Reestreno del pantalán

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de junio de 2019 a las 13:24

El pasado 23 de mayo, el buque de crucero Marina reestrenaba el pantalán de levante. Tras haber sufrido unas significativas obras de mantenimiento y sólo haber albergado durante algo más de dos meses a un barco inactivo, el también denominado atraque del dique de levante (ADL), retomaba  una actividad paralizada desde abril de 2018.

Con 110 metros de longitud real, ampliables hasta 146 gracias a los dos duques de Alba que lo flanquean, este espacio constituye el primer atraque crucerístico exterior que tuvo el puerto; una zona de amarre cargada de infinidad de historias de barcos.

Y aunque las anécdotas que podría contarles son muchas y muy variadas, creo que para celebrar el reestreno de este muelle, la mejor historia sería la de su inauguración; una puesta de largo en el que el principal protagonista fue el buque que allí atracó.

Sin ningún tipo de acto oficial, lo mismo que ha ocurrido con su reestreno de hace unas semanas, el lunes 10 de abril de 1977 el buque de crucero Atlas atracaba en este muelle. Procedente de Casablanca y con destino a Barcelona, el Atlas, integrado en la flota de la histórica naviera griega Epirotiki Lines, llegaba al completo de pasaje realizando un itinerario atlántico y mediterráneo. Compartiendo estancia con el italiano Victoria y el ferry finlandés reconvertido en buque de crucero Bore Star, ambos amarrados en el muelle dos, aquella jornada significó el arranque de este muelle; un espacio que originariamente fue denominado como el pantalán de los trasatlánticos.

Y aunque amarrados a sus norayes ha habido muchos barcos; inicialmente  sólo fueron  trasatlánticos – buques de crucero hasta que comenzaron a atracar todo tipo de barcos, no me resisto a realizar una mínima comparativa entre el primer buque turístico que lo inauguró  y el que hace varias semanas lo ha reestrenado. Con 15.015 toneladas de registro bruto, el Atlas, de 153 metros podría embarcar a un máximo de 600 pasajeros; unas cifras muy alejadas de las 66.084 toneladas del Marina que con 203 metros de eslora aloja a 1.250 turistas.

Dos barcos muy diferentes que constituyen el inicio y la continuación de un muelle histórico que ya ha cumplido 42 años de vida.

IMG_6983MARINA reestrenando el pantalán de levante el pasado 23 de mayo.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 11 de junio de 2019.

El MSC OPERA

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de junio de 2019 a las 12:17

Con toda seguridad, muchos de los lectores a esta columna ya conocerán el accidente que este pasado domingo sufrió en Venecia el buque de crucero MSC Opera.  Realizando un recorrido de siete noches con inicio y final en el puerto italiano de Bari, el barco de MSC Cruceros, navegando por el canal  Giudecca para atracar en el muelle de San Basilio embestía al buque fluvial River Countess; un accidente que minutos después de acontecer ya se podía ver en la red de redes.

Pero con independencia del suceso en sí y dejando la polémica sobre las llegadas de buques de crucero a la ciudad de los canales, hoy, creo que será interesante recordar la historia malagueña de este barco.

Construido en los astilleros franceses  Chantiers de L’Atlantique, el MSC Opera era bautizado  por Sofía Loren en Génova el 26 de junio de 2004. Después de su viaje inaugural en el tocó puertos de Italia, Túnez, Francia y España, nuestro protagonista se estrenaba en aguas malacitanas el sábado uno de abril de 2006. Atracado en el pantalán de levante, este barco, por entonces considerado como el buque insignia de MSC Cruceros, con  aquella escala ha realizado hasta la fecha un total de 14 visitas; unos atraques que nos permitieron verlo por última vez el pasado 26  de marzo. Y si bien el historial malagueño de este barco no es muy significativo, sí que habría dos  hechos que podrían destacarse; unas situaciones muy dispares que ahora les contaré.

El 31 de octubre de 2009, varios meses antes de reformado y alargado 24 metros, el Opera compartió atraque con los buques Zenith y Seabourn Odyssey que cumplimentaba su primera escala en Málaga. Atracado en el muelle de levante, nuestro protagonista sufrió una jornada de intensa niebla otoñal; una de las más significativas vividas en los últimos años.

