La mar de Historias

El barco de San Telmo

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de julio de 2013 a las 10:17

Aunque las procesiones que congregan a los fieles de la Virgen del Carmen, ya sea por tierra o por mar, constituyen los más importantes cortejos de gentes relacionadas con el ámbito marítimo, hubo una época, en que otras personas, no vinculadas directamente a esta advocación pero muy relacionadas con el mundo de la mar y los barcos, también salieron desfilando por las calles de Málaga.

Tras constituirse el  Real Colegio Náutico de San Telmo en 1787, y después de quedar perfectamente organizada toda su compleja infraestructura, los alumnos de lo que podríamos denominar como la primera facultad universitaria que existió en Málaga, salían a la calle acompañando a las diferentes procesiones religiosas que por entonces recorrían la ciudad.

Ataviados con sus uniformes de gala y acompañados por sus profesores, los colegiales de número y los porcionistas (así se denominaban los alumnos que cursaban sus estudios en esta institución), participaron en calidad de acompañantes en los más significativos eventos religiosos que hasta 1849, fecha en la que el colegio dejó de existir, se sucedieron en Málaga.

Y aunque la presencia de los santelmistas siempre llamaba la atención, mucho más lo hacía el carro en el que los alumnos de la escuela de náutica transportaban el barco (una embarcación de casi tres metros de eslora aparejada como corbeta) con el que estos jóvenes aspirantes a marinos aprendían las artes de la navegación.

Un barco que aun hoy se conserva, y que, además de constituir la gran joya de la historia marítima malagueña, durante 62 años, el tiempo en el que este colegio de náutica estuvo en la ciudad, fue un fiel protagonista en todos los actos religiosos acaecidos en las calles de Málaga.

Corbeta didáctica del Real Colegio Náutico de San Telmo de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (16 de julio de 2013).

‘El Belfo’

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de julio de 2013 a las 8:50

Desde siempre, los apodos o motes han sido una constante en el día a día de cualquier puerto. Aludiendo a algún defecto físico o característica destacada de las personas que lo reciben, estas denominaciones, en muchos casos, han eclipsado por completo el verdadero nombre y apellidos de los  sujetos a los que alguien en algún momento los rebautizó con un determinado sobrenombre.

Y aunque la historia portuaria malagueña está repleta de muchos y  muy variados apodos, quizás, de entre todos ellos, destaque uno en especial.  Un mote que, empleando una palabra excesivamente literaria y que hoy está prácticamente en desuso, acompañó a un curioso trabajador portuario allá por la década de 1920.

De origen argelino, Nicolás  Martinet (existe alguna  reseña que lo  apellida como Martínez), desembarcaba en el puerto malacitano a mediados de 1922. Teniendo como lenguas maternas el árabe y el francés, y hablando también algo de español, tras haber trabajado en diversos puertos del Norte de África, este mestizo se aposentó en Málaga para desempeñar una peculiar actividad portuaria.

Convertido en lo que hoy muy bien podríamos denominar como un agente comercial libre, Nicolás, durante años, sirvió como intermediario para todo tipo de gestiones a pie de muelle. Trabajando de intérprete o viajando como representante eventual de algunas empresas consignatarias de la época, aquel joven argelino, pronto se convirtió en alguien muy conocido en el ambiente del puerto, y por ende, le llegó su mote.

Atendiendo a una muy especial fisonomía facial, debido sin duda a su mestizaje, Nicolás, lucía un abultado labio inferior; una circunstancia que llevó a  los portuarios malagueños a apodarlo como ‘El belfo’.

Vista del puerto en la década de los años 20.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (9 de julio de 2013).

Nueva imagen

Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de julio de 2013 a las 7:31

El 7 de enero de 2006, coincidían en el puerto los ferries Ciudad de Valencia y Ciudad de Salamanca. Aquella curiosa circunstancia, además de permitirnos ver juntos a dos buques gemelos (ambos fueron los últimos ferries  de la Clase Canguro gestionados por Trasmediterránea), sirvió como presentación oficial  en Málaga de los nuevos colores de esta veterana naviera tras ser comprada por el grupo empresarial Acciona.

Manteniendo su casco en blanco, el Ciudad de Valencia, mostraba en sus costados una de franja roja que, en la mitad de la eslora del barco, se interrumpía para dejar paso a un logotipo que causó un verdadero revuelo en el mundo marítimo nacional e internacional.

Acompañando a la hoja de encina seña de identidad de este grupo empresarial, aparecía el nombre Acciona, y bajo éste, en un tamaño mucho menor, se mostraba la marca   Trasmediterránea.

Aquella circunstancia, que para muchos significó la total pérdida de identidad de una de las más importantes navieras del panorama marítimo español, pronto quedó en el olvido, y los buques de Acciona Trasmediterránea continuaron navegando luciendo su nueva contraseña.

