Archivos para el tag ‘cabotaje’

Servicios combinados

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de abril de 2014 a las 8:53

Durante gran parte del siglo XIX y principios del XX, los servicios combinados constituyeron un reclamo fundamental para el transporte por mar. Esta circunstancia que hoy parece algo baladí, en aquellas décadas, significaba la total seguridad de que cualquier mercancía llegara sin ningún tipo de problema de origen a destino en el menor tiempo posible. Empleando medios marítimos y terrestres, la mayoría de estas empresas (muchas de ellas  implicadas en negocios navieros), ofrecían todo tipo de enlaces nacionales e internacionales para cualquier tipo de carga.

En Málaga, un centro comercial de primer orden por aquellos tiempos, las empresas de servicios combinados, solían trabajar con filiales o empresas asociadas; una circunstancia que les permitía una mayor cobertura a la hora de gestionar el movimiento de mercancías.

En la primera década del siglo XX, la firma malagueña Robles y Alterachs, se convirtió en una de las principales empresas dedicadas a este tipo de negocio. Mancomunada con la agencia consignataria barcelonesa Agustín Puig, este consorcio mitad andaluz mitad catalán, ofrecía sus servicios  marítimos respaldado por  la Compañía Anónima de Vapores Vinuesa de Sevilla; toda una garantía a la hora de efectuar navegaciones de cabotaje por el Mediterráneo.

Radicada en la calle San Agustín número once, Robles y Alterachs, además de otras rutas,  disponía de una línea regular semanal con salida los domingos de Barcelona y llegada a Málaga los miércoles. Un servicio que publicitó  durante muchos años en todos los periódicos malagueños de la época como: “Transportes combinados de domicilio a domicilio”, y que apostillaba diciendo: “Este servicio es el más puntual de todos”.

Vapor de la compañía Vinuesa en MálagaUno de los vapores de la Compañía Vinuesa en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (1 de abril de 2014).

El CASTILLA

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de noviembre de 2013 a las 13:49

El sábado uno de agosto de 1914, cuatro días después que estallara la Primera Guerra Mundial, atracaba en el puerto de Málaga el vapor Castilla. Bajo la contraseña de la naviera sevillana Compañía Anónima Vapores Vinuesa, este buque, que, por aquellos años, frecuentaba las aguas malacitanas en  diferentes rutas de cabotaje,  llegaba  con carga general procedente de Valencia con destino a Cádiz.

Esta circunstancia que, al igual que el resto de los movimientos de buques que se sucedieron en aquellos primeros días del conflicto bélico mundial merecieron una especial atención por parte de la prensa de la época, en caso del Castilla, constituyó una verdadera premonición de lo que este vapor de 82 metros de eslora y 1.905 toneladas de registro bruto viviría no muchos años después.

Construido en 1900 en los astilleros británicos R. Thompson & Sons,  tras navegar como buque de carga con los colores de la Compañía Vinuesa, en 1917, la recién creada Trasmediterránea lo compraba para ampliar su flota. Destinado al transporte de carbón y mercancías a granel, entre mayo de 1920 y enero de 1921, el Castilla sufría una importante reforma que lo transformaría en un buque hospital.

Durante los años 1921 y 1922, este vapor, frecuentó en muchas ocasiones el puerto de Málaga repatriando a los múltiples heridos que llegaba desde Melilla fruto de la Guerra de África. Después de tomar parte en el desembarco de Alhucemas en septiembre de 1925, y quedar adscrito a la flotilla número cuatro de la Fuerza de Transporte, el Castilla que desde su transformación siempre estuvo considerado como un muy singular buque hospital, finalizaba sus días al hundirse atracado en el puerto de Melilla en abril de 1927.

CastillaVapor CASTILLA en su faceta de buque hospital.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (26 de noviembre de 2013).

Por motivos personales, ayer martes 26 no pude subir al blog, como es habitual, esta columna, Hoy, con un día de retarso y pidiendo disculpas la publico.

El señor Ledesma

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de octubre de 2013 a las 8:23

Durante la década 1920, aparecieron en el negocio portuario malagueño, muchos pequeños comerciantes que gestionaban las mercancías que importaban o exportaban de una forma autónoma. Teniendo en cuenta que por años, el puerto malacitano gozaba de una gran cantidad de líneas regulares de cabotaje nacional, amén de otra serie de rutas que tocaban puertos de Europa y América, la posibilidad de efectuar portes reducidos, se convirtió en una muy buena alternativa para el mercadeo a pequeña escala.

A principios de 1921, por los muelles malagueños, apareció Lorenzo Ledesma; un singular hombre de negocios procedente de Canarias, que durante algunos años, impulsó estas transacciones comerciales. Vestido, según la crónicas, de una forma impecables y siempre luciendo una corbata de lazo o pajarita, el señor Ledesma, se convirtió en un muy efectivo intermediario para la gestión de las pequeñas cargas que muchos comerciantes malacitanos embarcaban o desembarcaban por los muelles.

