El ‘María del Pilar’

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de noviembre de 2012 a las 12:47

Muchos de los barcos que atracan en puerto, como norma de seguridad, además de colocar los cabos amarrados a tierra, tienden uno o dos por su costado libre. Esta medida que es obligatoria en los buques que transportan mercancías peligrosas, sirve para que, en un caso de emergencia, un remolcador pueda tirar de ellos y así queden separados del muelle.

A principios del siglo XX, una balandra de dos palos llamada María del Pilar, frecuentaba el puerto malagueño realizando navegaciones de cabotaje. Transportando todo tipo de mercancías, este barco, era propiedad de un comerciante de origen catalán apellidado Nogués.

El María del Pilar, que navegaba con una docena de tripulantes, llevaba siempre a bordo a José, uno de los hijos de su armador que controlaba las operaciones que se realizaban fuera de Málaga.

En Septiembre de 1902, el María del Pilar llegaba al puerto malagueño procedente de Tánger. Con un variado cargamento, en aquella ocasión, en vez de quedar fondeado en la dársena de Guadiaro como era habitual en este tipo de barcos, la balandra atracaba en el muelle número dos.

Mientras se descargaba el barco (al parecer esto ocurría el domingo 21 de septiembre), a bordo el María del Pilar se producía un incendio. Ante la imposibilidad de ser sofocado, José Nogués  junto al capitán, ordenaban el abandono del buque. Mientras ambos cortaban los cabos de amarre, desde tierra y con unos remos, la tripulación intentaba separar a la balandra del muelle que, pasto de las llamas, se hundía varias horas después.

Si por aquellos años hubiera existido la costumbre usar cabos exteriores de emergencia, tal vez el María del Pilar no se hubiera hundido pegado al muelle del Marqués de Guadiaro.

Cabo de seguridad en un barco atracado en el puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (27 de Noviembre de 2012).

Azul oscuro

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de noviembre de 2012 a las 12:34

En 1989 se creaba la compañía Renaissance Cruises. Con unas muy buenas expectativas de futuro, entre el año de su fundación y 1992, esta naviera encargaba la construcción de ocho pequeños buques de crucero. Tras el éxito de aquellos barcos (por entonces estaban muy de moda los denominados yacht cruises, pequeños y exclusivos buques que no solían superar el centenar de pasajeros), Renaissance Cruises ordenaba ocho nuevas unidades de mayor porte. Con un innovador diseño y con la seña de identidad de su casco pintado en azul oscuro, entre 1998 y 2001, esta compañía lanzaba al mercado crucerístico a sus ochos gemelos de 30.277 toneladas de registro bruto y 180 metros de eslora. Bautizados como R. One, R. Two y así, hasta R. Eight,  los buques de la denominada Clase R., durante un breve espacio de tiempo y fundamentalmente por el Mediterráneo, coparon gran parte del negocio de los viajes turísticos por mar.

Tras la bancarrota de Renaissance Cruises en 2001, los buques de la Clase R. comenzaron a ser vendidos y rebautizados; y la gran mayoría de ellos, con sus nuevos nombres, perdieron el color azul de sus cascos.

Los barcos de esta clase que visitaron Málaga bajo la contraseña de esta desaparecida naviera (R. One, R. Two, R. Five, R. Six y R. Seven), todos ellos, años después, regresaron al puerto malagueño con sus nuevas identidades, y en la mayoría de los casos, con sus cascos pintados de un blanco inmaculado.

Hace unos días, uno de estos barcos, en concreto el Azamara Quest (antiguo R. Seven), atracaba en Málaga pintado de blanco. Días después de esta visita, el barco regresaba con su casco pintado de color azul oscuro, retomando así la imagen original de los buques de la Clase R.

AZAMARA QUEST con su casco azul oscuro.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (20 de Noviembre de 2012).

El primer encuentro

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de noviembre de 2012 a las 8:46

Cuando dos barcos de una misma compañía coinciden atracados en un puerto, normalmente, los capitanes y algunos miembros de las tripulaciones suelen visitarse. Esta norma de cortesía, o si lo prefieren, de camaradería, habitualmente suele tener su segundo acto cuando uno de los barcos deja el puerto y ambos se despiden haciendo sonar sus bocinas.

Hace unos días, dos buques de Costa Cruceros atracaban con unas horas de diferencia en las instalaciones cruceristicas del puerto, y la tradicional visita y despedida sonora volvía a repetirse.

