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Coincidencias crucerísticas

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de noviembre de 2018 a las 10:44

Hoy comenzaré aludiendo a mi buen amigo Pedro; un hombre vinculado desde hace décadas al mundo de la vela y curtido en mil y una batallas en la mar. Propietario de un precioso velero de 12,9 metros amarrado en el muelle número uno en el que he tenido la suerte de navegar (aunque no todo lo que me hubiera gustado), en los últimos meses, Pedro me pregunta con mucho interés sobre los atraques crucerísticos en Málaga.

Y aunque en determinados asuntos relacionados con la industria de los barcos turísticos en el puerto malacitano soy algo crítico (siempre hay cosas que se pueden mejorar), las respuestas que de forma continuada doy a Pedro atienden a lo que de exitosa tiene la labor crucerística que desde hace años se está realizando en las aguas malagueñas.

Alcanzado hace unos días el histórico hito que convierte a octubre de 2018 en el mes en el que más escalas se han realizado y  más buques de cruceros han visitado Málaga, la buena marcha de este mercado también se podría medir por otra serie de factores; unos parámetros muy variados que convierten  al puerto malagueño en un  significativo punto de atraque.

Uno de estos factores de los que les hablo, haría referencia a la posibilidad de que dos buques de una misma naviera coincidan un mismo día en puerto; una circunstancia que explica la importancia del lugar de escala donde concurren en una jornada barcos de una misma compañía realizando diferentes rutas crucerísticas.

Al hilo de esto, el pasado cuatro de noviembre el Puerto anunció la llegada conjunta de los veleros Sea Cloud y Sea Cloud II, dos buques que ya habían coincidido en aguas malacitanas en abril de 2016. Este ejemplo, que ratifica muy a las claras lo que de importante tiene Málaga para la industria crucerística se ha repetido en lo que llevamos de 2018 en otras tres ocasiones; unos atraques que en mayo hicieron coincidir a los buques Silver Muse y Silver Spirit (considerados como los más lujosos del mundo),  en octubre a los gemelos Costa Pacifica y Costa Favolosa y tan sólo hace unos días al Marella Discovery y Marella Celebration. Tres coincidencias que, sin ser anunciadas, dibujan el éxito crucerístico que vive el puerto malagueño.

Silver Muse y Silver Spirit 17-V-2018SILVER MUSE y SILVER SPIRIT atracados en el puerto de Málaga el pasado mes de mayo.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 13 de noviembre de 2018.

Málaga-Tánger

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de noviembre de 2017 a las 9:48

En lo que llevamos de año, la Autoridad Portuaria ya ha anunciado en dos ocasiones el proyecto de una línea regular que enlazaría el puerto malagueño con el de Tánger. Si especificar si se trataría de una ruta fundamentalmente turística realizada por un buque de crucero o un itinerario con pasaje y carga que correría a cargo de un ferry (en este caso se podría hablar de un cruise-ferry), la idea, muy interesante por otra parte, me hace recordar las dos historias de los buques que en el pasado enlazaron las aguas malagueñas con la tangerinas.

El diciembre de 1964, Trasmediterránea apostaba por esta ruta posicionando en ella al transbordador Victoria, un buque que además de pasajeros y carga rodada podía embarcar vagones de ferrocarril. Incluso con aquella novedad, la primera línea regular malagueña con Tánger, que atendió más, todo sea dicho, a fines políticos que a los puramente marítimos, en muy poco tiempo se fue diluyendo, quedando totalmente desaparecida antes de que finalizara la década de los años sesenta.

Y aunque los resultados de la línea de Trasmediterránea no fueron buenos, en julio de 1966, la compañía Hispano-Marroquí Limadet Ferry posicionaba en la ruta al Ibn Batouta; un buque que fue construido ex profeso para cumplimentar el recorrido marítimo entre Málaga y Tánger.

Con una gran aceptación, aquel barco pintado de amarillo que fue apodado por su puntualidad como “el reloj del Estrecho”, navegó en esta línea hasta septiembre de 1980, momento en el que las comunicaciones marítimas entre Málaga y Tánger dejaron de existir.

Ahora, muchos años después de aquellas dos experiencia, la Autoridad Portuaria vuelve a interesarse por esta  interesante e histórica ruta.

Ibn BatoutaIBN BATOUTA, el último ferry que cubrió la línea regular Málaga-Tánger.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de noviembre de 2017.

El primer temporal

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de febrero de 2017 a las 9:57

Desde que existe una conexión marítima con Melilla, las cancelaciones puntuales o los viajes en condiciones de navegabilidad casi imposibles, han sido una constante en esta ruta. Teniendo en cuenta las muy especiales condiciones meteorológicas del mar de Alborán, la historia náutica de Málaga y  Melilla está repleta de temporales y barcos  que se enfrentaron   en épicas batallas contra el viento y las olas.

