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Don Manuel

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de octubre de 2016 a las 8:31

Hoy, mientras ustedes están leyendo esta columna, Manuel Muñoz Bascuñana estará viviendo su primer día de jubilación tras navegar 26 años en los remolcadores del puerto. Nacido en enero de 1958, sus primeros pasos laborales estuvieron muy alejados del mundo marítimo, hasta que con 32 años, de la mano de su padre se embarcó  para iniciar lo que constituiría su verdadera profesión.  Después de  aprobar el curso de competencia marinera que oficialmente lo cualificaba para trabajar en un barco y maniobrar durante dos años junto a su progenitor, en 1992, a bordo del Rey Favila (un mercante atracado en Málaga que servía para impartir enseñanzas marítimas), Manolo consiguió el título de Mecánico Naval de Segunda; una distinción a la que le siguieron las de Mecánico Naval de Primera y Mecánico Naval Mayor.

Pero con independencia de su más que probada cualificación profesional, lo que  sí quedará para la historia de los remolcadores malacitanos será la marcada personalidad de este marino; una forma de ser que siempre se hacía patente cuando estaba al cargo de la máquina en cualquiera de los trece barcos en los que navegó.

Apasionado por la cocina (siempre fueron muy famosas sus comidas a bordo), y más apasionado aún por sus dos hijas y ahora por sus dos nietos, Manolo, afronta desde hoy mismo una nueva vida en la que el puerto y los barcos ya no constituirán su principal preocupación.

Y aunque tras su  socarrona sonrisa y  su estoica frase “me voy porque me tengo que ir” intente disimular la tristeza por su marcha, don Manuel (así quiero llamarlo ahora), seguro que añorará, y mucho, a su compañeros y a los remolcadores en los que este marino malagueño ha pasado embarcado 26 años de su vida.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAManuel Muñoz Bascuñana en la sala de máquinas de un remolcador.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 18 de octubre de 2016.

Animales domésticos

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de agosto de 2012 a las 9:03

DEJANDO a un lado los tópicos literarios o cinematográficos de los loros o monos tití que acompañaban a piratas, corsarios o bucaneros, la presencia de animales domésticos a bordo de barcos, desde siempre, ha sido y lo sigue siendo hoy día, una constante. Y aunque los perros suelen ser los que con mayor frecuencia se pueden ver embarcados en cualquier tipo de buque, existen algunos otros animales que también surcan los mares en su calidad de acompañantes.

Por el puerto de Málaga la variedad de animales domésticos que han escalado a bordo de sus respectivos barcos ha sido muy extensa, siendo quizás la más curiosa la que hace referencia a los canarios que viajaban en la cubierta de botes del buque de pasaje Empress of England que en varias ocasiones visitó las aguas malagueñas allá por la década años sesenta.

Y aunque también se podrían mencionar a gatos (no demasiados), peces en sus respectivos acuarios o incluso tortugas, los canes son, sin duda alguna, los más asiduos navegantes dentro del reino animal. A bordo de los remolcadores malagueños Don Ilde, Torre del Mar, Torre Bermeja y Torre Vigía, durante algunos años habitaron respectivamente Mendrugo y Bruno, dos perros de raza incalificable que además de acompañar a las tripulaciones, sirvieron de fieles guardianes de aquellos barcos.

Uno de estos animales, en concreto Mendrugo, moría ahogado, mientras que Bruno, debido a un exceso de celo a la hora de la vigilancia (solía morder a todo aquel que se acercaba a los remolcadores), era desembarcado de forma definitiva tras protagonizar algún que otro ataque más o menos significativo. Unas curiosas historias que ratifican el hecho de lo habitual de los animales domésticos a bordo de barcos.

El remolcador TORRE DEL MAR donde navegaron “Mendrugo” y “Bruno”.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (7 de Agosto de 2012).