El miércoles 26 de julio de 1972, los muelles uno y dos (los que por entonces albergaban a la gran mayoría de buques de turistas que llegaban a Málaga) vivieron una jornada repleta de barcos. Procedente de Nápoles y con destino a Vigo, el buque español Monte Umbe atracaba en el muelle de Cánovas dentro de un curioso itinerario en el que viajaba un nutrido grupo de turistas de diversas nacionalidades. En ese mismo muelle, el buque de la  por entonces denominada Costa Line Federico C.,  amarraba tras haber tocado con anterioridad el puerto francés de Cannes. Completando la lista de barcos turísticos de ese día, el Irpinia, llegado de Tánger y con destino a Palma de Mallorca atracaba en el muelle de Ricardo Gross.

A las ocho de la tarde, el Federico C. dejaba las aguas del puerto rumbo a Funchal, y mientras salía, se encontraba con su hermano de contraseña Enrico C. que llegaba a Málaga para pasar la noche.

Unos prolongados saludos sonoros por parte de ambos barcos sirvieron para festejar aquel momento. Un histórico encuentro que significó la primera vez que coincidían en aguas malagueñas dos buques de Costa Line, lo que hoy es Costa Cruceros.

Federico C. y Enrico C.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (13 de Noviembre de 2012).

Banastas malagueñas

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de noviembre de 2012 a las 12:38

HASTA hace no demasiados años, la estandarización y las muy estrictas normas que rigen el transporte de mercancías por mar no existían. De esta forma, cualquier recipiente más o menos grande susceptible de ser usado para albergar carga, podía ser estibado sin ningún tipo de problema a bordo de un barco.

A finales del siglo XIX, el puerto de Málaga, inmerso en un rico y variado tráfico comercial, era un claro ejemplo de los muy diferentes tipos de recipientes y embalajes que, por aquellos años, se movían en cualquier puerto del mundo. Cargas sólidas o líquidas almacenadas en balas, fardos, sacos, toneles o barricas, constituían una imagen habitual en cualquiera de los muelles malagueños.

Pero además de esta variedad de grandes envases, y quizás, con una cierta exclusividad, el puerto de Málaga, durante muchas décadas movilizó diferentes cargas almacenadas en unos recipientes, permítanme la expresión, muy propios de la tierra. Las banastas, que no son otra cosa que grandes cestos hechos de mimbre o de finos listones de madera entretejidos, sirvieron durante años para transportar casi cualquier tipo mercancía manufacturada en tierras malagueñas.

Y aunque al parecer estos recipientes tienen su origen en el sector pesquero (la agricultura también podría haber sido la fuente de estos), lo que sí está claro, es que en la Málaga de los siglos XVIII y XIX, existieron diferentes talleres artesanales donde se fabricaron banastas especialmente destinadas a albergar productos exportados por vía marítima en rutas fundamentalmente de cabotaje.

Unos recipientes muy significativos del pasado portuario malagueño que hoy día no tendrían cabida en el transporte de mercancías por mar.

Descarga de un barco a finales del siglo XIX en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (6 de Noviembre de 2012).

Regreso a Guadiaro

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de octubre de 2012 a las 13:27

El 15 de mayo de 2007, atracaban respectivamente en los muelles 3A-2 y 1 los buques de crucero Coral y Dalmacija. Tras aquel día y salvo en contadas ocasiones (siempre con escalas de un solo buque), los muelles tributarios de la dársena del Marqués de Guadiaro nunca más recibieron conjuntamente la visita de dos barcos de turistas.

Tras las interminables obras que durante años han tenido inutilizados a los muelles 1 y 2, ahora, con la recién inaugurada estación marítima del Palmeral de las Sorpresas (ha sido un feo detalle no haber bautizado a esta estación con el nombre del muelle en el que está situada), la dársena de Guadiaro ha vuelto a tener en sus aguas a buques de crucero.

Cumplimentadas de una forma exitosa las primeras escalas de este tipo de barcos, el pasado fin de semana, la estación marítima del muelle 2 afrontaba el reto de acoger en sus instalaciones a dos barcos turísticos a la vez. Un hecho verdaderamente complicado debido a las limitaciones físicas con la que se ha diseñado y construido esta estación marítima.

Compartiendo la pasarela para el pasaje instalada en esta terminal turística (esta pasarela dispone de dos brazos que pueden usarse por separado), los buques Kristina Katarina y SeaDream I atracados respectivamente en los muelles 2 y 3A-1, pudieron movilizar sin problemas a la totalidad de sus pasajeros por las dependencias de esta pequeña estación marítima.

Un verdadero éxito que abre la posibilidad de ver de una forma asidua a dos buques atracados en las aguas de la dársena de Marqués Guadiaro. Una realidad que recuerda a otra época en la que los muelles más cercanos al centro de la ciudad eran los más importantes y transitados del puerto de Málaga.

SEADREAM I y KRISTINA KATARINA atracados en los muelles 3A1 y 2 del puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (30 de Octubre de 2012).

