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La lona azul

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de julio de 2021 a las 10:56

En julio de 2017, el muelle número nueve albergó al bulk carrier de bandera maltesa Manna que llegaba para cargar clinker. Debido al significativo carácter pulverulento de este material, aquel buque protegió algunas de sus estructuras exteriores con lonas y, como curiosidad, plastificó los dos radares que llevaba situados en su mástil.

Este curioso ejemplo que pretendía proteger algunos elementos externos de aquel barco en cuestión, respondía a la forma con la que se ejecutaban estas operativas; unas cargas muy polvorientas que por motivos medioambientales quedaron suspendidas en diciembre de 2018. Retomada la exportación de clinker en julio de 2019, la solución frente a las nubes de polvo vino gracias a una cinta transportadora; una máquina semi automática que sustituyó a las cucharas que depositaban este material en las bodegas de los barcos.

Y aunque el problema de las excesivas emisiones de polvo en las operativas con clinker ha desaparecido de los muelles malacitanos, aun hay muchos buques que siguen protegiéndose. Con el recuerdo del buque maltes Freedom Line, que atracado en noviembre de 2020 en el muelle siete llevaba uno de sus botes salvavidas cubierto por una vistosa lona multicolor, hoy les contaré una curiosidad ocurrida hace unos días en aguas malacitanas.

Procedente de Gijón y con destino a la localidad de Abidjan en Costa de Marfil, el muelle número siete recibía al buque Yasa Unsal Sunar. Abanderado en las Islas Marshall, este bulk carrier de 189 metros de eslora construido en Japón en 2007 atracaba para cumplimentar una significativa carga de Clinker.

Cubiertos con una lona plástica azul los botes salvavidas así como algunas estructuras de las grúas del barco y determinados elementos situados en la cubierta, el Yasa Unsal Sunar también tapó todo el frontal de su puente de mando; un hecho muy singular no demasiado frecuente de ver.

Y si bien las operativas de clinker ya no generan aparatosas nubes de polvo en los muelles malacitanos, a bordo del Yasa Unsal Sunar no quisieron ensuciarse nada más que lo justo. Una decisión que nos permitió ver la extraña imagen de un puente de mando protegido por una vistosa lona de un intenso color azul.

Yasa Unsal Sunar lona puente 20-VII-21 (2)Puente de mando del YASA UNSAL SUNAR cubierto por una lona.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 27 de julio de 2021.

El cojo

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de julio de 2021 a las 9:40

Recién finalizado el confinamiento, un asiduo lector de esta columna me preguntó si conocía la historia de “el cojo”; un portuario que trabajó en los muelles malacitanos en los primeros años del siglo XX.

Revisando mi archivo, y sin encontrar ningún dato sobe él, la fecha de un accidente me puso sobre la pista; un indicio que finalmente me llevó a desentrañar algunas reseñas sobre la vida de este trabajador del puerto.

Nacido en alguna localidad de La Coruña en 1878, nuestro protagonista de hoy fue bautizado con el nombre de Braulio. Apellidado Peña, con sólo las primeras letras comenzó a trabajar en la pesca, una labor que le llevó a probar fortuna navegando de marinero en un buque de carga.

Enrolado en uno de los muchos barcos que hacían rutas de cabotaje por la costa española, Braulio conoció Málaga con 19 años; una experiencia que, a tenor de su decisión, debió de cautivarle.  Con toda su ropa en un macuto y con las pocas perras que había obtenido por desembarque, este gallego comenzó a patearse los muelles para encontrar un trabajo.

Alojado en la pensión más barata y acuciado por su economía, finalmente, Braulio fue contratado como ayudante de barquero. Mantenido este trabajo durante dos años, la muerte de su contratador le posibilitó que se hiciera cargo de la barca; un hecho que le permitió, ya oficialmente como patrón con papeles, desempeñar las labores de la carga y descarga de los barcos que, fondeados en las dársenas, llegaban a las aguas malacitanas.

Asentado en esta labor, el domingo 6 de abril de 1902, la vida le asestó un duro golpe a Braulio. Durante la carga del buque Orleanais (este barco de la Société Générale de Transports Maritimes a Vapeur realizaba escalas fijas en Málaga en una línea regular entre Marsella y Buenos Aires), una reyerta entre barqueros lesionó gravemente a nuestro protagonista. Dañada su rodilla derecha, Braulio perdió movilidad y se ganó el apodo de “el cojo”.

Manteniendo su trabajo a pesar de su merma física, Braulio, poco tiempo después de su accidente vendió su barca y compró una más pequeña. Abandonada la carga y descarga de barcos “el cojo” comenzó a ganarse la vida ofreciendo paseos por las aguas del puerto.

1529753_10201961058761591_1143814831_oPuerto de Málaga en los tiempos de EL COJO.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 20 de julio de 2021.

De segunda mano

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de julio de 2021 a las 9:07

En febrero de este año, el puerto malagueño recibía al buque de carga rodada Caroline Russ. Procedente de Gibraltar, este barco abanderado en Portugal, uno de los mayores de estas características entrado en aguas malacitanas, estrenaba en el muelle de Heredia una operativa muy especial; un variopinto cargamento que, transportado en unidades rodantes, viajaba con destino a diferentes países de África Occidental.

Compuesta la totalidad de la carga por elementos de segunda mano, camiones, autobuses y coches, todos ellos usados, servían para transportar y alojar en sus interiores todo lo imaginable. Desde electrodomésticos a ropa usada pasando por colchones, material de construcción o piezas de motor, este singular convoy fue despachado sin problemas a pesar del complejo control que supone la verificación de todo lo embarcado.

Y aunque existen antecedentes no demasiado lejanos de cargamentos similares, en abril de 2012 y marzo de 2013 se cumplimentaron operativas semejantes que no terminaron de cuajar, la posibilidad de asentar, sin una periodicidad fija, este tipo de tráficos parece que podría hacerse realidad de la mano de la compañía de origen libanés Solafi Shipping; una empresa con sede en Valencia que hace unos días repetía un embarque similar al efectuado en el pasado mes de febrero.

Teniendo como protagonista al My Rose, un veterano buque de carga rodada de 131 metros que, construido en 1984 en Dinamarca es propiedad de un armador turco y opera bajo bandera de Panamá, a principios de julio, el muelle número cuatro se llenaba de unidades rodantes de segunda mano; unos vehículos cargados de todo tipo de cosas que, tras navegar con destino a Mauritania serán distribuidos en diversas partidas por diferentes localidades de: Senegal, Guinea, Costa de Marfil, Ghana y Burkina Faso.