El lunes 19 de diciembre de 2016, la naviera de origen valenciano-balear Baleària se posicionaba en el puerto malacitano para cubrir una línea con Melilla. En libre competencia con Trasmediterránea, que este año cumplirá los cien años en la ruta del mar de Alborán, Baleária comenzaba sus viajes con un ferry rápido; una singular circunstancia que se suma al histórico hecho de que dos compañías operen en esta línea.

Y como al final, más tarde o temprano tenía que llegar, hace unos días, Baleària se enfrentaba a su primer temporal. Con la imposibilidad de salir a la mar, el barco de esta naviera, al igual que el de la competencia, anulaba su entrada malagueña en la tarde del 20 de febrero. Tras esta decisión, y  aún con el mar de Alborán muy enfadado, al día siguiente,  mientras Trasmediterránea cancelaba, el ferry rápido de Baleària decidía salir, y el habitual viaje de cinco horas se convertía en una  larga odisea de ocho.

Y aunque esto que les he contado no es nada extraño, lo más curioso de esta historia es que una compañía decidiera navegar con mal tiempo y  la otra no; una circunstancia que evidencia una clara competencia y en la que los pasajeros de Baleària que vivieron esta experiencia, fueron testigos de cómo esta naviera se estrenaba en un temporal en la ruta de Alborán.

Nissos Chios BaleariaFerry rápido de Baleària que sufrió su primer temporal el 21 de febrero.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de febrero de 2017.

Sucesos Marítimos

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de febrero de 2017 a las 10:22

Hoy les hablaré de un libro bastante desconocido escrito por un ilustre malagueño que, al menos aquí en su tierra, aun no ha sido suficientemente distinguido. Me refiero a la obra titulada: Sucesos marítimos ocurridos en la costa de la provincia de Málaga; un pequeño volumen de algo menos de cincuenta páginas donde Guillermo Rittwagen desgrana diferentes acontecimientos históricos relacionados con el mundo de la mar y los barcos.

Editado en Madrid en 1915 por la imprenta del Ministerio de Marina, este libro que se subtitula como una colección de efemérides navales, de una forma indirecta y con la particularidad de tratar asuntos malacitanos, muestra unas muy claras influencias de dos de los más significativos tratados publicados sobre la historia marítima española; dos voluminosas obras: Disquisiciones Náuticas y Armada Española desde los reinos de Castilla y Aragón escritas por el capitán de navío Cesáreo Fernández Duro entre los años 1874 y 1903.

Iniciada esta apasionante sucesión de hechos con la descripción de un combate naval ocurrido en 1279, Guillermo Rittwagen, que curiosamente se estrenó en la escritura  como redactor en el diario malagueño El Último publicando noticias sobre los barcos y los pasajeros que llegaban al puerto, dibuja en sus notas una larga e intensa historia marítima que culmina con una pequeña referencia a la marina mercante malagueña en los primeros años del siglo XX.

Un excelente libro que sin haber sido reeditado desde su primera publicación hace ya algo más de cien años, merecería poder volver a estar entre las manos de los malagueños; una circunstancia que serviría para acercarnos más a nuestra importante y muy desconocida historia marítima.

escanear0001Portada del libro SUCESOS MARÍTIMOS.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de febrero de 2017.

Otro MALAGA

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de agosto de 2016 a las 10:01

Desde hace muchos años mantengo una investigación en busca de barcos que hayan llevado  el nombre Málaga. Teniendo como punto de partida al petrolero que bajo la contraseña de la naviera española Marflet navegó mostrando el nombre de nuestra ciudad entre  1969 y 1983, una casualidad propia de los que andamos metidos entre documentos marítimos, me trajo hace unos días  una nueva referencia de otro Málaga.

Fabricado en los astilleros Thor Iron Works de Toronto por encargo del ministerio de marina canadiense, en junio de 1918 se completaba la construcción de un buque que comenzaba su vida de mar bajo la denominación TR 13. Con 271 toneladas de registro bruto, 38 metros de eslora y una máquina de vapor de 370 caballos, este barco diseñado como un pesquero de arrastre, con la posibilidad de ser usado como patrullero, cumplía su primera misión en 1920 remolcando una serie de barcazas por el Canal de Caledonia.

Parado sin actividad hasta 1926, la compañía Boston Deep Sea Fishing & Ice Co. Ltd. se hacía cargo del vapor rebautizándolo como Malaga GY 393. Matriculado en el puerto inglés de Grimsby, este barco comenzaba a navegar como pesquero de arrastre por el Norte de las islas británicas. Tras sufrir un hundimiento parcial en 1933 y ser reflotado, ese mismo año el Malaga era fletado por el gobierno de Italia para servir de apoyo a una serie de vuelos transoceánicos que le llevaron al puerto canadiense de San Juan de Terranova.

