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Carabelas malagueñas

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de julio de 2014 a las 13:48

La presencia de la carabela Boa Esperanza en las aguas del puerto de Málaga, me sirve de escusa para hablarles de este tipo de barcos; unos barcos que, con algunas modificaciones estructurales, navegaron por las costas malagueñas durante varios siglos. De diseño portugués y español, las carabelas, parece que podrían tener su origen en  las bagalas, unas ligeras embarcaciones árabes de dos mástiles aparejadas con velas trapezoidales.

Con no más de 30 metros de eslora y entre 100 y 400 toneladas de desplazamiento, las carabelas, durante los siglos XV y XVI constituyeron una parte muy considerable del conjunto de barcos que navegaron por las costas de la península ibérica. Dedicadas al tráfico de cabotaje y a labores pesqueras, estas embarcaciones, sufrieron una significativa remodelación cuando su aparejo, en el caso de los barcos de tres mástiles, fue modificado con velas cuadras; una  muy sustancial circunstancia que abrió la puerta a la denominada era de los  grandes descubrimientos.

Particularizando en Málaga, el prototipo de la carabela al uso (un barco de  dos mástiles aparejado con velas latinas), debió conformar casi la totalidad de los buques que entre los siglos XIV, XV y XVI se movieron por las aguas de la costa malacitana.

Con unas muy claras influencias estructurales basadas en diferentes embarcaciones musulmanas, las carabelas malagueñas, además ejecutar diferentes navegaciones comerciales, fundamentalmente, debieron realizar trabajos pesqueros. Acondicionadas para este tipo de faenas y con  el añadido de su fácil maniobra, estas embarcaciones, construidas en su mayoría en astilleros situados en las playas, surcaron las aguas de Málaga durante varios siglos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACarabela BOA ESPERANZA atracada en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 1 de julio de 2014.

Ropa tendida

Juan Carlos Cilveti Puche | 3 de junio de 2014 a las 8:25

Lo que hoy les contaré, constituye una rareza bastante difícil de ver. Una muy estricta vigilancia y, en determinados casos, algún tipo de sanción, impiden que cosas como estas ocurran a bordo de cualquier buque de crucero que navega por cualquier ruta marítima del mundo.

El lunes 26 de noviembre de 2012, compartiendo estancia con el barco turístico Albatros, escalaba en aguas malacitanas el buque Costa Deliziosa. Cumplimentado la que era su séptima visita de aquel año, y amarrado en el muelle Norte de la estación marítima de Levante, el barco de Costa Cruceros llegaba de Funchal, teniendo como siguiente puerto de destino la localidad italiana de Civitavecchia.

Casi finalizada su escala, apenas faltaban un par de horas para que el barco soltara amarras (el Cosa Deliziosa había atracado a las 7:00 y debía continuar viaje a las 13:00), el consignatario del buque informaba al departamento de seguridad de a bordo de una circunstancia nada habitual. En uno de los balcones de los camarotes, se podía apreciar un cordelito del que colgaban diversas prendas de vestir. Tendidas con sus respectivas pinzas, la ropa estaba situada en una de las cabinas de la cubierta número seis, la denominada cubierta Ortensia. Este camarote, correspondía según la clasificación de habitabilidad que cada naviera otorga a sus  barcos, a una cabina con vistas al mar y terraza.

De lo que ocurrió a bordo del Costa Deliziosa poco puedo decirles, aunque siguiendo la lógica de estos casos, los pasajeros que viajaban en esta cabina de entre 23 y 25 metros cuadrados incluyendo la terraza, con toda seguridad, se llevaron un buen rapapolvo por emplear el balcón de su  exclusivo camarote como un tendedero doméstico.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARopa tendida en uno de los balcones del COSTA DELIZIOSA en su escala de 2012.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 3 de junio de 2014).

Suciedad y coches de caballos

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de mayo de 2014 a las 12:19

Los paseos turísticos en coches de caballos, desde siempre han tenido una muy estrecha relación con la industria crucerística. Y aunque en la actualidad, las posibilidades de ocio que se les ofertan a los pasajeros que llega al puerto en barco son muchas y muy variadas, los recorridos por la ciudad a bordo de estos peculiares carruajes siguen teniendo su encanto.

Con la curiosa circunstancia de que no existe una parada oficial dentro del recinto portuario (esto sería harina de otro costal), la industria malacitana de los coches de caballos, aun siendo un negocio con mucho tirón para los turistas de barcos, deja mucho que desear.