Y si bien este tipo de embarques suelen ser bastante complicados (no resulta raro que alguna de las unidades rodantes se quede en tierra), la posibilidad de que el puerto malagueño pueda ejecutar este tipo de operativas con una cierta regularidad abre un nuevo tráfico. Una muy especial ruta marítima con materiales de segunda mano que enlazará Málaga con diferentes países de África.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMY ROSE cargando vehículos en el muelle número cuatro.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 13 de julio de 2021.

Sin apodo

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de julio de 2021 a las 13:55

Afortunada o desafortunadamente, según se mire, la tradición portuaria de poner apodos está desapareciendo. Y si bien esta acción de añadir un sobrenombre ha sido una constante en los muelles, en la actualidad, los motes aludiendo a circunstancias personales están en desuso; una pérdida que empobrece el más que singular lenguaje portuario.

Y aunque los apodos normalmente acompañan a una persona, también hay objetos que son bautizados con sobrenombres; una curiosidad que en Málaga ha permitido que algunos barcos, por diferentes circunstancias, sean conocidos popularmente con denominaciones muy diferentes a sus nombres reales. Con el añadido de que este conocimiento ha salido fuera de los muelles, la historia malacitana está llena de ejemplos; unos motes entre los que podríamos recordar el que llevó en trasatlántico Caronia rebautizado aquí como “El barco del agua” o el muy descriptivo “Reloj del Estrecho”, el apodo con el que fue conocido el ferry Ibn Batouta que navegaba a Tánger.

Mencionados estos, y aunque en más de una ocasión he tratado el tema, hoy retomo el asunto para intentar responder la pregunta de un veterano trabajador portuario que hace unos días me interpelaba sobre cual era el mote del Bahama Mama; el ferry de Baleària que la pasada semana llegó a aguas malacitanas trayendo a su bordo a 11 tripulantes COVID positivo. Sin tener conocimiento de que tenga ningún apodo, una rápida revisión de su historial malagueño sí que podría hacerle merecedor de algún sobrenombre.

Incorporado a la ruta de Melilla en abril de 2018, este ferry de construcción española, en mayo y junio de 2020 participó en dos de los viajes de repatriados que ejecutó Baleária para traer a ciudadanos europeos desde Marruecos debido a la pandemia.  Tras aquel hecho, en noviembre de ese mismo año, el Bahama Mama, maniobrando para atracar sufrió un leve accidente; un golpe contra el cantil del muelle 3-A3 que se reparó en menos de una semana.

Dos hechos dignos de ser destacados; unas historias que junto con la sorprendente llegada con 11 tripulantes COVID positivo serían más que suficientes para apodarlo si la tradición portuaria malagueña de poner motes no estuviera desapareciendo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABAHAMA MAMA atracando en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 6 de julio de 2021.

ANTONIO VILLEGAS

Juan Carlos Cilveti Puche | 29 de junio de 2021 a las 9:52

Esta pasada semana, el puerto se vistió de luto. Tras sufrir un accidente de tráfico dentro del recinto portuario, Antonio Villegas Cobos perdía la vida, y lo hacía, paradojas del destino, un día antes de cumplir 68 años. Conocido por todos como Villegas, Antonio, que nació en el seno de una familia portuaria (su padre trabajaba en el servicio de aguadas), fue un niño muy pegado a los muelles; uno de esos chavales que, entre otras muchas cosas, vivió las felices fiestas de los Reyes Magos del Puerto en unos tiempos muy diferentes a los de ahora.

En 1981, con 28 años, Villegas ingresó en lo que por entonces se llamaba el Servicio de Celadores Guardamuelles; una labor en la que ya, bajo la denominación de policía portuario, se jubilaba en 2018. Vividas muchas y muy diferentes experiencias, los que lo conocimos coincidimos en que Antonio era un “buen tipo”, uno de esos hombres sin dobleces que dejan huella.

Muy vinculado a diversas cofradías malagueñas y al Rocío, siempre me decía “cuando quieras te vienes conmigo a la romería”, Villegas destilaba un humor muy especial; una filosofía de vida que tanto a pie de muelle como fuera del recinto portuario lo convirtió en un personaje muy singular.

Con el recuerdo de algunos momentos vividos junto a él, nunca olvidaré cuando en febrero de 2014 vimos entrar desde el muelle de levante al accidentado portacontenedores Svendborg Maersk, la memoria de Antonio Villegas siempre irá conmigo; unos recuerdos que también estarán presentes en la comunidad portuaria malacitana y, sobre todo, en la mente de sus compañeros de la policía del puerto.

Con la tristeza de esta pérdida, de una forma oficial, la bandera española que luce frente al edificio de la Autoridad Portuaria, durante 24 horas, permaneció a media asta entre las jornadas del 25 y 26 de junio; todo un detalle en reconocimiento al compañero muerto que honra a los que decidieron llevar a cabo este homenaje póstumo.

Una magnífica persona que nos ha dejado. Un buen hombre que durante 37 largos años vivió la vida portuaria malagueña. Un personaje que ya forma parte de la historia del puerto de Málaga; un amigo fallecido que, sin lugar a dudas, se ha marchado demasiado pronto.

Antonio VillegasANTONIO VILLEGAS.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 29 de junio de 2021.

El GOLDEN HORIZON

Juan Carlos Cilveti Puche | 22 de junio de 2021 a las 9:31

Hace unos días,  el velero turístico más grande del mundo visitó las aguas malacitanas. Eclipsada su presencia por el atraque del primer buque de crucero que, con pasajeros, llegaba al puerto malacitano tras una larga sequía pandémica de 456 días sin actividad, la estancia durante unas horas en la bahía de este barco de vela pasó totalmente inadvertida.

Y aunque resulta lógico olvidar esta escala ante el gran acontecimiento que suponía el regreso crucerístico de un buque con pasajeros, hoy les relataré algunas curiosidades sobre el Golden Horizon, el más grande velero turístico que hasta la fecha surca los mares.