De regreso a aguas británicas, el protagonista de nuestra historia de hoy, desaparecía en octubre de 1935 con doce tripulantes a bordo en las costas de Irlanda del Norte; un hundimiento que fue precedido por el anuncio por radio de la pesca de 30 cajas de merluza.

Malaga GY393-01Imagen del pesquero MALAGA GY393.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 16 de agosto de 2016.

Gaona y el mar

Juan Carlos Cilveti Puche | 17 de noviembre de 2015 a las 8:14

Los asiduos a esta columna, seguro que recordarán que en varias ocasiones he escrito sobre el Real Colegio Náutico de San Telmo de Málaga. Hoy, retomo el tema para contarles la excelente iniciativa que han tenido un grupo de profesores del instituto Vicente Espinel al organizar una colosal exposición denominada “Gaona y el mar. El Real Colegio Náutico de San Telmo y las enseñanzas de náutica en el instituto de Málaga”; una muy interesante muestra de lo que fue el colegio de pilotos malacitano entre los años 1787 y 1847, amén de su posterior conversión en escuela de náutica hasta su desaparición en 1923.

Con el especial atractivo de poder ver la corbeta didáctica San Telmo, el barco que los estudiantes de las artes de la mar usaban para aprender las maniobras (la verdadera joya de historia marítima malagueña), la exposición, nos enseña un buen número de documentos de aquel ilustrado colegio de marinos; una escuela en la que se formaron cerca de 600 colegiales que desde Málaga navegaron por todo el mundo.

Completada esta exposición con una serie de charlas y mesas redondas, “Gaona y el mar” ha recuperado la memoria olvidada de la institución marítima más importante que Málaga ha tenido en su historia, una circunstancia que no habría sido posible sin el apasionamiento y la rigurosidad de los profesores Víctor Heredia, Rafael Maldonado y Francisco Pareja, amén de todo el claustro y, por qué no decirlo, de los alumnos del instituto Vicente Espinel.

Un muy acertado y recomendable evento que se prolongará hasta principios del próximo mes, y que permitirá conocer a todo el que se acerque al aula de náutica de Gaona un trozo, quizás el más destacado, de la amplísima historia marítima de Málaga.

2015-11-11 10.08.43Aula de náutica del Instituto Vicente Espinel.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 17 de noviembre de 2015.

Detalles del pasado

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de noviembre de 2014 a las 9:00

La abundante presencia de diferentes buques de vela atracados en aguas malacitanas durante las últimas semanas, nos ha permitido ver un buen número de detalles náuticos propios de los años en los que todo lo que se movía por mar se hacía gracias al impulso del viento.

Y aunque las estancias de estos veleros han dado para mucho, hoy les hablaré de tres curiosas circunstancias que siglos atrás constituían algo fundamental en el día a día de estos barcos.

Tras permanecer algo más de dos semanas atracada en el muelle número dos, en la tarde del viernes 7 de noviembre, la goleta sueca de tres mástiles Alva daba por finalizada su estancia malacitana. Remolcado por una lancha neumática con motor fueraborda, este barco construido en 1939, realizaba la misma maniobra para separarse de su atraque que siglos atrás hacían la totalidad los buques de vela. La única diferencia destacable, es que esté remolque se ejecutaba antaño con uno o varios botes propulsados a remo.

Durante su estancia malagueña amarrado en el pantalán de Levante, el buque escuela de la marina de guerra alemana Gorch Fock ha soltado y aferrando la totalidad de sus velas en un buen número de ocasiones. Realizando diferentes ejercicios para adiestrar a sus cadetes, este barco, a la vez que cumplimentaba esta maniobra mostraba una vieja costumbre del pasado denominada airear el trapo.  Con el objeto de mantener en buen estado todas sus velas, el Gorch Fock, finalizados los ejercicios mantenía desplegada toda su superficie vélica, una ejecución que curiosamente también realizó  hace unos días el moderno velero turístico Wind Surf cuando mostró mientras permanecía atracado en el muelle dos todas sus tecnológicas velas de cuchillo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAVelero turístico WIND SURF aireando el trapo en el muelle dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 25 de noviembre de 2014.

El final de Casa Santiaga

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de noviembre de 2014 a las 11:34

Los asiduos a esta columna, seguro que recordarán la historia que les narraba hace unas semanas sobre Santiaga Robles, la propietaria de la pensión Casa Santiaga situada en el número ocho de la calle Méndez Núñez. Lo que hoy les contaré, constituye el triste final de aquella casa de huéspedes que reunió durante algo menos de una década a los más selectos pasajeros y tripulantes que llegaban o salían de Málaga por mar.

