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Reestreno del pantalán

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de junio de 2019 a las 13:24

El pasado 23 de mayo, el buque de crucero Marina reestrenaba el pantalán de levante. Tras haber sufrido unas significativas obras de mantenimiento y sólo haber albergado durante algo más de dos meses a un barco inactivo, el también denominado atraque del dique de levante (ADL), retomaba  una actividad paralizada desde abril de 2018.

Con 110 metros de longitud real, ampliables hasta 146 gracias a los dos duques de Alba que lo flanquean, este espacio constituye el primer atraque crucerístico exterior que tuvo el puerto; una zona de amarre cargada de infinidad de historias de barcos.

Y aunque las anécdotas que podría contarles son muchas y muy variadas, creo que para celebrar el reestreno de este muelle, la mejor historia sería la de su inauguración; una puesta de largo en el que el principal protagonista fue el buque que allí atracó.

Sin ningún tipo de acto oficial, lo mismo que ha ocurrido con su reestreno de hace unas semanas, el lunes 10 de abril de 1977 el buque de crucero Atlas atracaba en este muelle. Procedente de Casablanca y con destino a Barcelona, el Atlas, integrado en la flota de la histórica naviera griega Epirotiki Lines, llegaba al completo de pasaje realizando un itinerario atlántico y mediterráneo. Compartiendo estancia con el italiano Victoria y el ferry finlandés reconvertido en buque de crucero Bore Star, ambos amarrados en el muelle dos, aquella jornada significó el arranque de este muelle; un espacio que originariamente fue denominado como el pantalán de los trasatlánticos.

Y aunque amarrados a sus norayes ha habido muchos barcos; inicialmente  sólo fueron  trasatlánticos – buques de crucero hasta que comenzaron a atracar todo tipo de barcos, no me resisto a realizar una mínima comparativa entre el primer buque turístico que lo inauguró  y el que hace varias semanas lo ha reestrenado. Con 15.015 toneladas de registro bruto, el Atlas, de 153 metros podría embarcar a un máximo de 600 pasajeros; unas cifras muy alejadas de las 66.084 toneladas del Marina que con 203 metros de eslora aloja a 1.250 turistas.

Dos barcos muy diferentes que constituyen el inicio y la continuación de un muelle histórico que ya ha cumplido 42 años de vida.

IMG_6983MARINA reestrenando el pantalán de levante el pasado 23 de mayo.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 11 de junio de 2019.

El MSC OPERA

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de junio de 2019 a las 12:17

Con toda seguridad, muchos de los lectores a esta columna ya conocerán el accidente que este pasado domingo sufrió en Venecia el buque de crucero MSC Opera.  Realizando un recorrido de siete noches con inicio y final en el puerto italiano de Bari, el barco de MSC Cruceros, navegando por el canal  Giudecca para atracar en el muelle de San Basilio embestía al buque fluvial River Countess; un accidente que minutos después de acontecer ya se podía ver en la red de redes.

Pero con independencia del suceso en sí y dejando la polémica sobre las llegadas de buques de crucero a la ciudad de los canales, hoy, creo que será interesante recordar la historia malagueña de este barco.

Construido en los astilleros franceses  Chantiers de L’Atlantique, el MSC Opera era bautizado  por Sofía Loren en Génova el 26 de junio de 2004. Después de su viaje inaugural en el tocó puertos de Italia, Túnez, Francia y España, nuestro protagonista se estrenaba en aguas malacitanas el sábado uno de abril de 2006. Atracado en el pantalán de levante, este barco, por entonces considerado como el buque insignia de MSC Cruceros, con  aquella escala ha realizado hasta la fecha un total de 14 visitas; unos atraques que nos permitieron verlo por última vez el pasado 26  de marzo. Y si bien el historial malagueño de este barco no es muy significativo, sí que habría dos  hechos que podrían destacarse; unas situaciones muy dispares que ahora les contaré.