Hace unos días, realizando la rotación que esta compañía efectúa todos los lunes (en esta el Melillero titular es sustituido por otro buque), el Sorolla llegaba al puerto mostrando una significativa novedad.

Debido a un cambio de identidad corporativa, aquel logotipo que tanto dio que hablar, venía cambiado. Perdiendo protagonismo la hoja de encina y la marca Acciona, el nombre Trasmediterránea volvía a destacar sobre el casco de este barco.

Una nueva imagen que poco a poco se extenderá a todos los buques de la flota de esta compañía, y que recupera el nombre de una naviera histórica.

Nuevo logotipo sobre el casco del buque SOROLLA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (2 de julio de 2013).

‘Shopping Center’

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de junio de 2013 a las 12:26

Por mucho que se empeñen unos y otros, lo que ofrece el centro comercial Muelle Uno, ni por asomo  está ideado para los miles de turistas que llegan a Málaga en barco. Ofertar ropas de marca, artículos de regalo (que no souvenirs) o gastronomía no autóctona, resulta algo verdaderamente absurdo. Y lo es, por el simple hecho de que todo eso y mucho más, ya lo tienen los pasajeros en los buques en los que pasan sus vacaciones en el mar.

Y como esto que les digo podría parecer una opinión muy personal, les contaré una circunstancia muy esclarecedora que refleja el nulo interés que, para los turistas de barco, despierta este centro comercial.

Los pasajeros de cualquier buque de crucero que atraca en los muelles Norte o Sur de la estación marítima de Levante, necesitan de un autobús lanzadera, ya sea público o privado, para poder llegar al centro de la ciudad.  Los días en los que no hay barcos turísticos atracados en el muelle del Palmeral, estos autobuses circulan por el interior del puerto, y en las inmediaciones del centro comercial  Muelle Uno, realizan unas paradas obligatorias que oscilan entre 2 y 4 minutos.

Tras quedar estacionado el bus en alguna de estas paradas, su conductor, en un inglés más o menos ortodoxo y a la voz de “shopping center” (centro comercial), informa a los pasajeros que durante varios minutos hay que quedarse allí, y que el final del trayecto está en las columnas del puerto, o lo que es lo mismo, en el centro de la ciudad. Muy pocos turistas de barco, por no decir ninguno, desde que se han establecido estas paradas, han subido o bajado en ellas, un hecho muy significativo que demuestra un escaso interés por visitar algo que ya tienen en sus respectivos buques de crucero.

Parada de autobús cerca del centro comercial Muelle Uno.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (25 de junio de 2013).

El MILENIUM TRES

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de junio de 2013 a las 7:48

El 27 de noviembre de 2006, el puerto se vistió de gala. Con motivo de la presentación oficial del catamarán rápido de Acciona Trasmediterránea Milenium Tres, un variado número de autoridades (además de las malagueñas encabezadas por el alcalde, estaba el presidente la naviera y la que por entonces era ministra de Fomento), asistieron al acto.

Tras finalizar aquel evento que se volvió a repetir en el puerto de Melilla, dos días después, el Milenium Tres comenzaba a operar en la línea regular de alta velocidad que Acciona Trasmediterránea gestiona todos los veranos en Málaga desde 2002.

Heredero de los ferries Alcantara y Almudaina, los dos monocascos que iniciaron la ruta rápida en el Mar de Alborán, el Milenium Tres, llegaba al puerto malacitano recién salido de los astilleros australianos Incat.

Tras efectuar un viaje de posicionamiento de 12.000 millas y 20 días de duración en el que se realizaron cinco escalas para cargar combustible y víveres, el catamarán, tras pasar por Algeciras, llegaba al puerto malagueño en la mañana del 25 de noviembre de 2006.

Una vez terminadas todas las presentaciones, el Milenium Tres comenzó a navegar entre los puertos de Málaga y Melilla en la jornada del miércoles 29 de noviembre, cubriendo desde aquella fecha y hasta finales de aquel año la línea veraniega de alta velocidad.

Después de cumplimentar la campaña de 2007 e iniciar la de 2008, en julio de ese año, sus mejores capacidades técnicas (en especial su rampa autoportante de popa), lo llevaron a Algeciras. Tras cubrir durante unos años la ruta rápida del Estrecho, hace unos días, el Milenium Tres, de una forma provisional, regresaba a Málaga, el puerto que lo vio iniciar su vida de mar.

MILENIUM TRES atracando en Málaga en 2007.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (18 de junio de 2013).

El AMERIKANIS

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de junio de 2013 a las 13:09

El 18 de septiembre de 1996, atracaba en el muelle número dos el buque de crucero Amerikanis. Realizando una breve escala que apenas lo tuvo en Málaga 65 minutos, éste barco, viajaba con destino al puerto griego de Eleusis para quedar amarrado a la espera de ser vendido para el desguace. Construido en los astilleros Harland & Wolff de Belfast entre los años 1951 y  1952, y bautizado como Kenya Castle para la naviera británica Union-Caslte Line, este barco de 17.041 toneladas de registro bruto y capacidad para 526 pasajeros en clase única, inauguraba su carrera en la mar efectuando un crucero turístico de dos semanas que lo traía al puerto malagueño el 16 de marzo de 1952.