A principios de 1918, pocos meses después de que Casa Santiaga abriera sus puertas,  el consignatario que representaba en el puerto malagueño a la Compañía Trasatlántica Española,  un buen amigo del difunto marido de Santiaga, comenzó a recomendar esta pensión. Debido a que en Málaga los vapores de esta naviera hacían frecuentes cambios de tripulantes, muy pronto, la casa de huéspedes de esta viuda gallega se convirtió en el alojamiento habitual  de los oficiales en tránsito de esta compañía. Aquel hecho, en no demasiado tiempo, también atrajo a  muchos viajeros, especialmente de primera clase, que por cualquier circunstancia debían hacer noche en Málaga.

Pero además de hospedar a selectos pasajeros y tripulantes, en Casa Santiaga, los primeros jueves de cada mes se celebraban reuniones sociales; unos muy especiales encuentros donde los naipes eran los principales protagonistas. Tras una acalorada discusión en el transcurso de una timba, esto ocurría en agosto de 1925, uno de los jugadores recibía una puñalada por  parte de uno de sus compañeros de partida. Aquel luctuoso suceso echó por tierra la muy buena reputación de Casa Santiaga, una selecta pensión nada parecida a las habituales en los círculos portuarios  malacitanos que cerraba sus puertas en enero de 1926.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACalle Méndez Núñez donde estuvo ubicada la pensión Casa Santiaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 18 de noviembre de 2014.

Casa Santiaga

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de octubre de 2014 a las 11:41

Hoy les contaré la historia de Santiaga Robles, una gallega que durante algo menos de una década fue una de las féminas más conocidas en el ambiente portuario malacitano. Natural de Pontevedra, en 1912, nuestra protagonista se casaba en aquella localidad con  Luís Domínguez, un pequeño empresario malagueño que comerciaba en el Norte de España con productos llegados de ultramar.

Afincada definitivamente en Málaga un año después de sus nupcias, Santiaga comenzó a vivir en el segundo izquierda del número ocho de la calle Méndez Núñez; un enorme caserón de diez habitaciones que su esposo había comprado meses antes de su boda.

Tras una feliz vida matrimonial, en septiembre de 1917, con tan sólo 28 años de edad, Santiaga enviudaba al fallecer su marido de una apoplejía. Aconsejada por el que hasta ese momento había sido el administrador de su esposo, esta gallega que había heredado la vivienda y no demasiado dinero, decidió abrir una casa de huéspedes que bautizó como Casa Santiaga.

Ofertando seis habitaciones con baño compartido, tres comidas al día, lavado y planchado de ropa y un servicio de maleteros (un extra que paliaba la distancia entre la calle Méndez Núñez y el puerto), la pensión de nuestra protagonista pronto adquirió una muy buena reputación. Gracias a las recomendaciones de los comerciantes dedicados a la importación y exportación y a los consignatarios que habían trabajado con el marido de Santiaga, esta casa de huéspedes  se convirtió en un selecto lugar fuera del habitual círculo de pensiones portuarias.

Las historias sobre el exclusivo alojamiento de los oficiales de la Compañía Trasatlántica Española y las timbas de todos los jueves las dejaré para otra ocasión.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARótulo de la calle Méndez Núñez donde estaba la ‘Casa Santiaga’.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de octubre de 2014.

Mala reputación

Juan Carlos Cilveti Puche | 29 de julio de 2014 a las 9:41

Tras ser reflotado como nunca hasta la fecha se había hecho emerger a un buque semihundido, el pasado 23 de julio, el Costa Concordia iniciaba su lento viaje a Génova para ser desguazado.

Además de los dos grandes remolcadores de altura que guiaban al buque siniestrado, una variada flotilla de doce barcos, acompañaba la última singladura de este buque de Costa Cruceros. Entre estos barcos, se encontraba el  Cdt Fourcault, un curioso buque que vivió una extraña historia en Málaga.

De apariencia militar sin serlo, y registrado como un barco de investigación y rescate, el Cdt Fourcault, que por entonces lucía bandera panameña y matrícula de Amberes (una muy significativa irregularidad), fondeaba en la bahía malacitana el 20 de enero de 2011. Sin anunciar su estancia en la rada, y vigilado por las autoridades marítimas nacionales bajo la sospecha de haber llegado para indagar el hundimiento del submarino C3, dos días más tarde, el barco amarraba en el muelle dos.

Construido en Bélgica en 1968, tras desempeñar las labores de estación flotante para prácticos y navegar como buque de instrucción,  en 2007, un armador privado se hacía cargo del barco.  Dedicado a realizar extraños viajes teniendo el submarinismo como principal objetivo, el Cdt Fourcault, muy pronto fue catalogado oficialmente como  un buque cazatesoros.

Después de varios días atracado, el 26 de enero, el barco salía con destino a Gibraltar. Vigilado en todo momento, a principios del mes de febrero, el buque escalaba en Vigo antes de viajar al puerto de Amberes.

