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Don José Peinado

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de enero de 2014 a las 19:15

Paseando una tarde por el puerto (corría el año 1997), en el muelle número dos junto a una de las grúas allí ubicadas, un reducido grupo de colegialas ataviadas como las Spice Girls, cataban y bailaban mientras eran grabadas en lo que parecía ser la filmación doméstica de un videoclip.

Esta  curiosa anécdota; quizás, unas de las más extrañas que se han podido ver en los últimos años en el recinto portuario malacitano, me sirve como excusa para contarles las andanzas de un desconocido artista que, durante algo más de una década, buscó su inspiración en los muelles malagueños.

Con independencia de algunos pintores que, a pie de muelle, han montado sus caballetes para inmortalizar alguna escena portuaria, la historia de José Peinado constituye una verdadera rareza. Una singularidad que durante muchos años vinculó la existencia de este amante de las letras con el puerto de su ciudad.

Tras finalizar su vida laboral como empleado de banca, José, muy aficionado a la poesía, comenzó lo que muy bien podríamos denominar su etapa literaria. Corrían los primeros años de la década de 1950.

Buscando inspiración para sus versos, este malagueño comenzó a frecuentar los muelles, y muy pronto, sus asiduos paseos junto a los barcos atracados lo convirtieron en un personaje muy popular.

Vestido siempre con un inmaculado traje y cubierto con un sombrero, don José (así terminaron llamándolo los trabajadores portuarios), deambulaba a diario por los muelles con una pequeña libreta donde escribía sus versos.

Después de más de diez años buscando a sus musas en el puerto de Málaga, José Peinado moría en  1967, y su  abundante obra, reflejada en infinidad de cuadernos de poemas, quedaba inédita y olvidada.

9El puerto de Málaga en los años de paseos portuarios de don José Peinado.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (28 de enero de 2014).

Otra barcaza antillana

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de enero de 2014 a las 9:39

En mayo del año pasado,  bajo el título “La barcaza antillana”,  les narraba cómo  en diciembre de 2012 llegaba remolcada a aguas malacitanas la plataforma Ans. Tras pasar por el dique flotante para realizar una puesta a punto, esta barcaza, comenzaba un baile de atraques por distintos muelles. Unos movimientos que en función de las necesidades operativas de los buques que amarran en el puerto, mantiene a esta pontona en la actualidad  aun en  danza.

 El martes 2 de julio de 2013, procedente de Tánger,  llegaba remolcada por el  Sertosa Dieciocho la TB-01, otra plataforma flotante multipropósito abanderada en San Vicente y las Granadinas propiedad de una multinacional dedicada a los trabajos marítimos de origen belga. Después de quedar atracada en el muelle número cuatro, la barcaza de 50 metros de eslora, 14 de manga y 544 toneladas de registro bruto, auxiliada por uno de los remolcadores malagueños de la Clase H, entraba en dique el 8 de julio. Once días más tarde, reparada y pintada,  la TB-01, volvía a quedar amarrada en el muelle de Heredia.

Compartiendo el mismo desino que la Ans, la TB-01,  construida en un astillero ruso en 2003, a la espera de que su propietario le encuentre un lugar de destino para trabajar,  comenzó su particular periplo por los muelles puerto. Después de efectuar un primer movimiento en solitario, las dos barcazas juntas, siguieron cambiado de atraque a expensas de las necesidades del tráfico portuario. Tras rodar por todos los muelles sucios, desde hace unos días, ambas plataformas se encuentran amarradas en el muelle dos, justo delante de la  pasarela de pasaje que emplean los  exclusivos buques de crucero que atracan junto al Palmeral de las Sorpresas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABarcazas ANS y TB-01 en el muelle dos junto a la estación marítima del Palmeral.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (14 de enero de 2014).

¿Barcos o yates?

Juan Carlos Cilveti Puche | 10 de diciembre de 2013 a las 9:35

El 30 de octubre de 2001, la dársena de Guadiaro vivió  un día grande. Repartidos entre los muelles uno, dos y 3-A2, cuatros buques de crucero y un velero dedicado a expediciones turísticas, escalaban en Málaga entre las siete de la mañana y las ocho de la tarde.

