Billar a bordo

Juan Carlos Cilveti Puche | 12 de febrero de 2013 a las 17:40

Aunque existen infinidad de fotografías que desvelan cómo era el ocio a bordo de los  viejos trasatlánticos, tal vez, una de las instantáneas más repetidas, es la que muestra a varios pasajeros jugando al tejo en la cubierta de alguno estos barcos del pasado.

Y aunque el tejo, ya saben, el juego de colocar usando una especie de remo un pequeño disco dentro de un casillero numerado pintado en el suelo, es hoy día un divertimento que sigue estando presente en los barcos turísticos, el ocio a bordo de estos buques ha cambiado mucho.

Tras la moda del tiro al plato, algo que divirtió mucho a los pasajeros de los buques de crucero en los años sesenta y setenta, la tecnología se ha ido apoderando de las actividades lúdicas en los barcos de turistas. En nuestros días, la gran mayoría de los super hoteles flotantes ofertan simuladores de fórmula uno, cines Imax con asientos móviles o piscinas con olas para practicar surf entre otras muchas cosas.

Pero lo que sin duda alguna raya lo verdaderamente absurdo y ésta es una opinión muy personal, es que a bordo de estos barcos existan mesas de billar.

Uno de los primeros buques que llegó a Málaga con una de estas mesas situada uno de sus múltiples salones fue el barco de P&O Cruises Azura en mayo de 2010. Un hecho que desde entonces se ha repetido en diferentes ocasiones con otros hoteles flotantes atracados en aguas malagueñas.

Pero como la sofisticación referida al ocio en estos barcos es cada día más inverosímil, les comento que ya existen buques que disponen de mesas de billar americano en las que un complicado sistema giroscópico nivelante (sí lo denominan), mantiene las bolas inmóviles incluso cuando, con mala mar, el barco se mueve más de lo habitual.

Mesa de billar americano a bordo del buque AZURA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (12 de Febrero de 2013).

158 escalas

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de febrero de 2013 a las 11:18

Hoy les contaré la historia de un significativo barco que visitó Málaga de una forma continuada durante algo menos de 40 años.

Navegando primero en línea regular con pasajeros y posteriormente realizando cruceros turísticos, este buque, saldó su paso por el puerto malagueño contabilizando un total de 158 escalas; un número verdaderamente sorprendente sólo superado por los melilleros que han cubierto la ruta del mar de Alborán.

El 13 de julio de 1968, atracaba por primera vez en el puerto de Málaga el buque de bandera italiana Guglielmo Marconi. Bajo la contraseña de la compañía Lloyd Triestino, este barco de 27.905 toneladas de registro bruto con capacidad para 1.750 pasajeros (156 en primera y 1.594 en clase turista), llegaba cumplimentando una línea regular entre Génova y diferentes puertos australianos. Después de aquella primera visita, entre los años 1968 y 1975, el Guglielmo Marconi completó un total de 75 escalas en Málaga, navegando siempre como buque de pasaje.

Tras cubrir durante unos años una ruta con Sudamérica, en 1979, el barco comenzó a ser usado en exclusividad para recorridos turísticos. Transferido en 1983 a Costa  Line (lo que hoy es Costa Cruceros), el buque, tras dos años de reformas, iniciaba una nueva vida rebautizado como Costa Riviera.

Con el atractivo reclamo de su pasado, durante diez años, este barco realizó exitosos recorridos por el Caribe y Alaska. Tras un fallido cambio de nombre en 1993, al año siguiente, ya posicionado en el Mediterráneo, el Costa Riviera visitaba por primera vez Málaga el 28 de octubre de 1994. Tras aquel primer atraque y hasta abril de 2001 (año en que sería desguazado), el Costa Riviera visitó el puerto malagueño en 83 ocasiones.

Imagen del COSTA RIVIERA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (5 de Febrero de 2013).

Matriculado de Zanzíbar

Juan Carlos Cilveti Puche | 29 de enero de 2013 a las 9:43

A principios de marzo de 2011, el buque de carga rodada Volcan de Tinache dejaba el puerto de Málaga. Vendido por Marítima Peregar a una compañía maltesa, este barco, se despedía de las aguas malagueñas rebautizado como Enrica M. y abanderado en Panamá.

Tras cumplimentar durante varios meses una línea regular entre Malta e Italia con la misma fisonomía con la que había dejado Málaga (casco blanco y una línea asimétrica de color azul), en abril de 2012, el Enrica M. cambiaba de nombre y bandera. Renombrado como Caroline y matriculado en el puerto tanzano de Zanzíbar,  el aspecto exterior del barco cambiaba. Sobre su casco,  pintado ahora en azul, se podía leer en letras amarillas el nombre de la naviera de origen turco Fergün Lines, nueva operadora de este buque.

