Archivos para el tag ‘Capitán’

José Pacheco

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de septiembre de 2015 a las 9:26

Quizás, unos de los nombres más conocidos en el puerto de Málaga durante la segunda mitad del siglo XIX, fuera el del capitán José Pacheco. De padre malagueño y madre catalana, José, tras un muy breve periodo de escolarización, comenzó a navegar en un pesquero; un pequeño velero patroneado por su padre en el que aprendió todas las artes de la mar. Cumplidos los 19 años, José se hizo cargo de su primer mando, y a bordo de un falucho transportó todo tipo de mercancías a diferentes localidades del litoral malagueño. Poco tiempo después, un armador malacitano le ofreció trabajar en el Virgen de Málaga, un místico que operaba de forma habitual por diversos puertos del Norte de África. Con autorización para gestionar personalmente cualquier tipo de carga (un concesión que los propietarios de los barcos daban a los capitanes sobre los que tenían mayor confianza), muy pronto, José se ganó la fama de buen negociador; un hecho que le llevó a capitanear cada vez mejores buques.

Con apenas 25 años, el capitán Pacheco tomaba el mando del místico San Julián, un velero de dos mástiles con el realizaría unos muy especiales viajes; unas rutas que marcarían su carrera profesional y que le aportaron unas muy abundantes ganancias transportando de Tánger a Málaga cargamentos de sanguijuelas.

Cumplimentados aquellos exitosos embarques y después de mandar varios barcos más, José, con algo menos de cuarenta años se hizo armador. Aferrado al mundo de la vela cuando el vapor ya era una realidad, el capitán Pacheco compró dos veleros; una tartana que bautizó como Assumpta, el nombre de su madre, y un místico que él mismo mandó hasta el momento en que dejó de navegar y al que renombró como San José.

Místico navegandoMístico similar a los que capitaneó José Pacheco.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 15 de septiembre de 2015.

El capitán Casares

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de mayo de 2012 a las 8:38

LA pasada semana, fallecía el capitán de la marina mercante malagueño José María Casares Barroso. Tras una dura enfermedad que muy pocos conocimos y que sufrió con ejemplaridad, José María se fue y en el recuerdo nos dejó su muy especial forma de ser y su desmesurado amor por la mar y los barcos.

Vinculado a la Trasmediterránea, compañía en la que pasó la gran mayoría de su vida de mar, el capitán Casares, como él me permitía llamarlo de una forma cómplice y cariñosa, aun residiendo en Cádiz, nunca se olvidó de su ciudad natal, y cada vez que la ocasión le era propicia, regresaba a Málaga y al puerto que tanto quería.

Después de cubrir durante años diversas rutas en diferentes buques (sus destierros como a él le gustaba decir), José María, ya al final de su carrera, conseguía el mando del ferry Las Palmas de Gran Canaria, y con “su barco”, regresaba temporalmente a Málaga para cubrir, durante varias campañas, la ausencia del melillero titular.

Y aunque nunca se separó de su cámara fotográfica (las instantáneas tomadas desde los alerones de los puentes de mando de los buques en los que navegó fueron una constante durante su carrera), el capitán Casares, una vez jubilado, se volcó en su afición por fotografiar barcos.

Ubicado siempre en los mismos lugares tanto en Cádiz como en Málaga (el desaparecido morro de Poniente era su punto preferido de disparo cuando estaba en su tierra), José María Casares vivió sus últimos años enganchado a las fotos mientras recordaba sus muchas vivencias en la mar.

Y aunque unos absurdos avatares impuestos caprichosamente por la vida rompieron nuestra amistad poco tiempo antes de su muerte, sirvan estas palabras para recordar a un gran hombre y marino al que nunca olvidaré.

José María Casares a bordo de su barco en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (15 de Mayo de 2012).

Robos

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de julio de 2011 a las 8:59

Las ciudades con puertos donde se mueven pasajeros, siempre han sido, son y serán, unos lugares muy apetecibles para los delincuentes especializados en turistas. Y aunque los robos a pasajeros y tripulantes de barcos, en la actualidad, están circunscritos casi en su totalidad a los alrededores de los recintos portuarios, hasta no hace demasiado tiempo, estos  actos delictivos se realizaban de forma habitual en el interior de los puertos.

El 19 de mayo del año 2005, llegaba al puerto de Málaga el buque de crucero Mona Lisa. Al completo de pasaje alemán, el buque, que procedía de Alicante, quedaba atracado en el Pantalán de Levante a las diez  en punto de la mañana.

Ya con los turistas en tierra, y  al tratarse de una escala larga,  el capitán, una vez realizados todos los trámites que requerían de su presencia, salió a dar un paseo.