Pero además de aquella brumosa experiencia, quizás, la anécdota más significativa del MSC Opera en Málaga se vivió en su primera visita. Concertada la tradicional recepción de bienvenida, al acto no acudió nadie, y el consignatario del buque, uno de los agentes de la casa Cabeza, tuvo que lidiar con el protocolo en el primer atraque malagueño de este barco que hace unos días sufrió un accidente en Venecia.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMSC OPERA en su primera escala malagueña de 2006.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 4 de junio de 2019.

Los cinco soviéticos

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de mayo de 2019 a las 9:53

En una red social, hay un grupo dedicado a fotos antiguas de Málaga. Con gran variedad de instantáneas, de vez en cuando, alguno de sus componentes ofrece imágenes del puerto; una circunstancia en la que se rescatan fotografías de gran valor para los que investigamos los temas portuarios.

Hace unos días, me encontré la imagen de un buque ruso atracado en el muelle dos; una instantánea tomada desde el techo de uno de los tinglados situados justo al silo. Sin muchos datos adjuntos, el miembro del grupo que publicaba la foto reseñaba que se trataba de un crucero de la antigua URSS  llegado a aguas malacitanas en los años setenta.

Sin poder ver con claridad el nombre del barco, su estampa me indicó que el buque era uno de los gemelos  de la denominada clase Ivan Franko; unos barcos de pasaje que durante muchos años navegaron luciendo la hoz y el martillo.

Construidos en los astilleros Mathias Thesen en la Alemania del este entre 1964 y 1972, el Ivan Franko, Aleksandr Pushkin, Taras Shevchenko, Shota Rustaveli y Mikhail Lermontov visitaron, especialmente tres de ellos con bastante frecuencia, las aguas malacitanas en las décadas de los años 60, 70 y 80. Con capacidad para 500 pasajeros, estos buques que navegaban bajo las contraseñas de dos navieras estatales de la URSS, participaban de la peculiaridad estar listos para embarcar tropas en cualquier momento; una circunstancia que, durante sus primeros años de vida los convirtió en unos barcos muy austeros. Con curiosidades tan dispares como  las de ser unos de los primeros buques de crucero que llevaron piscina cubierta o con la extraña circunstancia de poseer camarotes para seis personas y aseos con grifos para agua fría, caliente y de mar, los buques de la clase Ivan Franco se estrenaron en Málaga en julio de 1967 cuando en el muelle  número dos atracó el Taras Schevchenco.

Mostrando en su chimenea una franja roja donde en color amarillo se podía ver la hoz y el martillo, estos barcos, en cada una de sus escalas malacitanas llegaron rodeados de curiosidad y misterio. Unas historias que dejo para otra  ocasión  cuando les hable de los muchos taxis que acudían al muelle cada vez que atracaba uno de estos buques.

Ivan FrankoIVAN FRANKO, el primero de los cinco gemelos soviéticos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de mayo de 2019.

773 ‘Marítimas’

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de mayo de 2019 a las 10:14

El domingo 16 de mayo de 2004 salía a la calle el primer número de Málaga Hoy. Dos días después, aparecía por primera vez la página Marítimas; una sección fija que, ubicada los martes, se ha convertido en una de las señas de identidad de este diario.

En aquella marítima de estreno, un reportaje reseñaba el crecimiento de la terminal de contenedores, haciendo una especial referencia a las dos grúas que por entonces estaban en activo. Además, en tres noticias breves se hablaba de buques de crucero, de la adjudicación de la  construcción del muelle sur de la estación marítima de levante y un proyecto para una nueva lonja en el puerto de Marbella. Completando esta página que también recuperaba para la prensa escrita malagueña la lista de atraques semanales, la primera columna La Mar de Historia salía a la luz, y lo hacía reseñando al Caronia, un histórico barco que dejó,  tanto en el puerto como en las calles malagueñas una huella imborrable.

Desde aquel 18 de mayo de 2004 hasta la fecha, Málaga Hoy ha publicado un total de  773 Marítimas, un considerable número al que habría que añadir la infinidad de noticias marítimo portuarias aparecidas fuera de esta página semanal. Mencionadas estas cifras, y con la curiosidad de que en el transcurso de  estos 15 años sólo ha habido cuatro martes en los que no se ha publicado Marítimas, hoy me gustaría recordar la primera La mar de Historias.

