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Sagas portuarias

Juan Carlos Cilveti Puche | 22 de mayo de 2018 a las 8:36

Permítanme que hoy comience la columna felicitando a Antonio Garrido, patrón de uno de los remolcadores que opera en el puerto, y a su esposa Esther, que fueron padres hace unos días. La venturosa llegada al mundo de este niño al que bautizarán con el nombre de Rodrigo, me sirve de excusa para contarles algunas curiosidades sobre las sagas portuarias.

Y aunque suele ser bastante frecuente, quizás ahora algo menos, que los hijos sigan las sendas  profesionales de sus padres, en los puertos, históricamente los trabajos se han ido perpetuando en las familias; una circunstancia que ha posibilitado generación tras generación la creación de clanes, aunque tal vez, para que esta palabra no moleste a nadie, mejor sería decir sagas portuarias.

Centrándonos en el puerto malacitano, les diré que tanto a pie de muelle como en cualquiera de las múltiples oficinas en las que día a día se trabaja en asuntos marítimos, podemos encontrar muchos claros ejemplos de lo que hoy les estoy contando.

Sin necesidad de dar nombre concretos salvo el de Rodrigo, nuestro protagonista de hoy, les diré que uno de los colectivos portuarios más arraigados al asunto parental es el de la estiba. Y si bien hoy día la competencia laboral para cargar y descargar barcos pasa por una serie cualificaciones profesionales, aún existen trabajadores que, años atrás, vivieron la circunstancia familiar de heredar un puesto en las collas portuarias malagueñas.

Con el recuerdo de algunos de estos apellidos estibadores, otro sector muy vinculado a la familia ha sido, y sigue siéndolo en la actualidad, el de las casas consignatarias; unas empresas en las que la representación de los barcos que llegan al puerto ha pasado por las manos de abuelos, padres y nietos.

Y aunque existen otros muchos ejemplos, el nacimiento de Rodrigo me lleva a comentarles la vinculación familiar que existe en los remolcadores que operan en las aguas de Málaga. Varias generaciones de marinos acumulan la historia de estos barcos; unos buques en los que tal vez un día nuestro protagonista de hoy navegue de patrón como lo hace en la actualidad su padre.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARemolcadores que patronea Antonio Garrido, el padre de Rodrigo.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 22 de mayo de 2018.

Un mal día

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de febrero de 2018 a las 11:05

La épica de la mar y los barcos siempre ha estado inexorablemente vinculada a historias de peligros y mal tiempo. Con el recuerdo de aquel apasionante libro titulado ‘Tempestades y Naufragios’, todo un clásico que me permito recomendarles, hoy les contaré un hecho ocurrido en el puerto el pasado domingo 28 de enero.

Con un aviso de malas condiciones meteorológicas, la muy especial climatología de nuestra costa mostró su peor cara en la tarde de aquel día. En pocos minutos, el viento de Levante se convirtió en el protagonista de la jornada, y la mar, comenzó a agitarse.

Manteniéndose los tráficos previstos, aunque un barco que se encontraba fondeado en la bahía levantó su ancla y salió a capear el temporal, el buque panameño de transporte de ganado  Zein I recibió la orden de entrar para amarrar en el muelle número seis. Auxiliado por los remolcadores Vehintiocho y Vehintinueve, el intenso viento complicó una maniobra que finalmente fue cancelada por el práctico ante el peligro que suponía este atraque. Varias horas más tarde, procedente de Melilla, llegaba a la bahía malacitana el ferry Dénia Ciutat Creativa. Después de haber realizado una travesía muy movida, el barco de Baleària  se encontraba frente al puerto con olas de cuatro metros y rachas de viento cercanas a los  ochenta kilómetros por hora. Con la necesidad de desembarcar al pasaje, este buque afrontó la bocana malagueña a sabiendas de lo que le esperaba. Atravesado durante unos interminables segundos a la mar de Levante, el ferry sufrió varios bandazos que lo zarandearon bruscamente de babor y estribor. Superada la bocana, finalmente el Dénia pudo atracar ayudado por los remolcadores. Un mal día de tempestad.