Y aunque en el centro  existen varias paradas, la situada en el Paseo de los Curas, quizás sea el más claro ejemplo de la dejadez con la que se gestiona esta atracción turística. Dejando a un lado la muy escasa uniformidad de los cocheros o el desconocimiento más básico de los idiomas, la primera impresión que se tiene al ver este estacionamiento no resulta demasiado agradable.  Un permanente charco de agua junto a los coches y una sempiterna bolsa de basura para depositar los excrementos de los equinos (curiosamente esta bolsa siempre está junto a una gran papelera móvil), constituyen, amén del inevitable olor que acompaña los caballos, una de las primeras imágenes que tienen de Málaga los turistas de barco que salen del recinto portuario para descubrir los encantos de la Capital de la Costa del Sol.

Y si un cierto grado de cutrez, podría incluso hasta dar tipismo a estos lugares, la suciedad en la que se venden los paseos en coches de caballos por el centro de Málaga, nada favorecen a una ciudad visitada por miles de turistas de buques de crucero.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAParada de coches de caballos en el Paseo de los Curas.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 6 de mayo de 2014).

Servicios combinados

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de abril de 2014 a las 8:53

Durante gran parte del siglo XIX y principios del XX, los servicios combinados constituyeron un reclamo fundamental para el transporte por mar. Esta circunstancia que hoy parece algo baladí, en aquellas décadas, significaba la total seguridad de que cualquier mercancía llegara sin ningún tipo de problema de origen a destino en el menor tiempo posible. Empleando medios marítimos y terrestres, la mayoría de estas empresas (muchas de ellas  implicadas en negocios navieros), ofrecían todo tipo de enlaces nacionales e internacionales para cualquier tipo de carga.

En Málaga, un centro comercial de primer orden por aquellos tiempos, las empresas de servicios combinados, solían trabajar con filiales o empresas asociadas; una circunstancia que les permitía una mayor cobertura a la hora de gestionar el movimiento de mercancías.

En la primera década del siglo XX, la firma malagueña Robles y Alterachs, se convirtió en una de las principales empresas dedicadas a este tipo de negocio. Mancomunada con la agencia consignataria barcelonesa Agustín Puig, este consorcio mitad andaluz mitad catalán, ofrecía sus servicios  marítimos respaldado por  la Compañía Anónima de Vapores Vinuesa de Sevilla; toda una garantía a la hora de efectuar navegaciones de cabotaje por el Mediterráneo.

Radicada en la calle San Agustín número once, Robles y Alterachs, además de otras rutas,  disponía de una línea regular semanal con salida los domingos de Barcelona y llegada a Málaga los miércoles. Un servicio que publicitó  durante muchos años en todos los periódicos malagueños de la época como: “Transportes combinados de domicilio a domicilio”, y que apostillaba diciendo: “Este servicio es el más puntual de todos”.

Vapor de la compañía Vinuesa en MálagaUno de los vapores de la Compañía Vinuesa en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (1 de abril de 2014).

Un motín de varios minutos

Juan Carlos Cilveti Puche | 19 de noviembre de 2013 a las 19:00

Algo menos de 8 millones y medio de pesetas, costó en 1863 la construcción en un astillero francés de la fragata acorazada Numancia. Convertida desde su botadura en uno de los más significativos buques de la Armada Española, este barco, que inicialmente navegó a vela y vapor, además de protagonizar los más importantes hechos navales de la última mitad del siglo XIX, vivió a su bordo un curioso y dramático suceso relacionado con Málaga.

Con el mérito de ser el primer barco de guerra en la historia moderna de la navegación  que efectuó una circunnavegación,  y  tras haber tomado parte en diferentes acciones con mayor o menor éxito, 33 años después de su entrega, el Numancia, que  iba forrado con planchas de hierro que oscilaban entre los 2 y los 13 centímetros de grosor, en 1896 se reconvertía en un acorazado guardacostas. 

Ya sin demasiado valor como buque de guerra, en 1910, el barco se posicionaba en Tánger como estación flotante; y allí, se producía un curioso motín que apenas duró unos minutos.

El 2 de agosto de 1911, encabezados por un fogonero, un reducido grupo de marineros intentaron sublevarse con la pretensión de navegar a Málaga para  bombardearla si la ciudad no se proclamara republicana. Tras ser reducidos por varios oficiales, un consejo de guerra sumarísimo ordenó el fusilamiento a bordo del buque del cabecilla de la revuelta,  y el encarcelamiento de por vida de seis de sus seguidores.

Aquel extraño suceso, significó el final del acorazado guardacostas Numancia que, en  1912 era dado de baja y vendido para desguace en 1916. Un desguace en Bilbao que nunca se ejecutó, ya el buque se hundía aquel mismo año en las costas de Portugal antes de llegar a su último destino.

Numancia1Acorazado guardacostas NUMANCIA en la época en que sufrió el motín.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (19 de noviembre de 2013).

