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El barco del nitrato

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de octubre de 2020 a las 12:55

Hoy les hablaré de un mercante; un carguero sin dada destacable que desde hace unos meses ha cobrado un significativo protagonismo en las aguas malacitanas. En concreto me refiero al Atlantic Island, un buque de bandera chipriota que, junto con otros, está participando en una campaña de exportación de nitrato amónico.

Pero antes de reseñarles el porqué de esta fama, les diré que este barco fue construido 2002 en los astilleros holandeses Thecla Bodewes. Bautizado como Westerscheldeborg, este carguero de 95 metros de eslora y 3.164 toneladas de registro bruto, comenzaba su vida de mar a cargo de la naviera Wagenborg Shipping con la que operó hasta 2007. Rebautizado en mayo de ese año como Atlantic Island y tras cambiar su bandera holandesa por la chipriota, nuestro protagonista de hoy comenzada a operar bajo la contraseña de la compañía Oost Atlantic Lijn.

Con capacidad para albergar en sus dos bodegas 6.090 metros cúbicos de grano y con la posibilidad de llevar además un total de 176 contenedores, el Atlantic Island, que con anterioridad ya había visitado Málaga, el 24 de marzo de este año atracaba en la terminal del muelle número nueve para cumplimentar una carga de nitrato amónico.

Iniciada una campaña de exportación de este producto a Marruecos, Mauritania y Túnez, tras dos embarques realizados en abril por dos buques diferentes, el Atlantic Island afrontaba su primera operativa malagueña; un viaje que tendría como destino el puerto de Casablanca.

Mantenidas en todo momento unas medidas de seguridad muy estrictas (el nitrato amónico requiere de una muy especial manipulación), las llegadas de nuestro protagonista de hoy se han ido sucediendo, y de los nueve embarques que hasta la fecha se han realizado en Málaga, cinco de ellos han corrido a cargo del Atlantic Island que, en cada uno de estos viajes ha embarcado entre 1.400 y 1.500 toneladas de este producto.

Y como la historia marítima malacitana está llega de todo tipo de apodos, muchos de ellos referidos a barcos, tal vez sería bueno ir pensando qué tal le quedaría al Atlantic Island el mote de el barco del nitrato amónico; un calificativo que aquí en Málaga daría una cierta relevancia a este mercante.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAATLANTIC ISLAND cargando nitrato amónico.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 13 de octubre de 2020.

‘El Belfo’

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de julio de 2013 a las 8:50

Desde siempre, los apodos o motes han sido una constante en el día a día de cualquier puerto. Aludiendo a algún defecto físico o característica destacada de las personas que lo reciben, estas denominaciones, en muchos casos, han eclipsado por completo el verdadero nombre y apellidos de los  sujetos a los que alguien en algún momento los rebautizó con un determinado sobrenombre.

Y aunque la historia portuaria malagueña está repleta de muchos y  muy variados apodos, quizás, de entre todos ellos, destaque uno en especial.  Un mote que, empleando una palabra excesivamente literaria y que hoy está prácticamente en desuso, acompañó a un curioso trabajador portuario allá por la década de 1920.

De origen argelino, Nicolás  Martinet (existe alguna  reseña que lo  apellida como Martínez), desembarcaba en el puerto malacitano a mediados de 1922. Teniendo como lenguas maternas el árabe y el francés, y hablando también algo de español, tras haber trabajado en diversos puertos del Norte de África, este mestizo se aposentó en Málaga para desempeñar una peculiar actividad portuaria.

Convertido en lo que hoy muy bien podríamos denominar como un agente comercial libre, Nicolás, durante años, sirvió como intermediario para todo tipo de gestiones a pie de muelle. Trabajando de intérprete o viajando como representante eventual de algunas empresas consignatarias de la época, aquel joven argelino, pronto se convirtió en alguien muy conocido en el ambiente del puerto, y por ende, le llegó su mote.

Atendiendo a una muy especial fisonomía facial, debido sin duda a su mestizaje, Nicolás, lucía un abultado labio inferior; una circunstancia que llevó a  los portuarios malagueños a apodarlo como ‘El belfo’.

Vista del puerto en la década de los años 20.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (9 de julio de 2013).