OLYMPUS DIGITAL CAMERADÉNIA CIUTAT CREATIVA entrando por la bocana del puerto el 28 de enero.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 6 de febrero de 2018.

El más grande

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de agosto de 2017 a las 12:32

El jueves 20 de julio de 2017, pasará a la historia del puerto por ser el día en el que atracó el mayor petrolero que hasta la fecha ha visitado los muelles malacitanos. Con el recuerdo del último buque que en diciembre del año 2000 operó en la línea submarina que desde la bahía transvasaba crudo a tierra, la llegada de este petrolero constituye toda una curiosidad.

En ruta desde un puerto ruso a Venecia, el petrolero de bandera maltesa Minerva Pisces recibía la orden de entrar en Málaga para descargar 10.000 toneladas de fuel. Con 244 metros de eslora y 42 de manga, este buque construido en Corea del Sur en 2008, llegaba a aguas malacitanas para atracar en el muelle número nueve. En una tarde ventosa donde el Poniente levantaba olas de algo más de un metro, los remolcadores Vehintiocho y Vehintinueve colocados respectivamente a proa y popa del petrolero comenzaban a  maniobrar con este barco de 57.135 toneladas de registro bruto.

Muy lentamente, el Minerva Pisces entraba por la bocana e iniciaba un complicado atraque que debía posicionarlo entre dos buques que se encontraban situados en el muelle número nueve. Después de algo más de dos horas de maniobra,  el mayor petrolero entrado hasta la fecha en Málaga quedaba amarrado y listo para comenzar su descarga.

Y aunque las estimaciones del transvase de carburante a tierra apuntaban a diez horas, finalmente, la operativa se prolongó, y el Minerva Pisces liberado de 10.000 toneladas de fuel dejó las aguas malagueñas a primeras horas de la tarde del viernes 21 de julio.

Un atraque inesperado que nos permitió ver a un gran petrolero; un buque muy similar a los que, hace ya de esto muchos años, fondeaban en la bahía malacitana.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPetrolero MINERVA PISCES llegando al puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 1 de agosto de 2017.

Al desguace

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de julio de 2017 a las 9:40

Esta pasada semana, uno de los principales especialistas mundiales en el desguace de barcos, publicaba la foto de un buque varado en las playas turcas de Aliaga esperando para ser desguazado. Este barco, no es otro que el Efendi Baba, un carguero que durante varios meses permaneció atracado sin actividad  en los muelles malacitanos.

Cargado de raíles de tren y planchas de acero, este buque, tras quedarse sin propulsión en un viaje entre el puerto ruso de Belgorod y Bilbao, el nueve de febrero de este año llegaba a Málaga auxiliado por el remolcador Vigilant. Después de atracar en el muelle de Levante, la compañía propietaria de este barco, una naviera con sede en Estambul, iniciaba los trámites para su reparación. Tras barajarse la posibilidad de ser descargado antes de acometer los trabajos sobre la avería de su motor, el tiempo fue pasando, y el Efendi Baba, que ya por entonces estaba en venta, comenzó a cambiar de atraques. Después de sufrir tres enmendadas en el muelle de Levante, necesidades de tráfico interno requirieron que pasara al muelle siete, una maniobra que realizaban los remolcadores Vehintiocho y Vehintinueve el 19 de marzo. Movilizado otra vez más sobre este mismo muelle, el nueve de mayo, el carguero turco volvía atraque de Levante, y todo apuntaba a que este barco construido en Alemania en 1994 y que había navegado con cinco nombres diferentes, permanecería mucho tiempo en Málaga.

