La mar de Historias

El SOVEREIGN

Juan Carlos Cilveti Puche | 12 de mayo de 2020 a las 10:24

Cuando toda vuelva a la normalidad, entre las múltiples historias portuarias que sobrevivirán a la crisis del coronavirus, destacará la de la larga estancia en aguas malagueñas del buque de crucero Sovereign. Y aunque esta aventura iniciada el 21 de marzo aún no ha escrito su final (ya habrá tiempo para hacerlo cuando concluya), hoy les contaré la historia malagueña de este barco antes de que, de arribada, quedara parado en el puerto malacitano.

Encabezando una ambiciosa serie de tres buques gemelos: la Clase Sovereign, nuestro protagonista de hoy, construido por encargo de Royal Caribbean en los astilleros franceses Chantiers de l’Atlantique, tras ser botado en abril de 1987, un día después de su bautizo como Sovereign of the Seas comenzaba su vida de mar realizando un viaje inaugural iniciado el 16 de enero de 1988. Ostentando en aquella fecha el título del barco de turistas más largo de la flota crucerística internacional, el Sovereign of the Seas de 268 metros de eslora, nada más comenzar su carrera fue multado con 9 millones de dólares por realizar unos vertidos en las aguas jurisdiccionales de los Estados Unidos. Después de navegar años por el caribe, en 2004, este buque se popularizó por unos reportajes que contaban cómo se le realizó una reforma en dique seco. Tras aquello, y después de cambiar su registro noruego por el de Bahamas, en 2008 fue transferido a Pullmantur Cruises que lo rebautizó como Sovereign.

Ya con esta compañía, su primera escala malagueña la realizó en noviembre de 2011 atracando en el muelle norte de la estación marítima de levante. Tras aquella visita, la siguiente, luciendo ya en su casco el color azul y el nuevo logotipo de Pullmantur, se produjo en octubre de 2013; un amarre al que le sucedieron 11 más hasta julio de 2016, última fecha en la que este barco tocó aguas malacitanas con pasajeros.

Convertido en escenario cinematográfico para los rodajes de una película de Bollywood en 2014 y una comedia española estrenada en 2018, el Sovereign, que parado en Málaga fue el que inició las pitadas solidarias que todos los días se escuchan en el puerto a las ocho de la tarde, espera cuándo volverá a la normalidad; una circunstancia que aún parece algo lejana.

Sovereign 21-XI-11 1º Vez9SOVEREIGN en su primera escala en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 12 de mayo de 2020.

Aplausos

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de mayo de 2020 a las 10:05

Después de haberles contado cuatro historias marítimas relacionadas con el estado de alerta que estamos viviendo, hoy, quiero terminar esta serie de narraciones hablándoles de los aplausos. Entendidos como una señal de aprobación o entusiasmo, estos palmoteos que se han convertido en unas emotivas pruebas de agradecimiento, en el mundo de la mar y los barcos también tienen su cabida.

Pasando por las ovaciones que reciben todos los buques cuando son botados y bautizados, los aplausos más habituales en la mar suelen darse en los barcos de turistas; unos alegres signos de aprobación que atienden a las muchas y muy diferentes actividades que a diario se escenifican a bordo. Con la imagen de esos camareros que, entre las mesas en los grandes restaurantes de los más afamados buques de crucero aplauden tras la cena o las inolvidables escenas de la serie televisiva Vacaciones en el mar en las que los pasajeros, envueltos en serpentinas, daban palmas al inicio de su viaje, hoy les referiré dos curiosas historias de aplausos vividas en aguas malacitanas.

Corría mayo de 2008, y compartiendo estancia con el buque finlandés Kristina Regina, llegaba por primera vez al puerto malagueño el Asuka II.  Cargado de turistas japoneses, este barco de bandera nipona que realizaba una vuelta al mundo, fue agasajado con una muy especial recepción. En la escala, unas señoritas ataviadas con trajes de flamenca repartieron a todos los viajeros un clavel; un obsequio que se vio correspondido con infinidad de reverencias. Ya con algunos pasajeros en tierra, las flamencas comenzaron a bailar y los turistas asiáticos, que atendieron el espectáculo con un respetuoso silencio, prorrumpieron con unos cálidos y prolongados aplausos cuando el acto finalizó.

Unos cuantos años antes, en concreto en abril de 2000, otro buque japonés, el Nippon Maru, realizaba su primera visita malagueña. Sin bailes regionales a pie de muelle y mientras el barco deja su amarre en el muelle número dos, todos los turistas, capitaneados por una serie de animadores, realizaron una singular danza en la cubierta de botes; una coreografía donde los pasajeros se despedían aplaudiendo a la ciudad que les había recibido.

OLYMPUS DIGITAL CAMERANIPPON MARU en su primera escala malagueña en el año 2000.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 5 de mayo de 2020.

Balcones

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de abril de 2020 a las 10:38

Convertidos desde hace semanas en unos espacios domésticos muy relevantes, el confinamiento que estamos viviendo ha dado un especial protagonismo a los balcones. Con el recuerdo de nuestras madres y abuelas asomadas y el reencuentro que muchos de nosotros hemos tenido con ellos para salir a aplaudir o para airearnos, hoy les relacionaré los balcones con el mundo de la mar y los barcos.

Entendiendo que un balcón es un espacio exterior con barandilla, en los barcos, los cuales disponen de muchos espacios similares que podrían atender a esta definición, estos miradores privados siempre han estado vinculados a los camarotes; una circunstancia que se ha convertido en un muy significativo reclamo desde que existe la industria crucerística.

Así pues, y pasando muy de puntillas por las imágenes de aquellos trasatlánticos reconvertidos en barcos de turistas en los que no había ni un solo balcón, hoy día, los modernos buques de crucero se han transformado en barcos literalmente forrados de miradores donde se pueden encontrar rarezas y, si me permiten la expresión, excentricidades.

