Imprevistos

Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de octubre de 2012 a las 12:28

HACE unos días, un buque de crucero adelantaba su llegada a Málaga tras cancelar una escala programada en otro puerto. Este tipo de circunstancia, ya sea referida a la cancelación o al adelanto del atraque, constituye un verdadero quebradero de cabeza para el personal portuario implicado en la atención de cualquier barco. Y aunque estos incidentes ocurren de una forma habitual, los medios técnicos existentes en la actualidad, en cierta medida, reducen considerablemente las complicaciones de estos imprevistos. Años atrás, sin las comunicaciones que hoy existen, las cancelaciones o adelantos de atraques constituían un verdadero problema en cualquier puerto del mundo.

Allá por finales del siglo XIX, la Société Générale de Transports Maritimes à Vapeur (SGTM) era la compañía que más buques en línea regular traía a Málaga en sus diferentes rutas con el nuevo mundo. Con una periodicidad quincenal o mensual, los vapores de esta naviera francesa embarcaban pasajeros y carga para diferentes puertos americanos apoyados en un curioso sistema publicitario que anunciaba, casi a diario, las entradas y salidas de estos barcos en los diferentes periódicos de la ciudad.

En unos anuncios tipo, donde sólo se cambiaba el nombre del buque y la fecha de llegada, los pasajeros que embarcaban en los vapores de la SGTM, debían estar muy atentos a la prensa local para verificar los datos que la agencia consignataria del barco les proporcionaba a la venta del pasaje. Habitualmente el consignatario solía ser el expendedor de los billetes. Cuando había retrasos, normalmente por mal tiempo o averías, la prensa reseñaba el imprevisto y el anuncio tipo se publicaba con la nueva fecha de la llegada del vapor.

Anuncio de la Société Générale de Transports Maritimes à Vapeur.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (2 de Octubre de 2012).

Princesas

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de septiembre de 2012 a las 8:29

En el año 2003, el Comité Olímpico Internacional obligó a la compañía de origen griego Royal Olympic Cruises a cambiar su nombre y el de todos sus barcos. Rebautizada como Royal Olympia Cruises, los buques que componían la flota de esta naviera también remodelaron sus apellidos, y el histórico nombre Olympic tuvo que ser cambiado el de Olympia.

Esta singular circunstancia, única en la historia marítima internacional, me sirve para comentarles un curioso hecho al respecto de algunos nombres de barcos dedicados al turismo. Fundada en 1965, la compañía Princess Cruises, desde un principio, bautizó a todos sus barcos con el apellido Princess.

Teniendo como principal reclamo al Pacific Princess, o si lo prefieren Princesa del Pacífico (protagonista de la afamada serie televisiva Vacaciones en el Mar), esta compañía se ha hecho con parte del pastel crucerístico internacional con un extensa flota de Princesas; unos buques modernos que como en el caso de otras navieras, pretenden vender un estilo o filosofía de vida propia a bordo de todos sus barcos.

Y aunque lo más normal debería ser, teniendo en cuenta diferentes asuntos legales referidos a registros de marcas o publicidad, que sólo existieran buques crucero nombrados como Princess a cargo de esta compañía naviera, resulta curioso que haya otros barcos de turistas que luzcan en su casco este mismo nombre.

Bajo la contraseña de Classic International Cruises, una compañía dedicada a la gestión de barcos de turistas clásicos, navegan por el mundo los buques Princess Danae y Princess Daphne. Unas princesas, tanto las de una compañía como las de otra, que, desde hace muchos años visitan con asiduidad los muelles del puerto de Málaga.

PRINCESS DAPHNE atracado en el muelle número 2 del puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (25 de Septiembre de 2012).

El repintador de barcos

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de septiembre de 2012 a las 9:56

LA historia de José Luque tal vez sea una de las más singulares que hasta la fecha he conocido de un portuario malagueño. Nacido a principios de los años veinte en el seno una familia humilde, José, de la mano de su hermano mayor, muy pronto comenzó a trabajar en los muelles. Carente de escolarización y de juegos infantiles, nuestro protagonista se iniciaba en la vida portuaria a bordo de un pequeño bote: el único patrimonio de la familia Luque. Realizando pequeños portes entre los buques fondeados en las dársenas y los muelles, José y su hermano trabajaban sin horarios y sin días de descanso.