Inspirado en el buque de cinco mástiles France II que, construido en 1911, está considerado como uno de los mayores veleros comerciales de la historia, en el año 2014, la compañía de cruceros Star Clippers decidió recrear un barco similar. Encargado el proyecto al astillero croata de Brodosplit, la fecha de entrega prevista para 2017 se retrasó, y la contratadora decidía no hacerse cargo del barco. Paralizada la construcción a punto de finalizar, este buque, que debía haberse llamado Flying Clipper se quedaba sin armador; un problema que se solventaba a principios de 2020 cuando el operador británico Tradewind Voyages se quedaba con el barco y lo rebautizaba como Golden Horizon.

Con 8.440 toneladas de registro bruto y 162 metros de eslora, este velero que técnicamente va aparejado como una bricbarca, en sus cinco mástiles monta 42 velas con una superficie total de 6.347 metros cuadrados. Con cuatro cubiertas, este buque puede alojar a 272 pasajeros repartidos en 140 camarotes divididos en nueve categorías diferentes.

Programadas una serie de rutas que se iniciarán con viajes desde las islas británicas y que se irán ampliando, el Golden Horizon llegó a aguas malacitanas en una escala técnica; una estancia en la bahía que lo llevaba desde la localidad croata de Split a la inglesa de Weymouth.

Y aunque estas paradas nunca suelen quedar contabilizadas en las estadísticas crucerísticas oficiales, el Golden Horizon, el mayor velero de turistas del mundo ya ha pasado por las aguas malacitanas.Una primera escala sin pasajeros y sin entrar en el puerto.

Golden Horizon 15-VI-21 1ª VEZ (8)GOLDEN HORIZON en la bahía de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 22 de junio de 2021.

El MEIN SCHIFF 2

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de junio de 2021 a las 9:53

La historia del puerto malagueño, escribirá hoy en sus páginas más destacadas el nombre de buque Mein Schiff 2, el primer barco de turistas que retoma la actividad crucerística tras 456 días de sequía debida a la pandemia del Covid-19.

Ante esta significativa circunstancia, creo que será interesante comentar algunos aspectos sobre este barco; un joven buque que ya ha pasado por las aguas malacitanas. Integrado en la flota de la compañía TUI Cruises, una naviera especialmente dedicada al mercado crucerístico alemán, este barco fue construido en los astilleros finlandeses Meyer Turku, siendo entregado en enero de 2019. Con 111.554 toneladas de registro bruto y 317 metros de eslora, este buque de 16 cubiertas, 14 de ellas destinadas al uso del pasaje, puede embarcar a un total de 2.894 turistas repartidos en 1.447 camarotes; unos espacios que fueron diseñados por la arquitecta española Patricia Urquiola.

Con los números propios de este tipo de hoteles flotantes: 12 restaurantes, 15 bares, teatro, piscinas, etc., quizás, uno de los detalles más llamativos del Mein Schiff 2 sea el café Crystal; una zona situada a popa integrada en un gran mirador en forma de diamante.

Pero con independencia de estas cifras, y sin olvidar su inconfundible casco de color azul escrito con palabras en forma de grafiti (una seña de identidad de todos los buques Mein Schiff), nuestro protagonista de hoy cumplimentaba su primera vistita malagueña en abril de 2019. Tras aquel atraque que se realizó en el muelle de levante, el Mein Schiff 2 ejecutaba cuatro visitas más, la última de ellas en octubre de ese mismo año.

Y aunque se podrían reseñar algunas curiosidades más sobre las escalas de este buque que reabre hoy la actividad crucerística malacitana, les diré que este barco es el segundo que navega con el nombre Mein Schiff 2.  Luciendo esta misma denominación, el anterior, que en la actualidad opera como Mein Schiff Herz, también visitó Málaga; unos atraques, en concreto siete, que se ejecutaron en los años 2011 y 2018.

Una vuelta a la actividad crucerística que tendrá un antes y un después de la pandemia; un regreso que significará al Mein Schiff 2 en la historia portuaria malagueña.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMEIN SCHIFF 2 en su primer atraque malagueño en abril de 2019.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 15 de junio de 2021.

El SEPTIÈME CONTINENT

Juan Carlos Cilveti Puche | 8 de junio de 2021 a las 10:44

Esta pasada semana, el puerto malagueño recibía al velero de bandera francesa Septième Continent. Propiedad de la ONG gala Expedition Septième Continent, esta goleta de dos mástiles visitaba las aguas malacitanas en una navegación científica y divulgativa; una singladura que pretende sensibilizar sobre la presencia de los plásticos en los mares del mundo. Con la colaboración y consignación en Málaga del grupo Bergé-Condeminas (cada vez es más habitual que grandes empresas del sector marítimo apoyen iniciativas medioambientales), el barco quedaba amarrado en la zona no concesionada de muelle número dos. Realizando una expedición de dos meses denominada Misión Alborán, esta es la sexta gira internacional que esta asociación ejecuta desde su fundación, el velero recibía durante su atraque a diferentes grupos escolares; unas visitas destinadas a informar y concienciar sobre el peligro, convertido ya en una realidad, de la invasión y contaminación marina por millones de toneladas de marco y microplásticos.

Y aunque los aspectos científicos y reivindicativos de esta historia son aquí lo más importante, creo que será interesante reseñar algunas particularidades sobre el protagonista de esta expedición; un velero con algunos detalles dignos de ser contados. Construida en la localidad inglesa de Plymouth en 1998, esta goleta de dos mástiles que monta cuatro velas, fue propiedad de un vicealmirante de la marina de guerra británica. Con 28 metros de eslora y capacidad para 12 personas, este buque, desde que navega para la ONG francesa, es uno de los muy pocos veleros en el mundo que dispone de laboratorios a bordo; una significativa circunstancia a la que habría que añadir que, estando oficialmente registrado como Septième Continent, navega luciendo en su casco el nombre 7e Continent.

Pero con independencia de todas estas circunstancias, la escala de este velero inmersa en una muy importante reivindicación medioambiental, no ha tenido la más mínima repercusión oficial por parte del Puerto de Málaga; una institución que desde junio de 2019 abandera la iniciativa ‘Puerto Verde’ y que no habría estado nada mal que hubiera dado alguna luz a la llegada de este barco.

1622713668344Goleta SEPTIÈME CONTINENT en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 8 de junio de 2021.