Con el recuerdo de buque de crucero Island Escape que en una de sus visitas malagueñas de 2012 llegaba estrenando unos extrañísimos balcones añadidos, los más singulares miradores a flote forman parte de las más modernas construcciones crucerísticas.

Dejando a un lado lo que de romántico tiene un balcón mirando al mar, lo lógico por otra parte en un barco, los buques de la Clase Oasis de Royal Caribberan han dado una vuelta de tuerca a esta circunstancia, ofreciendo en sus buques camarotes con balcones interiores que se abren a una concurrida y bulliciosa calle interior o a un jardín con especies botánicas de todo el mundo.

Y si esto les parece algo verdaderamente singular, les diré que el buque de crucero Sky Princess, que visitó por primera vez Málaga en noviembre de 2019, dispone del balcón más grande de la flota crucerística internacional; un espacio de 94 metros cuadrados que proporciona una visión de 270 grados.

Dicho esto, quizás, lo más curioso del tema sean las múltiples restricciones que existen sobre los usos que los pasajeros pueden dar a los balcones de sus camarotes; unas prohibiciones sancionadas con multas como la que debieron pagar aquellos turistas Costa Deliziosa que, con un cordel tendieron algunas prendas de ropa en su mirador privado en una escala malagueña en diciembre de 2012.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARopa tendida en uno de los balcones del COSTA DELIZIOSA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de abril de 2020.

Aburrimiento

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de abril de 2020 a las 10:16

Hoy les hablaré del aburrimiento. Inmersos en muchos días de confinamiento y con la esperanza de una lucecita que parece atisbarse al fondo del túnel, siguiendo con mis historias de estas últimas semanas, les contaré varios asuntos que tiene relación con la sensación de sufrir un estado de ánimo producido por la falta de estímulos, diversiones o distracciones. Y aunque en los tiempos que vivimos, un confinamiento no debería producir aburrimiento (todos tenemos suficientes estímulos, diversiones y distracciones a nuestro alcance), la obligada reclusión, en muchos casos, nos está llevando a estados de cansancio, apatía o monotonía.

En el mundo de la mar y los barcos, siempre se ha dicho que los marinos, entre otros muchos males, han sufrido el mal del aburrimiento; una circunstancia provocada por muchos días de aislamiento en los que se vive con un muy limitado número de personas en un espacio reducido.

Y aunque quizás esté entrando en el campo de los tópicos o les hable de épocas ya superadas, el primer antídoto en la mar frente al aburrimiento siempre ha sido el alcohol. En un segundo puesto, la pornografía, probablemente de la mano de alguna que otra bebida, constituya un segundo elemento de evasión; un agarradero para soportar las interminables travesías marítimas.

Y si bien el aburrimiento de los marinos también se ha paliado en buena medida con la lectura, hoy les contaré una curiosa distracción que relacionaré con el puerto malagueño.

Desde mediados de la década de 1980, las aguas malacitanas recibieron con mucha asiduidad a unos barcos de bandera rumana. Bautizados siempre con nombres que comenzaban por Tirgu, los Tirgu Ocna, Trotus, Frusmos, Bujor y Secuisec, descargaron clínker hasta 1997 usando habitualmente los muelles seis y siete.

Complementando con toda seguridad los antídotos ya mencionados, los marinos rumanos de estos barcos, además, combatían el aburrimiento realizando pequeños modelos de veleros; unas maquetas no demasiado bien fabricadas que intentaban vender y, en algunos casos concretos vendieron, a los portuarios malagueños. Una curiosidad que, formando ya parte de la historia marítima malacitana, ilustra a la perfección el tema del aburrimiento.

maqueta-de-barcoModelo similar a los que vendieron los tripulantes de los TIRGU en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de abril de 2020.

Confinamiento

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de abril de 2020 a las 8:42

Por tercera semana consecutiva, hoy les contaré una nueva historia marítima malagueña que, directa o indirectamente,  tiene relación con la crisis que estamos viviendo. Tras hablarles del deporte y la comida, en esta ocasión me referiré al confinamiento; una circunstancia que conocen muy bien los hombres de la mar.

Después de haber visto y oído en diferentes medios las experiencias de las tripulaciones de los submarinos, hoy les traigo la vivencia de un capitán de barco al que conocí hace ya muchos años. En su tercera escala malagueña, corría el mes de agosto de 1998, el muelle número dos recibió al buque de crucero Albatros.

Con la posibilidad de visitarlo, aquel recorrido me dejó sorprendido, ya que estaba a bordo de un barco de otra época; un buque reconvertido décadas atrás al mercado crucerístico muy diferente a los que por entonces realizaban itinerarios turísticos.

Construido entre los años 1956 y 1957 en los astilleros escoceses John Brown & Co., este barco formó parte de una serie de cuatro gemelos que, encargados por la compañía Cunard Line, cubrieron la línea trasatlántica entre Liverpool y Montreal.

Tras visitar con anterioridad Málaga como Sylvania (su nombre original), y hacerlo también como Dawn Princess, en aquel momento, rebautizado como Albatros, este barco llegaba bajo la contraseña de la compañía alemana Phoenix Reisen.

Durante aquella visita, además de conocer a un buen amigo con el cual aún mantengo el contacto, conocí también al capitán Werner Detampel, un veterano marino al que seguí frecuentando en las sucesivas escalas malagueñas de este barco. En uno de mis embarques, el capitán del Albatros me contó que durante los seis meses que estaba al mando del buque nunca bajaba a tierra; una afirmación que me sorprendió sobremanera.

Aludiendo a su responsabilidad, el capitán Detampel me dijo que, sin ser obligatorio y sin existir nada que se lo impidiera, desde su primer mando nunca había dejado sus barcos durante los periodos de embarque.

Y aunque estar encerrado en un buque de crucero de 185 metros es muy diferente, sirva esta historia para, recordando a los marinos, recalcar la importancia que tiene el confinamiento en estos momentos difíciles.

AlbatrosALBATROS en una de sus escalas en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de abril de 2020.

