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Nueva imagen

Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de julio de 2013 a las 7:31

El 7 de enero de 2006, coincidían en el puerto los ferries Ciudad de Valencia y Ciudad de Salamanca. Aquella curiosa circunstancia, además de permitirnos ver juntos a dos buques gemelos (ambos fueron los últimos ferries  de la Clase Canguro gestionados por Trasmediterránea), sirvió como presentación oficial  en Málaga de los nuevos colores de esta veterana naviera tras ser comprada por el grupo empresarial Acciona.

Manteniendo su casco en blanco, el Ciudad de Valencia, mostraba en sus costados una de franja roja que, en la mitad de la eslora del barco, se interrumpía para dejar paso a un logotipo que causó un verdadero revuelo en el mundo marítimo nacional e internacional.

Acompañando a la hoja de encina seña de identidad de este grupo empresarial, aparecía el nombre Acciona, y bajo éste, en un tamaño mucho menor, se mostraba la marca   Trasmediterránea.

Aquella circunstancia, que para muchos significó la total pérdida de identidad de una de las más importantes navieras del panorama marítimo español, pronto quedó en el olvido, y los buques de Acciona Trasmediterránea continuaron navegando luciendo su nueva contraseña.

Hace unos días, realizando la rotación que esta compañía efectúa todos los lunes (en esta el Melillero titular es sustituido por otro buque), el Sorolla llegaba al puerto mostrando una significativa novedad.

Debido a un cambio de identidad corporativa, aquel logotipo que tanto dio que hablar, venía cambiado. Perdiendo protagonismo la hoja de encina y la marca Acciona, el nombre Trasmediterránea volvía a destacar sobre el casco de este barco.

Una nueva imagen que poco a poco se extenderá a todos los buques de la flota de esta compañía, y que recupera el nombre de una naviera histórica.

Nuevo logotipo sobre el casco del buque SOROLLA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (2 de julio de 2013).

Baile de nombres

Juan Carlos Cilveti Puche | 26 de febrero de 2013 a las 12:29

Hace unos días, el barco de bandera holandesa Clipper Athena entraba en el dique flotante malagueño. Con la previsión de permanecer en seco algo menos de dos semanas para efectuar una serie de reparaciones, este buque de carga general, es el más grande que hasta la fecha ha varado en el dique Andalucía.

Pero con independencia de esta circunstancia y  dejando a un lado el hecho de que se trate de su primera visita a Málaga, lo más significativo en la biografía de este joven barco, es su  dilatado y curioso historial de nombres.

Construido en 2006 en los astilleros holandeses Damen Shipyard Hoogezand por encargo de la compañía Drenth Ship Consult (afincada también en los Países Bajos), el barco iniciaba su vida comercial con el nombre Norgenstond I. Un año después, fletado por la naviera alemana Beluga Shipping (esta compañía fue una de las primeras en probar grandes parapentes a proa de los barcos para complementar su propulsión), el buque pasó a llamarse Beluga Locomotion.

Tras llevar durante unos meses, en 2008, el nombre Kent Locomotion y volver a navegar ese mismo año, otra vez, como Beluga Locomotion, en diciembre de 2009, el barco recuperaba su nombre original y su casco que siempre había sido de color azul se pintaba de rojo.

Apenas unos meses después, en concreto en mayo de 2010, este carguero de 8.999 toneladas de registro bruto, nuevamente pintado de azul, era renombrado como Kent Sunrise.

Justo dos años después y por tercera vez en su corta biografía, el buque recuperaba su primer nombre; uno hecho que sólo duraría unos meses cuando en octubre de 2012 el barco era rebautizado con su actual nombre Clipper Athena.

Un curioso y complicado baile de nombres para el buque más grande que, hasta la fecha, ha entrado en el dique flotante malagueño.

El CLIPPER ATHENA en el dique flotante malagueño.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (26 de Febrero de 2013).

Billar a bordo

Juan Carlos Cilveti Puche | 12 de febrero de 2013 a las 17:40

Aunque existen infinidad de fotografías que desvelan cómo era el ocio a bordo de los  viejos trasatlánticos, tal vez, una de las instantáneas más repetidas, es la que muestra a varios pasajeros jugando al tejo en la cubierta de alguno estos barcos del pasado.

Y aunque el tejo, ya saben, el juego de colocar usando una especie de remo un pequeño disco dentro de un casillero numerado pintado en el suelo, es hoy día un divertimento que sigue estando presente en los barcos turísticos, el ocio a bordo de estos buques ha cambiado mucho.

Tras la moda del tiro al plato, algo que divirtió mucho a los pasajeros de los buques de crucero en los años sesenta y setenta, la tecnología se ha ido apoderando de las actividades lúdicas en los barcos de turistas. En nuestros días, la gran mayoría de los super hoteles flotantes ofertan simuladores de fórmula uno, cines Imax con asientos móviles o piscinas con olas para practicar surf entre otras muchas cosas.