El barco fantasma

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de junio de 2021 a las 12:15

Hace unos días, unos remeros que navegaban por la bahía publicaban en redes sociales la foto del buque Blue Ocean A. Fondeado a la espera de entrar en el puerto, estos deportistas lo calificaban como un barco fantasma; una denominación muy acertada frente a la visión de su aspecto general. Plagado de manchas de óxido y con algunas que otra abolladura, curiosamente la superestructura donde están situados puente de mando y la habilitación no mostraba esta suciedad, nuestro protagonista de hoy, un barco de ganado que realizaba su tercera visita malagueña, no es el primero que a los ojos de personas no demasiado acostumbradas a ver barcos podría atender a la muy literaria o cinematográfica calificación de barco fantasma.

Con el recuerdo de las largas estancias de los buques Tralmeyster Mogutov o Repubblica di Roma, ambos muy deteriorados, uno por años de abandono y otro por haber sufrido un gran incendio, la visión de barcos despintados y cargados de óxido no constituye una rareza en el día a día del tráfico marítimo internacional. Teniendo en cuenta que esta circunstancia puede aludir a muy diferentes motivos, en determinados buques, la estética queda en un segundo plano frente a las opciones de trabajo; un hecho que muy bien podría explicar el fantasmagórico aspecto exterior del Blue Ocean A.

Construido en 1992 en los astilleros hamburgueses JJ Sietas, este buque iniciaba su biografía como portacontenedores con el nombre Jupiter bajo bandera alemana. Tras ser rebautizado cuatro veces hasta 2012, un año más tarde, este barco de 116 metros de eslora era reconvertido en un livestock carrier; un buque para el transporte de ganado que abanderado en Bolivia comenzaba a navegar renombrado como Blue Ocean.  Después de lucir dos pabellones más y tras dos nuevos cambios de nombre, desde 2018, este barco opera para una naviera siria como Blue Ocean A navegando bajo la exótica bandera de Palau.

Un buque establo procedente del puerto iraquí de Um Kasar que, tras cargar alimento para ganado en el muelle número seis, salía con destino a Gibraltar. Un barco calificado por los remeros malagueños como fantasmagórico que en sus dos anteriores escalas llegó mucho más limpio.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABLUE OCEAN A atracado en el muelle número seis.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 1 de junio de 2021.

Adiós, BOUDICCA

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de mayo de 2021 a las 12:26

Hoy, vuelvo a traer a esta columna a un barco del que ya escribí hace algunos años. Su varada hace unos días en las playas turcas de Aliaga para ser desguazado, me sirve como argumento para retomar la biografía del Boudicca; un histórico buque de crucero con una significativa trayectoria malagueña.

Construido en 1973 en los astilleros finlandeses Wärtsilä por encargo de la compañía Royal Viking Line, este barco, bautizado como Royal Viking Sky, durante la década de los años setenta fue considerado como uno de los barcos de turistas más lujoso del mundo; una distinción que compartió con sus dos hermanos gemelos.

Coincidiendo con los buques Dalmacija y Azerbaydzhan, el 7 de noviembre de 1977 nuestro protagonista de hoy se estrenaba en aguas malacitanas. Tras aquel atraque, el Royal Viking Sky cumplimentó 12 escalas más; unas visitas que se prolongarían hasta octubre de 1989, un hecho que permitiría verlo atracado en Málaga con los 27 metros de eslora más que se le añadieron en los astilleros alemanes de Bremerhaven en 1982.

Vendido en 1991, y tras cambiar siete veces de nombre hasta 2005, en esta fecha fue adquirido por la compañía Fred Olsen Cruise Lines. Sustituido su sistema de propulsión y rebautizado como Boudicca, este buque regresaba a Málaga el 13 de junio de 2006. Procedente de Trípoli y con destino a La Coruña, el barco atracaba en el muelle número uno, el mismo que lo había albergado años atrás con su nombre original.

Mostrando su afilada proa de violín y su popa redonda, los atributos propios de unos buques de otra época, el 19 de mayo de 2019 el Boudicca cumplimentaba su último atraque malagueño; una estancia en el muelle norte de la estación marítima de levante con la que sumaba 25 escalas con este nombre.

Con la particularidad de haber visitado las aguas malacitanas mostrando tres diferentes colores en su casco; bajo la contraseña de Fred Olsen este buque navegó pintado de blanco, gris carbón y azul, el Boudicca, con sus 48 años de vida de mar ha sido uno de los afectados por la pandemia. Un veterano superviviente de otra época; un elegante y muy eficiente buque de crucero de cuando los barcos de turistas eran barcos y no hoteles flotantes.

Boudicca 22-V-192BOUDICCA en su última escala en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 25 de mayo de 2021.

Ventanales

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de mayo de 2021 a las 10:06

Hace unos días, el puerto recibía la visita del super yate Rising Sun. Cumplimentando su tercera escala malacitana, este buque de 138 metros de eslora integrado, como no podía ser de otra manera, en la lista de los barcos de recreo privados más largos del mundo, participa de una curiosa peculiaridad; una circunstancia que, en cierta medida, lo diferencia de los otros grandes yates que navegan por los mares del mundo.

Pero antes de reseñarles esta curiosidad, les diré que el Rising Sun fue construido en 2004 en los astilleros alemanes Lürssen Yachts por encargo del fundador de Oracle Corporation Larry Ellison. Tras pagar por él 337 millones de dólares, pocos años después, este barco pasaba a manos del productor musical, teatral y cinematográfico norteamericano David Geffen, fundador junto a Steven Spielberg de la productora Dreamworks.

Con unos números impresionantes, en sus cinco cubiertas, este super yate que sufría una reforma en 2007, dispone de 82 estancias; unos espacios que suman 8.000 metros cuadrados donde se encuentran ocho camarotes para 16 invitados y 30 cabinas más que sirven de alojamiento para los 45 tripulantes de este barco. Disponiendo de todo lo que un buque de estas características puede llevar a su bordo, las 7.841 toneladas de registro bruto del Rising Sun destilan un cierto aire clásico; unas líneas exteriores en las que destacan fundamentalmente sus dos vistosas cubiertas superiores que, salvo a popa, están totalmente acristaladas. Mostrando multitud de ventanales, esta disposición recuerda mucho a la de los buques de línea británicos de la compañía P&O Line; unos barcos que, debido a sus largas navegaciones a la India a finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, debían disponer de grandes espacios de ventilación resueltos en cubiertas con grandes ventanales con o sin cristales.

Teniendo en cuenta que el proyecto exterior del Rising Sun fue realizado por el estudio de diseño náutico británico Bannenberg & Rowell, está claro que la imagen de aquellos veteranos buques de línea que, muchos de ellos reconvertidos en barcos de turistas también pasaron por aguas malacitanas, ha quedado reflejada en una parte de este super yate.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARISING SUN mostrando sus dos cubiertas con ventanales.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 18 de mayo de 2021.