Tras unas horas callejeando por la ciudad, el capitán del Mona Lisa regresó a su barco, y cuando ya estaba a bordo, descubrió que le habían robado la cartera. Sin recordar cómo o dónde podía haber sido el hurto, lo único destacable que refirió al hacer la pertinente denuncia, fue cuando una señora se le acercó para intentar venderle una joya envuelta en un historiado papel de seda.

Con el enfado por el robo y un informe desfavorable por aquel hecho (todos los capitanes escriben un informe sobre los incidentes que se han producido durante su escala en puerto), el Mona Lisa salía de Málaga con destino a Almería a las diez de la noche.

Una historia, la de los robos a pasajeros o tripulantes de barcos, que hoy día se sigue dando; y que, de una u otra forma y con mayor o menor éxito, nunca desaparecerá de Málaga ni de los puertos con tráfico de turistas.

MONA LISA atracado en Málaga el día en el que robaron a su capitán.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (5 de Julio de 2011).

44 días de fondeo

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de mayo de 2011 a las 9:12

En más de una ocasión, al ver a uno o varios barcos parados en la bahía, se habrán preguntado qué es lo hacen esos buques ahí. Básicamente, esos barcos fondeados, lo único que hacen es esperar; ya sea para entrar en puerto o para recibir órdenes y dirigirse a un nuevo lugar de destino.

Y aunque la bahía de Málaga es un muy buen fondeadero, lo habitual es que un barco a la espera, no pase demasiado tiempo parado aguardando trabajo; aunque siempre, hay algunas excepciones.

El 8 de septiembre de 1923, llegaba a la bahía malagueña el buque de bandera holandesa Ursula. Procedente de Lisboa, este pequeño vapor, fondeaba a la espera de poder atracar en Málaga, lugar donde debía embarcar un cargamento de toneles con destino a Marsella.

Después de que su capitán y armador (la figura del capitán propietario era por aquellos años muy frecuente de ver en estos pequeños mercantes), desembarcara y ultimara los detalles de la carga, el buque quedaba a la espera de recibir la orden para entrar en puerto. Tras una primera semana de fondeo, al Ursula llegaban noticias de que su cargamento se retrasaría unos días; un hecho que dejaba al buque ante la disyuntiva de buscar un nuevo trabajo o seguir esperando. Después de apostar por la espera, el barco cumplía una segunda semana de fondeo, y tras tener que aprovisionarse, la espera se prolongaba durante siete días más. Cumplidas ya las tres semanas, un temporal de levante obligaba al Ursula a levantar el fondeo; circunstancia que mantuvo al buque tres días alejado de la costa. Ya con la mar en calma, el barco volvió a la bahía, y después de unos días más de espera, finalmente, tras 44 jornadas de fondeo, el 21 de octubre el Ursula entraba en Málaga.

Buques fondeados en la bahía de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (24 de Mayo de 2011).

El alma del puerto se jubila

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de febrero de 2011 a las 23:31

Enrique Bianchi, uno de los prácticos de Málaga, se retira tras una vida dedicada a la mar en la que ha garantizado la seguridad de miles de maniobras en el recinto portuario.

J. C. Cilveti · J. Gómez / Málaga

En una mañana lluviosa y desapacible, con el Mediterráneo extrañamente enfurecido y la aún más insólita estampa de un portacontenedores encallado en las playas de Almayate, no hace falta salir del cálido refugio de la oficina para sentir la terrible y a la vez atractiva dureza de la mar. Sinónimo de aventuras y peligros, imán de escritores, cubre las tres cuartas partes de la superficie del planeta. De todos sus oceános puede contar historias Enrique Bianchi. Y da gusto escucharlas.

Jubilado, “a la fuerza”, a los 67 años por un ictus traicionero sufrido mientras subía a un buque, este viejo lobo de mar ha sido en los últimos 20 años el alma del puerto de Málaga. Como práctico, un oficio tan necesario como desconocido, Bianchi ha asegurado la entrada de miles de buques en sus dársenas. Se conoce “metro a metro” los muelles malagueños, pero también muchos otros puertos. Lo hemos citado para una entrevista sobre su apasionante vida, pero es un tontería interrumpirlo. Nos regala un monólogo sobre viajes, peligros y la historia reciente del puerto. Cuando termina, la boca nos sabe a sal.

Bianchi tuvo, sin embargo, una infancia dulce. Hijo de un director general de la compañía Salsa, se crió en el ingenio azucarero de Nuestra señora del Carmen, en Torre del Mar. Puede que esas dos referencias naúticas le inspiraran, porque no había antecedentes de marinos en su familia. “Pero yo quería ver el mundo y sentía que era mi vocación, así que muy joven me apunté en la Escuela Naval de Cádiz”. Con 17 años ya era oficial en prácticas, y durante los siguiente treinta años trabajó para una de las principales navieras españolas, tanto en los puentes de sus buques como en un despacho en Madrid. También, durante un año que recuerda con mucho cariño, en los muelles de Nueva York, donde supervisaba la descarga de fruta. Allí conoció de primera mano el poder de la mafia, tanto la italiana como la portorriqueña, y las tensiones raciales que había entonces en una sociedad, la norteamericana, que no obstante admira mucho. Vivir y pasear por la Gran Manzana “era el sueño de cualquier joven”, relata.