Un barco con una muy mala reputación internacional que, curiosamente, ha formado parte del histórico convoy que han escoltado al desguace al Costa Concordia.

Cdt Fourcault 22-I-1111El CDT FOURCAULT atracado en Málaga en enero de 2011.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 29 de julio de 2014.

Carabelas malagueñas

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de julio de 2014 a las 13:48

La presencia de la carabela Boa Esperanza en las aguas del puerto de Málaga, me sirve de escusa para hablarles de este tipo de barcos; unos barcos que, con algunas modificaciones estructurales, navegaron por las costas malagueñas durante varios siglos. De diseño portugués y español, las carabelas, parece que podrían tener su origen en  las bagalas, unas ligeras embarcaciones árabes de dos mástiles aparejadas con velas trapezoidales.

Con no más de 30 metros de eslora y entre 100 y 400 toneladas de desplazamiento, las carabelas, durante los siglos XV y XVI constituyeron una parte muy considerable del conjunto de barcos que navegaron por las costas de la península ibérica. Dedicadas al tráfico de cabotaje y a labores pesqueras, estas embarcaciones, sufrieron una significativa remodelación cuando su aparejo, en el caso de los barcos de tres mástiles, fue modificado con velas cuadras; una  muy sustancial circunstancia que abrió la puerta a la denominada era de los  grandes descubrimientos.

Particularizando en Málaga, el prototipo de la carabela al uso (un barco de  dos mástiles aparejado con velas latinas), debió conformar casi la totalidad de los buques que entre los siglos XIV, XV y XVI se movieron por las aguas de la costa malacitana.

Con unas muy claras influencias estructurales basadas en diferentes embarcaciones musulmanas, las carabelas malagueñas, además ejecutar diferentes navegaciones comerciales, fundamentalmente, debieron realizar trabajos pesqueros. Acondicionadas para este tipo de faenas y con  el añadido de su fácil maniobra, estas embarcaciones, construidas en su mayoría en astilleros situados en las playas, surcaron las aguas de Málaga durante varios siglos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACarabela BOA ESPERANZA atracada en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 1 de julio de 2014.

Ropa tendida

Juan Carlos Cilveti Puche | 3 de junio de 2014 a las 8:25

Lo que hoy les contaré, constituye una rareza bastante difícil de ver. Una muy estricta vigilancia y, en determinados casos, algún tipo de sanción, impiden que cosas como estas ocurran a bordo de cualquier buque de crucero que navega por cualquier ruta marítima del mundo.

El lunes 26 de noviembre de 2012, compartiendo estancia con el barco turístico Albatros, escalaba en aguas malacitanas el buque Costa Deliziosa. Cumplimentado la que era su séptima visita de aquel año, y amarrado en el muelle Norte de la estación marítima de Levante, el barco de Costa Cruceros llegaba de Funchal, teniendo como siguiente puerto de destino la localidad italiana de Civitavecchia.

Casi finalizada su escala, apenas faltaban un par de horas para que el barco soltara amarras (el Cosa Deliziosa había atracado a las 7:00 y debía continuar viaje a las 13:00), el consignatario del buque informaba al departamento de seguridad de a bordo de una circunstancia nada habitual. En uno de los balcones de los camarotes, se podía apreciar un cordelito del que colgaban diversas prendas de vestir. Tendidas con sus respectivas pinzas, la ropa estaba situada en una de las cabinas de la cubierta número seis, la denominada cubierta Ortensia. Este camarote, correspondía según la clasificación de habitabilidad que cada naviera otorga a sus  barcos, a una cabina con vistas al mar y terraza.

De lo que ocurrió a bordo del Costa Deliziosa poco puedo decirles, aunque siguiendo la lógica de estos casos, los pasajeros que viajaban en esta cabina de entre 23 y 25 metros cuadrados incluyendo la terraza, con toda seguridad, se llevaron un buen rapapolvo por emplear el balcón de su  exclusivo camarote como un tendedero doméstico.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARopa tendida en uno de los balcones del COSTA DELIZIOSA en su escala de 2012.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 3 de junio de 2014).

Suciedad y coches de caballos

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de mayo de 2014 a las 12:19

Los paseos turísticos en coches de caballos, desde siempre han tenido una muy estrecha relación con la industria crucerística. Y aunque en la actualidad, las posibilidades de ocio que se les ofertan a los pasajeros que llega al puerto en barco son muchas y muy variadas, los recorridos por la ciudad a bordo de estos peculiares carruajes siguen teniendo su encanto.

Con la curiosa circunstancia de que no existe una parada oficial dentro del recinto portuario (esto sería harina de otro costal), la industria malacitana de los coches de caballos, aun siendo un negocio con mucho tirón para los turistas de barcos, deja mucho que desear.