Yate o superyate

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de mayo de 2021 a las 10:10

La Real Academia Española de la Lengua define la palabra yate como una embarcación de gala o de recreo. Frente a esta definición, el término superyate aludiría a una embarcación que supera, excede o está por encima de lo que es un barco de recreo privado; algo fácilmente entendible a simple vista y difícilmente explicable con palabras.

Metidos en esta disquisición, los superyates, aunque también podríamos decir megayates o incluso gigayates (este último término lo usa muy habitualmente el veterano periodista marítimo Juan Carlos Díaz Lorenzo), conforman en la actualidad una amplia flota de barcos que, superando una longitud mínima, y ahí podría estar el quid de la cuestión, muestran tanto en sus exteriores con en sus interiores cosas que, hasta no hace demasiados años eran impensables de ver a bordo de un barco.

Con el recuerdo de las escalas malacitanas de históricos yates de otra época; podría recordarles las estancias del Catania de 61 metros en 1909, el Deo Juvante II de 44 que en 1956 trajo en su luna de miel a los príncipes de Mónaco Grace Kelly y Rainiero o el conocido Christina de Aristóteles Onassis que en 1958 mostró sus 99 metros de eslora, hoy les reseñaré la corta escala de un barco privado de recreo que no sé muy bien si podría estar clasificado como un superyate.

Atracado en el muelle número dos, hace unos días amanecía el Timeless. Luciendo bandera sueca, este barco que recuerda en sus formas a los muchos pesqueros que, hace unos años, fueron reconvertidos en yates, fue construido en 2008 en los astilleros que la compañía italiana Terranova Yachts tenía en Cerdeña.  Formando parte de una serie de ocho gemelos, todos ellos con diferentes diseños interiores a gusto de sus propietarios, el Timeless fue usado como vivienda por una familia norteamericana; un hogar flotante que navegó por las Bahamas, la costa este de Estados Unidos y el Mediterráneo. Con tres cubiertas útiles y una capacidad máxima para seis personas, con o sin tripulación, este barco que fue reformado en 2014 y 2015, en 2018 fue vendido a su actual propietario que pagó por él algo más de un millón de dólares.

Un barco de recreo privado de 20 metros de eslora. ¿Un superyate?

OLYMPUS DIGITAL CAMERATIMELESS en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 11 de mayo de 2021.

Los barcos HAV

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de mayo de 2021 a las 9:33

El pasado mes de abril y con muy pocos días de diferencia, el puerto malacitano recibía a dos buques de una misma naviera. Atracados en los muelles seis y siete, el Arctica HAV y HAV Pike cumplimentaban respectivamente cargas de dolomita y hueso de aceituna molida; unas muy rápidas operativas que, una vez finalizadas, llevaron a estos barcos a dos diferentes localidades del Reino Unido.

Dicho esto, y atendiendo a las reseñas de los buques que acabo de hacerles, hoy les contaré la trayectoria malacitana de la HAV Shipping; una compañía constituida en Noruega en el año 1999. Con su sede central en Bergen y oficinas en Oslo y en la ciudad rusa de Kaliningrado, este grupo naviero realiza diversas operativas marítimas enfocadas desde tres diferentes vertientes: la gestión directa del transporte marítimo, el fletamento de barcos y las contrataciones de tripulaciones.

Dedicada a las navegaciones en rutas fluviales y costeras en Europa, un sector al alza en las últimas décadas, la HAV Shipping, que moviliza carga seca, dispone en la actualidad de una flota de 17 buques; un grupo de diferentes barcos gemelos de entre 82 y 88 metros de eslora construidos entre los años 1982 y 1999.  Matriculados la gran mayoría de ellos en Bahamas, aunque hay dos que lucen las correspondientes banderas de Malta y San Vicente y las Granadinas, y otros dos que navegan bajo el pabellón de Antigua y Barbuda, los barcos HAV, en los últimos años han frecuentado las aguas malacitanas.

Estrenada la contraseña de esta naviera en Málaga en abril de 2001; en aquella ocasión el Baltica HAV atracó en el muelle número seis en un viaje entre los puertos de Almería y Belfast, con posterioridad, los buques: Swedica HAV, Germanica HAV, HAV Snapper, HAV Marlin, Arctica HAV y HAV Pike han visitado los muelles malagueños realizando en ellos diferentes operativas con graneles sólidos.

Unos barcos para navegaciones fluviales que además tienen la posibilidad de ejecutar rutas costeras, a Málaga llegan realizando estas singladuras, muy poco parecidos a los grandes buques de río rusos de más de 100 metros de eslora que también, aunque desde hace mucho más tiempo, visitan los muelles del puerto malacitano.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAARCTICA HAV atracado en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 4 de mayo de 2021.

El galgo

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de abril de 2021 a las 9:47

El día a día en los muelles malagueños, además de los asuntos estrictamente portuarios, genera una serie de situaciones que nada tienen que ver con el mundo de la mar y los barcos. Con esta realidad que dibujaría lo que muy bien podríamos denominar como “las otras historias portuarias”, hoy les narraré una curiosa; un hecho ocurrido hace apenas un par de semanas.

Y como la historia va de perros, permítanme que recuerde a mi buen amigo Jesús, un técnico del puerto de Málaga que, recuperado del virus y aún con secuelas, participa de la cualidad de ser un gran amante de los canes.

En la mañana del martes 13 de abril, un día no muy adecuado para los supersticiosos, un policía portuario descubría a un perro en unas circunstancias muy especiales. Atrapado en un reducido espacio entre dos vallas (entre ellas corre la gran puerta móvil que da acceso al muelle de levante), se encontraba un galgo de color canela. Con el añadido de que el espacio en el que se encontraba se veía reducido al accionar la apertura de la puerta, los intentos del policía portuario por atraer hacia él al tembloroso animal se hicieron infructuosos. Tras ofrecerle agua a la que no acudió, una llamada al centro de control del puerto activó el protocolo para su rescate. Transcurridos algo menos de 30 minutos desde el aviso, y ya con tres policías presentes, un furgón del servicio de recogida del Centro Zoosanitario municipal llegó al muelle de levante. Con la duda de cómo se había podido meter el galgo en aquel lugar, los laceros rescatadores: Juan y Manolo, tras verificar que el perro tenía chip, comenzaron a estudiar la forma de extraerlo. Sin posibilidades de que saliera por donde en teoría había entrado, su nerviosismo tampoco ayudaba nada, la única opción factible pasaba por ser izado; una maniobra que al instante comenzó a ejecutarse. Posicionado el furgón junto a la valla y con el perro laceado entre sus patas traseras y delanteras, uno de los operarios, subido al techo del vehículo lo levantó, y finalmente el asustado galgo quedó liberado.