Comida

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de abril de 2020 a las 8:49

Sin poder y tampoco lo quiero, sustraerme de la crisis que estamos viviendo, hoy les contaré algo que les hará reír; una historia que viene muy a cuento con el confinamiento que estamos sufriendo. Y si la semana pasada en esta misma columna les hablé del deporte, hoy, apoyándome en una historia que viví a bordo de un barco, les hablaré de comida; un tema que, en circunstancia muy diferentes ya he tratado aquí en más de una ocasión.

En junio de 2007, el Juan J. Sister, el Melillero titular de la ruta del mar de Alborán fue sustituido temporalmente por el ferry Las Palmas de Gran Canaria. Al mando de este buque venía el capitán José María Casares, un malagueño con el cual me unía una muy buena amistad. Tras haberme avisado varios días antes de su llegada, nada más quedar atracado su barco subí a verlo y, como en otras muchas ocasiones, paseamos por sus cubiertas. Con la novedad de que traía unos camarotes nuevos que se habían instalado en Santander, José María me los enseño y me propuso que estrenara uno de ellos en un viaje relámpago a Melilla.

Aceptada la invitación, unos días después embarqué para aquella navegación; una singladura que inicié, y ya les hablo de comida, almorzando una deliciosa paella en la cámara de oficiales del ferry. Estrenado uno de los nuevos camarotes con una siesta, tras la maniobra de atraque en Melilla y el desembarco del pasaje y la carga llegó la cena.

Con la costumbre de cenar solo (en aquella ocasión yo le acompañaba), José María me contó que desde hacía tiempo seguía una especie de dieta nocturna y que esa noche le tocaban espárragos trigueros cocidos.  Ante aquel menú que podía complementar con algo de embutido, la amistad que nos unía desde años me permitió decirle si no se podía comer algo más sustancioso. Avisado el mayordomo, el capitán le preguntó que podían darme de cenar, una cuestión que rápidamente fue respondida ofreciéndome un plato de patatas fritas con huevos; una tentación a la que también sucumbió José María olvidándose de los espárragos.

Una cuestión, la alimenticia, que tenemos que cuidar en este estado de confinamiento en el que muy bien se podrían alternar las patatas fritas con huevos con los espárragos cocidos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAFerry LAS PALMAS DE GRAN CANARIA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de abril de 2020.

Deportes

Juan Carlos Cilveti Puche | 31 de marzo de 2020 a las 9:42

El confinamiento que estamos viviendo, entre otras muchas cosas, nos está obligando a hacer algún tipo de ejercicio en casa. Al hilo de esto, hoy quiero contarles una historia que viví en el puerto de Málaga a bordo de un barco que ya no existe.

Corría el año 2007 cuando en el mes de abril el buque de crucero Princess Danae llegaba a aguas malagueñas. Cargado de historia y con un considerable número de escalas realizadas (su primer atraque en el puerto malacitano con otro nombre se remontaba a junio de 1978), la posibilidad de visitarlo se hizo realidad gracias a las gestiones de la agencia Pérez y Cía., la consignataria de este buque.

Construido en 1955 en los astilleros irlandeses Harland and Wolff, los mismos que dieron vida al afamado Titanic, este buque comenzaba su vida de mar como un carguero bautizado como Port Melbourne. Tras una larga trayectoria como mercante, en 1976 era reconvertido en un buque de crucero y rebautizado como Danae. Tras pasar por diversas manos, Costa Cruceros se hizo cargo de él durante 20 años, en 1996 era renombrado como Princess Danae.

Pero volviendo a su escala malagueña, con este historial, aquella visita se convirtió en toda una experiencia. Realizando un viaje de cinco días con inicio y final en Lisboa con escalas en Gibraltar y Málaga, el veterano Princess Danae, gestionado por la compañía Classic International Cruises, llegaba efectuando un crucero temático dedicado al deporte.

Con 550 pasajeros a bordo, la visita a aquel clásico se convirtió en una sucesión de escenas atléticas; una circunstancia que me mostró con todo lujo de detalles el capitán del barco. Con la curiosa particularidad de que el reducido gimnasio del buque estaba totalmente vacío, la gran mayoría de espacios comunes del barco estaban siendo usados por turistas vestidos con sus correspondientes atuendos deportivos. Actividades tales como: aerobic, spinning, body jump, kick boxing o golf, ocupaban las áreas interiores y exteriores del Princess Danae; un trajín en el que no podía faltar una variada selección musical a demasiados decibelios.

Toda una experiencia deportiva que, ahora que estamos confinados, tendríamos que imitar desde nuestras casas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAClase de aerobic a bordo del PRINCESS DANAE en 2007.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 31 de marzo de 2020.

El barco hospital chino

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de marzo de 2020 a las 11:05

Sin olvidar la situación que estamos viviendo, hoy les contaré, muy relacionada con ella, la historia de un muy significativo barco que llegó a aguas malagueñas en 2017. Realizando un prolongado viaje de cooperación sanitaria por diferentes países de África y Asia, el buque hospital de la marina de guerra china He Ping Fang Zhou elegía el puerto malacitano para cumplimentar una escala de descanso. Procedente de la lejana Sri Lanka, este barco apodado como el Arca de la Paz, atracaba en el pantalán de levante en la mañana del domingo 10 de septiembre. Recibido por un grupo de miembros de la comunidad china en Málaga (de aquel colorido y musical recibimiento ya les hablé), el buque que aprovechó su estancia para, además de aprovisionarse y repostar, realizar una serie de actividades de ocio para sus 381 tripulantes, dos días después dejaba las aguas malagueñas para proseguir su campaña sanitaria.

