line, lo que hoy es Costa Cruceros.

Federico C. y Enrico C.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (13 de Noviembre de 2012).

Banastas malagueñas

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de noviembre de 2012 a las 12:38

HASTA hace no demasiados años, la estandarización y las muy estrictas normas que rigen el transporte de mercancías por mar no existían. De esta forma, cualquier recipiente más o menos grande susceptible de ser usado para albergar carga, podía ser estibado sin ningún tipo de problema a bordo de un barco.

A finales del siglo XIX, el puerto de Málaga, inmerso en un rico y variado tráfico comercial, era un claro ejemplo de los muy diferentes tipos de recipientes y embalajes que, por aquellos años, se movían en cualquier puerto del mundo. Cargas sólidas o líquidas almacenadas en balas, fardos, sacos, toneles o barricas, constituían una imagen habitual en cualquiera de los muelles malagueños.

Pero además de esta variedad de grandes envases, y quizás, con una cierta exclusividad, el puerto de Málaga, durante muchas décadas movilizó diferentes cargas almacenadas en unos recipientes, permítanme la expresión, muy propios de la tierra. Las banastas, que no son otra cosa que grandes cestos hechos de mimbre o de finos listones de madera entretejidos, sirvieron durante años para transportar casi cualquier tipo mercancía manufacturada en tierras malagueñas.

Y aunque al parecer estos recipientes tienen su origen en el sector pesquero (la agricultura también podría haber sido la fuente de estos), lo que sí está claro, es que en la Málaga de los siglos XVIII y XIX, existieron diferentes talleres artesanales donde se fabricaron banastas especialmente destinadas a albergar productos exportados por vía marítima en rutas fundamentalmente de cabotaje.

Unos recipientes muy significativos del pasado portuario malagueño que hoy día no tendrían cabida en el transporte de mercancías por mar.

Descarga de un barco a finales del siglo XIX en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (6 de Noviembre de 2012).

Regreso a Guadiaro

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de octubre de 2012 a las 13:27

El 15 de mayo de 2007, atracaban respectivamente en los muelles 3A-2 y 1 los buques de crucero Coral y Dalmacija. Tras aquel día y salvo en contadas ocasiones (siempre con escalas de un solo buque), los muelles tributarios de la dársena del Marqués de Guadiaro nunca más recibieron conjuntamente la visita de dos barcos de turistas.

Tras las interminables obras que durante años han tenido inutilizados a los muelles 1 y 2, ahora, con la recién inaugurada estación marítima del Palmeral de las Sorpresas (ha sido un feo detalle no haber bautizado a esta estación con el nombre del muelle en el que está situada), la dársena de Guadiaro ha vuelto a tener en sus aguas a buques de crucero.

Cumplimentadas de una forma exitosa las primeras escalas de este tipo de barcos, el pasado fin de semana, la estación marítima del muelle 2 afrontaba el reto de acoger en sus instalaciones a dos barcos turísticos a la vez. Un hecho verdaderamente complicado debido a las limitaciones físicas con la que se ha diseñado y construido esta estación marítima.

Compartiendo la pasarela para el pasaje instalada en esta terminal turística (esta pasarela dispone de dos brazos que pueden usarse por separado), los buques Kristina Katarina y SeaDream I atracados respectivamente en los muelles 2 y 3A-1, pudieron movilizar sin problemas a la totalidad de sus pasajeros por las dependencias de esta pequeña estación marítima.

Un verdadero éxito que abre la posibilidad de ver de una forma asidua a dos buques atracados en las aguas de la dársena de Marqués Guadiaro. Una realidad que recuerda a otra época en la que los muelles más cercanos al centro de la ciudad eran los más importantes y transitados del puerto de Málaga.

SEADREAM I y KRISTINA KATARINA atracados en los muelles 3A1 y 2 del puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (30 de Octubre de 2012).