Una historia, como otras muchas que a diario se viven el puerto de Málaga y que nada tienen que ver con barcos, mercancías o pasajeros.

1618310663867Galgo rescatado en la entrada del muelle de levante.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 27 de abril de 2021.

Adiós, SOROLLA

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de abril de 2021 a las 10:01

Hace unos días, muchos medios de comunicación nacionales e internacionales reseñaban una noticia marítima de alto calado. El grupo naviero Italiano Grimaldi compraba a Armas Trasmediterránea buques, terminales, almacenes y derechos de explotación en las rutas que la naviera española tenía con las Islas Baleares. Y sin entrar en detalles, y dejando a un lado lo que significará esta operación, hoy emplearé mi columna para loar a un barco; uno de los cinco ferris que ha sido vendido y que, en su amplia vida de mar con los colores de Trasmediterránea, ha tenido una muy estrecha relación con el puerto de Málaga.

Construido en los astilleros vigueses Hijos de J. Barrera, el Sorolla, luciendo el apellido del afamado pintor valenciano, era entregado a la Compañía Trasmediterránea en mayo de 2001. Tras iniciar su biografía navegando en las líneas regulares entre la península y Baleares, este buque de 172 metros de eslora y capacidad para 1.200 pasajeros, en abril de 2002 llegaba por primera vez a Málaga. Atracado en tres muelles diferentes, este buque realizaría en aguas malacitanas una significativa reforma de sus interiores; unos trabajos que se prolongarían durante quince días.

Años después de aquella visita, en concreto en enero de 2013, nuestro protagonista de hoy volvería a Málaga para hacerse cargo de la línea melillense; una suplencia temporal que se convirtió en definitiva en noviembre de 2014, fecha en la que el Sorolla se convertía en el Melillero titular de la ruta sustituyendo al Juan J. Sister.

Adscrito a esta navegación tan solo durante cinco meses, en abril de 2015 era remplazado por su gemelo Fortuny, comenzando desde aquel instante una intermitente relación con en puerto malacitano; una circunstancia que se mantuvo hasta 2019, fecha en la que fue rebautizado como Ciudad de Granada. Ya con su nuevo nombre y tras realizar algunas sustituciones, el 25 de marzo de este año este ferry realizaba su última entrada malagueña; una escala con pernocta incluida que al día siguiente lo llevaría a Barcelona.

Un barco que ya es historia del puerto de Málaga y que ahora, bajo los colores de una naviera italiana comenzará una nueva vida. Hasta siempre Sorolla.

Copia de 1614599732202CIUDAD DE GRANADA, exSorolla en su última escala en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 20 de abril de 2021.

La GUARRERA

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de abril de 2021 a las 12:48

Aunque sería bastante pretencioso escribir que estas cosas solo ocurren en el puerto de Málaga (con toda seguridad sucederán en otros muchos recintos portuarios nacionales y extranjeros), hoy les reseñaré una muy peculiar situación, por no llamarla de otra forma, visible en el puerto malagueño desde finales de 2020.

El viernes 27 de noviembre de ese año, a las cuatro de la tarde cerraba el bar del puerto. Después de 25 años y ocho meses de continua actividad, la pandemia truncaba un negocio que se había convertido en el centro de neurálgico de la comunidad portuaria; un muy añorado espacio que, en gran medida, ha roto toda la vida social que en él se congregaba.

Y aunque todos lo conocíamos simplemente como el bar, realmente su nombre era Bar Restaurante El Puerto,  los más viejos del lugar apodaban a este local como la guarrera, un singular mote que ahora adquiriría toda su significación semántica; ahora les cuento. Cerradas sus puertas, y ya sin elementos de valor en su interior, el 3 de diciembre de 2020 este local amanecía siniestrado. Reventada su verja y roto uno de los cristales de su puerta, la guarrera sufría un robo; un hecho que al instante empezó a ser investigado.

Colocada primero una cadena en su puerta, y luego un trozo de valla que se amplió con otra para que nadie pudiera acercase, desde entonces, lo que fue la vieja cantina portuaria espera para ver cuál será su futuro. Y aunque la nueva vida de este espacio, y eso lo sabemos todos,  pasa por una concesión que lo convertirá nuevamente en un bar, tal vez, hasta que llegue ese momento, no sería mala idea adecentar este local vacío repleto de basura.

Y así, y con el añadido de que este espacio está situado junto a las dependencias portuarias de Sanidad Exterior, quizás, una limpieza extrema podría ser una primera solución; una actuación que muy bien podría completarse con la colocación de una loca que impidiera la visión interior de este local.

Y aunque el apodo de guarrera quizás fuera demasiado excesivo durante los muchos años en los que el bar del puerto estuvo en activo, ahora, cerrado desde hace unos meses, tal vez este término se quede corto ante la situación en la que se encuentra.

1617100186461Interior de la guarrera, el antiguo bar del puerto.

1617100186453Vista exterior.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 13 de abril de 2021.

El más largo

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de abril de 2021 a las 10:47

Hoy les narraré un récord portuario; uno de esos múltiples detalles ocurridos en los muelles malagueños que en la mayoría de las ocasiones suelen pasar desapercibidos. Pero antes de entrar en materia, les contaré algunas cosas sobre una muy significativa naviera; una compañía de origen holandés que con cierta frecuencia trae a algunos de sus barcos al puerto de Málaga. Fundada en 1898 en la ciudad portuaria de Delfzijl, la denominada Royal Wagenborg, tras iniciar su vida realizando rutas de cabotaje, pronto comenzó a crecer ampliando sus primigenias zonas de navegación. Convertida en la actualidad en una de las más importantes navieras del norte de Europa, Wagenborg, que moviliza 30 millones de toneladas al año, dispone de una amplia flota que supera las 180 unidades; unos barcos que, dedicados fundamentalmente a la carga seca y las cargas especiales, destacan por lucir unos cascos de color gris decorados por una vistosa franja roja.