Con apenas diez años, una reyerta acababa con la vida del hermano de José y éste, sin ninguna otra familia, se quedaba solo. Convertido en un niño portuario, José siguió patroneando su pequeño bote a remos hasta que un barco le cambió la vida. El lunes 19 de marzo del año 1934, procedente de Barcelona y en ruta hacia Nueva York, atracaba en el muelle de Cánovas el buque de la Compañía Trasatlántica Española Magallanes.

Ante la necesidad de tapar algunos desconchones en el casco de este trasatlántico, el consignatario del buque ofreció la faena a varios barqueros portuarios, siendo José uno de los seleccionados. Tras aquel trabajo, la barca del joven malagueño se convirtió en una habitual de estas labores y durante muchos años, sólo o acompañado de los marineros de los barcos en cuestión, José repintó las manchas de los cascos de infinidad de buques atracados en el puerto de Málaga.

Cuando los barcos dejaron de emplear a trabajadores externos para realizar estas labores, José Luque dejó de trabajar y con él se perdió una muy curiosa y antigua profesión portuaria.

Tareas de pintura en el caso de un buque de crucero en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (18 de Septiembre de 2012).

Todo un fracaso

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de septiembre de 2012 a las 12:17

LA historia marítima malagueña de las últimas décadas está repleta de líneas regulares de pasaje y carga. Con mayor o menor éxito comercial y duración, y dejando siempre a un lado a la centenaria ruta con Melilla, existe un puerto muy cercano a Málaga que nunca ha funcionado en lo que se refiere a las navegaciones regulares con pasajeros. Y aunque sí han existido diferentes intentonas, el enlace con el puerto de Ceuta siempre ha fallado debido a múltiples circunstancias.

Aún con el recuerdo de los catamaranes rápidos Catalonia L y Patricia Olivia que, a finales de los noventa, navegaron sin demasiado éxito entre Málaga y Ceuta bajo la contraseña de la compañía BuqueBus, el más rotundo fracaso en lo que a esta línea regular se refiere, se produjo entre los años 1983 y 1984.

Sin demasiado apoyo publicitario, el 27 de septiembre de 1983 se presentaba en el puerto malagueño el buque Menorca. Propiedad de la Empresa Isleña de Navegación y adscrito para el servicio que se inauguraba a la Naviera del Sur, este buque comenzaba ese mismo día una línea regular de pasaje con el puerto de Ceuta.

Con 292 toneladas de registro bruto, 41 metros de eslora y una capacidad para 200 pasajeros, el Menorca, había sido construido entre 1971 y 1972 en los Astilleros y Talleres de Celaya en la localidad bilbaína de Erandio.

Tras cancelar gran número de viajes aludiendo siempre a motivos técnicos del barco (la travesía, que costaba 1.500 pesetas, unía Málaga con Ceuta en cuatro horas y media), el 16 de febrero de 1984 la compañía que gestionaba el buque anunciaba el cierre de la línea. Ese mismo día, el Menorca dejaba Málaga con destino a Baleares para cubrir una ruta entre Ciudadela y Alcudia.

MENORCA

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (11 de Septiembre de 2012).

Un yate regio que nunca fue

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de septiembre de 2012 a las 10:34

Desde hace unos días, permanece atracado en el muelle número uno el velero de bandera inglesa ORION. Construido en 1910 en los astilleros británicos Camper & Nicholsons por encargo de la familia de real española, esta goleta de dos mástiles nunca llegó a navegar bajo pabellón regio. Adquirido por un militar inglés, el SYLVANIA (este fue su primer nombre), tras navegar tres años bajo el pabellón del Reino Unido, comenzó una errática carrera cargada de cambios de nombres y armadores. Con la peculiaridad de haber sido propiedad del periódico francés Le Matín, este velero que en 1922 fue adquirido por el astillero que lo había construido, en el año 1927, dejaba el Viejo Continente para posicionarse en Sudamérica rebautizado como VIRA.