El afamado Seabourn Sun (uno de los más lujosos barcos turísticos de aquellos años), junto al Arkona, dedicado en exclusividad al mercado crucerístico alemán, amarraban en el muelle dos. Frente a ellos, en el muelle uno,  se situaban el buque de la compañía MSC Rhapsody y el velero Alexander von Humboldt. Cerrando el quinteto, en el habitual atraque del Melillero se posicionaba el Flamenco luciendo los colores de Festival Cruceros.

Aquel día, varios miles de turistas recorrieron la ciudad, y los muelles que conforman la dársena del Marqués de Guadiaro, demostraron lo que de atractivo tiene atracar en el centro de Málaga.

Aquella histórica jornada, constituyó la última vez en la que las aguas tributarias de los muelles uno, dos y tres, experimentaron una ocupación casi al completo de barcos turísticos. Una circunstancia que, con la puesta en marcha de las instalaciones crucerísticas de Levante, ha reducido mucho la entrada de este tipo de buques en esta dársena.

Y aunque los usos de esta gran lámina de agua en la actualidad, a pesar de determinadas limitaciones, dan juego para el atraque de  muchos y muy variados tipos de buques, la idea de convertir esta dársena en un gran puerto deportivo parece que podría ser una opción de futuro.

Una complicada situación de la que habría que hablar mucho, y que cambiaría el uso comercial de estas aguas por la presencia en ellas de un puñado de yates amarrados en pantalanes flotantes.

Seabourn Sun Arkona y Rhapsody 30-X-2001Buques turísticos atracados en la dársena de Guadiaro en octubre de 2001.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (10 de diciembre de 2013).

Banastas malagueñas

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de noviembre de 2012 a las 12:38

HASTA hace no demasiados años, la estandarización y las muy estrictas normas que rigen el transporte de mercancías por mar no existían. De esta forma, cualquier recipiente más o menos grande susceptible de ser usado para albergar carga, podía ser estibado sin ningún tipo de problema a bordo de un barco.

A finales del siglo XIX, el puerto de Málaga, inmerso en un rico y variado tráfico comercial, era un claro ejemplo de los muy diferentes tipos de recipientes y embalajes que, por aquellos años, se movían en cualquier puerto del mundo. Cargas sólidas o líquidas almacenadas en balas, fardos, sacos, toneles o barricas, constituían una imagen habitual en cualquiera de los muelles malagueños.

Pero además de esta variedad de grandes envases, y quizás, con una cierta exclusividad, el puerto de Málaga, durante muchas décadas movilizó diferentes cargas almacenadas en unos recipientes, permítanme la expresión, muy propios de la tierra. Las banastas, que no son otra cosa que grandes cestos hechos de mimbre o de finos listones de madera entretejidos, sirvieron durante años para transportar casi cualquier tipo mercancía manufacturada en tierras malagueñas.

Y aunque al parecer estos recipientes tienen su origen en el sector pesquero (la agricultura también podría haber sido la fuente de estos), lo que sí está claro, es que en la Málaga de los siglos XVIII y XIX, existieron diferentes talleres artesanales donde se fabricaron banastas especialmente destinadas a albergar productos exportados por vía marítima en rutas fundamentalmente de cabotaje.

Unos recipientes muy significativos del pasado portuario malagueño que hoy día no tendrían cabida en el transporte de mercancías por mar.

Descarga de un barco a finales del siglo XIX en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (6 de Noviembre de 2012).

El Boudicca

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de octubre de 2012 a las 8:50

PERMÍTANME que hoy aluda a la épica de los buques de crucero del pasado para hablarles de un barco histórico aun en activo. Con 35 años de vida, el Boudicca, sin haber perdido ni un ápice de su encanto original, compite en igualdad de condiciones con los modernos hoteles flotantes que marcan la tendencia actual en cuanto al mercado crucerístico se refiere.

