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El buzón de correos

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de abril de 2012 a las 8:45

En más de una ocasión, les he hablado de determinadas fotos portuarias que me hubiera gustado tomar y que por múltiples motivos no pude hacer. Una de estas instantáneas, quizás de las más deseadas por el hecho de no tenerla, es la del singular buzón de correos ambulante que a diario se colocaba en la escala de los melilleros.

Desde el año 1920, todos los buques de la Compañía Trasmediterránea que han cubierto la línea regular entre los puertos de Málaga y Melilla, han lucido una muy especial bandera nacional con las iniciales C M (Correo Marítimo), indicativas de ser buques subvencionados estatalmente y encargados de transportar oficialmente el correo. Hoy día, la correspondencia que se embarca en los buques de línea regular, llega a bordo de un camión, y el encanto de aquel buzón de correos de quita y pon ya no existe.

Construido con una simple tabla con su correspondiente ranura bajo la cual colgaba una saca de correos, este singular artilugio se situaba junto a la escala del barco nada más llegar a puerto, y unos minutos antes de salir (era lo último que se hacía antes de soltar las estachas), un marinero quitaba el improvisado receptáculo que era entregado a un funcionario de Correos, el ambulante, que durante el transcurso de la travesía clasificaba toda esta correspondencia.

Aquel tan especial buzón que tantos malagueños y melillenses usaron a diario para depositar sus cartas de última hora, se mantuvo activo durante muchos años, hasta que un día, allá por la década de los años setenta desapareció.

Una imagen de otra época que muchos recordarán, y que forma parte de las múltiples fotos portuarias que, desafortunadamente, no pude tomar y que no están en mi archivo.

Camión de Correos entrando en el Melillero.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (24 de Abril de 2012).

El hombre del traje

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de enero de 2012 a las 9:17

Los años posteriores a la guerra civil española, fueron unos años  muy complicados en el puerto de Málaga. Pero, independientemente de las muchas historias dramáticas que se vivieron a pie de muelle por aquellos tiempos, lo que hoy les contaré, constituye una de esas curiosas historias en las que se mezcla la ficción con la realidad.
Se cuenta que durante los años que duró la segunda guerra mundial, un espía embarcaba semanalmente en Málaga para viajar a Marruecos. De nacionalidad alemana, aunque también se hablaba de que era austriaco, este señor comenzó a hacerse popular por sus embarques en el melillero a principios de 1940.  Navegando siempre en primera clase, la asiduidad de sus cortos viajes, hizo pensar a los portuarios malagueños que se trataba de un contrabandista de altura. Con un pequeño maletín como único equipaje, y siempre vestido de una forma inmaculada, este misterioso señor fue rápidamente apodado como “el hombre del traje”.
Con el paso del tiempo, los corrillos portuarios malagueños fueron perdieron interés por los viajes semanales de este señor alemán, hasta que un día, alguien corrió la voz que en vez de ser contrabandista, “el hombre del traje” era un espía. Ante esta novedad, los comentarios traspasaron los límites portuarios, y lo que en un principio pareció ser sólo una comidilla, se convirtió en una noticia publicada en la prensa malagueña de la época.
Y aunque los viajes de “el hombre del traje” continuaron, la frecuencia semanal desapareció, lo mismo que aquel señor del que nunca más se supo.
Una historia que se podría completar con la de la joven rumana llegada a bordo de un buque de turistas en 1934.  Otra historia de espías que les contaré otro día.

Uno de los melilleros en los  que viajó “El hombre del traje”.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (24 de Enero de 2012).

El final de ‘El tintas’

Juan Carlos Cilveti Puche | 8 de febrero de 2011 a las 13:23

Los asiduos lectores de esta columna, tal vez recuerden la historia de José Martínez ‘El tintas’; aquel ex legionario profusamente tatuado y metido a estibador que, allá por la década de los años cuarenta, saludaba militarmente a los barcos en los que iba a trabajar.

Aquella circunstancia, fruto sin duda de algún tipo de importante desarreglo mental, y que fue motivo de burla durante bastante tiempo, llegó un momento en que se convirtió en un verdadero problema; algo que llevó a los responsables de la estiba malagueña a decidir que ‘El tintas’ trabajara en exclusividad en la carga y descarga de los melilleros. Al tratarse de barcos de bandera española, los efusivos y vociferantes saludos de José, tal vez así, se verían apaciguados. 

Efectivamente, el ridículo saludo militar que nuestro protagonista tenía por costumbre hacer a todos los barcos de pabellón extranjero que llegaban al puerto de Málaga, desapareció, aunque con su nuevo trabajo aparecieron nuevas manías.

‘El tintas’, que embarcaba a diario en los melilleros (por aquellos años operaban en Málaga los buques A. Lazaro y el V. Puchol), antes de comenzar su trabajo, tenía que estrechar la mano de todos los marineros encargados de las operaciones de carga y descarga; para instantes después, saludar con aires marciales al oficial que dirigía estas maniobras.

Con el paso de los años, a esta manía de los saludos, ‘El tintas’ fue añadiendo otras; hasta que una de ellas (al parecer José no tenía el más mínimo pudor en evacuar estuviera donde estuviera), le llevó a ser retirado de los muelles. Tras abandonar la vida portuaria en el año 1946, José Martínez ‘El tintas’, finalizó sus días recluido en un sanatorio de Granada.

A Lazaro blog

A. Lazaro, uno de los melilleros donde trabajó ‘El tintas’.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (8 de Febrero de 2011).

NOTA: Si alguien desea la columna titulada ‘El Tintas’ (la primera parte de esta historia que publicaba en Marzo de 2007) sólo tiene que pedirla vía e-mail (maritimas@malagahoy.es) y muy gustosamente se la enviaré.