Y aunque en el centro  existen varias paradas, la situada en el Paseo de los Curas, quizás sea el más claro ejemplo de la dejadez con la que se gestiona esta atracción turística. Dejando a un lado la muy escasa uniformidad de los cocheros o el desconocimiento más básico de los idiomas, la primera impresión que se tiene al ver este estacionamiento no resulta demasiado agradable.  Un permanente charco de agua junto a los coches y una sempiterna bolsa de basura para depositar los excrementos de los equinos (curiosamente esta bolsa siempre está junto a una gran papelera móvil), constituyen, amén del inevitable olor que acompaña los caballos, una de las primeras imágenes que tienen de Málaga los turistas de barco que salen del recinto portuario para descubrir los encantos de la Capital de la Costa del Sol.

Y si un cierto grado de cutrez, podría incluso hasta dar tipismo a estos lugares, la suciedad en la que se venden los paseos en coches de caballos por el centro de Málaga, nada favorecen a una ciudad visitada por miles de turistas de buques de crucero.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAParada de coches de caballos en el Paseo de los Curas.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 6 de mayo de 2014).

Servicios combinados

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de abril de 2014 a las 8:53

Durante gran parte del siglo XIX y principios del XX, los servicios combinados constituyeron un reclamo fundamental para el transporte por mar. Esta circunstancia que hoy parece algo baladí, en aquellas décadas, significaba la total seguridad de que cualquier mercancía llegara sin ningún tipo de problema de origen a destino en el menor tiempo posible. Empleando medios marítimos y terrestres, la mayoría de estas empresas (muchas de ellas  implicadas en negocios navieros), ofrecían todo tipo de enlaces nacionales e internacionales para cualquier tipo de carga.

En Málaga, un centro comercial de primer orden por aquellos tiempos, las empresas de servicios combinados, solían trabajar con filiales o empresas asociadas; una circunstancia que les permitía una mayor cobertura a la hora de gestionar el movimiento de mercancías.

En la primera década del siglo XX, la firma malagueña Robles y Alterachs, se convirtió en una de las principales empresas dedicadas a este tipo de negocio. Mancomunada con la agencia consignataria barcelonesa Agustín Puig, este consorcio mitad andaluz mitad catalán, ofrecía sus servicios  marítimos respaldado por  la Compañía Anónima de Vapores Vinuesa de Sevilla; toda una garantía a la hora de efectuar navegaciones de cabotaje por el Mediterráneo.

Radicada en la calle San Agustín número once, Robles y Alterachs, además de otras rutas,  disponía de una línea regular semanal con salida los domingos de Barcelona y llegada a Málaga los miércoles. Un servicio que publicitó  durante muchos años en todos los periódicos malagueños de la época como: “Transportes combinados de domicilio a domicilio”, y que apostillaba diciendo: “Este servicio es el más puntual de todos”.

Vapor de la compañía Vinuesa en MálagaUno de los vapores de la Compañía Vinuesa en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (1 de abril de 2014).

Un motín de varios minutos

Juan Carlos Cilveti Puche | 19 de noviembre de 2013 a las 19:00

Algo menos de 8 millones y medio de pesetas, costó en 1863 la construcción en un astillero francés de la fragata acorazada Numancia. Convertida desde su botadura en uno de los más significativos buques de la Armada Española, este barco, que inicialmente navegó a vela y vapor, además de protagonizar los más importantes hechos navales de la última mitad del siglo XIX, vivió a su bordo un curioso y dramático suceso relacionado con Málaga.

Con el mérito de ser el primer barco de guerra en la historia moderna de la navegación  que efectuó una circunnavegación,  y  tras haber tomado parte en diferentes acciones con mayor o menor éxito, 33 años después de su entrega, el Numancia, que  iba forrado con planchas de hierro que oscilaban entre los 2 y los 13 centímetros de grosor, en 1896 se reconvertía en un acorazado guardacostas. 

Ya sin demasiado valor como buque de guerra, en 1910, el barco se posicionaba en Tánger como estación flotante; y allí, se producía un curioso motín que apenas duró unos minutos.

El 2 de agosto de 1911, encabezados por un fogonero, un reducido grupo de marineros intentaron sublevarse con la pretensión de navegar a Málaga para  bombardearla si la ciudad no se proclamara republicana. Tras ser reducidos por varios oficiales, un consejo de guerra sumarísimo ordenó el fusilamiento a bordo del buque del cabecilla de la revuelta,  y el encarcelamiento de por vida de seis de sus seguidores.

Aquel extraño suceso, significó el final del acorazado guardacostas Numancia que, en  1912 era dado de baja y vendido para desguace en 1916. Un desguace en Bilbao que nunca se ejecutó, ya el buque se hundía aquel mismo año en las costas de Portugal antes de llegar a su último destino.