El 31 de octubre de 2009, varios meses antes de reformado y alargado 24 metros, el Opera compartió atraque con los buques Zenith y Seabourn Odyssey que cumplimentaba su primera escala en Málaga. Atracado en el muelle de levante, nuestro protagonista sufrió una jornada de intensa niebla otoñal; una de las más significativas vividas en los últimos años.

Pero además de aquella brumosa experiencia, quizás, la anécdota más significativa del MSC Opera en Málaga se vivió en su primera visita. Concertada la tradicional recepción de bienvenida, al acto no acudió nadie, y el consignatario del buque, uno de los agentes de la casa Cabeza, tuvo que lidiar con el protocolo en el primer atraque malagueño de este barco que hace unos días sufrió un accidente en Venecia.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMSC OPERA en su primera escala malagueña de 2006.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 4 de junio de 2019.

Los cinco soviéticos

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de mayo de 2019 a las 9:53

En una red social, hay un grupo dedicado a fotos antiguas de Málaga. Con gran variedad de instantáneas, de vez en cuando, alguno de sus componentes ofrece imágenes del puerto; una circunstancia en la que se rescatan fotografías de gran valor para los que investigamos los temas portuarios.

Hace unos días, me encontré la imagen de un buque ruso atracado en el muelle dos; una instantánea tomada desde el techo de uno de los tinglados situados justo al silo. Sin muchos datos adjuntos, el miembro del grupo que publicaba la foto reseñaba que se trataba de un crucero de la antigua URSS  llegado a aguas malacitanas en los años setenta.

Sin poder ver con claridad el nombre del barco, su estampa me indicó que el buque era uno de los gemelos  de la denominada clase Ivan Franko; unos barcos de pasaje que durante muchos años navegaron luciendo la hoz y el martillo.

Construidos en los astilleros Mathias Thesen en la Alemania del este entre 1964 y 1972, el Ivan Franko, Aleksandr Pushkin, Taras Shevchenko, Shota Rustaveli y Mikhail Lermontov visitaron, especialmente tres de ellos con bastante frecuencia, las aguas malacitanas en las décadas de los años 60, 70 y 80. Con capacidad para 500 pasajeros, estos buques que navegaban bajo las contraseñas de dos navieras estatales de la URSS, participaban de la peculiaridad estar listos para embarcar tropas en cualquier momento; una circunstancia que, durante sus primeros años de vida los convirtió en unos barcos muy austeros. Con curiosidades tan dispares como  las de ser unos de los primeros buques de crucero que llevaron piscina cubierta o con la extraña circunstancia de poseer camarotes para seis personas y aseos con grifos para agua fría, caliente y de mar, los buques de la clase Ivan Franco se estrenaron en Málaga en julio de 1967 cuando en el muelle  número dos atracó el Taras Schevchenco.

Mostrando en su chimenea una franja roja donde en color amarillo se podía ver la hoz y el martillo, estos barcos, en cada una de sus escalas malacitanas llegaron rodeados de curiosidad y misterio. Unas historias que dejo para otra  ocasión  cuando les hable de los muchos taxis que acudían al muelle cada vez que atracaba uno de estos buques.

Ivan FrankoIVAN FRANKO, el primero de los cinco gemelos soviéticos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de mayo de 2019.

Pocos adornos

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de mayo de 2019 a las 11:58

Desafortunadamente, muchas de las tradiciones que durante siglos han acompañado a los barcos están desapareciendo. Y aunque la nómina de estas pérdidas podría ser muy larga,  en esta ocasión les mencionaré la que hace referencia al engalanado; un asunto del que ya les he hablado en otras ocasiones y que hoy quisiera retomar.

Cuando por algún tipo de causa un barco debe adornarse, y les hablo de adornos exteriores, generalmente, los buques muestran las denominadas guirnaldas.  Estos ornamentos, básicamente consisten en una línea aérea donde van colocadas banderas o luces desde la proa a la popa; un engalanado tradicional que empleando la lengua de Shakespeare, la que habitualmente se usa para los asuntos marítimos, atendería a la denominación “flag dress” o “light dress”; es decir, los vestidos de banderas o luces.