Aquella escala que se convirtió en un hecho histórico, nunca hasta la fecha había visitado el puerto malagueño un barco del Ejército Popular de Liberación de China, me sirve para darles algunos datos sobre este buque hospital. Estando ubicada su base en Zhoushan, un importante puerto de la provincia de Zhegiang a orillas del mar Oriental de China, el Arca de la Paz fue construido en el año 2008 en los astilleros Guanghou International. Con 178 metros de eslora, 24 de manga y un desplazamiento de 14.300 toneladas, el He Ping Fang Zhou en sus ocho cubiertas útiles dispone de una superficie de 4.000 metros cuadrados destinada a los trabajos sanitarios. Dividido este hospital flotante en cinco áreas: Transferencia de enfermos, valoración y actuación médica, área ambulatoria, hospital y espacio de evacuación con un helicóptero, este buque dispone de un equipamiento de alta tecnología que le permite afrontar cualquier tipo de actuación sanitaria; algo que curiosamente contrasta con el uso a su bordo de técnicas de la medicina china tradicional.

Un barco hospital que muy probablemente haya estado y esté implicado en actuaciones sanitarias frente a la pandemia producida por el coronavirus y que durante tres días en septiembre 2017 visitó las aguas del puerto malagueño.

He Ping Fang Zhou entrada 10-IX-1793

HE PING FANG ZHOU atracado en Málaga en 2017.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 24 de marzo de 2020.

Mala suerte

Juan Carlos Cilveti Puche | 17 de marzo de 2020 a las 9:57

Aunque ya le he hablado de este barco, hoy, al hilo de la actualidad les volveré a contar algunas cosas del Marella Dream que, a causa de la pandemia que estamos padeciendo ha vivido una muy singular y triste experiencia en el puerto de Málaga.

Integrado en la nómina de los clásicos, este buque, con independencia de una larga trayectoria de 35 años de vida de mar, desde siempre ha estado considerado como un barco con mala suerte. Tras su construcción en 1985 en los astilleros alemanes Meyer Werf por encargo de la naviera Home Lines,  este buque que fue bautizado como Homeric comenzó sin demasiado éxito su biografía. Simultaneando una ruta entre Nueva York y Bermuda con una serie de itinerarios caribeños, y sin alcanzar las expectativas previstas, en 1988 Holland America Line se hacía cargo de él rebautizándolo como Westerdam. Navegando por Alaska y volviendo al Caribe, en 2002 pasaba a manos de Costa Cruceros que lo renombraba como Costa Europa. Cumplimentada su primera escala malagueña en mayo de 2002, cinco días después regresaba averiado permaneciendo tres jornadas atracado en el pantalán de levante.

Tras aquel incidente que le obligó a desembarcar al pasaje, en febrero de 2009, realizando una ruta por el Índico, el Costa Europa sufría una avería de máquina; un hecho que motivó la cancelación de escalas y el amotinamiento de los turistas que navegaban a su bordo. Justo un año después, este buque de 243 metros colisionaba contra un muelle en el puerto egipcio de Sharm al-Sheikh; un accidente que le costó la vida a tres tripulantes e hirió gravemente a cuatro pasajeros.  Alquilado tres meses después por Thomson Cruises y rebautizado como Thomson Dream, la mala suerte siguió acompañándolo, y en mayo de 2012, en aguas gibraltareñas sufría una considerable inclinación que durante 10 interminables minutos produjo daños materiales y heridos. Renombrado en 2017 como Marella Dream, tras un vertido de combustible en Baleares en mayo de 2018 ahora, a causa de la pandemia que sufrimos, este veterano ha tenido que desembarcar in extremis a sus pasajeros en Málaga; una circunstancia que los ha liberado de tener que pasar varias semanas a bordo en cuarentena.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMARELLA DREAM en su última escala de este fin de semana.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 17 de marzo de 2020.

Días de Melillero

Juan Carlos Cilveti Puche | 10 de marzo de 2020 a las 12:31

Hace ya de esto muchos años, un viejo portuario me dijo una curiosa frase que, sin haber olvidado, he usado desde entonces en algunas ocasiones. Para referirse a los días en los que no entran barcos en el puerto, este veterano me habló que él, heredada de su padre, usaba la expresión ”hoy es un día de Melillero”; una lapidaria sentencia que lude a un único atraque realizado por el ferry que a diario cubre la línea de mar de Alborán.

Y aunque a muchos les podrá parecer extraño, el puerto malagueño, especialmente en los últimos años, ha tenido muchos días de Melillero; una circunstancia que dibuja a la perfección los vaivenes que se dan en los tráficos marítimos.

Sin tener que remontarnos meses o incluso años, esta pasada semana las aguas malacitanas han vivido varios de estos días; unas jornadas en las que salvo los dos ferries que cubren la ruta melillense (ahora son dos), no ha atracado ningún otro barco.

Y aunque la historia de esta frase tampoco da para mucho más, simple y llanamente no vienen barcos y ya está, les diré que en esta semana pasada el puerto ha vivido uno de estos días; una jornada al límite de tráfico a la que habría que añadir dos más que, si me permiten la expresión, por los pelos se han librado de ser días de Melillero.

El pasado martes, tras el atraque del Ciudad Autónoma Melilla, el titular de la línea de Trasmediterránea y la llegada del Denia Ciutat Creativa de Baleària, el día del Melillero se salvó con la llegada del buque tanque norteamericano Patuxent que en escala de descanso quedó posicionado en el muelle de levante.

Salvada esta jornada y tras vivirse al 100% un día del Melillero el jueves 5, los atraques malacitanos volvieron a experimentar unas nuevas horas de sequía. El sábado 7, acompañando al barco de Trasmediterránea amarró en el muelle número cuatro el buque de carga rodada Festivo; un atraque que a falta de la presencia del ferry de Baleària que los sábados no viene, camufló lo que hubiera sido un día del Melillero como los que se vivían cuando solo había un barco en esta línea regular.

Una curiosa expresión portuaria que ilustra a la perfección algo que ya ha ocurrido en varias ocasiones en lo que llevamos de año.

Patuxent 201 4-III-20 (2)Buque norteamericano PATUXENT.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 10 de marzo de 2020.