Sorpresivamente, el 11 de mayo, el remolcador Vehintisiete se lo llevaba a Bilbao para ser descargado. Tras aquella operativa, remolcado en esta ocasión por el Monte da Luz, otro viejo conocido malagueño, el Efendi Baba viajaba a las playas turcas de Aliaga donde en breve será desguazado.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEFENDI BABA atracado en el muelle de Levante en febrero de este año.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 11 de julio de 2017.

Cestino

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de noviembre de 2016 a las 9:28

Aunque a todos los trabajadores del puerto se les denomine con buena o  mala intención  como ‘portuarios’, a José Antonio Cestino Juarez nunca le ha gustado que lo califiquen de esta manera. Prejubilado en diciembre de 2015 y con la obligación de cumplimentar dos  meses de trabajo durante los próximos cinco años, Cestino, como popularmente se le conoce, comenzó su vinculación con el puerto malagueño en 1983.

Nacido en 1954 en el edificio de lo que hoy es la Comandancia Naval (su padre fue patrón de diversos buques adscritos al Instituto Español de Oceanografía), nuestro protagonista de hoy, tras pasar por el colegio salesiano de San Bartolomé, cursó los estudios de náutica en Almería y Cádiz. Después de trabajar en el mundo de la pesca, su titulación de patrón de cabotaje lo llevó a los Servicios Marítimos del puerto en el año 1983, una oportunidad que le permitió conocer a la histórica Pontona amén de navegar en los remolcadores Cánovas y Valdivia propiedad de la que por entonces se denominada Junta de Obras del Puerto.

Desaparecido el  Servicio Marítimo a finales de la década de los noventa, Cestino pasó a los talleres, donde desde entonces ha trabajado en lo que muy bien podríamos denominar como el mantenimiento general del recinto portuario malagueño.

Convertido como el resto de sus compañeros prejubilados en uno de los veteranos del puerto, José Antonio Cestino Juarez, con dos de sus tres hijos vinculados al mundo de la mar y los barcos, afronta con una muy peculiar animosidad sus próximos cinco años de intermitencia laboral. Un lustro en el que tras más de 30 años trabajando en el puerto malacitano, alguien, seguramente en algún momento lo califique como ‘portuario’.

IMG_4379Cestino en una de las dependencias de los talleres del puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 15 de noviembre de 2016.

Don Manuel

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de octubre de 2016 a las 8:31

Hoy, mientras ustedes están leyendo esta columna, Manuel Muñoz Bascuñana estará viviendo su primer día de jubilación tras navegar 26 años en los remolcadores del puerto. Nacido en enero de 1958, sus primeros pasos laborales estuvieron muy alejados del mundo marítimo, hasta que con 32 años, de la mano de su padre se embarcó  para iniciar lo que constituiría su verdadera profesión.  Después de  aprobar el curso de competencia marinera que oficialmente lo cualificaba para trabajar en un barco y maniobrar durante dos años junto a su progenitor, en 1992, a bordo del Rey Favila (un mercante atracado en Málaga que servía para impartir enseñanzas marítimas), Manolo consiguió el título de Mecánico Naval de Segunda; una distinción a la que le siguieron las de Mecánico Naval de Primera y Mecánico Naval Mayor.

Pero con independencia de su más que probada cualificación profesional, lo que  sí quedará para la historia de los remolcadores malacitanos será la marcada personalidad de este marino; una forma de ser que siempre se hacía patente cuando estaba al cargo de la máquina en cualquiera de los trece barcos en los que navegó.

Apasionado por la cocina (siempre fueron muy famosas sus comidas a bordo), y más apasionado aún por sus dos hijas y ahora por sus dos nietos, Manolo, afronta desde hoy mismo una nueva vida en la que el puerto y los barcos ya no constituirán su principal preocupación.

Y aunque tras su  socarrona sonrisa y  su estoica frase “me voy porque me tengo que ir” intente disimular la tristeza por su marcha, don Manuel (así quiero llamarlo ahora), seguro que añorará, y mucho, a su compañeros y a los remolcadores en los que este marino malagueño ha pasado embarcado 26 años de su vida.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAManuel Muñoz Bascuñana en la sala de máquinas de un remolcador.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 18 de octubre de 2016.