Después de su aventura americana, en 1930, el naviero español Miguel Martínez de Pinillos se hizo cargo del barco rebautizándolo como ORION. Abanderado en España y matriculado en Cádiz, en 1949 la goleta marchó a Barcelona, donde en 1951 protagonizaba la película Pandora y el holandés errante. Se dice que durante el rodaje de esta cinta, Ava Gardner y el actor y torero catalán Mario Cabré vivieron a bordo del ORION un apasionado romance. Tras quedar desarbolado en 1967 debido a un fuerte temporal mientras navegaba entre Barcelona y Marsella, el velero fue reparado en el puerto italiano de La Spezia, desde donde realizó hasta 1970 diferentes cruceros turísticos con base en Montecarlo. Después permanecer varado en tierra casi 30 años, en 1999, el ORION volvió a navegar totalmente restaurado retomando su fisonomía original. Con 45,50 metros de eslora, 7,15 de manga y un desplazamiento de 254 toneladas, esta goleta de dos palos que gestiona 986 metros cuadrados de superficie vélica, navega la mayor parte del tiempo impulsada por el viento. Tripulada por 11 personas y con una capacidad máxima para 10 pasajeros, el ORION opera fundamentalmente por el Mediterráneo en régimen de alquiler. Una verdadera joya flotante.

Les dejo algunos datos más del barco:

Sus nombres:

SYLVANA: 1910-1919.

PAYS DE FRANCE: 1919.

LE MATÍN: 1920-1922.

DIANE: 1923-1927.

VIRA: 1927-1930.

ORION: 1930.

Con todos estos nombres, el barco ha navegado bajo seis banderas diferentes.

Al respecto de sus armadores, hay que reseñar que el barco, hasta la fecha, ha tenido más de una docena de propietarios. Resulta curioso que el periódico francés Le Matín fuera dueño de la goleta durante dos años. También resulta llamativo que el astillero donde se construyó se hiciera cargo del barco como armador.

Sin perder su aparejo de goleta, el yate, durante algunos años, navegó con un aparejo de goleta modificado. Según he podido investigar, el aparejo que en la actualidad gestiona el ORION es igual al que originariamente tenía cuando fue construido.

Una última curiosidad. Si buscan datos del barco en internet lo encontrarán bajo el nombre ORION OF THE SEAS….

Algunas fotos:

ORION atracado en el muelle  número uno del puerto de Málaga . Fotos M.L ©

Paseos en coche de caballos

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de septiembre de 2012 a las 10:22

El  martes cuatro de septiembre de 1934, fondeaba en la bahía malagueña el buque de bandera inglesa Atlantis. Procedente de Southampton y con destino a Nápoles, este barco que realizaba un exclusivo itinerario crucerístico por el Mediterráneo, llegaba a Málaga con 450 pasajeros (su ocupación máxima). Organizado el desembarco en diferentes botes salvavidas del buque, la mayoría de los turistas británicos que bajaron a tierra, durante varias horas, visitaron la ciudad y sus alrededores subidos en coches de caballos.

Aquella escala turística, tan organizada como las que en la actualidad efectúan los muchos buques de crucero que llegan al puerto malagueño, fue la última de este barco en Málaga. Una visita que como las anteriores 14, realizadas desde 1930, se caracterizó por una curiosa circunstancia.

Construido en 1913 en los astilleros norirlandeses Harland & Wolf (los mismos que dos años antes habían botado al Titanic), este buque, comenzaba a navegar con el nombre Andes bajo la contraseña de la compañía británica Royal Mail Lines. Tras realizar viajes en línea regular con Sudamérica y participar como mercante artillado en la Primera Guerra Mundial, en 1930, rebautizado como Atlantis, comenzaba a navegar como buque de crucero. Ese mismo año, en uno de sus primeros itinerarios turísticos por mar, el barco visitaba el puerto de Málaga. Atracado en el muelle de Cánovas, la agencia encargada de consignar a este buque ofreció, de forma gratuita, a todos los pasajeros del Atlantis un paseo en coche de caballos. Aquel recorrido turístico por las calles malagueñas fue todo un éxito y el Atlantis, en sus siguientes 14 escalas en Málaga, siempre ofertó a sus pasajeros esta singular actividad.