Construido en los astilleros finlandeses Oy Wärtsilä Ab en 1973, este buque, último de una serie de tres unidades encargadas por la compañía Royal Viking Line, iniciaba su vida de mar con el nombre Royal Viking Sky. Convertido junto a sus dos gemelos en los buques de crucero más famosos y lujosos de la década de los setenta, el Royal Viking Sky visitaba por primera vez Málaga en noviembre de 1977. Después de aquella primera escala en la que atracó en el muelle de Ricardo Gross, este buque, que en 1982 alargaba su eslora 27 metros, frecuentó las aguas malagueñas de forma continuada en sus muy exclusivos y caros itinerarios crucerísticos hasta 1989.

Tras verse mermada su aceptación por parte del público (paradójicamente el alargamiento de los tres gemelos de la Royal Viking Line les hizo perder su exclusividad), el Royal Viking Sky iniciaba una carrera repleta de cambios de nombres. Entre 1991 y 2004 el buque navegó con siete nombres diferentes, trabajando durante muchos de estos años para el mercado asiático. En 2005, tras una brevísima aventura con los colores un operador español, el barco era comprado por la compañía Fred Olsen Cruises, siendo rebautizado como Boudicca.

El 13 de junio de 2006 el Boudicca se estrenaba en Málaga, y curiosamente, en su primera escala atracaba en el mismo muelle en el que se amarró en 1977.

El ‘Boudicca’, en su primer atraque en Málaga en 2006.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (9 de Octubre de 2012).

El repintador de barcos

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de septiembre de 2012 a las 9:56

LA historia de José Luque tal vez sea una de las más singulares que hasta la fecha he conocido de un portuario malagueño. Nacido a principios de los años veinte en el seno una familia humilde, José, de la mano de su hermano mayor, muy pronto comenzó a trabajar en los muelles. Carente de escolarización y de juegos infantiles, nuestro protagonista se iniciaba en la vida portuaria a bordo de un pequeño bote: el único patrimonio de la familia Luque. Realizando pequeños portes entre los buques fondeados en las dársenas y los muelles, José y su hermano trabajaban sin horarios y sin días de descanso.

Con apenas diez años, una reyerta acababa con la vida del hermano de José y éste, sin ninguna otra familia, se quedaba solo. Convertido en un niño portuario, José siguió patroneando su pequeño bote a remos hasta que un barco le cambió la vida. El lunes 19 de marzo del año 1934, procedente de Barcelona y en ruta hacia Nueva York, atracaba en el muelle de Cánovas el buque de la Compañía Trasatlántica Española Magallanes.

Ante la necesidad de tapar algunos desconchones en el casco de este trasatlántico, el consignatario del buque ofreció la faena a varios barqueros portuarios, siendo José uno de los seleccionados. Tras aquel trabajo, la barca del joven malagueño se convirtió en una habitual de estas labores y durante muchos años, sólo o acompañado de los marineros de los barcos en cuestión, José repintó las manchas de los cascos de infinidad de buques atracados en el puerto de Málaga.

Cuando los barcos dejaron de emplear a trabajadores externos para realizar estas labores, José Luque dejó de trabajar y con él se perdió una muy curiosa y antigua profesión portuaria.

Tareas de pintura en el caso de un buque de crucero en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (18 de Septiembre de 2012).

El símbolo de proa

Juan Carlos Cilveti Puche | 31 de julio de 2012 a las 8:30

HASTA que llegaron las medidas de seguridad que actualmente existen en los puertos, los muelles fueron unos lugares muy habituales para el ocio. En Málaga, durante muchas décadas, el paseo dominical para ver los barcos atracados constituyó una constante para muchas familias en unos años donde no existían las diversiones de hoy.

El sábado 25 de septiembre de 1962, entraba al puerto malagueño el buque de bandera hindú Jalavijaya. Realizando un viaje fuera de las habituales rutas en las que navegaba este carguero matriculado en Bombay, el buque traía a Málaga un cargamento de 733 toneladas de aceite de cacahuete. Tras quedar atracado a las 22:30 en el muelle de Cánovas, al día siguiente, aún siendo domingo, el barco iniciaba su operativa de descarga.