Teniendo en cuenta que los motivos para que un barco se engalane son muy flexibles y con el añadido de que no hay ninguna obligatoriedad en ello, los adornos exteriores se han convertido en una decisión muy arbitraria de los capitanes o las de navieras propietarias de los barcos. Ante esta circunstancia y con la realidad que supone que casi ningún mercante se engalana, los vestidos de banderas o luces han quedado destinados a los buques de guerra y cruceros; un hecho que parece que también está desapareciendo.

Centrándonos en los barcos de turistas,  no hace demasiados años, estos adornos eran casi obligatorios en cada uno de los puertos de atraque; una muy vistosa tradición que en el caso de un inicio de ruta con embarque de pasajeros o una primera escala constituía algo normal para este tipo de buques. En la actualidad, la guirnalda de luces que va instalada permanentemente  y que solo hay que encender pulsando un botón, aún se puede ver en estos barcos; un hecho muy diferente si hablamos del vestido de banderas, un ornamento que se está perdiendo.

Teniendo esto en cuenta, les diré que, atendiendo únicamente a las primeras escalas, sólo uno de los doce buques que hasta la fecha se han estrenado en aguas malagueñas ha lucido la tradicional guirnalda de banderas.  Un muy claro ejemplo de una muy arraigada tradición marítima que se está perdiendo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAÚnico buque de crucero que se ha engalanado en su primera escala malagueña en 2019.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de mayo de 2019.

Detalles

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de mayo de 2019 a las 9:57

Hace unos años, realizando un crucero llegué al puerto de Civitavecchia. Con la emoción de estar en un importante centro crucerístico, mi principal recuerdo de aquel lugar no lo constituyen los barcos y sí una edificación que me llamó la atención. Después de desembarcar y  andar muchos metros por el muelle donde estaba atracado en buque en el que viajaba, me topé con la terminal de cruceros. Impactado ante aquella instalación, entré en una gran carpa; un espacio desangelado donde, además de muchas filas de asientos e infinidad de cintas para dirigir al pasaje, se encontraban dos casetas de policía, unos aseos y varias máquinas de bebidas y golosinas.

Con aquel recuerdo del puerto de Roma y con el símil, quizás excesivo, de esos hangares que se usan para albergar a personas tras cualquier tipo de catástrofe, hoy le contaré algo que, sin punto de comparación, sí podría crea imágenes erróneas que son innecesarias.

Dejando claro que las terminales crucerísticas malagueñas, las de levante y la del muelle dos son unas magníficas instalaciones que  nada tienen  que envidiar a las mejores estaciones marítimas de turistas del mundo, determinados detalles sí que podrían deslucir la buena impresión de los pasajeros que pasan por ellas.

En plena campaña crucerísta y convertido en un atraque para buques de pequeño y mediano porte, el muelle dos está recibiendo en las últimas semanas a un variado número de barcos. Ofreciendo una estación marítima para estos tráficos, esta terminal dispone de una versátil pasarela adaptable a la gran mayoría de estos buques; un pasadizo que hace unos días me llamó la atención.

En su extremo, esta pasarela dispone de una rampa que apoya en el muelle; una plancha que facilita el acceso al pasaje de barcos que no han podido conectarse o que están en una ubicación cercana. Situados sobre la rampa, unos postes sostienen un cordón que sirve de pasamanos; un conjunto que hace unos días mostraba un aspecto muy destartalado. Y si bien unos postes torcidos y un cordón sin utilidad sobre una rampa no cambiarán la idea que un pasajero de barco pueda llevarse del puerto, de la estación marítima o de Málaga, tal vez no estaría mal cuidar estos pequeños detalles.

OLYMPUS DIGITAL CAMERADestartalada rampa en el muelle dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de mayo de 2019.