‘Como el mar’

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de agosto de 2016 a las 9:32

En octubre de 2010 y posteriormente en marzo de 2011, en el blog “La mar de historias” les hablaba sobre un libro que venía acompañado de una curiosa historia que viví a bordo de unos de los remolcadores de Málaga.

Y aunque no soy demasiado partidario de las recomendaciones literarias; y mucho menos en los meses de verano (para leer no hace falta estar de vacaciones), hoy retomo esta historia para comentarles una interesante novela que, en mi modesta opinión, merece la pena ser leída.

Formando parte de la singular biblioteca de los remolcadores Diheciocho y Vehinte, Antonio Garrido, uno de los patrones de estos barcos, me comentaba la existencia de un libro titulado “Voraz como el mar”, una novela de aventuras marítimas en la que el protagonista principal era un buque de salvamento llamado Hechicero.

Sin tener conocimiento de la obra, muy amablemente Antonio me dejó el libro; un ejemplar que mostraba signos de haber pasado por las manos de la gran mayoría de los tripulantes de los remolcadores malagueños. Amarilleadas todas sus páginas y con manchas de moho, aquél ajado volumen que había perdido su portada, me enganchó desde el primer instante; y las aventuras del Hechicero me tuvieron ensimismado durante varios días.

Finalizada la lectura y con la intención de añadir este libro a mi biblioteca, me sorprendí al encontrarlo descatalogado; un hecho que atendía a que la novela escrita por Wilbur Smith había sido reeditada bajo el título “Como el mar”.

Tras releerlo hace unos meses, hoy, a pesar de ya haberles hablado de este libro en otras ocasiones, me permito la licencia de reseñarlo de nuevo; una interesante obra para leer en cualquier época del año con o sin vacaciones a la vista.

Portadas libroPortadas del mismo libro con sus dos diferentes títulos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 9 de agosto de 2016.

Una breve procesión

Juan Carlos Cilveti Puche | 19 de julio de 2016 a las 9:07

Este año, el calendario ha favorecido que las fiestas en honor a la Virgen del Carmen pudieran agruparse en un fin de semana. Con la celebración oficial del día de la patrona de los hombres de la mar en sábado, el domingo 17 de julio, tocaba la procesión marítima que pasea a la imagen carmelita por las aguas del puerto y la bahía.

Cumplidas las habituales ceremonias que pasan por la Catedral y el atrio del edificio de la Autoridad Portuaria (este año la Capilla del Mar no ha estado presente en los actos),  el embarque de la patrona se realizaba como es ya tradicional en uno de los remolcadores. Engalanado y empavesado, el Vehintiocho, atracado en el muelle dos, era el encargado recibir a una imagen que llegaba portada por los hermanos de la cofradía del Carmen.

Con la particularidad, y esto es novedoso, de la reducción de invitados que pudieron subir a bordo del remolcador para seguir la procesión marítima, pasadas las seis de la tarde, el cortejo comenzó a navegar. Manteniéndose la tónica de los últimos años en la que cada vez participan menos embarcaciones, un muy reducido número de barquitos en el que sólo se veía a una lancha pesquera,  salieron a la bahía para homenajear a los fallecidos en la mar.

Y si bien la intención era la de todos los años, el magón (la resaca que sigue a unos días de mala mar), impidió que los participantes pudieran alejarse de la bocana del puerto. Cumplimentado el tradicional encuentro con la imagen submarina situada frente a las playas malagueñas, y con una flota zarandeada por el oleaje, la procesión marítima oficial de la Virgen del Carmen 2016 pasará a la historia por su brevedad, además de por varias colisiones entre barcos que ya les contaré.

IMG_2505VEHINTIOCHO llevando a la Virgen del Carmen.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 19 de julio de 2016.