Las patatas podridas

Juan Carlos Cilveti Puche | 3 de marzo de 2020 a las 10:38

Resulta algo muy habitual que los trabajadores portuarios cuenten y presuman de sus hazañas a pie de muelle. Pasadas por el filtro del tiempo, todas estas vivencias, exageradas casi siempre en mayor o menor medida, constituyen un valioso tesoro para los que intentamos contar cómo transcurre el día a día en la vida de un puerto.

En concreto hoy les contaré una de las tres historias más singulares que he escuchado en mis casi 25 años como cronista portuario; una aventura de la que existen muchas y muy diferentes versiones pero que aún no he podido verificar con datos y fechas concretas.

Pero antes de contarles lo muy poco que sé de esta historia, les recordaré una similar ocurrida en noviembre de 1963. Procedente del puerto brasileño de Recife, el buque frigorífico de bandera inglesa Baltic Sun atracaba en el muelle número cuatro para descargar 400 cajas de raíces de mandioca; un cargamento que llegaba para ser transportado a Granada donde una empresa alimentaria debía convertir este producto en harina.

Apiladas las cajas en la explanada del muelle de Heredia, una intensa lluvia otoñal paralizó la carga de los camiones que debían llevar la mandioca a la harinera granadina. Retomada la operativa tres días después, los estibadores comenzaron a percibir un extraño olor procedente de aquellas cajas que venían tapadas de origen con unas lonas. Debido a un mal embalaje que no aguantó el viaje trasatlántico, la mandioca, con el añadido de la lluvia malagueña había fermentado y aquel cargamento se perdió en el muelle número cuatro.

Recordada esta historia, ahora les contaré lo poco que sé de la aventura de las patatas podridas. Sin una fecha concreta y sin saber el barco que las trajo; ni que decir tiene que tampoco hay reseñas del puerto de procedencia, los portuarios malagueños reseñan como en el muelle seis (este es por ahora es el único dato sí está confirmado), se recibió un buque que traía patatas en mal estado. Con un olor insoportable, los estibadores acometieron una operativa que, según algunas de las fuentes consultadas, nunca terminó de completarse.

Una historia que, con múltiples versiones, algún día, cuando la verifique, se la contaré con pelos y señales.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACarga en el muelle número cuatro.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 3 de marzo de 2020.

El CLAUDIO LÓPEZ

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de febrero de 2020 a las 18:10

Desde hace muchos años, de vez en cuando recibo mensajes de personas que buscan fechas y datos de los embarques en Málaga de sus antepasados. Sin existir listas de pasajeros, y sólo con la salvedad del Fondo Pérez y Cía. que se conserva en la Universidad de Cantabria para buques de la Compañía Trasatlántica Española, en la gran mayoría de los casos, los familiares que requieren mi ayuda sólo pueden obtener alguna foto y datos técnicos sobre el buque en el que, desde el puerto malagueño, embarcó su pariente.

Hace unos días, un buen amigo me requirió algo similar; aunque su petición era diferente a las que habitualmente suelo recibir. Con una fecha exacta, me pedía algunas reseñas sobre el barco en el que su abuelo había navegado con destino a Melilla para participar en 1921 en la Guerra del Rif o Segunda Guerra de Marruecos.

Tras bucear en mi archivo, encontré algunas referencias sobre unos de los muchos contingentes de tropas que en 1921 salieron de aguas malagueñas con destino a Melilla, y allí, entre mis papeles, apareció en buque Claudio López y López, el barco que llevó al campo de batalla este joven soldado.

Integrado en la flota de la Compañía Trasatlántica Española desde 1905, este vapor fue construido en 1891 en los astilleros Barclay, Curle & Co. Ltd. de Glasgow para la naviera londinense Castle Mail Packets como Lismore Castle.  Tras pasar por las manos de otra compañía británica que en 1904 lo bautizó como Westmount, un año más tarde la Trasatlántica se hacía cargo de él renombrándolo como Claudio López y López. Con 4.170 toneladas de registro bruto y 124 metros, este buque con dos mástiles y tres clases para el pasaje disponía de una capacidad de carga de 7.500 toneladas; unas características que lo hacían ideal para cubrir la línea que la Trasatlántica tenía con Filipinas.

Sin demasiada historia malagueña, el Claudio López, que así era como se le denominaba, durante la Primera Guerra Mundial sí frecuentó el puerto malacitano en una ruta que con salida desde Barcelona tocaba Málaga, Cádiz y Nueva York; una línea que dejó tras el conflicto bélico y que, algunos años más tarde, nuevamente lo trajo para embarcar tropas con destino a Melilla.

Claudio LopezVapor CLAUDIO LÓPEZ Y LÓPEZ.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 25 de febrero de 2020.

Un raro escobén

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de febrero de 2020 a las 10:06

Atendiendo a la ortodoxia de la Enciclopedia General del Mar, para muchos la Biblia a la hora de hablar sobre términos náuticos y marítimos, la palabra escobén define a un conducto reforzado que posibilita el paso de la cadena que sujeta el ancla. Además, por extensión, también se puede aludir a este término a la hora de reseñar la abertura circular u ovalada que, en el forro exterior del casco, permite que el ancla quede encajada sin posibilidad de movimiento.

Dicho esto, y con el recuerdo de un escrito que en esta mima columna en 2006 titulé como “Donuts”; en aquella ocasión les describí diversos refuerzos exteriores de los escobenes que recordaban al famoso pastelito, hoy, retomando el tema, les hablaré de un barco que, con un curioso escobén, pasó por las aguas malacitanas hace tan solo unos días.  En ruta entre el puerto tunecino de Sfax y Nueva York y consignado por la agencia Condeminas, el muelle número seis albergó durante unas horas al buque tanque Stolt Sea que venía para cumplimentar una carga de aceite de oliva. Luciendo el color amarillo de la gran mayoría los barcos de la compañía Stolt Tankers, este buque de 14.900 toneladas de registro bruto y 163 metros construido en 1999 en el astillero vizcaíno La Naval, además de llamar la atención por los cuatro grandes depósitos que mostraba sobre su cubierta (parte de los 40 que lleva y que le permiten transportar 25.224 metros cúbicos de carga líquida), destacaba poderosamente por presentar un escobén no demasiado habitual.