Dicho esto, les contaré que no hace demasiadas semanas, un barco de esta naviera llegó a Málaga con una avería. Amarrado en el muelle norte de la estación marítima de levante,  el Manisa Emy, un buque de 108 metros de eslora, permaneció en este atraque crucerístico hasta que, una vez reparado, siguió viaje con destino a Sagunto.

Varios días después de la marcha de este barco, los astilleros de Mario López recibían al Volgaborg para cumplimentar una reparación en seco.  Luciendo los colores de Wagenborg, este buque construido en 2013 en Holanda constituía todo un récord para el dique flotante Andalucía. Con 7.367 toneladas de registro bruto, 142,6 metros de eslora y 15,8 de manga, el Volgaborg se convertía en el barco más largo entrado hasta la fecha en el dique malagueño.  Mostrando una espectacular proa invertida, a este carguero habilitado para navegar por mares helados, durante tres jornadas se le realizaron unas reparaciones mecánicas además de la pintura de toda su obra viva.

Una muy rápida varada que se convirtió en todo un acontecimiento. Una corta estancia que reseña a este buque de Royal Wagenborg como el de mayor longitud entrado en el dique Andalucía. Un significativo récord portuario del que era obligatorio escribir.

Volgaborg 22-III-21 (18)VOLGABORG sobre el dique flotante malagueño.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 6 de abril de 2021.

La Semana Santa y el puerto de Málaga

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de marzo de 2021 a las 8:41

Reina Victoria en MálagaBuque REINA VICTORIA, el primero que trajo a las tropas legionarias al puerto de Málaga.

Aunque las llegadas en barco de la Legión han vinculado muy estrechamente al mundo cofrade con los muelles malagueños, antes del primer desembarco en 1930, el puerto ya fue testigo de algunas historias relacionadas con la Semana de Pasión.

Este año, al igual que ocurrió en 2020, los legionarios no desembarcarán en el puerto de Málaga. Canceladas las procesiones y todos los actos multitudinarios relacionados con la Semana Santa, este tradicional acto, paralizado desde el 18 de marzo 2019, constituye otra de las múltiples lágrimas que, bajo la pandemia del Covid-19, caerán por las mejillas de los cofrades malagueños a la espera de una Semana de Pasión en la calle en 2022.

Y así, ante esta esperanza y retomando los especiales ‘La mar de Historias’ de todos los Martes Santos publicados en la página Marítimas de Málaga Hoy desde el año 2005, hoy les recordaré tres hechos del pasado que vinculan al puerto con la Semana Santa malacitana; unas historias ocurridas antes de que llegaran los desembarques legionarios.

En 1921, el año en el que se constituyó la Agrupación de Cofradías, un catastrófico suceso aconteció en los muelles malagueños. Minutos después de las 20:15 del 21 de marzo (Lunes Santo), el pailebote de tres palos Nati atracado en muelle transversal explotaba cargado de barriles de gasolina y petróleo que debían viajar a Santander. Envuelto en llamas y mostrando una densa columna de humo, los trabajadores portuarios que se encontraban cerca del buque acudieron a socorrerlo, mientras las campanas de la catedral anunciaban el accidente. Alertadas todas las autoridades locales que se personaron en el puerto, muchos de los malagueños que se encontraban en las calles del centro para ver los desfiles procesionales acudieron también para ver el incidente. Movilizado un retén de bomberos que inició la extinción del fuego acompañado de miembros de la Guardia Civil y Cruz Roja que coordinaron la evacuación de los heridos, las grandes dimensiones del incendio requirieron un mayor número personas para combatir las llamas. Ante esta necesidad, un considerable número de bomberos que se encontraban listos para desplazarse desde el Ayuntamiento a la iglesia de los Mártires donde debían participar en una procesión, fueron avisados. Todos ellos, vestidos con sus uniformes de gala acudiendo a combatir el peligroso incendio del Nati.

Tras aquel incidente que durante unas horas paralizó la noche del Lunes Santo de 1921, unos años más tarde, unos pasajeros de barco pudieron vivir un muy significativo acto cofrade. El 5 de abril (Domingo de Ramos) de 1925, salía por primera vez a la calle la cofradía de la Sagrada Cena Sacramental de Nuestro Señor Jesucristo. Ese mismo día a las 16:00, el buque de la Compañía Trasatlántica Española Infanta Isabel de Borbón fondeaba en la dársena de Guadiaro. Realizando su habitual escala mensual dentro de la línea de Buenos Aires,  una ruta que saliendo de Barcelona paraba en los puertos de Almería, Málaga, Cádiz, Tenerife-Las Palmas, Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires, los pasajeros de primera clase de este barco tenían reservada una sorpresa muy especial.  Organizado días antes el evento por don José Luís Duarte, el consignatario de la Trasatlántica en Málaga, los 53 pasajeros de primera clase que navegaban en el Infanta Isabel de Borbón fueron invitados a ver el desfile de la Sagrada Cena desde varios balcones alquilados de calle Larios. Celebrada a las 18:00 una merienda a bordo en la que también participaron los pasajeros de segunda y tercera clase, cada uno de estos en sus correspondientes comedores, los viajeros de primera, acompañados por algunos oficiales del buque desembarcaron para ver la procesión. Aquella iniciativa, la primera y una de las muy pocas que ha vinculado de una forma organizada a pasajeros de barco como la Semana Santa malagueña tuvo un curioso final. Estando establecida las 23:00 como hora límite para regresar al buque (a las doce de la noche el barco debía zarpar), los pasajeros de primera, que iban acompañados por oficiales de la Trasatlántica, no embarcaron hasta las 00:30; una circunstancia que obligó al Infanta Isabel de Borbón a salir a las dos de la mañana, la misma hora en la que según las crónicas de la época se encerró en la iglesia de la Victoria la Sagrada Cena Sacramental de Nuestro Señor Jesucristo.

Infanta Isabel de Borbón cartel

Cartel del INFANTA ISABEL DE BORBÓN.

