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Una cena navideña

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de diciembre de 2016 a las 10:21

Aprovechando estas fechas en las que la gastronomía se convierte en algo fundamental, hoy les contaré una historia ocurrida en el puerto en la Navidad de 2003. Tras llegar en noviembre de 1999 y comenzar una serie de actividades marítimas teniendo a Málaga como  principal puerto de operaciones, el bergantín goleta de bandera sueca Amorina decidía compaginar sus múltiples salidas a la mar con la restauración; una circunstancia que, sobre el papel, apuntaba a  convertirse en una exitosa aventura.

Solucionados los complejos trámites para que un barco en activo pudiera ser además un restaurante ocasional, tras una serie de pruebas, en diciembre de 2003 el velero realizó su primera cena con público. Con el encanto navideño que caracteriza a los países nórdicos, el Amorina, engalanado con toda la parafernalia propia de estas fechas recibía a sus primeros invitados; unos comensales que tras una copa de bienvenida en el coqueto bar de popa, pasaban al comedor para degustar un típico menú sueco.

Servida la cena por los mismos marineros (todos ellos estudiantes), que trabajaban en el barco, las tostadas calientes con crema de gambas, el salmón con salsa de jengibre, el queso horneado con miel, el arenque, los dulces y por supuesto, el pan negro y el vino caliente, convirtieron aquella primera prueba gastronómica en todo un éxito.

Y aunque la cálida atmósfera y la muy cuidada cocina del Amorina hubieran dado para mucho más, aquella cena navideña fue la primera y la última; un sorprendente hecho que dio al traste con la aventura gastronómica de aquel velero. Un barco que tras pasar página siguió navegando por las costas malagueñas hasta 2007, fecha en la que dejaba el puerto con un nuevo nombre.

Amorina RestauranteSalón que se usó como restaurante en el AMORINA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 20 de diciembre de 2016

¡Se vende!

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de enero de 2011 a las 10:13

Hace unos días, me sorprendí al ver unos carteles que anunciaban la venta del Santísima Trinidad. Este histórico artefacto flotante, que desde hace ya algún tiempo anunciaba su venta en diferentes lugares de internet; ahora, ratifica esta triste circunstancia con unos horrendas y nada cuidadas pancartas que cuelgan sobre su casco.

Y aunque en la mayoría de las ocasiones en la que he escrito sobre El Trinidad malagueño he sido bastante crítico, reconozco que al ver colgando de la popa ese horrible cartel de ‘se vende’, he sentido pena; amén de recordar esa tópica frase que dice: ‘lo que pudo haber sido y no fue’.

Con una pretensiones, en mi opinión, bastante equivocadas; este impactante artefacto flotante, desde su primer día de estancia en el puerto de Málaga (llegaba a remolque el 25 de julio de 2006), ha tenido una muy pobre aceptación.

Teniendo en cuenta que aquí, si nos salimos del tan manido tópico de la Málaga marinera, cualquier cosa que huela a mar y barcos interesa más bien poco;  pretender vender un restaurante de lujo o unos bares de copas en un entorno de ‘barco de piratas’, es un cuando menos, un riesgo bastante considerable.

El Santísima Trinidad, además de haber sido un restaurante o un lugar de ocio para cuchipandas varias, debería haber sido un centro de cultura; un lugar donde por encima de vender copas o dar comidas, se hubiera potenciado todo aquello que de una u otra manera hubiera tenido relación con el mundo marítimo.

Con esta difícil misión como objetivo prioritario, y teniendo en cuenta que vender cultura y  más aun si está relacionada con barcos, es algo altamente complicado;  tal vez hoy, nuestro histórico artefacto flotante no estaría a la venta.

Santisima Trinidad en venta blog

Santísima Trinidad con su anuncio de venta.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (11 de Enero de 2011).

Suecos

Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de julio de 2010 a las 13:59

Este es un post-guiño a un amigo que anda de vacaciones en Suecia, y al que le prometí escribir algo relacionado con el país que está visitando.

Y aunque hablar de Suecia es hablar de mar y barcos; tras mucho pensarlo y pasando de puntilla por el famosísimo museo Vasa (uno de los más importantes museos marítimos del mundo), la Swedish America Line y el conocido accidente del STOCKHOLM (el barco que colisionó y hundió en 1956 al Andrea Doria), he decidido hablarles del AMORINA, un interesante velero sueco del que guardo un muy buen recuerdo.

Amorina blog1

Postal del AMORINA navegando a toda vela.

Y como la historia de este barco ya la reflejé hace unos años en un artículo publicado en la página web de la Sucursal Española World Ship Society (Publicaciones-Artículos-Artículos):  http://www.sewss.org/hoy les hago algunas reflexiones de este buque faro reconvertido en bergantín goleta.

Tras llegar a Málaga en 1999 con el propósito de posicionarse indefinidamente en este puerto para realizar actividades turísticas, el AMORINA, tras cerca de un año de parón, a finales de 2000 comenzó con sus actividades. Con la posibilidad de ser alquilado para todo tipo de eventos susceptibles de ser realizados en un barco, este velero sueco matriculado en Estocolmo, tímidamente comenzó a funcionar.

Amorina blog2

AMORINA en una de sus salidas desde Málaga.

Con una gestión muy particular (sueca), durante varios años fue subsistiendo sin terminar de afianzarse de una forma estable. Manteniendo sus habituales salidas y después varias arriesgadas iniciativas que no terminaron de cuajar;  quizás las más significativas fueron las relativas a su tentativa de convertirse en restaurante flotante, y la referida a las salidas municipales con jóvenes en las denominadas “noches sin alcohol”, el AMORINA, tras una complicada aventura que lo llevó en 2005 a Lepanto (Golfo de Lepanto), en 2007 se vendía a una sociedad española que lo rebautizaba en Málaga como CERVANTES SAAVEDRA.

Cervantes Saavedra blog

CERVANTES SAAVEDRA.

Ya como barco español, el CERVANTES SAAVEDRA, ex AMORINA dejaba definitivamente Málaga en el año 2008.

De toda esta historia; historia que viví muy estrechamente con la copropietaria del barco y el patrón, me quedo con casi todos los muy buenos momentos que viví a bordo de “mi pequeño amor” (traducción más o menos libre de la palabra AMORINA), y sobre todo, me quedo con la muy especial forma de ser y pensar de los suecos. Tras aquellos años de vivencias, ahora comprendo lo que significa o puede significar la expresión “hacerse el sueco”.

Sea como sea, e independientemente de estas reflexiones, lo que queda claro es que el AMORINA, más bien o más mal, marcó unos años en la historia del puerto malagueño.