Nacida como una columna para tratar temas históricos y del día a día portuario, también en determinadas ocasiones se ha convertido en un texto de opinión, en el primero de estos escritos, bajo el título El barco de la lluvia, les hablé del Caronia, un afamado trasatlántico que visitó en múltiples ocasiones  Málaga entre las décadas de 1950 y 1960. Dejando una referencia en los muelles (aún hay quién recuerda la denominada esquina del Caronia), además de varias expresiones populares, las historias malagueñas de aquel  buque de chimenea roja que llevaba su casco pintado con cuatro diferentes tonalidades de verde manzana, me sirvieron para iniciar esta columna. Unos textos, 773 en concreto que, integrados en la página marítima de los martes hace tan sólo uno días cumplieron 15 años.

Caronia postalCARONIA, el primer protagonista de ‘La Mar de Historias’

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de mayo de 2019.

Pocos adornos

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de mayo de 2019 a las 11:58

Desafortunadamente, muchas de las tradiciones que durante siglos han acompañado a los barcos están desapareciendo. Y aunque la nómina de estas pérdidas podría ser muy larga,  en esta ocasión les mencionaré la que hace referencia al engalanado; un asunto del que ya les he hablado en otras ocasiones y que hoy quisiera retomar.

Cuando por algún tipo de causa un barco debe adornarse, y les hablo de adornos exteriores, generalmente, los buques muestran las denominadas guirnaldas.  Estos ornamentos, básicamente consisten en una línea aérea donde van colocadas banderas o luces desde la proa a la popa; un engalanado tradicional que empleando la lengua de Shakespeare, la que habitualmente se usa para los asuntos marítimos, atendería a la denominación “flag dress” o “light dress”; es decir, los vestidos de banderas o luces.

Teniendo en cuenta que los motivos para que un barco se engalane son muy flexibles y con el añadido de que no hay ninguna obligatoriedad en ello, los adornos exteriores se han convertido en una decisión muy arbitraria de los capitanes o las de navieras propietarias de los barcos. Ante esta circunstancia y con la realidad que supone que casi ningún mercante se engalana, los vestidos de banderas o luces han quedado destinados a los buques de guerra y cruceros; un hecho que parece que también está desapareciendo.

Centrándonos en los barcos de turistas,  no hace demasiados años, estos adornos eran casi obligatorios en cada uno de los puertos de atraque; una muy vistosa tradición que en el caso de un inicio de ruta con embarque de pasajeros o una primera escala constituía algo normal para este tipo de buques. En la actualidad, la guirnalda de luces que va instalada permanentemente  y que solo hay que encender pulsando un botón, aún se puede ver en estos barcos; un hecho muy diferente si hablamos del vestido de banderas, un ornamento que se está perdiendo.

Teniendo esto en cuenta, les diré que, atendiendo únicamente a las primeras escalas, sólo uno de los doce buques que hasta la fecha se han estrenado en aguas malagueñas ha lucido la tradicional guirnalda de banderas.  Un muy claro ejemplo de una muy arraigada tradición marítima que se está perdiendo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAÚnico buque de crucero que se ha engalanado en su primera escala malagueña en 2019.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de mayo de 2019.

Detalles

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de mayo de 2019 a las 9:57

Hace unos años, realizando un crucero llegué al puerto de Civitavecchia. Con la emoción de estar en un importante centro crucerístico, mi principal recuerdo de aquel lugar no lo constituyen los barcos y sí una edificación que me llamó la atención. Después de desembarcar y  andar muchos metros por el muelle donde estaba atracado en buque en el que viajaba, me topé con la terminal de cruceros. Impactado ante aquella instalación, entré en una gran carpa; un espacio desangelado donde, además de muchas filas de asientos e infinidad de cintas para dirigir al pasaje, se encontraban dos casetas de policía, unos aseos y varias máquinas de bebidas y golosinas.

Con aquel recuerdo del puerto de Roma y con el símil, quizás excesivo, de esos hangares que se usan para albergar a personas tras cualquier tipo de catástrofe, hoy le contaré algo que, sin punto de comparación, sí podría crea imágenes erróneas que son innecesarias.