Después cubrir durante muchos años diversas rutas (con pasajeros y posibilidad carga) entre diferentes puertos del Reino Unido y África, en 1967, la naviera de origen griego Chandris compraba el barco. Tras sufrir una significativa reforma, y después de ser rebautizado como Amerikanis, el barco, que inicialmente pretendía establecer una línea regular de pasaje entre El Pireo y Nueva York, comenzaba a operar en exclusividad como buque turístico en el año 1970.

Combinando itinerarios en la Bahamas y Europa fundamentalmente, el Amerikanis visitaba por primera vez el puerto de Málaga en mayo de 1979, regresando nuevamente a aguas malacitanas, una vez en 1995 y tres en 1996.

Tras permanecer algo más de cuatro años parado en Grecia, el Amerikanis, en 2001 viajaba a la India para ser desguazado en las playas de Alang. Un verdadero clásico que sin haber frecuentado mucho las aguas malagueñas, sí estuvo presente en los dos más significativos hechos de sus 44 años de vida; su viaje inaugural y su último viaje comercial.

AMERIKANIS

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (11 de junio de 2013).

Reyes ‘El Moreno’

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de junio de 2013 a las 18:07

Aunque a principios de 1940 el tráfico portuario malagueño estaba bastante restablecido, las duras condiciones vividas en los años de la Guerra Civil, aun eran patentes en el día a día del puerto. La estiba, quizás el colectivo más perjudicado por el conflicto, en aquel año 1940, experimentó un importante cambio. Con las collas de estibadores muy mermadas, los responsables de la carga y descarga de barcos iniciaron un reclutamiento general de trabajadores. Tras ser seleccionados los jornaleros portuarios más habituales (por aquellos años era frecuente contratar a braceros para una sola jornada), las collas  de estibadores se fueron completando, y éste colectivo volvió a trabajar en unas condiciones muy similares a las que existieron antes de la Guerra.

De entre todos los trabajadores contratados, uno de ellos, llegó al puerto sin ninguna experiencia y con una importante carta de recomendación bajo el brazo. Fruto del matrimonio de un militar destinado en Melilla y una joven marroquí, con apenas 17 años, Reyes Fernández se incorporaba a una de las collas de estibadores malagueños a finales de febrero de 1940.

Rechazado por sus compañeros desde su primer día de trabajo, Reyes fue asignado al grupo de ‘El mellao’ (éste era el apodo del capataz del la colla), comenzando así una muy breve y accidentada vida portuaria.

Tras ser rebautizado como ‘El moreno’, debido sin duda al tono oscuro de su piel, Reyes, después de unos días en los muelles, iniciaba su segunda semana laboral con dos dedos de su mano derecha rotos. Trabajando a duras penas, un desafortunado accidente lo mandaba al hospital contusionado y con varias costillas fracturadas. Una vez recuperado, ‘El moreno’ nunca más volvió al puerto.

Estibadores cargando un barco en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (4 de junio de 2013).

La barcaza antillana

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de mayo de 2013 a las 9:03

El 27 de diciembre de 2012, procedente de la localidad mauritana de Nouadhidou, llegaba al puerto de Málaga el remolcador Felis. Con apenas 277 toneladas de registro bruto y 31 metros de eslora, este buque abanderado en San Vicente y las Granadinas construido en 1972, traía a remolque a la barcaza Ans, una plataforma flotante multipropósito de 677 toneladas que venía a reparar.

Tras quedar amarrados ambos en el muelle número seis, varios días después de su llegada, el remolcador  ponía rumbo a la ciudad portuaria holandesa de Ijmuiden, quedando la barcaza a la espera de entrar el en dique flotante de Mario López.

Matriculada en Basseterre, capital de la exótica isla antillana de San Cristóbal y Nieves, la barcaza Ans, propiedad de una empresa de origen holandés dedicada a suministrar embarcaciones para diversos trabajos marinos, llegaba a aguas malacitanas para realizar una serie de reparaciones en seco y a flote.

Tras permanecer varias semanas amarrada en el muelle seis, el 14 de enero, la barcaza, con la ayuda de los dos remolcadores malagueños de la Clase H,  finalmente entraba en el dique flotante. Cumplimentados todos sus trabajos en seco, el 11 de febrero, la plataforma regresaba al muelle seis donde se culminaba su reparación a flote.

Una vez lista y con la intención de navegar remolcada hasta Italia, la barcaza Ans, desde mediados de marzo permanece a la espera de dejar las aguas malagueñas; una circunstancia que se está retrasando y que ya ha motivado, en varias ocasiones, el tener que moverla para facilitar así el tráfico comercial de buques en el muelle seis.