Pero lo que sin duda alguna raya lo verdaderamente absurdo y ésta es una opinión muy personal, es que a bordo de estos barcos existan mesas de billar.

Uno de los primeros buques que llegó a Málaga con una de estas mesas situada uno de sus múltiples salones fue el barco de P&O Cruises Azura en mayo de 2010. Un hecho que desde entonces se ha repetido en diferentes ocasiones con otros hoteles flotantes atracados en aguas malagueñas.

Pero como la sofisticación referida al ocio en estos barcos es cada día más inverosímil, les comento que ya existen buques que disponen de mesas de billar americano en las que un complicado sistema giroscópico nivelante (sí lo denominan), mantiene las bolas inmóviles incluso cuando, con mala mar, el barco se mueve más de lo habitual.

Mesa de billar americano a bordo del buque AZURA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (12 de Febrero de 2013).

Matriculado de Zanzíbar

Juan Carlos Cilveti Puche | 29 de enero de 2013 a las 9:43

A principios de marzo de 2011, el buque de carga rodada Volcan de Tinache dejaba el puerto de Málaga. Vendido por Marítima Peregar a una compañía maltesa, este barco, se despedía de las aguas malagueñas rebautizado como Enrica M. y abanderado en Panamá.

Tras cumplimentar durante varios meses una línea regular entre Malta e Italia con la misma fisonomía con la que había dejado Málaga (casco blanco y una línea asimétrica de color azul), en abril de 2012, el Enrica M. cambiaba de nombre y bandera. Renombrado como Caroline y matriculado en el puerto tanzano de Zanzíbar,  el aspecto exterior del barco cambiaba. Sobre su casco,  pintado ahora en azul, se podía leer en letras amarillas el nombre de la naviera de origen turco Fergün Lines, nueva operadora de este buque.

A finales de 2012, con la creación de la compañía Mediterranean Maritime Services Limited, una empresa naviera compuesta por armadores malteses, turcos y chipriotas, el Caroline, manteniendo su puerto de registro, volvía a cambiar de nombre.  Rebautizado como Carolyn y con su casco pintado de verde con las iniciales de su nuevo armador en color blanco, el viejo Volcan de Tinache inauguraba 2013 cubriendo una línea regular de carga rodada entre los puertos de Malta, Misurata en Libia y Augusta en Sicilia.

Tras cumplimentar una intensa carrea de 15 años en el archipiélago canario bajo la contraseña de la naviera Armas, y trabajar durante 14 años más a cargo de Marítima Peregar cubriendo la ruta entre Málaga, Ceuta y Melilla, el recordado Volcan de Tinache, después de tres cambios de nombre en algo menos de dos años, sigue al pié del cañón. Un buque que fue malagueño y que ahora navega bajo la exótica bandera de Tanzania.

CAROLYN antiguo VOLCAN DE TINACHE (Foto ILHAM ©)

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (29 de Enero de 2013).

Los daños del ‘Trinidad’

Juan Carlos Cilveti Puche | 22 de enero de 2013 a las 9:13

La  estancia del Santísima Trinidad en el puerto (aquella idealización del más famoso navío de guerra español del siglo XVIII), pasará a los anales de la historia marítima de Málaga como un verdadero fracaso. Con una gestión no demasiado acertada, lo que pudo haber sido un muy atractivo reclamo, se convirtió, durante los años en que este artefacto flotante permaneció atracado en los muelles malagueños, en un verdadero problema.

Y aunque las vicisitudes del Trinidad fueron muchas; se podrían recordar todos y cada uno de sus accidentados cambios de muelle o su esperpéntico remolque a Alicante, existe una historia que ilustra a la perfección lo mucho que de atrezo y nada de marinero tenía aquel artefacto flotante.

En abril de 2009, un fuerte temporal del Sur azotó las costas malagueñas. En el puerto, los buques reforzaban sus amarras y el Santísima Trinidad, sufría las consecuencias de aquellas condiciones climatológicas.

Atracado en el muelle número dos, el viento y la resaca que dejaba la mar en la dársena de Guadiaro, hicieron que el artefacto flotante golpeara en reiteradas ocasiones con las defensas de caucho de este muelle. Paradójicamente, estas protecciones que sirven para evitar daños a los barcos atracados, en el caso del Trinidad, causaron numerosos desperfectos sobre su casco.

Y aunque esta  fragilidad, la referida a la tablazón con la que está construido esta idealización histórica, ya se hizo patente cuando alguno de los remolcadores malagueños debió apoyarse sobre él para moverlo, aquellos daños provocados en abril de 2009, constituyeron los más significativos que este artefacto flotante sufrió durante toda su estancia malagueña. Unos desperfectos producidos por unas defensas de muelle.