Perteneciente a la compañía india Scindia Line, este barco, al igual que todos los que componían la flota de buques de esta naviera, además de compartir en su nombre el prefijo jala (mar en lengua hindú), lucía en su proa una cruz esvástica, un emblema que reconocía internacionalmente a esta compañía de navegación.

Y aunque este símbolo también se podía ver en una bandera izada en uno de los mástiles del buque (sobre un fondo azul un círculo central blanco albergaba la cruz en rojo), el emblema de proa, fue el que llamó la atención a los muchos malagueños que paseaban a pie de muelle aquella mañana de domingo.

Hasta tal punto llegó a ser la curiosidad de los paseantes que quisieron acercarse al barco para ver aquel símbolo que, un agente de la autoridad, tuvo que ser colocado junto al buque, a petición del consignatario, para evitar que se produjera algún tipo de accidente mientras el barco realizaba su operativa de descarga.

Símbolo de proa de un buque similar al llegado a Málaga en 1962.

Bandera de la compañía Scindia Line.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (31 de Julio de 2012).

Carpas

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de agosto de 2011 a las 9:39

Sin entrar en la polémica de las carpas provisionales que, situadas frente a la estación marítima norte, se están empleando para recoger las maletas de los turistas que van a embarcar; hoy les hablaré de las más curiosas carpas que se han podido ver en el puerto de Málaga durante los últimos años.

Dejando a un lado las que algunos buques instalan a pie de muelle, o las que en el pasado los portuarios montaban para diversos usos (ya les hablé de estos tenderetes), quizás, la carpa más conocida en el puerto malagueño, sea la que año tras año se monta con motivo de la Operación paso del Estrecho. Y aunque esta instalación provisional sea el principal referente, la carpa por excelencia, fue la que en 1998 se montaba en el muelle número dos.

Teniendo en cuenta que el muelle de Guadiaro (el nº 2) era, en la década de los noventa, el más transitado por la gran mayoría de los buques de crucero que venían a Málaga; y teniendo en cuenta también, que por aquellos años, muchos barcos realizaron frecuentes embarques y desembarques parciales, los responsables del puerto, decidieron instalar un par de carpas situadas al principio y en la medianía de este muelle. Aquellas estructuras que, curiosamente, carecían de la calidad de provisionalidad que habitualmente tienen las carpas, fueron usadas para casi todo. Después de unos años de mucha actividad, se podría destacar el uso que en 1999 se les dio durante las 27 semanas que el buque de crucero Sapphire escaló con embarques y desembarques completos, las  dos carpas, de las cuales, una se reconvirtió en un conjunto de pequeñas casetas, se mantuvieron activas hasta el año 2004, fecha en la que la demolición del silo llevó a su desmantelamiento.

Vista parcial de las carpas instaladas en el muelle número dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (16 de Agosto de 2011).

Golpes

Juan Carlos Cilveti Puche | 12 de abril de 2011 a las 8:51

Si hubiera que hacer una clasificación de los muelles malagueños más golpeados por barcos durante maniobras de atraque o desatraque, sin duda alguna, el primero que encabezaría esta lista sería el muelle de Heredia; o si lo prefieren, el número cuatro.

Y aunque la historia de los impactos sobre este muelle podría remontarse al  mismo día en  que se inauguraba (por otra parte es lógico al tratarse de una de las línea de atraque que más tráfico soporta), hoy les contaré uno de los más significativos incidentes ocurridos  en este muelle en los últimos años.

A punto de ser sustituido en la titularidad de su línea, el ferry Ciudad de Sevilla, sufría una importante avería de máquina en septiembre de 2006. Tras llegar renqueante a nuestro puerto el sábado día dos (este sería el último viaje que realizaría en la ruta Málaga-Melilla), este veterano buque, pasaba de su habitual muelle de atraque al número seis. Después de efectuar varios cambios de muelle en días sucesivos, finalmente, el  Ciudad de Sevilla quedaba amarrado en el muelle de Heredia.