Una historia aun sin final que podría mantener a esta plataforma de matrícula antillana muchos meses en el puerto de Málaga.

Barcaza ANS atracada en el muelle seis tras su reparación.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (28 de mayo de 2013).

El barco del Cisne

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de mayo de 2013 a las 9:00

Aunque la tendencia actual en la industria de los viajes turísticos por mar se centra fundamentalmente en los hoteles flotantes, afortunadamente, aun se mantienen activos muchos buques de crucero nada parecidos a los superbarcos que estamos acostumbrados a ver con miles de pasajeros y tripulantes a bordo.

Uno de estos buques, que muy bien podríamos denominar como clásicos, es el Minerva; un pequeño barco turístico al que le une una muy estrecha relación con el puerto de Málaga.

Construido a partir del casco de un buque de investigación que, la desaparición de la Unión Soviética dejó inacabado en un astillero Ucraniano, este barco, tras ser adquirido y reconvertido en un buque de crucero para la naviera Swan Hellenic, en junio de 1996 iniciaba su carrera con el nombre de Minerva.

Realizando uno de sus primeros viajes, en agosto de ese mismo año, el Minerva se estrenaba en Málaga. Con  12.449 toneladas de registro bruto, 133 metros de eslora y una capacidad  máxima para 350 pasajeros, este buque, completaba nueve escalas  malagueñas hasta mediados de 2003, año en el que era rebautizado como Saga Pearl.

Después de efectuar cuatro visitas bajo los colores de la compañía Saga  y cambiar su  nombre en varias ocasiones, en 2007, el buque volvía a navegar como Minerva, regresando a Málaga 2008.

Convertido en un habitual, y manteniendo varias escalas al año, en 2012, tras sufrir una millonaria reforma en la que se le añadieron balcones y se reestructuraron algunos de sus camarotes y lugares comunes, el Minerva volvía a los muelles malagueños.

Un verdadero clásico conocido internacionalmente por su elegante cisne blanco pintado en su chimenea que, desde que comenzó a navegar, ha sido un fiel visitante del puerto de Málaga.

MINERVA atracado en el muelle número dos del puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (21 de mayo de 2013).

Dos supervivientes

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de mayo de 2013 a las 8:13

Cuando a finales de 2013 o a principios de 2014, aparezca el habitual resumen portuario del año recién terminado, una de las reseñas de importancia, debería aludir a la presencia  en  aguas malacitanas de la patrullera de la Armada española Medas P-26.

Empleando la muy antigua y tradicional terminología de las entradas y salidas a puerto de cualquier buque de guerra, el Medas,  “procedente de la mar y con destino a la mar”, realizaba una breve escala en Málaga los pasados días 23 y 24 de abril. Abarloado a su hermano gemelo el Tagomago P-22 (la patrullera que tiene en el puerto malagueño su base de operaciones), durante unas cuantas horas, ambos barcos mostraron una singular imagen. Una instantánea de dos de los tres supervivientes de una clase a punto de desaparecer.

Adscritos al Plan General de la Armada de 1977, un ambicioso proyecto que tendría como resultado la fabricación por parte de la Empresa Nacional Bazán de 10 patrulleros destinados a la vigilancia costera, control pesquero y salvamento, el  31 de enero de 1979 arrancaba la construcción de los cuatro primeros buques de una serie que llevaría los nombres de diferentes islas o islotes del litoral español.

Tras ser entregado en octubre de 1980 el primero de ellos, el Anaga P-21 (el buque que daba nombre a la clase), entre los años 1981 y 1982 se completaba la totalidad de la serie. Después de una primera baja, la del Deva P-29 en julio de 2004, seis de los patrulleros de la clase dejaban de navegar en los años 2010 y 2012. Permaneciendo activos ya sólo tres de ellos (Tagomago P-22, Medas P-26 y Tabarca P-28), el ver juntas a dos de estas unidades como hace poco tiempo ocurrió en el puerto de Málaga, constituye toda una rareza.

El TAGOMAGO P-22 y el MEDAS P-26 juntos en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (14 de mayo de 2013).

Una extraña exigencia

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de mayo de 2013 a las 8:36

Al hilo de las respectivas visitas, este pasado fin de semana, de los buques turísticos SeaDream I y SeaDream II, hoy les contaré la singular historia que uno de ellos vivió en Málaga hace algunos años.

Tras iniciar su ya larga relación con el puerto malacitano con los nombres Sea Goddess I y II,  escalando bajo las contraseñas de las navieras Sea Goddess Cruises y Cunard Line, ambos barcos, cambiaban de armador siendo rebautizados como Seabourn Godess I y II.