Detalle de los daños ern el casco del Santísima Trinidad.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (22 de Enero de 2013).

Una extraña escala

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de diciembre de 2012 a las 13:17

El miércoles 6 de abril de 2011, el buque AidaBella llegaba a las instalaciones crucerísticas malagueñas para cumplimenta su séptima visita de aquel año. Procedente del puerto de Cádiz y con unas condiciones climatológicas muy desfavorables, el barco necesitaba del auxilio de los remolcadores Vehinte y Vehinticuatro para atracar en el muelle Sur de la estación marítima de Levante. Cumpliendo con una, permítanme la expresión, estricta puntualidad germánica, el AidaBella, a pesar de la mala mar que se había encontrado, amarraba a las 6:50, diez minutos antes de la hora en la que estaba previsto su atraque.

Azotado por unas muy fuertes rachas de viento, el buque de 69.203 toneladas de registro bruto y 252 metros de eslora quedaba atracado con un total de 21 cabos de amarres; un nada habitual número de estachas que pretendía mantener al barco fijado al muelle de una forma segura.  Ante la posibilidad de la rotura de alguno de estos cabos, el buque pidió al remolcador Vehinte que, posicionado a proa, le empujara de forma permanente para no despegarse del muelle. Quince minutos después, el remolcador Vehinticuatro era requerido para mantener la popa del “Bella” pegada al muelle Sur.

Ante aquella complicada situación, quince minutos antes de las diez de la mañana, el buque, que no había desembarcado a ninguno de sus pasajeros, decidía dejar el puerto. Ayudado por los dos remolcadores malagueños, el AidaBella salía a mar abierto para capear el temporal con la intención de regresar si las condiciones climatológicas se lo permitían. Tras varias horas de espera navegando frente a las costas de Málaga, finalmente, el “Bella” cancelaba oficialmente su escala y ponía rumbo al puerto de Tánger.

AIDABELLA saliendo del puerto de Málaga el 6 de abril de 2011.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (24 de Diciembre de 2012).

Suciedad ignorada

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de diciembre de 2012 a las 11:30

Sería bueno recordar a todos los que se rasgan las vestiduras ante la posibilidad de obtener recursos naturales de los fondos marinos en las costas de Málaga, que año tras año, el litoral malagueño experimenta agresiones que pasan desapercibidas o, que en el mejor de los casos, se solucionan tarde y mal.

El 4 de octubre de este año, la bahía de Málaga amanecía sembrada por una enorme isla de suciedad flotante. Con varios centenares de metros de longitud, esta mancha compuesta por cañas y ramas de árboles fundamentalmente, amén de todo tipo de basura inorgánica, tras permanecer a la deriva durante muchas horas, finalmente desembarcaba plácidamente en las playas de la Malagueta y en las dársenas del puerto.

Esta circunstancia, fruto de unas intensas lluvias otoñales que arrojaron a la mar por diferentes arroyos y riachuelos todo tipo de desperdicios, no es la primera vez que ocurre y desgraciadamente, no será la última.

Y aunque estas manchas, en nada se parecen a otras que dañarían gravemente las costas malagueñas, lo que sí está claro, es que estas mareas que sí producen daños (una de las embarcaciones turísticas que da paseos por la bahía sufría una avería al chocar contra uno de los troncos que componían esta isla flotante), venden mucho menos polémica a la hora de hablar de la protección ante posibles agresiones medioambientales en la mar.

Si las cosas se hacen bien, efectuar prospecciones y posteriormente extraer recursos a muchas millas de la costa, no debería suponer un riesgo  de contaminación mayor que el que año tras año suponen las avalanchas de suciedad que la tierra arroja a la mar y que, los que tantas vestiduras se rasgan, no parecen tener demasiado en cuenta.

Mancha de suciedad en la bahía.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (18 de Diciembre de 2012).

Sólo tres visitas

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de diciembre de 2012 a las 18:55

Hoy les contaré la trayectoria de un histórico buque de crucero que sólo ha visitado el puerto de Málaga en tres ocasiones. Construido en los astilleros daneses Aalborg Vaerft en 1981 y bautizado como Tropicale, éste fue el primer barco encargado por la compañía Carnival Cruise Lines (desde su fundación en 1972, esta naviera norteamericana sólo había navegado con buques de segunda mano).

Después de dos exitosas décadas crucerísticas, en 2001 el barco era transferido a Costa Cruceros que, tras una reforma, lo rebautizaba como Costa Tropicale. En 2005, después de otro cambio de apariencia, el buque pasaba a manos de la naviera P&O Australia, operando durante tres años con el nombre Pacific Star.  Tras ser posicionado en Singapur, en 2008, el barco era vendido a Royal Caribbean, que lo integraba en la flota de su compañía filiar Pullmantur bajo el nombre Ocean Dream.