Clases o acomodaciones

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de octubre de 2012 a las 19:00

Cuando las líneas regulares trasatlánticas desaparecieron y los barcos que realizaban estas travesías se reconvirtieron en buques de crucero, las clases a bordo, supuestamente, dejaron de existir. Esta idea de estandarizar los viajes por mar y que todos los pasajeros embarcados fueran iguales, desde el primer buque para turistas que empezó a navegar como tal, fue una verdadera falacia. Y aunque la mayoría de las actividades y servicios de estos barcos son  de uso comunitario, las diversas categorías a la hora de la acomodación, constituyen una clara separación por clases.

Este hecho, que simple y llanamente significa poder viajar en un camarote más o menos grande o con vistas al exterior, desde siempre, ha sido una sutil diferenciación de clases en todos los buques de crucero.

En la actualidad, esta circunstancia constituye uno de los mayores reclamos de las compañías dedicadas al turismo por mar; un hecho que se aprecia nada más ver alguno de los  atractivos catálogos de los barcos de estas navieras.

Pero como si esta  gran variedad de camarotes con infinidad de denominaciones no fuera suficiente, algunas compañías, dando una nueva vuelta de tuerca al tema de la acomodación, desde hace algunos años, ofertan exclusivas áreas para los pasajeros que compran sus más selectas cabinas.

Compañías tales como MSC Cruceros o  Celebrity Cruises, ambas, viejas conocedoras del puerto de Málaga, disponen de camarotes especiales con  instalaciones privadas adyacentes. Una  singular circunstancia que directamente nos llevaría a  recordar las  diferentes clases, o si lo prefieren, acomodaciones, que existieron a bordo de los barcos que, hace décadas, trasportaron pasajeros por todo el mundo.

Suite-camarote de un buque de crucero.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (23 de Octubre de 2012).

El fondeo del CLARA DEL MAR

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de octubre de 2012 a las 9:20

EL 13 de septiembre de este año, procedente de Algeciras, llegaba a la bahía malagueña el buque portacontenedores Maersk Brooklyn. Sin ningún contenedor sobre su cubierta, este barco abanderado en Dinamarca, quedaba anclado en una de las áreas de fondeo de la rada a órdenes. Tras un mes de espera, ayer, el buque finalmente atracaba en la terminal de contenedores, y así, concluía una estancia de 32 días inactivo frente a la ciudad de Málaga.

El 10 de junio de 2011, el barco de bandera española Clara del Mar fondeaba en la bahía. Inmerso en los trámites de un cambio de armador, este conro (buque de carga rodada y contenedores), llegaba procedente de Sevilla quedando a la espera de finalizar sus gestiones y encontrar un puerto de destino.

Casi un mes después de su llegada, en concreto el 6 de julio, el Clara del Mar hacía una fugaz entrada en el puerto atracando durante seis horas en el pantalán de Levante. Tras volver al fondeo, el 18 de julio, el buque matriculado en Santa Cruz de Tenerife repetía amarre, aunque en aquella ocasión, pasaba la noche atracado. Al día siguiente, nuevamente el barco regresaba a la rada, volviendo por tercera vez al Pantalán de Levante el día 27 de ese mismo mes.

Después de una nueva pernocta, el barco salía a la bahía y tras un día de fondeo, ponía rumbo a las Palmas donde finalmente cambiaba de nombre y propietario. Y aunque los fondeos de larga duración, como el del Maersk Brooklyn suelen ser normales (hay zonas en el mundo destinadas a este tipo de fondeos prolongados), lo que no resulta tan habitual, es que un barco esperando órdenes entre y salga de puerto varias veces en tan corto especio de tiempo, tal y como hizo el Clara del Mar en Málaga.

CLARA DEL MAR en una de sus salidas del puerto de Málaga

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (16 de Octubre de 2012).

El Boudicca

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de octubre de 2012 a las 8:50

PERMÍTANME que hoy aluda a la épica de los buques de crucero del pasado para hablarles de un barco histórico aun en activo. Con 35 años de vida, el Boudicca, sin haber perdido ni un ápice de su encanto original, compite en igualdad de condiciones con los modernos hoteles flotantes que marcan la tendencia actual en cuanto al mercado crucerístico se refiere.