Después de efectuar el Seabourn Goddess I su primera visita malagueña en abril de 2000, en octubre de aquel mismo año, llegaba su gemelo el Seabourn Goddess II. Procedente de Palma de Mallorca, a las ocho de la mañana el buque quedaba atracado en el muelle número dos. Engalanado con la típica guirnalda de bandera propia de las primeras escalas, a media mañana, a bordo del barco se iniciaban unos trabajos no demasiados frecuentes de ver en una escala al uso.

Empleando una grúa situada a pie de muelle, el radomo principal del buque (la bola de comunicaciones que llevaba situada junto al mástil), se abría para efectuar algún tipo de reparación.  Finalizados los trabajos y ya con el radomo cerrado, el Seabourn Goddess II dejaba el puerto a las seis de la tarde, quedando fondeado en la bahía hasta las nueve de la noche, momento en el que seguía su viaje con destino a Cádiz.

Con la peculiaridad de que el barco había sido alquilado por un misterioso jeque árabe para iniciar desde Málaga un viaje privado, los corrillos portuarios comenzaron a hablar de que aquella reparación y el posterior fondeo, atendían a una caprichosa exigencia del jeque que había exigido una serie de cambios en el sistema de comunicaciones del Seabourn Goddess II.

SEABOURN GODDESS II en su primera escala en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (7 de mayo de 2013).

Churretes

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de abril de 2013 a las 9:09

Una de las cosas más habituales de ver cuando un buque de crucero está atracado, es como uno o varios marineros realizan labores de limpieza sobre el casco del barco. Ya sea a pie de muelle o sobre unas muy curiosas barquichuelas de las que ya les hablé hace tiempo, los trabajos por mantener inmaculados los cascos de estos buques constituyen una tarea permanente que se repite en la gran mayoría de los puertos de escala.

Hace unos días, procedente de Cádiz y con destino a Almería, atracaba en el muelle número dos el buque de crucero Wind Star. Este velero moderno de cuatro mástiles, un viejo conocido en las aguas malagueñas (su primera escala en Málaga se remonta a junio de 1989), llegaba dentro de un itinerario crucerístico de ocho días con salida en Lisboa y final en Barcelona.

Y aunque esta escala malacitana no destacó por nada en especial, lo que si llamó mucho la atención, fue la extrema suciedad que el Wind Star mostraba en su casco. La mayoría de los ojos de buey y portalones a lo largo de toda su eslora, se mostraban manchados con churretes de óxido, una circunstancia nada usual en este tipo de barcos.

Teniendo en cuenta que este buque está considerado y publicitado como un exclusivo yate donde la vida a bordo en nada se parece a la que se puede experimentar en un barco de turistas al uso, resulta verdaderamente paradójico ver esta suciedad. Una mugre, aunque sea exterior, totalmente incompatible con los dos mil dólares largos que por persona costaba este crucero de ocho días.

Pero lo más curioso de esta historia, radica en que el casco del Wind Star no se limpió en su escala malagueña, y el exclusivo velero continuó su viaje manchado con sus muchos churretes de óxido.

Churretes de óxido en el casco del WIND STAR.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (29 de abril de 2013).

La leyenda negra del ‘Legend’

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de abril de 2013 a las 8:33

Desde siempre, en mayor o menor medida, los barcos de pasajeros y muy especialmente los de crucero, han tenido sus particulares leyendas negras. Difundidas fundamentalmente por los pasajeros y ocultadas por sus propietarios, la lista de incidentes ocurridos a bordo de estos barcos, constituye un preciado objetivo para  investigadores y biógrafos marítimos.

Hace unos días, visitaba por primera vez el puerto malagueño el buque de crucero Carnival Legend. Construido  en 2001 en los astilleros finlandeses Kvaerner Masa-Yards, este buque, cuarto de una serie de seis barcos, iniciaba su vida de mar en el año 2002.

Tras un curioso incidente el día de su botadura (su madrina, la actriz británica Judi Dench necesitaba de tres intentos para romper la botella de champán sobre el casco del barco), el Carnival Legend comenzaba a operar realizando cruceros por el Caribe. En ese momento, se iniciaba la leyenda negra de este buque.

En julio de 2005, viajando hacia Nueva York, el barco sufría momentáneamente una escora de 14 grados a babor. Un mes más tarde, una densa humareda procedente de la sala de máquinas inundaba la totalidad del buque. En 2006, un pasajero se suicidaba saltando por la borda, y al año siguiente, en plena navegación, el Carnival Legend sufría una pérdida total de energía de casi una hora de duración.

Después de dos años sin incidentes, en septiembre de 2009, nuestro protagonista, saliendo de Cozumel, se aconchaba contra un buque de Royal Caribbean. Tras aquel leve roce, la lista de percances de este barco se completa con dos problemas mecánicos que en 2010 y hace pocas semanas obligaban al buque a  navegar a menor velocidad y a modificar algunos de sus itinerarios crucerísticos.