Dejando claro que las terminales crucerísticas malagueñas, las de levante y la del muelle dos son unas magníficas instalaciones que  nada tienen  que envidiar a las mejores estaciones marítimas de turistas del mundo, determinados detalles sí que podrían deslucir la buena impresión de los pasajeros que pasan por ellas.

En plena campaña crucerísta y convertido en un atraque para buques de pequeño y mediano porte, el muelle dos está recibiendo en las últimas semanas a un variado número de barcos. Ofreciendo una estación marítima para estos tráficos, esta terminal dispone de una versátil pasarela adaptable a la gran mayoría de estos buques; un pasadizo que hace unos días me llamó la atención.

En su extremo, esta pasarela dispone de una rampa que apoya en el muelle; una plancha que facilita el acceso al pasaje de barcos que no han podido conectarse o que están en una ubicación cercana. Situados sobre la rampa, unos postes sostienen un cordón que sirve de pasamanos; un conjunto que hace unos días mostraba un aspecto muy destartalado. Y si bien unos postes torcidos y un cordón sin utilidad sobre una rampa no cambiarán la idea que un pasajero de barco pueda llevarse del puerto, de la estación marítima o de Málaga, tal vez no estaría mal cuidar estos pequeños detalles.

OLYMPUS DIGITAL CAMERADestartalada rampa en el muelle dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de mayo de 2019.

Sin remolcadores

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de abril de 2019 a las 12:01

Este pasado domingo llegaba por primera vez a Málaga el buque de crucero Viking Jupiter. Estrenado en febrero, el último  barco de la compañía Viking Cruises  quedaba amarrado en el muelle número dos; un atraque que le permitió usar la estación marítima situada en el Palmeral de las  Sorpresas.  Atendiendo a esta circunstancia y siguiendo la tradición de realizar un acto de bienvenida a todos los barcos que visitan por primera vez las aguas malagueñas, la agencia Pérez y Cía. y el buque organizaron un encuentro con el capitán. Y aunque las autoridades asistentes fueron muy pocas, les recuerdo que era domingo y que además había que ir a votar, la reunión siguió sus cauces habituales; una escenificación con brindis y canapés donde el intercambio de metopas quedó registrado por diversas fotografías.

Entablada una breve charla, varios de los asistentes preguntaron al capitán por su primera escala malacitana. Valorando muy positivamente las instalaciones y haciendo especial hincapié sobre buen clima, la única objeción que puso el capitán del  Viking Jupiter fue la limitación de espacio a la hora de atracar; una estrechez que no le gustó al tener que compartir ubicación con la fragata de la Armada española Victoria situada en ese mismo muelle.

Dicho esto y antes de proseguir, le comentaré que este barco, en su viaje inaugural en febrero, chocó contra uno de los muelles del puerto griego de El Piero; un incidente que pueden ver en la red de redes y que al parecer, debido a unas fuertes rachas de viento, se saldó con una brecha de 10 centímetros en su casco amén de algunos daños sobre el muelle impactado.

Ante esta circunstancia y con la muy razonable precaución del capitán del Viking Jupiter que, con el práctico a bordo, tenía asignado este atraque, quizás, la mejor opción hubiera sido usar los remolcadores para posicionarse junto a la fragata. Una apuesta segura que no se llevó a cabo y que terminó con la  absurda movilización de ambos remolcadores para el Viking Jupiter, por sus propios medios, pudiera maniobrar de entrada y salida en la dársena del muelle  número dos. Una, si me permiten la expresión, rocambolesca historia que nunca se había dado en el puerto.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAVIKING JUPITER maniobrando en la dársena de Guadiaro para atracar.

A su popa se aprecian los dos remolcadores volviendo a su atraque tras tener

quedejarlo para darmás espacio a la entrada del buque.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 30 de abril de 2019.

Barco y Legionarios

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de abril de 2019 a las 10:08

En la historia del tradicional desembarco del Tercio tres buques han destacado por repetir en varias ocasiones el transporte de estas tropas.

Uno de los espectáculos que destaca a la hora de hablar de la Semana Santa de Málaga, sin duda alguna lo constituye la llegada y  el desembarco de las tropas de la legión en el puerto. Este acontecimiento, que con el que se celebrará en unos días suma ya 77 escenificaciones,  conforma una muy jugosa historia malacitana; un cúmulo de situaciones  en las que, teniendo al Tercio como protagonista principal, quizás se hayan dejado en un segundo plano a los muchos y muy variados buques que durante estas décadas han embarcados a estos militares.