Construido en los astilleros finlandeses Oy Wärtsilä Ab en 1973, este buque, último de una serie de tres unidades encargadas por la compañía Royal Viking Line, iniciaba su vida de mar con el nombre Royal Viking Sky. Convertido junto a sus dos gemelos en los buques de crucero más famosos y lujosos de la década de los setenta, el Royal Viking Sky visitaba por primera vez Málaga en noviembre de 1977. Después de aquella primera escala en la que atracó en el muelle de Ricardo Gross, este buque, que en 1982 alargaba su eslora 27 metros, frecuentó las aguas malagueñas de forma continuada en sus muy exclusivos y caros itinerarios crucerísticos hasta 1989.

Tras verse mermada su aceptación por parte del público (paradójicamente el alargamiento de los tres gemelos de la Royal Viking Line les hizo perder su exclusividad), el Royal Viking Sky iniciaba una carrera repleta de cambios de nombres. Entre 1991 y 2004 el buque navegó con siete nombres diferentes, trabajando durante muchos de estos años para el mercado asiático. En 2005, tras una brevísima aventura con los colores un operador español, el barco era comprado por la compañía Fred Olsen Cruises, siendo rebautizado como Boudicca.

El 13 de junio de 2006 el Boudicca se estrenaba en Málaga, y curiosamente, en su primera escala atracaba en el mismo muelle en el que se amarró en 1977.

El ‘Boudicca’, en su primer atraque en Málaga en 2006.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (9 de Octubre de 2012).

Imprevistos

Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de octubre de 2012 a las 12:28

HACE unos días, un buque de crucero adelantaba su llegada a Málaga tras cancelar una escala programada en otro puerto. Este tipo de circunstancia, ya sea referida a la cancelación o al adelanto del atraque, constituye un verdadero quebradero de cabeza para el personal portuario implicado en la atención de cualquier barco. Y aunque estos incidentes ocurren de una forma habitual, los medios técnicos existentes en la actualidad, en cierta medida, reducen considerablemente las complicaciones de estos imprevistos. Años atrás, sin las comunicaciones que hoy existen, las cancelaciones o adelantos de atraques constituían un verdadero problema en cualquier puerto del mundo.

Allá por finales del siglo XIX, la Société Générale de Transports Maritimes à Vapeur (SGTM) era la compañía que más buques en línea regular traía a Málaga en sus diferentes rutas con el nuevo mundo. Con una periodicidad quincenal o mensual, los vapores de esta naviera francesa embarcaban pasajeros y carga para diferentes puertos americanos apoyados en un curioso sistema publicitario que anunciaba, casi a diario, las entradas y salidas de estos barcos en los diferentes periódicos de la ciudad.

En unos anuncios tipo, donde sólo se cambiaba el nombre del buque y la fecha de llegada, los pasajeros que embarcaban en los vapores de la SGTM, debían estar muy atentos a la prensa local para verificar los datos que la agencia consignataria del barco les proporcionaba a la venta del pasaje. Habitualmente el consignatario solía ser el expendedor de los billetes. Cuando había retrasos, normalmente por mal tiempo o averías, la prensa reseñaba el imprevisto y el anuncio tipo se publicaba con la nueva fecha de la llegada del vapor.

Anuncio de la Société Générale de Transports Maritimes à Vapeur.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (2 de Octubre de 2012).

Princesas

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de septiembre de 2012 a las 8:29

En el año 2003, el Comité Olímpico Internacional obligó a la compañía de origen griego Royal Olympic Cruises a cambiar su nombre y el de todos sus barcos. Rebautizada como Royal Olympia Cruises, los buques que componían la flota de esta naviera también remodelaron sus apellidos, y el histórico nombre Olympic tuvo que ser cambiado el de Olympia.