Sin remolcadores

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de abril de 2019 a las 12:01

Este pasado domingo llegaba por primera vez a Málaga el buque de crucero Viking Jupiter. Estrenado en febrero, el último  barco de la compañía Viking Cruises  quedaba amarrado en el muelle número dos; un atraque que le permitió usar la estación marítima situada en el Palmeral de las  Sorpresas.  Atendiendo a esta circunstancia y siguiendo la tradición de realizar un acto de bienvenida a todos los barcos que visitan por primera vez las aguas malagueñas, la agencia Pérez y Cía. y el buque organizaron un encuentro con el capitán. Y aunque las autoridades asistentes fueron muy pocas, les recuerdo que era domingo y que además había que ir a votar, la reunión siguió sus cauces habituales; una escenificación con brindis y canapés donde el intercambio de metopas quedó registrado por diversas fotografías.

Entablada una breve charla, varios de los asistentes preguntaron al capitán por su primera escala malacitana. Valorando muy positivamente las instalaciones y haciendo especial hincapié sobre buen clima, la única objeción que puso el capitán del  Viking Jupiter fue la limitación de espacio a la hora de atracar; una estrechez que no le gustó al tener que compartir ubicación con la fragata de la Armada española Victoria situada en ese mismo muelle.

Dicho esto y antes de proseguir, le comentaré que este barco, en su viaje inaugural en febrero, chocó contra uno de los muelles del puerto griego de El Piero; un incidente que pueden ver en la red de redes y que al parecer, debido a unas fuertes rachas de viento, se saldó con una brecha de 10 centímetros en su casco amén de algunos daños sobre el muelle impactado.

Ante esta circunstancia y con la muy razonable precaución del capitán del Viking Jupiter que, con el práctico a bordo, tenía asignado este atraque, quizás, la mejor opción hubiera sido usar los remolcadores para posicionarse junto a la fragata. Una apuesta segura que no se llevó a cabo y que terminó con la  absurda movilización de ambos remolcadores para el Viking Jupiter, por sus propios medios, pudiera maniobrar de entrada y salida en la dársena del muelle  número dos. Una, si me permiten la expresión, rocambolesca historia que nunca se había dado en el puerto.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAVIKING JUPITER maniobrando en la dársena de Guadiaro para atracar.

A su popa se aprecian los dos remolcadores volviendo a su atraque tras tener

quedejarlo para darmás espacio a la entrada del buque.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 30 de abril de 2019.

Otro bautizo

Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de abril de 2019 a las 9:13

Hace unos días visité por tercera vez el buque de crucero Norwegian Spirit. Aprovechado que el recorrido fue muy diferente a los que había hecho con anterioridad, pude ver algunas cosas que aún no conocía de este barco. Justo detrás del puente de mando, me enseñaron una estancia donde se atesoraban los regalos que el barco había recibido. Esta sala, que en otros buques se reduce a una pared donde están colgadas  las metopas, mostraba, además de regalos, objetos relacionados con la biografía del barco; un historial que se remonta a 1998 cuando este buque  se botó y bautizó con el nombre SuperStar Leo. De entre todos estos objetos, el que más me sorprendió fue un trozo de botella de champán de la marca Möet & Chandon que, con un lazo dorado, estaba enmarcado recordando el bautizo de este buque.

Esta vivencia, me sirve para hablarles de la ceremonia de bautismo que hace unos días se realizó en el puerto al buque de crucero Marella Explorer 2. Siendo ortodoxo y aferrándome a la más rancia tradición marítima, les diré que los barcos sólo se bautizan una vez, y que los posteriores cambios de nombres podrían ser denominados como rebautizos o simplemente como cambios de nombre.

Dicho esto y volviendo al evento del Marella Explorer 2, el botellazo de champán que recibió en una oscura noche de marzo malagueña atracado en el muelle norte de la estación marítima de levante quedó pobre; una pobreza nada comparable a los bautizos de barcos que todos hemos visto alguna vez amadrinados por personalidades que, a plena luz del día, estrellan una botella contra el casco del barco bajo una lluvia de serpentinas y muchos aplausos.

