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Pinchados

Juan Carlos Cilveti Puche | 26 de enero de 2021 a las 10:56

Aunque en más de una ocasión les he contado curiosidades sobre el argot que se usa a bordo de los barcos, hoy, abundando sobre el tema les reseñaré una expresión muy propia de los remolcadores. Teniendo la misión en puerto de ayudar en las maniobras atraque y desatraque, los remolcadores, además de tirar de los barcos los empujan; una circunstancia esta que me lleva a la expresión que les quiero referir.  Y así, cuando un remolcador está apoyado en el buque sobre el que está maniobrando se dice que está “pinchado”; una acción que le permite aplicar su potencia de empuje para posicionar a los barcos en su correcto lugar de atraque.

Realizando siempre estas actuaciones manteniendo un cabo de remolque, los empujes sobre el buque que se está moviendo requieren de una precisión milimétrica; unos trabajos que puede mantener a los remolcadores pinchados al casco de un barco durante bastantes minutos.

Ante este hecho, y dejando a un lado algunas maniobras interminables que mantienen a los remolcadores pegados durante demasiado tiempo, el estar pinchado, en determinadas ocasiones ha solventado algunas situaciones de emergencia. En octubre de 2006, el buque de crucero Boudicca llegaba a Málaga con un fuerte temporal. Atracado en el pantalán de levante, el viento que le azotaba comenzó a romper los cabos de amarre a tierra, y los remolcadores Diheciseis y Dihecisite tuvieron que pincharse y empujar a este barco de turistas durante varias horas.  Unos años más tarde, en concreto en abril de 2009, la fragata inglesa St. Albans F-83, amarrada en el muelle de levante y golpeada por fuertes rachas de viento, demandó de urgencia la presencia del remolcador Diheciocho que, con el añadido del oleaje residual que entraba por la bocana, durante algo más de una hora se pinchó al buque de guerra mientras se reforzaban sus cabos de amarre.

Una acción que se puede ver a diario en aguas malagueñas; una expresión propia de los remolcadores a la que volveré en otra ocasión para contarles la historia de aquel cocinero que, a bordo de su barco, ofreció unas manzanas a la tripulación de unos de los remolcadores mientras, pinchados, esperaban terminar el atraque de aquel buque en el muelle siete.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARemolcador pinchado a un buque portacontenedores.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 26 de enero de 2021.

Golpes

Juan Carlos Cilveti Puche | 12 de abril de 2011 a las 8:51

Si hubiera que hacer una clasificación de los muelles malagueños más golpeados por barcos durante maniobras de atraque o desatraque, sin duda alguna, el primero que encabezaría esta lista sería el muelle de Heredia; o si lo prefieren, el número cuatro.

Y aunque la historia de los impactos sobre este muelle podría remontarse al  mismo día en  que se inauguraba (por otra parte es lógico al tratarse de una de las línea de atraque que más tráfico soporta), hoy les contaré uno de los más significativos incidentes ocurridos  en este muelle en los últimos años.

A punto de ser sustituido en la titularidad de su línea, el ferry Ciudad de Sevilla, sufría una importante avería de máquina en septiembre de 2006. Tras llegar renqueante a nuestro puerto el sábado día dos (este sería el último viaje que realizaría en la ruta Málaga-Melilla), este veterano buque, pasaba de su habitual muelle de atraque al número seis. Después de efectuar varios cambios de muelle en días sucesivos, finalmente, el  Ciudad de Sevilla quedaba amarrado en el muelle de Heredia.

Una vez reparada la avería, el 16 de septiembre, el aun Melillero titular, salía  para hacer  pruebas de mar. Cuatro días más tarde, nuevamente repetía las pruebas; aunque en esta ocasión, regresaba auxiliado por el remolcador Diheciseis. En aquella maniobra, el Ciudad de Sevilla golpeaba  levemente contra el cantil del muelle de Heredia, y tres norayes se veían dañados por el impacto.

El 23 de septiembre de 2006, tras ser relevado oficialmente en la  titularidad de la línea Málaga-Melilla, el Ciudad de Sevilla dejaba nuestro puerto para siempre; y en el muelle número cuatro,  se reparaban los desperfectos producidos por  aquel incidente.

Ciudad de Sevilla blog

CIUDAD DE SEVILLA saliendo de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (12 de Abril de 2011).

De Málaga a Egipto.

Juan Carlos Cilveti Puche | 17 de agosto de 2010 a las 9:19

Los remolcadores Dihecisiete y Vehintiuno cambian de nombre y bandera e inician un largo viaje desde Málaga al puerto egipcio de Sokhna donde operarán con todo tipo de buques.

La llegada del Honce en mayo de 2002 iniciaba una nueva etapa en la historia de los remolcadores de Málaga. Con infinidad de maniobras realizadas a todo tipo de barcos, amén de algunos salvamentos en alta mar, los viejos  Torre del Mar, Torre Vigia, Marbella y Fuengirola, culminaban apenas un par de años después, una muy prolongada vida de trabajo en el puerto de Málaga.

