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La tragedia de Ramón Morelo

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de septiembre de 2014 a las 8:42

Una semana después haber cumplido 20 años,  corría 1921, Ramón Morelo llegaba a Málaga procedente de una pequeña aldea de su Galicia natal. Con la esperanza de poder instalarse con su esposa lo antes posible, Ramón, que se había casado días antes emprender su viaje, acudió a los muelles malagueños en busca de trabajo.

Después de malvivir durante varios meses, un marinero gallego de la Compañía Trasmediterránea consiguió que nuestro protagonista embarcara en el buque A. Lazaro para cubrir eventualmente una  plaza de fogonero. Con su primer sueldo, en septiembre de 1921, Ramón pagó el viaje desde Galicia a Málaga de su esposa. Tras permanecer escondida en el barco varias semanas (por aquellos años no era nada extraño que algunas mujeres de la marinería vivieran de una forma ilegal en los buques donde trabajaban sus maridos), finalmente la familia Morelo consiguió alquilar una vivienda en un corralón de Capuchinos.

Ya con un techo y con un trabajo fijo, Ramón y Agustina, que así se llamaba la joven esposa  de nuestro protagonista, tuvieron su primer hijo. Tras éste, y mientras Ramón seguían navegando en el A. Lazaro, la familia creció, y a finales de 1925 nacía el cuarto vástago de la pareja.

En febrero de 1926, el corralón donde vivía la familia Morelo sufrió un importante incendio. En el siniestro, perdían la vida Agustina y sus cuatro hijos: tres niños y una niña de apenas unos meses. Al día siguiente del accidente, cuando el Melillero llegó a Málaga, Ramón conoció la trágica noticia. Después de celebrarse el entierro que corrió a cargo de la Trasmediterránea, Ramón Morelo pidió un nuevo destino en un lugar lo más alejado posible de donde había perdido a su toda familia.

Antonio Lázaro antg bnVapor A. LAZARO donde navegó Morelo durante sus años en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 9 de septiembre de 2014.

El ‘María del Pilar’

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de noviembre de 2012 a las 12:47

Muchos de los barcos que atracan en puerto, como norma de seguridad, además de colocar los cabos amarrados a tierra, tienden uno o dos por su costado libre. Esta medida que es obligatoria en los buques que transportan mercancías peligrosas, sirve para que, en un caso de emergencia, un remolcador pueda tirar de ellos y así queden separados del muelle.

A principios del siglo XX, una balandra de dos palos llamada María del Pilar, frecuentaba el puerto malagueño realizando navegaciones de cabotaje. Transportando todo tipo de mercancías, este barco, era propiedad de un comerciante de origen catalán apellidado Nogués.

El María del Pilar, que navegaba con una docena de tripulantes, llevaba siempre a bordo a José, uno de los hijos de su armador que controlaba las operaciones que se realizaban fuera de Málaga.

En Septiembre de 1902, el María del Pilar llegaba al puerto malagueño procedente de Tánger. Con un variado cargamento, en aquella ocasión, en vez de quedar fondeado en la dársena de Guadiaro como era habitual en este tipo de barcos, la balandra atracaba en el muelle número dos.

Mientras se descargaba el barco (al parecer esto ocurría el domingo 21 de septiembre), a bordo el María del Pilar se producía un incendio. Ante la imposibilidad de ser sofocado, José Nogués  junto al capitán, ordenaban el abandono del buque. Mientras ambos cortaban los cabos de amarre, desde tierra y con unos remos, la tripulación intentaba separar a la balandra del muelle que, pasto de las llamas, se hundía varias horas después.

Si por aquellos años hubiera existido la costumbre usar cabos exteriores de emergencia, tal vez el María del Pilar no se hubiera hundido pegado al muelle del Marqués de Guadiaro.

Cabo de seguridad en un barco atracado en el puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (27 de Noviembre de 2012).

Recomendaciones 2º

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de enero de 2011 a las 21:05

Aunque hace tiempo que no les hago una de mis recomendaciones marítimas, hoy retomo el asunto para aconsejarles un interesante libro.

Si les gustan los libros basados en hechos reales, por favor, busquen EL EXTRAÑO DESTINO DEL MORRO CASTLE.

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Esta obra, narra el fatídico incidente del trasatlántico MORRO CASTLE; un barco que allá por los años treinta cubría la línea entre Nueva York y la Habana.

Tras  zarpar el 5 de septiembre de 1934 del puerto de la Habana, tres días más tarde, se producía un incendio a bordo que terminaba con la vida de este vistoso trasatlántico de dos chimeneas.

Una trágica historia que le costó la vida a 135 pasajeros y a gran parte de la tripulación de este buque, y que constituye uno de los más significativos accidentes marítimos (en barcos de pasaje) del siglo XX.