Pero como todo lo que se mueve alrededor de los barcos de turistas es un negocio y un cambio de nombre genera mucha publicidad y muchos embarques, estas ceremonias, que son muy rentables para las compañías propietarias de los buques y para, en este caso, el puerto de Málaga (que se celebren aquí muchos más bautismos), se resumen en una gran fiesta a bordo en la que los invitados ven una pantalla gigante como un anónimo marinero acciona una palanca para que una botella de champán se estrelle contra el casco de un barco. Bautizo completado.

Norwegian Spirit 26-III-195Botella de champán del bautizo del SUPERSTAR LEO ahora NORWEGIAN SPIRIT.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 2 de abril de 2019.

Una nueva marca

Juan Carlos Cilveti Puche | 19 de marzo de 2019 a las 10:06

Los asiduos a esta columna, tal vez recuerden cuando les hablé de las marcas que se pueden leer en algunos de los muelles malagueños. Estas inscripciones, realizadas de una forma más o menos esmerada y que muestran el nombre de un barco o sus iniciales, se usan para fijar la posición del atraque; una señal en tierra que generalmente coincide con el puente de mando del buque y que facilita el amarre de este.

Existiendo marcas en los muelles del melillero y en una determinada zona del número cuatro (los espacios que usan los buques que navegan en línea regular), en el puerto malagueño, la mayor parte de estas inscripciones están situadas en los atraques crucerísticos; siendo el muelle de levante y sus tributarios norte y sur los que más marcas poseen.

Atendiendo a esta circunstancia que para algunas navieras es una tradición, hoy les contaré una de las últimas marcas, si no la última, que se ha pintado en el puerto; una inscripción que quedaba inmortalizada el 15 de enero de este mismo año.

Pero antes de hablarles de esta señal, les daré algunos datos del Aidamar, el buque que hace algo más de dos meses dejó su marca en Málaga.  Integrado en una serie de siete barcos  denominados Clase Sphinx (esfinge), nuestro protagonista de hoy, el sexto en la lista de estos gemelos, comenzaba a navegar en mayo de 2012. Construido en los astilleros alemanes Meyer Werft y bautizado en Hamburgo, el Aidamar, manteniendo la vistosa decoración de su casco que conforma la principal seña de identidad de los buques Aida, se estrenaba en aguas malacitanas el 4 de mayo de 2014. Tras aquel primer atraque en el muelle norte de la estación marítima de levante, este barco repetía visitas en febrero de 2015 y diciembre de 2018; unas escalas en la que siempre amarró en el mismo muelle.  Con este breve historial, quizás el más pobre de los buques Aida que tan habituales son en aguas malagueñas, el Aidamar cumplimentaba en enero y febrero de este año dos nuevos atraques. En su primera visita de 2019, marineros del buque pintaban en el muelle norte con una plantilla la marca del Aidamar; una colorista inscripción que ya forma parte de la  amplia colección que existe  los muelles malagueños.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPlantilla sobre la que se pintó la marca del AIDAMAR en el muelle nueve.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 19 de marzo de 2019.

Los gatos japoneses

Juan Carlos Cilveti Puche | 22 de enero de 2019 a las 10:19

Con el título Ratas y rateras, el 3 de agosto de 2004 les hablé en esta misma columna de unos curiosos elementos que lucen la gran mayoría de los barcos cuando están atracados. Con la función de evitar que las ratas autóctonas de cada puerto puedan embarcarse, los buques, habitualmente colocan en sus cabos de amarre unos discos para impedir el acceso de nuevos roedores a bordo.

Fabricados en metal, aunque también los hay de plástico, la forma, la decoración y  sobre todo la colocación de las rateras, depende de cada barco; un hecho que permite ver una gran variedad de estos discos.