Una vez reparada la avería, el 16 de septiembre, el aun Melillero titular, salía  para hacer  pruebas de mar. Cuatro días más tarde, nuevamente repetía las pruebas; aunque en esta ocasión, regresaba auxiliado por el remolcador Diheciseis. En aquella maniobra, el Ciudad de Sevilla golpeaba  levemente contra el cantil del muelle de Heredia, y tres norayes se veían dañados por el impacto.

El 23 de septiembre de 2006, tras ser relevado oficialmente en la  titularidad de la línea Málaga-Melilla, el Ciudad de Sevilla dejaba nuestro puerto para siempre; y en el muelle número cuatro,  se reparaban los desperfectos producidos por  aquel incidente.

Ciudad de Sevilla blog

CIUDAD DE SEVILLA saliendo de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (12 de Abril de 2011).

El alma del puerto se jubila

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de febrero de 2011 a las 23:31

Enrique Bianchi, uno de los prácticos de Málaga, se retira tras una vida dedicada a la mar en la que ha garantizado la seguridad de miles de maniobras en el recinto portuario.

J. C. Cilveti · J. Gómez / Málaga

En una mañana lluviosa y desapacible, con el Mediterráneo extrañamente enfurecido y la aún más insólita estampa de un portacontenedores encallado en las playas de Almayate, no hace falta salir del cálido refugio de la oficina para sentir la terrible y a la vez atractiva dureza de la mar. Sinónimo de aventuras y peligros, imán de escritores, cubre las tres cuartas partes de la superficie del planeta. De todos sus oceános puede contar historias Enrique Bianchi. Y da gusto escucharlas.

Jubilado, “a la fuerza”, a los 67 años por un ictus traicionero sufrido mientras subía a un buque, este viejo lobo de mar ha sido en los últimos 20 años el alma del puerto de Málaga. Como práctico, un oficio tan necesario como desconocido, Bianchi ha asegurado la entrada de miles de buques en sus dársenas. Se conoce “metro a metro” los muelles malagueños, pero también muchos otros puertos. Lo hemos citado para una entrevista sobre su apasionante vida, pero es un tontería interrumpirlo. Nos regala un monólogo sobre viajes, peligros y la historia reciente del puerto. Cuando termina, la boca nos sabe a sal.

Bianchi tuvo, sin embargo, una infancia dulce. Hijo de un director general de la compañía Salsa, se crió en el ingenio azucarero de Nuestra señora del Carmen, en Torre del Mar. Puede que esas dos referencias naúticas le inspiraran, porque no había antecedentes de marinos en su familia. “Pero yo quería ver el mundo y sentía que era mi vocación, así que muy joven me apunté en la Escuela Naval de Cádiz”. Con 17 años ya era oficial en prácticas, y durante los siguiente treinta años trabajó para una de las principales navieras españolas, tanto en los puentes de sus buques como en un despacho en Madrid. También, durante un año que recuerda con mucho cariño, en los muelles de Nueva York, donde supervisaba la descarga de fruta. Allí conoció de primera mano el poder de la mafia, tanto la italiana como la portorriqueña, y las tensiones raciales que había entonces en una sociedad, la norteamericana, que no obstante admira mucho. Vivir y pasear por la Gran Manzana “era el sueño de cualquier joven”, relata.

 Cubrió la ruta frutera del Caribe -describe emocionado la belleza de la isla cubana de Pinos-, pero también llevó leche en polvo, como capitán, a diferentes países árabes y africanos. Todavía recuerda cómo tuvo que soltar amarras a la carrera para zarpar de un puerto libanés mientras a su alrededor caían las bombas israelíes, o las diferencias con la sociedad musulmana, ahora en plena revolución democrática. Conoció a varias mujeres españolas que, casadas con árabes que habían estudiado en nuestro país, chocaron de frente con un machismo brutal. “Se arrepentían al darse cuenta de su grave error, pero fue demasiado tarde para casi todas”. Pero a una compatriota, que convenció a su marido sirio para regresar con sus hijas pese a la oposición de la familia, la sacó a escondidas en su nave.

Capt Enrique Bianchi blog

Enrique Bianchi, con su uniforme de capitán, posa a bordo de una de las lanchas de los prácticos del puerto de Málaga.