A ambas bandas en su proa, la normal estructura de su caso a nivel de la cubierta superior quedaba rota por unos salientes de forma trapezoidal; unos elementos de grandes dimensiones sobre los que descansaban sus respectivas anclas de babor y estribor.

Y aunque los muelles malagueños están acostumbrados a ver muchos y muy diferentes escobenes de barcos con o sin donuts de refuerzo, la estructura del Stolt Sea llamó poderosamente la atención. Un interesante elemento en una escala que además, si no me falla la memoria, fue la primera que realizaba este buque al puerto malacitano; un detalle añadido que en el caso de los buques mercantes casi siempre suele pasar desapercibido.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEscobén del STOLT SEA atracado en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 18 de febrero de 2020.

Destino Mauritania

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de febrero de 2020 a las 9:54

Hace unos días, un buen amigo me presentaba en el bar del puerto a dos pescadores. Mario padre y Mario hijo, nuestros protagonistas de hoy, me contaron que estaban ultimando los trámites para vender un barco con el que hasta hace muy pocos días habían estado faenado desde su base en Caleta de Vélez.  Bautizado como Bahía de Pollensa, este arrastrero de 22 metros de eslora, 7 de manga y 400 caballos de potencia de construcción balear, había sido comprado en el año 2005 en Águilas por Mario hijo; una transacción por la que tuvo que pagar 600.000 euros. Tripulado por cinco marineros más un redero encargado de trabajar en tierra, este pesquero, a diario faenaba entre las seis de la mañana y las seis de la tarde para capturar todo lo que su arte le permitiera recoger; una amplia variedad de especies entre las que se encontraban: calamares, pijotas, jureles, pulpos o gambas.

Aludiendo tanto padre como hijo que hay muy poca pesca en la zona en la que tenían permiso para trabajar y sin la posibilidad de ampliar su área de actuación a las cercanías de Alborán, la opción de vender el Bahía de Pollensa ha sido para ambos una triste decisión. Sin la existencia ya de los paros biológicos y copadas las licencias que permiten la captura del atún, Mario padre, con 45 años de vida en la mar, se lamentaba de cómo poco a poco la pesca va desapareciendo; un hecho que fácilmente se puede observar en los puertos pesqueros del litoral malagueño.

Dado de baja en el registro español de barcos de pesca y tras pasar el perceptivo control de aduanas, el Bahía de Pollensa, después de permanecer atracado durante algunas horas en el puerto pesquero de Málaga salía para realizar su último viaje a Caleta de Vélez donde su patrón debía entregar el barco a su nuevo propietario;  un armador que tras haber pagado por él 400.000 euros se lo llevaba para faenar en aguas de Mauritania.

Una triste historia, la de la venta de un pesquero, que al parecer se está convirtiendo en algo bastante habitual y que según Mario padre y Mario hijo está dejando en tierra a muchos marineros que durante años se han estado ganando su jornal diario embarcados a expensas de los frutos que la mar quiera darles.

IMG_20200131_112027Arrastrero BAHIA DE POLLENSA atracado en el muelle pesquero de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 11 de febrero de 2020.

Un norteamericano

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de febrero de 2020 a las 13:14

Aunque la flota mercante de los Estados Unidos, según estadísticas de 2018, ocupa el quinto puesto dentro de ranking internacional de barcos, la presencia de buques norteamericanos en aguas malagueñas suele ser bastante escasa. Manteniéndose un leve goteo de mercantes que lucen en su popa la bandera de las barras y las estrellas (a principios de enero llegó a la terminal del muelle número nueve el Maersk Yorktown), el atraque de un barco de esta nacionalidad constituye todo un acontecimiento.

Así pues y dejando a un lado las escalas militares que sí suelen ser habituales, hoy les contaré la prolongada estancia de un singular buque de los Estados Unidos; un barco que hace unos días dejó las aguas malagueñas tras quince jornadas de atraque.

Tras demorar un día su previsión de entrada, el miércoles 8 de enero llegaba el Sea Venture. Clasificado como un buque de investigación, este barco venía para cumplimentar una escala técnica; una estancia no demasiado prolongada donde además de cambiar parte de su tripulación debía realizar labores de aprovisionamiento.  Consignado por la agencia Wilhelmsen Ships Services Spain, una empresa especializada en este tipo de operativas, el Sea Venture quedaba posicionado en la zona más exterior del muelle de levante.

Construido en 2005 en los astilleros North American Shipbuilding en la localidad de Luisiana, este buque de 9.926 toneladas de registro bruto y 106 metros de eslora comenzó a navegar como W.H. Dietrich.  Rebautizado con su actual nombre, el Sea Venture está operado por la compañía norteamericana Edison Chouest Offshore, un grupo de empresas dedicadas a la construcción y gestión de buques dedicados a trabajos especiales.

Pero regresando a la estancia malagueña de este barco, les diré que tras realizar dos salidas a la bahía para revisar sus comunicaciones, la escala técnica prevista se fue ampliando. Siguiendo amarrado en el muelle de levante, aunque ahora muy próximo a la terminal de cruceros sur, el Sea Venture, con sus robots submarinos y su muy abundante tripulación de 125 personas dejaba las aguas malacitanas el miércoles 22 de enero con destino a Italia. Un largo atraque de un muy especial barco norteamericano.

Sea Venture 9-I-20 desde Melillero (2)SEA VENTURE atracado en el muelle de levante.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 4 de febrero de 2020.

Los escampavías

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de enero de 2020 a las 10:44

Hoy les traigo una verdadera curiosidad; un tipo de embarcación muy poco conocida que, con un nombre muy singular, surcó en el pasado las aguas del Mediterráneo.  Denominados como escampavías, estos pequeños barcos tenían como principal misión la vigilancia costera; una circunstancia que les permitió mantenerse en activo entre los siglos XVIII y XIX.