CARNIVAL LEGEND en su primera visita a Málaga hace unos días.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (23 de abril de 2013).

Aquel curioso plano

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de abril de 2013 a las 8:14

El  26 de septiembre de 2011, atracaba en el puerto el ferry de Acciona Trasmediterránera Murillo. Sustituyendo al también ferry Santa Cruz de Tenerife, este barco, llegaba para hacerse cargo de forma provisional de la rotación que todas las tardes de los lunes se realiza en la línea regular entre  Málaga y Melilla. Al tratarse de un barco mucho más grande que melillero titular, el Murillo, a propuesta de su capitán, estableció su atraque en el muelle de Levante; una circunstancia verdaderamente novedosa y que hasta la fecha nunca se había efectuado.

Después de organizarse una compleja operativa que implicaba el transporte de los pasajeros en autobús desde la estación marítima del muelle tres hasta el muelle de Levante, y la escolta policial de todos y cada uno de los camiones con carga que iban a embarcar o desembarcar en el  ferry, el primer atraque del Murillo se convirtió en toda una odisea.

Con la intención de seguir repitiendo esta operación durante su estancia malagueña (el Murillo tenía previsto mantener sus escalas de los lunes desde septiembre a noviembre), Acciona Trasmediterránea editó un curioso plano en el que se informaba a los pasajeros del nuevo atraque de este barco.

Tras una segunda estancia en el muelle de Levante, en su tercera y en sus posteriores visitas, el Murillo amarró en el muelle tres, el lugar habitual de todos los melilleros desde el año 1917.

Pero con independencia de esta circunstancia, lo más singular de esta historia lo constituye aquel pequeño plano informativo. Uno de los más curiosos documentos (por no decir el más), que la Trasmediterránea, o lo que es lo mismo, Acciona Trasmediterránea, ha editado en su casi centenaria relación con el puerto de Málaga.

Plano de atraque del melillero en el muelle de Levante.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (16 de abril de 2013).

Una extraña postal

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de abril de 2013 a las 9:09

En las décadas de los años sesenta y setenta, en el siglo pasado, las postales con imágenes portuarias estuvieron muy de moda. Reflejando cualquier tipo de escena relacionada con el mundo de la mar y los barcos, estas tarjetas, sirvieron en muchas ocasiones para mostrar de una manera más o menos artística cómo era el día a día en cualquier puerto de mundo.

Particularizando en Málaga, la colección de postales marítimas publicadas es bastante amplia, teniendo especial repercusión las editadas por la empresa catalana Fisa Escudo de Oro; unas inconfundibles tarjetas que durante muchos años constituyeron, permítanme la expresión, lo más florido en la industria de las postales ya fueran con motivos marítimos o no.

El 15 de marzo de 1972, procedente de Tenerife y con destino a La Valeta, atracaba en el muelle número dos el buque de crucero Angelina Lauro. Reconvertido ese mismo año en un barco para turistas, este buque construido en 1939 comenzaba una nueva carrera que hasta 1977 lo traería al puerto malagueño en 11 ocasiones.

El uno de agosto de 1972, en su tercera escala en Málaga, el Angelina Lauro coincidía con el también buque de crucero Northern Star. Mientras maniobraba en la dársena de Guadiaro para quedar atracado en el muelle uno, alguien fotografió aquella escena, y poco después, la instantánea era editada en forma de postal.

Y aunque aquella fotografía tiene mucho de testimonio (se aprecia muy bien cómo un buque turístico de aquellos años está maniobrando para quedar atracado), quizás, la composición no sea la más adecuada para constituir el motivo de una postal.

Una curiosa imagen que, como otras muchas, compone la rica colección de tarjetas postales malagueñas que existen relacionadas con el puerto.

Postal del ANGELINA LAURO atracando en Málaga en 1972.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (9 de abril de 2013).

Adiós ‘Vehinte’

Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de abril de 2013 a las 7:53

El pasado 20 de marzo, el remolcador Vehinte dejaba definitivamente Málaga. Tras haber operado en el puerto durante algo más de cuatro años, este buque, sexto en la historia malagueña de los remolcadores de Clase H, salía con destino al puerto chileno de Punta Arenas para trabajar bajo la contraseña de un nuevo armador.

Tras llegar a Málaga el 27 de enero de 2008, al día siguiente, el Vehinte iniciaba su actividad maniobrando con el portacontenedores Sealand New York. Desde aquel mismo instante, este remolcador comenzaría una muy intensa actividad que lo mantendría operativo hasta noviembre de 2012.

Y aunque la trayectoria de este barco está repleta de todo tipo de maniobras, tal vez, las más significativas acciones malacitanas de este remolcador, podrían pasar por las realizadas a cuatro buques muy diferentes.