A finales de 2012, con la creación de la compañía Mediterranean Maritime Services Limited, una empresa naviera compuesta por armadores malteses, turcos y chipriotas, el Caroline, manteniendo su puerto de registro, volvía a cambiar de nombre.  Rebautizado como Carolyn y con su casco pintado de verde con las iniciales de su nuevo armador en color blanco, el viejo Volcan de Tinache inauguraba 2013 cubriendo una línea regular de carga rodada entre los puertos de Malta, Misurata en Libia y Augusta en Sicilia.

Tras cumplimentar una intensa carrea de 15 años en el archipiélago canario bajo la contraseña de la naviera Armas, y trabajar durante 14 años más a cargo de Marítima Peregar cubriendo la ruta entre Málaga, Ceuta y Melilla, el recordado Volcan de Tinache, después de tres cambios de nombre en algo menos de dos años, sigue al pié del cañón. Un buque que fue malagueño y que ahora navega bajo la exótica bandera de Tanzania.

CAROLYN antiguo VOLCAN DE TINACHE (Foto ILHAM ©)

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (29 de Enero de 2013).

Los daños del ‘Trinidad’

Juan Carlos Cilveti Puche | 22 de enero de 2013 a las 9:13

La  estancia del Santísima Trinidad en el puerto (aquella idealización del más famoso navío de guerra español del siglo XVIII), pasará a los anales de la historia marítima de Málaga como un verdadero fracaso. Con una gestión no demasiado acertada, lo que pudo haber sido un muy atractivo reclamo, se convirtió, durante los años en que este artefacto flotante permaneció atracado en los muelles malagueños, en un verdadero problema.

Y aunque las vicisitudes del Trinidad fueron muchas; se podrían recordar todos y cada uno de sus accidentados cambios de muelle o su esperpéntico remolque a Alicante, existe una historia que ilustra a la perfección lo mucho que de atrezo y nada de marinero tenía aquel artefacto flotante.

En abril de 2009, un fuerte temporal del Sur azotó las costas malagueñas. En el puerto, los buques reforzaban sus amarras y el Santísima Trinidad, sufría las consecuencias de aquellas condiciones climatológicas.

Atracado en el muelle número dos, el viento y la resaca que dejaba la mar en la dársena de Guadiaro, hicieron que el artefacto flotante golpeara en reiteradas ocasiones con las defensas de caucho de este muelle. Paradójicamente, estas protecciones que sirven para evitar daños a los barcos atracados, en el caso del Trinidad, causaron numerosos desperfectos sobre su casco.

Y aunque esta  fragilidad, la referida a la tablazón con la que está construido esta idealización histórica, ya se hizo patente cuando alguno de los remolcadores malagueños debió apoyarse sobre él para moverlo, aquellos daños provocados en abril de 2009, constituyeron los más significativos que este artefacto flotante sufrió durante toda su estancia malagueña. Unos desperfectos producidos por unas defensas de muelle.

Detalle de los daños ern el casco del Santísima Trinidad.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (22 de Enero de 2013).

El ‘Cabo Santo Tomé’

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de enero de 2013 a las 9:22

El 31 de enero de 1932, varios periódicos malagueños reseñaban el atraque del buque de bandera española Cabo Santo Tomé. Recién entregado a su propietario, la naviera de origen sevillano Ybarra y Cía., este barco, llegaba por primera vez al puerto de Málaga en su viaje inaugural, cubriendo una línea regular de pasaje y carga denominada Mediterráneo-Brasil-Plata.

Con 17.000 toneladas de registro bruto y 152 metros de eslora, el Cabo Santo Tomé que disponía teóricamente de tres clases (de lujo con dos camarotes, única, también con dos cabinas y una amplia tercera clase), se publicitaba en el año 1932 por sus buenas aptitudes para navegar, además de por sus muy cuidados acabados, entre los que se destacaban sus alojamientos de tercera para dos, cuatro y seis personas con literas metálicas y  lavabos de porcelana.

Tras cumplimentar su primera escala malacitana, en la que procedente de Alicante continuó viaje con destino a Cádiz, Santos, Montevideo y Buenos Aires, en años posteriores, el buque de Ybarra, aunque no de una forma regular, visitó Málaga atracando en la mayoría de las ocasiones en el muelle de Cánovas (muelle número 3).

Durante la Guerra Civil y navegando bajo el gobierno de la República, el Cabo Santo Tomé, reconvertido en crucero auxiliar, realizó diferentes singladuras transportando mercancías y material bélico. El 10 de octubre de 1937, los cañoneros Dato y Cánovas del Castillo, tras un intenso intercambio de artillería lo hundían frente a las costas de Argelia.

Una historia con un dramático final y en la que el nombre de unos de los cañoneros que terminó con Cabo Santo Tomé coincide con el muelle en el que atracó este buque en la mayoría de sus visitas malagueñas.