Numancia1Acorazado guardacostas NUMANCIA en la época en que sufrió el motín.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (19 de noviembre de 2013).

Un Festival Marítimo

Juan Carlos Cilveti Puche | 22 de octubre de 2013 a las 9:22

En los últimos años, el tráfico de veleros llegados al puerto malagueño se ha visto incrementado de una manera muy significativa. Con la posibilidad de atracar en los muelles uno y dos (a muy poca distancia del centro de la ciudad), las escalas de buques de vela de pequeño y mediano porte, están convirtiendo a Málaga en un puerto de primera elección para este tipo de barcos.

Gestionados de una forma muy diferente a  los grandes veleros turísticos, y sin nada que ver con los pequeños yatecitos a vela tributarios de los clubes náuticos, estos barcos, deberían constituir en no demasiado tiempo una muy interesante y continuada fuente de ingresos.

Adscritos a empresas, escuelas, universidades o asociaciones, veleros centenarios o de nueva construcción, atracan de forma habitual en las aguas malagueñas; una circunstancia que habría que empezar a pensar en cómo rentabilizar de una forma mucho más adecuada.

Con independencia del abundante goteo de entradas y salidas que existe en la actualidad, quizás, la  creación de un festival marítimo que reuniera a este tipo de buques, podría ser una muy buena idea que posicionara a Málaga en el mapa de los puertos del mundo que celebran este tipo de eventos.

Teniendo como antecedente la regata Cutty Sark que, en julio de 2002 recaló en aguas malacitanas, la posibilidad de incluir un festival de estas características en el calendario internacional de encuentros de buques de vela, no parece a priori, algo demasiado descabellado.

Unas instalaciones inmejorables y una base turística plenamente capaz de afrontar un evento de estas características, serían unos avales más que suficientes para  que Málaga pudiera poner en marcha su  propio festival marítimo.

La Recouvrance 20-X-2013 MálagaVelero de corte clásico atracado en el muelle uno del puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (22 de octubre de 2013).

El AUSONIA

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de septiembre de 2013 a las 8:26

Cuando en septiembre de 1957 los astilleros italianos Cantieri Riuniti dell’ Adriatico entregaron a la compañía Adriatica Lines el Ausonia, la prensa marítima internacional dijo de este buque lo siguiente: “Se trata de un barco de avanzado estilo y diseño contemporáneo, además de ser el más veloz que hasta la fecha ha operado en el Mediterráneo”.

Con este elogioso comentario, el Ausonia iniciaba su vida navegando en una línea regular de pasaje y carga que, con inicio y final en Trieste, tocaba los puertos de Venecia, Brindisi, Alejandría, Beirut, El Pireo y Bari. Transportando pasajeros en tres clases: primera, segunda y turista, a principios de la década de 1970, además de efectuar sus habituales rutas en línea,  el Ausonia cumplimentó algunos viajes turísticos, tocando por primera vez el puerto malagueño en abril de 1972. Tras repetir escalas en mayo de aquel mismo año y en enero de 1973 (en aquellas tres visitas el barco llegó al completo de pasaje), entre 1978 y 1979, el Ausonia se reconvertía en un buque de crucero.

Realizando casi con exclusividad cortos itinerarios crucerísticos o viajes monográficos, este buque, en 1993 regresaba a aguas malacitanas bajo la contraseña de Ausonia Croiciere, una empresa integrada en el grupo naviero Grimaldi-Siosa.

Tras navegar alquilado por diversos operadores, el Ausonia, efectuaba su última visita al puerto de Málaga en septiembre de 2001 tras haber completado un total de 23 escalas  desde 1972.

Después de cambiar dos veces de nombre y armador entre 2005 y 2007, finalmente el Ausonia se desguazaba en 2010 en las playas indias de Alan. Para aquella luctuosa operación el buque se rebautizaba por cuarta y última vez como Winner 5.

Ausonia en MálagaAUSONIA atracado en una de sus 23 escalas en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (24 de septiembre de 2013).

Un barco para alemanes e ingleses

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de agosto de 2013 a las 9:38

Hace unos días, el buque de crucero Quest for Adventure efectuaba su primera visita a Málaga. Bajo la contraseña de la compañía británica Saga Cruises, este barco con capacidad para 446 pasajeros, llegaba al puerto malagueño para iniciar un viaje por el Mediterráneo de 14 noches. Pero con independencia de este hecho, el Quest for Adventure, participa de una serie circunstancias que lo relacionan muy estrechamente con Málaga.

Tras su construcción en los astilleros hamburgueses Howaldtswerke Deutsche Werft en 1981, pocos días después de ser entregado, el Astor (con este nombre era botado), llegaba a aguas malacitanas efectuando un crucero promocional destinado a periodistas especializados en viajes. Una semana después, el buque volvía a atracar en Málaga en su primer itinerario crucerístico con pasajeros.