Con objetivo de mantener libres de contrabandeo las zonas de menor calado, estas embarcaciones participaban de unas características técnicas muy apropiadas para las acciones que debían desempeñar. Con las premisas fundamentales de ser veloces y poder operar en la playa, los escampavías no solían superar los 50 metros de eslora. Propulsados por el viento, estas embarcaciones disponían de dos mástiles donde se montaban grandes velas latinas; un sistema que, según zonas, podía completarse con una serie de remos.  Artillados con un cañón a proa, aunque algunos también podían llevar uno o dos a popa, estos barcos adscritos a la armada, iban patroneados por un segundo contramaestre que llevaba a su mando a una dotación que no solía superar los 15 marineros.

Operando habitualmente en conserva, es decir, siempre acompañados de un barco de mayor porte que solía ser un guardacostas, las características de los escampavías les permitía acosar a embarcaciones menores a pie de playa; una circunstancia que les posibilitaba apresamientos tanto en el rebalaje como en alta mar.

Frente a esta forma de operar y teniendo en cuenta que tanto contrabandistas como corsarios, usaban embarcaciones similares, las acciones combinadas de guardacostas y escampavías solían convertirse en pequeñas escaramuzas navales con resultados inciertos.

Centrándonos en el puerto de Málaga, les diré que desde el apostadero malagueño operaron por las costas de la provincia diversos escampavías. Llevando casi siempre nombres de santos, el San Manuel, según una crónica de 1866, tras una acción que ya les contaré, apresó en Nerja a un laúd llamado San Antonio que llevaba cebada de contrabando.

Unos barcos muy desconocidos que exportamos a Hispanoamérica y que ya, con casco de acero y propulsión a vapor, siguieron operando por aquellas aguas hasta principios del siglo XX.

EscampavíaESCAMPAVÍAS de finales del siglo XIX.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de enero de 2020.

Sala y Vidal

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de enero de 2020 a las 13:00

Hoy les contaré la historia de la compañía Sala y Vidal, una naviera de origen barcelonés que durante los diez años que estuvo en activo trajo a Málaga a sus barcos. Creada en 1876 por los industriales Isidre Sala Basany y Josep Vidal Valleu, esta sociedad que se constituyó con un capital inicial de 30.000 pesetas, fue creada para importar algodón destinado a las fábricas textiles de sus propietarios.  Instaurada una línea entre Barcelona y La Habana a la que había que añadir algún puerto de la costa este de los Estados Unidos, los dos barcos que tuvo esta naviera frecuentaron las aguas malacitanas durante los diez años en los que la Sociedad Sala y Vidal estuvo en activo.

Y si bien la importación de algodón fue la principal prioridad de los buques de esta naviera, en 1880, esta compañía de marcado carácter familiar amplió sus expectativas de negocio cargando todo tipo de mercancías amén de posibilitar el embarque de pasajeros.

Al respecto de los dos barcos que tuvo esta naviera, ambos eran buques mixtos propulsados a vela y vapor que habían sido construidos en astilleros del Reino Unido. Adquiridos de segunda mano, estos barcos de 62 y 81 metros de eslora respectivamente, fueron rebautizados como Sala y Vidal y Ana de Sala.

Mostrando una vistosa chimenea de color rojo con dos granjas negras, una de ellas en el tope y dos mástiles con aparejo de bergantín, los buques de Sala y Vidal usaron el puerto malagueño para realizar escalas tanto de ida como de vuelta en sus viajes trasatlánticos.

Con descargas de algodón para algunas empresas malagueñas, los embarques de pasajeros, principalmente en los trayectos americanos, fueron constantes durante los años en los que los barcos de esta naviera frecuentaron las aguas malacitanas. Con no demasiada capacidad, hay referencias de que uno de sus barcos solo podía llevar a 24 pasajeros, estos vapores trasatlánticos disponían de tres clases; unas acomodaciones que se ofertaban entre 125 y 50 duros.

Con unas frecuencias de atraque no demasiado regladas, algo normal para este tipo de navegaciones, los dos barcos de Sala y Vidal dejaron de venir a Málaga en 1886, año en el que esta naviera barcelonesa dejó de existir.

Anuncio vapor VIDAL SALA Diario Mercantil 18-I-1881Anuncio de prensa malagueña de 1881 del vapor  SALA Y VIDAL,

En este anuncio aparece el nombre de la naviera VIDAL SALA, que se denominó indistintamente SALA Y VIDAL o VIDAL SALA. 

En concreto este anuncio hace referencia al buque SALA Y VIDAL.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de enero de 2020.

Pescado y patatas fritas

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de enero de 2020 a las 10:50

Aún con el recuerdo de los excesos gastronómicos de esta pasada la navidad, hoy les contaré varias experiencias gastronómicas vividas a bordo de barcos atracados en el puerto malagueño.

En noviembre de 1996, tras realizar una visita al buque de crucero Costa Romantica, varios de los asistentes a este recorrido fuimos invitados a almorzar a bordo. En el restaurante principal, nos recomendaron comer risotto y todos los comensales atacamos esta tradicional receta arrocera italiana. En posteriores visitas a otros muchos barcos de Costa Cruceros, la recomendación gastronómica seguía siendo la misma; un plato que al parecer constituye uno de las principales estrellas culinarias en los buques de esta naviera.

Dejando por un momento el mundo crucerístico, uno de mis más impactantes recuerdos alimenticios a bordo de un barco lo viví en el remolcador de altura Herakles. En este buque de bandera maltesa que permaneció en Málaga entre finales de 2011 y principios de 2012, tuve que enfrentarme junto a un consignatario a una extraña paella con aceitunas elaborada por un cocinero polaco. Todo un reto gastronómico de inolvidable recuerdo que afrontamos en el comedor de la tripulación de este barco; un buque construido en 1980 que entre sus múltiples nombres había navegado como Salvageman e Hispania.