Y aunque en alguna ocasión ya les he hablado de los denominados barcos de la legión, hoy quisiera recordar a los que con más asiduidad han participado en este evento tan singular. Iniciados los transportes en 1930 y tras quedar cancelados los doce siguientes desembarcos, sería en el año 1943 cuando las llegadas de legionarios por mar comenzarían a fraguar su historia malagueña. Con el recuerdo del buque de Trasmediterránea Reina Victoria que, fletado para tal ocasión y procedente de Ceuta, desembarcaba a las tropas del tercio en la tarde del 17 de abril de 1930, la marina mercante se hizo cargo de estas labores entre los años 1943 y 1949. Registrados un total de cuatro barcos diferentes en este periodo de tiempo, el vapor Mogador fue el que más transportes realizó, cumplimentado un primer viaje en 1944 y tres seguidos entre 1946 y 1948.

MogadorMOGADOR

Construido en los astilleros escoceses de Dumbarton en 1.879, este buque de 464 toneladas de registro bruto, 50,4 metros de eslora y capacidad para 50 pasajeros fue bautizado originalmente como José Pérez. Propiedad de un armador ferrolano, el vapor inició su biografía realizando navegaciones de cabotaje alquilado por la Compañía Trasatlántica Española que en 1888 lo compraba y lo rebautizaba con el nombre Mogador. Realizando rutas por el Estrecho y por diversos puertos de Marruecos y tras ser posicionado en el Guadalquivir durante la guerra civil, en 1943 el barco era vendido a la compañía malagueña Cabo Páez Hermanos, momento en el que iniciaría su relación con los viajes de legionarios.

Superado el periodo civil, en 1950 la Armada española se hizo cargo de los transportes y el 5 de Abril de ese año, el dragaminas Segura traía a unidades del 2º Tercio Duque de Alba. Completados los viajes entre 1951 y 1972 por diez buques diferentes y con la particularidad de que en 1971 no hubo desembarco, el 19 de abril de 1973  llegaba a aguas malacitanas el Conde de Venadito, que hasta la fecha, ostenta el segundo mayor número de viajes con tropas del Tercio para su desfile procesional malacitano.  Construido por Estados Unidos en 1953, este barco de desembarcos de carros que originariamente se llamó Tom Green County, tras ser cedido a España en 1972 era comprado por la  Armada seis años más tarde. Con 5.800 toneladas de desplazamiento y 117 metros de eslora, este veterano que entre otras acciones tomó parte en la guerra de Vietnam, ya con bandera española, Transportó a legionarios en  ocho ocasiones entre su primer atraque y el último en 1988.  Compartiendo este buque travesías  con cinco barcos más, 1991 vería llegar por primera vez a Málaga al Contramaestre Casado. Superado aquel estreno y tras intercalar sus llegadas con cinco barcos hasta 2010, el apodado como ‘el barco de la Legión’ completaba el pasado año su vigésimo primer desembarque; un hecho que lo convierte en el buque de la Armada que más veces ha escenificado esta tradición.

CondeCONDE DE VENADITO L-13.

Todo un espectáculo que este Jueves Santo volverá a congregar en el puerto a miles de malagueños; un desembarco con 77 años de antigüedad en el que las tropas legionarias compartirán protagonismo con un nuevo barco recién estrenado.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA Contramaestre Casado A-01 legionarios 5-IV-1246CONTRAMAESTRE CASADO A-01

Columna especial “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 16 de abril de 2019.

Otro lujo absurdo

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de abril de 2019 a las 9:58

En el año 2005, bajo el título ‘Lujo absurdo’, les contaba en esta misma columna cómo un buque de crucero publicitaba su exclusividad reseñando los inodoros que llevaban todos sus botes salvavidas. Aquella excentricidad, con el paso del tiempo se ha difuminando frente a las muchas y muy diferentes atracciones que se pueden encontrar en  la gran mayoría los buques de crucero modernos; unas instalaciones para el ocio que, en el caso de los grandes yates, superan con creces los límites más insospechados.  Con el impactante  e imborrable recuerdo de las muchas mesas de billar que navegan a bordo de superyates y  hoteles flotantes,  hoy les hablaré de un nuevo lujo absurdo; una rareza que ha pasado por aguas malagueñas hace tan solo unos días.