En julio de 2009, el Vehinte socorría en la bahía malagueña al portacontenedores Wec Dali que se quedaba sin máquina. En marzo de 2010, de urgencia, nuestro protagonista salía para proteger al catamarán de bandera maltesa Eid Travel que, atracado el espigón pesquero Norte rompía sus amarras debido a un fuerte temporal con viento racheado. Al año siguiente, también en marzo, el Vehinte auxiliaba al buque de crucero Costa Concordia que escalaba en  Málaga con problemas.

Pero quizás, la más importante maniobra de este remolcador en aguas malagueñas la efectuó en abril de 2011 en la controvertida salida del artefacto flotante Santísima Trinidad. Tras romperse la fijación de la que tiraba un remolcador a proa, el Vehinte, a popa, evitó que el Santísima Trinidad colisionara con el Costa Atlantica, atracado en el muelle Norte de la estación marítima de Levante.

Una hache que ya forma parte de la historia del puerto de Málaga.

VEHINTE  saliendo con destino a Chile.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (2 de abril de 2013).

Reyerta portuaria un Martes Santo

Juan Carlos Cilveti Puche | 26 de marzo de 2013 a las 8:10

No todo ha sido siempre idílico con las escalas de los cruceros. En 1957, los marineros de un buque griego se lo pasaron mejor de la cuenta un Martes Santo y, borrachos, agredieron a un guardamuelles en el puerto.

El miércoles 17 de abril de 1957, bajo el titular “Batalla campal en el puerto”, un periódico malagueño publicaba una nota sobre un incidente protagonizado por los tripulantes de un buque turístico atracado en Málaga. Y aunque tal vez aquel titular fuera un tanto excesivo, lo que sí está claro, es que la noche del Martes Santo de aquel año en el puerto, no fue nada tranquila.

A las 11 de la mañana del 16 de abril de 1957, el buque de pasaje Adriatiki atracaba en el muelle número tres. Procedente de Palma de Mallorca realizando un itinerario crucerístico de ocho días, este buque, escalaba por primera vez en aguas malagueñas.

Construido entre 1942 y 1943 en los astilleros Canadian Vickers Ltd. de Montreal por encargo de la marina de guerra norteamericana, este barco (una fragata ligera perteneciente a una clase  denominada ‘River’), nada más ser botado, fue transferido a la  marina real británica con el nombre HMS Lossie.  Finalizada la Segunda Guerra Mundial, el buque era vendido para su uso civil. Tras navegar varios años bajo el nombre Teti, en 1955, la naviera griega Typaldos Brothers lo compraba rebautizándolo como Adriatiki.  Remodelado para navegar con pasajeros y realizando uno de sus primeros cruceros turísticos, el buque llegaba a Málaga en abril de 1957 al completo de pasaje.

ADRIATIKI.

Con una muy cuidada organización (similar a la que hoy día ejecutan los buques de crucero), los turistas que venían a bordo del Adriatiki, divididos en dos grandes grupos, salían del recinto portuario para cumplimentar una excursión a Granada y varios recorridos monumentales por la ciudad.

Teniendo en cuenta que la escala malagueña iba a ser larga (la previsión de salida era para las once de la noche) y que en el barco no se había quedado ningún pasajero, los tripulantes que no estaban de guardia obtuvieron un par de horas extras de permiso para bajar a tierra.

A media tarde, dos policías municipales escoltaron a bordo del buque a tres marineros griegos borrachos que habían provocado un incidente en una taberna malagueña. Minutos antes de las ocho, hora en la que todo el personal del Adriatiki debía estar a bordo, un grupo de tripulantes, algunos de ellos bebidos, fueron llamados al orden por un guardamuelles justo cuando entraban al recinto portuario.

Aquel aviso, fue el desencadenante de una agresión al guardamuelles y el inicio de una reyerta a la altura de las columnas que dan acceso al puerto. En auxilio de su compañero, otros guardamuelles, algunos trabajadores del puerto, e incluso varios viandantes, se enzarzaron en una pelea con los marineros griegos.

Solventado el incidente por varios carabineros que acudieron para poner orden, aquella reyerta portuaria del Martes Santo de 1957 se saldó con varios heridos leves y con la detención de cinco tripulantes del buque turístico.

Tras tener que retrasar su salida para liberar a los marineros arrestados, el Adriatiki, finalmente dejó las aguas malagueñas con destino Tánger a las dos de la madrugada del Miércoles Santo.

Cartel de Typaldos, compañía propietaria del ADRIATIKI.

 “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (26 de Marzo de 2013).

Sin nombre a proa

Juan Carlos Cilveti Puche | 19 de marzo de 2013 a las 8:32

El pasado 20 de febrero, llegaban de arribada a Málaga el remolcador de bandera británica Princeton y la draga de cuchara Von Rocks.  Viajando desde Valencia al puerto marroquí de Jorf Lasfar, este tren de remolque, se refugiaba del mal tiempo en aguas malagueñas, atracando, tanto el remolcador como la draga,  en el muelle número dos.