Clases o acomodaciones

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de octubre de 2012 a las 19:00

Cuando las líneas regulares trasatlánticas desaparecieron y los barcos que realizaban estas travesías se reconvirtieron en buques de crucero, las clases a bordo, supuestamente, dejaron de existir. Esta idea de estandarizar los viajes por mar y que todos los pasajeros embarcados fueran iguales, desde el primer buque para turistas que empezó a navegar como tal, fue una verdadera falacia. Y aunque la mayoría de las actividades y servicios de estos barcos son  de uso comunitario, las diversas categorías a la hora de la acomodación, constituyen una clara separación por clases.

Este hecho, que simple y llanamente significa poder viajar en un camarote más o menos grande o con vistas al exterior, desde siempre, ha sido una sutil diferenciación de clases en todos los buques de crucero.

En la actualidad, esta circunstancia constituye uno de los mayores reclamos de las compañías dedicadas al turismo por mar; un hecho que se aprecia nada más ver alguno de los  atractivos catálogos de los barcos de estas navieras.

Pero como si esta  gran variedad de camarotes con infinidad de denominaciones no fuera suficiente, algunas compañías, dando una nueva vuelta de tuerca al tema de la acomodación, desde hace algunos años, ofertan exclusivas áreas para los pasajeros que compran sus más selectas cabinas.

Compañías tales como MSC Cruceros o  Celebrity Cruises, ambas, viejas conocedoras del puerto de Málaga, disponen de camarotes especiales con  instalaciones privadas adyacentes. Una  singular circunstancia que directamente nos llevaría a  recordar las  diferentes clases, o si lo prefieren, acomodaciones, que existieron a bordo de los barcos que, hace décadas, trasportaron pasajeros por todo el mundo.

Suite-camarote de un buque de crucero.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (23 de Octubre de 2012).

El fondeo del CLARA DEL MAR

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de octubre de 2012 a las 9:20

EL 13 de septiembre de este año, procedente de Algeciras, llegaba a la bahía malagueña el buque portacontenedores Maersk Brooklyn. Sin ningún contenedor sobre su cubierta, este barco abanderado en Dinamarca, quedaba anclado en una de las áreas de fondeo de la rada a órdenes. Tras un mes de espera, ayer, el buque finalmente atracaba en la terminal de contenedores, y así, concluía una estancia de 32 días inactivo frente a la ciudad de Málaga.

El 10 de junio de 2011, el barco de bandera española Clara del Mar fondeaba en la bahía. Inmerso en los trámites de un cambio de armador, este conro (buque de carga rodada y contenedores), llegaba procedente de Sevilla quedando a la espera de finalizar sus gestiones y encontrar un puerto de destino.

Casi un mes después de su llegada, en concreto el 6 de julio, el Clara del Mar hacía una fugaz entrada en el puerto atracando durante seis horas en el pantalán de Levante. Tras volver al fondeo, el 18 de julio, el buque matriculado en Santa Cruz de Tenerife repetía amarre, aunque en aquella ocasión, pasaba la noche atracado. Al día siguiente, nuevamente el barco regresaba a la rada, volviendo por tercera vez al Pantalán de Levante el día 27 de ese mismo mes.

Después de una nueva pernocta, el barco salía a la bahía y tras un día de fondeo, ponía rumbo a las Palmas donde finalmente cambiaba de nombre y propietario. Y aunque los fondeos de larga duración, como el del Maersk Brooklyn suelen ser normales (hay zonas en el mundo destinadas a este tipo de fondeos prolongados), lo que no resulta tan habitual, es que un barco esperando órdenes entre y salga de puerto varias veces en tan corto especio de tiempo, tal y como hizo el Clara del Mar en Málaga.

CLARA DEL MAR en una de sus salidas del puerto de Málaga

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (16 de Octubre de 2012).

El Boudicca

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de octubre de 2012 a las 8:50

PERMÍTANME que hoy aluda a la épica de los buques de crucero del pasado para hablarles de un barco histórico aun en activo. Con 35 años de vida, el Boudicca, sin haber perdido ni un ápice de su encanto original, compite en igualdad de condiciones con los modernos hoteles flotantes que marcan la tendencia actual en cuanto al mercado crucerístico se refiere.

Construido en los astilleros finlandeses Oy Wärtsilä Ab en 1973, este buque, último de una serie de tres unidades encargadas por la compañía Royal Viking Line, iniciaba su vida de mar con el nombre Royal Viking Sky. Convertido junto a sus dos gemelos en los buques de crucero más famosos y lujosos de la década de los setenta, el Royal Viking Sky visitaba por primera vez Málaga en noviembre de 1977. Después de aquella primera escala en la que atracó en el muelle de Ricardo Gross, este buque, que en 1982 alargaba su eslora 27 metros, frecuentó las aguas malagueñas de forma continuada en sus muy exclusivos y caros itinerarios crucerísticos hasta 1989.