Enfrentado con las agencias consignatarias, la labor de Lorenzo Ledesma, muy pronto aglutinó la gran mayoría de portes menores que se movilizaban en el puerto de Málaga. Exclusivas cajas de vinos de la tierra, retales de exóticas telas o cuidadas piezas de mobiliario, entre otras muchas mercancías,  salían y entraban a bordo de buques de la Compañía Trastlántica Española, Pinillos o Hijos de Ramón A. Ramos gestionadas por el señor de la pajarita.

Después de unos exitosos años, a finales de 1929, el negocio de Lorenzo Ledesma comenzó a decaer. Su desmesurada afición por la bebida y su muchas deudas acumuladas, constituyeron los motivos fundamentales por los que el señor de la pajarita desapareció del panorama portuario malagueño.

Puerto 1920-1930Puerto de Málaga en la época del señor Ledesma.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (1 de octubre de 2013).

El ‘María del Pilar’

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de noviembre de 2012 a las 12:47

Muchos de los barcos que atracan en puerto, como norma de seguridad, además de colocar los cabos amarrados a tierra, tienden uno o dos por su costado libre. Esta medida que es obligatoria en los buques que transportan mercancías peligrosas, sirve para que, en un caso de emergencia, un remolcador pueda tirar de ellos y así queden separados del muelle.

A principios del siglo XX, una balandra de dos palos llamada María del Pilar, frecuentaba el puerto malagueño realizando navegaciones de cabotaje. Transportando todo tipo de mercancías, este barco, era propiedad de un comerciante de origen catalán apellidado Nogués.

El María del Pilar, que navegaba con una docena de tripulantes, llevaba siempre a bordo a José, uno de los hijos de su armador que controlaba las operaciones que se realizaban fuera de Málaga.

En Septiembre de 1902, el María del Pilar llegaba al puerto malagueño procedente de Tánger. Con un variado cargamento, en aquella ocasión, en vez de quedar fondeado en la dársena de Guadiaro como era habitual en este tipo de barcos, la balandra atracaba en el muelle número dos.

Mientras se descargaba el barco (al parecer esto ocurría el domingo 21 de septiembre), a bordo el María del Pilar se producía un incendio. Ante la imposibilidad de ser sofocado, José Nogués  junto al capitán, ordenaban el abandono del buque. Mientras ambos cortaban los cabos de amarre, desde tierra y con unos remos, la tripulación intentaba separar a la balandra del muelle que, pasto de las llamas, se hundía varias horas después.

Si por aquellos años hubiera existido la costumbre usar cabos exteriores de emergencia, tal vez el María del Pilar no se hubiera hundido pegado al muelle del Marqués de Guadiaro.

Cabo de seguridad en un barco atracado en el puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (27 de Noviembre de 2012).

Los barcos de la C

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de octubre de 2011 a las 8:28

Cuando lo que hoy conocemos como Costa Cruceros comenzaba su carrera marítima, allá por el año 1924, lo hacía bajo la denominación de Costa Line. Tras operar durante unos años con buques de segunda mano y dedicarse exclusivamente al transporte de mercancías, pocos años después de su fundación, la naviera italiana se diversificó, y algunos de sus barcos, comenzaron a navegar con pasaje y carga.

En 1942, esta compañía ordenaba su primera construcción (Caterina C.), y desde entonces, los buques de esta naviera, empezaron a lucir nombres donde la C de Costa siempre estaba presente. En la segunda mitad del siglo XX y trabajando ya sólo con pasajeros, los barcos de esta compañía se hacían famosos internacionalmente por publicitarse en sus viajes trasatlánticos con emigrantes como Línea C, amén de por la particularidad de sus nombres y por llevar una vistosa letra C de sus chimeneas amarillas.

Ya dedicados en exclusividad al tráfico crucerístico, y atendiendo fundamentalmente a razones de marketing, en las dos últimas décadas del siglo XX, la famosa C  en los nombres de los buques de Costa desapareció.

Mientras todo esto ocurría, en la Isla de Wight, durante los años sesenta, se fundaba la naviera Carisbrooke Shipping. Dedicada, en un principio al cabotaje, los buques de esta compañía empezaron a lucir en sus nombres la letra C; una peculiaridad que hoy día constituye una seña de identidad en los buques de esta naviera británica. Navegando ya en tráficos de altura, nombres tales como: Anja C, Karina C, o Victoria C, entre otros, visitan diferentes puertos de Europa, siendo Málaga un lugar muy frecuentado por estos barcos para realizar operaciones de carga y descarga de mercancías.

KARINA C atracado en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (4 de Octubre de 2011).