Esta singular circunstancia, única en la historia marítima internacional, me sirve para comentarles un curioso hecho al respecto de algunos nombres de barcos dedicados al turismo. Fundada en 1965, la compañía Princess Cruises, desde un principio, bautizó a todos sus barcos con el apellido Princess.

Teniendo como principal reclamo al Pacific Princess, o si lo prefieren Princesa del Pacífico (protagonista de la afamada serie televisiva Vacaciones en el Mar), esta compañía se ha hecho con parte del pastel crucerístico internacional con un extensa flota de Princesas; unos buques modernos que como en el caso de otras navieras, pretenden vender un estilo o filosofía de vida propia a bordo de todos sus barcos.

Y aunque lo más normal debería ser, teniendo en cuenta diferentes asuntos legales referidos a registros de marcas o publicidad, que sólo existieran buques crucero nombrados como Princess a cargo de esta compañía naviera, resulta curioso que haya otros barcos de turistas que luzcan en su casco este mismo nombre.

Bajo la contraseña de Classic International Cruises, una compañía dedicada a la gestión de barcos de turistas clásicos, navegan por el mundo los buques Princess Danae y Princess Daphne. Unas princesas, tanto las de una compañía como las de otra, que, desde hace muchos años visitan con asiduidad los muelles del puerto de Málaga.

PRINCESS DAPHNE atracado en el muelle número 2 del puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (25 de Septiembre de 2012).

El repintador de barcos

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de septiembre de 2012 a las 9:56

LA historia de José Luque tal vez sea una de las más singulares que hasta la fecha he conocido de un portuario malagueño. Nacido a principios de los años veinte en el seno una familia humilde, José, de la mano de su hermano mayor, muy pronto comenzó a trabajar en los muelles. Carente de escolarización y de juegos infantiles, nuestro protagonista se iniciaba en la vida portuaria a bordo de un pequeño bote: el único patrimonio de la familia Luque. Realizando pequeños portes entre los buques fondeados en las dársenas y los muelles, José y su hermano trabajaban sin horarios y sin días de descanso.

Con apenas diez años, una reyerta acababa con la vida del hermano de José y éste, sin ninguna otra familia, se quedaba solo. Convertido en un niño portuario, José siguió patroneando su pequeño bote a remos hasta que un barco le cambió la vida. El lunes 19 de marzo del año 1934, procedente de Barcelona y en ruta hacia Nueva York, atracaba en el muelle de Cánovas el buque de la Compañía Trasatlántica Española Magallanes.

Ante la necesidad de tapar algunos desconchones en el casco de este trasatlántico, el consignatario del buque ofreció la faena a varios barqueros portuarios, siendo José uno de los seleccionados. Tras aquel trabajo, la barca del joven malagueño se convirtió en una habitual de estas labores y durante muchos años, sólo o acompañado de los marineros de los barcos en cuestión, José repintó las manchas de los cascos de infinidad de buques atracados en el puerto de Málaga.

Cuando los barcos dejaron de emplear a trabajadores externos para realizar estas labores, José Luque dejó de trabajar y con él se perdió una muy curiosa y antigua profesión portuaria.

Tareas de pintura en el caso de un buque de crucero en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (18 de Septiembre de 2012).

Todo un fracaso

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de septiembre de 2012 a las 12:17

LA historia marítima malagueña de las últimas décadas está repleta de líneas regulares de pasaje y carga. Con mayor o menor éxito comercial y duración, y dejando siempre a un lado a la centenaria ruta con Melilla, existe un puerto muy cercano a Málaga que nunca ha funcionado en lo que se refiere a las navegaciones regulares con pasajeros. Y aunque sí han existido diferentes intentonas, el enlace con el puerto de Ceuta siempre ha fallado debido a múltiples circunstancias.

Aún con el recuerdo de los catamaranes rápidos Catalonia L y Patricia Olivia que, a finales de los noventa, navegaron sin demasiado éxito entre Málaga y Ceuta bajo la contraseña de la compañía BuqueBus, el más rotundo fracaso en lo que a esta línea regular se refiere, se produjo entre los años 1983 y 1984.