Un Festival Marítimo

Juan Carlos Cilveti Puche | 22 de octubre de 2013 a las 9:22

En los últimos años, el tráfico de veleros llegados al puerto malagueño se ha visto incrementado de una manera muy significativa. Con la posibilidad de atracar en los muelles uno y dos (a muy poca distancia del centro de la ciudad), las escalas de buques de vela de pequeño y mediano porte, están convirtiendo a Málaga en un puerto de primera elección para este tipo de barcos.

Gestionados de una forma muy diferente a  los grandes veleros turísticos, y sin nada que ver con los pequeños yatecitos a vela tributarios de los clubes náuticos, estos barcos, deberían constituir en no demasiado tiempo una muy interesante y continuada fuente de ingresos.

Adscritos a empresas, escuelas, universidades o asociaciones, veleros centenarios o de nueva construcción, atracan de forma habitual en las aguas malagueñas; una circunstancia que habría que empezar a pensar en cómo rentabilizar de una forma mucho más adecuada.

Con independencia del abundante goteo de entradas y salidas que existe en la actualidad, quizás, la  creación de un festival marítimo que reuniera a este tipo de buques, podría ser una muy buena idea que posicionara a Málaga en el mapa de los puertos del mundo que celebran este tipo de eventos.

Teniendo como antecedente la regata Cutty Sark que, en julio de 2002 recaló en aguas malacitanas, la posibilidad de incluir un festival de estas características en el calendario internacional de encuentros de buques de vela, no parece a priori, algo demasiado descabellado.

Unas instalaciones inmejorables y una base turística plenamente capaz de afrontar un evento de estas características, serían unos avales más que suficientes para  que Málaga pudiera poner en marcha su  propio festival marítimo.

La Recouvrance 20-X-2013 MálagaVelero de corte clásico atracado en el muelle uno del puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (22 de octubre de 2013).

El AUSONIA

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de septiembre de 2013 a las 8:26

Cuando en septiembre de 1957 los astilleros italianos Cantieri Riuniti dell’ Adriatico entregaron a la compañía Adriatica Lines el Ausonia, la prensa marítima internacional dijo de este buque lo siguiente: “Se trata de un barco de avanzado estilo y diseño contemporáneo, además de ser el más veloz que hasta la fecha ha operado en el Mediterráneo”.

Con este elogioso comentario, el Ausonia iniciaba su vida navegando en una línea regular de pasaje y carga que, con inicio y final en Trieste, tocaba los puertos de Venecia, Brindisi, Alejandría, Beirut, El Pireo y Bari. Transportando pasajeros en tres clases: primera, segunda y turista, a principios de la década de 1970, además de efectuar sus habituales rutas en línea,  el Ausonia cumplimentó algunos viajes turísticos, tocando por primera vez el puerto malagueño en abril de 1972. Tras repetir escalas en mayo de aquel mismo año y en enero de 1973 (en aquellas tres visitas el barco llegó al completo de pasaje), entre 1978 y 1979, el Ausonia se reconvertía en un buque de crucero.

Realizando casi con exclusividad cortos itinerarios crucerísticos o viajes monográficos, este buque, en 1993 regresaba a aguas malacitanas bajo la contraseña de Ausonia Croiciere, una empresa integrada en el grupo naviero Grimaldi-Siosa.

Tras navegar alquilado por diversos operadores, el Ausonia, efectuaba su última visita al puerto de Málaga en septiembre de 2001 tras haber completado un total de 23 escalas  desde 1972.

Después de cambiar dos veces de nombre y armador entre 2005 y 2007, finalmente el Ausonia se desguazaba en 2010 en las playas indias de Alan. Para aquella luctuosa operación el buque se rebautizaba por cuarta y última vez como Winner 5.

Ausonia en MálagaAUSONIA atracado en una de sus 23 escalas en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (24 de septiembre de 2013).

Un barco para alemanes e ingleses

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de agosto de 2013 a las 9:38

Hace unos días, el buque de crucero Quest for Adventure efectuaba su primera visita a Málaga. Bajo la contraseña de la compañía británica Saga Cruises, este barco con capacidad para 446 pasajeros, llegaba al puerto malagueño para iniciar un viaje por el Mediterráneo de 14 noches. Pero con independencia de este hecho, el Quest for Adventure, participa de una serie circunstancias que lo relacionan muy estrechamente con Málaga.

Tras su construcción en los astilleros hamburgueses Howaldtswerke Deutsche Werft en 1981, pocos días después de ser entregado, el Astor (con este nombre era botado), llegaba a aguas malacitanas efectuando un crucero promocional destinado a periodistas especializados en viajes. Una semana después, el buque volvía a atracar en Málaga en su primer itinerario crucerístico con pasajeros.