Aunque el libro está descatalogado,  seguro que podrán encontrarlo vía internet en diferentes librerías.

EL EXTRAÑO DESTINO DEL MORRO CASTLE.

Thomas Gordon y Max Morgan Witts.

Plaza & Janés 1982. Barcelona.

Rústica. 22×15 270 páginas. Fotos.

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Les dejo un curioso video con la canción “El desastre del Morro Castle”.

http://www.youtube.com/watch?v=7M8a2aHg-ck

Otro accidente en la mar

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de octubre de 2010 a las 18:11

El pasado viernes día ocho, se incendiaba en aguas del Mar Báltico el ferry de bandera lituana LISCO GLORIA.

Este buque, operado por la compañía DFDS Seaways, navegaba entre Kiel y Klaipeda, cuando por motivos aún desconocidos se producía una explosión (al parecer en uno de los camiones que transportaba) que produjo un importante incendio.

Tras ser evacuados los pasajeros y  la tripulación, se comenzaron las tareas de extinción del fuego.

Aquí les dejo un video en la que se aprecia cómo varios buques luchan contra el incendio del ferry.

http://www.youtube.com/watch?v=MYDinglJuKQ&feature=related

Histórico Lunes Santo con accidente

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de marzo de 2010 a las 8:15

El año 1921 marca un importante hito para la Semana Santa de Málaga. Tras constituirse en enero la Agrupación de Cofradías, la Semana de Pasión de aquel año arrancaba con un nuevo aliciente; algo que según los expertos, supuso una verdadera revolución en el mundo cofrade.

Y mientras todo esto ocurría, el puerto de nuestra ciudad vivía una de las etapas más activas y febriles de su historia moderna. Con tráficos que enlazaban nuestros muelles con puertos de los cinco continentes, aquellos significativos días de marzo, además de constituir una fecha histórica para Semana Santa malagueña, también tuvieron su importancia, y mucha, en el ámbito portuario de la ciudad.

Con los muelles casi al completo de ocupación, el lunes 21 de marzo (Lunes Santo), la ciudad se estremecía ante un terrible accidente en el puerto.

El pailebote de tres palos Nati, que desde hacía unos días se encontraba atracado en el muelle transversal, y que en esa jornada, había completado una carga de barriles de gasolina y petróleo destinados a Santander, explotaba y se incendiaba pasadas las ocho y cuarto de la tarde.

Tras la fuerte explosión que arrojó al capitán y a un marinero al muelle, el barco comenzó a incendiarse por su banda de estribor; un fuego que obligó al grumete de 14 años a tirarse al agua, mientras una espesa columna de humo marcaba en el cielo malagueño el lugar del accidente.

Al instante, varios obreros portuarios y  carabineros acudían en auxilio del Nati; mientras las campanas de la Catedral, comenzaban a tocar avisando del incidente. Muchos de los malagueños que se encontraban en los alrededores del puerto para ver los desfiles procesionales, al reclamo del aviso sonoro, entraban al recinto portuario para ver lo que ocurría.

Con el barco sensiblemente escorado y ardiendo, y con tres tripulantes del Nati heridos de gravedad tumbados sobre el muelle (además de los que resultaron despedidos por la fuerte explosión, otro marinero pudo salir del buque por su propio pie), al lugar de los hechos, comenzaron a acudir diversos grupos de auxilio. Un retén de bomberos iniciaba las labores de extinción del fuego, mientras que un piquete de la Guardia Civil y efectivos de la Cruz Roja coordinaban la evacuación de los heridos.

Mientras todo esto ocurría; y quizás, ésta sea la nota más simpática de aquella triste tarde noche portuaria, un buen número de bomberos que se encontraban listos para desplazarse desde el Ayuntamiento a la iglesia de los Mártires donde debían participar en una procesión, fueron avisados. Vestidos con sus uniformes de gala, estos bomberos acudieron para combatir el peligroso incendio del Nati.

Con los heridos ya en la casa de socorro del Hospital Noble, y con los bomberos luchando contra el fuego del pailebote, al muelle transversal, llegaban para recibir información el alcalde, el gobernador civil, el comandante de Marina y  el comisario jefe de Policía.

Tras algo menos de cuatro horas luchando contra el fuego, finalmente, a las doce de la noche, los bomberos daban por concluida su actuación sobre el Nati; una actuación que debieron retomar al día siguiente cuando una nueva explosión terminaba de hundir al velero matriculado en San Sebastián.

Aquel accidente de marzo de 1921 se saldó con tres marinos heridos y ocho bomberos lesionados (todos con quemaduras de diversa consideración), un barco hundido y 230.000 pesetas, el valor de la carga incendiada, perdidas.

Un importante suceso portuario ocurrido en una Semana Santa histórica.

Nati blog

                                                                                                                                                                 Foto del incidente reproducida de un diario de la época

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (30 de Marzo de 2010)