 Cubrió la ruta frutera del Caribe -describe emocionado la belleza de la isla cubana de Pinos-, pero también llevó leche en polvo, como capitán, a diferentes países árabes y africanos. Todavía recuerda cómo tuvo que soltar amarras a la carrera para zarpar de un puerto libanés mientras a su alrededor caían las bombas israelíes, o las diferencias con la sociedad musulmana, ahora en plena revolución democrática. Conoció a varias mujeres españolas que, casadas con árabes que habían estudiado en nuestro país, chocaron de frente con un machismo brutal. “Se arrepentían al darse cuenta de su grave error, pero fue demasiado tarde para casi todas”. Pero a una compatriota, que convenció a su marido sirio para regresar con sus hijas pese a la oposición de la familia, la sacó a escondidas en su nave.

Capt Enrique Bianchi blog

Enrique Bianchi, con su uniforme de capitán, posa a bordo de una de las lanchas de los prácticos del puerto de Málaga.

Si se le pregunta ingenuamente por las situaciones en las que ha pasado más miedo en la mar, su respuesta, con una sonrisa, es de manual militar: “Los marinos no tenemos miedo de la mar”. Después cuenta que hubo dos incendios que vivió “con preocupación”. En el más grave, la bodega de su buque, en el que era un joven primer oficial, se incendió de madrugada mientras navegaban por el Canal de la Mancha. Todo lo que pudo salir mal fue peor. Al capitán le dio un ataque al corazón por el estrés y él tuvo que hacerse cargo del barco. Llevaban una carga de productos químicos tóxicos, y en la cubierta tractores. “Temí por mi vida cuando empezaron a explotar, por el calor, las ruedas gigantes de los tractores. La goma golpeaba por todas partes con furia y era muy peligrosa”. Finalmente los rescató un remolcador alemán, y el naufragio fue noticia en los periódicos británicos y franceses, por el riesgo de que el vertido tóxico llegara a sus costas. La solución fue tajante, antiecológica y secreta. “Llegó una fragata francesa y hundió el barco de un cañonazo”, revela de un asunto que se tapó a la opinión pública para evitar un escándalo.

 Bianchi trabajó durante años como responsable de personal de su empresa, en un despacho en Madrid. En 1990 logró una de las pocas plazas de práctico del puerto de Málaga. Volvía a su tierra en un puesto que le permitía estar cerca de su familia después de haberse perdido muchos momentos importantes por su trabajo en el mar. “No pude ir al funeral de mi padre, ni a la boda de mi hermano”, recuerda aunque a la vez subraya que se siente “muy satisfecho” de su carrera como marino, tanto al frente de buques como en el puerto. “Aunque se los compara, el práctico no es como un controlador aéreo. Es un capitán que llega a asesorar al capitán de cada barco para la entrada en los puertos. Confían mucho en nosotros”, explica. Su responsabilidad también es enorme. “Un portacontenedores -él atracó en 2009 el Edith Maersk, el primer gigante de la clase E que entró en el muelle 9, con 171.000 toneladas de registro bruto y casi 400 metros de eslora- puede destruir un muelle y causar un daño multimillonario, y en los cruceros hay varios miles de personas a bordo que están en las manos del capitán”, destaca. Tampoco es un oficio exento de riesgos y penalidades, con largas guardias nocturnas y accidentes. Subir por una precaria escala en mitad de la noche y con marejada no es fácil, y abundan los golpes y caídas. Él mismo cayó a la mar de noche cuando se le vino abajo la escala de un barco turco, y tuvo la suerte de no golpear la pequeña barca de los prácticos.

 En estas dos décadas, Bianchi se ha convertido en una institución, en el alma del puerto de Málaga. Es muy querido por los capitanes. A todos los agasaja, cuando hacen escala, con una botella de vino de Málaga. “No hay vino que les guste más a los extranjeros, alguna vez les obsequié con un buen Jerez porque no pude encontrar el nuestro y me lo reprocharon”. En la tempestad del plan especial del puerto, del que lleva oyendo y leyendo estos últimos 20 años, prefiere no meterse mucho. Reconoce que no le gustan las palmeras del muelle 2 -“en Abu Dhabi están bien, pero es un crimen no aprovechar el clima subtropical de Málaga para plantar otras especies”-, aunque cree que la ciudad está siendo injusta con el proyecto. “El puerto ha sido muy generoso al ceder este espacio, pero no tiene dinero para hacer proyectos que podrían haber realizado otras instituciones. Así es normal que se ceda a empresarios y comerciantes, y que estos quieran abrir tiendas y restaurantes”. En lo que no tiene ninguna duda es en la estrategia de los cruceros: “El puerto de Málaga es ahora la envidia de muchos puertos por todos los cruceristas que llegan, y eso es gracias al aliado que tenemos en Granada y en la Alhambra”.

