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Dos gemelos juntos

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de enero de 2014 a las 8:58

Entre los años 2011 y 2013, los astilleros surcoreanos Daewoo Shipbuilding & Marine Engineering construían por encargo de A. P. Moller-Maersk Group 16 buques portacontenedores. Formando parte de un grupo llamado Clase Lima (no está muy claro si esta denominación atiende a un especial homenaje a la capital del Perú o a que todos los barcos integrantes de esta serie llevan un nombre iniciado con la letra L), el primer buque de la serie, el Maersk Lima, comenzaba a trabajar en abril de 2011. Con 88.237 toneladas de registro bruto, 300 metros de eslora, 45 de manga y una capacidad de 8.700 Teus, los buques de esta clase operan por todo el mundo navegando en  diversas rutas comerciales.

Procedente de Miami y con destino al canal de Suez,  el 26 de junio de 2013 a las 13:00 horas, atracaba en la terminal de contenedores malagueña el buque Maersk Lamanai. Varias horas después, en concreto en la madrugada del día 27, el Maersk Lirquen, procedente del puerto brasileño de Santos y con destino a Algeciras, amarraba junto a su hermano de clase.

Abanderados ambos en Hong-Kong y efectuando sus respectivas primeras visitas a aguas malacitanas, la imagen  más destacada del jueves 27 de junio de 2013 en el puerto de Málaga se centró en estos dos gemelos realizando sus respectivas operativas de carga y descarga.

Y aunque en más de una ocasión, tanto en la terminal de contenedores como en el resto de los muelles malagueños, se han visto amarrados juntos a algunos buques de idéntica construcción, quizás, la coincidencia por unas horas de estos dos barcos de la Clase Lima de Maersk Line constituya una de las más significativas estancias de buques gemelos en aguas malacitanas en los últimos años.

Maersk Linquen y Maersk Lamanai 27-VI-134MAERSK LAMANAI y MAERSK LIRQUEN en la terminal de contenedores.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (21 de enero de 2014).

Contenedores…sí

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de junio de 2011 a las 8:48

Sin entrar en consideraciones al respecto de si la gestión ha sido o no la correcta, y dejando a un lado determinadas actitudes de euforia e incluso altanería que la terminal de contenedores tenía cuando todo iba bien, lo que sí está claro, y esta es la triste realidad, es que la marcha de Maersk Line constituye una verdadera catástrofe para el puerto de Málaga.

Con el tráfico de graneles sumido en un profundísimo coma del que será muy complicado salir; y  ahora, sin contenedores, el puerto malagueño se queda sólo con el exitoso movimiento de buques de crucero, amén de algún que otro goteo vario y las líneas regulares de pasaje y carga que enlazan  Málaga con Ceuta y Melilla.

Y aunque los que trabajan y conocen el sector marítimo-portuario lo saben (y lo saben muy bien), hoy, desde esta columna, me permito recordar; especialmente a todos aquellos que de una u otra forma han criticado, desde el más absoluto desconocimiento, que las grúas de contenedores afeaban el Skyline malagueño o que los polvos de los graneles ensuciaban sus ventanas y balcones, que Málaga, es lo que es gracias al puerto.

Parcelar en exclusividad el negocio marítimo malagueño a los buques de crucero, sería, sin lugar a dudas, un  grandísimo error.  Y aunque esto lo saben muy bien los gestores del puerto, y el hecho de que ahora sólo nos queden los turistas, únicamente atiende a que los graneles no levantan cabeza y los contenedores se han marchado, Málaga, cuanto antes, debe recuperar y consolidar alguno de estos dos tráficos, si no lo dos.

Teniendo esto en cuenta; y teniendo en cuenta también que el movimiento de contenedores constituye la base fundamental del transporte moderno de mercancías por mar, Málaga, si quiere mantenerse medianamente a flote y subsistir como puerto, tiene la imperiosa necesidad que volver a traer containeros.

Dejándonos de tonterías y hablando de forma clara, lo que deja dinero, dar de comer a muchas familias y genera negocio, son los barcos que cargan y descargan; y si además, hay buques de crucero (tenemos ya el mercado hecho y unas instalaciones inmejorables), mucho mejor.

Con la esperanza de ver muy pronto el muelle número nueve otra vez repleto de buques portacontenedores, y la bahía malagueña con barcos a la espera de operar bajo esas cinco grandes grúas que tanto afean el panorama pero que significan trabajo, permítanme que desde esta columna diga: contenedores sí; y cuantos más, mejor.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (14 de Junio de 2011).