Tras verse mermada su aceptación por parte del público (paradójicamente el alargamiento de los tres gemelos de la Royal Viking Line les hizo perder su exclusividad), el Royal Viking Sky iniciaba una carrera repleta de cambios de nombres. Entre 1991 y 2004 el buque navegó con siete nombres diferentes, trabajando durante muchos de estos años para el mercado asiático. En 2005, tras una brevísima aventura con los colores un operador español, el barco era comprado por la compañía Fred Olsen Cruises, siendo rebautizado como Boudicca.

El 13 de junio de 2006 el Boudicca se estrenaba en Málaga, y curiosamente, en su primera escala atracaba en el mismo muelle en el que se amarró en 1977.

El ‘Boudicca’, en su primer atraque en Málaga en 2006.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (9 de Octubre de 2012).

Imprevistos

Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de octubre de 2012 a las 12:28

HACE unos días, un buque de crucero adelantaba su llegada a Málaga tras cancelar una escala programada en otro puerto. Este tipo de circunstancia, ya sea referida a la cancelación o al adelanto del atraque, constituye un verdadero quebradero de cabeza para el personal portuario implicado en la atención de cualquier barco. Y aunque estos incidentes ocurren de una forma habitual, los medios técnicos existentes en la actualidad, en cierta medida, reducen considerablemente las complicaciones de estos imprevistos. Años atrás, sin las comunicaciones que hoy existen, las cancelaciones o adelantos de atraques constituían un verdadero problema en cualquier puerto del mundo.

Allá por finales del siglo XIX, la Société Générale de Transports Maritimes à Vapeur (SGTM) era la compañía que más buques en línea regular traía a Málaga en sus diferentes rutas con el nuevo mundo. Con una periodicidad quincenal o mensual, los vapores de esta naviera francesa embarcaban pasajeros y carga para diferentes puertos americanos apoyados en un curioso sistema publicitario que anunciaba, casi a diario, las entradas y salidas de estos barcos en los diferentes periódicos de la ciudad.

En unos anuncios tipo, donde sólo se cambiaba el nombre del buque y la fecha de llegada, los pasajeros que embarcaban en los vapores de la SGTM, debían estar muy atentos a la prensa local para verificar los datos que la agencia consignataria del barco les proporcionaba a la venta del pasaje. Habitualmente el consignatario solía ser el expendedor de los billetes. Cuando había retrasos, normalmente por mal tiempo o averías, la prensa reseñaba el imprevisto y el anuncio tipo se publicaba con la nueva fecha de la llegada del vapor.

Anuncio de la Société Générale de Transports Maritimes à Vapeur.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (2 de Octubre de 2012).

Princesas

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de septiembre de 2012 a las 8:29

En el año 2003, el Comité Olímpico Internacional obligó a la compañía de origen griego Royal Olympic Cruises a cambiar su nombre y el de todos sus barcos. Rebautizada como Royal Olympia Cruises, los buques que componían la flota de esta naviera también remodelaron sus apellidos, y el histórico nombre Olympic tuvo que ser cambiado el de Olympia.

Esta singular circunstancia, única en la historia marítima internacional, me sirve para comentarles un curioso hecho al respecto de algunos nombres de barcos dedicados al turismo. Fundada en 1965, la compañía Princess Cruises, desde un principio, bautizó a todos sus barcos con el apellido Princess.

Teniendo como principal reclamo al Pacific Princess, o si lo prefieren Princesa del Pacífico (protagonista de la afamada serie televisiva Vacaciones en el Mar), esta compañía se ha hecho con parte del pastel crucerístico internacional con un extensa flota de Princesas; unos buques modernos que como en el caso de otras navieras, pretenden vender un estilo o filosofía de vida propia a bordo de todos sus barcos.

Y aunque lo más normal debería ser, teniendo en cuenta diferentes asuntos legales referidos a registros de marcas o publicidad, que sólo existieran buques crucero nombrados como Princess a cargo de esta compañía naviera, resulta curioso que haya otros barcos de turistas que luzcan en su casco este mismo nombre.

Bajo la contraseña de Classic International Cruises, una compañía dedicada a la gestión de barcos de turistas clásicos, navegan por el mundo los buques Princess Danae y Princess Daphne. Unas princesas, tanto las de una compañía como las de otra, que, desde hace muchos años visitan con asiduidad los muelles del puerto de Málaga.

PRINCESS DAPHNE atracado en el muelle número 2 del puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (25 de Septiembre de 2012).