Sin demasiado apoyo publicitario, el 27 de septiembre de 1983 se presentaba en el puerto malagueño el buque Menorca. Propiedad de la Empresa Isleña de Navegación y adscrito para el servicio que se inauguraba a la Naviera del Sur, este buque comenzaba ese mismo día una línea regular de pasaje con el puerto de Ceuta.

Con 292 toneladas de registro bruto, 41 metros de eslora y una capacidad para 200 pasajeros, el Menorca, había sido construido entre 1971 y 1972 en los Astilleros y Talleres de Celaya en la localidad bilbaína de Erandio.

Tras cancelar gran número de viajes aludiendo siempre a motivos técnicos del barco (la travesía, que costaba 1.500 pesetas, unía Málaga con Ceuta en cuatro horas y media), el 16 de febrero de 1984 la compañía que gestionaba el buque anunciaba el cierre de la línea. Ese mismo día, el Menorca dejaba Málaga con destino a Baleares para cubrir una ruta entre Ciudadela y Alcudia.

MENORCA

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (11 de Septiembre de 2012).

Un yate regio que nunca fue

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de septiembre de 2012 a las 10:34

Desde hace unos días, permanece atracado en el muelle número uno el velero de bandera inglesa ORION. Construido en 1910 en los astilleros británicos Camper & Nicholsons por encargo de la familia de real española, esta goleta de dos mástiles nunca llegó a navegar bajo pabellón regio. Adquirido por un militar inglés, el SYLVANIA (este fue su primer nombre), tras navegar tres años bajo el pabellón del Reino Unido, comenzó una errática carrera cargada de cambios de nombres y armadores. Con la peculiaridad de haber sido propiedad del periódico francés Le Matín, este velero que en 1922 fue adquirido por el astillero que lo había construido, en el año 1927, dejaba el Viejo Continente para posicionarse en Sudamérica rebautizado como VIRA.

Después de su aventura americana, en 1930, el naviero español Miguel Martínez de Pinillos se hizo cargo del barco rebautizándolo como ORION. Abanderado en España y matriculado en Cádiz, en 1949 la goleta marchó a Barcelona, donde en 1951 protagonizaba la película Pandora y el holandés errante. Se dice que durante el rodaje de esta cinta, Ava Gardner y el actor y torero catalán Mario Cabré vivieron a bordo del ORION un apasionado romance. Tras quedar desarbolado en 1967 debido a un fuerte temporal mientras navegaba entre Barcelona y Marsella, el velero fue reparado en el puerto italiano de La Spezia, desde donde realizó hasta 1970 diferentes cruceros turísticos con base en Montecarlo. Después permanecer varado en tierra casi 30 años, en 1999, el ORION volvió a navegar totalmente restaurado retomando su fisonomía original. Con 45,50 metros de eslora, 7,15 de manga y un desplazamiento de 254 toneladas, esta goleta de dos palos que gestiona 986 metros cuadrados de superficie vélica, navega la mayor parte del tiempo impulsada por el viento. Tripulada por 11 personas y con una capacidad máxima para 10 pasajeros, el ORION opera fundamentalmente por el Mediterráneo en régimen de alquiler. Una verdadera joya flotante.

Les dejo algunos datos más del barco:

Sus nombres:

SYLVANA: 1910-1919.

PAYS DE FRANCE: 1919.

LE MATÍN: 1920-1922.

DIANE: 1923-1927.

VIRA: 1927-1930.

ORION: 1930.

Con todos estos nombres, el barco ha navegado bajo seis banderas diferentes.

Al respecto de sus armadores, hay que reseñar que el barco, hasta la fecha, ha tenido más de una docena de propietarios. Resulta curioso que el periódico francés Le Matín fuera dueño de la goleta durante dos años. También resulta llamativo que el astillero donde se construyó se hiciera cargo del barco como armador.