Pero con independencia de su muy peculiar biografía,  la breve historia malagueña de este buque se iniciaba en la primavera de 2002. Realizando un crucero de siete noches por el Mediterráneo, el Costa Tropicale visitaba por primera vez Málaga el 12 de abril. Procedente de Tánger y con destino Marsella, el barco que viajaba al completo de pasaje, atracaba en el pantalán de Levante. Cuatro días después, el buque de repetía escala y muelle, aunque en aquella ocasión su procedencia era Marsella y su puerto de destino Tánger.

Tras aquellos dos atraques, el 25 de noviembre de ese mismo año, el Costa Tropicale cumplimentaba su última escala malagueña, quedando amarrado en aquella ocasión en el muelle de Ricardo Gross. Un muy significativo barco en la moderna historia crucerística que sólo visitó Málaga en tres ocasiones.

Costa Tropicale en su primera visita a Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (4 de Diciembre de 2012).

Azul oscuro

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de noviembre de 2012 a las 12:34

En 1989 se creaba la compañía Renaissance Cruises. Con unas muy buenas expectativas de futuro, entre el año de su fundación y 1992, esta naviera encargaba la construcción de ocho pequeños buques de crucero. Tras el éxito de aquellos barcos (por entonces estaban muy de moda los denominados yacht cruises, pequeños y exclusivos buques que no solían superar el centenar de pasajeros), Renaissance Cruises ordenaba ocho nuevas unidades de mayor porte. Con un innovador diseño y con la seña de identidad de su casco pintado en azul oscuro, entre 1998 y 2001, esta compañía lanzaba al mercado crucerístico a sus ochos gemelos de 30.277 toneladas de registro bruto y 180 metros de eslora. Bautizados como R. One, R. Two y así, hasta R. Eight,  los buques de la denominada Clase R., durante un breve espacio de tiempo y fundamentalmente por el Mediterráneo, coparon gran parte del negocio de los viajes turísticos por mar.

Tras la bancarrota de Renaissance Cruises en 2001, los buques de la Clase R. comenzaron a ser vendidos y rebautizados; y la gran mayoría de ellos, con sus nuevos nombres, perdieron el color azul de sus cascos.

Los barcos de esta clase que visitaron Málaga bajo la contraseña de esta desaparecida naviera (R. One, R. Two, R. Five, R. Six y R. Seven), todos ellos, años después, regresaron al puerto malagueño con sus nuevas identidades, y en la mayoría de los casos, con sus cascos pintados de un blanco inmaculado.

Hace unos días, uno de estos barcos, en concreto el Azamara Quest (antiguo R. Seven), atracaba en Málaga pintado de blanco. Días después de esta visita, el barco regresaba con su casco pintado de color azul oscuro, retomando así la imagen original de los buques de la Clase R.

AZAMARA QUEST con su casco azul oscuro.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (20 de Noviembre de 2012).

El primer encuentro

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de noviembre de 2012 a las 8:46

Cuando dos barcos de una misma compañía coinciden atracados en un puerto, normalmente, los capitanes y algunos miembros de las tripulaciones suelen visitarse. Esta norma de cortesía, o si lo prefieren, de camaradería, habitualmente suele tener su segundo acto cuando uno de los barcos deja el puerto y ambos se despiden haciendo sonar sus bocinas.

Hace unos días, dos buques de Costa Cruceros atracaban con unas horas de diferencia en las instalaciones cruceristicas del puerto, y la tradicional visita y despedida sonora volvía a repetirse.

El miércoles 26 de julio de 1972, los muelles uno y dos (los que por entonces albergaban a la gran mayoría de buques de turistas que llegaban a Málaga) vivieron una jornada repleta de barcos. Procedente de Nápoles y con destino a Vigo, el buque español Monte Umbe atracaba en el muelle de Cánovas dentro de un curioso itinerario en el que viajaba un nutrido grupo de turistas de diversas nacionalidades. En ese mismo muelle, el buque de la  por entonces denominada Costa Line Federico C.,  amarraba tras haber tocado con anterioridad el puerto francés de Cannes. Completando la lista de barcos turísticos de ese día, el Irpinia, llegado de Tánger y con destino a Palma de Mallorca atracaba en el muelle de Ricardo Gross.

A las ocho de la tarde, el Federico C. dejaba las aguas del puerto rumbo a Funchal, y mientras salía, se encontraba con su hermano de contraseña Enrico C. que llegaba a Málaga para pasar la noche.

Unos prolongados saludos sonoros por parte de ambos barcos sirvieron para festejar aquel momento. Un histórico encuentro que significó la primera vez que coincidían en aguas malagueñas dos buques de Costa Line, lo que hoy es Costa Cruceros.

Federico C. y Enrico C.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (13 de Noviembre de 2012).