Buque de crucero ATLANTIS.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (4 de Septiembre de 2012).

Sólo dos años en Málaga

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de agosto de 2012 a las 12:38

Hubo un señor muy relacionado con el mundo marítimo malagueño que,  durante muchos años, mantuvo una lucha permanente con la compañía Trasmediterránea para que alguno de sus barcos luciera el nombre Ciudad de Málaga.

Esta peculiar batalla que se prolongó entre las décadas de los años sesenta y ochenta, finalmente (no sabría muy bien decir si debido a la persistencia de este señor o a los planes de la compañía), se saldó con puesta en marcha en 1998 de un ferry  que lucía en su casco en nombre de la capital de la Costa del Sol.

Pero con independencia de que este barco aún sigue activo y con la peculiaridad de que nunca ha operado en el puerto que lleva su nombre, en los años treinta, sí que existió un buque llamado Ciudad de Málaga que con los colores de la Trasmediterránea trabajó en el puerto malagueño.

En noviembre de 1929, los astilleros gaditanos Echevarrieta y Larrínaga iniciaban la construcción de dos barcos que debían recibir los nombres de General Berenguer y General Jordana. Ya en el agua y aun en fase de armamento, la proclamación de la Segunda República española cambió estos planes y ambos buques comenzaron sus respectivas carreras de mar rebautizados como Ciudad de Mahón y Ciudad de Málaga.

Con 1.550 toneladas de registro bruto, 71 metros de eslora y una capacidad para 290 pasajeros, a finales de 1931, el Ciudad de Málaga comenzó a trabajar en la línea entre Málaga y Melilla junto a los buques A. Lázaro y J.J. Sister.

Dos años después y tras un corto espacio de tiempo en Baleares, el Ciudad de Málaga fue desplazado a Canarias al servicio entre islas. Saliendo de Las Palmas el 8 de enero de 1936, el barco se hundía tras ser abordado por el mercante de bandera inglesa Cape of Good Hope.

CIUDAD DE MALAGA

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (28 de Agosto de 2012).

Un barco de otra época

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de agosto de 2012 a las 12:15

El 21 de abril de 1982, los astilleros polacos Warski, Szczecin entregaban a la compañía soviética Baltic Shipping Company el buque Konstantin Simonov. Integrado en una serie de siete ferries denominados clase Dmitriy Shostakovich, este buque iniciaba su vida de mar operando en una línea regular entre los puertos de Leningrado, Riga y Helsinki.

Realizando ocasionalmente recorridos crucerísticos, el Konstantin Simonov visitaba Málaga una vez en 1985 y dos en 1987 en unos viajes especiales para turistas bajo el pabellón de la hoz y el martillo.

Tras la desaparición de la URSS y la quiebra de la compañía estatal que lo gestionaba, el buque quedaba parado en Kiel, siendo vendido en 1996 para trabajar como ferry en Australia. Después de cuatro años con el nombre Francesca, en 2000, el barco otra vez cambiaba de propietario. Rebautizado como The Iris y tras sufrir una importante reforma, el viejo buque soviético comenzaba a navegar en exclusividad como barco para turistas realizando diferentes recorridos crucerísticos por el Mediterráneo.

Aún en buenas condiciones, en 2009 la naviera finlandesa Kristina Cruises compraba el barco. Renombrado como Kristina Katarina  y convertido en el buque insignia de esta compañía en sustitución del Kristina Regina (un viejo conocido en el puerto malagueño), este barco, comenzaba en 2010 sus itinerarios turísticos por Europa Occidental y el Mediterráneo dedicado en exclusividad al mercado crucerístico finlandés.

