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La escala del ULYSSES

Juan Carlos Cilveti Puche | 17 de noviembre de 2020 a las 14:44

Hoy les narraré algo curioso; una situación casi humorística de la que fui testigo hace tan solo unos días en el puerto malacitano. Y aunque a posteriori haga alguna consideración, primero les reseñaré que es lo que ocurrió; un hecho muy habitual de ver en los muelles y que en esta ocasión me llamó poderosamente la atención. El domingo 1 de noviembre llegó a Málaga el megayate Ulysses. Cumplimentando su primera visita, este barco de 116 metros de eslora propiedad de un magnate de los negocios neozelandés, quedaba atracado en la esquina oeste del muelle número dos, la zona que no está concesionada por la empresa que en un futuro gestionará los amarres de este tipo de barcos de recreo privado.

Ya atracado frente al Palmeral de la Sorpresas, una serie de tripulantes del superyate y les recuerdo que este barco lleva 48, comenzaron a instalar la escala real. Liberado un portalón situado en la borda, lo primero que apareció fue una plataforma circular que, sobre la cubierta principal, debía constituir la base de esta escala. Ocupados en la labor siete marineros y ya con la plataforma fijada, justo al lado de ella comenzaron a montar un pequeño brazo de grúa. Añadidos a la tarea dos marineros más y ya sumaban nueve, la grúa quedó instalada lista para mover la escala. Transcurridos algo más de veinte minutos desde que se inició toda la maniobra, finalmente la escala del megayate Ulysses quedaba posicionada en tierra. Mientras parte de la cuadrilla de marineros que había trabajado en lo que les he contado miraba, dos de ellos desembarcaban para colocar los candeleros, los postes que unidos por medio de sendos cabos constituyen el pasamanos de la escala. Tras comenzar a fijarlos y darse cuenta que lo estaban poniendo a revés, una vez subsanado el error, la escala real de este barco quedaba montada tras casi cincuenta minutos de trabajo.

Narrado este hecho y con la pregunta de si hacen falta nueve marineros y cincuenta minutos para poner una escala en un yate de 235 millones de euros, les diré que el Ulysses tan sólo pasó un día en Málaga; muy pocas horas en la que por supuesto están incluidos los muchos minutos que se emplearon para poner y quitar su escala real.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAULYSSES maniobrando para atracar en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 17 de noviembre de 2020.

El final de ‘El tintas’

Juan Carlos Cilveti Puche | 8 de febrero de 2011 a las 13:23

Los asiduos lectores de esta columna, tal vez recuerden la historia de José Martínez ‘El tintas’; aquel ex legionario profusamente tatuado y metido a estibador que, allá por la década de los años cuarenta, saludaba militarmente a los barcos en los que iba a trabajar.

Aquella circunstancia, fruto sin duda de algún tipo de importante desarreglo mental, y que fue motivo de burla durante bastante tiempo, llegó un momento en que se convirtió en un verdadero problema; algo que llevó a los responsables de la estiba malagueña a decidir que ‘El tintas’ trabajara en exclusividad en la carga y descarga de los melilleros. Al tratarse de barcos de bandera española, los efusivos y vociferantes saludos de José, tal vez así, se verían apaciguados. 

Efectivamente, el ridículo saludo militar que nuestro protagonista tenía por costumbre hacer a todos los barcos de pabellón extranjero que llegaban al puerto de Málaga, desapareció, aunque con su nuevo trabajo aparecieron nuevas manías.

‘El tintas’, que embarcaba a diario en los melilleros (por aquellos años operaban en Málaga los buques A. Lazaro y el V. Puchol), antes de comenzar su trabajo, tenía que estrechar la mano de todos los marineros encargados de las operaciones de carga y descarga; para instantes después, saludar con aires marciales al oficial que dirigía estas maniobras.

Con el paso de los años, a esta manía de los saludos, ‘El tintas’ fue añadiendo otras; hasta que una de ellas (al parecer José no tenía el más mínimo pudor en evacuar estuviera donde estuviera), le llevó a ser retirado de los muelles. Tras abandonar la vida portuaria en el año 1946, José Martínez ‘El tintas’, finalizó sus días recluido en un sanatorio de Granada.

A Lazaro blog

A. Lazaro, uno de los melilleros donde trabajó ‘El tintas’.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (8 de Febrero de 2011).

NOTA: Si alguien desea la columna titulada ‘El Tintas’ (la primera parte de esta historia que publicaba en Marzo de 2007) sólo tiene que pedirla vía e-mail (maritimas@malagahoy.es) y muy gustosamente se la enviaré.