Después de repetir múltiples escalas en los años siguientes, en 1985, el Astor era rebautizado como Arkona. Manteniendo su fidelidad malagueña, este barco, dedicado casi en exclusividad al mercado alemán, en 2002, nuevamente cambiaba de nombre. Navegando como Astoria (su tercer bautismo), el buque siguió frecuentando Málaga, hasta en que 2010, la compañía inglesa Saga Cruises se hacía cargo de él y lo renombraba como Saga Pearl II.

Reconvertido para pasajeros británicos, y tras sólo efectuar una visita a aguas malacitanas en 2012, el barco considerado como el poseedor de la chimenea más fea del panorama crucerístico internacional, cambiaba de denominación por quinta vez.

Un veterano barco que ha dedicado gran parte de su carrera a dos mercados turísticos muy diferentes (el alemán y el inglés), y que durante muchos años, mantuvo una muy estrecha relación con el puerto de Málaga.

P8150012El QUEST FOR ADVENTURE atracado hace unos días por primera vez en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (20 de agosto de 2013).

El barco de San Telmo

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de julio de 2013 a las 10:17

Aunque las procesiones que congregan a los fieles de la Virgen del Carmen, ya sea por tierra o por mar, constituyen los más importantes cortejos de gentes relacionadas con el ámbito marítimo, hubo una época, en que otras personas, no vinculadas directamente a esta advocación pero muy relacionadas con el mundo de la mar y los barcos, también salieron desfilando por las calles de Málaga.

Tras constituirse el  Real Colegio Náutico de San Telmo en 1787, y después de quedar perfectamente organizada toda su compleja infraestructura, los alumnos de lo que podríamos denominar como la primera facultad universitaria que existió en Málaga, salían a la calle acompañando a las diferentes procesiones religiosas que por entonces recorrían la ciudad.

Ataviados con sus uniformes de gala y acompañados por sus profesores, los colegiales de número y los porcionistas (así se denominaban los alumnos que cursaban sus estudios en esta institución), participaron en calidad de acompañantes en los más significativos eventos religiosos que hasta 1849, fecha en la que el colegio dejó de existir, se sucedieron en Málaga.

Y aunque la presencia de los santelmistas siempre llamaba la atención, mucho más lo hacía el carro en el que los alumnos de la escuela de náutica transportaban el barco (una embarcación de casi tres metros de eslora aparejada como corbeta) con el que estos jóvenes aspirantes a marinos aprendían las artes de la navegación.

Un barco que aun hoy se conserva, y que, además de constituir la gran joya de la historia marítima malagueña, durante 62 años, el tiempo en el que este colegio de náutica estuvo en la ciudad, fue un fiel protagonista en todos los actos religiosos acaecidos en las calles de Málaga.

Corbeta didáctica del Real Colegio Náutico de San Telmo de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (16 de julio de 2013).

‘El Belfo’

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de julio de 2013 a las 8:50

Desde siempre, los apodos o motes han sido una constante en el día a día de cualquier puerto. Aludiendo a algún defecto físico o característica destacada de las personas que lo reciben, estas denominaciones, en muchos casos, han eclipsado por completo el verdadero nombre y apellidos de los  sujetos a los que alguien en algún momento los rebautizó con un determinado sobrenombre.

Y aunque la historia portuaria malagueña está repleta de muchos y  muy variados apodos, quizás, de entre todos ellos, destaque uno en especial.  Un mote que, empleando una palabra excesivamente literaria y que hoy está prácticamente en desuso, acompañó a un curioso trabajador portuario allá por la década de 1920.

De origen argelino, Nicolás  Martinet (existe alguna  reseña que lo  apellida como Martínez), desembarcaba en el puerto malacitano a mediados de 1922. Teniendo como lenguas maternas el árabe y el francés, y hablando también algo de español, tras haber trabajado en diversos puertos del Norte de África, este mestizo se aposentó en Málaga para desempeñar una peculiar actividad portuaria.

Convertido en lo que hoy muy bien podríamos denominar como un agente comercial libre, Nicolás, durante años, sirvió como intermediario para todo tipo de gestiones a pie de muelle. Trabajando de intérprete o viajando como representante eventual de algunas empresas consignatarias de la época, aquel joven argelino, pronto se convirtió en alguien muy conocido en el ambiente del puerto, y por ende, le llegó su mote.

Atendiendo a una muy especial fisonomía facial, debido sin duda a su mestizaje, Nicolás, lucía un abultado labio inferior; una circunstancia que llevó a  los portuarios malagueños a apodarlo como ‘El belfo’.

Vista del puerto en la década de los años 20.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (9 de julio de 2013).