Tras realizar su primera visita a Málaga el 14 de mayo de 2011, el Kristina Katarina, hace unos días completaba su tercera escala malagueña; una estancia que nuevamente permitió ver a un barco que muy bien podríamos calificar como de otra época.

KRISTINA KATARINA atracado en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (21 de Agosto de 2012).

Los estrenos de 1963

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de agosto de 2012 a las 8:25

HOY en día, nos parecería inconcebible que en el puerto no existieran remolcadores, o que los prácticos, no pudieran comunicar por radio con los barcos que se encuentran en el exterior y que sus lanchas, debido al mal tiempo, no pudieran salir a la bahía para realizar su trabajo.

Y aunque en la actualidad todo esto forma parte del habitual día a día portuario, hasta principios de los años sesenta, el puerto malagueño careció de casi todas estas herramientas de trabajo; unos medios que poco a poco fueron apareciendo y que, con muchos, aunque mejor sería decir muchísimos años de retraso, convirtieron a Málaga en un puerto moderno.

En febrero de 1963, el buque de bandera española Cabo Roche traía al puerto de Málaga una nueva lancha adquirida por la corporación de prácticos. Construida en los astilleros barceloneses de la familia Cardona, esta embarcación de 10,45 metros de eslora, 1,72 de manga y capacidad para diez personas, llegaba para sustituir a las dos lanchas que hasta entonces se habían estado usando en el puerto; unas viejas barcas de reducidas dimensiones que con muchos años de vida activa eran incapaces de afrontar una salida a la bahía cuando la mar estaba picada.

Tras finalizarse su armamento en el puerto, la nueva lancha comenzó a trabajar y con ella, la corporación de prácticos malagueños estrenaba también un nuevo sistema de comunicaciones. Tres radiotransmisores con un alcance de nueve kilómetros: uno para el práctico, otro para el barquero al mando de la lancha y un tercero para un remolcador (desde julio de 1962 el puerto ya disponía de uno), componían un innovador sistema móvil de comunicaciones que ponía al puerto de Málaga en el camino de su modernización.

Lancha de prácticos en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (14 de Agosto de 2012).

Animales domésticos

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de agosto de 2012 a las 9:03

DEJANDO a un lado los tópicos literarios o cinematográficos de los loros o monos tití que acompañaban a piratas, corsarios o bucaneros, la presencia de animales domésticos a bordo de barcos, desde siempre, ha sido y lo sigue siendo hoy día, una constante. Y aunque los perros suelen ser los que con mayor frecuencia se pueden ver embarcados en cualquier tipo de buque, existen algunos otros animales que también surcan los mares en su calidad de acompañantes.

Por el puerto de Málaga la variedad de animales domésticos que han escalado a bordo de sus respectivos barcos ha sido muy extensa, siendo quizás la más curiosa la que hace referencia a los canarios que viajaban en la cubierta de botes del buque de pasaje Empress of England que en varias ocasiones visitó las aguas malagueñas allá por la década años sesenta.

Y aunque también se podrían mencionar a gatos (no demasiados), peces en sus respectivos acuarios o incluso tortugas, los canes son, sin duda alguna, los más asiduos navegantes dentro del reino animal. A bordo de los remolcadores malagueños Don Ilde, Torre del Mar, Torre Bermeja y Torre Vigía, durante algunos años habitaron respectivamente Mendrugo y Bruno, dos perros de raza incalificable que además de acompañar a las tripulaciones, sirvieron de fieles guardianes de aquellos barcos.

Uno de estos animales, en concreto Mendrugo, moría ahogado, mientras que Bruno, debido a un exceso de celo a la hora de la vigilancia (solía morder a todo aquel que se acercaba a los remolcadores), era desembarcado de forma definitiva tras protagonizar algún que otro ataque más o menos significativo. Unas curiosas historias que ratifican el hecho de lo habitual de los animales domésticos a bordo de barcos.

El remolcador TORRE DEL MAR donde navegaron “Mendrugo” y “Bruno”.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (7 de Agosto de 2012).