Sin perder su aparejo de goleta, el yate, durante algunos años, navegó con un aparejo de goleta modificado. Según he podido investigar, el aparejo que en la actualidad gestiona el ORION es igual al que originariamente tenía cuando fue construido.

Una última curiosidad. Si buscan datos del barco en internet lo encontrarán bajo el nombre ORION OF THE SEAS….

Algunas fotos:

ORION atracado en el muelle  número uno del puerto de Málaga . Fotos M.L ©

Paseos en coche de caballos

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de septiembre de 2012 a las 10:22

El  martes cuatro de septiembre de 1934, fondeaba en la bahía malagueña el buque de bandera inglesa Atlantis. Procedente de Southampton y con destino a Nápoles, este barco que realizaba un exclusivo itinerario crucerístico por el Mediterráneo, llegaba a Málaga con 450 pasajeros (su ocupación máxima). Organizado el desembarco en diferentes botes salvavidas del buque, la mayoría de los turistas británicos que bajaron a tierra, durante varias horas, visitaron la ciudad y sus alrededores subidos en coches de caballos.

Aquella escala turística, tan organizada como las que en la actualidad efectúan los muchos buques de crucero que llegan al puerto malagueño, fue la última de este barco en Málaga. Una visita que como las anteriores 14, realizadas desde 1930, se caracterizó por una curiosa circunstancia.

Construido en 1913 en los astilleros norirlandeses Harland & Wolf (los mismos que dos años antes habían botado al Titanic), este buque, comenzaba a navegar con el nombre Andes bajo la contraseña de la compañía británica Royal Mail Lines. Tras realizar viajes en línea regular con Sudamérica y participar como mercante artillado en la Primera Guerra Mundial, en 1930, rebautizado como Atlantis, comenzaba a navegar como buque de crucero. Ese mismo año, en uno de sus primeros itinerarios turísticos por mar, el barco visitaba el puerto de Málaga. Atracado en el muelle de Cánovas, la agencia encargada de consignar a este buque ofreció, de forma gratuita, a todos los pasajeros del Atlantis un paseo en coche de caballos. Aquel recorrido turístico por las calles malagueñas fue todo un éxito y el Atlantis, en sus siguientes 14 escalas en Málaga, siempre ofertó a sus pasajeros esta singular actividad.

Buque de crucero ATLANTIS.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (4 de Septiembre de 2012).

Sólo dos años en Málaga

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de agosto de 2012 a las 12:38

Hubo un señor muy relacionado con el mundo marítimo malagueño que,  durante muchos años, mantuvo una lucha permanente con la compañía Trasmediterránea para que alguno de sus barcos luciera el nombre Ciudad de Málaga.

Esta peculiar batalla que se prolongó entre las décadas de los años sesenta y ochenta, finalmente (no sabría muy bien decir si debido a la persistencia de este señor o a los planes de la compañía), se saldó con puesta en marcha en 1998 de un ferry  que lucía en su casco en nombre de la capital de la Costa del Sol.

Pero con independencia de que este barco aún sigue activo y con la peculiaridad de que nunca ha operado en el puerto que lleva su nombre, en los años treinta, sí que existió un buque llamado Ciudad de Málaga que con los colores de la Trasmediterránea trabajó en el puerto malagueño.

En noviembre de 1929, los astilleros gaditanos Echevarrieta y Larrínaga iniciaban la construcción de dos barcos que debían recibir los nombres de General Berenguer y General Jordana. Ya en el agua y aun en fase de armamento, la proclamación de la Segunda República española cambió estos planes y ambos buques comenzaron sus respectivas carreras de mar rebautizados como Ciudad de Mahón y Ciudad de Málaga.

Con 1.550 toneladas de registro bruto, 71 metros de eslora y una capacidad para 290 pasajeros, a finales de 1931, el Ciudad de Málaga comenzó a trabajar en la línea entre Málaga y Melilla junto a los buques A. Lázaro y J.J. Sister.