En unas circunstancias muy similares a las que vivieron los pasajeros del Infanta Isabel de Borbón, un grupo de turistas españoles de barco, en 1930, fueron testigos de un hecho muy significativo para la historia cofrade malagueña.  A primeras horas de la mañana del 17 de abril (Jueves Santo), el buque de la compañía Trasmediterránea Infante Don Jaime quedaba atracado en el muelle número dos. Procedente de Alicante, este barco, que visitaba por primera vez las aguas malacitanas, estaba realizando una ruta turística por los principales puertos de España. A las 11:00, la totalidad de los 195 pasajeros que viajaban a su bordo desembarcaban para visitar la ciudad a pie o en coches de caballo. Una vez finalizados los paseos turísticos, los pasajeros del Infante Don Jaime fueron invitados a almorzar en un restaurante por la delegación malagueña de la Trasmediterránea. Finalizada la comida, la mayor parte de los turistas asistieron a los oficios religiosos para después, de camino al puerto, realizar en diferentes iglesias las tradicionales estaciones de penitencia del Jueves Santo.

Infante don JaimeINFANTE DON JAIME de Trasmediterránea.

Ya a bordo del buque, y mientras esperaban la llegada de diferentes autoridades que habían sido convocadas para una merienda,  a las 17:30, los turistas del Infante Don Jaime pudieron ver cómo entraba en el puerto de Málaga el vapor Reina Victoria; el cual, procedente de Ceuta traía a las primeras tropas de la Legión que desfilarían en la Semana Santa malagueña.

Legión 21-IV-112Desfile de legionarios por el muelle número dos tras su desembarco, año 2011.

Y aunque el Infante Don Jaime salió con destino a Sevilla minutos después de las ocho de la tarde y los turistas no pudieron ver ninguna procesión, aquellos pasajeros sí que presenciaron el primer desembarco legionario; un acto marítimo cofrade que desde entonces se ha celebrado en 77 ocasiones.

Cartel de Semana Santa de Málaga 1930

Cartel de la Semana Santa de Málaga de 1930.

Especial La Mar de Historias 30 de marzo de 2021.

Mercaderías

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de marzo de 2021 a las 10:10

Cuando los barcos transportaban en sus rutas muchas cargas diferentes, las listas donde se reflejaban los elementos embarcados conformaban una muy variopinta nómina; un curioso catálogo de productos que, en la mayoría de los casos, quedaban reseñados bajo el término mercaderías.

Y así, recordando esta palabra ya en desuso que en el pasado tuvo mucha vinculación con el mundo marítimo, hoy les contaré algunas de las muchas mercaderías que llegaban al puerto de Málaga a principios del siglo XX.

Situados en febrero de 1904, les reseñaré qué es lo que reflejaba el parte de carga para Málaga del buque de bandera española Cabo Tortosa. Con 1.551 toneladas de registro bruto y 76 metros de eslora, este vapor construido en 1893 en los astilleros ingleses Joseph L. Thompson and Sons, bajo la contraseña de la naviera Ybarra y Compañía realizaba una línea regular quincenal con pasaje y carga entre Bilbao y Marsella cumplimentando escalas en diferentes puertos intermedios.  Procedente de Almería y con destino a Cádiz, este buque que llegaba el viernes 5 de febrero con 25 pasajeros a su bordo, traía en sus bodegas diferentes mercaderías a nombre de diversos comerciantes e industriales malagueños. Cuantificados todos los productos en bultos, una denominación muy propia de la época, el Cabo Tortosa había cargado en Marsella para Málaga: 4 bultos de quincalla, 17 de vidriería, 100 de envases, 120 de cañamones, 10 de cloruro de cal, 700 de cemento, 105 de ferrería, 3 de botellas vacías, 2 de ferretería y 100 de alpiste. Completando esta lista de importaciones, este vapor descargaba también 1.500 bultos de abono procedentes de Cette.

En cuanto a las mercaderías nacionales, de Barcelona, el Cabo Tortosa dejaba 535 bultos de cemento y 427 de vidrio, mientras que de Cartagena traía 142 bultos de guano y 30 de almendras; un producto que se repetía con 5 bultos más procedentes de Almería.

Una variada nómina de mercaderías, o si lo prefieren de mercancías que, con unas tarifas específicas para cada tipo de producto (cada naviera disponía de listas de precios para las diferentes cargas), en el caso concreto del Cabo Torosa fueron descargada en el puerto malacitano en menos de 24 horas.

22-3-2021 12.3.16 1Vapor CABO TORTOSA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 23 de marzo de 2021.

Los Oldendorff

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de marzo de 2021 a las 9:14

Hace algo menos de un mes, en concreto el pasado 25 de febrero, llegaba a las aguas malacitanas el buque August Oldendorff. Procedente de la localidad marroquí de Nador y con destino al puerto togolés de Lomé, este barco abanderado en Liberia llegaba para cargar 40.000 toneladas de clinker atracado en el muelle número siete.

Pero antes de contarles más cosas sobre aquella estancia, les diré que este buque es propiedad de la compañía Oldendorff Carriers; una naviera con sede en la ciudad alemana de Lübeck que en este 2021 cumple 100 años de vida. Dedicada al transporte de carga seca, esta compañía fundada en 1921 por Egon Oldendorff, en la actualidad moviliza anualmente 320 millones de toneladas; unas cifras gestionadas por 700 buques que, en propiedad o fletados operan en rutas por todo el mundo.

Dicho esto, y con el añadido de la reseña histórica de que está naviera sufrió unas catastróficas pérdidas durante la Segunda Guerra Mundial (de los 13 barcos que componían su flota al inicio del conflicto sólo quedaron dos al finalizar la contienda), retomaré la visita que el August Oldendorff realizó a puerto malacitano hace unas semanas.

Construido en 2015 los astilleros Kure en la localidad japonesa de Hiroshima, este bulk-carrier de 34.349 toneladas de registro bruto, 198 metros de eslora y 32 de manga, pertenece a una serie buques similares (en concreto August tiene un gemelo), fabricados en astilleros chinos y japoneses bajo la denominación Eco-Ultramax.

Luciendo la inconfundible chimenea tricolor de esta naviera donde se muestran las letras EO, las iniciales del fundador de esta compañía, el August Oldendorff, atracado en el muelle número siete con la ayuda de dos remolcadores cumplimentaba una carga que prolongó durante cinco días; una operativa que dejaba dos significativos hechos para la historia portuaria malacitana.

Sin haber sido los barcos de esta naviera demasiado habituales, la llegada de nuestro protagonista de hoy se escenificaba 14 años después de la última visita que un buque de esta compañía; un regreso tras muchos años de ausencia que se completaba con el hecho de que el August Oldendorff realizaba su primera escala en aguas malagueñas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAUGUST OLDENDORFF maniobrando para atracar en el muelle siete.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 16 de marzo de 2021.