Con el imborrable recuerdo de los maceteros de plástico que usó durante su estancia malagueña el Santisima Trinidad, hoy, retomo este tema para hablarles de unas rateras que me llamaron mucho la atención.

Realizando una vuelta al mundo de 102 días, el 30 de abril del año pasado llegó a aguas malacitanas el buque de bandera japonesa Asuka II. Atracado en el muelle de levante, una avalancha de turistas nipones protegidos con sombrillas y ataviados con guantes, gafas y máscaras desembarcaban para visitar la ciudad, mientras el barco, atendiendo a una cortesía que muy pocos buques de crucero cumplimentan, mostraba izada en su mástil la bandera marítima de Málaga. Ante aquel hecho, y con el añadido de que unos marineros estaban pintando sobre el pavimento del muelle, justo a la altura del puente de mando, la marca de Asuka Cruises, pude apreciar con sorpresa las curiosas rateras que se habían colocado tras el atraque este barco matriculado en Yokohama.

Colgados sobre los cabos de amarre se podían apreciar unos discos metálicos de los que pendían en su parte inferior dos cuerdecitas; un par cabitos amarrados a unos pequeños sacos que, probablemente cargados de arena o un material similar, tenían la misión de mantener la verticalidad de este disco. Pero con independencia del sistema y teniendo en cuenta que algunos de estos elementos no estaban bien encajados en los cabos de amarre,  lo más curioso de las rateras del Asuka II era su decoración. Pintados sobre estas estructuras aparecían unos gatos; unos felinos que allí posicionados debían impedir que las ratas pudieran acceder a bordo.

IMG_20180430_113340Una de las rateras del ASUKA II.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 22 de enero de 2019.

Octubre crucerístico I

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de enero de 2019 a las 10:30

El recién finalizado 2018 pasará a la historia portuaria malacitana por varios hechos muy significativos. Entre ellos, quizás uno de los más destacados, debería haber sido el exitoso mes de octubre crucerístico; cinco semanas en las que el puerto alcanzó unas cifras de barcos y escalas que nunca se habían dado en los muelles malagueños.

Con unos históricos datos que se saldaron con 60 atraques realizados por 41 buques diferentes, el octubre crucerístico de 2018 pasó institucionalmente muy de puntillas; un hecho inexplicable que también forma ya parte de estos intensos 31 días de barcos.

Sabedor de esta significación; ya conocen el refrán: “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”, me propuse recopilar datos y fotografiar todas estas escalas; una circunstancia que me permitiera tener constancia de este  importante acontecimiento.

Y aunque uno está acostumbrado a fotografiar barcos a diario, ya son más de 20 años a pie de muelle, la necesidad de captar todas las escalas del octubre crucerístico de 2018 casi me superó; aunque finalmente, mi excesivo apasionamiento y el reto que me había propuesto venció la apatía de algunas jornadas en las que el objeto a captar era un buque que ya había retratado en otras ocasiones.

Con la intención de ir contándoles algunas de las anécdotas vividas en este octubre crucerístico de 2018, hoy comenzaré por hablarles de unas fotos tomadas el domingo 28 octubre. Tras captar sus tres anteriores atraques del mes, en esta jornada acudí al muelle norte de la estación marítima de levante para fotografiar al buque Marella Spirit.  Con la peculiaridad de haber sido días antes el protagonista de unos polémicos fuegos artificiales, este buque, además de finalizar una campaña de escalas semanales iniciada en mayo, salía de aguas malacitanas sin pasaje y con el logotipo de su chimenea borrado; una acción que la marinería del Marella Spitit realizó durante su última estancia malagueña.

Unas fotos que se podrían complementar con una noticia que un día después daban los medios internacionales; una información que anunciaba el desguace del Marella Spirit. Pronto les contaré más cosas ocurridas en el octubre crucerístico malagueño de 2018.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMARELLA SPIRIT dejando Málaga tras su última escala de octubre de 2018.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 15 de enero de 2019.