Dos años después y tras un corto espacio de tiempo en Baleares, el Ciudad de Málaga fue desplazado a Canarias al servicio entre islas. Saliendo de Las Palmas el 8 de enero de 1936, el barco se hundía tras ser abordado por el mercante de bandera inglesa Cape of Good Hope.

CIUDAD DE MALAGA

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (28 de Agosto de 2012).

Un barco de otra época

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de agosto de 2012 a las 12:15

El 21 de abril de 1982, los astilleros polacos Warski, Szczecin entregaban a la compañía soviética Baltic Shipping Company el buque Konstantin Simonov. Integrado en una serie de siete ferries denominados clase Dmitriy Shostakovich, este buque iniciaba su vida de mar operando en una línea regular entre los puertos de Leningrado, Riga y Helsinki.

Realizando ocasionalmente recorridos crucerísticos, el Konstantin Simonov visitaba Málaga una vez en 1985 y dos en 1987 en unos viajes especiales para turistas bajo el pabellón de la hoz y el martillo.

Tras la desaparición de la URSS y la quiebra de la compañía estatal que lo gestionaba, el buque quedaba parado en Kiel, siendo vendido en 1996 para trabajar como ferry en Australia. Después de cuatro años con el nombre Francesca, en 2000, el barco otra vez cambiaba de propietario. Rebautizado como The Iris y tras sufrir una importante reforma, el viejo buque soviético comenzaba a navegar en exclusividad como barco para turistas realizando diferentes recorridos crucerísticos por el Mediterráneo.

Aún en buenas condiciones, en 2009 la naviera finlandesa Kristina Cruises compraba el barco. Renombrado como Kristina Katarina  y convertido en el buque insignia de esta compañía en sustitución del Kristina Regina (un viejo conocido en el puerto malagueño), este barco, comenzaba en 2010 sus itinerarios turísticos por Europa Occidental y el Mediterráneo dedicado en exclusividad al mercado crucerístico finlandés.

Tras realizar su primera visita a Málaga el 14 de mayo de 2011, el Kristina Katarina, hace unos días completaba su tercera escala malagueña; una estancia que nuevamente permitió ver a un barco que muy bien podríamos calificar como de otra época.

KRISTINA KATARINA atracado en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (21 de Agosto de 2012).

Los estrenos de 1963

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de agosto de 2012 a las 8:25

HOY en día, nos parecería inconcebible que en el puerto no existieran remolcadores, o que los prácticos, no pudieran comunicar por radio con los barcos que se encuentran en el exterior y que sus lanchas, debido al mal tiempo, no pudieran salir a la bahía para realizar su trabajo.

Y aunque en la actualidad todo esto forma parte del habitual día a día portuario, hasta principios de los años sesenta, el puerto malagueño careció de casi todas estas herramientas de trabajo; unos medios que poco a poco fueron apareciendo y que, con muchos, aunque mejor sería decir muchísimos años de retraso, convirtieron a Málaga en un puerto moderno.

En febrero de 1963, el buque de bandera española Cabo Roche traía al puerto de Málaga una nueva lancha adquirida por la corporación de prácticos. Construida en los astilleros barceloneses de la familia Cardona, esta embarcación de 10,45 metros de eslora, 1,72 de manga y capacidad para diez personas, llegaba para sustituir a las dos lanchas que hasta entonces se habían estado usando en el puerto; unas viejas barcas de reducidas dimensiones que con muchos años de vida activa eran incapaces de afrontar una salida a la bahía cuando la mar estaba picada.

Tras finalizarse su armamento en el puerto, la nueva lancha comenzó a trabajar y con ella, la corporación de prácticos malagueños estrenaba también un nuevo sistema de comunicaciones. Tres radiotransmisores con un alcance de nueve kilómetros: uno para el práctico, otro para el barquero al mando de la lancha y un tercero para un remolcador (desde julio de 1962 el puerto ya disponía de uno), componían un innovador sistema móvil de comunicaciones que ponía al puerto de Málaga en el camino de su modernización.