Pero con independencia de lo que de interesante tiene ver un tren de remolque (un remolcador que navega tirando de un barco o de un artefacto flotante), lo más destacado de esta llegada, lo constituyó la presencia del remolcador Priceton.

Construido en 1965 en los astilleros alemanes Schulte & Bruns, este pequeño buque de 28, 7 metros de eslora y 148 toneladas de registro bruto, tras llevar los nombres Kapitan Engler (en dos ocasiones) y  Alex Falck, en 2005 se rebautizaba con su actual denominación, navegando para la compañía de origen inglés Griffin Towage & Marine.

Con base en el puerto Poole, en la costa Sur de las islas británicas, este remolcador, al igual que los otros tres que operan para esta compañía, realiza todo tipo de remolques; ya sean costeros, de altura o de emergencia.

Y aunque el Princeton podría destacar por su aspecto de viejo remolcador o por la reducida potencia de tiro de la que dispone (la propia de un barco de 1965), la mayor curiosidad visual de este buque reside en el lugar donde lleva pintado su nombre a proa. Teniendo en cuenta que cualquier barco, como norma habitual, luce su nombre en el casco (tanto a proa como a popa), el Pricenton, debando sus amuras libres, muestra su nombre en el puente de mando.

Una circunstancia no demasiado ortodoxa que imprime personalidad a este viejo remolcador que se refugió del mal tiempo en Málaga.

PRINCETON atracado en el muelle 2.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (19 de Marzo de 2013).

La fuente de doña Juana

Juan Carlos Cilveti Puche | 12 de marzo de 2013 a las 8:07

Sería muy pretencioso por mi parte, pensar que las columnas escritas en la página marítima de este diario en julio de 2010 y diciembre de 2011, han sido el desencadenante para que la Autoridad Portuaria recupere una pequeña pieza ornamental que durante varios años ha permanecido olvidada en uno de los almacenes del puerto.

Les hablo de la fuente que doña Juana MacCulloch, viuda de don Juan Clemens Ramírez (un importante comerciante exportador de vino y frutos secos), donaba a la comunidad portuaria malagueña en el año 1903.

Tras ser retirada en mayo de 2007 junto a otra fuente  ubicada en unos pequeños jardines que existían  en la cara Oeste del edificio de la Autoridad Portuaria, esta histórica pieza, sustituida por unas plazas de aparcamiento, quedaba mal protegida (cubierta sólo con varios neumáticos) en el exterior de unos almacenes cerca de pescadería a la espera de ver cual sería su futuro.

Tras dormir el sueño de los justos durante algo más de cinco años, finalmente, hace un par de  semanas, la fuente de doña Juana MacCulloch era colocaba en los jardines del Instituto de Estudios Portuarios.

Con la alegría de ver  cómo se ha recuperado una de las más antiguas piezas ornamentales que existen en el puerto de Málaga, sólo habría que referir, a modo de curiosidad, que la leyenda que ordenó grabar doña Juana en esta fuente: “He hecho construir esta fuente para uso de los marineros y trabajadores del muelle”, contrasta y mucho, con el cartel que anuncia que el agua que brota por los dos surtidores de ésta no es potable.

Una simple anécdota que no empaña para nada el significativo hecho de haber liberado de un castigo de años a una histórica pieza del patrimonio portuario malagueño.

Fuente en el jardín del Instituto de Estudios Portuarios.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (12 de Marzo de 2013).

De Moldavia

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de marzo de 2013 a las 17:11

Resulta verdaderamente curioso, que países que no están bañados por la mar, dispongan de una flota de barcos mercantes. Así ocurre con la República de Moldavia, un territorio proveniente de la desaparecida Unión Soviética que, desde hace unos años, está incrementando el número de buques que navegan luciendo sus colores. Si estar considerado de una forma oficial como un país de los denominados de bandera de conveniencia, Moldavia, que en 2008 sólo disponía de 8 mercantes registrados, hoy día, está a punto de alcanzar los 300 barcos abanderados; una sorprendente cifra para un país sin litoral.

Y como la presencia de un barco con esta bandera es, en un puerto como el de Málaga, algo bastante novedoso, les diré que hace unos días, atracaba en el muelle siete el Ilis, un buque con la posibilidad de navegar tanto en ríos como en mar abierto que amarraba para cargar dolomita.

Matriculado en la localidad de Giurgiulesti, un puerto franco de ese país, este buque construido en Alemania en 1985, tras navegar con tres nombres y banderas diferentes, desde 2012 luce el pabellón moldavo.

Propiedad de un armador turco y gestionado por una empresa griega, el Ilis, con 1.525 toneladas de registro bruto, 74 metros de eslora, 12 de manga y 3,6 de calado, constituye en la mayoría de los puertos que visita, al igual que sus casi 300 hermanos de bandera, toda una curiosidad.

ILIS atracado en el muelle número siete del puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (5 de Marzo de 2013).