CABO SANTO TOMÉ

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (15 de Enero de 2013).

El barco de 2012

Juan Carlos Cilveti Puche | 8 de enero de 2013 a las 11:59

Cumpliendo con lo que ya es una tradición en mi primera columna del año, hoy le expondré, el que ha sido en mi opinión, el buque más significativo en Málaga en el recién finalizado 2012.

Y aunque la nómina de barcos que han pasado por el puerto en los últimos 12 meses daría juego para destacar a más de uno; aquí se podrían mencionar al Adventure of the Seas, al carguero multipropósito Bernd  o al moderno remolcador Vehinticinco, el buque del la compañía Marítima Peregar Festivo, es, sin duda alguna, el más representativo de 2012.

Después de mantener muchos años en activo a los roros Volcan de Tinache e Isla de los Volcanes en la línea regular de carga rodada que enlaza Málaga con los puertos de Ceuta y Melilla, esta naviera malagueña, vendía escalonadamente sus dos viejos buques para comprar el Festivo.

Tras llegar procedente de Estocolmo y permanecer varios días fondeado en la bahía, el  10 de abril del pasado año, finalmente el buque atracaba en el muelle 3 A3. Después de una meticulosa inspección por parte de Capitanía Marítima y tras su cambiar bandera y su puerto de registro, el Festivo iniciaba sus trabajos en línea regular el sábado 12 de mayo.

Construido en 1979 en los astilleros suecos Karlskronavarvet, este buque 136 metros de eslora, 16 de manga y 6.413 toneladas de registro bruto, en sus dos cubiertas tiene la posibilidad de transportar 72 remolques de dimensiones  estándar. Una capacidad que supera los 1.100 metros lineales, y que lo convierte en el mayor buque que hasta la fecha ha navegado bajo la  contraseña de Marítima Peregar.

Y aun siendo un barco con muchos años de mar, el hecho de sustituir a dos buques históricos y seguir cubriendo una importante línea regular de carga, convierten por méritos propios al Festivo en el barco más significativo en Málaga en  2012.

FESTIVO en una de sus primeras entradas en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (8 de Enero de 2013).

Una extraña escala

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de diciembre de 2012 a las 13:17

El miércoles 6 de abril de 2011, el buque AidaBella llegaba a las instalaciones crucerísticas malagueñas para cumplimenta su séptima visita de aquel año. Procedente del puerto de Cádiz y con unas condiciones climatológicas muy desfavorables, el barco necesitaba del auxilio de los remolcadores Vehinte y Vehinticuatro para atracar en el muelle Sur de la estación marítima de Levante. Cumpliendo con una, permítanme la expresión, estricta puntualidad germánica, el AidaBella, a pesar de la mala mar que se había encontrado, amarraba a las 6:50, diez minutos antes de la hora en la que estaba previsto su atraque.

Azotado por unas muy fuertes rachas de viento, el buque de 69.203 toneladas de registro bruto y 252 metros de eslora quedaba atracado con un total de 21 cabos de amarres; un nada habitual número de estachas que pretendía mantener al barco fijado al muelle de una forma segura.  Ante la posibilidad de la rotura de alguno de estos cabos, el buque pidió al remolcador Vehinte que, posicionado a proa, le empujara de forma permanente para no despegarse del muelle. Quince minutos después, el remolcador Vehinticuatro era requerido para mantener la popa del “Bella” pegada al muelle Sur.

Ante aquella complicada situación, quince minutos antes de las diez de la mañana, el buque, que no había desembarcado a ninguno de sus pasajeros, decidía dejar el puerto. Ayudado por los dos remolcadores malagueños, el AidaBella salía a mar abierto para capear el temporal con la intención de regresar si las condiciones climatológicas se lo permitían. Tras varias horas de espera navegando frente a las costas de Málaga, finalmente, el “Bella” cancelaba oficialmente su escala y ponía rumbo al puerto de Tánger.

AIDABELLA saliendo del puerto de Málaga el 6 de abril de 2011.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (24 de Diciembre de 2012).

Suciedad ignorada

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de diciembre de 2012 a las 11:30

Sería bueno recordar a todos los que se rasgan las vestiduras ante la posibilidad de obtener recursos naturales de los fondos marinos en las costas de Málaga, que año tras año, el litoral malagueño experimenta agresiones que pasan desapercibidas o, que en el mejor de los casos, se solucionan tarde y mal.

El 4 de octubre de este año, la bahía de Málaga amanecía sembrada por una enorme isla de suciedad flotante. Con varios centenares de metros de longitud, esta mancha compuesta por cañas y ramas de árboles fundamentalmente, amén de todo tipo de basura inorgánica, tras permanecer a la deriva durante muchas horas, finalmente desembarcaba plácidamente en las playas de la Malagueta y en las dársenas del puerto.