Y aunque este que les acabo de mencionar quizás sea uno de los más significativos momentos gastronómicos que he vivido en un barco atracado en aguas malacitanas, no me gustaría terminar sin reseñar un almuerzo a bordo del buque de crucero Spirit of Discovery en octubre del año pasado. Tras celebrarse la recepción para conmemorar su primera escala malagueña, parte de los asistentes al acto fuimos invitados a comer. Sin poder degustar la cocina de sus restaurantes principales, finalmente pudimos almorzar en la terraza de la cubierta 12; un lugar donde está situado un bufé llamado The Grill. Con la posibilidad de pedir a la carta, las opciones que ofertaba este buque destinado al mercado crucerístico británico eran una hamburguesa o el típico fish and chips anglosajón. Acompañado de una copa de vino canadiense, aquel 21 de octubre comimos pescado rebozado con patatas fritas.

Fish and Chips Spirit of Discovery  21-X-19Plato de Fish and Chips a bordo del SPIRIT OF DISCOVERY.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de enero de 2020.

El barco de 2019

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de enero de 2020 a las 11:12

Atendiendo a una tradición que se remonta a enero de 2005, hoy, en esta primera columna del año les expondré el que en mi modesta opinión ha sido el barco más destacado que ha pasado por aguas malagueñas en el recién finalizado 2019.

Con el recuerdo de aquella mañana de febrero cuando en el muelle número dos el melillero pasó de llamarse Fortuny a Ciudad Autónoma Melilla, y sin olvidar la Furor que en abril se estrenó trayendo a las tropas legionarias el jueves Santo o al Aidanova que, propulsado por gas batía los records históricos de ser el buque de crucero con mayor registro bruto y número de pasajeros llegado hasta la fecha, el barco más destacado de 2019, con el permiso además de la horrible golondrina roja que comenzaba a navegar por la bahía en junio o del bulk carrier CL Kate que en octubre dejaba en los muelles malacitanos 59.717 toneladas de maíz, ha sido en buque de Salvamento Marítimo Clara Campoamor.

Considerado como uno de los mejores barcos de la actual flota mercante española, este buque, procedente de Cartagena llegaba a aguas malacitanas el lunes 4 de febrero. En alerta permanente ante cualquier emergencia marítima, el Clara Campoamor, de 80 metros de eslora, se posicionaba en el puerto para, compartiendo base con Almería y Motril, cubrir con la ayuda de otras embarcaciones de Salvamento Marítimo los recates de pateras en el mar de Alborán.

Inmerso en esta misión; un cometido quizás no demasiado adecuado para un barco de estas características, el Clara Campoamor desempeñó esta labor hasta finales de septiembre, fecha en la que dejaba las aguas malagueñas para reposicionarse en Algeciras.

Resumida su estancia en dos fallidas salidas nocturnas en busca de pateras, el control de la posible contaminación de un pesquero hundido y el apoyo logístico en el vertido de gasoil que el ferry de Baleària Sicilia realizó en las aguas del puerto, la larga estancia del Clara Campoamor ya forma parte de la historia marítima malagueña.

Pero además de todo esto, el posicionamiento de este buque se ha significado también por un hecho muy especial. En un año en el que las banderas han tenido un importante protagonismo, el Clara Campoamor, desde su primer día en el puerto ha mantenido izada la bandera marítima de Málaga; todo un detalle de cortesía que sumado a su labor merecen que se le considere como el barco más destacado en las aguas malagueñas en 2019.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACLARA CAMPOAMOR entrando en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de enero de 2020.

A lo grande

Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de enero de 2020 a las 9:45

En la madrugada del pasado día 20, el yate Bintador sufrió un incidente atracado en el muelle dos.  A las cuatro de la mañana, este barco de 49,9 metros construido en 2019, requería la ayuda de los remolcadores que en ese mismo instante estaban operando en la bocana con el cochero de 200 metros Gran Neptune.  Con 40 nudos de viento (74,08 kilómetros por hora) a las afueras del puerto y diez menos en las dársenas interiores, la marejada que entraba estaba golpeando el casco del yate contra el muelle; una circunstancia que mantuvo en alerta durante toda la noche a su tripulación.

Dos días antes de este incidente, en concreto el miércoles 18 de diciembre, el Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria adjudicaba a dos empresas asociadas el proyecto para la construcción y explotación de la que desde ahora se llamará dársena de megayates entre los muelles uno y dos.

Y sin entrar en disquisiciones y dejando a un lado que esta marina, antes de construirse, ya ha arrebatado el nombre tradicional que tenía la dársena en la que ubicará (la histórica denominación de dársena del Marqués de Guadiaro cambiará por la de megayates), hoy me gustaría hacer algunas consideraciones sobre este proyecto en el que sus promotores invertirán 11 millones de euros.

Con unos números a lo grande: 31 atraques, 16 en el muelle uno para yates de entre 30 y 100 metros y 15 en el dos para embarcaciones de entre 30 y 50, el impacto económico previsto, con la instalación llena, supondrá algo más de 100 millones de euros anuales; una cantidad que potenciará la creación de más de 800 puestos de trabajo.

Expuestas estas cifras, muy positivas para el puerto y la ciudad, una serie cuestiones marítimas y portuarias saltan a la vista ante este proyecto. Con los megayates atracados ¿cuántos buques de crucero amarrarán en el muelle dos?, ¿cómo será la maniobra del Melillero?, y si visita el puerto un gran velero, un barco de guerra u otro buque de los habitualmente usan en estos muelles, ¿dónde se ubicarán? Unas cuestiones que probablemente estén resultas sobre el papel pero que habrá que ver cómo se hacen realidad a pie de muelle cuando no haya, dicho sea de paso, demasiado viento.

Bintador 20-XII-2019 (2)Yate BINTADOR que tuvo problemas atracado en el muelle dos.

La Mar de Historias, 31 de diciembre de 2019.