Tras el Honce, llegó el Quihnce, y posteriormente los Diheciseis, Dihecisiete, Diheciocho, Vehinte y Vehintiuno;  los modernos buques de “La clase H” (todos ellos con una peculiar particularidad ortográfica en su nombre), que desde entonces conforman la actual flota de remolcadores del puerto de nuestra ciudad.

Pero independientemente de esta especial característica,  los barcos del Grupo Remolques Unidos, además de ser una de las principales referencias en nuestro país al respecto de este tipo de buques tanto en su construcción como en su gestión, participan de una política muy singular e innovadora. Basados en Santander y Málaga, estos buques, tras operar un tiempo en alguno de estos puertos (habitualmente suelen trabajar en ellos no más de dos años), son vendidos a armadores que necesitan remolcadores nuevos capaces de realizar maniobras de puerto, remolques de altura, salvamentos, lucha anticontaminación u otras operaciones auxiliares dentro de este campo de actuaciones.

Y aunque hasta la fecha, estos barcos; en concreto los que aquí trabajaban, regresaban a Santander para ser vendidos, el pasado mes de julio, vio por primera vez cómo dos buques de “La clase H” eran cambiados de nombre y bandera en el puerto de nuestra ciudad.

Vendidos a P&O Maritime Services (Singapur) Pte. Ltd., un importante grupo internacional dedicado a la gestión portuaria, los remolcadores Dihecisiete y Vehintiuno, durante varias semanas se han preparado para realizar un largo viaje de posicionamiento que los llevará al puerto egipcio de Sokhna; un puerto de reciente construcción en el golfo de Suez donde realizarán sus servicios.

Y así, en la mañana del 22 de julio, los cascos de los dos remolcadores vendidos comenzaban a mostrar sus nuevas identidades. El Dihecisiete, que había operado en Málaga entre los años 2005 y 2008, y que regresaba al puerto malagueño el 19 de julio del presente, se renombraba como Ahmose; mientras que el Vehintiuno, que sin haber realizado ninguna maniobra en nuestras aguas permanecía atracado en el muelle número uno desde el seis de marzo de este  mismo año,  se rebautizaba como Ramses.

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Un marinero pinta en la popa del VEHINTIUNO su nuevo nombre.

Ya con sus nuevos nombres (ambos nombres de faraones egipcios), su nuevo puerto de registro: Kingstown (San Vicente y las Granadinas), y luciendo la contraseña de su nuevo armador, los dos remolcadores ultimaban los preparativos para acometer un largo viaje de posicionamiento.

Con la particularidad de que uno de estos buques remolcará al otro, el viernes 30 de julio, pasadas las once de la mañana, se iniciaba la maniobra de salida. Tras desatracar, ambos buques se situaban en la mediación de la dársena de Guadiaro; y allí, el Ramses, después de fijar la cadena de remolque, comenzaba a tirar de su hermano.

Un largo viaje que, tras escalar en Port Said, llevará a estos dos remolcadores, que durante un tiempo fueron malagueños, a un lejano puerto de Egipto.

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Los dos remolcadores salen del puerto de Málaga el 30 de julio con destino a Egipto.

Artículo “LA MAR DE HISTORIAS” publicado en la página Marítimas (17 de Agosto de 2010).

Una tradición que perdura

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de julio de 2010 a las 8:29

Una de las escasas tradiciones que aun se mantiene viva el día en el que se procesiona a la Virgen del Carmen por las aguas de nuestro puerto, es la que realizan los remolcadores. Independientemente de que estos buques se engalanen el 16 de Julio, amén de hacerlo igualmente en la jornada en la se celebra la procesión, los remolcadores de Málaga, año tras año, participan de una muy entrañable fiesta con familiares y amigos en honor de su patrona.

Con todo esto; y teniendo en cuenta que los remolcadores están operativos las 24 horas del día los 365 días del año, y que el tráfico no suele respetar fiestas o celebraciones, en más de una ocasión, estos barcos han tenido que atender alguna maniobra momentos antes o después de la procesión marítima.

El 17 de julio de 2005, el remolcador Diheciseis fue el encargado de pasear a la patrona por las aguas malagueñas. Acompañado de su gemelo el Quihnce y de multitud de pequeñas embarcaciones, pasadas las seis y media de la tarde se iniciaba la procesión. Dos horas más tarde, justo después de desembarcar a la Virgen en el muelle número dos, los remolcadores recibían el aviso de una maniobra. El portacontenedores Maersk Missoui, que había llegado de madrugada, adelantaba su salida.

A toda prisa; y ya en su atraque habitual, las tripulaciones de los remolcadores, mientras los invitados bajaban a tierra, comenzaban a desmantelar todos y cada uno de los adornos con los que estos dos buques habían sido engalanados para la procesión.  

Una vez finalizada la maniobra, a bordo del Diheciseis se volvía a repetir la tradición; una de las pocas tradiciones que perduran el día en que se procesiona la Virgen del Carmen en el puerto de nuestra ciudad.

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Remolcadores maniobrando con el Maersk Missouri el 17 de julio de 2005.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (20 de Julio de 2010).