 Con dos hijos y ya abuelo, “camino del desguace”, bromea, sigue saliendo en su yate cada vez que tiene oportunidad. Un retiro de ensueño para una vida dedicada a la mar.

Artículo publicado en el diario Málaga Hoy (20 de Febrero de 2011)

“Después de Dios, el Capitán”

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de febrero de 2010 a las 7:43

Respondo a la pregunta un lector de este blog  (gracias por participar) que quería saber, entre otras cosas, qué hace el Capitán de un barco.

Y aunque esta pregunta podría contestarla yo, he preferido tirar de un buen amigo con 35 años de mar (ocho de ellos como Capitán) para que conteste.

Esto es lo que me escribe:

 ¿El Capitán? Bueno, el Capitán es a todos los efectos  la máxima autoridad a bordo y el representante del armador (Código de Comercio, Ley 27/1992 Puertos del Estado y Marina Mercante).

Se llega a Capitán proviniendo de la rama de cubierta. En la carrera hay tres especialidades, a saber: Cubierta, Máquina y Radio.

En Cubierta, se llega a primer oficial después de pasar por toda la escala (tercero, segundo y primero). Los tres oficiales hacen ocho horas de jornada (las guardias), con lo que quedan cubiertas las 24 horas que tiene un día. Esta jornada se divide en dos periodos separados ocho horas (aproximadamente). Por ejemplo, si el tercer oficial hace guardia de 00:00 a 04:00, ya entra de nuevo a las 12:00 hasta las 16:00. Almorzaría de 11:00 a 11:59.

El primer oficial es el encargado de todos los trabajos relacionados con la cubierta, que no son pocos: es el jefe de policía y la máxima autoridad en ausencia del Capitán. Y bueno, un buen día -porque ya te va tocando- el armador te pregunta si quieres ser Capitán; y uno, libremente acepta o no acepta.

¿El trabajo del Capitán? Bueno, es el encargado de meter y sacar el barco de puerto, responsable del mismo ante terceros, calcula la ruta del barco, los cambios de rumbos, estar en el puente en las recaladas de la ruta, en caso de niebla, replantear el viaje por malos tiempos, recibir a las autoridades en los puertos, coordinar con el consignatario los trabajos, proveer de dinero, contratar la toma de combustible y provisiones. En tres palabras, es difícil expresar el trabajo del Capitán. Los tres jefes de departamento: primer oficial, jefe de máquinas y oficial radio lo asesoran/aconsejan y él decide y es responsable por ello.

Para que lo veas más claro, si eres Capitán de un ferry, y este ferry hace varios viajes al día, pues estas trabajando desde una hora antes de la primera salida hasta finalizar la última maniobra. Cuando todo está listo y controlado (desembarco de pasaje y vehículos, etc.) y no hay novedad, puedes quedarte tranquilo e irte a descansar hasta el día siguiente. Eso si no hay niebla, pasajeros con problemas médicos, robos, peleas, una fuga de combustible, una parada de maquinas, un fallo del aire acondicionado o conatos de incendios, por decir algo.

A todo esto y para crearle al Capitán más estrés, están los teléfonos móviles y los correos electrónicos con los que andas liado las 24 horas con los “terrícolas”.

Resumiendo, una vida apasionante en lo que lo más importante y difícil es encontrar compañera para soportar semejante vida de locos.   

 Al respecto del grumete. El grumete como se le conoce en la literatura no existe en la actualidad; pero está el alumno  (con los cursos académicos correspondiente ya aprobados, efectuando prácticas) que en plan de broma hereda la palabreja.

José María Casares Barroso.

Capitán de la Marina Mercante.

Ante esto sólo haré un comentario. Siempre se ha dicho, en el mundo marítimo, que “A bordo, el Capitán es Dios”; o como dicen los ingleses, “Después de Dios, el Capitán”.

Y para terminar, un guiño humorístico.

Dos de los Capitanes más famosos de la historia (del cine y la televisión); uno bueno y otro malo.

Capitán Merril Stubing (Vacacioners en el Mar)

                                                                                                                                                                            Capitán Merril Stubing (Vacaciones en el Mar)

 

Capitán Ahab (Moby Dick)

                                                                                                                                                                                               Capitán Ahab (Moby Dick)

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