Atracado en el muelle  número dos, este pasado fin de semana se ha podido ver al yate Spring. Con bandera de Islas Vírgenes, este buque de recreo privado, sin ser uno de los más grandes, participa de la peculiaridad de llamar muy poderosamente la atención. Firmado por Dynamiq Yachts, una compañía que reparte sus construcciones entre varios lugares de Europa, este barco de 39 metros,  con diseños realizados en Holanda, el Reino Unido y Mónaco, comenzaba a navegar en 2017 con el nombre Jetsetter. Fabricado totalmente de aluminio, este yate de 245 toneladas de registro bruto que cambiaba su nombre por el de Spring, dispone de tres cubiertas donde además de espacios interiores y exteriores se encuentran  cuatro suntuosos camarotes para ocho pasajeros. Tripulado por seis personas, este barco posee una plataforma de baño a popa, mientras que a proa, en dos niveles,  se encuentran un solárium, una piscina y una zona deportiva. Y es en este lugar, justo sobre el puente de mando, donde el Spring muestra algo verdaderamente extraño de ver que ya aparecía en los planos originales de construcción. En una balconada, en uno de los mejores sitios de este yate que se alquila por 100.000 euros semanales, van instaladas una sofisticada bicicleta estática y un tapiz rodante; una muy extraña y nada habitual ubicación para estas dos máquinas ¿no les parece? Por cierto,  para el que esté interesado, el barco se vende por 9.250.000 de euros.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABicicleta y tapiz rodante en la cubierta del yate SPRING.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA OLYMPUS DIGITAL CAMERAVistas generales del yate.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 23 de abril de 2019.

El ‘Remocionador’

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de abril de 2019 a las 9:28

Hoy les contaré una historia que está ocurriendo en las aguas del puerto; una  curiosa aventura que, aun sin final, cumplirá mañana tres meses. Pero antes de empezar con esta odisea, les recordaré un término que se usa mucho en el lenguaje marítimo; una palabra que, con una acepción terrestre, describe una maniobra portuaria.  Cuando por algún motivo un barco que se encuentra atracado en un muelle y debe cambiar su ubicación a otro, se dice que el buque ha sufrido una remoción.

Dicho esto, y con el recuerdo del carguero Otto Nübel que enero de 1965 realizó en aguas malacitanas cuatro remociones en dos días (aquella historia ya se las conté), me centraré en la aventura de un barco que hasta la fecha ya ha cambiado de atraque en seis ocasiones.

Convertida desde hace algunos años en una de las empresas más fieles a los astilleros malagueños, la compañía de origen holandés Iver Ships-Vroon traía el pasado 17 de enero a su buque Iver Courage. Procedente de Las Palmas, este asfaltero de 97,5 metros de eslora y 3.811 toneladas de registro bruto construido en China en 2015, llegaba para realizar unas reparaciones. Atracado en el muelle cuatro, este barco pasaba su primera noche en Málaga junto a uno de sus hermanos de flota, el Iver Ambassador  que en esa misma jornada había entrado en el dique flotante Andalucía.  Iniciada una reparación a flote y después de coincidir el 5 de marzo con Iver Action, otro de sus hermanos que amarraba en el muelle seis, nuestro protagonista de hoy, por necesidades de tráfico interno era posicionado en el muelle de levante el lunes 12 de marzo.  Estrenado el pantalán de levante en obras desde noviembre de 2018, el  Iver Courage quedaba allí amarrado en la jornada del 25 de marzo. Apenas unos días después, en concreto el viernes 5 de abril, el asfaltero recibía la orden de regresar al muelle de levante; una maniobra  que tras quedar ejecutada, obligaba a los remolcadores, presentes en todas estas operaciones, a posicionar al barco en el muelle seis debido al fuerte viento reinante. Realizado aquel cambio, el Iver Courage volvía este pasado domingo al pantalán de levante, una sexta remoción que con toda seguridad no será la última.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAIVER COURAGE en el muelle 4 antes de iniciar sus remociones.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 9 de abril de 2019.