Esta circunstancia, fruto de unas intensas lluvias otoñales que arrojaron a la mar por diferentes arroyos y riachuelos todo tipo de desperdicios, no es la primera vez que ocurre y desgraciadamente, no será la última.

Y aunque estas manchas, en nada se parecen a otras que dañarían gravemente las costas malagueñas, lo que sí está claro, es que estas mareas que sí producen daños (una de las embarcaciones turísticas que da paseos por la bahía sufría una avería al chocar contra uno de los troncos que componían esta isla flotante), venden mucho menos polémica a la hora de hablar de la protección ante posibles agresiones medioambientales en la mar.

Si las cosas se hacen bien, efectuar prospecciones y posteriormente extraer recursos a muchas millas de la costa, no debería suponer un riesgo  de contaminación mayor que el que año tras año suponen las avalanchas de suciedad que la tierra arroja a la mar y que, los que tantas vestiduras se rasgan, no parecen tener demasiado en cuenta.

Mancha de suciedad en la bahía.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (18 de Diciembre de 2012).

Maletas de emigrantes

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de diciembre de 2012 a las 19:38

Corría el año 1902 y el puerto de Málaga gozaba de un abundante tráfico de buques de pasaje. Cumplimentando líneas regulares (fundamentalmente con destino a Centro y Sudamérica), diferentes navieras nacionales y extranjeras escalaban en el puerto malagueño para realiza embarques.

Y aunque los buques que efectuaban estos trayectos disponían de tres clases, la mayoría de los embarques que se realizaban en Málaga eran de tercera. Infinidad de emigrantes (muchos de ellos con sus familias), subían a estos barcos para iniciar en  tierras americanas una nueva vida.

Por aquellos años, aun existiendo un importante movimiento de pasajeros, el puerto malagueño no disponía de un servicio de maleteros. Los equipajes, en el caso de no poder ser embarcados por sus propietarios, se transportaban a bordo por mozos del barco o por personas que se ganaban unas monedas con estos trabajos de muelle.

Y aunque el caos de los embarques de emigrantes, milagrosamente, y siempre con algún que otro incidente, salía bien, en un momento dado, el transporte de maletas y bultos de estos pasajeros comenzó a ser problemático.

Los portuarios que realizaban estas labores, muchos de ellos estibadores, comenzaron  a no poder subir a estos barcos, especialmente los de bandera española, quedando el lucrativo negocio del embarque de maletas en manos de los tripulantes de estos buques.

Ante esta situación, muchos de los portuarios malagueños afectados por este hecho, sabotearon algunos embarques. El 13 de septiembre de 1902, el buque de la Compañía Trasatlántica Española Manuel Calvo en línea regular con Centroamérica sufría un considerable retraso en su salida por culpa de una protesta que les contaré en otra ocasión.

MANUEL CALVO.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (11 de Diciembre de 2012).

Sólo tres visitas

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de diciembre de 2012 a las 18:55

Hoy les contaré la trayectoria de un histórico buque de crucero que sólo ha visitado el puerto de Málaga en tres ocasiones. Construido en los astilleros daneses Aalborg Vaerft en 1981 y bautizado como Tropicale, éste fue el primer barco encargado por la compañía Carnival Cruise Lines (desde su fundación en 1972, esta naviera norteamericana sólo había navegado con buques de segunda mano).

Después de dos exitosas décadas crucerísticas, en 2001 el barco era transferido a Costa Cruceros que, tras una reforma, lo rebautizaba como Costa Tropicale. En 2005, después de otro cambio de apariencia, el buque pasaba a manos de la naviera P&O Australia, operando durante tres años con el nombre Pacific Star.  Tras ser posicionado en Singapur, en 2008, el barco era vendido a Royal Caribbean, que lo integraba en la flota de su compañía filiar Pullmantur bajo el nombre Ocean Dream.

Pero con independencia de su muy peculiar biografía,  la breve historia malagueña de este buque se iniciaba en la primavera de 2002. Realizando un crucero de siete noches por el Mediterráneo, el Costa Tropicale visitaba por primera vez Málaga el 12 de abril. Procedente de Tánger y con destino Marsella, el barco que viajaba al completo de pasaje, atracaba en el pantalán de Levante. Cuatro días después, el buque de repetía escala y muelle, aunque en aquella ocasión su procedencia era Marsella y su puerto de destino Tánger.

Tras aquellos dos atraques, el 25 de noviembre de ese mismo año, el Costa Tropicale cumplimentaba su última escala malagueña, quedando amarrado en aquella ocasión en el muelle de Ricardo Gross. Un muy significativo barco en la moderna historia crucerística que sólo visitó Málaga en tres ocasiones.

Costa Tropicale en su primera visita a Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (4 de Diciembre de 2012).