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Una nueva descortesía

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de noviembre de 2018 a las 9:58

El lunes 15 de enero llegaba al puerto el destructor de la marina real inglesa Duncan. Atracado en el muelle de levante y abriendo la nómina de los “guerreros” que visitaban Málaga en 2018,  el Duncan entraba para cumplimentar una operativa de repostaje barco a barco; una maniobra que lo convertía en el primer buque militar de la historia del puerto que tomaba combustible de esta manera.

Una vez amarrado, el consignatario, tras gestionar sus tareas a bordo,  informaba al barco que no había puesto la bandera española de cortesía. Obviando el comentario y sin izar el pabellón, la Comandancia Naval, atenta a esta circunstancia, reiteraba el aviso aludiendo a unas buenas maneras que, sin existir una expresa obligación, cumplen todos los barcos que visitan aguas españolas.

Haciendo caso omiso de esta segunda recomendación, a bordo del Duncan se celebró una recepción la tarde de su llegada; una fiesta con muchos asistentes, algún que otro político y numerosos miembros de la colonia británica en Málaga. Invitado al evento, nada más subir al barco, un oficial del buque me dio la bienvenida antes de presentarme a la comandante del Duncan, una señora que me saludó chapurreando la lengua de Cervantes. Hechas las presentaciones, muy cortésmente y siempre atento a que no me faltara una bebida o que no se me escapara un canapé, el oficial que me había tocado, sin separarse ni un instante de mí, me presentó al capellán, al doctor y a uno de los responsable de la seguridad del Duncan, un corrillo de conversación en el que tuve que aplicar mi mejor inglés para que estos marinos hicieran por entenderme.

Finalizada la fiesta, el Duncan, que llegaba antes de tomar el mando de una agrupación de la OTAN, tras repostar combustible, dejaba el puerto el 18 de enero sin haber querido izar la bandera española.

Dicho esto, les comentaré que hace unos días llegó a Málaga el buque de la marina real inglesa Echo para realizar una escala de descanso. Atracado primero en el muelle dos y luego en el siete, este barco, siguiendo la descortés tradición de los buques de guerra ingleses no quiso enarbolar la bandera de nuestro país.  Y yo me pregunto ¿Qué habría pensado sobre esto don Blas*?

OLYMPUS DIGITAL CAMERABuque de la marina real inglesa ECHO atracado en el muelle dos sin la bandera española de cortesía.

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El día 30 de octubre el ECHO cambiaba de atraque pasando del muelle dos al muelle siete.

En esta nueva ubicación siguió sin izar la bandera española de cortesía

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 6 de noviembre de 2018.

*Don Blas de Lezo y Olavarrieta (Pasajes, Guipúzcoa, 3 de febrero de 1689-Cartagena de Indias, Nueva Granada, 7 de septiembre de 1741)

Cortesía y descortesía

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de enero de 2018 a las 10:45

Cuando cualquier tipo de barco llega a un puerto español, en su mástil se iza la denominada bandera de cortesía. Sin existir un reglamento que los obligue, la tradición y las buenas maneras, llevan a que estos buques muestren durante su estancia el pabellón del país en el que se encuentran atracados.

Hace unos días, abriendo la nómina de barcos de guerra que visitan Málaga en 2018, el destructor de la marina real inglesa Duncan amarraba en el muelle de Levante. Con el añadido de entrar en la historia portuaria malacitana por ser el primer buque militar que carga combustible desde un barco, este destructor, que llegaba antes de tomar el mando de una agrupación de la OTAN, amanecía al día siguiente de su atraque sin lucir la bandera española. Informados sobre el pabellón de cortesía por la Comandancia Naval de Málaga, el Duncan, cuatro jornadas después de su llegada, dejaba las aguas malacitanas sin haber querido izar esta bandera.

Un día después de esta salida, el buque cisterna norteamericano Leroy Grumman amarraba en el muelle de Levante. Integrado en la Military Sealift Command, una organización que  abastece a barcos de la marina de guerra de los Estados Unidos y a aliados, el Leroy Grumman quedaba atracado sin lucir el pabellón de cortesía. Informado horas después de su llegada de esta tradición por un responsable de la Comandancia, el buque al instante izó la bandera. Un pabellón que no tenían oficialmente a bordo y que tuvo que ser rescatado del camarote del primer oficial; un marino de ascendencia española que tras la autorización del capitán cedió su bandera. Dos actuaciones diferentes que explican a la perfección lo que significan las palabras cortesía y descortesía.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABuque norteamericano LEROY GRUMMAN con la bandera española de cortesía.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 23 de enero de 2018