Después de repetir múltiples escalas en los años siguientes, en 1985, el Astor era rebautizado como Arkona. Manteniendo su fidelidad malagueña, este barco, dedicado casi en exclusividad al mercado alemán, en 2002, nuevamente cambiaba de nombre. Navegando como Astoria (su tercer bautismo), el buque siguió frecuentando Málaga, hasta en que 2010, la compañía inglesa Saga Cruises se hacía cargo de él y lo renombraba como Saga Pearl II.

Reconvertido para pasajeros británicos, y tras sólo efectuar una visita a aguas malacitanas en 2012, el barco considerado como el poseedor de la chimenea más fea del panorama crucerístico internacional, cambiaba de denominación por quinta vez.

Un veterano barco que ha dedicado gran parte de su carrera a dos mercados turísticos muy diferentes (el alemán y el inglés), y que durante muchos años, mantuvo una muy estrecha relación con el puerto de Málaga.

P8150012El QUEST FOR ADVENTURE atracado hace unos días por primera vez en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (20 de agosto de 2013).

El barco de San Telmo

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de julio de 2013 a las 10:17

Aunque las procesiones que congregan a los fieles de la Virgen del Carmen, ya sea por tierra o por mar, constituyen los más importantes cortejos de gentes relacionadas con el ámbito marítimo, hubo una época, en que otras personas, no vinculadas directamente a esta advocación pero muy relacionadas con el mundo de la mar y los barcos, también salieron desfilando por las calles de Málaga.

Tras constituirse el  Real Colegio Náutico de San Telmo en 1787, y después de quedar perfectamente organizada toda su compleja infraestructura, los alumnos de lo que podríamos denominar como la primera facultad universitaria que existió en Málaga, salían a la calle acompañando a las diferentes procesiones religiosas que por entonces recorrían la ciudad.

Ataviados con sus uniformes de gala y acompañados por sus profesores, los colegiales de número y los porcionistas (así se denominaban los alumnos que cursaban sus estudios en esta institución), participaron en calidad de acompañantes en los más significativos eventos religiosos que hasta 1849, fecha en la que el colegio dejó de existir, se sucedieron en Málaga.

Y aunque la presencia de los santelmistas siempre llamaba la atención, mucho más lo hacía el carro en el que los alumnos de la escuela de náutica transportaban el barco (una embarcación de casi tres metros de eslora aparejada como corbeta) con el que estos jóvenes aspirantes a marinos aprendían las artes de la navegación.

Un barco que aun hoy se conserva, y que, además de constituir la gran joya de la historia marítima malagueña, durante 62 años, el tiempo en el que este colegio de náutica estuvo en la ciudad, fue un fiel protagonista en todos los actos religiosos acaecidos en las calles de Málaga.

Corbeta didáctica del Real Colegio Náutico de San Telmo de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (16 de julio de 2013).

‘El Belfo’

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de julio de 2013 a las 8:50

Desde siempre, los apodos o motes han sido una constante en el día a día de cualquier puerto. Aludiendo a algún defecto físico o característica destacada de las personas que lo reciben, estas denominaciones, en muchos casos, han eclipsado por completo el verdadero nombre y apellidos de los  sujetos a los que alguien en algún momento los rebautizó con un determinado sobrenombre.

Y aunque la historia portuaria malagueña está repleta de muchos y  muy variados apodos, quizás, de entre todos ellos, destaque uno en especial.  Un mote que, empleando una palabra excesivamente literaria y que hoy está prácticamente en desuso, acompañó a un curioso trabajador portuario allá por la década de 1920.

De origen argelino, Nicolás  Martinet (existe alguna  reseña que lo  apellida como Martínez), desembarcaba en el puerto malacitano a mediados de 1922. Teniendo como lenguas maternas el árabe y el francés, y hablando también algo de español, tras haber trabajado en diversos puertos del Norte de África, este mestizo se aposentó en Málaga para desempeñar una peculiar actividad portuaria.

Convertido en lo que hoy muy bien podríamos denominar como un agente comercial libre, Nicolás, durante años, sirvió como intermediario para todo tipo de gestiones a pie de muelle. Trabajando de intérprete o viajando como representante eventual de algunas empresas consignatarias de la época, aquel joven argelino, pronto se convirtió en alguien muy conocido en el ambiente del puerto, y por ende, le llegó su mote.

Atendiendo a una muy especial fisonomía facial, debido sin duda a su mestizaje, Nicolás, lucía un abultado labio inferior; una circunstancia que llevó a  los portuarios malagueños a apodarlo como ‘El belfo’.

Vista del puerto en la década de los años 20.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (9 de julio de 2013).