Quince golpes

Juan Carlos Cilveti Puche | 12 de enero de 2016 a las 9:06

En la madrugada del 17 de enero de 1963, con un moderado temporal de Levante, atracaba en el muelle número siete el mercante de bandera inglesa Delphic. Luciendo la contraseña de la compañía británica Shaw Savill and Albion, este mercante con posibilidad de transportar mercancía refrigerada, llegaba al puerto malacitano para embarcar 24 toneladas de carga general.

Cubriendo una línea regular entre diferentes puertos de las islas británicas y Australia, el Delphic, de 173 metros de eslora y 10.690 toneladas de registro, tras fondear su ancla de estribor, quedaba atracado en el muelle siete, teniendo reforzar su amarre mientras realizaba la carga.

Varias horas más tarde, y ya con un intenso temporal fuera de la bocana, el mercante inglés, que había intentado desatracar por sus propios medios, pedía ayuda al Tavira, el remolcador que por aquellos años operaba en el puerto malagueño.

Con el cabo de remolque hecho firme a popa, el Delphic empezó a cobrar el fondeo, y el ancla del buque comenzó a garrear; o lo que es lo mismo, a resbalar por el fondo donde debía estar fijada. Ante aquella situación, y mientras el Tavira tiraba del barco, la proa del mercante golpeó contra el cantil del muelle. Con el remolcador maniobrando para minimizar los daños, el Delphic, antes que quedar nuevamente atracado impactó quince veces contra el muelle número siete; una circunstancia le produjo una vía de agua.

A primeras hora de la tarde de ese mismo día, ya con el temporal amainado, el buque accidentado auxiliado por Tavira y el remolcador Dracante que se encontraba en el puerto, quedaba atracado en el muelle cuatro donde durante tres días estuvo reparando a flote la avería producida por los impactos.

Delphic-19Mercante DELPHIC accidentado en el puerto en enero de 1963.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 12 de enero de 2016.

Los remolcadores sí cumplieron

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de julio de 2015 a las 8:51

El pasado día 16, cumpliendo una tradición personal que ya se remonta a varias décadas, me paseé por los muelles para ver qué se cocía en la jornada que festeja a la patrona de las gentes de la mar. Sabiendo de antemano lo que me iba a encontrar, lo primero que me sorprendió fue la abundancia de buques de bandera española que se hallaban en la aguas del puerto. Varado en el dique, se encontraba el remolcador R. Mazagon. Amarrado en el muelle 3-A3, el mercante Barizo, y justo frente a él, el Fortuny estrenaba titularidad como Melillero en su primer día del Carmen en Málaga. Además de estos buques y sin contar a las golondrinas y otras lanchas auxiliares, también con matrícula española, el gánguil Ardenza arañaba arena en la dársena exterior, mientras la patrullera Tagomago compartía atraque en el muelle uno con los remolcadores Vehintiocho y Vehintinueve.

Con esta abundancia de barcos españoles, la segunda sorpresa del día me la proporcionó la nula participación de la gran mayoría de estos buques en el tradicional engalanado; una ancestral costumbre que los días de la Virgen del Carmen ha vestido a los barcos patrios con, al menos, una vistosa guirnalda de banderas.

Y aunque algunos de estos buques estaban en reparación o se encontraban trabajando, la gran sorpresa, la tercera del día, me la proporcionó el Melillero, que por primeras vez en muchos años no colgó las banderas para conmemoran el día de la patrona.

Al menos, y esta es la imagen más positiva que puede sacar de la jornada del pasado 16 de julio, los remolcadores Vehintiocho y Vehintinueve sí que cumplieron con la tradición, y como vienen haciendo desde siempre, se engalanaron para honrar a la Virgen del Carmen.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARemolcadores VEHINTIOCHO y VEHINTINUEVE engalanados en la festividad de la Virgen del Carmen.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de julio de 2015.