Lancha de prácticos en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (14 de Agosto de 2012).

Animales domésticos

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de agosto de 2012 a las 9:03

DEJANDO a un lado los tópicos literarios o cinematográficos de los loros o monos tití que acompañaban a piratas, corsarios o bucaneros, la presencia de animales domésticos a bordo de barcos, desde siempre, ha sido y lo sigue siendo hoy día, una constante. Y aunque los perros suelen ser los que con mayor frecuencia se pueden ver embarcados en cualquier tipo de buque, existen algunos otros animales que también surcan los mares en su calidad de acompañantes.

Por el puerto de Málaga la variedad de animales domésticos que han escalado a bordo de sus respectivos barcos ha sido muy extensa, siendo quizás la más curiosa la que hace referencia a los canarios que viajaban en la cubierta de botes del buque de pasaje Empress of England que en varias ocasiones visitó las aguas malagueñas allá por la década años sesenta.

Y aunque también se podrían mencionar a gatos (no demasiados), peces en sus respectivos acuarios o incluso tortugas, los canes son, sin duda alguna, los más asiduos navegantes dentro del reino animal. A bordo de los remolcadores malagueños Don Ilde, Torre del Mar, Torre Bermeja y Torre Vigía, durante algunos años habitaron respectivamente Mendrugo y Bruno, dos perros de raza incalificable que además de acompañar a las tripulaciones, sirvieron de fieles guardianes de aquellos barcos.

Uno de estos animales, en concreto Mendrugo, moría ahogado, mientras que Bruno, debido a un exceso de celo a la hora de la vigilancia (solía morder a todo aquel que se acercaba a los remolcadores), era desembarcado de forma definitiva tras protagonizar algún que otro ataque más o menos significativo. Unas curiosas historias que ratifican el hecho de lo habitual de los animales domésticos a bordo de barcos.

El remolcador TORRE DEL MAR donde navegaron “Mendrugo” y “Bruno”.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (7 de Agosto de 2012).

El símbolo de proa

Juan Carlos Cilveti Puche | 31 de julio de 2012 a las 8:30

HASTA que llegaron las medidas de seguridad que actualmente existen en los puertos, los muelles fueron unos lugares muy habituales para el ocio. En Málaga, durante muchas décadas, el paseo dominical para ver los barcos atracados constituyó una constante para muchas familias en unos años donde no existían las diversiones de hoy.

El sábado 25 de septiembre de 1962, entraba al puerto malagueño el buque de bandera hindú Jalavijaya. Realizando un viaje fuera de las habituales rutas en las que navegaba este carguero matriculado en Bombay, el buque traía a Málaga un cargamento de 733 toneladas de aceite de cacahuete. Tras quedar atracado a las 22:30 en el muelle de Cánovas, al día siguiente, aún siendo domingo, el barco iniciaba su operativa de descarga.

Perteneciente a la compañía india Scindia Line, este barco, al igual que todos los que componían la flota de buques de esta naviera, además de compartir en su nombre el prefijo jala (mar en lengua hindú), lucía en su proa una cruz esvástica, un emblema que reconocía internacionalmente a esta compañía de navegación.

Y aunque este símbolo también se podía ver en una bandera izada en uno de los mástiles del buque (sobre un fondo azul un círculo central blanco albergaba la cruz en rojo), el emblema de proa, fue el que llamó la atención a los muchos malagueños que paseaban a pie de muelle aquella mañana de domingo.

Hasta tal punto llegó a ser la curiosidad de los paseantes que quisieron acercarse al barco para ver aquel símbolo que, un agente de la autoridad, tuvo que ser colocado junto al buque, a petición del consignatario, para evitar que se produjera algún tipo de accidente mientras el barco realizaba su operativa de descarga.

Símbolo de proa de un buque similar al llegado a Málaga en 1962.

Bandera de la compañía Scindia Line.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (31 de Julio de 2012).