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El emblema de Málaga en el puerto

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de septiembre de 2016 a las 8:28

Resulta curioso que en las dos últimas décadas, las noticias más significativas que ha generado el puerto de Málaga y que han suscitado intensos debates mediáticos y ciudadanos, hayan tenido muy poco que ver lo que realmente es y significa la actividad portuaria.

Con el recuerdo de aquella desafortunada soflama política que ofrecía a los malagueños el muelle de Levante para pasear, la polémica demolición del silo, las luces y sombras del Palmeral Sorpresas y el Muelle Uno, amén de lo que afean, para muchos, las grúas de la terminal de contenedores, el puerto malacitano, tras lidiar con una noria que en un futuro será más grande, afronta ahora el reto de convertirse en un destino turístico albergando en sus instalaciones un superhotel que, en esta ocasión, no será flotante.

Y sin entrar en el sangrante tema de lo que ya se escucha sobre la calidad emblemática que  se le atribuirá a esta torre de 135 metros de altura (para construcciones emblemáticas ya está la catedral o si me apuran el monumento a Torrijos o la Farola), este superhotel, participa de dos circunstancias que podrían afectar mucho al éxito crucerístico malacitano. Ocupando casi la totalidad  de la explanada de Levante, los 57.000 metros cuadrados donde se ubicará esta construcción, reducirán considerablemente las amplias zonas de aparcamiento que en la actualidad usan los autobuses que movilizan a los turistas de barco. Pero además de esto, lo más peliagudo del asunto radica en los dos años y medio de obras; unos trabajos que no sabemos cómo acogerán las compañías cruceristicas al tener que afrontar treinta largos meses atracando sus lujosos buques a menos de cien metros de una ¿emblemática obra?

Puerto y catedralVieja postal malagueña del puerto que muestra a la catedral.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 27 de septiembre de 2016.

Las cenas de gala

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de febrero de 2012 a las 8:49

Si han viajado en un buque de crucero, habrán comprobado la excesiva decoración que  acompaña a los alimentos que se sirven en sus bufetes y restaurantes. Desde esculturas hechas con hielo, pasando por todo tipo de frutas talladas y terminando con infinidad de flores, la comida que se sirve en estos barcos, es, como se suele decir, algo que entra por los ojos.

Y aunque estos adornos suelen estar bastante estandarizados (por supuesto cada barco tiene su toque especial), en determinadas ocasiones, se encuentran detalles que marcan la diferencia por su originalidad.

El 20 de agosto de 2006, atracaba en el muelle  número uno el buque de crucero Van Gogh. Realizando un  largo  viaje con turistas alemanes, el barco llegaba a Málaga procedente de Gibraltar para efectuar una larga escala desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche. Al tratarse de un viejo buque de la clase Belorrusiya (una serie de ferries reconvertidos en buque de cruceros de los que ya les he hablado), semanas antes de su llegada pedí permiso para  visitar el buque.  Acompañado del jefe de relaciones públicas recorrí el barco, y me sorprendí, cuando sin pedirlo, pude acceder a lugares que normalmente no se suelen visitar. Tras conocer la cocina, mi anfitrión me mostró una pequeña estancia en la que se fabricaban unas esculturas que servían para decorar el comedor principal del barco en sus cenas de gala. Realizadas con corcho blanco pintado, un camarero singapurés copiaba  de una foto algún monumento típico de la ciudad que se iba a visitar, y lo exponía en el restaurante  junto a la comida la noche  antes de que el buque llegara el puerto de esa ciudad.

Una muy especial  e idealizada réplica de la catedral malagueña, tras haber presidido la cena la noche anterior, se encontraba en ese taller para ser reconvertida en la catedral de Cádiz,  siguiente puerto de escala que debía tocar el Van Gogh.

La supuesta catedral de Málaga del VAN GOGH

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (28 de Febrero de 2012).