Si se le pregunta ingenuamente por las situaciones en las que ha pasado más miedo en la mar, su respuesta, con una sonrisa, es de manual militar: “Los marinos no tenemos miedo de la mar”. Después cuenta que hubo dos incendios que vivió “con preocupación”. En el más grave, la bodega de su buque, en el que era un joven primer oficial, se incendió de madrugada mientras navegaban por el Canal de la Mancha. Todo lo que pudo salir mal fue peor. Al capitán le dio un ataque al corazón por el estrés y él tuvo que hacerse cargo del barco. Llevaban una carga de productos químicos tóxicos, y en la cubierta tractores. “Temí por mi vida cuando empezaron a explotar, por el calor, las ruedas gigantes de los tractores. La goma golpeaba por todas partes con furia y era muy peligrosa”. Finalmente los rescató un remolcador alemán, y el naufragio fue noticia en los periódicos británicos y franceses, por el riesgo de que el vertido tóxico llegara a sus costas. La solución fue tajante, antiecológica y secreta. “Llegó una fragata francesa y hundió el barco de un cañonazo”, revela de un asunto que se tapó a la opinión pública para evitar un escándalo.

 Bianchi trabajó durante años como responsable de personal de su empresa, en un despacho en Madrid. En 1990 logró una de las pocas plazas de práctico del puerto de Málaga. Volvía a su tierra en un puesto que le permitía estar cerca de su familia después de haberse perdido muchos momentos importantes por su trabajo en el mar. “No pude ir al funeral de mi padre, ni a la boda de mi hermano”, recuerda aunque a la vez subraya que se siente “muy satisfecho” de su carrera como marino, tanto al frente de buques como en el puerto. “Aunque se los compara, el práctico no es como un controlador aéreo. Es un capitán que llega a asesorar al capitán de cada barco para la entrada en los puertos. Confían mucho en nosotros”, explica. Su responsabilidad también es enorme. “Un portacontenedores -él atracó en 2009 el Edith Maersk, el primer gigante de la clase E que entró en el muelle 9, con 171.000 toneladas de registro bruto y casi 400 metros de eslora- puede destruir un muelle y causar un daño multimillonario, y en los cruceros hay varios miles de personas a bordo que están en las manos del capitán”, destaca. Tampoco es un oficio exento de riesgos y penalidades, con largas guardias nocturnas y accidentes. Subir por una precaria escala en mitad de la noche y con marejada no es fácil, y abundan los golpes y caídas. Él mismo cayó a la mar de noche cuando se le vino abajo la escala de un barco turco, y tuvo la suerte de no golpear la pequeña barca de los prácticos.

 En estas dos décadas, Bianchi se ha convertido en una institución, en el alma del puerto de Málaga. Es muy querido por los capitanes. A todos los agasaja, cuando hacen escala, con una botella de vino de Málaga. “No hay vino que les guste más a los extranjeros, alguna vez les obsequié con un buen Jerez porque no pude encontrar el nuestro y me lo reprocharon”. En la tempestad del plan especial del puerto, del que lleva oyendo y leyendo estos últimos 20 años, prefiere no meterse mucho. Reconoce que no le gustan las palmeras del muelle 2 -“en Abu Dhabi están bien, pero es un crimen no aprovechar el clima subtropical de Málaga para plantar otras especies”-, aunque cree que la ciudad está siendo injusta con el proyecto. “El puerto ha sido muy generoso al ceder este espacio, pero no tiene dinero para hacer proyectos que podrían haber realizado otras instituciones. Así es normal que se ceda a empresarios y comerciantes, y que estos quieran abrir tiendas y restaurantes”. En lo que no tiene ninguna duda es en la estrategia de los cruceros: “El puerto de Málaga es ahora la envidia de muchos puertos por todos los cruceristas que llegan, y eso es gracias al aliado que tenemos en Granada y en la Alhambra”.

 Con dos hijos y ya abuelo, “camino del desguace”, bromea, sigue saliendo en su yate cada vez que tiene oportunidad. Un retiro de ensueño para una vida dedicada a la mar.

Artículo publicado en el diario Málaga Hoy (20 de Febrero de 2011)